8ª REUNIÓN – 7ª SESIÓN ORDINARIA
Presidencia
de los señores diputados Emilio Monzó, José Luis Gioja, Luis Alfonso Petri, Cornelia Schmidt
Liermann y Martín Miguel Llaryora
Secretarios:
don Eugenio Inchausti, ingeniera Florencia Romano y licenciada María Luz Alonso
Prosecretarios:
doña Marta Alicia Luchetta, doctor Oscar Alberto Romero y licenciado Eduardo Jorge Seminara
Lista de
asistencia
Sumario
1. Izamiento de la bandera nacional.
(Pág. .)
2. Himno Nacional Argentino. (Pág.
.)
3. Asuntos Entrados. Resolución respecto de los asuntos que requieren
pronunciamiento inmediato del cuerpo. (Pág.
.)
4. Plan de labor de la Honorable Cámara. (Pág.
.)
5. Consideración de los dictámenes de las comisiones de Legislación
General, de Legislación Penal, de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, y de
Acción Social y Salud Pública recaídos en varios proyectos de ley que
establecen la interrupción voluntaria del embarazo (2.492-D.-2017, 230-D.-2018,
443-D.-2018, 444-D.-2018, 569-D.-2018, 897-D.-2018, 1.082-D.-2018,
1.115-D.-2018, 1.376-D.-2018 y 1.817-D.-2018). Orden del Día N° 155. Se
sanciona el dictamen de mayoría con modificaciones. (Pág. .)
6. Apéndice:
I. Acta de votación nominal N° 1 (Pág. .)
II. Sanción de la Honorable Cámara. (Pág. .)
III. Inserciones solicitadas por los señores diputados:
1. Abdala de Matarazzo. (Pág. )
2. Amadeo. (Pág. )
3. Benedetti. (Pág. )
4. Burgos. (Pág. )
5. Camaño. (Pág. )
6. Carambia. (Pág. )
7. Ciampini. (Pág. )
8. Delú. (Pág. )
9. Fernández Langan. (Pág. )
10.
Frana.
(Pág. )
11.
Fregonese.
(Pág. )
12.
Frizza.
(Pág. )
13.
Furlan.
(Pág. )
14.
Infante.
(Pág. )
15.
Laspina.
(Pág. )
16.
López
Köenig. (Pág. )
17.
Moisés. (Pág. )
18.
Navarro.
(Pág. )
19.
Ocaña.
(Pág. )
20.
Ocaña.
(Pág. )
21.
Pastoriza.
(Pág. )
22.
Rodríguez
(R.M.) (Pág. )
23.
Scaglia.
(Pág. )
24.
Tundis.
(Pág. )
25.
Zamora.
(Pág. )
26.
Ziliotto.
(Pág. )
- En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los trece días del mes de
junio de 2018, a la hora 11 y 22:
- 1 -
Sr.
Presidente (Monzó).- Con la presencia de 129 señores
diputados queda abierta la sesión.
Invito
a la señora diputada por el distrito electoral de San Luis doña Ivana María
Bianchi y al señor diputado por el distrito electoral de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires don Juan Manuel López a izar la bandera nacional en el mástil del
recinto.
- Puestos de pie los señores diputados y el público asistente a las
galerías, la señora diputada doña Ivana María Bianchi y el señor diputado don
Juan Manuel López proceden a izar la bandera nacional en el mástil del recinto.
(Aplausos.)
- 2 -
Sr.
Presidente (Monzó).- Invito a los señores diputados y al público presente a entonar
las estrofas del Himno Nacional Argentino, que será interpretado por un
cuarteto integrado por músicos de la Orquesta de Cámara del Congreso de la
Nación.
- Puestos de pie, los señores diputados y el público presente
entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)
- 3 -
Sr. Presidente (Monzó).- Corresponde dar cuenta de los asuntos incluidos en los
boletines de Asuntos Entrados números 2 a 11, que obran en poder de los señores
diputados.
Conforme
a lo resuelto oportunamente por la Honorable Cámara, se prescindirá de la
enunciación de tales asuntos por Secretaría, sin perjuicio de su inclusión en
el Diario de Sesiones, y se dará por aprobado el giro a las respectivas
comisiones.[1]
Corresponde
que
- Asentimiento.
Sr. Presidente (Monzó).- Se va a votar si se accede a las peticiones formuladas
en cada uno de los asuntos.
- Resulta afirmativa.
Sr. Presidente (Monzó).- Quedan aceptadas las peticiones formuladas.
Se
va a votar si se conceden las licencias solicitadas por los señores diputados y
la licencia sin goce de dieta pedida por el señor diputado Juan Facundo Moyano
del 18 al 24 de abril, del 28 de abril al 18 de mayo y del 10 al 23 de junio
del corriente año.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se procederá en
consecuencia.
- 4 -
Sr.
Presidente (Monzó).- Corresponde pasar al término
reglamentario destinado a la consideración del plan de labor de la Honorable
Cámara.
Por
Secretaría se dará lectura del plan de trabajo propuesto por
Sr.
Secretario (Inchausti).- Dice así:
Proyecto
de ley, con disidencias. Tratamiento sobre tablas. Expediente 230-D.-2018.
Interrupción voluntaria del embarazo. Orden del Día N° 155.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración.
Teniendo
en cuenta que el Orden del Día N° 155 no cumple con el término reglamentario
que dispone el artículo 113 del reglamento, se requieren los dos tercios de los
votos de los miembros presentes a los efectos de su tratamiento sobre tablas.
Se
va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- Queda aprobado el plan de
labor.
La
Presidencia desea aclarar que según lo acordado en la reunión de la Comisión de
Labor Parlamentaria no se destinará tiempo para preferencias, cuestiones de
privilegio ni homenajes. Por lo tanto, las únicas mociones que se pondrán en
consideración serán aquellas que se refieran al único tema contenido en el plan
de labor, es decir, el Orden del Día N° 155, sobre interrupción voluntaria del
embarazo.
- 5 -
Sr.
Presidente (Monzó).- Corresponde considerar los
dictámenes de las comisiones de Legislación General; de Legislación Penal; de
Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, y de Acción Social y Salud Pública
contenidos en el expediente 230-D.-2018. Orden del Día N° 155.
aquí orden del día N° 155
Sr. Presidente (Monzó).- En consideración en general.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: hoy es un día
histórico. Agradezco el honor de poder iniciar este debate en la Cámara de
Diputados.
Como
dije, hoy es un día histórico porque por primera vez se va a tratar un proyecto
de despenalización y legalización del aborto en este recinto, y ello se debe a
dos factores. En primer lugar, a la lucha de miles de mujeres de la Campaña
Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que vienen trabajando hace
muchos años para traer a este recinto un proyecto que legalice la interrupción
voluntaria del embarazo en nuestro país. Y por otro lado se debe a la decisión
del presidente, Macri, de apoyar explícitamente el debate parlamentario de este
proyecto. En este mismo lugar, durante la Asamblea Legislativa de apertura de
las sesiones ordinarias, el 1° de marzo, apoyó el debate parlamentario de este
tema ante todos los senadores y diputados de la Nación.
En ese momento el presidente nos pidió que
llevemos adelante un debate respetuoso, que se realice con seriedad y que todas
las voces sean escuchadas. Realmente creo que hemos logrado todo esto. Los
diputados, miembros y no miembros de las comisiones, debatimos en el plenario
durante dos meses y medio.
En
este punto quiero agradecer a las tres presidentas de las comisiones que
integraron el plenario, las diputadas Carmen Polledo, Alejandra Martínez y
Gabriela Burgos, con quienes conformamos un equipo para llevar adelante este
debate durante dos meses y medio.
Por
el plenario de las comisiones pasaron 738 oradores durante más de 130 horas;
todo se llevó a cabo con mucho respeto y con altura, dando un mensaje positivo
en el sentido de que un tema que divide a este Congreso y que también divide a
la sociedad se pudo debatir de ese modo.
Muchas
veces se ha criticado a la política porque se olvida de los problemas de la
gente. Claramente los cientos de miles de abortos clandestinos que se hacen por
año en la Argentina constituyen un problema que debemos resolver. Justamente
por eso estamos tratando este tema en el recinto.
La
gente pide que nos ocupemos de este asunto, lo cual quedó demostrado por el
seguimiento del debate en los medios de comunicación. Hubo más de 1.200.000
entradas durante los dos meses y medio que duró el tratamiento parlamentario.
La sociedad está pendiente de lo que decidiremos hoy. Esto lo vemos en los
alrededores de esta Cámara y en la repercusión pública que ha tenido esta
discusión.
En
el día de ayer logramos un paso importante: un dictamen de consenso que llevó
la firma de sesenta y cuatro diputados. Hemos tomado los diez proyectos
presentados, por supuesto de diferentes bloques, y hemos logrado un dictamen de
consenso que hoy está en las bancas y que creo que recoge lo que hemos
aprendido de todos los expositores durante los debates mantenidos en estos
meses.
En
el tratamiento en comisión encontramos varias razones acerca de por qué creemos
en la importancia de despenalizar y legalizar el aborto en nuestro país. En
primer lugar, hallamos razones de salud pública.
No
solo yo, el diputado Lipovetzky, sostengo que este es un tema de salud pública,
sino que también lo dijeron tres ministros de salud de dos gobiernos distintos.
Me refiero a dos ex ministros del gobierno anterior, Daniel Gollán y Ginés
González García, y a nuestro actual ministro, el doctor Rubinstein. Los tres,
que seguramente tienen visiones muy distintas por pertenecer a gobiernos
diferentes, coincidieron en esto: la legalización del aborto mejora la calidad
de vida de las mujeres argentinas. Por lo tanto, creo que no hay ninguna duda
con respecto a hacia dónde tiene que estar dirigido nuestro voto.
A
nosotros el pueblo nos eligió para que votemos leyes que ayuden a mejorar la
calidad de vida de los argentinos. Si los tres ministros de Salud que tuvieron
la responsabilidad de aplicar las políticas públicas de salud coincidieron en
que la despenalización y la legalización del aborto es una mejora, no hay duda
de que nuestro voto afirmativo es el camino.
Por
otro lado, en el debate surgió la cuestión de la constitucionalidad de la
despenalización del aborto. Me parece importante referirnos a ello. En primer
lugar, porque de ninguna manera el proyecto que estamos tratando es inconstitucional.
No hay ningún artículo de nuestra Constitución que prohíba la legalización de
la interrupción voluntaria del embarazo. Es más, en el debate constitucional,
allá por 1994, se propuso un dictamen en minoría con el objeto de desregular el
artículo 75, inciso 23, justamente a fin de poner un obstáculo a la posible
legalización del aborto, y fue rechazado. Esto demuestra que la voluntad de los
constituyentes era justamente no cerrar la posibilidad de que en algún momento
este Congreso legisle, regule y legalice la interrupción voluntaria del
embarazo.
También
se ha dicho que la despenalización del aborto viola los tratados
internacionales de derechos humanos de los cuales la Argentina es parte y que
están incorporados a la Constitución Nacional. En este punto me parece
importante recordar la exposición del doctor Salvioli, que se dio en el debate
en comisión. Se trata de un abogado platense que fue presidente del Comité de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Para nosotros es un honor que un argentino
haya presidido ese organismo. El doctor Salvioli expresó que en los cuarenta
años de funcionamiento del Comité de Derechos Humanos de la ONU jamás se había
dicho que la interrupción voluntaria del embarazo constituía una privación
arbitraria de la vida.
Desde
el punto de vista del derecho internacional, el Comité de Derechos Humanos
examinó los casos de ciento veinte Estados. Bien sabemos que una de las
funciones de ese comité es examinar la legislación de los Estados para
determinar si existen violaciones a los derechos humanos. Nunca se dijo a
ningún Estado miembro de la ONU que la interrupción voluntaria del embarazo
violaba una convención internacional de derechos humanos. Más claro, échele
agua, señor presidente.
Con
respecto a la Convención Interamericana de Derechos Humanos, la propia Corte
Interamericana de Derechos Humanos sostuvo que el embrión no puede ser
considerado persona en los términos de artículo 4° del Pacto de San José de
Costa Rica. Hay varios fallos –Baby Boy, Artavia Murillo, entre otros- que
establecen que los Estados no pueden intervenir ni poner límites en la
planificación familiar de las mujeres. Esto fue explicitado por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos en varias opiniones consultivas. Por lo
tanto, está claro que estamos hablando de un proyecto que es absolutamente
compatible con nuestra Carta Magna y las convenciones internacionales de
derechos humanos.
Por
último, creo que es muy importante hablar sobre nuestro rol. Hemos sido
elegidos para votar leyes y tomar decisiones; entonces, hoy no podemos dejar de
decidir.
El
cambio es parte de las leyes que votamos. Hoy tenemos claramente dos
dictámenes, uno que propone un cambio, un avance en la despenalización del
aborto, y otro que no plantea una alternativa, que solo rechaza y expresa
mantener el statu quo. ¿Cuál es el statu quo hoy, señor presidente? Un problema
de salud pública, cientos de miles de abortos clandestinos por año, al menos
cuarenta y tres muertes maternas por causas de abortos clandestinos en 2016, y
seguramente muchos más, como dijo el propio ministro Rubinstein.
Todos
defendemos la vida, todos defendemos la vida de miles de mujeres que se ponen
en riesgo con abortos clandestinos e inseguros. La legalización no implica
cercenar una vida; de lo contrario, ningún país la habría aprobado. En muchos
lugares se ha despenalizado el aborto.
Muchos
de nosotros descendemos de personas provenientes de países que han
despenalizado el aborto, como Italia o España. Muchos seguramente tenemos
parientes viviendo en esos países, y de ninguna manera podemos considerar que
esos parientes viven en países que han cercenado la vida.
Nadie
legisla por la muerte. Todos legislamos por la vida. Así lo ha hecho este
Congreso en 1921, hace ya casi cien años, cuando redactó el artículo 86 del
Código Penal y habilitó el aborto no punible por causa de violación, para no
condenar a continuar con un embarazo a una mujer que ha sido víctima de un
delito tan terrible como la violación.
También
lo hizo cuando reguló la ley de fertilización asistida. Varios de los que están
sentados en este momento en el recinto votaron afirmativamente la ley de
fertilización asistida porque claramente significaba votar por la vida, a pesar
de los cuestionamientos que planteaban los mismos doctrinarios que hoy dicen
que esto va en contra de la vida, quienes sostenían lo mismo con respecto a la
ley de fertilización asistida. Muchos de ustedes votaron favorablemente la ley
de fertilización asistida porque era un gran paso adelante para brindar a
muchas familias la oportunidad de tener hijos.
Si
en ese momento los legisladores hubieran sido tan dogmáticos, hoy una mujer
violada seguiría estando obligada a continuar con su embarazo. Estamos hablando
de 1921. En ese momento las mujeres argentinas no votaban, no podían ser
candidatas, no tenían la patria potestad de sus hijos. ¿Vamos a mantener esa
legislación de 1921, que quizá en ese momento fue muy buena, o tenemos que
cambiarla?
En
la Argentina de hoy, de la igualdad de derechos entre el hombre la mujer,
debemos cambiar esa legislación, ampliarla, mejorarla. Eso implica otorgar a la
mujer el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo.
Por
eso estamos aquí; porque no se trata de salvar las dos vidas sino miles de
vidas. Esa la responsabilidad que tenemos como diputados, que no podemos ni
debemos seguir eludiendo. Se lo debemos a todas las mujeres que han luchado y
luchan diariamente por sus derechos, a las que murieron víctimas de abortos
clandestinos ante la indiferencia de gran parte de nuestra sociedad.
Detrás
de cada mujer muerta víctima de un aborto clandestino hay una historia de vida.
Hoy tenemos la oportunidad de decir: “Nunca más” a la muerte por un aborto
clandestino. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Martínez, por Jujuy.
Sra.
Martínez.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero agradecer el enorme privilegio que significa ser miembro informante de
este dictamen que representa un avance para nuestro país en materia de derechos
humanos. Más allá de cualquier diferencia que pueda existir, podemos estar de
acuerdo en el carácter histórico de este debate.
Sin
embargo, es importante que demostremos que no se trata de una colección de
monólogos, que toda esta discusión robusta que ha tenido lugar en el Congreso
contará con diputados y diputadas capaces de realizar una síntesis para
encontrar puntos de acuerdo hacia el final de esta sesión.
Después
de escuchar a más de setecientos oradores ha quedado claro que el aborto existe
en la Argentina, que cada día hay mujeres que abortan, que el Código Penal
desde hace casi cien años ha aceptado esta práctica con determinadas causales.
Nuestra
ley y la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia han zanjado la
discusión sobre los estatus jurídicos que le corresponden a un embrión y a una
persona. Esa es la normativa que tenemos en vigencia. Desde ahí es desde donde
partimos. Cualquier aseveración en contrario implica un retroceso.
También
ha quedado en evidencia que la criminalización no es una forma adecuada de
responder a esta problemática. Con excepciones, la mayoría de los oradores ha
dicho que no es la denuncia o la persecución penal la respuesta y que no
estarían dispuestos a perseguir ni a pretender encarcelar a una mujer porque
aborte. La respuesta penal ha fracasado en nuestro país.
Lo
que ha quedado en claro a lo largo de 738 exposiciones, 17 plenarios entre
diputados y expositores y el trabajo con las organizaciones no gubernamentales
del país es que se trata de una problemática de salud pública. Las máximas
autoridades del país presentes y pasadas en materia de salud nos han indicado
la salida, nos han pedido que procedamos. Para poder bajar el número de
abortos, la forma es a través de la despenalización y la legalización.
El
aborto clandestino produce mortalidad y morbilidad materna. ¿A quiénes
perjudica esta situación? Fundamentalmente, a las personas jóvenes y sanas, a
las niñas, a las adolescentes, a las mujeres pobres.
Estos
datos hablan con toda claridad. No se trata de apreciaciones personales; son
cifras con las que contamos: 47.000 hospitalizaciones en 2014; entre 44.000 y
53.000 egresos hospitalarios -como suele denominarse- se produjeron anualmente
en los últimos cinco años por esta causa. De eso estamos hablando.
Estamos
hablando de que tenemos una tasa altísima de mortalidad por aborto: 5,9 por
ciento. Es más, hay serias brechas en la información; así lo ha manifestado
también el ministro. Hay una enorme cantidad de muertes obstétricas que no
tienen causas específicamente determinadas; allí también hay subregistro y
muertes por aborto.
Informes
como ELA, REDAAS o CEDES dicen que desde la vuelta a la democracia en la
Argentina, 3.030 mujeres murieron víctimas de la clandestinidad del aborto.
Este mismo informe indica que la legalización del aborto, hasta por una
cuestión de sentido común, no puede generar más abortos.
Traer
este problema a la salud pública implica que pueda haber información,
anticonceptivos a disposición y seguimiento médico. Este es un proceso lógico.
Por eso es comprensible y aceptable que los países desarrollados hayan reducido
sus cifras de abortos.
También
el ministro Rubinstein sostuvo que los países con restricciones en la práctica
tienen más abortos, que en esos países aumentan los abortos de riesgo, que la
despenalización reduce la mortalidad materna, las complicaciones graves y el
número de abortos totales.
En
el promedio de los países desarrollados que permiten el aborto -este dato
también es importante- se registró un drástico descenso de la tasa de aborto.
La cifra se redujo de 43 abortos cada 1.000 mujeres en edad fértil en 1990 a 27
abortos en 2014.
En
cambio, en los países en vías de desarrollo, con leyes restrictivas, la tasa de
aborto se ha mantenido estable o en muchos casos se ha elevado.
Cabe remarcar una cuestión que
considero muy importante desde la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y
Adolescencia, que tengo el honor de presidir. En nuestro país hay números que
nos preocupan, que son dramáticos: 109.000 adolescentes y 3.000 niñas menores
de 15 años tienen un hijo cada año. Esto representa el 15 por ciento de los
nacimientos para una medición del año 2015. Ocho de cada diez embarazos son no
intencionales y en un número muy importante tienen que ver con el abuso sexual
y con la violación. Hemos visto casos de niñas víctimas de violación que se ven
sometidas a un tratamiento legal que constituye violencia extrema.
Debemos recordar que la maternidad
forzada es una forma de tortura, según lo han reconocido los organismos de
derechos humanos.
Señor presidente: quiero decir a cada
uno de los diputados y diputadas que hemos realizado una construcción plural
con los aportes de todos; hemos modificado el dictamen y hemos tenido en cuenta
cada una de las preocupaciones. Por eso hoy, con toda humildad y respeto, les
pido a todos aquellos que no hayan definido su voto y a quienes no hayan tenido
la oportunidad de escuchar a todos los expositores, que no desperdiciemos esta
oportunidad histórica ante la que nos encontramos. Podemos conversar hasta el
último momento de la sesión. Creo que sería terrible decepcionar a miles de
mujeres y de niñas.
¿Cuándo han visto que en los colegios haya
niñas interesadas por lo que pasa aquí, en el Congreso, que están siguiendo a
través de los medios las expresiones de cada diputado y diputada? Nunca ha
sucedido. Están confiando en nosotros, en las instituciones, en la democracia.
No los decepcionemos.
No sé si se va a repetir una
oportunidad como ésta. Avancemos en materia de derechos humanos. Estamos
siguiendo una política de integración al mundo. ¿Por qué no vemos lo que hacen
los países desarrollados, que han tomado la legalización como una forma de
reducir esta tragedia del aborto? Una vez más les pido que reflexionemos y que
no desperdiciemos esta oportunidad histórica. No les digamos que no a las
mujeres que nos están haciendo un reclamo absolutamente racional. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
Polledo, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Polledo.- Señor presidente: antes que nada quisiera expresar mi beneplácito por
cómo se ha desarrollado este debate en el plenario de comisiones, donde durante
más de cuarenta días se ha escuchado a más de setecientos expositores que
expresaron sus diversas opiniones y sus ganas de colaborar para tener un
esclarecimiento mayor. Todo esto se ha desarrollado en un marco de respeto y
seriedad.
Tal como consta en el dictamen de
rechazo que he firmado, creo que este debate parte de un conocimiento científico
cierto y probado, como es que hay vida desde el momento de la concepción. Esta
verdad, que ya nadie discute ‑como se hizo en otros tiempos‑, nos
obliga a preguntarnos, frente a un problema que no negamos ‑como es la mortalidad
materna y el aborto‑ qué modelo de sociedad queremos.
Paradójicamente, se ve que en pleno
siglo XXI, en nombre de posturas supuestamente progresistas, el conocimiento
científico es tomado como algo opinable, donde quienes defendemos el derecho a
la vida por nacer vendríamos a ser los rancios conservadores, y quienes
pretenden eliminar una vida, por ejemplo, por una discapacidad, tienen motivos
válidos para hacerlo. ¡Todo en nombre de la modernidad!
Aquí entra un postulado en mi opinión engañoso
que ha marcado este debate, que sostiene que hoy estamos frente a la discusión
de si ampliamos o no derechos para nosotras, las mujeres, y sobre la libertad
de decidir.
La libertad es un valor noble por el
que peleamos constantemente, pero debemos tener cuidado cuando en nombre de la
libertad violentamos los derechos de otros.
Se esgrimen infinidad de argumentos y
de la más variada índole para persuadirnos sobre las bondades de esta
legalización. Desde el extremo de sostener que el aborto se impone porque se
adecua a la naturaleza humana, a las necesidades sociales, al derecho a la
salud, al derecho a disponer del propio cuerpo, a la libertad sexual y una
serie de consideraciones que justificarían privar de su vida a un niño.
Allí es donde reside el peligro del
mal uso de la libertad. Disponer de nuestro cuerpo no puede implicar el daño al
cuerpo de otro. Somos libres de autodeterminarnos, pero necesitamos convivir y
respetar las autodeterminaciones de otros. El niño que crece en el vientre de
cada una de nosotras también tiene derecho a expresarse, pero si no le damos
vida no podrá hacerlo ni tomar sus autodeterminaciones en el futuro. El embrión
no es un órgano de la madre.
La libertad de vivir –me refiero a su
expresión jurídica en el derecho a la vida‑ es un atributo inseparable de
la persona humana que condiciona su existencia, con el consecuente
desenvolvimiento material y espiritual de los seres humanos.
La libertad de vivir, entendida en un
sentido conceptual amplio, comprensivo tanto de los matices físicos y
materiales como también de todos los aspectos y proyecciones de la personalidad
espiritual del ser humano, constituye un bien fundamental cuya valoración
supera holgadamente a los restantes derechos y libertades por la simple
circunstancia de que ninguno de ellos puede ser considerado en forma separada
de aquélla. La vida es el presupuesto condicionante de las restantes especies
del género. Realmente más claro no lo puedo decir: no hay libertad de elección
de nada si no hay vida.
Señor presidente: si partimos de una premisa
falsa, por más que se aplique un método correcto se llegará a una conclusión
equivocada.
En su exposición en el plenario de
comisiones la filósofa Paola Del Bosco citó a Hanna Arendt para referirse a lo
propiamente humano. Pido permiso para leerlo porque me gustaría citarla con
exactitud.
“Hanna Arendt, cuando se refiere a lo
propiamente humano, la acción que se manifiesta en el discurso…” –lo que
estamos haciendo ahora- “…y en la construcción de un mundo humano, dice que
hacen falta tres elementos. Primero, la pluralidad de las personas; segundo,
nuestra libertad puesta al servicio del mundo humano, y por último, la
iniciativa que cada persona nueva trae al mundo para realizar lo inesperado, lo
nuevo, algo que no estaba previsto, que brinda un nuevo camino a la situación y
permite en el fondo destrabar lo que parecía un obstáculo difícil de superar.”
Pluralidad, libertad al servicio del
mundo humano, iniciativa para lo inesperado: este es el núcleo irreductible
tanto para lo propiamente humano como para la convivencia en democracia. Sin
pluralidad se nos recortan las opciones. La libertad centrada en uno mismo no
es libertad sino egoísmo.
La
iniciativa para lo inesperado es lo que nos lleva a progresar. ¿Es posible
entonces recuperar estos elementos dentro del debate que nos ocupa? Claro que
sí; escuchar a los otros nos permitió mejorar nuestras propias percepciones.
Aquí
debatimos sobre la mortalidad de las mujeres que se someten a abortos
clandestinos, pero también recordamos que la mayoría de ellas sufre en su
entorno social y cercano un acoso psicológico que lleva al aborto, y que luego
sufren por esa decisión tomada. Sin este debate, difícilmente hubiéramos
insertado en la conciencia política la situación de estas mujeres.
El
segundo punto es el siguiente: la empatía con la mujer embarazada no nos puede
llevar a privilegiar su libertad por encima de la libertad de otros. El niño
que crece dentro de su vientre también forma parte del mundo humano al que
debemos servir; entonces, también con ese niño tenemos el deber de empatizar.
Consecuentemente, debemos preguntarnos cómo usamos nuestra libertad para
beneficiar tanto a la mujer como al niño.
El
último punto es la iniciativa. Legalizar el aborto no es el único camino que se
puede tomar para evitar la muerte de las mujeres. Redoblar los esfuerzos con
educación sexual, la contención psicológica y el apoyo obstétrico son medidas
que pueden ser transformadas en políticas de Estado y que harían coincidir la
preocupación compartida por la mujer vulnerable con la defensa que algunos
hacemos de la vida del niño dentro del vientre.
En
síntesis, si la justificación para eliminar una vida es su incompleto
desarrollo, esto concedería plenos poderes a los fuertes para eliminar a los
menos desarrollados. Por lo tanto, debemos preguntarnos si queremos una
sociedad que defienda a los poderosos por sobre los que no tienen voz.
Si
hablamos del derecho a la vida, cada ser humano inocente es absolutamente igual
a todos los demás. Esta igualdad es la base de una auténtica relación social
que, para ser verdadera, tiene que estar fundamentada en la verdad y en la
justicia, reconociéndose y tutelando a cada ser humano como persona y no
considerándolo una cosa de la que podemos disponer o desligarnos.
Algunos
planteos toman a los más vulnerables como justificativo para defender su
cosmovisión. A lo largo de este debate aprendí que si queremos ocuparnos
genuinamente de representar a los más vulnerables primero tenemos que darles
voz. Ciertos planteos muestran que desde sectores acomodados se están
proyectando deseos y reclamos que no son los de los más vulnerables. Lo diré
con todas las letras: los testimonios de los curas villeros que refutan que la
legalización del aborto sea un reclamo de los pobres me hace dudar de si, desde
un discurso que se propone progresista, no estaremos poniendo en boca de los
más vulnerables ideas y conceptos que ellos no sostienen.
Si
no permitimos expresarse a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad
corremos el riesgo de usarlos para satisfacer nuestros propios deseos.
Si
nos equivocamos con esta ley, el daño será irreparable porque las vidas que se
pierdan no podrán recuperarse. Esta iniciativa no hará más que sepultar la
doctrina peronista que sostiene que los únicos privilegiados son los niños, que
no es ni más ni menos que la utopía que debe funcionar como faro de la
sociedad. (Aplausos prolongados.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Burgos, por Jujuy.
Sra.
Burgos.- Señor presidente: como bien lo
expresaron quienes me antecedieron en el uso de la palabra, sin utilizar esas
frases a las que a veces se recurre en cualquier ocasión quiero decir que
realmente estamos viviendo un momento histórico, ya que se ha puesto sobre la mesa
un tema silenciado durante muchos años. En todo este tiempo, varios de los que
hoy votarán en forma positiva el proyecto de ley sobre interrupción voluntaria
del embarazo no quisieron tratarlo. Ha sido este gobierno el que, pese a las
expresiones vertidas por el señor presidente de la Nación en contra del aborto,
dijo que había que abordarlo.
Un
país que no enfrenta sus problemáticas no puede avanzar, y ésta es una de
ellas. Por eso fue muy importante para los legisladores hablar, conocer e
informarse. Durante las quince jornadas que celebraron las comisiones, créanme
que aprendí muchísimo y que me di cuenta de que no tenía la educación
suficiente ni las herramientas necesarias para hablar sobre esta temática. Por
ejemplo, escuché a profesionales hablar sobre embriología y bioética, y advertí
que muchas cosas no sabía. Quizás por mi formación jurídica me basé
concretamente en las leyes, los códigos, la Constitución Nacional y los
tratados internacionales, pero estaba dejando de lado muchos elementos que complementan
el análisis.
Soy
mujer. Defiendo los derechos de las mujeres y me siento identificada con la
lucha que llevan adelante, pero no considero que seré más mujer simplemente por
tener el derecho de prohibir la vida a otro. Por eso, no puedo acompañar esta
iniciativa. No creo que vaya a ser más mujer por contar con la posibilidad de
tomar esa decisión o por tener ese poder.
Hoy
se habla del derecho a abortar, pero por encima de todo está el derecho humano.
Sin embargo, a lo largo de las jornadas que celebramos las comisiones me enteré
de que hay derechos humanos que valen más y otros que valen menos.
Se
habló mucho sobre ellos; en lo personal, siempre entendí que principalmente
están dirigidos a los más vulnerables. En este caso, entiendo que el más
vulnerable es el niño por nacer. Además, así lo expresa nuestra Constitución
Nacional; el artículo 75, inciso 23, sostiene que el Congreso tiene que
sancionar normas y promover medidas referidas a la protección de los niños por
nacer, de las mujeres embarazadas y de las personas con discapacidad. Este
proyecto de ley no cumple con esos objetivos.
Entonces,
también sería necesario que cambiásemos la idea de país que tenemos. ¿Qué
protegemos? ¿Qué está por encima de todo? Si no es la vida, deberíamos revertir
la estructura de nuestra Constitución Nacional.
El
proyecto de ley contenido en el dictamen que obtuvo la mayor cantidad de firmas
no promueve política alguna. La única que podemos vislumbrar es la política de
la muerte; no hay otra. Algunos hablan de las miles y miles de vidas que se
salvarán; ¿pero qué pasará con las miles y miles de vidas que ni siquiera
podrán comenzar? ¿O acaso tenemos que pensar que ese ser que va a nacer es
cualquier cosa menos una persona y que, por lo tanto, no tiene por qué gozar de
esos derechos? Yo no puedo concebir que de dos seres humanos, un hombre y una
mujer, no nazca otro ser humano.
Hemos
visto que en algunos países donde esta práctica se ha implementado se ha
utilizado esta herramienta en contra de las personas con discapacidad. Vamos a
seleccionar seres humanos; vamos a decir que con determinada calidad esta
persona tiene derecho a nacer, y con otra determinada calidad o falta de ella
no tiene derecho a nacer. A esto vamos, porque este proyecto lo habilita.
La
Corte ha dicho que la vida es el primer derecho natural de toda persona humana,
es anterior a la legislación que pueda sancionarse y, como tal, cualquier norma
en desmedro de ella no puede tener lugar en un Estado de derecho.
El
artículo 19 de la Constitución Nacional habla de la reserva. Muchos quisieron
tocar este artículo para decir que este es un derecho de la mujer porque le
compete solamente a ella. Sostener esto es decir que ese tercero no existe y
que no es persona, lo cual sería muy peligroso. Sostener que esa acción privada
implica que no existe un tercero es como admitir diferencias entre derechos de
un tercero que nació y de otro que no va a poder nacer por la sola decisión de
esa mujer.
Las
mujeres tenemos naturalmente la posibilidad de dar vida; también las personas
con capacidad de gestar, que es otra cosa que he aprendido. Pero ahora también
vamos a tener la potestad de decir “no quiero que nazca”. ¿Qué hicimos como
Estado para que solo podamos llevar adelante políticas que tienen que ver con
la muerte? ¿Qué hicimos?
Escuché
atentamente al actual ministro y al ex ministro, quien esgrimió todo esto que
está pasando. Con todo respeto le pregunto qué hizo cuando fue ministro que no
pudo parar esto. ¿Qué hizo? Si los números ya los tenía, ¿por qué no se trató
este tema antes? Si la única política pública que somos capaces de poner en
funcionamiento es la de la muerte o la de la interrupción voluntaria del
embarazo, ¿por qué no se hizo nada antes?
Nuestro
ministro de Salud también dio cifras y estadísticas, pero no todas, y lo
sabemos.
¿Cómo
van a hacer las provincias para aplicar esta ley, si hoy en día no llegamos a
cubrir el 50 por ciento de los centros de salud para que las mujeres puedan dar
vida? ¿Cómo vamos a hacer?
En
mi provincia, señor presidente, con una política pública que lleva años y que
fue agudizándose con mucho sacrificio, en el año 2017 no hubo una muerte de
mujer por aborto. No tenemos registro de ello, cuando antes sí las había y las
tasas eran altísimas. ¿Por qué no pensar en políticas públicas reales para
evitar que esas mujeres transiten por esa situación? ¿Por qué no pensar en la
vida como la solución?
Voy
a pedir permiso a la Presidencia para insertar el resto de mi intervención en
el Diario de Sesiones, dado que hice un análisis de cada uno de los puntos. No
obstante, pido disculpas por no haber seguido un orden.
Este
día es un día memorable; particularmente me siento muy emocionada. He recibido
muchos mensajes y he hablado con muchas mujeres que se sometieron a esta
práctica. Muchas de ellas me dijeron: “Por favor, que esto no le vuelva a pasar
a ninguna mujer”, “Por favor, no las obliguen, no las lleven a ese camino,
porque eso nunca se borra”.
Por
último, la calidad de una sociedad se mide por la protección que ésta brinda a
los más vulnerables. ¿Qué protección vamos a dar al más vulnerable en este
caso? Ninguna, porque directamente no existe. (Aplausos prolongados. Varios señores diputados rodean y felicitan a la
oradora.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Con las expresiones vertidas
por la señora diputada Burgos finalizan las intervenciones por los dictámenes
de mayoría y minoría.
A
continuación, comenzaremos con las disertaciones de cada uno de los bloques.
Tiene
la palabra la señora diputada Austin, por Córdoba.
Sra. Austin.- Señor presidente: después de doce años y de siete presentaciones,
después de muchos encuentros de mujeres, después de debates, de reflexiones,
del movimiento de los secundarios que empezó con fuerza en la Argentina para no
parar, estamos en el recinto. Estamos acá, en el lugar donde se construyen las
políticas públicas, las políticas del Estado laico que queremos ser, las leyes
pensadas para regir la vida de todos los argentinos y, en este caso, la de las
mujeres y las personas gestantes.
¿Qué estamos debatiendo? ¿Debatimos si
estamos a favor o en contra? ¿Debatimos si nos parecen bien o mal las
decisiones que toman las mujeres? ¿Debatimos si habrá o no abortos en la
Argentina? No. Lo que estamos debatiendo es qué hacemos con la realidad. Cada
día, ahora mismo, en cada rincón de nuestro país mujeres de todas las edades,
de todas las clases sociales abortan; estudiantes, profesionales, desocupadas,
empleadas domésticas, diputadas, esposas y parejas de diputados, sus hijas. Esto
ocurre. Negarlo es tan necio que duele.
Lo que estamos discutiendo al
reconocer que todas abortan y que lo hacen en clandestinidad es en qué
condiciones lo practican. Aquellas que tienen recursos, con la seguridad que da
el dinero lo hacen en clínicas privadas, y aquellas que no los tienen, en el
medio de la fuerza que impulsa la desesperación, lo hacen en condiciones
horribles, horrendas.
En 1997 Favaloro decía indignado: “Los
ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza.
Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en
secreto. Se nos mueren nenas en las villas, y en sanatorios hacen fortunas
sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas.”
No estamos discutiendo acá nuestra
opinión sino si estamos dispuestos a sancionar una ley capaz de respetar las
opiniones y las decisiones de las otras personas, de las otras mujeres. Se
trata de mujeres que se encuentran frente a encrucijadas de vida y decisiones
dilemáticas, difíciles, con tantas razones que es complicado enumerar, tantas
como los cientos de historias de vida de las mujeres de nuestro país. El Código Penal -el que estamos discutiendo, ese pensado por
hombres en un Congreso en donde las mujeres no teníamos ni siquiera el derecho
a votar- estableció que era un delito, pensando que con la amenaza de la cárcel
las mujeres íbamos a cambiar de decisión.
La
evidencia, diputados y diputadas, muestra con claridad que la criminalización
fracasó, pues no evita que las mujeres aborten; por el contrario, agrava el
problema.
Hoy
votamos legislar sobre la realidad que tenemos, sacando el tema de debajo de la
alfombra, sin miedos ni tabúes. Vamos a votar pensando, escuchando y analizando
los argumentos que se expusieron durante estos dos meses. Así hemos redactado
el dictamen de mayoría, reconociendo algunos de los argumentos que se
esgrimieron. Por ejemplo, el de la discapacidad, que hoy se vuelve a sostener,
ya como una falacia, frente a un proyecto que lo aclaró de manera absolutamente
nítida.
Les
quiero preguntar a quienes hoy piensan votar en contra si existe alguna
evidencia posible que los haga cambiar de opinión. Quiero que se pregunten qué
dato les permitiría cuestionarse sus creencias y sus afirmaciones. Si no hay
ninguno, entonces, que acepten que están parados sobre una convicción
religiosa, moral, una creencia individual, y no sobre los principios que tienen
que guiar una política pública.
Quizás
el primer argumento se centra en decir que hay vida desde la concepción, que lo
esgrimen como si fuese un argumento absoluto. No lo discutimos, hay vida en un
espermatozoide pero, si es un argumento absoluto y por ello se rechaza esta
iniciativa, entonces salgamos de aquí a ver qué hacemos con los cientos de
miles de personas humanas congeladas, para darles derecho a la vida. (Aplausos.)
De lo
contrario, si no es un argumento absoluto, les pido que discutamos en qué
condiciones, cómo y quiénes deciden cuándo y dónde una mujer puede acceder a la
interrupción de un embarazo.
Quienes
sostenemos este proyecto de ley creemos que no hay nadie más que la mujer, en
el ejercicio de un derecho personalísimo, para tomar esa decisión. Por supuesto
que no es lo mismo tomarla en soledad, en silencio, con miedo y en el marco de
la clandestinidad. No es lo mismo el silencio y la complicidad que el
acompañamiento y la comprensión que plantea esta iniciativa.
Claramente,
la diferencia entre un camino y otro es lo que explica los motivos por los
cuales hay países en el mundo –todos los desarrollados a los cuales nos
queremos parecer- que han logrado no solo evitar bajar a cero la mortalidad de
mujeres por abortos clandestinos, sino también bajar las tasas de abortos. En
esos casos, las mujeres están acompañadas, tienen a disposición el sistema de salud
para reflexionar, para cambiar de ideas, si así lo desean, y para no poner en
riesgo su vida en una ruleta rusa como a la que las estamos exponiendo
obligatoriamente si votamos el dictamen de minoría.
Les
pregunto qué evidencia les permitiría cambiar de opinión. La Organización
Mundial de la Salud manifestó con claridad que los países que penalizan tienen
tasas de abortos más altas y tienen mayor mortalidad de mujeres. En ese sentido
también se manifestó nuestro ministro de Salud, señores compañeros de
Interbloque, y negarlo los hace cómplices de lo acaecido con las 3.030 mujeres
muertas en la democracia.
Finalmente,
si algunos sostienen hoy que esta amenaza que se sostiene en el Código Penal
sirve para disuadir a las mujeres, me pregunto si realmente se han puesto en la
piel y en los zapatos de esas mujeres que están tomando esas decisiones
difíciles. ¿Realmente se sienten ustedes, acá sentados en sus bancas, con el
derecho a juzgarlas y obligarlas a tomar una u otra decisión? Eso es lo que
estamos discutiendo.
La
opción es el “sí” o el “no”. Hay una opción que impone la libertad y la otra
obliga a las mujeres a obrar según la creencia de un sector minoritario, pero
insistente, todavía con mucho poder de lobby
en nuestro país. (Aplausos.)
Se
dijeron muchas cosas, señor presidente. Voy a pedir permiso para insertar mi
discurso porque me faltará tiempo para expresarme. Durante el debate se nos
mostró el rostro de una niña de 12 años con un bebé en brazos como si fuese el
éxito de la política que están argumentando.
El
Comité de los Derechos del Niño, expresándose en nombre de un tratado que tiene
jerarquía constitucional para nuestro país, hace cinco días le pidió a la
Argentina que modifique su legislación y garantice a las niñas adolescentes el
derecho a acceder a los abortos seguros, porque es una violación a los derechos
del niño a lo que hoy las estamos obligando en la clandestinidad.
Se
ha mencionado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos así como también
los casos de Baby Boy y de Artavia Murillo Vs. Costa Rica.
Asimismo, leímos que el Comité contra la Tortura señaló que hay tratos crueles,
inhumanos y que es degradante forzar a una mujer a continuar con un embarazo no
deseado.
Nos
quieren hacer creer que hay un destino en torno a la maternidad. No todos,
porque respeto casi todas las posiciones, pero algunos nos quieren hacer creer
que esta maternidad como destino es una obligación.
De
alguna manera, nos recuerdan a Alberdi cuando sostenía que “gobernar es poblar”
y creen -con estos argumentos falaces- que hay una pretendida política
internacional que quiere establecer un control de natalidad sobre nuestros
países, para venir por nuestros recursos naturales. ¡Pedimos que no se nos
falte el respeto! (Aplausos.)
Quiero
decir que con orgullo porto la bandera del radicalismo. Ese radicalismo que
tiene visiones distintas. Ese radicalismo que supo hacer de su historia una
historia por la lucha de los derechos de las mujeres, por la lucha por las
libertades y por consagrar derechos.
Quiero
mencionar a Elvira Rawson en la Revolución del Parque, al Comité Feminista
Radical durante el yrigoyenismo y las mujeres que impulsaron a Rogelio Araya en
1919 para presentar una iniciativa que reconocía el voto femenino.
Asimismo,
deseo recordar a María Teresa Merciadri de Morini -esa cordobesa que nos llevó
hasta la Corte Interamericana para garantizar el cupo femenino-, y a Raúl
Alfonsín, quien impulsó el primer congreso internacional contra la violencia,
la Dirección Nacional de la Mujer y quien nos dijo -algo que recién olvidaron
mencionar- en la Convención Constituyente que la mejor manera de proteger la
vida y evitar la tragedia del aborto es con el acompañamiento del Estado y no
con la penalización. (Aplausos.)
También
quiero mencionar a Margarita Malharro de Torres, Norma Allegrone, María Luisa
Storani e, indudablemente, Florentina Gómez Miranda, aquella valiente diputada
que -de su puño y letra- impulsó uno de los primeros proyectos de ley para que
discutamos la despenalización y la legalización del aborto en nuestro país.
Quiero
decirles a aquellos que van a votar en contra que hay dos posiciones y que nos
los confundan. Por un lado, están los que tienen esta visión absoluta, que
quieren volver a antes de 1921 y penalizar también a las mujeres que abortan
producto de una violación.
Por
otro lado, están aquellos que tienen legítimamente dudas y creen que habría que
pensar solamente en la despenalización. A ellos les pido que no sepulten la
posibilidad de dar vuelta la página en la Argentina, que nos permitan con su
voto llegar al debate en particular y que voten aquellos artículos en los que
se sienten contenidos. (Aplausos.)
Este debate es complejo, no es lineal, no permitan reducirlo a falacias;
apretar el botón del “no” no salva las dos vidas, sino que condena a las
mujeres a la clandestinidad.
Esta
semana se cumple el centenario de la Reforma Universitaria y, como reformista y
de la Franja, les quiero decir, tal como decían los reformistas, que los
dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Massot, por Córdoba.
Sr.
Massot.- Señor presidente: en primer lugar,
además de destacar el proceso que hemos vivido en torno a este tema, me
gustaría apelar a un concepto que espero poder honrar con mis palabras. Me
refiero a que lo que aquí se está discutiendo es el rol de la política y del
Estado, independientemente de las subjetividades. Además, coincido con que acá
no hay que imponer apreciaciones personales.
Creo
que este debate representa un dilema moral, jurídico y biológico. Por eso, más
allá de la pasión que involucra la vida y la defensa de los derechos, debemos
tener mucho cuidado entre nosotros a fin de no caer en los facilismos de
empezar a tirarnos con la muerte por la cabeza.
Lo
que más me ha compungido o movilizado durante estos días –y así fue durante los
últimos meses- es que yo respeto, valoro y en muchos casos admiro a muchas de
las diputadas y diputados que tienen una posición contraria a la mía, y esto es
así porque doy por sentado que existe la buena fe. Efectivamente, manteniendo
diferentes posiciones ‑metafísicas, a mi juicio‑, pienso que todos
aquí estamos tratando de resolver un problema. Además, hay que destacar que hemos
puesto este tema sobre la mesa.
Por
otra parte, más allá lo que ocurra hoy y de lo que suceda luego en la Cámara de
Senadores, habrá algo muy importante de lo que no volveremos y de lo cual nos
aferramos tanto quienes nos oponemos a esto desde siempre, así como también
–tal es el caso de la diputada preopinante- quienes propiciaron esto desde hace
muchísimos años. Me refiero a que jamás ni ellos ni nosotros nos ocultamos en
ninguna obediencia debida.
Esto
significa que nunca antepusimos el verticalismo político frente a nuestras
convicciones, lo cual tampoco nos llevó a ocultar el verdadero problema que hoy
estamos discutiendo. Por eso pido por favor a la Cámara que no se interprete
ninguna alusión de las que recurrentemente escuchamos en este ámbito, y debo
decir sobre eso que durante muchos años he sido kirchnerista en este sentido.
Ahora
bien, lo que realmente espero –y ahora voy a referirme al fondo de la cuestión-
es que no nos acusemos con la muerte en ninguno de los dos sentidos.
Por
otra parte, no voy a hablar en detalle del articulado del proyecto, puesto que
eso ya se ha hecho y se hará mucho mejor más tarde. Sí voy a decir que
sinceramente hemos meditado mucho acerca de qué posición o estrategia
parlamentaria vamos a tomar quienes nos oponemos a la iniciativa en
tratamiento. Pero debo aclarar que de ninguna manera esto representa quedarnos
con un statu quo; consideramos que
esto tiene que ser el primer paso para dar una discusión seria sobre cuál va a
ser el rol del Estado.
Quisiera
mencionar un artículo del proyecto que me llamó la atención y que al leerlo me
suscitó una contradicción. Se trata del artículo 2º sobre derechos protegidos,
que en su primera parte se refiere a ellos y hacia el final muta y se
contradice.
Dicho
artículo dice en su primera parte: “Esta ley garantiza todos los derechos
reconocidos en la Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos
ratificados por la República Argentina, en especial, los derechos a la
dignidad, la vida, la autonomía, la salud, la integridad, la diversidad
corporal, la intimidad...”, etcétera.
En
verdad, me dije que tal vez pueda votar favorablemente en particular, porque
efectivamente es eso lo que nosotros venimos a discutir hoy acá. No venimos a
discutir sobre despenalización, ya que ese es el eufemismo más grande de este
proyecto y que está solamente en el título. Representa nada más que una
resultante de lo que es una legalización irrestricta. (Aplausos.)
Tampoco
venimos a discutir acá sobre salud pública. Eso no es cierto. No existe la
misma preocupación, ni siquiera proporcional, en quienes más que todos nosotros
tienen el deber de velar por lo más importante de la salud, que es la vida, que
son nuestros ministros, el actual y los anteriores. No hago ninguna diferencia
en este sentido. (Aplausos.)
Quiero
volver al concepto de buena fe, porque creo que si este artículo forma parte
del proyecto es porque efectivamente todos estamos de acuerdo con algo, y ese
es un punto de arranque muy importante para nosotros: todos coincidimos con que
el Estado está obligado a velar por el derecho a la vida. (Aplausos.)
Reitero:
el Estado está obligado, y nosotros somos quienes debemos velar por el
cumplimiento de esa obligación. Ahora bien, pregunto: ¿podemos cambiar dicha
obligación? Claro que sí. Muchísimas veces en la historia la legalidad ha
apañado cuestiones a las que no queremos volver nunca más. Pueden volver a
serlo, y eso es lo que estamos debatiendo hoy acá: el rol del Estado.
Debemos
llevar adelante esta discusión sin subjetivismos y sin anteponer creencias,
aunque despojarnos de ellas también sea una ilusión.
Creo
que no estamos discutiendo la despenalización del aborto. Como todos saben,
muchos de nosotros estábamos y estamos dispuestos a abrir esa discusión,
siempre y cuando solamente debatamos respecto de la descriminalización ex post y no de la necesidad de disuadir
ex ante un hecho que el Estado
–insisto en esto- tiene la obligación de combatir, independientemente de su
resultado.
Si
acá el argumento transversal va a ser -como noto con alarma- que el aborto va a
seguir ocurriendo o que esto ocurre igual, deroguemos entonces el Código Penal,
olvidemos lo que dice la Constitución, vayámonos de acá, cerremos con llave y
que el último apague la luz, por favor. (Aplausos.)
¿Qué es
esto de que ocurre igual? ¿A qué nos estamos refiriendo? ¿Qué pasa con todo lo
que ocurre igual? ¿O nosotros creemos que la Argentina es un fracaso solamente
por esto? (Aplausos.)
Dicen
que se trata de una cuestión de juventud; también se dice que es un asunto de
género. Mis colegas se han ocupado de manifestar -y van a seguir haciéndolo-
que, a menos que creamos que hay mujeres que son más mujeres que otras, esto no
es una cuestión de género. (Aplausos.)
En
relación con lo que se dice respecto de que este es un tema de juventud, quiero
decirles que puede ser que haya juventudes unidas por esta iniciativa, y lo
entiendo. Pero yo también hablo desde la juventud. Eso es objetivo. (Manifestaciones en las bancas.)
Diputado
Pietragalla: hablo desde la juventud que cree en la política para poder cambiar
la realidad con las leyes y la política, no para que las leyes y la política
meramente reflejen lo que ya ocurre, porque eso es un fracaso de la política.
¿Está claro? (Aplausos.)
Esa
es la juventud que yo quiero representar, la que llegó al Estado para cambiar
las cosas y no para que este claudique en su deber primero –que es lo que nos
estamos planteando acá-, precisamente porque fracasamos, porque la política
fracasó.
Aquí
se pretende elegir el camino fácil para que ese fracaso no se note: eliminemos
al otro, eliminemos derechos... (Manifestaciones
en las bancas.)
¿Y
vos dónde estás hoy, Juan Cabandié? ¿Vos dónde estás parado hoy? Nunca en
democracia nos animamos a tanto. Ni en democracia ni de otra manera. ¿Dónde
estamos parados hoy? (Manifestaciones en las bancas.)
Tampoco
en ese momento, Mayra Mendoza. Tampoco en ese momento nos animamos a tanto. (Aplausos.)
Fuimos y tenemos que seguir siendo referentes
de los derechos humanos. Cuenten con
nosotros para eso. Quienes dicen que aquí estamos defendiendo el statu quo y no queremos avanzar, cuenten
con que eso no es así.
A
partir de mañana mismo, ocurra lo que ocurra, van a encontrarnos trabajando con
todas las alternativas ya presentadas o por presentarse, y no porque no creamos
que se puede hablar simultáneamente de eso, sino porque no encontramos lugar
alguno para iniciar un diálogo, una negociación con un proyecto que con la cara
de la salud pública, de la igualdad de género y muchos otros eufemismos, lo que
en realidad está haciendo es esconder la renuncia de la política y del Estado.
Es
cierto que hay dos opciones. Estoy de acuerdo con eso: hay dos opciones. Con lo
que no estoy muy de acuerdo es con cuáles son esas dos opciones.
La
diputada preopinante dijo que está la opción que impone la libertad de la
mujer. Sí, efectivamente, es una imposición porque la libertad es impuesta por
encima del principal de los derechos humanos. Y espero que ahora todos seamos
referentes también de los derechos humanos, y los sepamos defender.
En
esta opción se impone esa libertad sobre el derecho más importante e
inalienable de la humanidad misma y lo transforma en un derecho relativo,
subordinado a un nuevo derecho absoluto. Esto implica que las mujeres no van a
tener más el derecho a nacer, garantizado por el Estado, independientemente de su fracaso.
Estamos
renunciando al derecho tutelado a la vida y estamos otorgando un nuevo derecho
tutelado, como es el de decidir sobre la vida de terceros a la misma mujer que
no pudo tener un derecho tutelado a nacer.
Por
supuesto que los hombres no tienen ninguno de los dos. (Aplausos.)
Entonces,
estoy de acuerdo con que la imposición de la libertad es lo que representa la
primera opción.
La segunda opción, la que decimos que obliga a
la madre a llevar adelante el yugo de lo que estamos conversando, también es
parcialmente cierta. Porque es cierto, la segunda opción también obliga. La
opción por el rechazo, también obliga. Pero no obliga a la mujer a llevar
adelante nada. Obliga al Estado a no claudicar en su tutela de los derechos
fundamentales. Eso es a lo que obliga. (Aplausos.)
Entonces,
al apretar el “no”, sabemos que no estamos salvando a las dos vidas. Eso es
claro y representa el fracaso con el que todos estamos de acuerdo.
No
estamos salvando a las dos vidas apretando el “no”, pero sí estamos obligando
al Estado a hacer lo imposible para salvarlas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Mendoza, por Buenos Aires.
Sra.
Mendoza (M.S.).- Señor presidente: no voy a
responder a los violentos que carecen de argumentos. Me voy a referir a esta
sesión, en este día histórico que tenemos por delante, donde estamos tratando
un tema de salud pública que no puede ser abordado con anteojeras ni morales ni
éticas ni ideológicas ni, mucho menos, religiosas.
Somos
diputados y diputadas que tenemos la obligación de legislar para un Estado
laico, garantizando derechos.
Hoy
quiero reconocer a una compañera, amiga y maestra, como Juliana Di Tullio. (Aplausos.) Quiero reconocer a mujeres
como ella y como Victoria Tesoriero, Claudia Perugino, Mavi Aguilar, Estela
Díaz y muchísimas otras mujeres militantes, feministas y peronistas, junto a
los cientos de miles de estudiantes, docentes y amas de casa, movilizadas a lo
largo y a lo ancho del país, que han posibilitado que hoy estemos en este
recinto debatiendo sobre la legalización del aborto.
Fue
el movimiento de mujeres el que puso este tema en agenda y que obligó al Congreso
Nacional a que refleje lo que está sucediendo en la calle.
Señor
presidente: nuestros pañuelos tienen tres consignas y quiero hacer un breve
pero resumido y necesario recorrido de cómo hemos llegado a discutir la
legalización del aborto.
La
primera consigna es educación sexual para decidir. En ese sentido, en el 2006
hemos sancionado la ley de educación sexual integral, que aún hoy continúa con
dificultades para su aplicación por los mismos sectores retrógrados y
conservadores, que se niegan a garantizar el derecho que hoy estamos
debatiendo, pero que también se niegan a garantizar la educación sexual para
nuestros niños, nuestras niñas y adolescentes. (Aplausos.)
La
segunda consigna es anticonceptivos para no abortar. Desde el 2003 se ha incrementado
el presupuesto para el programa de salud sexual y reproductiva. Eso les daba la
posibilidad a las mujeres de encontrar los métodos anticonceptivos en los
hospitales públicos y en las salas cercanas a sus casas.
Hablo
con mucho conocimiento de lo que digo ya que soy de Quilmes, provincia de
Buenos Aires y desde el 2016 he recorrido las salas y los hospitales intentando
conseguir los anticonceptivos que las mujeres no tienen porque el Estado se
ausentó y se está retirando. Esto, por supuesto, agrava la situación de los
abortos clandestinos.
Como
formo parte de un proyecto político que se caracteriza por garantizar derechos,
en el punto 10 de la propuesta de Unidad Ciudadana hablamos de que queremos
mujeres libres, iguales y vivas.
Por
eso hoy estamos discutiendo aborto legal para no morir.
Señor
presiente: yo me pregunto si todos y todas en este recinto tenemos la misma
intención, que es bajar los índices de mortalidad y de morbilidad materna y que
haya menos cantidad de abortos.
Miramos
al mundo por muchas situaciones y ponemos como ejemplo a distintos países.
Entonces, ¿por qué no miramos al mundo en este tema? Rusia, toda Europa, Cuba y
Estados Unidos tienen legalizado el aborto desde hace más de veinte años y han
bajado los índices de mortalidad, de morbilidad y de abortos considerablemente.
La
comunidad internacional hoy está mirando a la Argentina. Más de un organismo ha
aconsejado que legislemos a favor del aborto legal y a favor de la salud de las
mujeres.
Quiero
halarles a aquellos peronistas que aún están en duda con su voto. Este también
es un tema de justicia social.
Por
favor, recuerden a Evita, reflexionen. Nosotros somos quienes representamos a
los más humildes de nuestra Patria y las mujeres más humildes son las que
mueren por métodos inseguros y por prácticas horribles para interrumpir sus
embarazos.
Eva
Perón planteaba que donde hay una necesidad, hay un derecho. Hoy hay una
necesidad de terminar con las muertes evitables de las mujeres que se practican
abortos clandestinos. Hay un derecho al aborto legal. (Aplausos.)
Han
planteado que deberíamos haber hecho una consulta popular. Es falso lo que
dicen porque los derechos humanos no se plebiscitan.
Escuchen
a la sociedad. Ya lo demostramos cuando intentaron lo del “dos por uno”. Que
quede claro: en materia de derechos humanos no se vuelve atrás en la Argentina.
Tienen la posibilidad, en estas horas decisivas, de que el pueblo amanezca con
un nuevo derecho.
Señores
y señoras diputados: hay un mandato generacional. Hay una revolución de las
hijas que llegó para quedarse.
Como
dijo quien hoy está más presente que nunca cuando se trata de garantizar y
ampliar derechos: “No pasarán a la historia aquellos que especulen, sino los
que más se la jueguen.” Ese fue Néstor Kirchner… (aplausos) …y quiero que pasemos a
la historia por garantizar derechos, que escuchemos a las nuevas generaciones.
No
voten contra las mujeres. Es legal o clandestino. Crean en el Estado.
Garanticemos el derecho humano fundamental a la salud pública. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Filmus, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Filmus.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero felicitarnos por el debate que hemos llevado adelante durante estos
meses. También quiero plantear que, seguramente, este Congreso está discutiendo
lo que preocupa a nuestro pueblo, y esa es su función.
Ayer,
en el plenario de las comisiones que trató el tema, yo planteé qué era lo que
se iba a discutir hoy aquí. Hoy no estamos discutiendo si en la Argentina va a
haber interrupción voluntaria del embarazo, no estamos discutiendo la
legalización del aborto, sino cuándo va a ocurrir, porque va a ocurrir.
Lo
que hemos visto en las calles y en todos los lugares plantea que, sin lugar a
dudas, el movimiento de las mujeres, que ha logrado que esto se debata acá,
tarde o temprano hará que esto sea legal en la Argentina.
De
lo que se trata, si nosotros escuchamos la voz de nuestra gente, es que lo
hagamos cuanto antes porque, de lo contrario, lo que estaremos haciendo es
generando las condiciones para que haya más muertes.
Solamente
según las estadísticas, hubo 3.030 casos a partir de 1983. Si esto es lo que
ocurrió y hoy decidimos que no se apruebe esta iniciativa, que se volverá a
debatir en dos años, tendremos 174 mujeres muertas por abortos. Si postergamos
esta discusión, también tendremos 98.550 internaciones por complicaciones por
abortos clandestinos. Estos son los datos que dieron los ministros de Educación
de los distintos gobiernos. No vamos a desconfiar de lo que se plantea y de lo
que plantean las investigaciones. Se trata de hacerlo ahora para evitar esta
situación.
Voy
a plantear brevemente cuestiones de salud, de derecho, científicas y de
creencias.
La
revista The Lancet, que es la que
recopila las investigaciones sobre este tema en todo el mundo, plantea en el
último número de 2017 que el aborto en el mundo ha disminuido en los últimos
años y se estima que la legalización de la práctica ha sido el factor que más
ha contribuido en ese sentido.
Los
países con aborto penalizado son aquellos que presentan las más altas tasas de
aborto. No es el resultado de la subjetividad, sino de las investigaciones que
han hecho a lo largo y a lo ancho del mundo. Lo ha dicho el ministro de Salud
actual: donde las leyes son restrictivas la mayoría de los abortos son
inseguros y las tasas de aborto son más altas. Estos son los datos; esta es la
realidad.
Pero
me llama la atención ‑quedando claro qué ocurre con las políticas de salud
y qué ocurre donde se legaliza‑ el caso de Irlanda en las últimas
semanas, donde el 86 por ciento de la población de un país profundamente
católico votó a favor de este derecho.
Pero
quiero señalar, escuchando los discursos, viendo algunas de las caras que están
acá, que un debate parecido hubo cuando se sancionó la ley 1.420, en el año
1882. Lean ese debate, donde se decía que si la religión salía de las escuelas
era la disolución del país. Significó que Roca tuviera que romper en ese
momento con la Curia para poder hablar de una educación laica. (Aplausos.) Fue en 1882 con la ley 1.420.
Fueron los mismos argumentos.
En
1915, aquellos diputados radicales y socialistas que plantearon el voto de la
mujer encontraron que la oposición -lean el debate- decía que si la mujer
votaba, y votaba diferente del marido, era la disolución de la familia. Antes
hablaban de la disolución del país; después hablaban de la disolución de la
familia. Hubo que esperar hasta 1949 para que las mujeres pudieran votar y, sin
lugar a dudas, desde la recuperación de la democracia en 1983 se dieron debates
enormes.
Pido que los lean porque da vergüenza ver los
argumentos que se utilizaron; son los mismos que dentro de unos años van a dar
vergüenza y va a haber que mirar a la sociedad. Lean los debates que hubo
cuando se trató la ley de divorcio o de la patria potestad compartida; no se
permitía que las mujeres decidieran por sus propios hijos. Lean los debates más
cercanos.
Hasta
1994 los que no profesábamos la religión católica no podíamos ser presidentes
en este país. Éramos ciudadanos de segunda. (Aplausos.) Yo miro la cara de los que votaron contra la ley de
educación sexual y hoy se llenan la boca diciendo que se va a resolver el
problema del aborto con educación sexual. (Aplausos.)
Impleméntenlas en sus provincias. Cuando la propusimos nos acusaron de todo.
Hay
acá quienes dijeron hoy que defienden el Estado y votaron contra artículos que
decían que era el Estado el que tenía que dar educación sexual, porque decían
que solo los padres podían dar educación sexual, que no tenía que ser
obligatoria y que a las escuelas privadas no se les podía exigir. Hoy se llenan
la boca hablando de educación sexual. Y los que compararon al matrimonio
igualitario con zoofilia, ¿con qué cara van a ir a la sociedad a decirle que,
en realidad, se amplió el derecho y no pasó nada?
También
tuvimos el debate sobre fertilización asistida. Da vergüenza escuchar
argumentos respecto de por qué prohibir o impedir a los sectores más humildes
acceder a la fertilización asistida. Y no hablemos de igualdad de género, por
nombrar algunos de los últimos.
Estamos
ampliando derechos. No voy a citar ningún autor de la actualidad. Lo decía
Condorcet en 1790: “O bien ningún
individuo de la raza humana posee verdaderos derechos, o bien todos tenemos los
mismos; aquel que vota en contra de los derecho de otro, cualquiera sea su
religión, su color o su sexo, está abjurando de ese modo de los suyos.”
Por
último, me voy a referir a la cuestión científica. No hay subjetividad.
Escuchen a Alberto Kornblihtt, el principal biólogo de la Argentina. Busquen en
YouTube cuando habla de la diferencia entre vida y persona. No estamos
discutiendo si hay vida o no, estamos discutiendo si hay persona o no.
Escúchenlo.
Hay
un organismo en la Argentina que me llama la atención que casi no se mencionó,
que es el Comité de Etica de Ciencia y Tecnología, es el organismo elegido por
todos los científicos argentinos y que opinó sobre este tema. Le preguntaron
qué opinaba y dio cuatro puntos.
Dijo,
como primer punto, que se incorporen los aportes del conocimiento científico.
El segundo punto fue que se evalúe la inconveniencia de mantener la
penalización. El tercer punto señala que se realicen conforme
con los principios fundamentales de una
sociedad democrática, plural y laica. El
cuarto y último punto expresa que se tenga en consideración que los principales
instrumentos internacionales de derechos humanos establecen que corresponde
legalizar la práctica para evitar vulneraciones de derechos fundamentales.
No
hay subjetividad en esto. No hay opiniones de una mirada o de otra. Esto es lo
que dice el Comité de Etica de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Ciencia y
Tecnología de la Nación, elegido por los científicos. No hay otra opinión
válida. Estoy cansado de escuchar cualquier tipo de opinión y respaldarse en
una pretendida realidad científica que no existe.
Termino
con dos cuestiones. Por supuesto está el tema de las creencias y somos muy
respetuosos de ellas. Yo he escuchado excelentes opiniones de aquellos que
tienen creencias diferentes en contra del proyecto. Y los respetamos. Son
miradas distintas. No tienen por qué imponernos a la sociedad sus creencias.
Nosotros no imponemos nuestras creencias. Lo que nosotros proponemos es que
cada ciudadana tenga libertad para elegir sobre estos temas. Un sector le
impone al otro, pero el otro no hace lo mismo.
Son
muy valorables las creencias distintas a las que planteamos nosotros; realmente
hubo algunas que nos emocionaron. Sin embargo, tienen que ser coherentes porque
también hay quienes dicen defender ciertas creencias y después, como hemos
visto en su vida privada, lo único que hacen es obrar en contra de lo que
dicen. (Aplausos.)
Por
eso me parece importante terminar pidiendo un debate en serio y con
profundidad; este es el momento. Ha habido un enorme movimiento de mujeres a lo
largo y a lo ancho del país. No son asesinas; los países que tienen mayor
índice de desarrollo humano ya han avanzado en este tema. Vamos a avanzar
nosotros ahora.
Votamos
por la ampliación de derechos de todos, señor presidente, pero también yo voto
por Maite y por Malena, mis dos hijas, que me lo dijeron una y otra vez, y
militaron –algo que nunca habían hecho‑ respecto de este tema. Una tiene
15 y la otra, 28 años, y lo han planteado con una fuerza y convicción enormes.
Quiero que nunca tengan que abortar, pero si realmente lo tienen que hacer, que
encuentren todas las condiciones que el Estado les debe garantizar.
Si
hoy vuelvo a mi casa y esta votación resultó positiva, habremos avanzado en los
derechos de ellas y de todas las chicas y mujeres de la Argentina. Pero si
vuelvo y el voto fue negativo, ¿con qué cara las miro? Les voy a decir a ellas
que no les estamos dejando el mundo que nosotros deseamos, no les dejo en estos
años que fui diputado la ley por la que ellas
pelearon.
Estoy
seguro de que nuestra generación no deja el mundo que hubiéramos deseado, pero
por su militancia y la de sus compañeras sí les estamos dejando los hijos y las
hijas de la democracia que seguramente van a construir el mundo que ellas se
merecen, que es un mundo con derechos para todos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Macha, por Buenos Aires.
Sra.
Macha.- Señor presidente: quiero resaltar la
construcción transversal de este dictamen y lo que significó militar sobre este
tema durante estos meses.
Me
parece que también hay un modo y una clave de construcción entre compañeras y
compañeros y entre diputados y diputadas de otros bloques, con los que tenemos
profundas diferencias, que entendemos ‑sobre todo, las compañeras, las
mujeres‑ que hay cuestiones que sí necesitamos pensar, militar y
construir de manera conjunta. ¿Por qué? Porque tiene que ver con la desigualdad
de género. Yo entiendo que para muchos y muchas esto puede ser un tema no
necesariamente de las mujeres, pero sí lo es para aquellas que tenemos
perspectiva de género, porque si no, hay temas que son tratados históricamente
como de jerarquía menor. Por eso nos lleva tanto tiempo discutir sobre este
tema y nos cuesta tanto que se instale socialmente.
Considero
que en la instalación de esta cuestión mucho tuvo que ver, por supuesto, la
Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que durante quince
años estuvo planteando estrategias de incidencia para llevar este debate al
mundo social y hacerlo más amplio. También tuvo que ver la incorporación del “Ni
una menos”, que logró intervenir en los medios masivos de comunicación y
generar otras estrategias comunicaciones para que los temas que históricamente
fueron agenda del feminismo pudieran tener un lugar en esa discusión más masiva
y social en todos los ámbitos de nuestra vida pública.
Creo
que la incorporación del colectivo Actrices Argentinas, las compañeras
estudiantes de los distintos espacios secundarios, universitarios, las jóvenes,
La Marea Feminista, todos esos
ámbitos en toda esa articulación fue dando lugar a que este debate hoy fuera
posible.
Este
debate es posible porque hay una articulación y una fuerza militante
importantísima transversal a todos los partidos políticos. Coincido con muchos
diputados y diputadas que plantearon que cuando hablamos de aborto sí o no, ese
no es el verdadero debate.
El
verdadero debate está vinculado a si vamos a seguir sosteniendo como sociedad
el contrato implícito del aborto clandestino o vamos a generar las estrategias
y las herramientas para darle a esa práctica una legalidad y un cuidado para
todas las mujeres. Por supuesto que en el marco del aborto clandestino hay
diferentes consecuencias, entre ellas, las psicológicas.
La
clandestinidad significa un velo y una situación sobre cada una de las mujeres
que genera una situación de temor, de no saber adónde ir cuando se ha tomado la
decisión de practicarse un aborto, de no saber en qué lugar se va a terminar
cayendo, de no tener el dinero para hacerlo y de tener que hacerlo en
condiciones que ponen en riesgo el cuerpo y la salud de muchas mujeres.
Y aunque se tengan los medios, la clandestinidad
en sí misma también genera situaciones subjetivas, que no es, por supuesto, el
estrés postaborto, que fue un invento que surgió en todas las discusiones de
quienes están en contra de la legalización del aborto y que plantearon como un
nuevo síndrome que realmente no existe. Se puede conceptualizar más adelante,
pero en principio no existe.
En
esto también quiero resaltar algunas cuestiones. La Fundación Huésped, por
ejemplo, estuvo analizando la veracidad de todas las exposiciones que se
realizaron en el Congreso durante estos dos meses. Fueron 738 exposiciones, de
las cuales, tomando las que fueron en contra de la legalización del aborto, se
concluye que el 52 por ciento es falso; el 25 por ciento de esos datos son
inchequeables, o sea que no son aptos para usarlos como fundamentación en una
votación parlamentaria; solo el 15 por ciento resultó verdadero y el 7 por
ciento, dudoso.
En
el caso de las argumentaciones a favor de la legalización del aborto, los
números cambian absolutamente: el 92 por ciento de las fundamentaciones se
consideraron verdaderas y solo el 8 por ciento, difíciles de chequear. Digo
esto para que pensemos también sobre qué datos y sobre qué argumentaciones
estamos basando nuestras exposiciones.
Yo
decía que el aborto clandestino tiene, por supuesto, consecuencias subjetivas
en las personas, además en el cuerpo, que las más graves son cuando implica la
vida de las mujeres, y también consecuencias familiares.
Si
vamos a los costos en términos económicos, el aborto clandestino implica un
gasto superior para el Estado respecto de si esos abortos fuesen legalizados,
porque implican internaciones de alta complejidad y de mucho tiempo, y en
términos de salud pública es un costo mayor que la legalización.
También
pensar en sostener ‑como ocurriría si este proyecto no se aprobara‑
el aborto clandestino significaría mantener el negocio para las clínicas que
realizan abortos clandestinos y la producción del misoprostol clandestino,
porque es muy difícil para una mujer que toma la decisión de hacerse un aborto
con misoprostol conseguir esas pastillas. El costo de esas pastillas en el
mercado negro es mucho mayor que si fuesen producidas por el Estado y si fuesen
recetadas por indicación médica.
Considero
que todo esto que estamos debatiendo implicó tiempo, un período histórico de
muchas décadas, y estamos pudiendo llevar adelante este debate porque, en
definitiva, se trata de los cuerpos de las mujeres, de nuestros cuerpos, que
históricamente han tenido un tutelaje por distintos sistemas: educativo,
sanitario, judicial y por el propio discurso religioso. Se trata de un tutelaje
y un intento de disciplinamiento constante de aquellas mujeres que se animaron
a ser desobedientes con el patriarcado y con los sistemas que actualmente
nuestro Estado conoce y promueve. Por eso creo que recién hoy estamos
discutiendo estas situaciones.
Me
parece que como legisladores y legisladoras tenemos una función representativa
y que esa función implica poder separar por un momento las creencias
religiosas, la situación de lo que haría cada uno y cada una si se viera en un
momento donde tuviera que definir un aborto. No importa lo que hacemos nosotros
ni en lo que creemos religiosamente, importa sí que esto implica la muerte de
muchísimas mujeres en la Argentina todos los años y que de no legalizar el
aborto, esas muertes se van a seguir produciendo.
Importa
también que nos podamos ubicar como un Estado laico, que es lo que somos y,
entonces, pensar que las distintas creencias religiosas son parte de nuestra
cultura y para muchas personas pueden ser discursos e instituciones
fundamentales, pero no lo son para todos y para todas.
Aquí
debemos bregar por el bien común ante un problema que necesita una respuesta
por parte del Estado. Esta legalización propiciará la posibilidad de contar con
políticas sanitarias que promuevan el cuidado y la protección de las mujeres
que decidan abortar.
Queremos
mujeres libres, mujeres que puedan llevar adelante maternidades deseadas,
mujeres que puedan interrumpir su embarazo con absoluta autonomía si así lo
desean.
Queremos
recuperar definitivamente la soberanía política sobre nuestros propios cuerpos.
Muchas gracias. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Allende, por San Juan.
Sr.
Allende.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero aclarar que en nuestro bloque se dispuso compartir el tiempo entre los
diputados que tenemos distintas posturas.
Viene
a mi consideración este proyecto, que busca legalizar el aborto. Quiero
decirles que gran parte de las exposiciones realizadas en las audiencias
públicas de días pasados me ha permitido identificar las cuestiones en juego y
la finalidad que persiguen quienes las proponen.
Soy
representante del pueblo de San Juan, que no ha sido indiferente a este debate.
En varias ocasiones he podido constatar personalmente cómo piensa la mayoría de
los sanjuaninos y también he podido ver cómo se expresaba un volumen importante
de ciudadanos en la prensa local. Tuve también reuniones en las que he buscado
asesorarme con datos científicos y estadísticos serios y comprobables, evitando
quedar enmarañado en una manipulación que, como siempre, intenta que tomemos
decisiones de escasa calidad debido al bajo nivel de reflexión y a la alta carga
de emotividad que se proponen.
No
cuentan aquí los eslóganes. La información que busqué es objetiva y seria.
Tampoco
puedo desconocer la voluntad de la Cámara de Diputados de mi provincia, que
días pasados emitió una declaración unánime en rechazo a este proyecto.
La
pretensión de legalizar el aborto se fundamenta en la decisión de la mujer y se
esgrimen cifras falsas de abortos inseguros a los que deben recurrir las
mujeres, especialmente las pobres. Se propone legalizar el aborto para salvar
la vida de la mujer, que se vería obligada a recurrir a abortos en condiciones
muy riesgosas para su salud.
Me
llama la atención que, en la mayoría de los casos, resulte indiferente definir
que nos encontramos ante la disputa entre el derecho a la vida de dos personas:
el de la madre y el de su hijo por nacer. De esta manera, quienes propugnan la
legalización del aborto ignoran que el primer derecho humano es el derecho a la
vida.
Al
momento de considerar el proyecto de ley de aborto, me ha parecido muy importante
analizar si en dicha iniciativa había alguna respuesta para evitar las muertes
maternas y atacar las causas de la vulnerabilidad. A tal fin, tomé como
referencia el análisis de las siguientes preguntas. ¿Cuántos son los abortos?
¿Cuántas son las muertes maternas? ¿Cuáles son las causas de las muertes
maternas? ¿Qué lleva a las mujeres a considerar abortar? ¿Se pueden evitar las
muertes maternas? ¿Es el aborto una solución?
Por
supuesto que no tuve en cuenta la opaca intervención que tuvo aquí el ministro
de Salud de la Nación, en la que eludió todo tipo de responsabilidad respecto
de la cuestión de fondo que origina estas muertes. La argumentación estadística de dicha
intervención fue premeditadamente confusa y tuvo el solo fin de apoyar un
proyecto que lo exime de trabajar en la mejora del área de salud del pueblo de
la Nación.
Al
respecto, solo diré que comparto lo que dijo sobre esa irresponsable
intervención el actual ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, que
la calificó de poco seria y poco comprometida con la gestión que le fue
encomendada.
Quiero
ser claro, señor presidente. Esta situación no es exclusivamente
responsabilidad del actual ministro, sino también de otros, que alegremente han
hecho campaña y tuvieron muchísima responsabilidad. La situación actual marca
el fracaso de las políticas sociales en la Argentina.
Existe
un grave problema de muertes maternas que podemos y debemos encarar y
solucionar. Las muertes maternas se pueden evitar. Pero el aborto libre no
ataca las causas que llevan a la madre vulnerable a considerar el aborto y la
colocan en riesgo de vida.
Ninguna
mujer quiere abortar. Detrás de la maternidad vulnerable hay problemas
estructurales que no se solucionan con la legalización del aborto. Cuando un
funcionario público ‑como el ministro actual y el anterior, que hacen
campaña‑ propone el aborto como solución mágica a la mortalidad materna,
lo que hace o quiere hacer es “gambetear” la responsabilidad que le cabe en
atacar las causas de fondo que originan las muertes maternas. (Aplausos.)
Señor
presidente: la experiencia internacional demuestra que la legalización del
aborto no soluciona el problema de la mortalidad materna.
Se
afirma livianamente que en la Argentina se practican alrededor de 500 mil abortos
por año. Esa cifra es mentirosa. Y no es posible aprobar ninguna política
pública con un dato inflado por conveniencia ideológica.
- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable
Cámara, ingeniero José Luis Gioja.
Sr.
Allende.- Según cifras del Ministerio de Salud de
la Nación, en 2016 hubo 46 muertes de mujeres por cuestiones vinculadas a la
maternidad, entre ellas, dolorosas muertes por abortos clandestinos y muertes
ocurridas en los hospitales públicos de provincias adheridas al protocolo de la
Corte de Justicia de la Nación ‑como fue el resonante caso de Keila
Jones, en Chubut.
Si
todas esas muertes estuvieran relacionadas con cuestiones vinculadas a un
aborto clandestino, la Argentina se ubicaría entre los mejores rankings internacionales de salubridad
clínica vinculada al aborto, lo que sería una gran mentira.
Pero
estos datos se ocultan, ya que admitir esta realidad no es conveniente para los
intentos de legalización del aborto, sobre todo cuando se intenta justificar
dicha legalización diciendo que el aborto clandestino es la principal causa de
muerte femenina.
Según
cifras del Ministerio de Salud, mueren más mujeres por accidentes de tránsito,
por meningitis, por desnutrición o por mal de Chagas que por cuestiones
vinculadas a la maternidad, incluido el aborto. Por más triste que esto pueda
resultar en pleno Siglo XXI, debemos asumirlo.
Para
clarificar más el hecho de que es necesaria una respuesta estatal, podemos
citar un interesante estudio chileno que se podría interpolar fácilmente con la
situación en nuestro país. Dicho trabajo refleja y muestra, en términos
aproximados, cuáles son las razones que llevan a las mujeres en situación de
vulnerabilidad a considerar un aborto: el 44,4 por ciento alegó como motivo de
un aborto la coerción sufrida de parte de los padres o la pareja, con o sin la
presencia de violencia extrafamiliar; el 22,8 por ciento, factores asociados a
expectativas de vida –continuación de los estudios, proyecto de vida, situación
socioeconómica, temor a ser madres solteras‑; el 20,4 por ciento, temor a
la reacción de la pareja o de los padres; el 2,1 por ciento, abuso sexual; y el
1,9 por ciento, abandono de la pareja.
Por
lo tanto, la reducción de estos indicadores contribuiría, como lógica
consecuencia, a una notable disminución de la morbilidad de esta población.
Aquí
debemos abocarnos a buscar respuestas. Y el proyecto no las brinda respecto de
la causa de mortalidad materna.
En
primer lugar, debiera mejorarse el tratamiento de las complicaciones obstétricas
y los cuidados y controles prenatales y debiera existir un acompañamiento
sanitario, social, económico y psicológico de la mujer y su hijo por nacer para
poder garantizarles a ambos el máximo nivel de salud. Antes de la legalización
del aborto, es necesario explorar otros caminos que busquen atender los graves
problemas de salud materna.
En
segundo lugar, debemos considerar tanto la Constitución Nacional como los
tratados internacionales. El proyecto propone la legalización del aborto, y va
más allá del plazo de la semana 14 si el embarazo fuera producto de una
violación. También
este punto del proyecto omite medidas para resolver situaciones de
sometimiento.
Quiero decir que mi
rechazo a este proyecto no significa no dar respuesta a la difícil situación
que se les presenta a las mujeres, especialmente a las pobres en condición de
vulnerabilidad. Hablo con la convicción
puesta en que cuando se quiere ir a
buscar soluciones que integren respuestas eficientes sobre la base de utilizar
recursos humanos y profesionales
que el Estado tiene, se ordenan y sirven.
La provincia en la que
vivo, cuyo pueblo me votó para representarlo en esta Cámara,
está desarrollando un plan elogiado que espero estimule a otras provincias a
implementarlo con el nombre que quieran.
Adhiero totalmente a lo
que escuché decir a un médico días pasados: "Muchas muertes podrían
evitarse; más aún, seguramente muchos abortos no se realizarían si las embarazadas
tomaran contacto con el sistema de salud en tiempo y forma,
acorde a normas y realizando los controles
pertinentes, siendo responsabilidad del Estado su resolución.”
El
programa se llama Mil Días y tiene un control exhaustivo para todas aquellas
embarazadas que no tienen cobertura de una obra social. Consta de cuatro
instancias: la primera comienza durante el embarazo, que comprende desde su
detección hasta el parto; la segunda, desde el nacimiento hasta los seis meses
de vida, con foco en la lactancia materna; la tercera se inicia a los seis
meses con la incorporación de las primeras papillas hasta el primer año, y la
última abarca hasta los 2 años, que es la edad en la que predomina la
alimentación complementaria.
Todas
estas instancias persiguen abordar el potencial de crecimiento y desarrollo de
los niños en su salud integral, combinando la estimulación apropiada y la
promoción de hábitos saludables.
Por
último, quiero dirigirme a los peronistas en general, y a los de mi partido, al
cual estoy orgulloso de pertenecer. Llegamos a ser concejal, intendente,
ministro, gobernador, diputado o presidente, gracias a este partido, que nos ha
posibilitado alcanzar funciones de responsabilidad.
Viene
a mi memoria que hace unos años, cuando asumí como intendente en 9 de Julio, un
pueblito muy chiquito de San Juan, usted era gobernador, señor presidente, y
nos visitó para dejar inaugurada la primera de las siete escuelas que
construimos. En ese momento nos habló de las bondades del justicialismo y de
Perón y Evita.
Recién
escuchaba decir que hay que leer. ¡Claro que hay que leer! Hay que leer la
doctrina justicialista, la plataforma de campaña, y en ninguna plataforma de
campaña figuraba votar a favor de la legalización del aborto.
Este
Partido Justicialista ha trascendido los tiempos, ha sobrevivido a golpes de
Estado, a proscripciones y a muchos “ismos” ‑menemismo, duhaldismo,
sciolismo‑ ha perdurado. ¿Por qué lo ha hecho? Porque siempre ha
mantenido en alto la justicia social, la defensa de la vida, la familia y los
valores. Eso ha mantenido a través de los tiempos al partido, y ha logrado
sobrevivir por eso.
La
crisis de dirigentes que hoy tenemos es nuestra propia responsabilidad. Pero
también tenemos una crisis ideológica, y este falso progresismo nos está
llevando a dejar cosas muy puntuales que no debemos olvidar.
Siempre
fui admirador de Evita, una mujer luminosa, progresista, que luchó por la vida.
Hoy ella lucharía por eliminar las causas de la pobreza, que son las que llevan
al aborto, como lo hizo en su vida, y no votaría por eliminar pobres en los
vientres de las madres vulnerables. Estoy seguro de que rechazaría este
proyecto (Aplausos.)
Porque
ella trabajó para aliviar el dolor y por los derechos de la mujer desde la
dignidad, sin ceder a las pretensiones de controlar la natalidad con una medida
simplista solicitada por organismos internacionales.
Hoy
los peronistas tenemos la gran oportunidad de seguir manteniendo arriba del
mástil la bandera de la justicia social, la defensa de la familia y la vida, y
de ninguna manera podemos votar para arriarla. Si terminamos arriando las
banderas que mantienen vivo al justicialismo estamos muy mal. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada Moisés, por Jujuy.
Sra.
Moisés.- Señor presidente: creo que esta será una
ley histórica por varios motivos. Primero, por la forma en que se ha
construido. Pocas veces en esta Cámara se han construido leyes con la gente.
Hemos sancionado leyes para las que hubo audiencias públicas, en las que hemos
escuchado especialistas sobre determinadas temáticas. Pero en este caso se ha
dado un proceso en el que han participado referentes sociales, movimientos, la
gente en la calle hablando sobre este tema y haciéndonos saber sus opiniones.
Se ha producido en debate muy rico; esta Cámara entendió que no podía reducirse
a las posturas legislativas y que teníamos que escuchar, atender y prestar
atención, tratando de entender un tema muy complejo como el aborto.
Ciudadanos
y ciudadanas argentinas se expresaron en las audiencias públicas del plenario
de comisiones y pudieron decir lo que pensaban y lo que sentían respecto a
esto, no solamente lo que sabían. Creo que ese es un elemento integrador para
poder votar este proyecto de ley: saber lo que siente la gente, y en especial
las mujeres.
Se
han resguardado garantías de libertad de expresión y de opinión en cada una de
las audiencias públicas, con más de setecientos expositores que pudieron hablar
cómodamente ante nosotros y la sociedad. Creo que eso está reflejado en el
dictamen porque es flexible, ha sido trabajado, y no tiene mucho que ver con el
proyecto inicial. Justamente es así porque quienes firmamos el texto original
entendimos que era una herramienta de consenso, demostrando que realmente
queríamos tratar el tema y que la cuestión no pasaba por si el texto fue
firmado por una diputada u otra, si era de un bloque o de otro. No, nos pusimos
de acuerdo y suscribimos el proyecto propuesto por la Campaña Nacional del
Aborto, que durante más de doce años fue trabajado por mujeres y propuesto a
esta Cámara.
Ese
es otro elemento adicional que explica por qué esta ley es diferente: dejamos
las ideologías de lado. En los plenarios de comisiones hablamos de un lado y
del otro, sin tener un cuadro ideológico que definiera una posición.
Además,
hemos sido capaces de incorporar al proyecto inicial muchísimos elementos, como
la objeción de conciencia, el tema de los menores, el período de reflexión para
que las mujeres puedan pensar, el punto de que cómo deben ser atendidas en los
hospitales y por qué queremos que sean atendidas en estos centros de salud. Por
eso en este momento quiero hacer un reconocimiento al trabajo y el esfuerzo que
hizo la gente que participó, los diputados, los empleados de la Cámara, los presidentes
de las cuatro comisiones y todos los que hemos trabajado en esto.
En
segundo lugar, creo que lo histórico es que hablamos las mujeres y logramos
ponernos de acuerdo. Me parece que el hecho de que tres o cuatro mujeres
logremos ponernos de acuerdo en algo resulta histórico.
Por
sobre todas las cosas, hemos logrado ponernos de acuerdo sobre nuestros cuerpos
y vidas. No nos hemos puesto de acuerdo sobre el aborto, sino sobre nuestros
cuerpos y vidas. En la Argentina las mujeres están pensando igual respecto de
sus cuerpos y vidas.
Entonces,
el hecho de que las mujeres hayan decidido hablar de esto y que en esta
Honorable Cámara se haya hablado del cuerpo, la sexualidad, los miedos y los
deseos de las mujeres es, a mi juicio, algo diferente.
Hemos
decidido hablar al resto de la sociedad, lo que es algo nuevo y revolucionario.
Creo que las mujeres, con mucho coraje y sin vergüenza, han venido a decirnos
qué es lo que realmente les pasa. Muchas de nosotras lo sabemos porque estamos
al lado de las mujeres en nuestras provincias, ciudades, pueblos y campos.
Sabemos qué es lo que sienten, qué les pasa a sus cuerpos y cuáles son sus
terrores. Pero la verdad es que plantear ese tema en este recinto y que la
opinión pública sepa qué les pasa a esas mujeres argentinas me parece que es
algo histórico. Asimismo, creo que muchos no estaban preparados para eso, es
decir, para escuchar a las mujeres organizadas.
-
Ocupa la Presidencia el señor
presidente de la Honorable Cámara, doctor Emilio Monzó.
Sra.
Moisés.- El hecho de que los legisladores tengan
que dar explicaciones a sus hijas y escucharlas decir qué es lo que deben
votar, es algo fundamental, ya que delante nuestro tenemos una nueva generación
a la que muchas veces nos cuesta entender. Somos la generación de la democracia
y crecimos en libertad, diciendo lo que pensamos, opinando, votando y
eligiendo.
Esta
es la generación de los derechos, que ha evolucionado, que exige su parte de la
sociedad y plantea tomar los colegios no en función de la despenalización del
aborto, sino porque exigen educación sexual y quieren saber qué hacer con sus
cuerpos y cómo cuidarse y definirse. También asusta que una generación diga
“queremos saber acerca de este tema” a la sociedad y al Congreso Nacional, que
ya sancionó una ley de educación sexual que, lamentablemente, no se cumple pues
no se dictan las clases pertinentes en las escuelas.
¿Por
qué no se imparte educación sexual en los colegios? Por las razones expuestas
por el señor diputado Filmus, es decir, porque es otro elemento histórico que
forma parte de esa norma. Yo participé del debate correspondiente al proyecto
de ley de educación sexual, trabajé sobre esa iniciativa en la respectiva
comisión, y quiero señalar que si bien los actuales diputados no son los mismos
que había entonces, los que se oponían a ese proyecto tenían los mismos tabúes
y pensamientos dogmáticos y conservadores que los que están en contra del texto
que estamos considerando. Tan así es que esos legisladores sostenían que si se
impartía educación sexual a los chicos en las escuelas se le iba a abrir la
cabeza a no sé qué monstruo, cuando en realidad los cuerpos de esos jóvenes de
entre doce y trece años en ese momento se abren a la vida.
De
manera tal que debemos ir al punto central del debate. Aquí no estamos hablando
de vida o muerte. Creo que debemos apartarnos de esa simplificación, en el
sentido de que si alguien está a favor de este proyecto de ley está en contra
de la vida y viceversa. Me parece que eso constituye una simplificación absoluta.
Este
proyecto de ley no le impide nada a nadie. No queremos que nuestras mujeres
aborten. Por el contrario, sabemos que es uno de los momentos más difíciles que
ellas deben atravesar. Seguramente es una de las decisiones más dolorosas que
tienen que tomar. Pero nosotros no juzgamos a esas mujeres, pues pensamos que
se trata de decisiones individuales que tienen que ver con derechos
personalísimos. Lo que deseamos es que el Estado acompañe a esas mujeres.
Estamos en contra de los abortos clandestinos, que las obligan a practicarlos
en forma solitaria y por fuera del sistema.
La
clave está en la propia definición de la Campaña Nacional por el Derecho al
Aborto Legal, Seguro y Gratuito: educación sexual para decidir, anticonceptivos
para no abortar y aborto legal para no morir.
En
relación con los anticonceptivos para no abortar, uno de los señores diputados
preopinantes cuestionó el tema y se refirió a diferentes ministros de Salud. En
este sentido, más allá de la política quiero expresar mi reconocimiento al
exministro Ginés González García porque logró que los anticonceptivos lleguen
de una punta a la otra de nuestro país, es decir, a los lotes y las villas y
que las mujeres sepan que pueden concurrir a los puestos de salud y elegir el
método anticonceptivo que deseen. (Aplausos.)
También
deseo efectuar un reconocimiento al actual ministro de Salud. Ojalá que esa
toma de conciencia y este debate permitan que esos métodos anticonceptivos
vuelvan a estar en los lugares que corresponde, es decir, en los hospitales y
puestos de salud.
Provengo
de la ciudad de San Pedro de Jujuy, que tiene 80.000 habitantes. Allí se
registran 1.200 nacimientos por año en los hospitales públicos. Estoy
convencida de que en mi ciudad hay 2.500 abortos anuales. Ello es así porque
tenemos información fehaciente a partir de las estadísticas que llevan las
enfermeras, los médicos comprometidos con el tema y los agentes de la Atención
Primaria de la Salud, que son los que recorren la provincia y saben qué es lo
que les pasa a las mujeres.
¿Cuántas
ciudades como la mía hay en nuestro país? Miles. Multipliquemos ese número por
los miles de abortos que hay. ¿Cuántos abortos son necesarios para que tomemos
conciencia de este problema? Seguramente durante este debate van a decir que hay
300.000 o 500.000 abortos. ¿Cuántos debemos contar? ¿Solamente aquellos en los
que las mujeres mueren o también los casos en que llegan a los hospitales con
hemorragias masivas, intestinales, perforaciones de útero y septicemias? Eso es
lo que les pasa a las mujeres pobres, es decir, a aquellas que no tienen la
posibilidad de practicarse un aborto seguro.
Entonces,
más allá de las estadísticas de las que se vaya a hablar durante esta sesión,
creo que lo importante es no juzgar a esas mujeres porque estoy convencida de
que cada uno de los argentinos ha conocido a alguna que en un determinado
momento de su vida ha decidido practicarse un aborto. No se nos ocurre
juzgarlas por eso; no pensamos que sean malas personas ni decimos que sean
criminales.
Por
lo tanto, si por afecto somos capaces de justificar esas decisiones, como
legisladores nacionales también debemos serlo para entender que este es un
problema de salud pública, que tenemos que definir una política pública y que
muchas veces debemos dejar de lado nuestros valores religiosos y principios
morales. No estamos legislando para nosotros mismos, nuestros círculos sociales
o nuestras estructuras de pensamiento o religión, sino trabajando para todas y
todos los argentinos, y en este caso en particular, para las mujeres de nuestro
país.
Para
finalizar, deseo señalar que cien años de penalización de las mujeres no
evitaron ningún aborto en la Argentina. Por eso propongo a todos los señores
diputados que trabajemos en los temas de la educación sexual y de la salud
sexual y reproductiva, como así también que distribuyamos anticonceptivos. Pero
hasta que todo eso suceda, dejemos de perder el tiempo y no permitamos que las
mujeres sigan muriendo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Moreau, por Buenos Aires.
Sra.
Moreau.- Señor presidente: por primera vez
estamos tratando en esta Honorable Cámara un proyecto de ley de interrupción
voluntaria del embarazo. En realidad, para decirlo en forma clara y sin
vueltas, se trata de una iniciativa que promueve la legalización del aborto.
Creo que lo estamos haciendo gracias a la movilización de mujeres que hubo a lo
largo y a lo ancho de la Argentina.
Sin
duda nos impusieron un tema muy difícil que trascendió las decisiones de los bloques,
las generaciones y las clases sociales. Pero también creo que esto corrió el
velo de una cuestión que debíamos discutir más temprano que tarde.
Hoy
nos encontramos aquí. En lo personal siento que hemos
logrado un triunfo: debatir esta iniciativa, lo que para mí es un gran orgullo.
La política no puede tirar la piedra y esconder la mano, sino que debe hacerse
cargo de las cosas que pasan en nuestro país.
Más
allá del resultado al que se arribe hoy o de la suerte que corra este proyecto
de ley en el Honorable Senado, creo que más temprano que tarde tendremos aborto
legal en la Argentina.
En
estos días hablamos mucho de la revolución de las hijas. Nos hizo enormemente
felices la manifestación que promovieron chicas adolescentes que ya están en
edad de ser madres para poder decidir sobre sus propios cuerpos. Vaya a ellas
mi respeto, admiración y compromiso de seguir trabajando no solo por el aborto
legal sino también para que tengan una vida más libre y justa. A todas ellas las
tomo como ejemplo de mujeres valientes.
En
estos meses –fueron justamente doce semanas- se trabajó arduamente en el
plenario de comisiones. Por esas reuniones pasaron más de 750 expositores, la
mayoría son voces calificadas en el tema. También hemos escuchado a mujeres que
tomaron la decisión de abortar y a otras que en circunstancias muy difíciles
tuvieron la determinación de seguir adelante con el embarazo. Pero ambas
decisiones las tomaron con ovarios y con la convicción de que decidieron sobre
sus propias vidas.
Sinceramente
no creo que estemos en una posición de superioridad como para juzgar alguna de
esas situaciones. Por el contrario, considero que con honestidad intelectual
tenemos que liberarnos de prejuicios, que no sé por qué razón pensamos que
podemos convertir en verdades.
Cuando
la que se embaraza es la hija o la amante de un señor bien, se dice que fue un
desliz o un descuido y el aborto pasa a ser un problema que se resuelve
rápidamente. Lo cierto es que lo pueden hacer porque tienen plata. Así,
recurren a una clínica privada, a un consultorio privado o compran las
pastillas que se venden por Internet en el mercado clandestino a 6.000 pesos,
cuando según el vademécum se consiguen en las farmacias a 2.800 pesos.
Cuando
el desliz pasa a ser un acto de ignorancia, acusan a esas mujeres de que se
embarazan por un plan. En estos meses que llevamos de debate hasta llegaron a
decir: “¡Qué se joroben! El problema es que les gusta bajarse la bombacha”.
Hay
algo en lo que estamos todos de acuerdo –al menos es lo que creo-: la política
punitiva fracasó. Entonces, lo que debemos resolver en esta Cámara es qué
hacemos frente a ese fracaso. ¿Acaso vamos a seguir criminalizando la muerte de
mujeres consintiendo el aborto clandestino?
Me
puedo equivocar, pero sigo creyendo que entre nosotros prima la certeza de que
nuestra función es representar la voluntad ciudadana de un Estado laico. Es por
ello que en este dictamen, que seguramente tiene falencias pero también
certezas, intentamos mantener ese principio, para lo cual dejamos en la puerta
del Congreso nuestras creencias religiosas e incluso nuestras experiencias
personales.
No
considero que alguien haya tomado su decisión con mala fe. Sí creo en la mala
fe de aquellos lobbystas que por primera vez en la historia de la democracia
–al menos así lo viví yo- demostraron que estaban dispuestos a todo.
Estoy
convencida de que la energía que están poniendo para que este proyecto no sea
aprobado no la tienen para denunciar y cerrar clínicas clandestinas. Tampoco
los vi exigiendo el cumplimiento efectivo de la ley de educación sexual
integral ni visitando los barrios más humildes o los colegios de Recoleta para
explicar qué es un preservativo y cómo se usa.
Diputada
Bianchi: soy respetuosa con todos. Si quiere hacerme un comentario le pido que
me lo haga de frente y no por lo bajo.
Sr.
Presidente (Monzó).- La Presidencia solicita a
las señoras diputadas que no dialoguen.
Sra.
Moreau.- Esos “lobbistas” no hicieron algo para
prevenir el embarazo adolescente o las enfermedades de transmisión sexual; no
se preocuparon por esas chicas que usan una aguja o un cabo de perejil para
interrumpir su embarazo y no los vi explicándoles que así se mueren.
Tampoco
les explican a las chicas de 11 o 12 años ‑que en la mayoría de los casos
quedan embarazadas por abuso de un familiar directo- que además del derecho que
a denunciar una violación tienen la posibilidad de interrumpir ese embarazo.
No
los vi explicándoles a las mujeres que están pasando por esa situación que si
en unos días levantan fiebre no es porque se engriparon sino porque el aborto
les generó un proceso infeccioso que las puede matar.
¿Saben
por qué no van a un hospital? No dejan de ir porque sean brutas sino por miedo
a terminar presas.
En
mi opinión no debemos pensar en los costos políticos por discutir este tema
sino en las heridas sociales que provoca la muerte por la clandestinidad.
Es
una condición natural del ser humano desestimar o reírse de lo que piensan las
personas con las que no coincidimos aferrándonos a nuestras creencias. Hay que
tener empatía para ponernos en el lugar del otro. Intentarlo es difícil, porque
quizás veamos cosas que racionalmente nos cuesta asumir o porque no podemos
dejar de lado el fanatismo. Sin embargo, todos sabemos que hay que tomar una
decisión, porque en la Argentina hubo, hay y habrá abortos clandestinos. Si no
lo hacemos esto se termina convirtiendo en un debate entre la realidad y la
ficción.
Para
nosotros la discusión es sobre aborto legal o ilegal; sobre aborto seguro o
inseguro y también sobre si tiene que ser gratuito. Eso ha sido cuestionado con
el disparate de señalar que si el aborto es legal se producirán más abortos.
¿Alguien cree que las mujeres podemos hacernos un aborto, exponiendo nuestros cuerpos,
con la misma liviandad con la que nos vamos a sacar una muela?
Hoy
decidimos si invertimos en más educación profundizando en educación sexual.
Consideramos que en materia de salud –entendida como un derecho humano, de
acuerdo con lo que sostiene la Organización Mundial de la Salud- la
legalización del aborto es un paso adelante. De lo contrario, ganará la idea
–que algunos ya han planteado- que lo que se está generando con esta propuesta
es un gasto más para el Estado. Personalmente no tengo dudas de que es una
inversión.
Además,
cuando hablamos de políticas de Estado y de políticas públicas –sobre todo en
materia de salud- la evidencia es lo que pesa. Justamente, ella demuestra que
en otros países del mundo, en los que el aborto está legalizado desde hace
tiempo, la mortalidad materna no aumentó, como tampoco se incrementó el número
de embarazos no deseados.
No
tenemos dudas en sostener la despenalización de la mujer. Si sostuviéramos la
pena, un día nuestras hijas nos van a pedir que las miremos a los ojos y les
expliquemos por qué tomamos la decisión de seguir criminalizándolas.
¿Cómo
podemos elegir como opción la muerte, la cárcel o el dolor frente a la
libertad?
¿Saben
quién es Belén? Es la chica tucumana que condenaron a ocho años de prisión y
que estuvo casi tres años presa porque según los médicos que estaban de guardia
en el hospital se había practicado un aborto, pese a que ella declaró que fue
espontáneo. Las primeras palabras de Belén al salir de la cárcel fueron: “Tengo
pesadillas, me despierto llorando, me veo rodeada de policías, tal como cuando
me desperté en la guardia y me estaban mirando allá abajo.” Por ella y por
todas juguémonos y digamos que nuestra respuesta es definitivamente educación
sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no
morir. (Aplausos. Varias señoras
diputadas corean la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Pitiot, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Pitiot.- Señor presidente: algunos señores
diputados preopinantes estuvieron comparando el debate del proyecto por la
legalización del aborto con otras leyes que se han sancionado en esta Cámara y
que sí, por lo menos así lo entiendo, han constituido avances para una sociedad
más igualitaria, equitativa y amplia. Pero este debate no tiene nada que ver
con eso y hasta en el seno de los propios partidos políticos no responde a un
proyecto determinado ni a la lucha de un espacio de poder. Como nunca, la
discusión por la legalización del aborto está en el campo de las propias
conciencias y de los principios, y está bien que así sea.
El
debate que estamos llevando a cabo en el seno del Congreso de la Nación es el
mismo que se está dando en este momento en los medios, en las redes, en la
sociedad y hasta en los propios grupos de chat
que tenemos los diputados, pero también tiene que ver con los valores.
Hoy
la mayoría de nosotros, diputados nacionales, actuamos en las redes, nos
movemos en las calles, tenemos grupos de familiares y de amigos, y estamos
viviendo este debate ‑ninguno puede decir lo contrario- en carne propia.
Esta discusión nos ha dejado marcados para siempre porque tiene consecuencias.
Cualquiera sea la posición que defendamos, respetando la mirada y el ideario
del otro, seguramente ha despertado adhesiones y rechazos en una sociedad otra
vez polarizada, dividida y fracturada. Esto lo tenemos que decir porque la
sociedad argentina no sale indemne después de esto.
En
este mismo momento posiblemente cualquiera de nosotros está siendo sujeto de
apoyo por parte de amigos y compañeros, pero también de insultos y de escraches
anónimos que se amparan por supuesto en lo oculto. Hay presiones y agresiones.
Sin embargo, a la mayoría de nosotros de los que estamos presentes y queremos
debatir el proyecto esto no nos ha amedrentado; por el contrario, nos tiene acá
sentados, luchando por nuestros ideales y convicciones.
Es
posible que sea retrógrada, pero soy una retrógrada de 45 años con convicciones
muy firmes. (Aplausos.)
Creo que mañana, jueves, vamos a tener que reflexionar juntos, con
la hermosa y rica diversidad que tenemos en cada uno de los bloques, si los
argentinos nos estamos acostumbrando a debatir y a convivir de una manera que
no nos gusta tanto, en la intolerancia.
Soy
abogada y sindicalista. En todos los planos de mi vida siempre he trabajado con
perspectiva y visión de género. En la Secretaría de Igualdad de Oportunidades
de mi sindicato lo hago, intento abrir mi sindicato a las cuestiones vinculadas
con el género, desde todos los espacios.
Además,
me siento muy orgullosa de pertenecer al Frente Renovador porque dimos el
debate y por medio de un logro colectivo ganamos la sanción de la ley de
paridad en la provincia de Buenos Aires y también en la Nación. Gracias a ello
hoy tenemos una ley de paridad de género.
En
el terreno gremial, peleamos junto a muchísimas compañeras por la paridad
sindical. No es fácil hablar de paridad sindical cuando se forma parte de la
CGT, donde la cuestión es muy resistida. Nosotros vamos a seguir peleando para
que en la CGT exista paridad.
La
igualdad sindical también tiene que ver con la igualdad de oportunidades en la
carrera administrativa, en la participación de las mujeres en los espacios de
poder, en acompañar a las mujeres que son víctimas de violencia y de acoso.
Allí estamos las mujeres sindicalistas acompañando a nuestras compañeras.
También
en 2015 nos sumamos desde el primer día a la marcha que abogaba por el “Ni una
menos”. Como militantes nos sumamos convencidas de que en la Argentina las
mujeres y los hombres no queremos nunca más haya mujeres víctimas de la
violencia machista. Para nosotras ‑lo reivindico y lo afirmo- el
feminismo es una lucha colectiva y creciente. Sin embargo, muchachas
feministas, tenemos un gran desafío: conciliar posiciones y reclamos de muy
diversa índole dentro del feminismo.
Creer
que la voz de las mujeres es única es tan extremo como cuando a las mujeres no
nos dejaban hablar y nos acallaban. ¡A mí no me van a acallar! ¡A mí no me van
a decir que soy anti derechos de las mujeres! ¡A mí no me van a correr con eso!
(Aplausos.)
Por
supuesto que la situación del aborto nos enfrenta a la colisión de derechos y
nos pone en un dilema, pero no podemos permitir que los derechos de algunas
mujeres estén por encima de los derechos de mujeres y hombres por nacer. Todos
los proyectos de legalización del aborto coinciden en algo, digo esto
convencida y con muchísimo respeto, más allá de algunas sutilezas en las
diferencias. Me parece que aquí se han puesto de acuerdo en el sentido de que
niegan y ocultan una verdad, aunque esto en realidad lo han hecho hasta en su
propio discurso. Me refiero a la presunción de vida y a la existencia de la
vida.
Algún
diputado dijo que para la ciencia no todo es relativo ni absoluto. Nosotros
sostenemos que la ciencia hace muchísimo tiempo ya zanjó que la existencia de
la vida comienza en la concepción. No hay categorías de vidas, algunas que
valgan más y otras menos. No podemos ser nosotros los que determinemos cuál
vida vale más y cuál menos.
Esta
ley va a abrir una puerta peligrosísima a malas interpretaciones porque
nosotros no vamos a estar todo el tiempo para determinar cuándo corresponde o
no y cuándo una vida vale más que otra. Si hay vida ‑todos nos hemos
comprometido porque hemos jurado por la Constitución Nacional y por las leyes‑,
merece ser protegida, sin grises y sin matices.
Se
ha logrado un proyecto de consenso y felicito que se hayan puesto de acuerdo
entre diversos bloques. Ahora bien, sinceremos el debate, no se trata de un
proyecto de despenalización. En estos últimos días ya se dijo con todas las
letras que se trata de una iniciativa que legaliza el aborto en forma lisa,
llana, irrestricta y a demanda, y está bueno que lo hayan aclarado. Repito que
esto lo sostuvieron durante la última semana porque todos los medios hablaron
de despenalización. Posiblemente la despenalización sea discutida cuando el
Poder Ejecutivo mande el proyecto –porque hoy tiene un borrador- de
modificación del Código Penal.
Formo
parte de la Comisión de Legislación Penal y hubiese discutido los artículos
vinculados con el aborto, pero la legalización es otra cosa y tiene otro
contenido. Además, el aborto encubre otras violencias y delitos.
En
noviembre del año pasado esta Cámara sancionó casi por unanimidad un proyecto
vinculado con la definición como delito de acción pública y no privada el abuso
sexual infantil. ¿Ustedes lo recuerdan? No pasó tanto tiempo. En ese proyecto
que está esperando ser considerado en la Cámara de Senadores se argumentó que
de cada mil abusos infantiles que se cometen en la Argentina solo cien son
denunciados y que solo uno tiene condena. Es decir que el 80 por ciento de los
abusos infantiles se cometen en el ámbito intrafamiliar. Por eso pregunto qué
estamos haciendo con este proyecto en el que no se exige la denuncia del
violador para las menores que quieren ir a abortar, posiblemente en muchos
casos acompañadas de la mano del violador que vive en su casa. Porque es muy amplia
la letra chica del artículo 26, que habla de familia ampliada.
Esta
legalización del aborto se contrapone a los reclamos de erradicar la violencia
contra las mujeres y las niñas. Estas son las cuestiones que no puedo entender
de este proyecto, porque muchos de los que lo apoyan fueron los que presentaron
las iniciativas vinculadas con la ley sancionada el año pasado. Discutamos
entonces las causas del aborto.
No
reconozco en absoluto a los anteriores ministros de salud, que en los siete
minutos de fama que tuvieron no supieron explicar el fracaso de su política, y
el actual ministro tampoco explicó el fracaso de la política de salud.
Los
invito a leer un informe muy nutritivo de la Auditoría General de la Nación
sobre el mal de Chagas, para el que se sancionó una ley para lograr su
erradicación. Se trata de un informe que contempló el período 2015-2016, es
decir que comprende todos los colores políticos; oposición y oficialismo en
este caso están en la misma línea.
Este
informe de la Auditoría General de la Nación criticó fuertemente las políticas
de salud vinculadas con la prevención y la erradicación del mal de Chagas.
En
este recinto hay muchas diputadas y diputados del Norte, Oeste y Centro del
país. ¿Saben cuántas mujeres y hombres argentinos mueren infectados por el mal
de Chagas en el período mencionado? Se trata de 1.600.000 argentinos infectados
por el mal de Chagas, y 7 millones de argentinos con riesgo de morir por el mal
de Chagas; 1.200 argentinos murieron el año pasado por esta enfermedad. Que no
vengan los ministros en esos siete minutos a decir que hicieron bien las cosas
y a decirnos lo que tenemos que hacer nosotros, los diputados, aprobando o no
un proyecto de ley que no tiene absolutamente nada que ver con disminuir las
muertes en la Argentina. ¡Porque el aborto no disminuye las muertes en la
Argentina! (Aplausos.)
Insisto:
no renunciemos a la lucha. Con esto estamos haciendo que el Estado renuncie a
las luchas para combatir las muertes maternas y la mortalidad infantil.
No
nos engañemos pensando que el aborto es una especie de magia transformadora. Me
encanta que algunos sean tan utópicos, porque piensan que con esto vamos al
Primer Mundo. Escuché que hablaron de siglo XXI, que vamos a estar a la
vanguardia. No los quiero desilusionar, pero a los argentinos no nos va a pasar
eso. (Aplausos.)
Esta
no es una ley inocua. No es que salimos de aquí totalmente indemnes. Repito: es
una ley que nos va a definir como argentinos. Vamos a ser en el mundo el espejo
de muchas cosas.
También
seremos el espejo en nuestras familias, para saber qué estamos dando a nuestros
hijos y nietos. Todavía no tengo nietos. Soy grande pero tengo un hijo de 15
años, que me enorgullece que esté a favor de las dos vidas.
Se
van a profundizar las desigualdades. Con esto no estamos solucionando los
problemas de la pobreza.
Termino
porque me estoy excediendo en el tiempo del que dispongo para hacer uso de la
palabra. Seriamente pido que no seamos hipócritas. No nos amparemos en
tranquilizar nuestras conciencias diciendo que estamos aprobando esto porque es
un tema de salud pública o un problema de las mujeres pobres.
La
verdad es que en este Congreso no escuché el clamor de las mujeres pobres; no
están afuera esperándonos para que aprobemos esta ley. (Aplausos.) ¿Saben por qué creo que no están las mujeres
esperándonos afuera para que aprobemos esta ley? Porque si hay algo que ha
dejado en claro este debate, y que hemos aprendido para los que saben sí
transitan en serio la pobreza, es que el pobre no descarta porque al pobre no
le sobra nada. (Aplausos. Varios señores
diputados rodean y felicitan a la oradora.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Donda Pérez, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Donda Pérez.- Señor presidente: es una enorme
emoción estar hoy discutiendo este proyecto en el Congreso de la Nación.
Cuando
juré como diputada de la Nación para este período legislativo, lo hice con mi
pañuelo verde, este que hoy tengo delante de mi banca, cuando no se vendía en
todas las esquinas ni estaba atado en los bolsos de cada una de las chicas de
las escuelas secundarias de nuestro país que apoyan este proyecto de ley.
Este
es un proyecto que venimos presentando desde hace 13 años en este Congreso.
Quienes militamos afuera por el derecho y la legalización del aborto nos
comprometíamos todos los años a tratarlo y no podíamos hacerlo. Lo hemos
logrado y eso hay que festejarlo. Llegó al recinto por la fuerza de las mujeres
que están afuera, ese movimiento feminista que nos dijo a los diputados que
teníamos que tratarlo, y la decisión política valiente de traerlo al recinto y
ponerlo finalmente en discusión.
El
dictamen en consideración -ya lo dijeron las diputadas preopinantes- es el
resultado de la mirada de 10 proyectos presentados, uno de los cuales es el de
la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que lleva la firma de 72
diputados y diputadas; pero hay otros. Todos resignamos algunas cuestiones en
el camino pero fácilmente en estos dos meses nos pusimos de acuerdo y tenemos
un texto de consenso que claramente sostiene nuestra consigna.
Este
pañuelo dice: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar,
aborto legal para no morir.”
El
proyecto que presentamos tiene instancias de salud, de educación, y un capítulo
sobre la despenalización, que implica la modificación del Código Penal.
Seré
breve porque comparto el tiempo para hacer uso de la palabra.
¿Qué
hicimos con el proyecto? Además de contemplar las dos causales de aborto que ya
existen en nuestro país desde hace casi cien años, agregamos otro inciso
estableciendo una condición de plazo, estableciendo que hasta la semana 14
inclusive la mujer que así lo decidiere podrá recurrir a una interrupción de su
embarazo dentro del sistema de salud pública en la Argentina.
¿Por
qué hicimos esto? Porque creemos que es la forma más equitativa de que todas
las mujeres, independientemente de su edad y condición social, puedan acceder a
esta práctica científica.
Me
pregunto por qué es tan difícil discutirlo. Los argentinos y las argentinas nos
pudimos poner de acuerdo en cuestiones que eran difíciles hace unos años atrás,
pero lo logramos. Tenemos una ley de trasplante de órganos, y si a alguno le
gusta ver operaciones puede apreciar cómo cuando se hace un trasplante de
corazón, este late. Eso fue posible porque nos pusimos de acuerdo en que ante
la ausencia de actividad cerebral existe la muerte.
Nos
pusimos de acuerdo para sancionar una ley de fecundación asistida, y la
aprobamos casi por unanimidad. Aproximadamente 20 diputados y diputados votaron
a favor esa ley y sin embargo están en contra de este proyecto. Me pregunto qué
piensan esos diputados que pasa con los embriones criopreservados. ¿Impulsaron
alguna denuncia por homicidio a los científicos que tiran los embriones
criopreservados? No.
Es
más, voy a pedir que todos y todas hagamos un ejercicio. Imaginemos que estamos
en un laboratorio, que hay un incendio, que en una habitación hay 300 embriones
criopreservados y en la otra una nena de tres años. Tienen tiempo para entrar a
una sola habitación y salvar a los embriones o a la niña. Me animo a pensar que
todos y todas los presentes entramos a la habitación de la niña. Lo digo con
dolor. ¿Saben por qué? Porque nosotras nos hacemos cargo de los embriones, pero
también nos hacemos cargo de que en un Estado de derecho, los derechos humanos
son progresivos.
Algunos
hablan de derechos humanos solo mirando una parte. Los derechos humanos son
universales, pero otra condición del derecho humano es la progresividad.
Entonces, si esto es tan claro y cristalino en los tratados internacionales,
que además tienen rango constitucional, ¿por qué es tan difícil que podamos
sancionar una ley que reconozca este derecho a la mujer?
Una
amiga y maestra que tengo, una de las maestras de muchas de esas chicas que
están afuera con el pañuelo verde, Claudia Acuña, me recomendó que leyera el
libro “El cuento de la criada”. No sé si alguno de ustedes lo leyó. También
está la serie en Netflix, aunque el libro es mejor.
Su
autora, Margaret Atwood, describe un mundo del futuro, un país creado en su
imaginación a principios de la década del 80, que además parece una
premonición, un país donde hay una dictadura teocrática que encierra a las
mujeres y las obliga a ser incubadoras de la raza superior de niños o personal
doméstico de las casas.
Cuando
le preguntaron en qué se había inspirado ‑esto figura en el prólogo de la
nueva edición de este libro‑ Margaret respondió que en los grupos de
tareas de la Alemania nazi y en la Escuela de Mecánica de la Armada de la
Argentina. ¿Saben por qué, como argentinos y argentinas, nos cuesta mucho mirar
a ese mundo desarrollado al que siempre nos queremos parecer? Porque tenemos un
gen autoritario que coloca a la mujer en un lugar de encierro para criar a sus
hijos. ¡Qué proyecto más perverso aquel que nos llevó a los argentinos y las
argentinas a tener mujeres secuestradas desaparecidas y obligadas a parir como
si ese útero fuera un botín de guerra y el resultado del útero, que eran los
bebés que nacían vivos, también fuéramos un botín de guerra! (Aplausos.) Entonces, si alguno quiere
hablar de la dictadura, que venga y me cuente. Si alguien quiere hablar del
aborto clandestino, yo les puedo decir lo que es la clandestinidad. La clandestinidad
te pasa por el cuerpo, te sentís sola. Aunque tengas plata para pagarlo, el
aborto es clandestino. Acá no hablamos de aborto sí o aborto no. A mí me pesan
los embriones que no van a nacer, pero creo que el derecho es progresivo.
También me pesa, y mucho más, la cara de las mujeres que gozan plenamente de
todos sus derechos y no pueden acceder a la salud pública por la
clandestinidad.
Hablemos
de eso. Estamos discutiendo aborto legal o aborto clandestino. La
clandestinidad mata. Quienes voten que no, votan por un sistema de
clandestinidad. No están votando por las dos vidas, porque si así fuera habrían
presentado un proyecto que derogase el artículo 86 del Código Penal, que sí
autoriza el aborto. Si defienden las dos
vidas, hay que defender todas, incluso las de los hijos de los violadores. Pero
no se animaron a hacer eso porque muchos no están de acuerdo. ¡Entonces, no
mientan! ¡No defienden las dos vidas! ¡Defienden el statu quo!
Cuando
a una diputada que se opone a este proyecto se le preguntó por qué estaba de
acuerdo con que se le practicara un aborto a una mujer víctima de una violación
pero no estaba de acuerdo con la legalización y despenalización del aborto,
respondió: “Porque una mujer violada no está ejerciendo la libertad. La que consiente
una relación sexual se debe hacer cargo del resultado.”
¡Digan
la verdad, no defienden las dos vidas! ¡Penalizan a la mujer por ejercer su
libertad! Nosotros queremos una Argentina de iguales donde las mujeres también
podamos ser libres, y para ser libres de verdad debemos terminar con esa
clandestinidad y dejar de ser hipócritas. (Aplausos.)
¡Aborto
legal para no morir! ¡Anticonceptivos para no abortar! ¡Aborto legal para no
morir! (Varias señoras diputadas corean
la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Ferreyra, por Corrientes.
Sra.
Ferreyra.- Señor presidente: de alguna manera
quiero decir también gracias a los pares que firmaron el dictamen de minoría,
que es claramente anti derecho, aunque no les guste. Digo esto porque por donde
se lo mire no dice nada de nada, solo el rechazo, es la oposición por la
oposición misma. Bien lo dijo recién la diputada Donda Pérez: no estructuraron
ninguna de todas las propuestas que estamos escuchando en esta sesión. No hay
nada que diga que van a mejorar la ley de adopción. No hay nada que diga lo que
mencionaba la diputada Polledo sobre apoyo obstétrico y prevención. Nada de
nada. Es el rechazo por el rechazo mismo. La diputada Burgos hablaba de la
familia con un papá y una mamá que fecundan una persona. No hay ninguna medida
de prevención, nada que ponga en valor lo que querían proponer.
Ese
fracaso en el dictamen, que ayer también tuvo consecuencias en los números, es
el correlato del fracaso de las posiciones represivas. Lo dijo bien la diputada
Donda Pérez: cien años de penalización y las mujeres abortan. Lo único que van
a lograr con este dictamen es que sigan las condiciones de la clandestinidad de
la misma manera que hasta hoy. No propusieron nada, pese a haber tenido la
oportunidad de concretar alguna de todas las cosas que dijeron. Eso se llama
hipocresía, y estamos cansadas de que nos juzguen a nosotras sin dar
respuestas.
Tenemos
un dictamen de consenso en el que hubo que acercar posiciones. Por ejemplo, yo
estoy a favor de la legalización y quería derogar todos esos artículos del
Código Penal que son el último delito con estigma de género que queda de las
épocas de las carretas. Otros, como el caso del diputado De Mendiguren, no
comparten esa posición. Es más, personalmente está en contra por sus valores
morales, al igual que otros señores diputados, pero entiende que no se puede
seguir hipócritamente con la clandestinidad.
Tuvieron
todas las oportunidades, pero lo único que hacen es levantar el dedito acusador
y pretender ponernos en las hogueras. No se lo permitimos porque el feminismo
es un fenómeno, una ola verde que ha venido para quedarse. Los interpelaremos
siempre, acá y cada vez que nos fallen en la construcción de agendas que
amplíen los derechos de las mujeres.
Se
discute si hay o no 500.000 abortos por año. Los fundamentos del dictamen de
rechazo dicen que no es un debate serio porque no hay cifras. ¡Claro que no hay
cifras! ¡Es clandestino! ¡Necesitamos la legalidad para tener estadísticas y con
ellas poder construir la prevención y saber por qué abortan las mujeres! (Aplausos.) Cada embarazo no deseado no se produce, como
dicen algunos, porque alegremente nos emborrachamos y nos ponemos la bombacha
en la cabeza sino porque hay situaciones de violencia o violaciones que nos
desapoderan y que pagamos con nuestras vidas y nuestras decisiones.
Otro
párrafo del dictamen de rechazo dice: “Los textos de los proyectos
desenmascaran su verdadera intención: que se instale en el debate y en nuestro
ordenamiento jurídico el derecho al aborto para el goce pleno de los derechos
sexuales y reproductivos de las mujeres.” ¡Sí, señores! ¡Tenemos el mismo
derecho que los hombres a ejercer la sexualidad! El feminismo es esa idea
radical de que las mujeres somos personas y tenemos los mismos derechos, sin
distinción de género. Pero lo peor es que violan más de la mitad de las
convenciones internacionales que garantizan el acceso a las mujeres a los
derechos sexuales y reproductivos.
Como
se dijo en este debate, no somos una incubadora, no tenemos por qué tener hijos
si provienen de embarazos no deseados. No tenemos por qué negar el derecho a
nuestra sexualidad. Peleamos por el derecho de las mujeres a decidir con
soberanía en todos los órdenes de su vida, y hoy en este recinto por el derecho
a que la maternidad no sea una imposición sino una libre elección. Por eso, si
una mujer quiere tener un hijo, dos hijos, no tenerlos, si va a tener ocho
hijos y no es Maru Botana, que no la acusen de que se embarazó interesadamente
para recibir un plan. Pero también defendemos la ley de fertilización asistida,
porque esas posiciones fundamentalistas que fueron rechazadas en la Convención
Constituyente de 1994, impedirían tener esa consagración del derecho a la
maternidad por vía del avance tecnológico a quienes biológicamente estaban
imposibilitadas.
Estamos
debatiendo en esta sesión para decirles que ojalá que el dictamen consensuado
tenga el resultado que se merece y que los números prenuncian. Por las mujeres
y por la calidad del debate democrático, espero que no se vote con presiones y
miedos.
Quiero
contar que hay pibas en mi movimiento –pibas peronistas‑ que van a los
barrios. Porque no es que no van, señor presidente; militan en aquellos lugares
donde el Estado no llega, donde médicos y maestros son corridos por el
narcotráfico y el crimen organizado. Allí están nuestras compañeras organizando
ollas, talleres productivos y consejerías para que las mujeres que abortan no
estén solas ni corran el riesgo de tener que pagar con su salud o su vida.
Una
de esas pibas me contó el lunes que a los 13 años le tocó abortar; todavía no
conocía el feminismo ni el peronismo. Aquel aborto con misoprostol terminó en
el baño químico de una plaza. ¡Eso volverá a pasar si votan en contra del
proyecto de ley contenido en el dictamen de mayoría! ¡Seguirán condenando a
esas pibas a la soledad y a la monstruosidad de no tener a quién recurrir
cuando la sociedad y los mayores, que deberían cuidarlas, les fallan!
En
el marco de esta revolución de las hijas, de esta “marea verde” que
protagonizamos, permítanme terminar mi discurso con un poema que me parece está
dirigido a todas las “feminacidas”:
Están lloviendo mujeres,
Un vendaval de polleras,
Risas, lágrimas, banderas,
Desafiando a los poderes…
¡Claro que estamos moviéndole la
estantería al patriarcado!
Están lloviendo mujeres
Se asustan las tradiciones.
Las viejas en los balcones
No se mojan de mujer;
No se animan a coger
Sus nuevas obligaciones…
Tenemos
que preguntarnos si votamos por el futuro o dejamos que nuestras hijas sigan
padeciendo los prejuicios de la época de la carreta, cuando nuestras abuelas y
bisabuelas no podían administrar su patrimonio ni decidir con quién se casaban
ni votar.
Estamos
a la altura de tiempos o la historia nos juzgará. Trabajamos en la memoria de
Néstor y de Evita porque nos queremos vivas, libres, soberanas y también
desendeudadas. ¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar
y aborto legal para no morir! ¡El tiempo es hoy! (Aplausos. Varias señoras diputadas corean la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Bianchi, por San Luis.
Sra.
Bianchi.- Señor presidente: el respeto a la vida
es un derecho inherente al ser humano en todas las civilizaciones. Si este
derecho primordial no es protegido –máxime cuando se trata, como en este caso,
de miles de pequeños indefensos que, aunque no pueden ser escuchados, son
sujetos de derecho‑, estaremos entrando como sociedad en una etapa de desprecio
incontrolable por la vida humana.
¿Cómo
puede ser que el derecho a la vida, raíz y fundamento de todos los demás
derechos, sea cuestionado y pisoteado con tanta facilidad? Mi defensa de la
vida no se basa en una creencia religiosa; tampoco surge de la moral o de dogma
alguno. Nace de mi capacidad de discernimiento y de observación, de ver cómo
las tecnologías aplicadas permiten un continuo y dinámico conocimiento de la
embriología.
La
tecnología abrió una ventana que en el pasado era inimaginable. Antes, el
embarazo y el nacimiento eran acontecimientos rodeados de misterio; se pensaba
que solo se trataba de un coágulo o de un pedazo de carne. Hoy, no solo podemos
conocer el sexo de quien nacerá sino también sus movimientos sanguíneos;
podemos conocer su ADN, si padece alguna enfermedad, si tiene hipo o si se
chupa el dedo. Incluso, es posible someterlo a intervenciones quirúrgicas
dentro del vientre de su mamá.
Estas
observaciones nos permiten demostrar que lo que vamos a destruir es la vida de un
ser totalmente indefenso. No se necesita más para entenderlo, máxime cuando en
los meses tempranos de embarazo se puede escuchar el latido de su corazón.
Vamos
a destruir a un ser único e irrepetible, no solo porque jamás existió sino
también porque nunca va a existir, por más que la pareja que lo concibió vuelva
a engendrar.
Hemos
dicho hasta el cansancio en este recinto que una nación es democrática, grande
y con justicia social si respeta la vida de los más débiles: los niños y los
ancianos. Si hoy pretendemos legalizar la muerte de uno de ellos, no creo que
nos transformemos en una nación adelantada, a la que todos miren con
admiración, como alguien dijo por ahí. Por el contrario, seremos una nación
donde el más fuerte tiene el derecho y el más débil no puede resistir su
decisión.
Como
es sabido, en un aborto hay dos víctimas. La primera es la mujer, que resultará
herida en su cuerpo y también en su alma. La segunda, los niños no nacidos.
Luego, los grandes beneficiarios serán los hombres que no quieren hacerse cargo
y los “lobbistas” empresariales abortistas.
Por
otra parte, insistir en el argumento de que el aborto erradica la mortalidad
materna y los quinientos mil abortos que se practican en el país, es una
falacia. La cifra es desproporcionada e inconsistente; por lo tanto, esta tesis
no tiene contundencia alguna, sobre todo si consideramos las estadísticas de
nuestro país y los números proporcionados por el Ministerio de Salud de la
Nación.
Las
mujeres morimos como consecuencia de fallos evitables en el sistema de salud.
Morimos por la pobreza, por falta de educación de calidad y porque –lo voy a
decir‑ hay hijos de puta que nos embarazan, nos tratan con violencia y
nos matan. Morimos por hipertensión inducida por el parto, por preeclampsia,
por eclampsia, por placenta previa, por sepsis y por no tener un médico cerca
del lugar donde vivimos –al decir esto pienso en el interior más profundo‑
que nos ayude a llevar el embarazo en forma segura y controlada. Morimos porque
no recibimos una verdadera educación sexual integral; porque los servicios para
la anticoncepción no son buenos ni efectivos; porque somos abusadas en el seno
familiar y todos miran para otro lado; porque los pedófilos, violadores y
femicidas no van presos y nosotras seguimos siendo víctimas.
¿Se
da cuenta, señor presidente, cuánto camino queda por recorrer? ¿Se da cuenta
cuántas cuestiones pendientes tiene el sistema de salud argentino, cuántas
estrategias no son implementadas –en forma individual o conjunta‑ para
mejorarlo y por cuántas situaciones sin resolver pasamos las mujeres?
Sin
embargo, hoy nos encontramos debatiendo sobre la muerte de indefensos que
podría ser absolutamente evitable. No creo, y lo digo de todo corazón, que la
muerte de un niño en el seno materno termine con los problemas que señalé.
Por
otro lado, aquí se habló sobre la autonomía de la mujer respecto de su cuerpo.
Salvo en aquellos lugares donde subsiste la esclavitud, ningún ser humano puede
convertirse en propiedad de otro; mucho menos, ser objeto de derecho de otro.
Por eso decimos que en el drama del aborto se enfrentan dos derechos: la
autonomía de la madre y la necesidad del niño por nacer. Nosotros tenemos el
deber de luchar por quienes no son escuchados. Estos derechos son consecuentes
y, si bien hay una colisión, ninguno de ellos es más importante que el otro.
Si
hablamos de deseo, también es relativo. Muchos de nosotros no fuimos deseados,
pero permítaseme decir que el deseo de tener un hijo no se inicia con la
concepción, sino que es progresivo; va madurando a medida que crece en el
vientre materno.
Otra
pregunta que me hago es si el embrión‑feto siente dolor ante las
prácticas invasivas. Una imagen anatómica demuestra que a las doce semanas de
gestación, por un acto reflejo, hay una respuesta en el músculo que genera una
contracción. Por otro lado, un estudio describe que, dentro de las primeras
semanas, el feto tiene fibras sensitivas y neuronas que receptan, por medio de
la médula espinal, percepciones sensitivas. Podemos hablar entonces de que hay
mecanismos receptores del dolor.
Esta
no es una ocurrencia mía; forma parte de un debate entre los cirujanos
prenatales del mundo, es decir, entre quienes practican cirugías dentro del
útero de la madre. ¿Sabe qué se está planteando, señor presidente? La
utilización de analgesia no solo en la madre, sino también en el feto por la
aprensión al dolor que sentirán.
En
el Hospital Virgen del Rocío, en España, que fue donde se realizó la primera
operación de espina bífida en 2007, hicieron un informe muy importante sobre la
anestesia en el que cuentan que hubo un feto al que no pudieron administrarle
anestesia parenteral cuando iba a ser llevado a una operación y que notaron
comportamientos anómalos que tenían que ver con el estrés que le había
producido el dolor. Además, por un estudio realizado en el Departamento de
Neurocirugía Infantil del mismo hospital, quedó demostrado que aquellos fetos
que no son anestesiados antes de ser operados tienen el 20 por ciento menos de
probabilidad de subsistir.
De
hecho, se concluye que hay respuesta ante distintos dolores por parte del
embrión. Estas respuestas son de tipo conductuales y hemodinámicas, como
movimientos bruscos, taquicardia, aumento de la presión, aumento de las pulsaciones,
y bioquímicas, como el aumento del cortisol o la catecolamina. Según estos
estudios podemos decir que el feto es capaz de sentir dolor desde épocas muy
tempranas.
En
los Estados Unidos, justamente en el Senado de ese país, hay proyectos por los
que se pretende exigir a los médicos y a las clínicas abortistas aplicar una
anestesia al feto antes de ser abortado.
Otro
punto al que quisiera referirme ‑aunque no es muy lindo contarlo debemos
conocerlo y debatirlo para que no nos pase‑ es lo que ha sucedido en los
Estados Unidos, Inglaterra, Austria y Francia respecto de la gran campaña por
la industria millonaria del aborto. Si se aprueba este proyecto, podría
permitir la terciarización de las prestaciones para esta práctica, lo que
llevaría a no tener un control ético. Este es el caso de Planned Parenthood,
una multinacional muy conocida en los Estados Unidos, que presta servicios
reproductivos en ese país. El Estado le otorga financiamiento por 500 millones
de dólares, subsidio que le ha quitado en este momento debido a las denuncias
existentes.
La
doctora Déborah Nucatola –existen videos donde podemos verla‑ dice:
“Somos muy buenos en conseguir el pulmón, el corazón y el hígado, porque
intentamos no aplastar esas partes, sino aplastar y presionar por arriba y por
debajo para sacar las partes íntegras. Esto es porque se puede pagar hasta 100
dólares por cada parte de feto”. Lo mismo ocurre en el Reino Unido y con el
tráfico de cerebros en Francia –hecho denunciado del que tengo los artículos
respectivos‑, en España y en Australia.
Me
pregunto entonces cuál será el destino que vamos a dar a estas muertes. ¿Van a
ir a bolsas? ¿Van a comercializarse? ¿Van a ser para investigación? Creo que
debemos ser suficientemente responsables a la hora de legislar; el proceso debe
anteponerse a la decisión.
Entrando
ya al proyecto en tratamiento, se legaliza el aborto hasta la semana catorce y
avanza más aún en los casos que hoy no son punibles en nuestro Código Penal.
Esto quiere decir que una mujer, basada en las tres causales permitidas, podría
abortar hasta días previos al nacimiento.
Por
otra parte, se dice que la mujer que quiere abortar debe ser informada. Me
pregunto, según este escenario, si se garantiza realmente una información
veraz. ¿Se le dirá a la mujer que tiene más de quince semanas de embarazo y que
quiere abortar que se va a utilizar, aun con la posibilidad de evacuar un feto
vivo, lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que es la muerte
del feto previo a ser abortado a través de una inyección de cloruro de potasio?
¿Se les dirá a las mujeres que ese bebé ingiere una solución que le produce
envenenamiento, deshidratación y terribles quemaduras en la piel y en su
interior, además de hemorragias en su cerebro y otros órganos? ¿Se le dirá que
esta tortura para ese bebé dura doce horas?
En
relación con el artículo 3°, solo se requiere la declaración jurada para
habilitar la intervención. Si bien sabemos que la denuncia de estos delitos es
de instancia privada, solo pueden hacerla las víctimas y se estaría
favoreciendo la no denuncia judicial, ya que muchas de ellas, por vergüenza o
por dolor, no lo hacen. Se les va a dar la posibilidad de abortar, pero no se
les va a dar la posibilidad de que su violador vaya preso.
Si
hoy en este recinto se aprueba este proyecto de ley, vamos a tener que
modificar el ordenamiento jurídico ya que nuestra Constitución reconoce a la
persona desde la concepción. Además, así también lo establecen los tratados
internacionales con rango constitucional. Habría que modificar el Código Civil
y Comercial de la Nación, la ley 24.174 de asignaciones familiares y la ley
24.901 de prestaciones básicas en habilitación y rehabilitación integral de las
personas con discapacidad.
Queda
manifiesto que este proyecto de ley es contrario a los derechos jurídicos
argentinos que establecen desde su comienzo la protección a la vida, que es lo
más importante.
En
cuanto a la objeción de conciencia, no se habla de qué significa dilatar y
obstaculizar, dejando un margen de libertad de interpretación de la norma,
cuando sabemos que el Derecho Penal debe contemplar figuras de delito cerrado
que no queden sometidas a la interpretación de un juez. De igual modo me
pregunto, respecto del plazo de cinco días, ¿qué pasa con la sanidad de este
país? ¿Qué pasa si no hay camas, si hay colapso, si los anestesistas están de
paro? ¿Qué pasa si hay falta de personal médico y quirófanos colapsados? ¿Queda
entonces configurado un delito? ¿Se va preso? Ni hablar de la objeción de
conciencia institucional. ¿Quiénes somos nosotros para hablar de objeción de
conciencia institucional? ¿Por qué favorecemos que se cierren estas
instituciones confesionales? ¿Por qué no somos respetuosos?
Estoy
convencida, y lo digo con mucha humildad, pero con verdadera convicción, de que
las muertes maternas no se solucionan con la eliminación y la disminución de
los comensales, sino con el aumento del pan y su justa distribución.
En
honor a mi madre; a tu lucha, Daniela; a Bauti, que desde las 24 semanas está
logrando vivir, y a todas las mujeres que no pueden engendrar, apoyo las dos
vidas. (Aplausos. Varios señores
diputados rodean y felicitan a la oradora.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lousteau, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Lousteau.- Señor presidente: nos complace mucho
llevar a cabo en este día un debate tan postergado, por los modos que tiene y
tuvo. Ya lo dijo el miembro informante por el dictamen de mayoría, quien contó
cómo fue el proceso de debate en el plenario de las comisiones y el intenso
trabajo realizado para llegar a una síntesis que incorporase las distintas
inquietudes.
Y
mucho más meritorio es este método porque lo que estamos debatiendo es un tema
sumamente complejo: estamos ante un dilema y ojalá hubiera una solución fácil.
Hay que optar y hay que decidir. Estamos frente a dos valores contrapuestos:
por un lado, hay vida y, por otro, el derecho legítimo de la mujer a decidir
sobre su propio cuerpo.
Precisamente
porque esta es una cuestión compleja saludamos el extraordinario debate público
general y el intenso debate personal de cada uno de los diputados a la hora de
decidir qué posición va a adoptar.
Esta
es una cuestión tan movilizante, que también entendemos las pasiones, las
intensidades, la vehemencia. Pero no justificamos las presiones ni la
agresividad ni las amenazas. Si no hubiera otra vida, no habría discusión
alguna. Nadie sabe mejor que las mujeres que llevan dentro de su vientre esa
vida que hay una vida. Si no hubiera un derecho postergado por mucho tiempo, no
tendríamos las movilizaciones que vemos hoy, no habría tantas mujeres unidas,
tantas mujeres que no se conocieron antes, tantas mujeres que nunca militaron
por ninguna causa, tantas mujeres para encontrarse, abrazarse, estar ansiosas,
llorar juntas.
Es
evidente que hay una percepción legítima de un derecho por mucho tiempo
postergado. No tenemos que equivocarnos: lo que está teniendo lugar y lo que
todas esas mujeres representan es una gesta por la ampliación de sus derechos
individuales y colectivos. Me parece muy extraño que no lo percibamos así.
Los
argentinos somos 44 millones; hay 22 millones de mujeres. Supongamos que
solamente 11 millones están a favor de este proyecto. Si hubiera 11 millones de
ciudadanos en otro colectivo, 11 millones de ciudadanos argentinos reclamando
por su derecho, todos correríamos inmediatamente a sancionar una ley que
garantice esos derechos. Todos. Hay algo bastante particular al no percibir la
cuestión de esta manera. Una posibilidad podría ser porque estamos cerrados
emocional o intelectualmente. Otra posibilidad podría ser porque cuando se
movilizan se generan gestas por la ampliación de derechos y es muy difícil
percibirlas en la contemporaneidad, pues no tenemos la ventaja de la
perspectiva histórica de ver lo que está ocurriendo. También podría ser que no
la percibimos de la misma manera porque son mujeres, y esta es una sociedad
machista.
Esto
es un colectivo. Se trata de una gesta de mujeres batallando por ampliar los
derechos que les corresponden y no es muy distinto de lo que han sido las
ampliaciones históricas de derechos en otros tiempos y en otros lugares. Fue
igual con la expansión de los derechos civiles de los afroamericanos a mitad
del siglo pasado y con la ampliación de la libertad de elegir y disfrutar la
propia orientación sexual.
En
ese caso, el reclamo primordial es el mismo. Hoy existe un marco que
criminaliza el accionar, las decisiones y las opciones de un colectivo; no es
distinto a lo ocurrido en los casos que acabo de mencionar. Esto es lo que
estamos discutiendo.
El
punto de partida es la criminalización, hay más, pero ese es el punto de
partida. ¿Por qué digo esto? Primero, porque es un despropósito y es algo que
reconocemos tácitamente en la aplicación de la ley. De lo contrario, tendríamos
otros resultados en cuanto a las penas que se les imponen a las mujeres, a los
médicos o supuestos médicos, o los que hacen los procedimientos.
Además,
la criminalización da lugar a la clandestinidad, que tiene por lo menos tres
impactos notorios. En primer lugar, una decisión ya difícil, traumática,
compleja y con consecuencias, encima es transformada en un calvario peor que el
que ya es.
En
segundo lugar, la clandestinidad reduce los ámbitos de reflexión. Si algo es
oscuro, secreto y clandestino, ¿con quién lo voy a hablar? Esto hace que sea
mucho menos probable una buena decisión: sea cual fuere la decisión.
En
tercer lugar, la clandestinidad –como ya sabemos- hace peligroso el
procedimiento médico cuando esa es la decisión de la mujer. Esto genera un
problema de salud monumental, porque estamos hablando de más de 40.000
hospitalizaciones por abortos mal hechos. Y, para corregir lo que se ha dicho
sobre la causa de mortalidad de las mujeres, es un quinto de las causas de
muerte materna.
Quienes
se oponen al proyecto no han presentado un proyecto alternativo. Entonces,
sugieren seguir como estamos, es decir que no explican cómo van a atender este
problema de salud pública. Supongamos que tenemos un Estado perfecto,
infalible, con potencial, que funciona bien y que va a hacer posible que no
exista ningún embarazo no deseado. Inclusive, en ese caso, ello sería
imposible.
Los
países que suelen ser nuestro espejo, que han ampliado permanentemente todos
los derechos de todos sus ciudadanos, han zanjado esta cuestión de salud
pública hace mucho tiempo. Cabe mencionar que el Reino Unido lo ha implementado
en los 60, Francia en los 70, recientemente lo ha hecho Irlanda -que es un país
católico-, y no tenemos que ir mucho más lejos, pues podemos mirar cuáles son
los resultados en Uruguay de la política pública llevada adelante en este
sentido.
Al
principio dije que hay un dilema y somos muy respetuosos de las posiciones de
cada una de las partes, así como somos respetuosos de las emociones que se
generan. No podemos exigir, tal como pedía la señora diputada Alejandra
Martínez, que exista una síntesis entre posiciones tan antagónicas, pero sí
podemos reflexionar acerca de las consistencias internas de cada una de las
posturas.
Quienes
se oponen al dictamen lo hacen principalmente por una razón, que es la
consideración del valor de la vida como valor supremo y absoluto. La verdad es
que eso suena bien y para el dogma, para la religión, es así, y para nuestras
convicciones puede ser así, pero en la práctica no es así en ninguna sociedad
del mundo y la nuestra no es una excepción.
Por
ejemplo, en materia de seguridad, en la Argentina, en la teoría, en el cuerpo
legal y en la práctica, se admiten situaciones donde uno termina con la vida de
otro en legítima defensa.
Inclusive
en la práctica, para defender la propiedad, ha habido casos de gente que
justifica terminar con el otro porque está protestando. ¿No ha habido casos en
la República Argentina donde se ha tratado de imponer la propia visión por la
fuerza y con la muerte del otro?
Nuestro
país fue a la guerra como muchos otros países. Quiere decir que estuvo
dispuesto a sacrificar vidas de sus ciudadanos por soberanía. Otros países han
hecho lo mismo para defender su territorio, para asegurar su libertad y la
libertad de elegir a quienes los gobiernan. Puedo ir más lejos y decir que en
litigios civiles hay una indemnización por muerte. Es decir que en las
sociedades modernas hasta le llegamos a poner un precio a la vida.
Entonces,
es muy difícil argumentar que la vida es un valor supremo y absoluto. Eso puede
estar bien en la teoría, pero en la práctica está muy lejos de ser así. El
valor de la vida es un valor que viene de una construcción social.
En
ese caso, el absolutismo de la vida que se pretende imponer está más cerrado
aún. Ya lo dijo la diputada Donda Pérez cuando expuso el ejemplo del Centro de
Fertilización Asistida donde en una habitación hay cien embriones y en la otra
hay un niño. Supongamos que los embriones son propios y que tenemos que salvar
una de esas dos circunstancias. ¿Cómo vamos a optar? Inclusive con aquellos que
llevan parte de nuestro propio ADN.
La
diferencia de que no hay calidades de vida tampoco es cierto. Lo reconoce el
protocolo que aceptamos hoy, así como también el Código Penal cuando admite
ciertos casos y cuando pena de manera distinta. Me refiero a cuando no pena
esto como si fuera un homicidio doloso agravado por el vínculo. Son calidades
distintas de vida.
La
señora diputada Austin preguntó si percibimos de igual manera a un embrión
criocongelado que a un niño que está caminando. No es así. Entonces, es
evidente que cuando hablamos de ciertos derechos y cierta legislación, hay
otras cuestiones universales e intuitivas que nos pasan, que a veces no
queremos reconocer.
Además,
en este caso, hay un elemento adicional. Esa vida depende absoluta y
exclusivamente de la madre que la lleva en el vientre y no es equiparable a
otros casos pues no requiere de asistencias por máquinas o terceras personas.
Solamente requiere de una única persona en todo el mundo: la mujer que lo lleva
dentro. Esto abre otro capítulo, porque es una situación única e incomparable
con cualquier otra situación.
Todos
nacemos y eso es universal, pero solamente las mujeres pueden llevar en su
vientre una vida. Todas y cada una de las mujeres. No es un colectivo. Eso implica que el resto somos ignorantes en
esta materia y tenemos una legitimidad acotada para opinar.
En
ese ámbito legislamos muchas áreas: para los menores y no lo somos, para los
adultos mayores y no lo somos, para los que menos tienen y ninguno de nosotros
es pobre, para garantizar la no discriminación por raza, por religión u
orientación sexual, pero hay una diferencia muy grande. No somos niños, pero lo
fuimos; no somos jubilados, pero lo vamos a ser; podemos perder nuestro estatus
económico, podemos cambiar de religión o de orientación sexual, y eso hace
posible la empatía y entender qué es lo que tenemos que legislar.
Como
hombre nunca voy a menstruar, nunca me voy a embarazar, nunca voy a vivir
cambios abruptos en mi cuerpo, nunca voy a vivir esos cambios hormonales, nunca
voy a vivir la modificación del curso de vida que elegí, una bifurcación muy
grande en algún momento de mi propia instancia vital, nunca voy a dar a luz y
nunca voy a estar en la horrible o terrible disyuntiva de abortar o no la vida
que llevo dentro.
Entonces,
esto ya no es un tema relacionado solamente con rechazar la criminalización,
sino de algo más profundo que es confiar en que cada una de las mujeres es la
que está en mejor condición de elegir por su propio cuerpo.
Por
ello, frente a la dramática, importante y relevante decisión de tener un hijo o
no, con sus múltiples consecuencias de todo tipo, que son vitales, tanto físicas,
psicológicas o sociales, es la mujer la que está en las mejores condiciones de
decidir.
En
el bloque Evolución confiamos plenamente en todas y cada una de las mujeres
para la instancia que mencioné. Confiamos en ellas para decidir y creemos que
el Estado debe estar -si así se lo requiere- para poner a disposición un
procedimiento seguro, legal y gratuito. Ojalá hoy acá aprobemos este proyecto,
luego el Senado haga lo propio y tengamos ley. Pero si no es así –y comparto en
este sentido las palabras del diputado Filmus- lo será más adelante y pronto,
porque el futuro es difícil de detener y porque también lo será detener a los
movimientos sociales y la ampliación de derechos.
Insisto:
ojalá que sancionemos este proyecto en esta sesión y que también pueda lograrse
en el Senado, de manera que puedan garantizarse estos derechos.
Desde
lo personal y desde lo colectivo quiero expresar que Débora Pérez Volpin,
aunque no esté entre nosotros para verlo, estaría militando por esta causa con
su carisma y su calidad humana para poder convencer a quienes aún no se han
decidido para que apoyen esta iniciativa. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Saadi, por Catamarca.
Sr.
Saadi.- Señor presidente: la verdad es que
estamos ante un tema muy complejo, controvertido y que ha exigido de cada uno
de nosotros un profundo y largo proceso de reflexión. Se trata de una decisión
que excede ampliamente las fronteras políticas y partidarias. Este es uno de
los pocos temas que abarca tantos aspectos de la vida de la sociedad porque
hablar de interrupción voluntaria del embarazo nos plantea cuestiones
biológicas, médicas, religiosas, éticas, morales, de educación, sociales y
económicas.
Este
es y ha sido un asunto de sumo interés para la sociedad argentina, sobre todo
en esta última semana en que hubo un aluvión mediático respecto de esta
cuestión. Sin embargo, he advertido que falta información en nuestra sociedad.
Si bien es importantísimo el debate que se está dando, pienso que quizás ha
sido apresurado su tratamiento ya que la sociedad argentina necesita madurar y
reflexionar sobre muchos de los fundamentos que aquí se han expuesto.
Recién
ayer se firmó el dictamen. Nosotros tuvimos acceso a él, pero el resto de la
sociedad todavía no ha podido contar con información cierta que le permita
madurar un tema tan importante y complejo como el que hoy estamos tratando.
¿Cuál
es la respuesta de la clase política ante esta situación? El apresuramiento en
el tratamiento de este proyecto. Vaya uno a saber qué intereses tiene el
gobierno nacional para que se considere tan rápidamente una cuestión que quizás
la sociedad venía meditando en silencio, pero sin la información precisa.
En
ese sentido, se han planteado fundamentos valiosos de una y otra postura. Pero,
como decía, la clase política apresura el tratamiento de este tema -aclaro que
no me refiero al debate, que es algo muy importante-, y como viene sucediendo
con la gran cantidad de leyes que este Congreso ha sancionado, vuelve a
aparecer la polarización, la confrontación sin muchos argumentos y esa
discusión encarnizada en la que no se aceptan razones. Esto genera muchísima confusión. Además, es
doloroso que no podamos ponernos de acuerdo en algunas cuestiones mínimas
cuando estamos tratando un tema que tiene que ver con la vida humana.
¿Por
qué digo esto? Porque ni siquiera hemos podido ponernos de acuerdo con la
determinación del momento a partir del cual el Estado argentino protege el
derecho a la vida.
Han
venido a las audiencias públicas prestigiosos constitucionalistas. Hemos
analizado dictámenes del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal y de
la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, donde se manifiesta que de
acuerdo con la Constitución Nacional –que ha adherido a tratados
internacionales- y con nuestra legislación, la vida comienza desde la
concepción.
Voy
a darles un dato más. La Constitución de mi provincia –Catamarca- establece
expresamente algo que no fija la Constitución Nacional. Lo dice en su artículo
65 al señalar que la provincia de Catamarca garantizará el derecho especial a
la vida desde la concepción en el seno materno.
También
hubo prestigiosos constitucionalistas que plantearon otras posturas. Por eso
digo que ni siquiera hemos podido ponernos de acuerdo respecto del momento a
partir del cual el Estado argentino garantiza el derecho de protección a la
vida, lo cual me parece central para comenzar a debatir el fondo de la
cuestión.
Si
apoyamos la primera postura, que es proteger la vida desde la concepción en el
seno materno, de sancionarse esta ley van a llover acciones de
inconstitucionalidad ante la polarización que hoy existe en la sociedad.
Imagínense lo que haría un ciudadano catamarqueño que advierte lo que establece
el artículo 65 de la Constitución provincial. Si ese ciudadano no está de
acuerdo con este proyecto, es muy probable que plantee acciones de
inconstitucionalidad. Creo que ese es un tema muy importante que debe zanjar el
Congreso de la Nación.
Fue
el Parlamento el que sancionó el Código Civil, el que dictó leyes para adherir
a los tratados internacionales y es el que hoy no puede zanjar una discusión
clave, que es desde cuándo comienza el Estado argentino a proteger el derecho a
la vida.
Creo
que tampoco nos pusimos de acuerdo sobre cuál es la cuestión del debate. Se
habla de penalización o no penalización; se dice también que estamos ante el
dilema de decidir entre el derecho a la vida de la persona por nacer y el que
tiene la mujer con respecto a su cuerpo, a su decisión; se habla de aborto
clandestino o no clandestino; se han
lanzado, además, slogans que han
generado muchísima confusión.
Personalmente
creo que el Estado argentino tiene la obligación de garantizar el derecho a la
vida de la persona por nacer. Pero la pregunta que se impone aquí –que creo que
debe ser la cuestión de debate- es si fijando una pena el Estado ha garantizado
verdaderamente ese derecho a la vida.
En
ese sentido, debo decirles que ha fracasado totalmente la penalización de la
mujer. No solo ha fracasado en el cuidado de ese derecho a la vida, sino que
agrava aún más la situación de la mujer porque la empujamos al aborto
clandestino, con el riesgo de vida que ello implica.
En
mi condición de hombre me cuesta imaginar lo que debe sufrir una mujer que
tiene que tomar una decisión tan traumática como es hacerse un aborto en forma
clandestina. Hay un fracaso absoluto de la penalización con respecto a este
tema.
Finalmente,
he podido leer el proyecto. Agradezco y valoro el trabajo que han realizado
muchos legisladores, hombres y mujeres que están a favor de esta iniciativa y
que tienen fundamentos muy valiosos que quizás no han podido ser explicados con
claridad a la sociedad argentina.
Este
proyecto de ley tampoco soluciona lo que es el derecho de esa persona por
nacer. Por eso me hace ruido y me genera muchísimas dudas debido a la profunda
confusión que hoy se ha generado.
Creo
que es muy difícil abordar esta temática en tan poco tiempo. Pero por lo menos,
podemos tener algunos acuerdos mínimos.
Se
han tirado datos de uno y de otro lado que no sabemos si con ciertos. Ni
siquiera hemos podido unificar criterios acerca de si hay estadísticas de los
abortos, porque no se sabe. ¿Cuántos abortos se realizan por año? ¿Cuántas
personas han fallecido? ¿Cuántas personas han sido condenadas? No hemos podido
unificar esos criterios. Con lo cual, se me hace muy difícil poder acompañar
este proyecto.
Sí
creo que en este reciento estamos absolutamente de acuerdo con que el aborto es
una situación no deseada por nadie. Estamos absolutamente de acuerdo con que el
aborto clandestino es una realidad y que hay que tratar de ver cómo se la
soluciona.
Por
eso creo que se tiene que conformar rápidamente una comisión
interdisciplinaria, sobre todo entre el Estado nacional, los estados
provinciales, los municipios y este Congreso de la Nación, con la participación
de especialistas en el tema y del grupo de mujeres que han impulsado esta
iniciativa, para que podamos tener una ley que se lleve a la práctica, que
evite los abortos clandestinos y donde podamos medir año a año si han
disminuido los embarazos no deseados. Debemos elaborar una norma donde incluso,
si es necesario, podamos analizar los casos de abortos no punibles.
Creo
que este proyecto de ley no es la solución y que ha puesto a la política en la
situación de decidir entre una vida u otra. En definitiva, esta situación marca
hoy un fuerte fracaso de la política argentina con respecto a este tema. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada González Seligra, por Buenos Aires.
Sra.
González Seligra.- Señor presidente: como se ha
dicho acá, hoy estamos en una jornada histórica y no puedo menos que empezar
homenajeando a esas miles de mujeres muertas, víctimas del aborto clandestino.
Estos
días, en el transcurso del debate y de la pelea en las calles, me acordaba de
cada una de mis alumnas de La Matanza, cuando en los recreos conversábamos de
cada una de sus historias, de sus relatos, de esos embarazos no deseados, de
esas situaciones traumáticas que entre solidaridad de pares y con la ayuda de
sus docentes en las escuelas, buscaban resolver.
Muchas
de ellas están en este momento acá afuera, movilizadas, junto a mis compañeras
docentes o junto a sus mamás. Se han movilizado todos estos días, porque son
parte de un enorme movimiento que nos conmueve. Un movimiento que se está
expresando no solo acá afuera, en las puertas del Congreso, sino que se está
expresando en las provincias, en cada lugar de trabajo, en cada colegio público
y en los religiosos también, a pesar de las sanciones y amedrentamientos con
los que han intentado acallar ese movimiento.
Ese
movimiento se extendió en todo el país y se expresó en miles de pañuelazos,
porque esas jóvenes y mujeres están decididas a conquistar este derecho. Este
movimiento es imparable.
Pero
también quiero saludar a las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho
al Aborto con las que hace 13 años peleamos para que este proyecto se trate
acá. Algunas de ellas, lamentablemente, no han vivido para ver este momento
histórico. En este sentido, quiero recordar a una abogada feminista que fue
redactora de este proyecto, la Dora Coledesky, que siendo militante de
izquierda y obrera textil, organizó a sus compañeras y fue exiliada en la
dictadura. Pero a su regreso y hasta sus últimos días, peleó por este derecho.
Tiene
que quedar claro que gracias a esa histórica lucha y este enorme movimiento es
que estamos discutiendo acá este proyecto de ley.
No
nos engañemos. Nadie va a creer que Macri se hizo feminista. Recordemos que el
presidente vetó, siendo jefe de Gobierno de la Ciudad, el aborto no punible.
Además, cuando vino acá al Congreso y dio su visto bueno para abrir el debate,
a la vez dijo que él estaba en contra del aborto legal porque defendía la vida.
¡Qué
casualidad! El mismo argumento que utilizó la Iglesia durante años y que estos
últimos meses machacó y machacó para tildarnos de criminales a las que
defendemos el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo para mujeres y
personas gestantes.
Esa
misma Iglesia que, durante la dictadura, avaló la tortura a mujeres embarazadas
–como ya se dijo acá- y que luego de esa tortura muchas de ellas concluyeron en
aborto. Sin embargo, nunca nadie de la jerarquía eclesiástica dijo nada acerca
de eso.
-
Ocupa
la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable Cámara, ingeniero
José Luis Gioja.
Sra.
González Seligra.- Esos representantes del clero,
que también fueron cómplices de la apropiación de bebés, son los que reciben
millones de pesos del Estado, porque durante la dictadura conquistaron decretos
que ningún gobierno derogó, que ningún gobierno terminó con ellos y que
mantienen vigentes.
Esas
personas de la jerarquía eclesiástica, que avalaron la tortura, ¿se dicen
defensores de la vida? ¡Qué hipocresía!
Sabemos
que la Iglesia es una institución que tiene mucho poder político y económico y
que también utilizan a los gobernadores, tanto del oficialismo como de la
oposición, en una cruzada contra las mujeres. Especulan con nuestros derechos.
Estos
días vimos cómo apretaron a los diputados para votar contra esta ley, poniendo
en riesgo la media sanción y anticipándonos la dura pelea que vamos a tener de
cara al Senado, de votar hoy esta norma.
Tuvimos
que escuchar brutalidades de una diputada que ahora no está, pero que se hizo
oír en los medios. Me refiero a la diputada Elisa Carrió, que dijo que
legalizar el aborto era como legitimar el derecho a pernada. Sí, eso dijo.
Esta
cruzada contra las mujeres tiene en esas provincias a gobernadores y
legisladores que se llaman Provida y que, a través de su poder, no implementan
la educación sexual integral en sus provincias y no aplican el protocolo de
aborto no punible. De esta manera, no les dejan otra opción a niñas de 10, 11 y
12 años, que ser madres a la fuerza luego de haber sido víctimas de abusos y
violaciones, como vimos estos días en la provincia de Salta y en la provincia
de Mendoza.
Entonces,
señor presidente, yo me pregunto hasta cuándo vamos a tener que soportar la
injerencia de la Iglesia en nuestras vidas.
Por
eso hoy más que nunca, en esta pelea, decimos que hay que separar a la Iglesia
del Estado. Pero además, no pedimos, sino que exigimos nuestro derecho a
decidir.
Pero
les quiero decir a todos los representantes del oscurantismo clerical que
pueden seguir tejiendo complicidades para impedir que este proyecto se
convierta en ley, pero la batalla ya la perdieron. La perdieron en las calles,
la perdieron en las escuelas, en los lugares de trabajo, en la sociedad y es un
orgullo ver a esas pibas ganar las calles, ver a esa nueva generación que con
esta pelea entra a la vida política para luchar por sus derechos y no las
amedrentan.
Ya
lo hemos visto en estos días. Lo hemos visto en las calles, pero también lo
hemos visto en las provincias, en Catamarca, Jujuy, Córdoba, donde intentaron
sancionar a las estudiantes por hacer pañuelazos en las escuelas, pero no
lograron amedrentarlas y esas jóvenes no luchan solo por ellas. Escuché a
muchas pibas y muchos pibes con testimonios conmovedores hablar de la vida de
las mujeres sin derechos, hablando de sus abuelas, hablando de sus mamás, de la
generación de mujeres trabajadoras que fueron agraviadas, pisoteadas, cuyas
voces reviven y resuenan en cada una de esas jóvenes que hoy se ponen de pie.
Por
eso quiero decirles que se equivocan si creen que este movimiento se va a
terminar. Las mujeres seguiremos en la primera fila, como ya lo hicimos en otro
momento de la historia. En la Revolución Francesa nuestras hermanas marcharon
hacia el poder, hacia Versalles; en la Revolución Rusa, hace más de cien años,
conquistaron la separación de la Iglesia del Estado y conquistaron el derecho
al aborto. Esas mujeres pasaron a la historia como las sufragistas, que
arrancaron el derecho al voto.
Y
más cerca en nuestro país, la historia de las Madres y Abuelas de Plaza de
Mayo, que enfrentaron a la dictadura genocida. Incluso en la crisis de 2001 en
la Argentina tuvimos esas compañeras desocupadas que pelearon por trabajo
genuinos para sostener sus hogares, o esas leonas -las obreras textiles de
Brukman- que tomaron su fábrica y la pusieron a producir con su control. Pero
eso no es el pasado, sino el futuro que veremos frente a la guerra que este
gobierno y sus cómplices quieren declarar al pueblo trabajador. Ese acuerdo de
coloniaje con el FMI y el nuevo saqueo que se prepara significará brutales
ajustes a la vida de millones de argentinos en materia de salud y educación.
¿Para qué? Para pagar esa fraudulenta e ilegítima deuda externa.
Por
eso no lo duden: las mujeres seguiremos en primera fila junto a nuestros
compañeros. Por eso hoy ustedes saben -no es una sorpresa- que los diputados
del Frente de Izquierda vamos a votar a favor del aborto legal, seguro y
gratuito. Nosotros no especulamos con los derechos de las mujeres. El aborto es
parte de nuestro programa político y lo hemos peleado en las calles, incluso
antes de entrar a este recinto. Lo hicimos contra un gobierno neoliberal, lo
hicimos incluso cuando la que nos gobernaba era una mujer. Y lo hacemos ahora,
porque sabemos ‑y ustedes lo saben‑ que estamos en la primera fila
peleando por cada derecho de las mujeres, aunque sea el más elemental, porque
cada paso que damos eleva nuestra moral para las futuras luchas. Y como
feministas socialistas sabemos que no vamos a terminar con la opresión de
mujeres y la diversidad sexual si no acabamos con este sistema social que
condena a millones a la miseria y a la explotación.
Y
también sabemos que la clase trabajadora ‑de la cual casi la mitad somos
mujeres‑ para liberarse de la explotación tiene que unirse al conjunto de
los oprimidos. Entonces, en esta pelea hoy, señoras y señores diputados, sean
honestos y digan la verdad. Nosotros votando esta norma no le imponemos a
ninguna mujer ni a nadie que interrumpa un embarazo. Pero ustedes, todos los
que se disponen a votar en contra, quieren condenarnos a morir por aborto
clandestino.
Por
eso, afuera en las calles está la fuerza de las mujeres y de los cientos de
miles que nos han acompañado. Exigen que el derecho al aborto sea ley, que no
muera ni una más.
Para
trasformar la sociedad, decía un gran revolucionario -León Trotsky- hay que
mirarla a través de los ojos de las mujeres. Esos son nuestros ojos. Por eso
hoy queremos votar esta norma y exigimos educación sexual para decidir,
anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. (Aplausos. Varias señoras diputadas corean la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Ramón, por Mendoza.
Sr.
Ramón.- Señor presidente: en primer lugar, quiero
manifestarle a usted y al cuerpo que por pedido del partido por el que llegué a
esta Cámara no me voy a hablar como parte del Partido Intransigente de Mendoza,
sino como el bloque Protectora, por indicación del mismo partido, ante la
posición que he tenido que adoptar en este caso. (Aplausos.)
A
su vez, también quiero manifestar que no pude participar en el interbloque del
que formé parte hasta esta mañana por haber renunciado.
Hecha
esa aclaración, no voy a referirme a los aspectos técnicos de una posición y
otra en relación al proyecto que se está discutiendo hoy. Desde que soy parte
de esta Cámara, donde me ha tocado participar, da la casualidad de que en cada
tema que se trató hay una situación en la que cada uno de los grupos que
discuten sobre un tema es como que se apoderan del modelo de economía, del
modelo de país, del modelo de ley que protege la vida o que protege la despenalización
del aborto o cualquiera fuere el tema. Siempre hay dos bandos apoderados cada
uno de su verdad.
Y
hay un poco más de eso, y me he permitido escribirlo porque no quiero decir
algo que esté fuera de lugar. En esta Cámara ‑y sé que muchos diputados van
a entender de qué hablo‑ hay como una pelea, que lo vengo diciendo desde
la primera intervención, como de perros y de gatos, como de unitarios y
federales. Parece ser que en cada tema que se discute en la Cámara, en las
comisiones, existe una concepción para valorar un tema relacionado con aquello
que ocurre en esta gran Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Y en el
interior de nuestro país hay otra realidad, otros valores, otra idea.
¿Saben
algo? Se viene discutiendo desde hace muchos años aquello que fue fruto de una
lucha por la que corrió mucha sangre en nuestro país para ver de qué manera en
la política argentina se resolvía el tema de los ingresos que tenía la Aduana
de Buenos Aires y los recursos que tenía cada provincia. Además, cómo se le entregaba
la riqueza al interior del país.
¿Por
qué hago referencia a este tema federal? Porque nadie habla de eso. Hace muy
poco habían iniciado un proyecto ‑que por buenaventura echó para atrás el
oficialismo‑ de querer imponer a todos los pueblitos chiquitos del
interior del país, a los abuelos, a todas las personas que no tienen la
posibilidad de tener acceso a la web ‑no
sé si lo recuerdan‑ que le llegaran sus resúmenes por correo electrónico.
Uno de cada tres argentinos que vive fuera de la Capital Federal no tiene
acceso a internet.
Se
discute la penalización del aborto y fíjense ‑¡oh
sorpresa!‑ que todas las manifestaciones grandes en relación a la
despenalización ‑o no‑ ocurren acá en la Capital; en las
provincias, se lo digo a los diputados de la Capital y del Gran buenos Aires,
ocurren otras cosas.
El
tema del derecho de la vida, como se lo entiende en nuestro interior, tiene una
importancia tremenda, que no pasa porque una mujer tenga un problema o tenga un
disgusto en su sexualidad y quiera abortar. No hay ninguno de los argentinos
que quiera producirse un aborto. ¿Se concibe aquí en la Capital? Sí, y se habla
de ello, pero en la Argentina el concepto no pasa por la Iglesia Católica, pasa
por la importancia que tiene la vida y cuando se habla de la vida no se habla
de cualquier cosa.
Y
cuando se habla de despenalizar no se envía un proyecto al Congreso de la
Nación para tratar de tapar en todos los grandes medios de comunicación que
están concentrados en esta Capital Federal lo que sucede en cada uno de los
barrios de los pueblitos chicos de los distritos de mi provincia de Mendoza.
Quiero hablar de Mendoza.
Quiero
hablar de Mendoza. La garrafa de gas que vale 260 pesos, la cobran entre 350 y
400 pesos y ningún canal de televisión que hoy trasmite en vivo esta sesión
está hablando de los 400 pesos que cuesta la garrafa. Ninguno de los canales de
televisión del interior, concentrados en esta Capital, está hablando de que en
Mendoza hace frío de verdad mucho más tiempo que acá y de que las facturas de
gas en una casa cuestan tres o cuatro veces más que en la Capital Federal. No
se habla de eso. ¿Por qué? Porque lamentablemente –no quiero utilizar un mal
término porque se trata de nuestro presidente de la Nación‑ se envía este
proyecto como una gran ventana de humo para tapar un grave problema económico,
político y social que tenemos en el interior de nuestra Argentina.
No
hablo del problema de los perros y gatos que se pelean en algún momento, los
que son oficialistas hoy o los que dejaron de serlo por doce años en esta
Cámara. Estoy hablando de lo que ocurre en la Capital y de lo que ocurre en el
interior de nuestro país. Sé que más de un diputado va a entender de lo que
estoy hablando.
Hice
extensa esta referencia porque creo que es necesario que se sepa de este
problema grave entre la Capital y el interior de nuestro país.
En
cada proyecto que hemos tratado tuve oportunidad de participar y hablar de la
reforma de nuestra Constitución Nacional del año 1994. En esa reforma se
plantea la posibilidad de que, ante temas de gravedad y por iniciativa de esta
Cámara, se le pueda consultar a todo el pueblo qué opina con respecto a un tema
tan arduo como es legalizar la posibilidad de que una mujer interrumpa la vida
de un embrión que está concebido en el seno materno; estamos hablando de la
vida.
Está
contemplado en el artículo 40 de la Constitución Nacional, dentro de los nuevos
derechos y garantías. En ese capítulo se hace mención al medio ambiente, a los
derechos políticos, a la defensa de los consumidores y a la posibilidad de que
todo el país, por una consulta popular, se pueda expresar, pero no solo en la
Capital, sino en el interior de nuestro país. ¡Qué distinta podría llegar a ser
esa votación! Y no es que en el interior seamos retrógrados y en la Capital muy
intelectuales.
Después
hay otro tema, hay un aspecto personal, y sé que a más de uno que se tomó el
trabajo de analizar los porqués y la posibilidad de modificar este proyecto de
despenalizar y descriminalizar puede haberle ocasionado alguna angustia.
En mi faz personal me ha hecho mucho ruido
esto de que nosotros criminalicemos el aborto, porque pareciera ser que hay una
tendencia en nuestro país en el sentido de que es posible modificar la conducta
de los argentinos con la represión, con el derecho penal; no hay manera de que
eso ocurra.
Se
ha hablado además, y me hace ruido también, de la falta de posibilidades que
tienen las mujeres de acceder a la salud. ¡Sí, miércoles que hace ruido! Porque
el derecho de la mujer, el derecho de todo argentino, es tener acceso a la
salud. También del otro bando, de los que se apoderaron del concepto y de la
idea, dijeron durante décadas que no era posible que los chicos, los
adolescentes, tuvieran educación sexual en los colegios. No querían y hoy,
asustados porque hay posibilidades de que este proyecto se apruebe, dicen: “Es
verdad, tendría que haber habido educación sexual en las escuelas”. ¿Por qué?
Porque si hay educación sexual los chicos saben de qué se trata y la disminución
de los embarazos no deseados, les puedo asegurar, hubiera sido tremenda.
Entonces,
todo esto me ha hecho mucho ruido. La verdad es que hace muy poquito –lo debe
saber más de uno‑, estuve a punto de torcer mi convicción personal en
este tema del derecho a la vida por la manera en que fui criado en el interior;
no hablo de la Capital Federal. Y quiero remarcarlo: en el interior de nuestra
Argentina. Todo esto me hacía ruido. Entonces me dije que había que apoyar este
proyecto, porque si es sano va a permitir todo aquello por lo que nosotros
queremos pelear: vivir mejor.
Pero
tengo otra razón. El primer proyecto que presenté en la Cámara de Diputados fue
proviniendo de la ciudadanía, ya que la mayoría de los ciudadanos comunes que
andan a pie están hartos de nuestras mentiras cuando decimos una cosa y
actuamos de otra manera. Presenté un proyecto para que se criminalice y se pene
a aquel político que en campaña hace una promesa y después con sus acciones no
la cumple. Voy a ser conteste con eso, porque en mi promesa de campaña yo dije
que estaba a favor de la vida y que no se podía despenalizar el aborto.
De
manera tal que voy a cumplir con mi promesa de campaña y el voto que anticipo
desde el bloque Protectora es por la negativa. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada del Plá, por Buenos Aires.
Sra.
del Plá.- Señor presidente: llegamos a este
momento histórico como resultado de una enorme movilización popular que se está
expresando en todo el país, que lleva décadas pero que fundamentalmente
estalló, y muchos se dieron cuenta de que estaba, a partir de las luchas del
“Ni una menos”.
Esta
lucha tiene un objetivo, que es terminar con las miles de muertes de mujeres,
con las mutilaciones por el aborto clandestino y con un instrumento del Estado
contra las mayorías populares que intenta disciplinar y establecer las bases de
un dominio sobre gran parte de la población bajo los principios del tutelaje,
la discriminación jurídica y la imposición de roles a las mujeres.
Esto
es mucho de lo que estamos discutiendo acá porque justamente vemos cómo esta
irrupción de la ola verde está relacionada con cómo romper con todos esos
tutelajes del Estado. Somos parte de esta lucha también por la emancipación no
solo de la mujer sino de toda explotación del hombre por el hombre. Desde ese
lugar vamos a votar por el dictamen de mayoría en favor de la legalización del
aborto.
Quiero
insistir en que el aborto clandestino es una herramienta de control social como
la xenofobia que aparece cuando se trata de echarle la culpa de alguna crisis
económica a los extranjeros que viven en el país. Por supuesto que nunca se la
echa a los directores de las empresas multinacionales, sino siempre a los
habitantes pobres y extranjeros. Otras herramientas de control social son el
racismo, la homofobia o el odio a otras elecciones sexuales o de género que hoy
están personificadas en la persecución concreta a Joe Lemonge, Mariana Gómez o “Higui”,
entre otros casos.
Justamente,
este régimen de control social que significa el aborto clandestino es el que
tanto se empeñan en mantener intacto los que van a votar en contra de este
proyecto. Esto es lo que debemos tener en claro: los que votan en contra de
este proyecto lo hacen para que quede en pie el aborto clandestino, la muerte
de mujeres, las miles de mutilaciones, por supuesto el negocio de las clínicas
privadas y toda esta orientación de tutelaje del Estado, de la Iglesia, y
también de los gobernadores, que hoy están presionando junto con la Iglesia a
los diputados y diputadas para que voten en contra de este proyecto.
En
ese punto quiero decir que esto no es casual, porque justamente este régimen de
explotación, de hambre y de miseria que vivimos, necesita de estos recursos de
disciplinamiento social. Ya lo dijo Mario Poli en el tedéum del 25 de mayo:
toda crisis se atraviesa con una cierta dosis de religiosidad. ¿Por qué dijo
eso? Justamente para ofrecer los recursos de la Iglesia: llamar a la
resignación contra la explotación a las grandes mayorías populares que tienen
que sufrir las consecuencias de toda esta política que vivimos y sufrimos los
trabajadores, y especialmente las trabajadoras.
Por
ese motivo tenemos muy en claro que no alcanza con la sanción de esta ley para
romper con esta imposición en la vida social que impone la Iglesia Católica,
que ya sabemos que a nivel internacional es un Estado dentro de un Estado.
Tienen sus propias reglas. Actúan como quieren.
Todos
hemos visto que el Sanatorio Mater Dei ha declarado abiertamente que va a
infringir una cantidad de leyes, cuando ya lo viene haciendo. Se creen impunes
para pasar por arriba incluso de la legislación vigente, mucha de ella
incompleta, y es lo que les permite seguir cubriendo a individuos como Ilarraz,
quien ha abusado de menores durante más de veinticinco años y está
perfectamente protegido por la institución y la sacrosanta Iglesia. Es esa
institución la que se niega a la libertad de las mujeres, a su derecho a
decidir. Es la que quiere imponer que sigan los abortos clandestinos.
Lo
voy a repetir durante toda mi intervención porque eso es lo que apoyan los que
votan en contra. Quiero ser precisa porque acá se dijo que no quedaba muy claro
por qué luchamos los que defendemos esta iniciativa. Lo hemos dicho con todas
las letras. Luchamos por el aborto legal, seguro y gratuito para que haya la
menor cantidad de abortos posibles, para que disminuya drásticamente la
cantidad actual. Alguien podría decir que es una contradicción, pero no, es
dialéctica pura. Si nos mantenemos en la clandestinidad, seguiremos teniendo
cientos de miles de abortos que una cantidad de gente ‑incluyendo a
varios de los que están acá‑ cree que puede seguir colocando bajo la
alfombra.
Nosotros
luchamos por una solución, para que se legalice el aborto, se lo quite del
Código Penal ‑ya fracasó la penalización‑ y pase a ser considerado
un tema de salud pública, al igual que la educación sexual y la anticoncepción,
cuestiones que bloquean los mismos sectores que hoy no quieren que se legalice
el aborto.
Es
justamente por esto que quiero reforzar la idea de que tampoco es verdad que
acá ya no se penaliza a nadie y no se mete presa a ninguna mujer.
Es
mentira. La clandestinidad y la ilegalidad del aborto siguen siendo
instrumentos contra la mujer, para imponer su soledad –de lo que aquí ya se ha
hablado‑ y su culpabilidad cuando decide, por los motivos que fuere,
interrumpir el embarazo. Si esto no es así, que lo cuente Belén, que estuvo dos
años y medio presa por un aborto que nunca se practicó.
Acá
se ha mencionado al interior. Entonces, hablemos del interior, que es de lo que
más debemos hablar.
Es
en las provincias del interior donde más se disciplina, domina y somete a la
mujer, donde se tapa todo con la sacrosanta defensa de la Iglesia y la familia.
Hablemos
de Tucumán. Acá nos han amenazado con que prácticamente se irían del país
porque no cumplirían ninguna legislación si aprobamos el aborto legal. Antes de
ver si en un hospital atienden a una mujer que llega desangrándose, se
preocupan por ver cómo la judicializan.
Hablemos
de Salta, que no se había adherido al protocolo nacional y cumple récords de
mujeres hospitalizadas por abortos clandestinos y niñas violadas a las que se
obliga a llevar sus embarazos a término.
Hablemos
de Mendoza, diputado Ramón, donde tenemos una niña de diez años a la que se la
obliga a continuar con su embarazo porque no se aplica la ley de interrupción
legal del embarazo, tal como se dispone en el Código Penal, en el fallo FAL y
en el Protocolo Nacional de Interrupción Legal del Embarazo. (Aplausos.)
¡Claro
que sí! Hablemos de todos los lugares en los que las mujeres son sometidas por
los patrones, por medio del trabajo precario, el derecho de pernada –como aquí
se ha mencionado‑ o las violaciones, incluso masivas, que luego se
justifican en nombre de consideraciones étnicas.
Hablemos
de quienes forman a los jueces y a los médicos en las provincias del Norte,
donde solo se imparten estas profesiones en la Universidad Católica. Hablemos,
porque de todo eso nos tenemos que liberar definitivamente.
Aquí
muchos diputados y diputadas creen que las bancas son de ellos, incluso
violentando el voto de quienes los colocaron en este ámbito. Es notable; hubo
ruptura de bloques, diputados que se cambiaron de bloque y otros que se
abrazaron a su banca diciendo que era de ellos. ¿Para qué? Para votar contra
las mujeres. Y hay otros que dicen que son presionados.
En
este sentido, quiero hacer dos reflexiones. Los que dicen que son presionados ‑sea
por sus gobernadores o por la Iglesia‑, tienen dos conclusiones que
sacar:
La
primera es que, en aquellos lugares donde no van a votar a favor de las mujeres
sino en contra, las organizaciones como el partido Obrero o el Frente de
Izquierda vamos a avanzar ‑en Salta, en Mendoza, en Santa Fe‑, ya
que claramente somos los únicos capaces de bancarnos y defender a fondo a las
mujeres.
La
segunda es que la población, los trabajadores y la juventud miran quiénes son
los dirigentes que quieren tener. ¿Quieren a quienes, ante una presión, ya no
pueden defender el más mínimo principio? Por favor. Aquí, en el Frente de
Izquierda, en el partido Obrero, somos monolíticos. Tenemos un programa y lo
defendemos ‑cuando ganamos, cuando perdemos, cuando estamos en las peores
y en las mejores situaciones‑; defendemos a los trabajadores contra la
explotación y a las mujeres contra el sometimiento, y en todas las
circunstancias, ahora que podemos gritar y cuando teníamos que permanecer en la
clandestinidad luchando contra la dictadura militar.
¡Algunos
aquí tienen la caradurez de hablar de los derechos que protegen, cuando
defienden a los genocidas y han justificado cada una de las barbaridades que se
han hecho en este país!
Quiero
entonces decir que aquí tenemos varios peligros. Se ha incluido la objeción de
conciencia. No comparto ese aspecto, pero quiero alertar que en paralelo se
está discutiendo en la ley de Culto la objeción de conciencia, institucional o
de ideario, lo que condicionará el funcionamiento de la educación, de la salud
y de otros aspectos.
Nosotros,
que sí luchamos por la educación sexual, laica y científica ‑mientras acá
algunos acaban de descubrirla, cuando la han obstaculizado‑, acabamos de
avanzar en la aprobación de una iniciativa que modifica la actual ley de
educación sexual en la provincia de Buenos Aires para que realmente se pueda
aplicar la educación científica y laica.
Quiero
reivindicar al movimiento de mujeres, pero especialmente a la juventud, a las
chicas y los chicos que están demostrando que quieren una nueva sociedad, una
sociedad donde tengan derecho a la libertad, la educación sexual y la
anticoncepción. Por eso reivindico el derecho a las luchas, a las huelgas, a
las ocupaciones y a las movilizaciones, ya que es el mejor homenaje a la
reforma universitaria de 1918.
La
primera revolución socialista de la historia, la Revolución Rusa, una de las
primeras medidas que tomó fue consagrar el derecho al aborto, es decir, el
derecho a la libertad de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.
Reivindicamos ese proceso porque es claro que para ir a fondo en los derechos
de las mujeres tenemos que ir a fondo en la lucha por los derechos de los
trabajadores y los explotados, por la emancipación de toda forma de
explotación, que es en definitiva la lucha por un gobierno de los trabajadores.
¡Anticonceptivos
para no abortar, educación sexual para decidir, aborto legal para no morir!
Muchas gracias. (Aplausos. Varias señoras
diputadas corean la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Contigiani, por Santa Fe.
Sr.
Contigiani.- Señor presidente: quiero empezar por
hacer algunas aclaraciones breves. No voy a hablar en nombre del Partido
Socialista de la Argentina, el cual tiene una postura en este tema más que
centenaria por la despenalización del aborto, y que respeto.
Soy
un legislador que fue votado en el marco del Frente Progresista Cívico y Social
de la provincia de Santa Fe, por ocho partidos, y hay diferentes opiniones en
el seno de ese frente. Pero quiero decirles también que voy a hablar en nombre
de la libertad de conciencia, porque creo que estamos en este debate no por la
línea ideológica y partidaria, ya que si lo analizáramos de ese lado sería una
incongruencia todo lo que estamos planteando y viviendo.
Lo
estamos haciendo desde la profunda cosmovisión de cada uno, de ideas profundas
sobre la vida humana, la justicia, la defensa del que menos tiene, etcétera.
Por eso reivindico la conciencia y no la línea ideológica. Estamos en el campo
de lo más profundo del humanismo, no de la ideología. (Aplausos.)
Quiero
hablar a mis colegas diputados y diputadas desde el corazón. Llegamos a este
debate acusados todos, unos y otros, de muertes, de homicidas, de asesinos, y
yo quiero romper con eso. Por un lado, nos pueden decir a los que defendemos
las dos vidas que estamos contribuyendo con nuestra decisión a que una mujer en
riesgo que hace un aborto pueda terminar en la muerte, y nosotros le podemos
decir a ustedes que están contribuyendo a que pase por el largo camino de la
historia la eliminación de una vida por nacer.
Pero
yo creo que ninguno de ustedes tiene ese punto de partida; ningún diputado que
está en este recinto quiere la muerte de nadie. Vamos a respetarnos, a hablar
de la libertad de conciencia desde la convicción profunda y honesta, y de la
diferencia honesta. Me duele tener diferencias con algunos compañeros y
compañeras, a quienes siento compañeros de ruta en la lucha por la justicia
social en la Argentina. (Aplausos.)
Pero es la libertad de conciencia lo que impera en este momento.
Yo
tengo una premisa más básica, humilde. Les habla un tipo limitado, de base,
humilde, con muchas contradicciones. Pero
tengo una profunda y simple convicción humana de que la vida hay que defenderla,
de que no hay ningún argumento, ninguna
causa para eliminar una vida en la Argentina. No puede ser esa nuestra
decisión, no puede ser esa la decisión de la política; me rebelo frente a eso.
(Aplausos.)
No
hay un acto más revolucionario -y se los digo a los jóvenes que enarbolan los
pañuelos verdes y celestes con mucha pasión; y los envidio- que defender la
vida y la justicia social en la patria. Ese es el tema de fondo. (Aplausos.)
Yo
parto de una premisa para que entiendan a dónde voy. Estamos ante dos vidas
perfectamente individualizadas. No voy a hablar de ciencia biológica porque es
una obviedad. ¿Qué voy a decir? ¿Lo que la genética y la biología ya dijo hasta
el cansancio, que hay dos vidas individualizadas, y que tenemos que defender esa
totalidad y salir de la ecuación falsa de tratar de eliminar una vida a costa
de la otra, o garantizar derechos con un parte de esa totalidad?
Yo
creo que hay dos vidas totalmente individualizadas, diferentes, y que tenemos
que defenderlas. Claro, los compañeros y compañeras que están de acuerdo con la
despenalización del aborto me pueden decir: “entonces, Luis, ¿qué hacemos
mientras tanto?”
Yo
entiendo los problemas de la salud pública. Pero quiero una salud pública para
las dos partes de esa totalidad, de esa vida. Porque pongamos las cosas en su
lugar: me angustia mucho cuando compañeros con mucha honestidad me comentan –y
me lo contaron en forma directa- sobre los riesgos de la mujer en la
clandestinidad. Hago mía esa angustia, hago mío ese dolor, pero pongamos la
foto en la otra parte, en la que se va en esa bolsa de basura, un embrión de
catorce semanas. ¿Saben lo que es un embrión de catorce semanas? Tiene ojos,
retinas, duerme con la madre, uñas, identidad genética, se mueve, toma líquido
del útero, está con la madre, es una criatura, es un ser humano.
Entonces,
por la falta de salud pública no solo se va la mujer, que es nuestro dolor y me
angustia, sino que también se nos va en una bolsa de residuos esa posibilidad
de vida, que una nación no puede no defender.
Es
un debate que toca las fibras más íntimas de un ser humano. Me pasa algo que
todos ustedes y el pueblo argentino me entenderán desde la política: yo no
puedo disociar mi lucha por la justicia social, por el desarrollo de nuestro
país, por la igualdad de oportunidades, de la lucha por lo que hay en el
vientre de una mujer, y me refiero tanto a la mujer como al niño por nacer. Es
la misma lucha por una vida que es y merece la misma justicia. (Aplausos.)
Y
disculpen que presente esta contradicción: somos todos justicieros en el campo
de la economía y somos los primeros en defender las pymes, el trabajo, a los
que menos tienen, pero en el campo de la vida por nacer somos privatistas, nos
entregamos al mercado, no hay interés público, nadie defiende nada. Bueno, yo
tengo la coherencia ‑o pretendo tenerla- de que lo que defiendo en el
campo de la política, la economía y lo social también lo defiendo en el campo
del vientre de una mujer. Ahí hay algo que defender, y no puede dejarse pasar
por el camino de la historia. (Aplausos.)
Esa
es la salud pública que quiero, una salud pública para la vida. Si Yrigoyen
pudo movilizar este país y dar los derechos sociales a los inmigrantes, si Juan
Domingo Perón y Evita consagraron los derechos sociales para siempre, si Raúl
Alfonsín consagró la democracia para siempre después de la larga noche de la
dictadura, ¿cómo no vamos a poder como nación hacernos cargo de esas vidas, de
la totalidad de las vidas, e ir para adelante, ir por más, no por menos, garantizando
derechos con más vida, no con menos? ¿Cómo no vamos a movilizar eso? (Aplausos.)
Entiendo
que el verdadero combate frente a este dilema, el verdadero problema que tiene
la Argentina es la pobreza, la injusticia, la explotación, la frustración, el cansancio,
la desidia y la corrupción estructural. Estamos hartos. Ahora, ¿qué tiene que
ver eso con que paguen el pato tanto la mujer en riesgo como una vida por
nacer? Vayamos de frente, resolvamos los problemas que tenemos que resolver. No
le hagamos pagar colateralmente con la vida a nadie las frustraciones que
tenemos como país y como sociedad.
Si
no, bajemos la persiana, digamos que la vida ya no nos interesa, que la
justicia no interesa; y yo no creo que ningún diputado, ni de los verdes ni de
los celestes, tenga eso en su corazón, porque a todos los anima la vida. Hay
diputados que acá tienen una historia que habla por sí sola de su compromiso
por la vida y la justicia.
Estoy
diciendo que es una decisión de un pueblo, de una nación. ¿Qué estamos discutiendo?
No me gusta el derecho penal, no me gusta la pena ni la criminalización.
Adhiero a las palabras de algunos diputados y diputadas en el sentido de que
tenemos que sacar urgentemente la pena, lo que no significa legalizar sino
tratar de encontrar otra forma de protección. Pero empecemos todos juntos a
trabajar, a movilizar el país en políticas públicas de Estado, en programas
para las embarazadas, en educación integral, sin tabúes y sin mezquindades, en
dar alimento a las mujeres que se mueren de hambre.
El problema
de la mujer en la Argentina es que se muere de hambre; hay quinientas
veinticinco muertes por año, se mueren de hambre, pongamos alimentos en sus
bocas. Esto es parte del fracaso que tenemos como sociedad; esto es lo más
urgente.
También
quiero decir que para mí no es fácil asumir una postura desde el contexto
político y social en el que he vivido en las últimas semanas. ¡A los que me
quieran linchar en las redes sociales, que me linchen! ¡No tengo problema! (Aplausos.)
Tengo muy en claro cuáles son mis
limitaciones y contradicciones como ser humano. Así que no tengo problemas por
ese lado.
Pero
quiero decir que todo este debate tendrá sentido para la Argentina si mañana
los verdes y los celestes, unos y otros, somos capaces de juntarnos para
movilizar al país a fin de que entre todos tomemos la decisión de defender la
vida y la salud pública no solamente respecto de la mujer, sino también de ese
embrión de catorce semanas.
La
definición de un pueblo no puede empezar sacrificando esto. Esta es la premisa
que tengo en mi corazón. Este es mi convencimiento profundo, porque después no
hay más pelea, bandera que levantar, y nada que hacer, si claudicamos en este
último mandato de la política de un Estado o de un país, que es la lucha por la
vida.
Entonces,
me podrán decir legítimamente –como lo han hecho- que mi posición no tiene
ningún grado de verdad, y lo acepto; que puedo estar equivocado, y lo acepto;
que puedo ser un retrógrado, y lo acepto; que voy contra la corriente, y lo
acepto. Pero a esos les digo que quiero que mi voz suene para el futuro de la
Argentina cuando se hable de dignidad humana, porque he sido una persona
coherente ante la defensa de la vida, la justicia y la dignidad de las personas.
(Aplausos. Varios señores diputados
rodean y felicitan al orador.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada Sapag, por Neuquén.
Sra.
Sapag.- Señor presidente: los legisladores
tenemos la obligación de representar no solo a quienes nos votaron, sino también
a quienes no lo hicieron. Pero también tenemos la obligación de venir a este
recinto a hablar en nombre de los que no tienen voz ni voto, pero que merecen
ser tenidos en cuenta y en consideración en este debate. No vaya a ser cosa que
tengamos la tentación de pensar que tenemos derecho sobre la vida del otro, con
el agravante de que el otro está indefenso.
En la posmodernidad y en tiempos de la
posverdad la “sociedad líquida” nos puede llevar a pensar que tenemos derecho
sobre la vida de los demás. Así, vemos esclavitud en el trabajo, trata de
personas, acoso o abuso sexual y tantas otras situaciones traumáticas para la
vida de las personas.
Cuando
se interrumpe un embarazo, cuando se decide sobre la vida de un tercero, ya no
hay vuelta atrás. No podemos devolver el bebé a la vida, porque de eso estamos
hablando.
En este punto estoy convencida de que
los diputados hoy nos debemos preguntar
en qué marco tenemos que legislar. La respuesta debería estar en lo
que establecen la Constitución Nacional y los pactos internacionales que
nuestro país ha suscripto.
En
este contexto, como lo han manifestado claramente diputados preopinantes, este
proyecto de ley viola el respeto debido al ser humano, que es tal desde la
concepción, como ha sostenido la Academia Nacional de Medicina, y vulnera su
dignidad y derechos fundamentales, como ha declarado la Academia Nacional de
Derecho y Ciencias Sociales.
¿Este proyecto resuelve los verdaderos
problemas que llevan a la mujer a tomar la decisión de interrumpir un embarazo?
En lugar de estar debatiendo un tema que divide a la sociedad en opiniones
dispares y diferentes, deberíamos estar legislando sobre políticas públicas que
aborden la cuestión desde la información adecuada, la prevención como sistema y
la misión indelegable del Estado de educar para el ejercicio de la
responsabilidad plena de cada habitante de nuestro país.
Entonces, ¿una mujer está eligiendo
libremente o discutimos un proyecto de ley para ocultar que no logramos atacar los
problemas de fondo?
Considero que cada aborto en nuestro
país es una evidencia de que seguimos llegando tarde, de que el gobierno y las instituciones
no hemos hecho nuestro trabajo y de que si estamos en este punto es porque
hemos fracasado como sociedad y dirigencia política.
Es
un momento para reflexionar y preguntarnos: ¿qué hice yo? ¿Qué hicieron ustedes? ¿Qué hicimos en
materia de políticas públicas para construir una sociedad justa, con
oportunidades y posibilidades para todos?
Frente
a situaciones de vulnerabilidad y desamparo es preciso que haya alternativas al
aborto. Los legisladores debemos trabajar seriamente en ello, al tiempo que nuestro
voto tiene que ser fundado y no demagógico.
Toda vida vale. La vida debe ser
respetada y protegida por encima de todo y de todos.
Debemos brindar respuestas concretas y
contención médica, psicológica y económica a las mujeres que se encuentran en
una situación difícil. Tenemos que permitir el desarrollo de las dos vidas.
En lugar de legalizar el aborto, debemos
comprometernos a facilitar la adopción desde la concepción y otorgar seguridad
social especial para la madre y el niño en situación de vulnerabilidad.
Una
cosa es comprender la situación que puede atravesar una mujer ante un embarazo
no deseado y buscar las alternativas para poder ayudarla, y otra muy distinta
es que la sociedad y el poder político decidan y opten por sancionar una ley que
afecta a un ser humano: el niño por nacer, que posee nuestra misma dignidad y
no tiene modo de defenderse. Es posible y debe ser posible actuar en una línea
positiva.
Creo
que también debemos preguntarnos cuál es el rol que le damos al padre
en esta discusión. Nuestro
Código Civil y Comercial establece en su artículo 101 que los padres son los representantes
de la persona por nacer. Por lo tanto, resulta inconcebible que no se contemple
la responsabilidad del padre en las decisiones que se tomen en representación del menor.
Si
la decisión es solo de las mujeres, los varones quedan liberados no solo de
derechos, sino también de obligaciones. En consecuencia, alentar las políticas abortistas no es más que
seguir cargando de responsabilidad únicamente
a la mujer.
En la provincia de Neuquén, a la que represento, la
política sanitaria defiende y protege la vida mediante la aplicación de planes
nacionales y provinciales enfocados al cuidado de la madre y el niño.
También
se han implementado consultorios donde se brinda toda la información que las
mujeres deben recibir en los casos de aborto no punible, para
que las mujeres sean realmente libres a la hora de tomar una decisión,
recibiendo la información completa en materia de procedimientos y
consecuencias. Que falta, siempre falta.
En
este contexto, como argentinos debemos preguntarnos qué sociedad queremos: ¿de
inclusión o de exclusión? ¿De marginación o de integración? ¿Con una cultura
del individualismo o con una cultura de la solidaridad? ¿Qué valores queremos
que distingan a nuestra sociedad, a nuestra Nación?
Hace
mucho tiempo Marco Denevi nos definió como un país adolescente. Por su parte, Ortega
y Gasset nos propuso: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas!”. En este
sentido, madurar tanto en lo individual como en lo colectivo es hacerse
responsable de los actos.
Una política de salud implica una
sexualidad responsable y, en consecuencia, una maternidad y paternidad
responsables. Eso significa respetar y valorar el derecho a nacer, el derecho
al milagro que es la vida.
Debemos
generar las condiciones mínimas para que se respeten los valores básicos de la
sociedad, como son la vida y la familia, y que ello configure el contexto
posible para el amor y la felicidad.
La
mujer embarazada necesita acceso a la equidad y a la salud en condiciones
óptimas. Una mujer embarazada, esté donde esté, necesita que sea verdad el
principio de que hay igualdad de oportunidades.
En
el proyecto de ley se plantea el derecho al aborto libre, irrestricto y
gratuito. Al respecto, pregunto de dónde saldrán los recursos para hacer frente
a lo que esta propuesta exige. Toda ley debe prever la partida presupuestaria
correspondiente para su ejecución. Por ello pregunto si se hizo el cálculo
presupuestario de los fondos necesarios para cumplir con la obligación que este
proyecto impone.
¿Se
pidió autorización a las legislaturas provinciales para responder con los
presupuestos provinciales?
¿Cómo
es esto? Los legisladores nacionales les decimos a los hospitales públicos
provinciales “vayan y háganse cargo”. Después no vengamos con discursos sobre
la reducción del déficit fiscal en las provincias.
¿Los
hospitales públicos están todos equipados con el instrumental apropiado y con
los profesionales suficientes como para cubrir la demanda de intervenciones que
esta ley generará?
¿Cuál
es nuestro desafío? Legislar en favor de las mujeres y de la maternidad.
Mejoremos nuestras leyes, facilitemos la adopción antes del nacimiento,
promovamos la implementación eficaz de nuestros programas de educación sexual
integral, capacitemos para la decisión responsable de concebir un hijo,
implementemos debidos protocolos de atención física y psíquica a las mujeres y
a su entorno familiar durante el desarrollo del embarazo, pero no nos olvidemos
de respetar nuestra Constitución y, sobre todo, la vida.
La
responsabilidad penal que el proyecto de ley piensa atribuir a médicos y
directores de hospitales generará planteos judiciales de inconstitucionalidad,
lo que acarreará más confusión y demandará más presupuesto para que el Estado
responda a esos infinitos reclamos.
La
democracia exige defender los derechos fundamentales. Además, no se deben
olvidar las razones de la existencia del Estado y del contrato social. Una cosa
es despenalizar el aborto y otra distinta –gravemente distinta- es penalizar a
quienes no quieran hacerlo en función de sus convicciones y creencias. Me
pregunto cuál es la libertad de culto que pregonamos y abrazamos, en este caso
con absoluta hipocresía, si cuando redactamos un proyecto de ley le decimos a
un ciudadano: “Vos elegí la religión que quieras en la Argentina, pero si sos
médico tenés que renunciar a dicha libertad y hacer lo que nosotros, los
legisladores, te ordenemos”. Esta es la expresión más clara de un intento
autoritario por coartar la libertad individual y obligar a estas personas a
renunciar a sus convicciones.
También
es absolutamente inconstitucional, porque desconoce el derecho a la vida y el
derecho a la libertad de conciencia, consagrados en nuestra Carga Magna.
Lamento
muchísimo que hoy estemos en este recinto socavando las bases del contrato
social y del funcionamiento de la democracia, desconociendo las normas
fundamentales de nuestra Nación.
Comprendamos
que las dos vidas valen; las dos vidas importan y ambas deben ser respetadas y
protegidas.
Los
argentinos, con vocación de servicio y solidaridad, podemos construir una
sociedad en la que la dignidad, la libertad y el desarrollo personal,
espiritual y material de cada persona sea una realidad. La defensa de la vida y
de la libertad son dos valores que inspiraron a los constituyentes y están
consagrados en nuestra Constitución Nacional y en las Constituciones
provinciales. Estas leyes fundamentales, desconocidas y violadas por este
proyecto de ley, contienen en su letra los argumentos más importantes para
fundamentar mi rechazo a esta iniciativa. Mi convicción es legislar a favor de
la vida y de la libertad. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada Rodenas, por Santa Fe.
Sra.
Rodenas.- Señor presidente: le voy a pedir
autorización para leer un resumen de lo que fuera un caso ‑uno de tantos‑
que tramitara por ante el Juzgado del que fui titular durante casi 18 años en
la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe.
Aclaro
que he preservado ‑como éticamente corresponde‑ todos aquellos
datos que pudieran afectar a las personas oportunamente involucradas.
Son
las cinco de la mañana de un día del año 2010. Del otro lado del celular una
voz distante me informa que en el centro de salud de una localidad vecina a
Rosario, pero que pertenece a nuestra competencia territorial, ha ingresado una
femenina de 16 años en una ambulancia del SIES, acompañada por su madre, con un
cuadro convulsivo que no le permite hablar y una fuerte hemorragia que hace
suponer que ha sido objeto de una práctica compatible con un aborto.
La
acompaña su madre, femenina que dice desconocer qué le pasa a su hija, que hace
una semana que está con fiebre y que ha sido medicada con un antifebril.
Señala
que en el día de la fecha la fiebre aumentó considerablemente y que la encontró
desvanecida en el baño sobre una gran mancha de sangre.
Agrega
que el médico de guardia sugirió que fuera derivada inmediatamente a un centro
de alta complejidad.
“¿La
derivaron?”, pregunto a quién me lee el parte preventivo. “Sí, doctora”, me
contesta una voz distante, “pero me dice el médico de guardia que el cuadro es
crítico y, para colmo, la madre no habla. Dice que no sabe nada ¿Vio cómo son?
No abren la boca”.
“¿Nada
de qué?”, le pregunto.
“Nada
de| aborto, doctora. Me dice el médico que apenas la examinó se dio cuenta de
que tenía puesta una sonda. Usted sabe lo que les hacen a estas chicas.”
El
lenguaje del agente policial que hacía la consulta no fue la causal de mi
enojo, ni la habitual pregunta que seguiría a la descripción del estado de la
madre: “no larga prenda”, “usted vio”, “protegen a la hija”, “protegen a la
abortera”, en una clara referencia que ya las estigmatizaba. Mi disgusto surgió
cuando ese oficial, sin la formación requerida para estos casos y obligado por
una legislación vetusta e inquisitorial, pregunta: “¿A qué hora le mando a
pedir las órdenes de allanamiento? Usted vio, doctora, si vamos a la casa
tempranito mientras ellas están en el hospital por ahí encontramos alguna
prueba.”
Una
chica de 16 años se estaba muriendo y el Estado le podía allanar su casa,
porque el Estado lo puede hacer.
Esas
consultas atravesaron mi carrera como jueza penal de la ciudad de Rosario.
Confieso que las primeras veces mi enojo estuvo dirigido, en más de una
ocasión, a quien desde el otro lado del teléfono repetía monocorde y despojado
de cualquier tipo de sensibilidad el precario protocolo que objetiva una
escena, la escinde de sentido y la ubica como un hecho más, que debe ser
aclarado en el marco de una investigación penal que pretende encontrar responsables
directos e indirectos, cadenas de complicidades y encubrimientos. Incluso, aun
encontrándose frente a una joven que va camino a un centro de alta complejidad
en el cual intentarán salvarle la vida, el Estado insistirá en buscar algún
rastro domiciliario que nos lleve a la verdad.
“No
haga nada, oficial”, le digo. “Me llama apenas sepa cómo evoluciona. Y algo
importante, oficial: ¿cómo se llama la joven?
“Se
llama Julia, doctora. Dice la madre que se llama Julia, aunque no tienen el
documento.
“Deje
a esa mujer en paz, oficial. Deje que acompañe a su hija en la ambulancia y me
llama en un par de horas.
“¿No
allanamos?
“¿Alguien
le prohibió a usted el acceso a la casa?
“No, doctora, están los dos hermanitos
más chicos con una vecina. El padre es viajante.
“Entonces, oficial, ¿cuál es el
sentido de allanar? Pídale a la vecina que no toque
nada y esperemos unas horas a ver cómo evoluciona el cuadro de Julia.
“Otra cosa, doctora.
“Sí, lo estoy escuchando.
“Me dicen los pibes de la cuadra que
no es de las ‘rápidas’, que es de las buenitas. Va al colegio, está en cuarto año.
Digo por si usted quiere saber de qué clase de piba estamos hablando.
“¿A usted le parece, oficial, que esos
detalles que usted nos está brindando son relevantes? Preserve la prueba, trate
que los hermanitos no vean la escena del baño y apenas le den el primer parte médico,
nos avisa.
“Tres horas después, el oficial llamó.
Julia había muerto. Ingresó muerta al hospital, la madre no para de llorar, no quiere
declarar, la vecina tiene miedo, uno de los
hermanitos vio más sangre en la habitación, y el padre
está en camino de regreso.”
La joven muerta se llamaba Julia y
tenía 16 años.
Sangre, muerte y clandestinidad.
Un médico de guardia angustiado e impotente,
una madre amorosa que medicó a su hija con ese jarabe para bajar la fiebre.
“¡Qué raro, Julia! ¿Te duele la
garganta?
“Para mí es la regla, a veces viene
con fiebre y esos dolores….
“Eso se hereda.”
Sangre, muerte y clandestinidad.
La inocencia de esos padres que cuando
pasados los primeros días vinieron a declarar al juzgado y brindaron uno de
esos testimonios que nunca voy a olvidar.
En aquel tiempo no imaginé que iban a
ser el sostén de mi intento de echar luz sobre los velos que se han tendido
para que una ley no solo despenalice las conductas que anteriormente
describiera, sino que acompañe un proceso de legalización que destierre
definitivamente estos escenarios de extremo dolor.
Extremo dolor y precarización
conceptual: la simbiosis que acompaña desde distintos ámbitos a una
problemática que debería ser tomada por el Estado como una de sus políticas
centrales de salud pública.
Sangre, muerte y clandestinidad, eso
elegimos, señor presidente.
“La madre de Julia llora y se
avergüenza.
“Su testimonio cargado de silencios, de
austeridad y de temor de quien, además de haber enterrado a su hija hace una
semana, supone que puede quedar implicada en una causa penal.
“Doctora, me dice, tengo dos hijos
más, yo le juro que no sabía nada. Vaya a saber quién le pasó el dato de la
abortera.
“Le explico que nada le va a pasar,
que ya veremos…” Veremos cómo avanza la investigación, “…que no tenemos más
evidencia que los comentarios del barrio, que de a poco iremos hablando con sus
amigas, que se calme, que cuide de sus hijos.
Doctora, me dice la madre, “¿Sabe lo
que más me duele? Que no me di cuenta. Que estuvo peleando solita contra todo
esto. Que cuando yo me iba a hacer los mandados me dijeron que compró dos
paquetes grandes de algodón en el kiosco de la esquina. Que le dolía mucho. Que
el jarabe que le doy a los chicos no le hizo nada.
“Que se me fue muriendo enfrente de
los ojos. Y usted vio, como es la vida: la casa, los chicos, la plata que no
alcanza y mi marido viajante. Una no puede con todo.
“Pero si ella me hubiese dicho, yo la
habría acompañado. ¿Cómo se me va a morir así mi Julita? Usted vio cómo están
las amigas y el noviecito.
“¿Quién tiene la culpa, doctora?”
La culpa, señor presidente, ¿quién
tiene la culpa?
Julia, una adolescente santafecina que
murió producto de un aborto practicado en condiciones de salubridad
deficientes, que pasó los últimos días de su vida entre el miedo y el dolor,
entre la angustia y un mutismo que solo pudo quebrar cuando, a bordo de una
ambulancia, era llevada a un centro de alta complejidad en el cual no pudieron
salvarle la vida porque estaba séptica. Esta última palabra fue sacada textual
de la autopsia.
La culpa, reitero y se lo digo a una
madre que debería estar siendo asistida y contenida por un programa de salud,
es de un Estado que elige penalizar cuando podría legalizar.
La culpa es de un Estado que elige o
permite que la clandestinidad se haya naturalizado.
La culpa es de un Estado que
distorsiona sus objetivos cuando quiebra el mandato para el cual ha sido
organizado.
La culpa es de un Estado que viola la
libre elección de sus ciudadanas y ciudadanos sobre el ámbito privado que
implica su propio cuerpo.
La responsabilidad es de un Estado que
asume con sus discursos simplificadores, en los que se suele caer, cuando se
confunde el orden jurídico con el orden moral. Cuando apela a la metafísica
perturbando el juicio crítico y suponiendo que esa verdad, por válida que sea,
puede erigirse en un vector universal sin fisuras, sin quiebres, sin matices,
sin diferencias.
Nuestro Estado, señor presidente, tiene
la obligación de proveer a la sociedad de una herramienta eficaz, que deje de
lado los dilemas morales que cada uno de nosotros podamos tener y con los
cuales tenemos que convivir y hacernos cargo para dar paso a una legislación
abarcativa e inclusiva, de modo tal que no la utilice aquel que no esté de
acuerdo con sus preceptos, y en caso de considerar que coincide con aquello que
la ley prescribe, haga uso de sus consideraciones y se sienta amparado en sus derechos.
Legalizar una conducta, señor
presidente, nunca implicará promoverla o incitarla.
Ninguna ley de estas características
obliga a nadie a hacerla propia. ¿Por qué? Porque nadie hará aquello en lo que
no cree o no desea.
Si legalizamos aquello que hasta hoy
han sido prácticas clandestinas, si nos atrevemos a pensar que un Estado
moderno no debe clausurar los dilemas morales sino que los debe ubicar en la
intimidad de cada sujeto. Si entendemos que se recurrirá a estas prácticas en un
marco de protección y amparo, exigiendo la plena vigencia de la ley de educación
sexual integral, hoy incumplida y desfinanciada. Si todo ello ocurre, señor
presidente, estaremos contribuyendo a sancionar una ley que, como toda norma,
implica hacerse cargo de las demandas y tensiones preexistentes en toda
sociedad.
Será la libre decisión de quien hace
uso de esa ley la que le otorgue el sentido último que, en definitiva, es tan
simple como enorme: evitar la sangre, la muerte y la clandestinidad.
Por Julia, señor presidente, por todas
las Julias que me tocó conocer siendo jueza, y por todas las Julias de la
República Argentina. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor diputado
Ramos, por Santa Fe.
Sr. Ramos.- Señor presidente: sin dudas creo que todos los que estamos acá
queremos lo mismo, la vida. Nadie puede discutir esto. Estoy convencido hasta
de parte de aquellos que han tenido un discurso más vehemente. Repito: todos
queremos lo mismo.
En cuanto al caso que comentó la señora
diputada Rodenas, esto es lo que está pasando mientras nosotros hablamos.
Podemos debatir y dar distintos argumentos pero esto está sucediendo. No es la
expresión de un diputado sino la de miles de mujeres y de hombres también. No
se trata únicamente de una discusión de género.
Por
eso, cuando escuchaba decir acá que no había estadísticas, está claro que no
hay estadísticas oficiales, como a todos nos gustaría, pero el Ministerio de
Salud ha dado datos. Organizaciones internacionales brindan datos de esta
problemática. Como decía la diputada Rodenas, estas cuestiones pasan, no son un
invento.
Estamos
hablando de que se producen entre 370.000 y 500.000 abortos por año. Estamos
hablando de que en 2016 murieron 245 mujeres por embarazos, de los cuales 43
fueron embarazos que terminaron en un aborto.
Estos
datos ponen al aborto como la principal causa de mortalidad materna en la
Argentina. Estamos hablando ‑lo dijo el diputado Filmus con muchísima
precisión- de que desde el regreso a la democracia han muerto más de 3.000
mujeres por abortos inseguros.
En
2013, 49.000 mujeres se internaron en hospitales públicos por cuestiones
relacionadas con esta problemática. Más precisamente, se hospitalizaron 135
mujeres por día por ello, entre las cuales dos de cada diez tenían menos de 19
años y tres de cada diez tenían entre 20 y 24 años.
Otro
dato que no es menor es que cuando analizamos los informes estadísticos vemos
que el 73 por ciento de los abortos realizados correspondían a mujeres casadas
o en unión civil; quiere decir que solo el 27 por ciento no vivía en pareja.
Este no es un dato menor y contradice muchos de los prejuicios con los que nos
manejamos.
En
2015, el 15 por ciento de los nacimientos correspondieron a madres adolescentes
menores de 19 años, y no voy a hablar de la problemática de las más jóvenes.
Nos
llaman y nos dicen: ¿vos votás a favor de la vida? Así, parecería que lo
contrario fuera estar a favor de la muerte.
Acá
todos estamos a favor de la vida. No hay un dirigente político que sea
contrario a esto, por más diferente que piense. Lo que está claro es que esto
pasa, que es una realidad en nuestro país, y mientras nosotros continuemos con
una legislación de estas características que no ataque el problema, seguiremos
llevando a la clandestinidad a miles de mujeres. Esto tiene que ver con el
fracaso normativo y, en definitiva, de la política.
Después,
uno puede echar la culpa a algún ministro o presidente, buscar responsables.
Unos argumentan a favor, otros en contra.
Hoy
estamos acá para hacernos cargo de un problema que sucede en la realidad, que
consiste en que miles de mujeres van a la clandestinidad porque la política no
ha querido dar un tratamiento a este tema.
No
voy a hablar como padre de dos hijos o como hombre de familia sino desde la
responsabilidad que tengo como legislador. Estoy convencido de que hay que
trabajar en una modificación de la legislación, ya que la actualmente vigente
llevó a la clandestinidad, con datos que se pueden querer desacreditar o no, pero
cualquiera que vive en nuestro territorio y va a los hospitales sabe que esto
pasa. Si el movimiento de cientos y miles de mujeres no ha podido detenerse es
porque realmente muestra que esto está pasando en nuestra sociedad.
Por
eso digo que es responsabilidad de todos nosotros trabajar en una legislación
mejor, no para que haya más abortos, como dicen. Justamente, cuando en derecho
comparado analizamos lo que sucede en otros países, vemos que con esta
legislación la Argentina genera seis veces más abortos por cada mil mujeres que
los países que hoy lo tienen legalizado.
La
negativa a tratar esta problemática está llevando a la clandestinidad a cientos
de mujeres que no pueden decir públicamente lo que ahora dicen, que antes de
tomar la decisión de interrumpir el embarazo no pueden tener un momento de
reflexión o de contención.
El
último proyecto de ley, a diferencia de los proyectos originarios, establece
consejerías en su artículo 8º. Se trata de un proyecto superador de los que
veníamos considerando.
No
voy a ser indiferente. Para justificar mi voto no voy a hablar de casos
particulares ni recurrir ‑como lo han hecho otros diputados, y es válido‑
a ejemplos que son muy conmovedores. Simplemente quiero brindar las razones por
las cuales voy a acompañar este proyecto. Creo que es una necesidad y un
derecho de las mujeres tener un tratamiento adecuado y una consulta antes de
realizar la intervención, como pasa en otros países, cosa que ha permitido
cambiar su postura.
Si
esto permanece en la clandestinidad no hay nada que se pueda hacer. Y lo que es
peor, no hay manera de que el Estado, al no contar con información real,
objetiva, tenga insumos para mejorar las políticas públicas.
Dicen
que acá todos estamos hablando de las políticas públicas. Pero si en el
Congreso de la Nación decimos que no hay datos, hagámonos cargo y generemos una
legislación que brinde al Estado las herramientas para atacar este problema
que, nos guste o no, pasó, pasa y seguirá pasando.
No
quiero entrar en discusiones. Mantengo el mayor respeto por muchísimos
compañeros que en esto pensamos distinto pero que hemos peleado juntos en este
Congreso por las cosas importantes con la firme convicción de una patria
grande, donde entremos todos los argentinos. Por eso trato de ser muy respetuoso
en este tema, pero eso no significa escapar a la discusión.
Estoy
a favor de una nueva legislación que sea una herramienta para que las mujeres
puedan contar con un tratamiento adecuado y un ámbito de reflexión,
estableciendo también un registro que para el Estado sea un insumo para
elaborar políticas públicas.
Esto
se ha llevado al extremo, y muchos han manifestado haber recibido presiones. En
realidad, todos tenemos presiones. El que no quiera tenerlas, que no sea
dirigente político, ni en un municipio ni en ningún ámbito. Acá se discuten y
se defienden intereses. (Aplausos.)
Personalmente,
siempre fui consecuente con los intereses de donde provengo, de mi pueblo, mi
ciudad, mi provincia y por supuesto de la patria. Así fui formado.
Dicen
que estamos en contra de la vida. No, estoy a favor de la vida. Soy hijo de dos
profesionales de la salud que fueron claramente coherentes con la solidaridad.
Me enseñaron el peronismo de la ejemplaridad, no del discurso.
A
algunos les gusta hablar de la pobreza, pero cuando ven a un pobre en un
semáforo suben el vidrio rápido para que no se les acerque.
A
mí no me criaron de esa manera. Por eso no me corro de esta discusión. Durante
todo el tiempo que se debatió este tema fui muy respetuoso. No es que no tuviera
postura; siempre la tuve y muy clara, pero no quise generar disputas entre los
propios compañeros. Por eso hoy estamos en el recinto dando la discusión y
acompañando este proyecto.
Ya
les conté quiénes eran mis padres. A su vez, soy padre de dos hermosos hijos
que me ha dado esta vida, y tengo diez sobrinos, así que no me pueden decir que
no estoy a favor de la vida. Estoy a favor de la vida, de una patria grande que
incluya a todos los argentinos, pero este no es un asunto de discurso sino de
acción política. Por eso necesitamos una ley nueva que defienda los intereses
de las mujeres y dé herramientas al Estado para que a través de la educación,
la salud y el desarrollo social pueda mejorar la realidad de todos los
argentinos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Olmedo, por Salta.
Sr.
Olmedo.- Señor presidente: he escuchado con mucha
atención a todos y valoro el trabajo que se ha realizado durante estos dos
meses, pero la solución del aborto es matar al niño por nacer; entonces, hemos
vuelto a fracasar, ha fracasado la historia de la Argentina. ¿Qué ha fracasado?
Los valores como el respeto y la ética, los valores de la mujer, la
responsabilidad del hombre. Donde hay un embarazo hay una mujer pero también
intervino un hombre, no lo dejen de lado. Todos tenemos vida. Curiosamente,
todos los que estamos acá debatimos este tema teniendo vida. No enterremos el
futuro de la Argentina matando a los niños por nacer. Hagamos las leyes para
que nuestros hijos tengan un país distinto, la Argentina con la que todos nos
comprometimos, una Argentina de valores, de igualdad de oportunidades, no de
igualdad de muertes.
Hay
quienes comparan el aborto con algo seguro. ¡Seguro que se muere un chico! ¡No
tengan dudas! Y posiblemente ponemos en riesgo también a la madre. Mencionan
asimismo la palabra “gratuito”. ¡Gratuito no hay nada! Lo pagamos entre todos
con los impuestos. ¿Vamos a pedir dinero al Fondo para pagar los abortos? No,
yo no voy a permitir eso.
Por
un lado tenemos la Asignación Universal por Hijo a favor de la vida, que
representa un acompañamiento a la madre. Algún dirigente político dijo que
gracias a esa asignación tenían muchos hijos. ¡Por supuesto! La gente humilde
tiene valores y no aborta, no le hace falta la clandestinidad porque le da
valor a su hijo, porque su hijo es una esperanza de vida para salir de la
pobreza.
Ahora
están queriendo una ley amparada en los pobres pero para los ricos. Les explico
lo que va a pasar. Ya existe una clínica, que aparentemente pertenece a mucha
gente que está propiciando el aborto en este Congreso Nacional y en los canales
de televisión, donde están preparados para hacer ese negocio. Va a venir la
gente con plata para hacerse el aborto y, como ya no va a estar penalizado, no
va a sentir ninguna culpa. Pero detrás de eso hay un negocio encubierto, que
tiene que ver con las células. Tengamos respeto por la vida del ser humano. No
hagamos negocio con la muerte. Por eso, con todo respeto, si se aprueba este proyecto
voy a pedir un cementerio para las víctimas del aborto. Es más, voy a ser muy
duro, y espero que lo tomen con la responsabilidad con la que lo estoy
diciendo: tendrán que cremar a los chicos por nacer para que nadie haga negocio
con ellos. No se los voy a permitir. En la Argentina de las libertades no
podemos vivir en libertinaje. Debemos saber respetarnos los unos a los otros.
Respeto el movimiento de las mujeres, Ni Una Menos. En cada aborto seguramente
se va un varón o una mujer. (Aplausos.)
¡De qué respeto me hablan a Ni Una
Menos, si con el aborto están matando a las propias mujeres!
En
esta Cámara de Diputados, tanto en mi gestión anterior como en esta he
presentado soluciones antes que problemas. ¿Cuáles son esas soluciones?
Adopción desde el vientre para que esa madre que dice tener un embarazo no
deseado, con la conformidad del padre pueda dar a su bebé en adopción. No hay
que dejar de lado a los padres, porque curiosamente cuando tienen hijos, muchas
mujeres los buscan rápidamente para que se hagan cargo de todos los gastos,
pero no los buscan cuando quieren matar a ese niño por nacer. El padre también
es responsable.
Entonces,
que esa mujer que tiene un embarazo no deseado se anote en un banco de datos
con la intervención de la Justicia, de manera que cuando nazca ese bebé ya
tenga una familia que lo adopte. Además, esa adopción debe ser plena; no demos
vueltas: que ya desde el primer día ese bebé sea de esa familia. Si no, el
padre tiene derecho a criarlo, de la misma manera que la madre. Ninguna ley va
a prohibir a nadie en la Argentina criar a su hijo. Espero que no se apruebe
una ley que permita matar legalmente, porque tanto en el aborto legal como en
el ilegal seguro que muere una persona. No hay aborto seguro. Existen casos
emblemáticos de gente que se murió por una simple operación; entonces, imaginen
lo que puede suceder con un aborto, donde hay un niño que pelea por su vida.
Quiero
decirles a todos que la vida de un niño es única, no es ni del padre ni de la
madre. El padre y la madre tuvieron la decisión de tener relaciones sexuales
por amor o sin amor, pero a partir de la unión de las dos células la vida del
hijo es del hijo y nadie tiene la potestad de quitársela.
Quiero
una Argentina profunda, con valores, con respeto, con distintas ideologías, las
respeto a todas. También respétennos a quienes acá juramos por Dios y los
Santos Evangelios desempeñar nuestro trabajo. Si alguien juró por Dios y los
Santos Evangelios y hoy vota en favor del aborto, le pido que por favor renuncie,
por ética, porque no está cumpliendo con su juramento y con el pueblo argentino
en su conjunto.
Muchos
partidos, como el mío y el Justicialista, siguen la doctrina de la Iglesia.
Allí está claro: en ningún lado dice que se puede matar al niño por nacer.
Yo
soy cristiano, evangélico, con mucho honor. Está la Iglesia Católica, el
judaísmo, distintas religiones. Creo que ninguna de ellas permite matar al hijo
por nacer. Entonces, respetemos todas las vidas. Seguramente todas las
religiones tienen este testimonio.
Vengo
luchando por la vida desde antes de ser diputado de la Nación. Agradezco a mi
padre y a mi madre, que me dieron la vida. Soy un agradecido. También agradezco
a los miles de manifestantes a favor y en contra, porque como tienen vida se
pueden expresar.
Veo
particularmente que en un sector de quienes se manifiestan hay menos mujeres.
¿Saben por qué? Porque están criando a sus hijos, los están conteniendo, les
están dando amor. Valoro mucho eso. No están pidiendo que se apruebe una ley
que les permita terminar con la vida de un niño por nacer producto de una noche
de pasión.
El
respeto por la vida es uno solo y el aborto significa exactamente lo mismo en
todos los lugares del mundo: una vida.
Para
finalizar, quiero dirigirme a usted, presidente Macri. Usted planteó que está a
favor de la vida, cosa que respeto. Así lo expresó durante la campaña y así lo
manifestó públicamente, como también lo dije yo. Ya vetó la ley de tarifas y
nos apagó la luz a muchos argentinos. Vete también la ley del aborto, si es que
se aprueba. ¡No les apague la luz de la
vida a los argentinos que vienen! Que Dios los bendiga. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Pereyra, por Córdoba.
Sr.
Pereyra.- Señor presidente: hablaré en nombre de
mis compañeros del interbloque Frente para la Victoria‑Partido
Justicialista‑Concertación FORJA.
Hoy
es un día histórico para el Congreso de la Nación. Sin duda, estamos analizando
un proyecto de ley de alto impacto social sobre el que existen distintas
posturas y opiniones basadas en fundamentos jurídicos, científicos,
sociológicos y filosóficos. Hablamos de una problemática que ha sido muy
debatida en la sociedad argentina.
La
iniciativa que impulsa la legalización del aborto se sustenta en el derecho de
la mujer de decidir ‑o en el derecho a la salud‑, siempre en la
lógica de respetar la autonomía de esa mujer. Sin embargo, debemos tener
presente que esa decisión implica la eliminación del concebido no nacido.
El
doctor Abel Albino sostiene lo siguiente: “No tienen potestad porque no es su
cuerpo, está adentro de su cuerpo que es distinto.”
Los
proyectos en debate ponen sobre la mesa la tensión entre dos derechos: el de
decidir que tiene la mujer, frente al de nacer que tiene su hijo. Libertad y
derecho a la vida. Nosotros debemos buscar siempre salvar las dos vidas.
Hablemos
a continuación del derecho a decidir como expresión de libertad de la mujer.
Decidir es llevar a cabo determinado acto voluntario. Precisamente, en uno de
los momentos de ese acto –la elección‑ es cuando tiene lugar el acto de
libertad.
La
libertad, entendida como capacidad de decidir sin coacciones externas o
internas, perfecciona a la persona porque implica el dominio de la voluntad
sobre su propio acto. La persona se convierte así en árbitro de sí misma. Por
eso, algunos filósofos sostienen sabiamente que “en la libertad, elegir es
elegirse”.
Ahora
bien, dado que la libertad está en el centro argumental de los proyectos sobre
legalización del aborto, es necesario aclarar algunas desviaciones actuales de
ese término.
Primero,
la libertad no es una tercera facultad que viene a completar la inteligencia y
la voluntad de la persona, sino que es una característica de ciertos actos de
la voluntad. Metafísicamente es definida como un accidente de tercer grado
porque la sustancia es la persona. La voluntad es una de las facultades y el
acto volitivo procede de ella. En algunos casos, ese acto volitivo es libre.
Segundo,
por influjo de la modernidad, actualmente la libertad dio un giro sobre su
centro y pasó a ser entendida como una meta en sí misma. Ya no es asumida como
un instrumento necesario en toda acción humana, sino como un fin en sí misma. A
veces, esto lleva a que nos conformemos con elegir, sin reparar en qué
elegimos. Este punto es crucial para entender que, en nombre del derecho a
decidir –es decir, de la libertad‑, se pretende eliminar una vida humana
en su etapa inicial.
Tercero,
la libertad también se desfigura cuando, al ser sobredimensionada, pasa de
accidente a sustancia. La libertad no es absoluta; es relativa.
El
otro derecho en tensión, cuando nos referimos a la legalización del aborto, es
el derecho a la vida del concebido no nacido.
Comencemos
despejando una duda que siempre surge cuando hablamos del aborto. ¿Hay vida en
el embrión humano? Para responder a este interrogante, es imprescindible que
recordemos el significado del término “vida”, a fin de poner orden en las
palabras y entender de qué estamos hablando cuando nos referimos al derecho a
la vida del concebido no nacido.
Para
la antropología filosófica, hay tres nociones que definen la vida. Me referiré
a dos de ellas. Una es la noción vulgar: en virtud de la experiencia común,
vinculamos la noción de vida al movimiento. Es la experiencia del niño, para
quien todo lo que se mueve tiene vida. La otra es la noción filosófica de la
vida: parte de la noción vulgar y se extiende a todo cambio, visible o
invisible. La vida es cambio, y en este punto debemos agregar tres conceptos
para llegar a la noción filosófica: movimiento inmanente, ya que permanece en
el sujeto viviente; espontáneo, porque el cambio se suscita naturalmente frente
a los estímulos. En este sentido, se puede afirmar que la reacción del sujeto
viviente es conforme a su naturaleza; automoción o autogestión, porque el
movimiento es atribuido al propio viviente y no a una causa externa.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sr.
Pereyra.- Estas notas nos permiten definir
filosóficamente la vida como: “toda actividad del viviente que procede de la
interioridad del mismo.”
En
definitiva, llamamos “viviente” a la individualidad sustancial que, en virtud
de su propia naturaleza, es causa eficiente de su propia actividad.
A
la luz de los argumentos vertidos, afirmamos que la vida es esencial al
viviente humano. Arrebatada la vida al viviente, deja de ser tal.
Los
dos derechos en tensión que presenté, el derecho a decidir de la mujer frente
al derecho a nacer del hijo, no son equiparables. Confrontar la libertad de la
madre con el derecho a la vida del hijo no solo es biológica y éticamente
incorrecto sino que encierra un acto de injusticia por la desigualdad entre
ambos derechos. Del aborto no se vuelve.
La
defensa del inocente que no nació debe ser clara y verdadera porque allí está
en juego la dignidad de la vida humana. Toda vida vale, y si nos piden optar
por uno de los dos nuestra respuesta es que apostamos a que ambos vivan.
Veamos
datos de la realidad de la Argentina y de otras partes del mundo. En otros
países ha quedado demostrado que la legalización del aborto tiene un efecto
nulo sobre la mortalidad materna ya que, en realidad, ésta se relaciona con la
prevención y educación, tanto de la mujer como del hombre, y con la
accesibilidad a un servicio obstétrico calificado no solo durante el embarazo
sino también en el momento del parto.
En
la Argentina solo el 44 por ciento de las maternidades públicas cumple con la
totalidad de las condiciones obstétricas y neonatales esenciales, siendo la
disponibilidad de sangre para transfusión la menos cumplida.
Nuestro
país, así como Chile y Uruguay, logró reducir la mortalidad materna, mientras
que la India, donde el aborto es legal desde hace cuarenta y cinco años, registra
más muertes maternas que cualquier otro país.
Polonia,
después de varios años de tener legalizado el aborto, en 1993 lo penalizó; a
partir de ese momento se redujo el número de abortos y la mortalidad materna
también disminuyó. Este país tiene una de las tasas de mortalidad materna más
bajas del mundo, con el aborto penalizado.
Es
necesario, en un tema en el que están en juego vidas humanas, buscar
estadísticas confiables y lo más aproximadas a la realidad, basadas en fuentes
válidas y no refutadas científicamente, como la de 500.000 abortos.
Estos
proyectos de ley legalizarían una violación a la Constitución Nacional y a sus
tratados internacionales, contradiciendo el texto del artículo 75, inciso 22,
que dice: “…la Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su
vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la
primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los
derechos y garantías por ella reconocidos. Solo podrán ser denunciados, en su
caso, por el Poder Ejecutivo nacional, previa aprobación de las dos terceras
partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara.”
¿Otorgará
seguridad jurídica un ordenamiento contradictorio e incoherente que define y protege
a la persona por nacer desde la concepción y por otro lado permite y promueve
que se corte su vida?
Ante
mi negativa a la despenalización del aborto quiero citar al doctor Albino,
quien dice lo siguiente: “Normalmente, la gente habla del aborto, pero nadie ha
visto uno. Yo he visto, he visto chicos destrozados por el aborto en tachos de
basura y en baldes. Hablo de un horror que conozco. Es una práctica criminal
contraria a la moral y a la dignidad de la medicina. Los médicos somos
profesionales del arte de curar. Matar a una criatura indefensa no tiene
justificación.”
Por
todo lo antes dicho, manifiesto mi rechazo al proyecto de despenalización del
aborto porque estoy convencido de que debemos buscar el bien común apreciando
el valor y el significado de la vida humana desde la concepción, ya que hemos
recibido la vida gratuitamente. Pero la vida tiene un valor incalculable, y por
lo tanto toda vida vale.
Señor
presidente: fui criado con mis ocho hermanos en un hogar humilde en el que
fuimos muy felices y en el que mi madre y mi padre nos inculcaron valores y
responsabilidades. Tenemos que aceptar el desafío de construir una patria más
poblada y fraterna, con auténticos argentinos y argentinas capaces de
privilegiar a las dos vidas que tanto necesitamos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Con las palabras expresadas
por el señor diputado, hemos finalizado las participaciones de los bloques.
A
continuación daremos inicio a las intervenciones individuales.
Tiene
la palabra el señor diputado Maquieyra, por La Pampa.
Sr.
Maquieyra.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero celebrar que estemos dando este debate de la manera en que lo estamos
haciendo, es decir, con mucho respeto hacia el otro y escuchándonos. Celebro la
forma en la que muchos argentinos se están manifestando en la calle, expresando
sus ideas y posturas también con mucho respeto. Esperemos que este respeto
prime durante toda la jornada.
Lo
fructífero de este debate lo demuestra el hecho de que estamos poniendo sobre
la mesa que hemos fallado como Estado y como sociedad, que hemos fallado en las
políticas de salud actuales y pasadas, ya que tenemos una gran cantidad de
muertes maternas y de mujeres que hoy quedan embarazadas sin desearlo.
Frente
a este problema aparenta haber dos vías de solución, o dos opciones: una es la
que hoy se debate acá, que es simplemente descartar la vida del niño por nacer.
Esta opción implica legalizar el aborto, hacerlo público para que cualquiera,
por el motivo que fuera, pueda querer no tener un hijo.
La
otra opción es la más difícil. Pero para eso estamos acá, para eso fuimos
elegidos y para eso tenemos un Estado: para enfrentar los desafíos. Esta
segunda vía consiste en trabajar en políticas sociales reales. Hay países como
Chile y Uruguay que antes de legalizar el aborto pudieron bajar drásticamente
la cantidad de embarazos no deseados y de muertes maternas. Cabe señalar que lo
han hecho mediante leyes que hoy están a la espera de ser debatidas en este
recinto. Entre ellas, la ley de adopción y la ley de educación sexual integral
para que llegue a todos los chicos. Hoy existen algunos poderes y se sostienen
determinadas creencias que impiden la educación sexual para todas y todos
nuestros chicos.
No
obstante, quisiera despojar este debate de cualquier cuestión ideológica o
religiosa, porque en esta votación vamos a encontrarnos ante diversas
paradojas. No se trata simplemente de una religión o de una ideología, sino que
–como dijo recién un legislador socialista‑ se trata de humanidad, de
valores morales.
Muchos
diputados integrantes de la bancada de enfrente, y de muchas otras bancadas,
peregrinan a Roma para tirar de la sotana del Papa a fin de que se le caiga un
votito, pero hoy, utilizando esa figura, van a votar a favor del aborto. (Aplausos.) No tengo duda de que están
usando esa figura para ver si pueden sacar algún voto más.
Estoy
seguro de que tenemos que legislar sobre esta materia e implementar muchas
políticas más. Y en esta discusión también hay dos derechos que se cruzan o que
chocan: uno es el derecho de las mujeres y de toda persona a disponer de su
cuerpo, que está presente y que debemos reafirmar aún más. Pero nunca ese
derecho puede chocar contra el derecho a la vida del niño por nacer. Todos los
médicos y científicos que han concurrido a las reuniones de las comisiones
–incluso diputados que hoy votarán a favor del aborto‑ no dudan de que
hay vida desde el momento de la concepción.
Para
finalizar, señor presidente, quisiera hablar desde mi condición de joven. Me
tocó asumir en 2016 como el diputado más joven de la Cámara. El año pasado me
tocó ir a una elección reafirmando el derecho a las dos vidas y casi la mitad
de los pampeanos me acompañó, jóvenes y adultos que sabían que defendería el derecho a la
vida. (Aplausos.)
Por
eso, más allá de ser hoy un joven más en esta Cámara, no me atribuyo la
representación de la totalidad de los jóvenes. Pero no me vengan a hablar de
que toda la juventud apoya el aborto porque acá tienen a un joven, como
millones de jóvenes, que le va a decir “sí” a las dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Rach Quiroga, por el Chaco.
Sra.
Rach Quiroga.- Señor presidente: pido permiso
para dar lectura de una síntesis, sobre todo porque quiero ser muy rigurosa con
los datos y la información en este debate.
Desde
el inicio nos han rotulado con algunos insultos, como asesinos y asesinas,
entre otros calificativos más que por una cuestión de decoro prefiero ahorrar.
Todo por apoyar una propuesta legislativa que pretende dar una solución al
conflicto de derechos que se abre ante una realidad que nos golpea duramente:
la existencia de abortos clandestinos, la existencia de morbilidad y mortalidad
materna como consecuencia de abortos que se realizan en condiciones insalubres
y el fracaso de un sistema penal que prohíbe la interrupción voluntaria del
embarazo, con excepción de las dos causales previstas en el artículo 86 del
Código Penal.
Por
otro lado, se afirmó que este proyecto es inconstitucional, que es
anticonvencional, que viola la Convención Americana de los Derechos Humanos, la
Convención de los Derechos del Niño y el artículo 75, inciso 23, de nuestra
Constitución Nacional. Es decir que es contrario al posicionamiento de los
organismos de derechos humanos.
Frente
a todas estas falacias hago propias las palabras del doctor Gil Domínguez,
quien dijo: “Les pido a mis colegas que no hagamos posverdad convencional
diciendo que los tratados sobre derechos humanos y los órganos que los aplican
e interpretan prohíben a los Estados despenalizar el aborto porque eso no es
real.”
La
Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el famoso caso FAL, de 2012, fue
contundente en este sentido y señaló que ni la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre ni la Convención Americana sobre los Derechos
Humanos ni la Convención Internacional de los Derechos del Niño imponen que las
normas internas deban penalizar la interrupción voluntaria del embarazo en
cualquier caso.
La
Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso “Artavia Murillo y otros
contra Costa Rica”, también en 2012, señaló: “Hay concepciones que ven en los
óvulos fecundados una vida humana plena y estas posiciones no pueden justificar
que se otorgue prevalencia a cierto tipo de literatura científica al momento de
interpretar el alcance del derecho a la vida consagrado en la Convención
Americana, pues ello implicaría imponer un tipo de creencias específicas a
otras personas que no las comparten.”
La
Corte utilizó distintos métodos de interpretación que la han llevado a
resultados coincidentes en el sentido de que el embrión no puede ser entendido
como persona a los efectos del artículo 4.1 de la Convención Americana.
Asimismo,
dispuso que es posible concluir de las palabras “en general” expresadas en el
artículo 4.1 que la protección del derecho a la vida con arreglo a dicha
disposición no es absoluta sino gradual e incremental según su desarrollo,
debido a que no constituye un deber absoluto e incondicional sino que implica
entender la procedencia de excepciones a la regla general, entre ellas, la
legalización del aborto en determinadas circunstancias.
El
Comité de los Derechos del Niño el pasado 6 de junio, hace muy poco, en sus
observaciones finales sobre el quinto y el sexto informe periódico de la
Argentina recomienda, entre otros puntos, que el Estado argentino asegure el
acceso a servicios de aborto seguro y atención posaborto para niñas
adolescentes, garantizando que sus opiniones siempre se escuchen y se tengan
debidamente en cuenta como parte del proceso de toma de decisiones.
Cabe
aclarar que tampoco es un obstáculo para la legalización de la interrupción
voluntaria del embarazo lo previsto en el segundo párrafo del artículo 2° de la
ley 23.849, que ratificó la Convención de los Derechos del Niño y establece que
“se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta
los 18 años”.
Nuestra
Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el citado caso FAL, esclareció el
alcance de este artículo afirmando que no constituye una reserva que -en los
términos del artículo 2° de la Convención de Viena sobre el Derecho de los
Tratados- altere el alcance con que la Convención sobre los Derechos del Niño
rige en los términos del artículo 75, inciso 22, de la Constitución Nacional.
Los
Comités de Derechos Humanos, que supervisan la aplicación de los Tratados de
Derechos Humanos, han sostenido que la criminalización del aborto daña
seriamente los derechos humanos de la mujer.
Solicito
permiso para insertar el resto de mi discurso en el Diario de Sesiones.
Voy
a concluir citando la Observación General del Comité de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales sobre derecho a la salud sexual y reproductiva, número
22, del 4 de marzo de 2016, así como la Recomendación General número 35 del
Comité de la CEDAW, de julio 2017.
En
cuanto a nuestra Constitución Nacional, algunos de los opositores a la
despenalización y legalización del aborto han sostenido que sería incompatible
con el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional. Dicha norma exige
al Congreso “Dictar un régimen de seguridad social especial e integral en
protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la
finalización del período de enseñanza elemental, y la madre durante el embarazo
y el tiempo de lactancia.”
Para no hacer muy extensa mi exposición
quiero mencionar la primera respuesta a esta observación que realizó el doctor
Gil Domínguez. Dicho jurista nos recordó que en el marco del debate por la
reforma constitucional de 1994, por el dictamen de mayoría finalmente aprobado,
tanto el doctor Barra como el doctor Alfonsín coincidieron en que se estaba
incorporando un régimen de seguridad social, y desde ningún punto de vista se
estaba prohibiendo directa o indirectamente el aborto.
Este
también es un tema de salud pública y de justicia social. Tuvimos la visita de
dos ex ministros de Salud de la Nación. Me refiero al doctor Ginés González
García y al doctor Daniel Gollán. Asimismo contamos con la presencia del actual
ministro de Salud de la Nación, el doctor Rubinstein. Todos coincidieron en la
necesidad de la despenalización y la legalización de la interrupción voluntaria
del embarazo en la Argentina.
Las
cifras que hoy tenemos ya las mencionaron algunos señores diputados preopinantes.
Considero que sobran razones de carácter jurídico, social y científico que
inclinan la balanza en favor de la legalización y la despenalización.
Me
permito cerrar citando un excelente trabajo de Soledad Deza, y con ella traigo
a este recinto a todo el colectivo de mujeres que tanto han trabajado y
militado durante muchísimos años para que hoy, en este día histórico, se pueda
debatir este proyecto en el recinto.
Dice
así: “El aborto es contra-cultural. Una mujer –no importa su edad- que decide
poner fin a su embarazo subvierte el orden que asocia mecánicamente maternidad
a lo femenino. Una mujer que decide abortar evidencia que sexualidad y
reproducción no es un binomio necesario. Una mujer que decide abortar
trasciende 'su naturaleza' e impone otra visión posible de sí misma definida
desde la propia voluntad. Una mujer que aborta se sale de los cánones de la
‘normalidad’ que están prefigurados en los roles de género y, por ello,
interpela, molesta. Una mujer que aborta pone en jaque la heterosexualidad como
regla social. Una mujer que decide abortar desafía con su sola existencia un
mandato cultural, religioso y moral que nos identifica naturalmente en un orden
patriarcal que se sirve de la reproducción y del trabajo doméstico para
funcionar.”
Por
eso decimos: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y
aborto legal para no morir”. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada por el Chaco.
Sra.
Pertile.- Señor presidente: mi posición es el rechazo
de estos proyectos de interrupción voluntaria del embarazo y despenalización
del aborto.
En
este sentido, deseo dar mis fundamentos, aunque no ahondaré en los argumentos
jurídicos, científicos o constitucionales, porque las exposiciones que estuvimos
escuchando en todo este tiempo han sido más que suficientes para apoyar el
rechazo a estos proyectos.
Me
quiero detener especialmente en una apreciación vinculada con la mención de la
semana 14, porque decir que la vida comienza en ese momento es negar la
concepción, pues no llegaríamos a la semana 14 si no hubiera habido vida desde
la concepción.
Además,
quiero detenerme en el rechazo de la afirmación que manifiesta que las mujeres
decidimos sobre nuestro cuerpo. El niño por nacer, que está dentro de nuestro
vientre –y está suficientemente demostrado en el tiempo- tiene su propia
identidad, su propio ADN y es una persona distinta de la madre. Guste a algunos
o no, también tienen un padre.
No
solamente pienso en la vida del niño sino también en la vida de la madre, pues
es una madre que llevará un dolor toda su vida. Quizás al momento de abortar
los motivos la impulsaron y la llevaron a ello, no pudo hacerlo consciente,
pero los testimonios de vida me afirman que realmente esa madre va a sufrir
siempre. Es más, va a calcular cuántos años pudo haber tenido ese hijo y cómo
pudo haberlo llamado. Estos testimonios de vida los puedo reproducir sobre la
base de casos que he conocido.
Esta
posición pro vida que hago manifiesta en este recinto ya la he expresado cuando
fui diputada provincial en relación con los protocolos de aborto que no apoyé.
O sea que esto, más lo que he dicho en la campaña, lo vengo a aseverar, a
confirmar y a defender desde esta banca.
No
es solamente mi palabra ni mi posición sino la de tantas mujeres y hombres
chaqueños que me han dado el poder de la representación y esa voz está en esta
banca.
Es
más, como mujer tengo que decir que he tenido un fuerte compromiso de género.
Me tocó ser la primera mujer intendente en Resistencia y el primer caso de
reelección. Asimismo, me tocó ser la primera mujer embarazada a la que le
descontaron cuarenta y cinco días de sueldo porque no estaba prevista la
licencia por maternidad, y junto a otras mujeres fuimos abriendo camino al
andar. Por lo tanto, estoy hablando desde mi condición de mujer que ha
contribuido con el compromiso de género.
Debo
decir también que comparto lo que dicen los curas villeros y de barrios
populares acerca de que las mujeres pobres aman y cuidan la vida. Pero esto no
es así solamente porque lo dicen ellos sino también porque conozco en
territorio, en mi provincia, cómo las mujeres pobres defienden la vida.
Concretamente
voy a dar un testimonio, el de Marcela Acuña, quien pertenece a la agrupación de
mujeres del Frente del Movimiento Socialistas Unidos Emerenciano. En una
entrevista ella dijo textualmente lo siguiente: “Estamos en contra de la
despenalización del aborto, a pesar de que nos indigna que nos tomen de excusa
como siempre hacen con los pobres (mujeres pobres), bajo ningún concepto
construimos y sostenemos ideas políticas desde la agresión.” Finalmente,
Marcela Acuña dice en su entrevista: “No hablen por nosotros. No al aborto, sí
a la vida.”
Coincido
con esas palabras. Esto es un ejemplo de lo que piensan las mujeres pobres en
mi provincia. Siento que con mi voto estoy representando a esas voces y que acá
estoy expresando esas voluntades.
En
lo personal, no puedo dejar de decir que tengo dos hijos, que son hombres ‑tienen
24 y 28 años‑, que cuando supieron que iba a venir a defender esta
posición desde mi banca me dijeron: “Mamá, seguí apostando siempre a la vida”.
Por
todo lo expuesto, fundo mi voto por el rechazo de este proyecto sobre
interrupción voluntaria del embarazo y despenalización del aborto. Dejo aquí
presente mi compromiso de legislar en favor de la vida y de políticas que nos
saquen de este problema, pero no a través de la muerte, porque quiero mujeres
libres, libres de dolores y de la tragedia de perder un hijo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Rista, por Córdoba.
Sra.
Rista.- Señor presidente: en primer lugar, quiero
reconocer al colectivo que trabaja por los derechos de las mujeres desde hace
tantos años y que se ha manifestado, ha salido a las calles y en este momento
está haciendo vigilia en las inmediaciones del Congreso.
Quiero
reconocer también a quienes han trabajado tanto para que este debate hoy sea
posible y expresar mi agradecimiento al presidente, Macri, por su decisión de
poner este tema en agenda, que es lo que hoy nos ha posibilitado debatir esta
cuestión.
Más
allá del resultado al que lleguemos hoy, debemos entender que estar en contra
del aborto no es algo incompatible con lo personal o lo religioso.
Personalmente soy católica de formación y estoy en contra de este
procedimiento, pero también creo que su despenalización es el camino que
debemos seguir. Esto es así porque el hecho de que una práctica esté prohibida
no significa que no esté ocurriendo en la realidad. El aborto existe, viene
dándose desde hace cientos y cientos de años y esto seguirá siendo así de la
misma manera.
La
discusión no es si el Estado puede prohibir el aborto por medio de una ley o si
puede establecer concretamente cuándo comienza la vida. Es decir, si la vida ‑me
refiero a la vida cerebral‑ está en los espermatozoides o en los óvulos,
o si aparece a las trece o catorce semanas de gestación.
Más
allá de esto –que es una discusión que nos trasciende-, estamos hablando aquí
de mujeres que están muriendo en hospitales y en lugares inhóspitos porque se
están practicando abortos en forma clandestina. Ese es el tema que nos ocupa.
Si no, la cuestión sería muy fácil: podríamos mañana, por ejemplo, sancionar
una ley por medio de la cual se prohíba la pobreza para ver qué pasa. Pero nada
sucederá, la pobreza va a seguir ahí, y por ende tendremos que seguir
trabajando para erradicarla.
Lo
mismo pasa con el aborto: es una problemática de salud pública, y ese es el
tema que debe ocuparnos. Incluso existiendo en la Argentina una ley que lo
penaliza, como dije recién, los abortos siguen practicándose. La
criminalización de esto ha fracasado en nuestro país. Prueba de ello es que
mujeres de todas las clases sociales se realizan abortos.
La
penalización hace que las mujeres ricas puedan hacérselo de manera segura y sin
problemas, mientras que en el caso de las mujeres pobres el acceso a esta
práctica resulta inalcanzable e inseguro. Ese es el punto del que aquí estamos
hablando; por eso se transforma en un tema de salud pública y también de
justicia social y de derechos humanos en el que se busca la igualdad.
Se
estima que en la Argentina se realizan alrededor de 500.000 abortos por año, y
son 60.000 las mujeres que llegan a los hospitales víctimas de diferentes
afecciones derivadas de estas prácticas.
En
este sentido, me permito citar brevemente unas estadísticas de la Organización
Mundial de la Salud, que nos brinda datos interesantes sobre la tasa de
mortalidad materna en el mundo en los países que han legalizado el aborto y en
aquellos que no lo hicieron.
En
un primer grupo puedo mencionar a Uruguay, donde se ha legalizado el aborto en
2012, cuya tasa de mortalidad materna es de 15 por cada 100.000 nacidos vivos;
en Canadá, donde se ha legalizado esta práctica en 1988, la tasa es de 7; en
España, que ha legalizado el aborto en 2010, la tasa de mortalidad materna es
de 5, y en Puerto Rico, que lo ha legalizado en 1980, la tasa es de 14.
En
cuanto a los países en los que esa práctica está prohibida, puedo mencionar a
Brasil, cuya tasa es de 44; El Salvador, con una tasa de 54; República
Dominicana, con una tasa de 92, e Indonesia, cuya tasa de mortalidad materna es
de 126 por cada 100.000 nacidos vivos.
La
legalización del aborto, entonces, trae aparejada una disminución de la
mortalidad materna. Esta es una realidad.
Ya
no quiero dar más cifras porque éstas están en discusión. Hace unos días vino
al plenario de comisiones el ministro de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein,
quien trajo estadísticas que relativizamos. Incluso la gente de mi propio
bloque decía que esos números no representaban del todo la realidad.
Esto
también se está debatiendo fuera de este recinto; en el Salón de los Pasos
Perdidos, por ejemplo. Si nos remitimos a los debates periodísticos, vemos que
también se están discutiendo las cifras y se las relativiza. ¿Saben por qué
ocurre esto? Porque no creo que nadie quiera ver del todo la realidad de lo que
está pasando.
Esto
está demostrando que aquí existe una discusión de fondo que gira en torno a las
creencias, y fundamentalmente las de tipo religioso. Por eso no nos importan
tanto las cifras o solo las utilizamos para fundamentar posiciones de uno u
otro lado.
En
definitiva, ¿qué son las creencias y las convicciones de tipo religioso? Son
muros en esta sociedad, muros de contención que no nos permiten cambiar o que
nos infunden terror a ese cambio. Como se trata de cuestiones que no podemos
controlar, nos da miedo que una sociedad modifique algunos de estos
comportamientos.
En
este sentido, según lo que escuché por ahí, ¿cuáles son esos comportamientos
que generan temor en la sociedad? Por ejemplo, se está diciendo que se va a
tomar a la práctica del aborto como un método anticonceptivo más. Otro de los
miedos es que las mujeres en edad reproductiva vayan en masa a hacerse abortos
a diferentes lugares. Pero no, señores, esto no es así. Eso es un disparate.
Lo
mismo pasaba cuando se debatió en este Congreso el proyecto sobre matrimonio
igualitario o la ley de divorcio. En ese entonces se pensaba que la gente iba a
ir en masa a divorciarse, pero eso no ocurrió. Se trató solo de un miedo
generalizado al cambio, al no control, y que después no se dio en la realidad.
Pido
a mis colegas que se animen hoy a dar un cambio en esta Argentina, que nos hace
falta, y sobre todo a las mujeres que están sufriendo en este momento.
Hace
unos días en una de las discusiones en comisión los diputados que están en
contra de esta iniciativa plantearon por qué en vez de discutir la
despenalización del aborto no se presentan proyectos para mejorar la educación
sexual en los colegios. A eso respondo “hagámoslo ya”, porque es también lo que
nosotros queremos.
¿Por
qué no nos encargamos de las mujeres que están solas en un estado de ignorancia
y de pobreza en diferentes lugares de la República Argentina? Hagámoslo ya,
todos estamos de acuerdo con eso. Pero aquellas mujeres que están solas y que
en su absoluta soledad han decidido hacerse un aborto, no han pensado venir a
preguntarnos a los diputados ni les van a ir a pedir permiso al Estado para
hacerlo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Le pido que vaya terminando,
señora diputada.
Sra.
Rista.- Sí, ya termino señor presidente.
Por
esas mujeres es que hay que aprobar la ley de despenalización.
Un
segundo más, señor presidente.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene que terminar, señora
diputada.
Sra.
Rista.- Es simplemente para los que hablaban de
que quieren salvar las dos vidas. Dígannos cómo. Cuando una mujer ha tomado la
decisión en soledad de hacerse un aborto usando un perejil y ha terminado yendo
a un hospital, ¿cómo van a salvar las dos vidas? Dígannos cómo, porque no han
presentado ni un proyecto proponiendo eso en el Congreso.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Selva, por Buenos Aires.
Sr.
Selva.- Señor presidente: quiero reivindicar y
felicitar a aquellos legisladores y legisladoras que se comprometieron a llevar
adelante este difícil debate, que comprometieron desde su visión a cada uno de
los expositores y que pusieron a esta casa en un rol protagónico en la
sociedad.
Ojalá
que cuando termine este debate tengamos la madurez suficiente como para que la
decisión que se adopte por mayoría no ponga a los buenos de un lado y a los
malos del otro, porque sería el fracaso de todo lo que se logró hacer. Eso no dependerá de las posiciones de
los bloques ni de las posiciones ideológicas, sino de las actitudes que debemos
tener cada uno de nosotros. Permítanme este exceso de atribución que
manifiesto.
Mi
discurso tal vez no tenga la vehemencia sentida que han tenido otros, que
emocionan al punto de quebrar sentimentalmente a muchos al escucharlos.
Tiene
que ver con la difícil visión -que pareciera
una contraposición- de si era un debate que se tenía que dar respetando
la opinión de las mujeres como eje central. Convencido, dije que no y que debía
tener una posición también desde una visión no machista, aunque sí del otro
género al que involucra. Acá empieza parte de lo que quiero exponer.
Para
fundamentar mí posición no voy a tomar las estadísticas, porque son discutibles
desde todo punto de vista, tanto para decir si estoy a favor o en contra.
Tampoco quiero tomar el sustento constitucional para rechazar el proyecto,
porque si bien tiene sus fundamentaciones, no es la motivación que he tenido.
Quiero
hacer la disquisición de que realmente reivindico –tengo testimonios de vida-
la lucha de las mujeres por lograr el espacio que realmente les corresponde.
He
acompañado todas las actitudes que hacen a la igualdad de género y me he
opuesto al machismo, que utilizado en funciones extremas, cercena, frena o
condiciona el derecho de las mujeres de participar nada más y nada menos que en
la construcción de una sociedad que nos involucra a todos.
El
rol de la mujer es fundamental para poder construir una sociedad con derechos y
con objetivos claros de lo que pretendemos ser como sociedad, valga la
redundancia.
En
ese mismo sentido -y aquí es donde seguramente tal vez no logre adhesiones-
rechazo o, para decirlo con un término más coloquial, me opongo al feminismo
ortodoxo para lograr objetivos que no involucren a las dos partes. Este es el
caso.
Lamentablemente,
en esa línea de pensamiento, cuando uno lee el proyecto que está sustentado por
la mayoría, no hay un solo artículo donde se vea la opinión de la otra parte,
que es indubitable de la decisión de la gestación. No lo he visto en ninguno de
los elementos que están en la norma. Aquí pongo en duda hasta la discusión de
lo que literalmente está escrito del embarazo no deseado.
No
se habla de eso, sino de la libertad del género femenino para decidir. Incluso,
hasta en una situación de colapso matrimonial regular o irregular. En
definitiva, por cómo está plasmado el proyecto, la decisión quedaría librada a
la voluntad de una sola parte, en algo que uno entiende como algo vinculado con
la continuidad de la vida, más allá de si se trata de un ser independiente o
propio.
Por
eso mismo he querido hablar desde la visión, no machista, sino de hombre. Soy
un defensor de la búsqueda de garantizar derechos. Pero también es cierto que
desde el Estado tenemos pruebas evidentes de algunas cosas que hemos corregido
porque en el extremo de las situaciones del derecho individual, cuando
pretendimos garantizar demasiados derechos sin mirar el límite –en la escuela
primaria nos enseñaron que el derecho de uno termina cuando empieza el de los
demás-, en algunos casos garantizamos tantos derechos a aquellos que querían
vivir fuera de la ley que dejamos desprotegidas a las víctimas, a las personas
que querían vivir dentro de la ley.
Ese
fue un hecho comprobable y en este mismo Congreso tuvimos la madurez para
corregirlo. Este tema tan delicado y tan fuerte excluye la opinión de quienes
somos parte indubitable de este tipo de decisiones.
Cuando
se garantizan derechos –y vuelvo a mencionar algo sin querer ponerlo como
argumento- también tenemos que garantizar los derechos que están establecidos
en nuestra Constitución, en Códigos y en pactos internacionales, que son los
derechos del niño por nacer.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene que ir cerrando, señor
diputado.
Sr.
Selva.- Para cerrar, señor presidente, quiero
enunciar una definición que tal vez sea fuerte.
Las
costumbres se hacen leyes. Uno crea normas en base a garantizar y tutelar un
uso que va orientado a la calidad de vida y a mejorar una norma en sentido
positivo.
En
ese sentido, es costumbre andar ligero por la ruta. Sabíamos que había que
tutelar el hecho poniendo un límite a determinadas situaciones. Por eso creamos
los límites de la velocidad para circular. Eso se hizo para proteger la
costumbre de andar rápido en auto.
En
ese sentido, y pido disculpas si con esto ofendo a alguien, por cómo se ha
enfocado el tema y con la preocupación de cómo la sociedad asimila alguna norma
que puede tener un espíritu profundo y fundado -nos queda a todos pendientes la
punibilidad de este tema porque creo que ahí sí no tenemos respuesta-,
realmente me preocuparía que terminemos teniendo en la sociedad un
acostumbramiento a que practicar un aborto pase a ser una intervención
quirúrgica.
Pido
disculpas si con esto ofendo a alguien, pero, realmente, como está planteada la
cosa, no veo -en el marco de lo literalmente escrito ni en las discusiones
sobre el embarazo no deseado- que se garantice o esté cerrada la discusión del
derecho del hombre a opinar sobre la vida de
alguien de la gestación.
Estos
son los motivos que ratifican mi voto en contra de este proyecto de ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Larroque, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Larroque.- Señor presidente: voy a utilizar mi
tiempo para leer la posición del diputado Julio de Vido, que no puede estar acá
por obvias y pérfidas razones, pero que apoya y acompaña este proyecto de ley.
Por eso, voy a leer su escrito.
Dice
así: “Tal vez el 13 de junio de 2018 sea el día más triste y ominoso de mi
cautiverio, mucho más que cuando esta Cámara –creo que por primera vez en su
historia‑ actuó como mi carcelero, dando respaldo a quienes inventaron
por impulso del presidente Macri y el ministro Garavano la famosa doctrina que
sirve para detener opositores ‑sí, opositores‑, no funcionarios
influyentes, sino no se explicaría que no se hubiera aplicado a otra diputada
de esta Cámara con imputaciones gravísimas, lo que evidencia una aberrante
desigualdad ante la ley que, créanme, al que la sufre le inflige un agravio que
seguramente nunca el Poder Judicial y el Legislativo podrá reparar.
“Para
finalizar este tema, diré que la historia la escriben en el presente los
ganadores, pero en lo trascendente y por esa cosa innata del ser humano de
buscar la verdad, esta siempre triunfa y condena como infames a los que la
trascribieron, pero fundamentalmente a aquellos que perversamente fueron
injustos, causándole una mancha a este Parlamento que nunca podrá ser borrada,
ni por la institución, ni por quienes la avalaron por acción o por omisión.
“En
este debate de hoy sobre la interrupción voluntaria del embarazo, no puedo
expresar mi voto favorable a dicho proyecto por estar preso del presidente
Macri y del neoliberalismo, que habla de defender la vida y reprime al manso o
apunta por la espalda cualquier expresión de reclamo o petición ante la cruel
política de ajuste al pueblo argentino, al que está llevando a la desocupación,
a la pobreza y a la miseria.
“Algunos
hablan respecto a la salud pública, otros hablan de la recuperación de derechos
de la mujer a disponer de su cuerpo y de su voluntad de ser madre, como sí
podemos hacerlo los hombres respecto de la paternidad.
“Más
allá de nuestras convicciones morales o religiosas, ninguno de nosotros tiene
derecho, en términos republicanos, a opinar sobre la libertad de otro respecto
a su cuerpo.
“Y
digo “en términos republicanos” porque los de Cambiemos dicen gobernar en
nombre de la República, palabra con la que se erotizan (alguno creo que duerme
con la “Republiquita”) para combatirnos, pero son los primeros en trasgredir
sus valores.
“Ni
qué hablar de tener políticas de educación sexual serias o la debida contención
a las madres solteras o menores. No, de eso no se habla.
“No
es hora de invocar cuestiones religiosas, morales o de conciencia, sino de
apoyar a quienes luchan por disponer con libertad de su cuerpo y de su goce
sexual, que además en muchos casos son nuestras compañeras, nuestras madres o
hermanas.
“Lo
que más me entristece es no poder estar hoy votando favorablemente esta ley
para poder estar al lado de “aquellas niñas de doce años que fueron violadas o
embarazadas por sus padres, padrastros, hermanos, hermanastros o tíos o por sus
patrones o los hijos de sus patrones en el Norte argentino”, tal cual expresó
públicamente una despreciable diputada de Cambiemos, para que puedan decidir
sobre su cuerpo y su vida y no para que mueran en una intervención clandestina
o tengan a ese hijo que nunca desearon y que les fue impuesto en un hecho
brutal y vejatorio.
“Hoy
como ayer, cuando Néstor Carlos Kirchner impulsó el matrimonio igualitario,
estamos recuperando derechos para todos.” Esta es la opinión del diputado Julio
de Vido. (Aplausos.)
Quiero
hacer una breve reflexión de mi mirada personal del tema. Creo que hay mucho
debate y creo que, fundamentalmente, en el peronismo hay tensión por este tema.
Particularmente, creo que votar en contra o abstenerse ‑opciones que,
incluso, personalmente analicé‑ van a significar un retroceso, no aportan
en términos de una mirada justicialista de la vida. Creo que la ley garantiza
la necesaria libertad e igualdad, y que algunos y algunas acompañan porque
ponen más énfasis en la libertad de decidir; otros, porque ponen más énfasis en
la fundamental igualdad, pero creo que el tema no se agota en esos dos ejes, y
hay una tercera dimensión que tiene que ver con la justicia social y con hacer
efectivos los derechos a la libertad y a la igualdad.
Hay
una mirada que tiene que ver con el compromiso ético y moral de quienes hacemos
política, y también el compromiso del Estado; creo que para garantizar esa
libertad y esa igualdad necesitamos un Estado activo que intervenga y garantice
los derechos. Creo que en eso nos diferenciamos y este no es un debate de
derecha o de izquierda, porque lo acompañan sectores de derecha y de izquierda.
Creo
que tenemos que poder generar una mirada superadora en términos justicialistas
y entender que este debe ser el piso del debate. La discusión, una vez sancionada la ley, no
se detiene y necesita del aporte de todos nosotros como militantes políticos y
también como miembros de una sociedad, para poder resolver este drama social
que viven los argentinos y las argentinas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Olivares, por La Rioja.
Sr.
Olivares.- Señor presidente: en primer lugar,
celebro este día histórico que nos tiene convocados para tratar este tema tan
importante para la sociedad argentina.
En
consonancia con lo expuesto por varios diputados preopinantes, celebro la
apertura de la Cámara y del gobierno nacional por haber encauzado el
tratamiento de este tema con seriedad, responsabilidad y, principalmente,
respeto hacia las distintas posiciones.
No
obstante, adelanto mi voto a favor de preservar las dos vidas. (Aplausos.) Considero que al legislar
tenemos el deber primordial de respetar y garantizar el respeto de la dignidad
de la vida humana, tanto de la mujer como del niño por nacer en el caso que nos
convoca hoy.
Los
seres humanos tenemos el mismo valor intrínseco, por lo que el respeto a la
dignidad y a la vida no debe depender de la etapa de desarrollo en que se
encuentren. El embrión constituye una realidad individual, es una nueva
identidad biológica y forma parte de la especie humana. En tal sentido, creo
firmemente que debemos garantizar el principio de igualdad en la protección del
derecho a la vida.
En
este debate, los problemas sociales de fondo que estamos abordando son los
crecientes casos de embarazos no deseados y la mortalidad materna. Frente a
esto, los proyectos en tratamiento proponen al aborto como una solución que
considero errónea por plantearse como una respuesta reactiva a algo que la
mujer no hubiera deseado pasar. El problema a eliminar no es la vida por nacer,
el verdadero problema que debemos afrontar de raíz es la ausencia de
condiciones adecuadas para brindar la debida contención a un embarazo no deseado.
En
ese sentido, es necesario garantizar un abordaje integral a la problemática,
mediante el fortalecimiento de la educación sexual integral y el acceso
universal a mejores instalaciones en el sistema de salud materna y herramientas
de contención a mujeres en riesgo.
La
educación integral es la forma más sincera de ocuparse de las problemáticas
existentes en nuestra sociedad, es una forma concreta y real de prevenir
situaciones que afectan a los más vulnerables y de construir una sociedad
igualitaria, donde la eliminación de una vida no sea una práctica
lamentablemente aceptada.
Estamos
decidiendo hoy si el Estado debe respetar o no la vida humana de la persona por
nacer, vida que existe desde la concepción, según lo previsto en nuestra
Constitución, en los tratados internacionales que hemos incorporado con
jerarquía constitucional y en el Código Civil y Comercial, sancionado por este
Congreso hace menos de cuatro años. Vincular el respeto de la vida humana
eligiendo arbitrariamente diversos períodos en el proceso de su desarrollo es
absolutamente contrario a nuestras garantías fundamentales.
Por
lo dicho, reitero que si buscamos disminuir la mortalidad materno‑infantil,
la legalización del aborto, con su consecuente eliminación del derecho a la
vida de la persona por nacer, no es el camino. Por el contrario, considero que
este sano debate nos plantea una agenda de trabajo y nos compromete a cada uno
de nosotros a reforzar las herramientas existentes y diseñar las necesarias
para permitir un abordaje integral de la situación de la mujer y del niño por
nacer, con el fin último de garantizarle a ambos por igual el máximo respeto
por su dignidad.
Quiero
agradecer a alguien, que quizás hoy desde un lugar muy lejano me está mirando,
que haya apostado por la vida. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Grosso, por Buenos Aires.
Sr.
Grosso.- Señor presidente: hoy es un día
histórico. Es un día muy importante para todos en este recinto, y también es un
día muy importante para las mujeres y la sociedad argentina en su conjunto. Sin
dudas se va a hablar mucho del resultado de esta votación en la Argentina.
Pero
es un día histórico no por los diputados y diputadas, ya que no somos el centro
de la historia, aunque a veces nos lo creamos, sino por la inmensa marea de
mujeres que está en la puerta de este Congreso esperando que nosotros tomemos
la decisión correcta. Esa marea de mujeres no empezó la semana pasada ni
tampoco hace dos meses, cuando este Congreso se dispuso a debatir el aborto.
Esa inmensa marea de mujeres lleva años en la Argentina tratando de igualar las
condiciones de vida. Digo igualar las condiciones de vida porque tenemos que
asumir que vivimos en una sociedad machista y desigual, en una sociedad que
persigue, que acosa, que abusa y hasta mata a las mujeres.
Hace
tres años algo cambió para siempre. El 3 de junio en la Argentina una inmensa
marea de mujeres, al grito de “Ni una menos”, se puso al frente de construir
una sociedad y una nueva democracia. El debate que hoy tenemos acá es parte de
esa pelea que están dando las mujeres en la calle.
Varias
cosas se han dicho y varios argumentos se han esgrimido en estos días de debate
en este pleno. Hay cosas que están claras y está bueno reforzarlas: en los
países desarrollados el aborto es legal. Sin ser ese el dato más importante, en
los países en donde el aborto es legal hay menos mujeres que mueren. Y no solo
hay menos mujeres que mueren, sino que también hay menos abortos que se
practican. Entonces, los diputados y
diputadas que están en contra de este proyecto de ley deberían, por lo menos,
tomar nota.
De
todas maneras, el debate no debería centrarse en la práctica del aborto, porque
es una realidad que en la Argentina todos los días se practican abortos. El
debate debería ser en qué condiciones se practican esos abortos, con qué
derechos y garantías las personas pueden acceder a esa práctica. Como ya
dijeron muchas compañeras, el debate es si el aborto es clandestino o es legal.
Hay
un argumento que también plantearon los que se oponen a este proyecto y es que
en la Argentina ha bajado la tasa de mortalidad en abortos clandestinos. Como
diputado, diputada o funcionario público, a mí me daría vergüenza usar ese
argumento. ¿Saben por qué? Porque si bajaron las muertes en abortos
clandestinos no fue por una ley de este Congreso, tampoco fue por una política
pública del Estado nacional, provincial o municipal. Si bajó la cantidad de
muertes fue por la militancia feminista organizada en consejerías de salud
sexual integral. Las mujeres feministas organizadas salvan vidas de mujeres, y
nosotros con nuestra irresponsabilidad las condenamos a la muerte.
Por
último, en este plano creo que también hay que tener en cuenta que con esta ley
no vamos a obligar a nadie a abortar. Esta ley no obliga a nadie a abortar como
tampoco la ley de matrimonio igualitario obligó a nadie a casarse con quien no
quiere o como la ley de divorcio no obligó a nadie a divorciarse. Me parece que
hay que despejar algunos mitos.
Esta
ley garantiza que las mujeres no se mueran, garantiza que las mujeres no sean
perseguidas o vayan presas. Esta ley no obliga ni prohíbe. Esta ley viene a
proteger y a liberar. Una periodista en la entrega de los premios Martín Fierro
dijo: “Terminemos con el estado de libertad condicional para nuestras mujeres”.
Me
parece que tampoco se puede dar este debate sin tener en cuenta la larga
historia del movimiento feminista en la Argentina, porque entiendo que este es
un capítulo más.
Por
eso quiero traer a este recinto, antes que finalice mi tiempo, la lucha de las
mujeres sufragistas de principios del siglo pasado. Quiero traer a este recinto
a Eva Perón, quien peleó por el voto femenino y armó el Partido Peronista
Femenino. Quiero traer a este recinto a las mujeres que fueron parte de la
resistencia peronista o que enfrentaron la dictadura, y se me viene a la cabeza
Victoria Walsh como ejemplo de entrega y lucha. Quiero traer a este recinto a
las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Quiero traer a este recinto a las
compañeras piqueteras que salieron a la calle a enfrentar cada crisis, que
ahora parece que este gobierno se dispone a volver a traer con el acuerdo con
el Fondo Monetario Internacional, el endeudamiento y el ajuste.
Quiero
traer a este recinto a Micaela García, compañera del Movimiento Evita,
organización donde milito, que fue víctima de un femicidio y de la violencia
machista. (Aplausos.) Quiero traer a
Diana Sacayán y a Lohana Berkins, ejemplos claros de la lucha feminista y
disidente. (Aplausos.) Quiero traer a
las mujeres y a las compañeras que militan todos los días, a mis compañeras del
movimiento de mujeres Evita, a las compañeras del Humalá, a las compañeras del
colectivo “Ni una menos”, a las compañeras de la Colectiva, y a las compañeras
de todas las organizaciones que nos enseñan cada día a construir un país
diferente.
Quiero
traer también a este recinto a las pibas que están inundando la plaza en este
momento y a muchas que están viendo este debate desde sus colegios tomados,
exigiéndonos a nosotros que nos hagamos cargo de sancionar este proyecto de
ley.
Quiero
traerlas a todas, a ellas, a las compañeras, a las militantes, a las que desde
el fondo de la historia y en la actualidad son las que realmente han hecho que
este debate sea posible; ellas son las verdaderas protagonistas de la historia
y de los feminismos que avanzaron.
Quiero
decir a los varones que tenemos que retroceder en nuestros privilegios. Quiero
decirles a las diputadas y diputados que nos tenemos que hacer cargo de hacer
ley un derecho que las mujeres ya conquistaron en la calle.
Para
terminar, señor presidente, quiero decirles a todos y a todas que escuchemos a
las miles de pibas que están en la calle planteando que el aborto legal es
justicia social. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Rosso, por San Luis.
Sra.
Rosso.- Señor presidente: esta es una sesión
histórica en la que los diputados tendremos que decidir sobre una cuestión
sumamente movilizante y porque, más allá del resultado de la votación,
deberemos legislar sin dejar de lado nuestras convicciones más profundas. El
proyecto de interrupción voluntaria del embarazo ha provocado en sus
presentantes y en los que no lo somos una conmoción que pretendo no nos impida
resolver con racionalidad e inteligencia.
Estoy
convencida de que el camino para resolver la problemática de los embarazos no
deseados en la Argentina no es el que plantea el presente proyecto, en primer
lugar, porque tiene diferentes falencias y carencias. Solo por enunciar
algunas, el proyecto en general carece de claridad y técnica legislativa
pudiendo abrir camino a diversas pautas interpretativas. La primera y más
importante es la de no definir jurídicamente la diferencia entre un feto antes
y después de la semana catorce, lo cual traería distintas repercusiones en lo
que es materia penal o, por ejemplo, en lo relacionado con la materia del deber
de alimentos durante el embarazo.
Se
ha dicho que el tope de la semana catorce fue elegido porque no se considera
vida humana al ser que se encuentra dentro de la gestante o, como pusieron
especiales énfasis algunos expositores constitucionalistas, al afirmar que no
es un tercero hasta la semana catorce y que por ello este proyecto no es
inconstitucional. Si es así, entonces, me gustaría entender por qué se estaría
habilitando irrestrictamente el aborto también a partir de la semana quince sin
ser inconstitucional. Sin embargo, además, el proyecto, al realizar
modificaciones al Código Penal, mantiene la idea de que el bien jurídico
protegido es la vida; me parece que hay una gran incoherencia en el texto que
estamos debatiendo.
En
cuanto al artículo 8° me pregunto cuál es el alcance del término “información
adecuada” a dar en las consejerías. Atento a la gran responsabilidad del
profesional de la salud en este proyecto creo que debería ser lo más claro
posible en este punto.
¿El
registro de objetores de conciencia será realmente considerado como un registro
que contiene información sensible? ¿El proyecto propuesto respeta realmente la
ley de datos personales? Lo que es más importante es que tampoco incluye un
mecanismo eficaz para poder establecer políticas efectivas para la salud y
educación sexual porque no estamos hablando en serio de las causas del aborto.
Este
proyecto se titula Interrupción Voluntaria del Embarazo. Interrumpir significa
cortar con la continuidad de algo en el lugar o en el tiempo y en este caso
estamos interrumpiendo una vida humana que está en proceso de desarrollo.
En
el reconocimiento de la vida, la ciencia es categórica: de la unión de un óvulo
y un espermatozoide comienza a existir un nuevo ser vivo. En el reconocimiento de la vida, nuestro marco
normativo también es categórico. La vida inicia desde la concepción. Nuestra
Constitución Nacional, los pactos internacionales y el Código Civil y Comercial
y otras leyes así lo definen. Lo vamos a denunciar una y otra vez: este
proyecto peca de inconstitucionalidad desde sus inicios.
Creo que cada uno de quienes estamos
hoy en una banca coincidimos en que nos conmueve el sufrimiento del prójimo, en
que aborrecemos todo acto de injusticia. Es por eso que nos movilizamos a
actuar. Pero el dolor no nos puede llevar a cometer un abuso del derecho.
A la luz de diversos estudios,
estadísticas y exposiciones que se han presentado, hay un hecho que debe
resaltarse: nadie quiere que prevalezca el derecho de una vida sobre la otra.
Se afirma que la mayoría de las
mujeres que se practican un aborto lo hacen porque quedan embarazadas sin la
intención de hacerlo. La ONU, por ejemplo, informa que el 84 por ciento de esos
embarazos no deseados se produce por no haber accedido a métodos
anticonceptivos, que no solo tienen la finalidad de evitar embarazos, sino
también, en algunos casos, el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Por ejemplo, hay publicaciones del Ministerio de Salud que denuncian un aumento
de la sífilis en nuestro país.
Es nuestra responsabilidad preservar
cada vida y ocuparnos del bienestar y progreso de todos los hombres y mujeres
del país, sean personas por nacer, niños, jóvenes, adultos o ancianos.
Esta es una sesión trascendental. Si
estamos debatiendo la legalización de la interrupción del embarazo es porque
como argentinos estamos fallando. Al menos yo me siento responsable.
Estamos fallando como legisladores,
porque no estamos controlando la aplicación de las leyes de salud y educación
sexual integral, y como ciudadanos, porque no estamos acompañando efectivamente
al prójimo en su sufrimiento.
Como he dicho en reiteradas
oportunidades, ninguna mujer es feliz por abortar. Frente a ese sufrimiento,
estamos mirando para otro lado y buscando la salida fácil.
Como política, me parece trascendental
que no miremos para el costado. Al igual que mis pares, que hoy presentan este
proyecto con el objetivo de mejorar el acceso a la salud y trabajar por los
derechos de la mujer, comparto que estos deben ser los temas centrales en la
agenda de este Congreso y que no debemos perder de vista que nuestro rol de legisladores
se enmarca dentro de las prerrogativas de nuestra Carta Magna.
Por eso les digo: lo difícil no es
imposible. Trabajemos con empeño para mejorar nuestro sistema de salud y
exijamos el cumplimiento de las leyes. Trabajemos por un mayor presupuesto para
la prevención, en proyectos superadores sobre la adopción, la protección a la
maternidad vulnerable y la educación sexual, y en modificaciones de las leyes
sobre obras sociales. Busquemos programas que refuercen estos puntos y que
realmente empoderen a la mujer.
Escuchamos en algunas exposiciones que
hay mujeres que abortan porque, cuando se enteran de que están embarazadas,
tienen miedo de perder el trabajo. Estamos en 2018: ninguna mujer debiera estar
preocupada por tener que defender su situación laboral.
¿Qué estamos haciendo como argentinos
que no hemos logrado defender estas situaciones?
Estamos en la casa donde se presentan
todas las voces. Es por eso que acá insto a trabajar por el bienestar general,
por una sociedad más justa e inclusiva, y a velar por el porvenir de nuestra
Nación.
Exaltemos la vida como principio
fundamental del ser humano y la protección de nuestros principios
constitucionales, que son la columna vertebral de nuestro Estado.
Es en base a todo ello que fundamento
mi voto negativo a este proyecto de ley.
(Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Wechsler, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Wechsler.- Señor presidente: tengo el gusto de formar parte de este Parlamento
en oportunidad de este debate histórico en el cual todas las fuerzas políticas
trasversalmente nos hemos permitido discutir este tema, que estuvo cajoneado
por otros gobiernos que pudieron haberlo aprobado en oportunidad de haber
tenido la mayoría en esta Cámara.
Nosotros, en minoría, tenemos la
valentía de ponerlo en consideración y sacarlo del cajón para discutirlo como
sociedad. Agradezco a nuestro presidente el haber permitido que se dé este
debate, independientemente de la posición que tengamos respecto de la
iniciativa en tratamiento. (Aplausos.)
Estamos hablando pragmáticamente de un
tema de salud, de derechos y de libertades individuales. En ese punto quiero
agradecer principalmente a todas las organizaciones de mujeres que han venido
militando en este tema, así como también a los 752 oradores ‑independientemente
de su posición‑ que, desde la buena voluntad, han tratado de ilustrarnos,
más allá de que hayamos o no podido estar en esas jornadas.
Asimismo, quiero agradecer al espacio
plural de Cambiemos, donde hemos podido tener la oportunidad de disentir y
acordar nuestras diferencias con la participación de ministros nacionales como
Garavano, Dujovne, Bergman, Bullrich, Lombardi o Avelluto, o de ministros como
Tagliaferri, de la Ciudad de Buenos Aires. También hemos tenido el placer de
contar con la presencia de señora Fabiana Túñez, del Instituto Nacional de la
Mujer.
En esta línea quisiera, más allá de
las creencias y tradiciones raigales que podamos tener, traer las palabras del
rabino Bergman, quien dijo: “La legalización permite regular en qué condiciones
la salud pública, segura y gratuita provista por un Estado laico permite que
toda mujer que decida interrumpir un embarazo no deseado antes de la semana 14
no sea considerada una criminal ni sea penalizada por homicidio.
“Un Estado laico debe asegurar salud pública,
segura y gratuita a todos y es la libertad de conciencia de cada uno la que
deberá decidir en cada caso si el aborto es una opción posible desde sus
valores y su ética. No es el Estado
el que debe determinarlo sino que debe aceptar la postura más amplia donde
todos tengan opción y no solo una doctrina o concepción la que se imponga a una
sociedad diversa y plural. Ni la
liberalización del aborto como práctica anticonceptiva, ni la decisión
discrecional como parte del cuerpo de una mujer, ni la carga penal de un
homicidio, ya que desde nuestra tradición no hay persona diferenciada de la
madre en la concepción, sino en el alumbramiento.”
Ello, atento a muchos conceptos que
referían a la religión judía.
El esfuerzo valdrá la pena por un
cambio que la Argentina merece.
Es importante diferenciar las
convicciones personales ‑ya que todas son respetables‑ de lo que
debe ser una política pública de salud en un Estado laico. Las políticas públicas
en salud no pueden ser determinadas por la doctrina, sino por una visión más
amplia, que asegura que hoy sea un hecho que haya aborto aun para quienes no lo
tomamos como una opción ética.
Pero la discusión no es si hay o no
aborto, sino que los que hay sean legales y seguros y no ilegales, que provocan
la muerte de las mujeres, en su mayoría pobres, ya que quienes tienen la opción
de hacerlo en clínicas privadas luego hasta lo confiesan, mientras que las
pobres mueren por malas prácticas, ante la desesperación.
Kornblihtt también dio su opinión desde
la ciencia; Gil Lavedra y Gil Domínguez, desde un punto de vista jurídico –y no
son giles‑, han dicho que el aborto es viable. Rubinstein, González
García y Gollán también se refirieron al tema.
Yo, como hombre, debiera realmente
llamarme a silencio y dejar que las mujeres decidan sobre su cuerpo. Es
paradójico que los hombres, una vez más, estemos decidiendo por ellas, tal como
cuando hubo que votar sobre la primera ley de cupo o el divorcio vincular.
¿Quiénes somos nosotros para decidir sobre la soberanía de su cuerpo? (Aplausos.)
Les pido a las mujeres solidaridad,
que apoyen a sus pares. A los hombres les pido que les demos a las mujeres el
apoyo necesario para que puedan decidir sobre sus cuerpos.
Asimismo, quiero decirles a mis
compañeros que han acompañado a este país en la búsqueda al acceso a la OCDE, a
quienes han viajado conmigo y también en otras oportunidades para que este país
firme el acuerdo con la Unión Europea junto al Mercosur, a quienes apoyan el
G-20 ‑junto con el presidente‑ o el G-7, que no solamente hablemos
de libertades económicas, sino también de libertades individuales.
¡No tengamos doble estándar! Si
queremos libertades económicas, miremos también las libertades y las políticas
públicas sobre las mujeres.
En esos países hay aborto. No puede
ser que pidamos libertad para la economía, pero no para las libertades
individuales.
Finalmente, en pocas palabras quiero
decir que mi voto es a favor de la despenalización del aborto; estoy a favor de
que millones de mujeres ‑entre ellas, mis dos hijas‑ que habitan
este suelo puedan recurrir a realizarse un aborto en condiciones dignas,
cuidadas y amparadas por el Estado si así lo desean. Y estoy a favor del aborto
legal, para que millones de hombres ‑entre ellos, mis dos hijos‑
que viven en nuestra patria, no pasen también por las condiciones de
humillación y dolor que sufrió el periodista de Clarín Carlos Galván, quien con mucha
valentía relató en el medio el 11 de junio una columna de opinión llamada
“Aborto: de haber sido legal, habría sido menos humillante y doloroso”.
Por
eso solicito a mis pares que acompañemos este dictamen en favor del aborto
legal y a aquellos –para terminar- que no están seguros de acompañar el
dictamen de rechazo, quiero decirles que hay algo que está claro: somos todos
proaborto, proaborto legal o proaborto clandestino, porque el dictamen de
rechazo no habilita, sino que sigue criminalizando el aborto.
Pero
hay una oportunidad: si están de acuerdo con la despenalización y no les gusta
ninguno de los dos, voten a favor en general y en contra en particular, salvo
los tres últimos artículos, y estarían votando por la despenalización del
aborto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Medina, por Tucumán.
Sra.
Medina.- Señor presidente: hoy 13 de junio es un
día histórico para nuestra querida Argentina, donde el Congreso de la Nación
está tratando este tema tan importante y complejo como es la interrupción
voluntaria del embarazo.
El Congreso abrió sus puertas para escuchar
distintas voces, cientos de voces a favor y en contra. Y la gente vino a
relatar sus historias, sus principios, sus ideales, representando a distintas
instituciones y a cada provincia de la República Argentina.
Como
diputada de la Nación tuve la oportunidad de recibir a ONG, a instituciones, a
vecinos y vecinas que estaban preocupados por este tema, y los escuchamos y
debatimos.
Como
diputada de la provincia de Tucumán tengo que rescatar que en mi provincia
cientos y miles marcharon el domingo pasado pidiendo por la vida, por las dos
vidas, por la vida de la criatura por nacer y por la de la mujer también
vulnerable, porque sabemos que por la situación en la que viven actualmente,
muchas mujeres necesitan ayuda y el Estado no puede estar ausente.
La
vida que crece en el seno materno es tan valiosa como la de un adulto, aunque
no esté plenamente desarrollada. La única diferencia es que le falta
desarrollarse y, además, es muy frágil, lo cual de ninguna manera le resta
dignidad.
Por
eso, no podemos matar a alguien que todavía no terminó de crecer. ¿Qué pasaría
con un adulto cuando llegue a su vejez y ya no sirva porque perturba, molesta?
¿Lo desecharían, lo tirarían?
Si
hay algo por lo que nos caracterizamos los seres humanos es por nuestra
dignidad, y lo que no tenemos que perder es la humanidad. A lo largo de la
historia la República Argentina tuvo luchas de hombres y mujeres, que lucharon
por algo fundamental que establece nuestra Constitución Nacional: la libertad,
una palabra que una y cientos de veces se ha repetido este día en el Congreso.
Tuve
la oportunidad de escuchar a los distintos diputados, con sus distintas
posturas, y de verdad aprendí muchísimo; algunos diputados hicieron excelentes
exposiciones. Escuchaba a una diputada radical que pedía respeto y es verdad,
cada opinión personal merece respeto. No todos pensamos igual, somos
diferentes, y el respeto para el que está a favor o el que está en contra de este
proyecto de ley debe cumplirse. También, el respeto para aquellas mujeres que
piensan distinto, que no desean tener a su hijo.
Muchos
años atrás –tengo 45 años- había muchas cosas que estaban prohibidas hablar,
como el aborto, la sexualidad, la educación sexual; esto estaba prohibido, era
tabú.
También
soy docente. Me tocó la experiencia de ir a mi escuela pública y encontrarme
con un afiche con muchos anticonceptivos; el mundo va cambiando y nuestros
adolescentes hoy tienen la posibilidad de conocer y saber sin prohibiciones.
Esto podemos hablarlo no solo en la escuela, sino también en el seno familiar,
porque la familia cumple un papel fundamental, y como docente y educadora estoy
a favor de la educación sexual, responsable, pero también como educadora
apuesto a la educación en valores de nuestros niños, de nuestros hijos, de
nuestra posteridad en todas nuestras escuelas públicas y privadas. La educación
en valores, al respeto, a la solidaridad, a la bondad, a la vida.
Yo
he visto muchos colores verdes. Vengo de una provincia donde cientos y miles
están a favor de las dos vidas, ¿pero saben qué significa el color verde? Es la
esperanza, es la esperanza que no debemos perder.
Yo,
como diputada peronista, de lo cual me siento orgullosa, respeto a las otras
opiniones, a los que no piensan igual que yo.
El
gobierno de mi provincia –mi gobernador, el doctor Juan Manzur, y mi vice
gobernador, Osvaldo Jaldo- publicó en un medio periodístico -acá tengo un
cartel- que está en contra del aborto y a favor de la vida. A mí nadie me llamó
para decirme cómo votar. Tengo mis propios principios, convicciones y hoy me
acompañó mi hija de 14 años, haciendo 1.300 kilómetros. Me siento orgullosa de
que mi hija está acá. Nos regalaron una remera con la madre y su niño, y me
dijo: “Mamá, hoy voy a dormir con esta remera por la vida”. Me siento orgullosa
que mi hija hoy esté conmigo apoyando algo tan importante.
Estoy
a favor de las dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Garré, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Garré.- Señor presidente: hoy es un día muy
importante para nuestra Cámara de Diputados. También es un día memorable si
recordamos a las mujeres que lucharon por sus derechos en distintas épocas y a
las que hoy luchan y seguirán luchando.
Nos
precede un largo recorrido de peleas, de fracasos y de logros que a veces
tardaron mucho en concretarse. Años de negaciones y de injusticias donde las
mujeres estábamos subordinadas a los valores, las pautas y las normas del
patriarcado, a veces en sus formas más crueles.
Para
recordar la historia más reciente de nuestro país quiero evocar a las valerosas
anarquistas de fines del Siglo XIX que trabajaban para criar solas a sus hijos
y rechazaban la opresión a que eran sometidas a través de un periódico bajo la
consigna “Ni Dios, ni patrón, ni marido”.
También
quiero evocar la lucha de las sufragistas de principios del Siglo XX que
pretendían ejercer el derecho de
participar en la construcción de la Nación y que recién concretaron su objetivo
con una movilización popular que empezó a producirse a mitad de la década del
40 y que tuvo el impulso final de esa luchadora incomparable que fue Eva Perón,
que si viviera estaría hoy acompañándonos en este nuevo capítulo. (Aplausos.)
Quiero
brevemente referir una historia personal que es muy elocuente en cuanto a los
derechos que se nos negaban, en este caso no solo como mujeres, sino también
como madres. En 1974 presenté en esta Cámara un proyecto que buscaba lograr la
patria potestad compartida sobre nuestros hijos. Había también proyectos de
otros diputados. Aunque parezca mentira, el patriarcado imperante y ciertos
sectores de poder con vigencia nos impedían decidir sobre aspectos esenciales de
la vida de nuestros hijos y, además, incluso corríamos el grave riesgo de que
sus padres nos los arrebataran. Fue un debate arduo porque se interponían las
presiones de siempre, pero finalmente la ley fue sancionada.
Lamentablemente, como la cultura dominante
también tiene subordinados entre las mujeres, la entonces presidenta de la
Nación, María Estela Martínez, la vetó.
Recién cuando se recuperó la democracia, durante
el gobierno del doctor Alfonsín, en la década del 80, la legislación permitió a
las madres gozar de los mismos derechos sobre sus hijos que tenían sus padres.
En el largo camino que hemos recorrido en los
primeros años de este siglo se siguieron concretando objetivos. En esa lucha
tuvieron una trascendental importancia los movimientos de mujeres, que con su
organización, militancia, trabajo y compromiso han visibilizado, denunciado y
señalado los problemas pendientes y gritado su rebeldía contra la opresión del
patriarcado y de ciertos poderes, así como también denuncian la crueldad del
ajuste económico que este gobierno está practicando contra nuestro pueblo.
A esas mujeres, a su lucha, su coraje y su
perseverancia, queremos rendirles nuestro homenaje y expresarles nuestro
agradecimiento. Asimismo, deseamos destacar que las semillas que ellas
sembraron permitieron que germinara la Campaña por el Derecho al Aborto Legal,
Seguro y Gratuito, que es una asignatura pendiente.
El debate de todos estos días fue amplio, fecundo
y plural. Asimismo, dejó muy en claro que en la Argentina hay muchos abortos,
cientos de miles por año, y que cuando son clandestinos la mortalidad materna
es significativa. Concretamente, constituyen la primera causa de mortalidad
materna en diecisiete provincias.
Esta situación consagra una cruel injusticia: las
mujeres pobres están condenadas a la clandestinidad, la
humillación, la vergüenza y, a veces también, a las lesiones y la muerte.
No podemos hablar de una sociedad con justicia
social e igualdad de derechos para las mujeres cuando las que pueden pagar un
aborto en clínicas privadas tienen condiciones de seguridad, mientras que las
pobres corren riesgos graves.
El Estado no puede tolerar esta violencia. Por el
contrario, debe garantizar a todas las mujeres el acceso a los servicios de
salud sexual y reproductiva, incluido el aborto legal.
El proyecto busca que el aborto sea seguro. El
aborto clandestino es un problema de salud pública.
Los que quieren impedir la aprobación de este
proyecto de ley manteniendo la penalización no van a impedir los abortos. Creo
que ya nada puede impedir que las mujeres decidamos sobre nuestros cuerpos y
más aún sobre nuestras vidas, porque tener un hijo es una decisión de vida, una
de las más maravillosas y trascendentes que las mujeres adoptamos.
Frente a esta realidad, además debemos escuchar
la demanda de miles y miles, sobre todo de jóvenes, que llenan las calles con
sus pañuelos verdes, su grito y su esperanza. Debemos garantizar también por
ellas que el aborto sea seguro y gratuito y no retrocederemos hasta lograr ese
objetivo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada Villa, por Buenos
Aires.
Sra. Villa.-
Señor presidente: muchos diputados y diputadas llegan en el día de hoy a este
recinto condicionados por cuestiones dogmáticas o religiosas. No es mi caso. He
participado en los plenarios de comisión celebrados en los dos últimos meses y
donde hemos debatido este proyecto de ley por el que se promueve la
legalización y despenalización del aborto. Lo hice con total apertura y
honestidad intelectual, intentando escuchar a los expositores y un poco
buscando respuestas a la cantidad de preguntas que me dispara este tema.
Sin lugar a dudas el debate sobre la legalización
y despenalización del aborto nos reclama coherencia y responsabilidad. ¿Por qué
digo esto? Porque cuando estamos debatiendo este tema, en realidad, estamos
discutiendo acerca de una tragedia.
En primer término, esto es así porque ninguna
mujer va a practicarse un aborto contenta. En segundo lugar, porque la decisión
de interrumpir un embarazo nos pone a nosotros, los legisladores, los hombres y
las mujeres de la política, cara a cara frente a otra tragedia, que es el
fracaso del Estado en lo relativo a sus políticas públicas, sociales,
educativas, sanitarias, de contención y de prevención.
Entonces, las preguntas que surgen son las
siguientes: ¿cómo nos paramos frente a esta tragedia? ¿Se subsana este fracaso
del Estado legalizando la práctica que lo pone en evidencia? Sinceramente creo
que ese no es el camino ni para esta ni para otras tantas tragedias que
patentizan el fracaso del Estado.
En mi opinión, lo que debemos hacer es buscar
caminos y mecanismos para evitar que esa tragedia se produzca.
He escuchado muchas afirmaciones a lo largo de
estos meses. Algunas las comparto y otras, sinceramente, no. Por ejemplo, he
escuchado que todos estamos a favor de la vida. Comparto esa idea
absolutamente. Tanto los que estamos a favor de este proyecto como los que lo
rechazamos estamos en esa posición. Particularmente estoy a favor de la vida en
forma absoluta. En otras palabras, estoy a favor de la vida de la madre y de la
del niño por nacer.
Del mismo modo comparto la idea de que las
mujeres somos dueñas y tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Los
hombres también tienen derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Pero lo que
no tenemos las mujeres y tampoco los hombres es derecho a decidir sobre los
cuerpos de otros. Ese derecho no lo tenemos nunca. (Aplausos.)
También he escuchado decir en reiteradas
oportunidades, casi hasta el cansancio, que el debate sobre la legalización y
despenalización del aborto es una deuda pendiente de la democracia en relación
con las mujeres. Discrepo con esa idea. A nosotras, las mujeres, la democracia
nos debe una infinidad de debates, como por ejemplo los relacionados con la
lucha por los derechos políticos, sociales, laborales y sindicales, y con las
injusticias e inequidades que las mujeres sufrimos a lo largo de la historia.
Esos son los debates que nos tenemos que dar y
los derechos que las mujeres debemos
conquistar. ¡Pero el aborto no lo es porque no es un derecho humano! ¡No lo es!
¡No tienen razón! ¡El derecho humano es el derecho a la vida y no el derecho a
eliminarla o destruirla! (Aplausos.)
Del mismo modo, no comparto que se llamen a sí
mismos progresistas. No hay política más progresista que la de ser generosos
con la vida y que la de defenderla. Pero parece que en el Congreso Nacional
contamos con diputados iluminados que nos quieren venir a decir qué política es
progresista y cuál no.
Antes de hablar de progresismo seamos coherentes.
¿O acaso el debate sobre la legalización y despenalización del aborto no era
una política de Estado en 2007, cuando ingresó a este Parlamento el primer
proyecto sobre ese tema? ¿O acaso no era progresismo ese mismo debate en 2010 y
2014, cuando sistemáticamente se negaron a dar quórum en la comisión respectiva
para discutir este tema? (Aplausos.)
El progresismo siempre es progresismo. Lo fue
ayer, lo es hoy y lo será mañana, y nunca tiene que ver con el lado del
mostrador en el que uno está parado.
Por último, quiero decir que no todo en esta vida
da igual y está bien. El aborto no es justicia social porque no lo es
atropellar los derechos de los más vulnerables y no escuchar la voz de los más
indefensos. El aborto es un abuso de poder del fuerte frente al débil. Los
peronistas sabemos muy bien que eso no representa justicia social.
Hoy tenemos la posibilidad de grabar nuestros
nombres en el lodo o en el bronce. Eso dependerá de nosotros. (Aplausos. Varios señores diputados rodean y
felicitan a la oradora.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada Navarro, por
Santiago del Estero.
Sra.
Navarro.- Señor presidente: deseo adelantar nuestro voto negativo al
proyecto de ley en consideración, pues como expresó la señora diputada
preopinante el aborto no es un derecho. Cuando asumimos nuestros cargos de
diputados de la Nación prestamos juramento en el sentido de respetar la
Constitución Nacional. Si no lo hacemos, Dios y la Patria nos lo demandarán.
Sabemos que Dios nos da la vida y que nosotros no
somos quiénes para quitarla.
Por su parte, la Constitución Nacional fue
sancionada hace ciento sesenta y cinco años. Pero hoy, con este proyecto de ley
empezamos a violar sus prescripciones, porque precisamente el derecho a la vida
está contemplado en nuestra Carta Magna.
En este momento fundamentalmente quiero pedir a
los santiagueños que están siguiendo esta sesión que se queden tranquilos porque nosotros tenemos un mandato
para legislar respetando la Constitución Nacional.
El proyecto de ley en tratamiento se opone a una
norma que, como dije, tiene ciento sesenta y cinco años.
La totalidad de los integrantes de este bloque
saludamos a la gente del interior. ¿Por qué lo hacemos? Porque la cultura,
mentalidad e idiosincrasia de la gente del interior es conservadora. Esta
cultura de respeto a la familia todavía existe. En la mesa de ningún
santiagueño existe la libertad de hablar con la hija o el hijo de 12 o 13 años.
Los santiagueños sienten vergüenza de que alguien diga que las hijas tienen
derechos o de que alguien pueda preguntar “Hija, ¿cuánto cuesta hacerse un
aborto?”
Nos
encontramos en el lugar más emblemático de la democracia para sancionar normas,
pero sobre todo para respetar derechos.
Por
estas razones, adelanto que desde este bloque rechazaremos la sanción del
proyecto de ley en consideración. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Matzen, por Río Negro.
Sra.
Matzen.- Señor presidente: mucho se ha dicho en
este último tiempo sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
El
proyecto que hoy tenemos en tratamiento ingresó a este cuerpo legislativo para
que dejemos de mirar hacia un costado.
Para
algunos de nosotros estas últimas semanas han sido difíciles, porque sin duda
es un tema controversial. Pero gracias a la fuerza de muchas mujeres y de
muchos hombres que nos han alentado, que nos han contado sus historias y que
nos han indicado en base a la realidad por dónde pasa el eje de la discusión,
hoy tenemos que hacer caso a esos relatos y tomar la posta.
Es
cierto que existen organizaciones que acompañan a mujeres en situación de
embarazos no deseados. Es destacable que existan instituciones que se ocupen y
piensen en el otro, aunque esto no reemplaza la responsabilidad ni el rol que
debe cumplir el Estado.
Para
quienes hoy integramos esta Cámara el aborto clandestino es una cuestión de
Estado y un tema de salud pública. Por lo tanto, debemos dejar de lado los
dogmas y nuestras propias creencias, porque son cuestiones que atañen al orden
privado y no al público.
La
política es diálogo y decisión; construye el orden social y aporta soluciones
concretas a problemas concretos. Hoy tenemos la opción de decidir si habrá
aborto por fuera de la clandestinidad.
Hemos
debatido con posiciones extremas y taxativas si la legalización del aborto
ponía en tela de discusión el comienzo de la vida o si a partir de la sanción
de este proyecto se utilizaría la legalización como un método de anticoncepción
o de control de natalidad, como si el aborto fuera a existir desde la
aprobación de la norma. Lo cierto es que el aborto siempre existió. Su
criminalización no impidió su práctica. Negarlo u ocultarlo no bajó el índice
de mortalidad en mujeres, que en su gran mayoría son menores de 20 años.
Ninguna
mujer podría manifestar que la interrupción del embarazo es una noticia
deseada. Hay mujeres que en esa situación tienen la posibilidad de encontrar
contención, de contar con recursos para acudir a profesionales que las asistan
y de tener familiares y amigos que maquillen la situación y guarden el honor de
algunos y la conciencia de otros, más allá de engrosar los bolsillos de quienes
desde la clandestinidad hacen su negocio.
La
necesidad de legislar, de quitar el maquillaje y sacar las caretas frente a
esta temática, no tiene que ver con esas situaciones sino con aquellas mujeres
que luego forman parte de terribles estadísticas, porque no tuvieron esa
contención ni la libertad y la posibilidad de elegir.
La
hipocresía no debe ser el patrón de acción. La legalización incluye todas las
posturas. Estoy convencida de que la legalización amplía las libertades y cuida
nuestro sistema sanitario.
Todos
debemos trabajar en mejorar la educación y los programas de salud sexual y
reproductiva, porque junto a la legalización del aborto consolidan una tríada
que traerá más beneficios a los ciudadanos. Este es el compromiso que hoy
debemos asumir. De una vez por todas, hagamos lo que hay que hacer y busquemos
soluciones integrales.
A
los colegas que aún están indecisos les pido que se pregunten si quieren que
haya abortos legales o ilegales; que sean seguros o inseguros y que sigan
existiendo ciudadanos de primera y de segunda.
Por
último, debo manifestar que soy pro vida, porque yo también quiero salvar las
dos vidas. Con mi voto quiero salvar a aquellas mujeres que ya tomaron esta
decisión dolorosa a riesgo de ser criminalizadas. Les aseguro que no habrá
menos madres sino menos mujeres en riesgo.
La
aprobación del proyecto que hoy nos convoca se suma a la construcción de una
ciudadanía plena. Es inclusivo. No es promotor de una acción. Busca salvar
vidas.
Por
todas estas razones, reafirmo mi voto para que tengamos aborto legal, seguro y
gratuito. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Ginocchio, por Catamarca.
Sra.
Ginocchio.- Señor presidente: transitamos un
nuevo siglo y no es casual que nos encontremos tratando y reflexionando sobre
un tema que ha generado opiniones divergentes, pero no indiferencia.
La
cuestión sobre la interrupción voluntaria del embarazo se ha instalado en
nuestra sociedad y requiere de este cuerpo un tratamiento comprensivo sobre
todo lo que implica e involucra.
En
el entendimiento de que las sociedades son dinámicas y se van modificando,
debemos afrontar el análisis con una mirada actual, incluyendo en nuestro
estudio la evolución que ha tenido el derecho y cuáles han sido los niveles de
protección desde la evidencia científica y desde la realidad. Pero ese análisis
lo debemos hacer, sobre todo, desde el respeto a nuestra Constitución Nacional
y los derechos esenciales.
En
esta sesión se han citado modelos antiguos de legislaciones que rigen en países
supuestamente más avanzados que el nuestro, que estoy segura de que en este
nuevo siglo serán revisados frente a las nuevas problemáticas que se presentan.
Como
legisladores tenemos el compromiso de legislar para el presente y para el
futuro, en un marco legal, constitucional y convencional. Siendo nuestra
Constitución el parámetro para la sanción de las leyes que dictamos dentro de
nuestra competencia, me pregunto si estamos dispuestos a aprobar una norma que
está destinada a sucumbir frente a cualquier control de constitucionalidad o
convencionalidad. ¿Cuál es la eficacia de todo esto?
Sabemos
que la reforma constitucional de 1994 amplió garantías y reconoció derechos.
Pero en el marco de este debate debo señalar que la Convención sobre los
Derechos del Niño fija un marco mínimo de protección legislativa y de políticas
públicas al que debemos ajustarnos, que guarda armonía con la integralidad de
nuestro ordenamiento jurídico.
Estoy
convencida de que en virtud del tratamiento en el plenario de comisiones hoy
nos encontramos en mejores condiciones para debatir sobre el proyecto de
interrupción voluntaria del embarazo. Además, sin perjuicio del resultado de la
votación, tenemos que seguir trabajando desde este lugar en el amparo de las
diversas situaciones y por el bienestar general. Es preciso luchar contra la
pobreza.
Me
preocupa la violencia, las desigualdades que continúan, los prejuicios y la
soledad en la que queda la mujer frente a un embarazo no deseado. Debe
trabajarse en ese acompañamiento sanitario, psicológico, social y económico,
acercando los centros asistenciales a la gente. Necesitamos educación y
políticas públicas concretas. De estos temas tenemos que hablar y preocuparnos
por garantizar el goce y el ejercicio de los derechos reconocidos, dando
protección integral desde el embarazo con un régimen público que proteja ambas
vidas, como lo manda la Constitución Nacional.
Por
los fundamentos expuestos, no acompañaré el proyecto de ley en consideración. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Acerenza, por Buenos Aires.
Sra.
Acerenza.- Señor presidente: me voy a tomar el
atrevimiento de dirigir mis palabras a los señores diputados que aún no han
definido su voto.
Quiero
decir que es nuestro deber como diputados legislar para toda la sociedad y
sobre todo para proteger a los sectores más vulnerables, como las numerosas
mujeres que ponen en riesgo su vida o su salud para practicarse un aborto en
absoluta clandestinidad.
En
una democracia constitucional, como diputados no es nuestro deber sancionar
leyes que sean amigables con la curia ni legislar bajo nuestros preceptos de
moralidad. No podemos sucumbir a extorsiones de ningún tipo para sancionar
leyes que impliquen imponer coactivamente criterios dogmáticos al resto de la sociedad
a través de normas jurídicas. No podemos promulgar leyes que satisfagan nuestra
conciencia. No se puede imponer una moral en particular a todas las personas.
Una religión no puede disponer sobre las políticas públicas en un Estado laico.
El
acceso a un aborto seguro es un derecho, no una obligación. El aborto es una
decisión personal y es responsabilidad del Estado garantizar, a través del
sistema de salud, todos los mecanismos posibles para que la mujer,
independientemente de su condición social y económica, pueda ejercer sin
restricciones ni extorsiones su derecho a decidir. De esto se trata cuando
hablamos de equidad, de justicia social y de igualdad.
La
interrupción voluntaria del embarazo no se trata de una cuestión moral o ética
sino un problema de salud pública porque muere gente y se producen daños
gravísimos en mujeres jóvenes y sanas.
Además,
se plantea una situación de profunda discriminación y desigualdad entre
aquellas mujeres que cuentan con los recursos para realizarse abortos en condiciones
seguras y quienes están obligadas a prácticas clandestinas; ciudadanas de
primera y ciudadanas de segunda.
Las
estadísticas oficiales que el propio ministro de Salud de la Nación trajo al
debate son más que contundentes para confirmar este problema. El aborto es la
primera causa de mortalidad materna, pero si así no lo fuere, si solo se
tratase de una muerte, sería una muerte evitable y una vida que tenemos el
deber de proteger. Las muertes evitables no se cuentan, las muertes evitables
se evitan.
Al
analizar los datos vemos que los países que han legalizado la interrupción del
embarazo han disminuido drásticamente la mortalidad materna y el número de
abortos. Como ejemplos puedo mencionar a Uruguay, México, Portugal, Francia e
Italia. En este sentido, creemos que la legalización es el mejor camino para
proteger la vida de las mujeres.
La
penalización del aborto no disuade a las mujeres de abortar. Cien años de
criminalización del aborto en nuestro país no han logrado disminuirlos. Un
siglo después tenemos el deber de revisar lo que decidió un Congreso integrado
solo por hombres. ¿Es este el mejor mecanismo para abordar esta
problemática? Esta vez hay un actor
central: las mujeres que hoy participamos en las decisiones políticas.
La
penalización del aborto es uno más de los tantos resabios de una cultura que ha
concebido a la mujer en un único rol, procrear y ser madre, forzándola a llevar
adelante una maternidad no deseada, sin otorgarle posibilidad alguna de decidir
sobre su propio cuerpo, quitándole autonomía y libertad para optar por
proseguir o no con la gestación. Es una coacción que ninguna norma jurídica
impone a los hombres, y que con la sanción de esta ley empezaremos a cambiar
para convertirnos en una sociedad más justa e igualitaria.
Otorgar
a las mujeres el derecho a una maternidad voluntaria es una deuda de nuestra
democracia.
La
decisión de interrumpir un embarazo existió, existe y seguirá existiendo, con
esta posible ley o sin ella. Lo que estamos discutiendo es si queremos un aborto
efectuado en un marco de legalidad y contención o un aborto realizado en la
clandestinidad y en absoluta soledad.
Está
en nosotros decidir si queremos que esta práctica se realice en un hospital,
con un equipo interdisciplinario de profesionales que brinde contención,
atención y asesoramiento en métodos anticonceptivos para que no tengan que
volver a acudir a un aborto. Por eso, en el dictamen incorporamos artículos
destinados a la prevención del embarazo y a reforzar las políticas de
anticoncepción y procreación responsable.
No
queremos que haya más abortos sino que exista más educación. La clandestinidad
y la desinformación ponen en riesgo la vida de las mujeres y debemos hacernos
cargo de eso.
Nadie
quiere más abortos. El aborto significa el rotundo fracaso de las políticas
preventivas; por eso tenemos un gran desafío por delante.
Señor
presidente: no sé cuántos de los bonaerenses que me votaron estarán a favor o
en contra de este proyecto que posiblemente sea sancionado hoy, pero sí puedo
afirmar que tienen una diputada que rechaza contundentemente la hipocresía y la
doble moral. Hoy, sentada en esta banca, en esta oportunidad histórica, no voy
a mirar para otro lado para negar lo que existe, lo que existió y seguirá
existiendo.
No
seré cómplice de ninguna muerte evitable ni del cercenamiento de las libertades
de las mujeres. Hoy, sentada en esta banca, voto por el derecho a decidir. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Martínez Villada, por Córdoba.
Sra.
Martínez Villada.- Señor presidente: hoy es un
día histórico en la Cámara de Diputados de la Nación porque está en juego un
valor fundamental: la vida humana.
Las
innumerables marchas, tanto verdes como celestes, que ocupan las principales
capitales de las provincias de nuestro país han demostrado el interés de la
sociedad en esta cuestión.
Los
interminables debates en los medios de comunicación, en las redes sociales y en
las escuelas muestran el interés que tiene el país en este tema porque está en
juego la vida.
Luego
de escuchar centenares de exposiciones en las reuniones llevadas a cabo en el
Anexo de la Cámara de Diputados logré enriquecer mi postura.
En
primer lugar, quiero expresar que existió una guerra de estadísticas, una
guerra de cuestionamientos hacia la constitucionalidad de esta norma y
considero que para hacer un debate serio debemos partir de una base muy
concreta: en qué momento comienza la vida humana. Si nos basamos en la ciencia,
la biología y la genética, la vida humana
comienza con la concepción, es decir, con la unión del óvulo y el
espermatozoide. Si no tenemos en cuenta a la ciencia, quedaremos atrapados en
una política ideológica, de descarte del ser humano, en una filosofía
positivista donde corro lo que no puedo resolver.
Presumo
que muchos diputados están pendientes de este debate. Personalmente, sin
ninguna duda estoy a favor de las dos vidas.
Quiero
decir algunas palabras al respecto desde mi experiencia de madre, abuela y
defensora de las dos vidas. El aborto es un abuso de poder. Son dos fuerzas que
se enfrentan. No tenemos igualdad de derechos. No es igual el derecho de una
madre a su libertad, su deseo o su planificación de vida que el derecho a la
vida. Hay una diferencia asimétrica, una inequidad manifiesta.
El
derecho a la vida está por encima de la libertad. La libertad no precede a la
vida. Sin vida no hay libertad. Preguntaría a un condenado a muerte si no
prefiere canjearla por una prisión perpetua.
Por
otro lado, existe un consenso mundial con respecto al cuidado del medio
ambiente. Pregunto: ¿cómo es posible que seamos capaces de eliminar la primera
especie humana si tanto cuidamos a los animales y las plantas, e invertimos
millones de pesos, energías y horas de estudio para poder cuidar las especies
en extinción?
A
mi modesto entender, tampoco considero que el aborto sea una cuestión de salud
pública. Son temas de salud pública la prevención, el control de la madre
durante el embarazo, la contención y la educación sexual. ¿Qué pasa con esas
niñas -como recién escuché decir a una diputada‑ que cada año practican
un aborto? ¿Cuál es la planificación de salud pública que existe para que esa
niña no llegue a los 18 o 19 años con tres o cuatro abortos, quiera formar una
familia y ya no pueda tener hijos? ¿Cómo es posible que el útero de la madre
sea el lugar más oscuro y peligroso para un ser humano?
Espero
que este debate se humanice y encontremos puntos en común, como la prevención,
la educación en el marco del respeto a los valores, la educación sexual.
Debemos agilizar la sanción de una nueva ley de adopción para que miles de
niños que esperan tener una familia puedan lograrlo, porque hay muchos padres
que quieren acogerlos.
Termino
mi exposición diciendo que la interrupción voluntaria del embarazo es una
expresión que a mi entender no es exacta porque no se interrumpe nada, se
elimina. Tratemos de humanizar el debate; de lo contrario, no tendremos salida
como sociedad.
Espero
que la Argentina tenga una luz que pueda iluminar el mundo con principios
humanistas, valores, y que se puedan ejecutar políticas más humanas.
El
aborto no soluciona el problema ni tampoco el sistema de despenalización. Por
lo expuesto rechazo el proyecto en consideración. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Carro, por Córdoba.
Sr.
Carro.- Señor presidente: no voy a utilizar mi
tiempo repasando las argumentaciones en favor del proyecto, porque ya lo han
hecho y muy bien diversos diputados y diputadas con anterioridad, y en muchas
de las intervenciones que se realizaron en las reuniones plenarias de estos
últimos dos meses; pero sí quiero destacar una intervención, la de María Teresa
Bosio. Ella es presidenta de la organización Católicas por el Derecho a Decidir
y secretaria adjunta del sindicato de los docentes e investigadores de nuestra
universidad, al que pertenezco. Keka, tal como la llamamos, contó que en
Córdoba, por un amparo presentado por una organización llamada Portal de Belén,
desde hace seis años las mujeres que son violadas no tienen derecho a un aborto
legal en Córdoba.
Me
gustaría decirlo con claridad: hoy en la provincia de Córdoba una mujer violada
no tiene derecho a un aborto legal que la ley le garantiza desde hace casi cien
años. Y llama la atención el desinterés y la falta de preocupación del
Ministerio de Salud de la provincia de Córdoba. Creo que no les interesa, que
miran para otro lado, porque en la televisión no salen las mujeres pobres que
abortan. Tampoco salen en la televisión las mujeres pobres que mueren por causa
de un aborto.
Hace
unos días el ministro de Salud de la provincia de Córdoba se expresó en contra
de este proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. ¿Cómo no va estar en
contra, si ni siquiera pone las manos para defender el protocolo de aborto no
punible, que es ley desde hace tantos años?
Mientras
tanto, cada mujer que es violada y quiere abortar no puede acceder a su derecho
en Córdoba. Todavía estamos esperando que el Tribunal Superior de Justicia de
nuestra provincia defina esta situación.
Como
bien decía la diputada Brenda Austin al comienzo de la sesión, ahora que
estamos recordando los 100 años de la Reforma Universitaria, los dolores que
nos quedan son también las libertades que nos faltan.
Pero
creo que aquí hay mucho de ese espíritu reformista, porque hoy estamos
discutiendo un proyecto que para muchos de nosotros era una lucha lejana.
Quiero decir que si no hubiera sido por ese compromiso, esa energía, esa
vocación que pusieron miles y miles de mujeres a lo largo y a lo ancho de este
país, no estaríamos discutiendo esto. A fuerza de argumentos y de trabajo
incansable lograron que un tema tabú se convirtiera en una reivindicación
mayoritaria.
Fíjense
lo importante que es esta lucha que hasta trastoca los alineamientos partidarios
tradicionales. Hoy hay pañuelos verdes por toda nuestra Argentina: en las
plazas, las escuelas, las universidades, el mercado y las calles.
Tengo
muy en claro que esta marea verde no se puede detener, que esta revolución
feminista y generacional no empieza ni termina con la sanción o no de este
proyecto de ley. Este cambio -este sí es un verdadero cambio- llegó para
quedarse y recién comienza.
Por
eso quiero brindar todo mi reconocimiento a las miles y miles de mujeres que
nos trajeron hasta aquí y nos permitieron discutir estos temas.
Hoy
la ciudadanía reclama que este cuerpo esté a la altura de una sociedad y de un
pueblo que pelea por sus derechos, que reclama justicia social, que está
cansado ‑cansadas‑ de tantas desigualdades.
Por
todo lo que expresé, pero también por la memoria de mi abuela, mi madre, mi
hermana, mi pareja, mi hija y las miles y miles de mujeres que pelearon por
esto, y además por los varones ‑de verdad creo que todos y todas nos
merecemos vivir en una sociedad con más derechos y menos privilegios‑, mi
voto será afirmativo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Gioja, por San Juan.
Sr.
Gioja.- Señor presidente: haciendo uso de los
cinco minutos que me corresponden quiero apartarme brevemente del tema y
felicitar a todos los sanjuaninos, porque un día como hoy pero hace 456 años se
fundaba la ciudad de San Juan. Hago llegar a todos los sanjuaninos mis
felicitaciones y mi deseo de que sigamos haciendo buen vino. (Aplausos.)
En
cuanto al asunto en consideración, quiero decir que por momentos siento mucha
bronca con respecto a este tema, que me parece ineludible tratar. La bronca que
siento se debe a que quiero entender, sinceramente, lo que plantea el colectivo
de mujeres, pero no lo veo desde la lógica de la habilitación del aborto. Sin
embargo, tampoco creo que haya que andar marcando con el Código Penal cualquier
conducta o decisión tan personal como la que se está debatiendo.
Tengo
una convicción y una formación. Voy a contar mi historia para que sepan por qué
pienso como lo hago. Tengo 68 años; me he criado en un pueblo a 150 kilómetros
de San Juan y después en San Juan, y siempre que alguien venía con la noticia
de que una pariente, una amiga o lo que fuera, quedaba embarazada, había
alegría y emoción, hasta se derramaba alguna lágrima.
En
lo personal me tocó hacer una gestión para que una familia que no podía tener
hijos pudiese adoptar un chico. Era un trámite que se demoraba, no se trató de
influencias ni mucho menos. En ese caso también pude saborear la felicidad de
un hogar lleno al tener una criatura de dos o tres meses.
Tengo
la dicha de ser casado y tener cuatro hijos: tres varones y una mujer. De esos
tres varones, uno tiene síndrome de Down. No quiero pensar qué habría pasado
por mi cabeza si hace cuarenta y un años ‑va a cumplir esa edad dentro de
dos semanas‑ alguien me hubiese venido a decir: “Mirá, la ley te
autoriza; si querés, ese chico no nace”. ¡Ese chico es la luz de mi vida y de
mi familia! (Aplausos.) A ese chico, como a todos los que tienen
alguna discapacidad, lo que le falta de razonamiento lo tiene de corazón y se
hace querer como el más vivo y el más inteligente de los chicos del mundo.
¿Sabe
qué más, señor presidente? Me siento feliz, y aquí no hay doble moral ni
intervenciones de afuera. Lo que más he hecho en mis 68 años es política. Sin
embargo, no pude convencer a ninguno de mis hijos de que me acompañara, y la
única hija mujer que tengo es religiosa, monja. Cada vez que la veo la envidio
porque veo la felicidad en su cara; ella desparrama amor y desparramando amor
está al servicio de los otros.
Por
convicción, por racionalidad, por doctrina y por ser peronista, tengo todo el
derecho de estar hoy en contra de este proyecto que considero contradictorio,
porque en un artículo dice una cosa, en otro artículo dice otra distinta,
otorga derechos y después los quita. Eso no me cabe, me parece que no debe ser
así.
El
que está concebido para nacer, tiene que nacer. No he visto en toda la naturaleza,
ni en los vegetales ni en los animales, ningún ser que quiera que su hijo se
muera en el vientre o afuera. Nunca, no lo he visto. Sí he visto los casos
contrarios. Por ejemplo, en mi provincia –los cuyanos lo deben saber‑
cuando alguien quiere reemplazar una parra vieja, hace un acodo; agarra un
sarmiento, lo entierra, y cuando ese sarmiento se pone verde, arranca la planta
grande. Eso sí lo he visto hacer, pero nunca vi que un mayor le niegue el
derecho a nacer a nadie. ¡No lo hagamos! Trabajemos en temas de salud, de
educación o en lo que sea necesario, pero no juguemos con los pobres. ¡Los
pobres necesitan que legislemos para combatir la pobreza! ¡No usemos la pobreza
como argumento porque no corresponde! (Aplausos.)
Pido
a mis compañeros que lean –no la voy a expresar aquí‑ la verdad número 14
de las Veinte Verdades del Justicialismo.
Por
último, voy a leer lo que dicen en uno de sus puntos los curas de las villas y
de los barrios populares. No me digan que esos curas no son progresistas y no
están entregando su vida en el trabajo de todos los días, porque he tenido la
oportunidad de ver el tremendo trabajo social que desarrollan, cómo lo hacen,
cómo dedican su vida a eso y cuán felices son porque se realizan con eso.
Ellos, más de treinta, en el punto dos dicen lo siguiente: “Nuestra opción es
por ‘la vida como viene’, sin grises. Especialmente la vida amenazada en
cualquiera de sus formas. Por eso hemos hablado a favor de los inmigrantes, de
la lucha por la justicia, de que nadie a raíz de la desnutrición, tenga su
futuro hipotecado, que nadie muera por enfermedades que podrían curarse, como
por ejemplo la tuberculosis. Por eso estamos en contra del gatillo fácil. Por
eso hemos apoyado las manifestaciones de ‘Ni una menos’ contra los femicidios.
Y a esta opción, la confirmamos con acciones comunitarias concretas, que
realizamos en nuestros barrios para que se viva bien, se viva con dignidad.”
Comparto
estas palabras y, sin generar oposiciones ni enemistades con nadie, porque es
también humano tener divergencias, sinceramente quiero dejar en claro cuál es
mi posición en defensa de la vida: si viene uno, de las dos; si vienen
mellizos, de las tres; si vienen trillizos, de las cuatro. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Arroyo, por Buenos Aires.
Sr.
Arroyo.- Señor presidente: desde mi perspectiva
creo evidente que la política de criminalización y penalización de las mujeres
que abortan ha fracasado en la Argentina, no ha sido buena, no ha sido eficaz,
no ha ayudado, no ha evitado el aborto clandestino.
Considero
también que los abortos se realizan en forma numerosa, clandestina, precaria.
Tengo claro que la pobreza tiene múltiples dimensiones y nadie debería tomar
este punto para analizarla, pero tengo la certeza de que las mujeres
vulnerables, las más pobres, abortan en las peores condiciones de salud.
Por
esta razón, a la hora de votar priorizo la cuestión de la salud pública. Tengo
una fe personal, una formación religiosa y una opinión personal respecto del
aborto. Sin embargo, entiendo que mi rol como diputado consiste en debatir no
sobre mis creencias o las de otras personas, sino respecto de la interrupción
voluntaria del embarazo. En ese sentido, pienso que como legislador tengo que
votar a favor de la legalización del aborto; esencialmente, porque creo que
ninguna mujer debe ser penalizada cuando decide interrumpir su embarazo. Quien
por alguna razón decide voluntariamente no continuarlo, tiene que hacerlo en
las mejores condiciones sanitarias posibles.
Tengo
muy en claro que esto representa la lucha histórica de muchas mujeres que, en
las peores condiciones, han reclamado por sus derechos y hoy parecen pasar la
posta a otras, muchas de ellas jóvenes y adolescentes, que han comenzado a
introducirnos en este debate del siglo XXI. En toda escuela, en toda mesa de
cada casa, se discute sobre esta problemática. La sociedad está tres pasos
delante de la política; hoy ha vuelto a demostrarlo al debatir acerca de la
interrupción voluntaria del embarazo.
No
veo que haya una lucha entre derechos y antiderechos. Siento un inmenso respeto
por quienes votarán en forma negativa pensando en cuestiones vinculadas con
valores, identidades y creencias respecto de la vida. Reitero: no veo que haya
una lucha entre derechos y antiderechos. Veo un debate profundo que nos toca
las entrañas, que nos impacta de manera muy fuerte, y a mucha gente con una
mirada, una fe y una creencia absolutamente válidas.
A
mi entender, estamos ante un debate de salud pública. Se trata de dar a la
mujer que decide voluntariamente interrumpir su embarazo, las mejores
condiciones posibles.
Creo
que esta discusión ha sido buena y fructífera para la Argentina, ya que
contribuyó a visibilizar a muchas mujeres que estaban afuera de todo. Les
permitió expresarse, plantear sus puntos de vista, sacar a la luz un tema que
estaba en la oscuridad. En parte, a ello contribuyó el Congreso; pero también
ayudó mucho la sociedad y, en particular, las mujeres más jóvenes.
Más
allá de mis creencias, entiendo que el aborto es una situación consolidada y
sustantiva en la Argentina, y que quienes legislamos tenemos una tarea central:
brindar las mejores condiciones sanitarias a las mujeres que voluntariamente
quieren interrumpir su embarazo.
En
verdad, celebro este debate profundo y complejo. He tomado muy en serio la
cuestión y entendí que una cosa es mi opinión personal y otra mi rol como
legislador para 44 millones de personas. Por eso votaré a favor este proyecto
de ley.
Pienso
que esta iniciativa ha puesto en valor una cuestión clave: la brutal situación
que atraviesa la salud pública en la Argentina y el tremendo problema que
afecta a un montón de personas que no pueden acceder a condiciones sanitarias
mínimas. Todos hemos visto lo mal que funciona la salud pública para las
mujeres jóvenes y, sobre todo, para las pobres. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Morales, por Misiones.
Sra.
Morales (F.).- Señor presidente: mucho se ha
dicho ya y no quiero ser reiterativa, pero luego de escuchar a mis compañeros
diputados no puedo dejar de expresar mi pensamiento respecto de este tema.
Hoy
no es posible pensar en un marco normativo que otorgue mayor protección al feto
a medida que avanza su crecimiento. La concepción da inicio a la vida de una
persona, de un ser, y así lo refleja el siguiente hecho: si el embrión se
desarrolla con normalidad y su crecimiento no se ve truncado por la muerte, se
convierte en un niño.
- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable
Cámara, ingeniero José Luis Gioja.
Sra.
Morales (F.).- Si tomamos la definición que del
término “potencia” hace Aristóteles ‑capacidad de ser algo en el futuro,
de llegar a ser algo que está comprendido en la esencia o naturaleza de la
realidad que actualmente se es‑, podemos concluir que el embrión es un
niño en potencia. Desde la concepción, es un ser humano en acto. Entonces,
negar su naturaleza humana limitándose a observar un aspecto circunstancial de
la forma que adopta el embrión a medida que se desarrolla, es un mero
reduccionismo que debemos evitar para proteger el derecho a la vida inherente a
toda persona.
Como
Estado, no podemos naturalizar los problemas cotidianos, especialmente cuando
está en juego la vida de los más vulnerables y de aquellos que no tienen voz.
En lugar de dar por hecho la prepotencia de la realidad, tenemos la
responsabilidad de intervenir especialmente en aquellos casos de mayor
vulnerabilidad y de sostener una educación sexual integral. Respecto de esta
última, no podemos dejar aisladas a las provincias asignándoles la total
responsabilidad de su implementación sin presupuesto alguno, ya que –de ser así‑
la educación sexual integral, que debe empezar en el seno familiar, quedaría en
manos de quienes tengan ganas de impartirla.
Cuando
hablamos de educación sexual, también hablamos de educación. Ya que en el
transcurso de este debate se mencionó una y otra vez este término, sería bueno
que la Comisión de Educación logre reunirse y avance en el tratamiento de
diferentes proyectos. Durante el presente período legislativo, solo sesionó
tres veces. Si tanto hablamos de educación, no la usemos en un mero discurso y
hagámosla realidad.
Buscar
la solución más fácil no es la respuesta. Por el contrario, es tapar el sol con
el dedo, especialmente cuando están en juego el derecho a la vida de los más
vulnerables, de los que no tienen voz, y la dignidad de las personas.
Como
Estado tenemos la obligación de mejorar las políticas y de no olvidar que
estamos hablando de dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Suarez Lastra, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Suarez Lastra.- Señor presidente: no es habitual
que nos dirijamos a nosotros mismos. Por lo general, cuando venimos a una
sesión, lo hacemos con una posición tomada y con un acuerdo político del
bloque. De alguna forma, con anticipación sabemos cuál será el resultado.
Este
caso es distinto. Nos observan miles de personas en las calles y la opinión
pública está muy atenta a este debate en la Cámara de Diputados.
Invito
a mis pares a que reflexionen sobre el particular porque se está dando un
proceso novedoso: las posiciones van cambiando a partir de que nos escuchamos
unos a otros. Esto, que no es habitual en la práctica política, me parece un
avance enorme y una gran oportunidad para valorizar esta manera de encarar los
problemas.
Resolvimos
abordar una cuestión y lo hicimos cruzando nuestras identidades políticas,
trabajando juntas personas que habitualmente votamos distinto. De un lado y del
otro, entre quienes apoyan la aprobación del proyecto que estamos considerando
y quienes lo rechazan, hubo ámbitos de trabajo compartidos por diferentes
espacios políticos que ojalá constituyan una forma más abierta, generosa e
integrada de enfrentar los difíciles problemas por los que atraviesa nuestro
país y encontrar un camino en función de su progreso y desarrollo. Creo que
estamos frente a una gran oportunidad.
Me
quedo con la idea de que este cambio se ha ido dando porque se fue entendiendo
que no estamos hablando de metafísica ni de creencias. Lo que manifestó hace
unos momentos un diputado del Frente Renovador me expresa absolutamente.
Cualquier persona, sean cuales fueran sus convicciones personales y religiosas,
puede estar perfectamente cómodo con ellas y votar por la despenalización,
porque la despenalización ha sido un fracaso y no es una solución. Miren qué
notable: si tenemos éxito, vamos a modificar el Código Penal y mañana no habrá
nadie en libertad, ni se terminará ningún proceso judicial porque tenemos un
Código Penal que hace cien años que no se utiliza y no hay gente procesada ni
detenida. No vamos a sacar a la gente de las cárceles ni de los tribunales sino
de la clandestinidad; vamos a hacer que la gente, cuando tome una decisión,
tenga seguridad en su tratamiento.
Estamos
hablando de qué tipo de Estado queremos. No estamos hablando de metafísica sino
de política, que es lo que se hace en el Congreso de la Nación.
Quiero
llamar la atención respecto del artículo 13. Si no se pone en evidencia el
propósito, no se entiende lo que estamos haciendo: estamos tratando de que no
haya más abortos en la Argentina. No somos neutros e insensibles en relación
con el aborto. Es una tragedia que no estimulamos y por eso planteamos en este
artículo toda una gama de políticas de salud sexual integral y procreación
responsable que permitan disminuir el drama del aborto.
En
oportunidad de discutir el proyecto en particular, en mi carácter de autor de
una de las iniciativas y agradeciendo que muchas de las propuestas hayan sido
incorporadas en la que estamos tratando, voy a proponer un cambio en el orden
del articulado. En tal sentido, voy a sugerir que el artículo 13 pase a ser 3°
a fin de que nadie tenga dudas de que el espíritu de esta Cámara y de sus
integrantes es tratar de evitar los abortos clandestinos y los embarazos no
deseados, con el más absoluto respeto por las libertades y decisiones
personales.
A
quienes sostienen que están a favor de las dos vidas y utilizan este argumento,
con todo respeto tengo que decirles que yo también lo estoy. Por eso
desarrollamos políticas públicas, para fortalecer las posibilidades de las
madres de acceder a la educación y a la atención de la salud, del parto y del
posparto. Defendemos las dos vidas.
Muchos
opinan de esa manera y por ello van a votar en contra de la despenalización. Lo
hemos escuchado en este recinto; hay gente que va a votar en contra del
proyecto porque está en contra de la despenalización. ¿Qué podemos esperar
después de esto? El vacío, la clandestinidad, la deserción del Estado en cuanto
a dar soporte a quien lo necesita.
Estamos
discutiendo qué tipo de Estado queremos, si queremos un Estado muy fuerte y
presente para prevenir los embarazos indeseados, para educar, atender y ayudar
a la persona que una vez que tomó la decisión cuente con un Estado que la
acompañe. La gran trampa está en decir “yo apoyo las dos vidas”. ¿Y la madre?
¿Y la mujer que tiene un embrión en su vientre no tiene nada que decir? Si algo
aprendimos en este debate, y se lo agradezco a Marta Rosenberg por su punto de
vista feminista y a Alejandro Kornblihtt por su opinión desde la ciencia, es
que no existe ninguna posibilidad de maternidad sin el deseo de la madre. No
hay maternidad afuera del útero materno y lo que constituye a alguien en madre
es el deseo de serlo.
¿Qué
vamos a hacer con la mujer que ante un drama o dilema en su vida decidió
interrumpir el embarazo? ¿Cómo la apoya el Estado? ¿Cómo le damos una alternativa?
¿Volcándola a la clandestinidad o sacándole la pata de ese tutelaje? ¿Qué vamos
a hacer? ¿La obligamos a tener un hijo en contra de su voluntad? El Congreso de
la Nación no puede obligar a ningún ser humano a hacer eso. Las mujeres de
nuestra patria y del mundo no son un colectivo en el que se transportan hijos
no deseados. El hijo es el proyecto de una mujer que tiene el deseo de ser
madre. No podemos convertir un derecho en una obligación forzada.
Pido
disculpas porque me he excedido en el tiempo del que dispongo. Si bien como
autor de uno de los proyectos tengo derecho a utilizar veinte minutos, no voy a
reclamarlos. He manifestado todo lo que deseaba y voy a tomar un par de minutos
más para decir que a partir de las expresiones vertidas por los diputados que
me precedieron, veo un cambio y un espíritu de época distinto. El Congreso está
atendiendo una demanda de la sociedad, una demanda con una fuerte impronta
generacional y un cambio justo que se nos está reclamando. Si queremos
fortalecer la democracia, si queremos legislar para el conjunto, si queremos
alejarnos de nuestras creencias para legislar con responsabilidad –desde una
mirada u otra‑, debemos hacerlo para el conjunto. La sociedad está
dividida por mitades, pero no podemos partir la decisión y alejarnos de la
representación del conjunto.
Por
eso, con ese espíritu de cambio y con la misma impronta que han tomado un
diputado peronista y mi compañera Brenda Austin –en cuanto al espíritu de la
reforma universitaria‑, apelo a mis correligionarios y a quienes desde
otros partidos se alientan en ese espíritu a cien años de la reforma
universitaria, porque si esta noche ponemos al Estado a trabajar en función de
la salud, la dignidad y la libertad de las mujeres, habremos terminado con una vergüenza
menos y tendremos una libertad más. (Aplausos.
Varios señores diputados rodean y felicitan al orador.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada Morales, por Santiago del Estero.
Sra.
Morales (M.E.).- Señor presidente: estamos
debatiendo un proyecto de ley que ha generado diversas opiniones y muchísimas
controversias, que ha puesto en tela de juicio principios, convicciones y
creencias. Sin embargo, estamos discutiendo y analizando cada uno de los
fundamentos que se han expuesto respecto de esta iniciativa.
He
escuchado muchas opiniones y estudiado cada una de ellas, contrastándolas con
la realidad de Santiago del Estero. La Constitución de mi provincia, en su
artículo 16, inciso 1, consagra a todos los santiagueños el derecho a la vida
desde el momento de la concepción. Partiendo de este principio, he escuchado
muchos fundamentos legales y constitucionales que no entraré a detallar, porque
todos sabemos cuáles son nuestros deberes y obligaciones, pero sí voy a hablar
de la salud pública.
Se
ha dicho que este es un tema de salud pública. Quiero comentar a todos mis
compañeros que hay muchas cuestiones de salud pública en las que los derechos
de las mujeres no se respetan y en las que las mujeres no tienen igualdad de
posibilidades. Entonces, tenemos que militar, trabajar, debatir y legislar por
esos derechos. Hoy hay mujeres que se mueren porque no acceden a tratamientos
oncológicos en los centros de salud pública. Tampoco acceden a tratamientos de
enfermedades crónicas ni a todas las obligaciones que tiene el Estado mediante
los derechos consagrados en leyes y constitucionalmente.
Por
ello, el aborto no es un tema de salud pública. El aborto no es un derecho. El
aborto es una herramienta más para legalizar aquello que no podemos combatir
desde el Estado. El aborto es una excusa que ponen todos los funcionarios
públicos, incluyéndonos nosotros. Se trata de excusas que hemos puesto por las
fallas de aquellos que no han trabajado en tiempo y en forma para garantizar
los derechos que las mujeres necesitamos para decidir sobre nuestro cuerpo.
Es
fácil hablar de libertad y del derecho a la vida, pero cuando no se dan esas
herramientas que el Estado tiene la obligación de darnos, esos derechos no se
ejecutan ni llevan a cabo. Entonces, no hablemos de hipocresías, porque si
hablamos de hipocresías hay que decir que la salud pública en este país está en
decadencia absoluta.
Por
otro lado, he escuchado que se trata de un tema de justicia social. Vengo de
una provincia pobre y de una familia muy pobre. ¿Saben qué? ¡Las pobres no
abortan! ¡Las pobres salen a laburar para mantener a sus hijos y darles las
oportunidades que el Estado no les ha dado!
También
he escuchado hablar del derecho a la libertad y lo han ubicado por encima del
derecho a la vida. Considero que el derecho a la vida es el derecho humano por
naturaleza, o sea, habla de la naturaleza y de la humanidad propia.
Hoy
se analiza el derecho a la vida de la persona por nacer. Nos olvidamos de que
hay una persona consagrada desde el momento mismo de la concepción y que no
tenemos por qué decidir sobre la vida de ella. ¿Por qué la vida de la persona
por nacer vale menos que la nuestra? ¿Quién dice que vale menos que la nuestra?
La
verdad es que a esta altura del debate, con todos estos fundamentos y con lo
que he leído en el proyecto de ley que hoy tratamos -en el artículo 12 se
consagra el derecho a la vida y a la libertad- estamos también consagrando el
derecho a abortar, que en realidad no es un derecho humano. El derecho a
abortar va automáticamente en contraposición al derecho a la vida.
Se
trata de derechos que se contraponen y los derechos humanos no se contraponen.
Los derechos humanos surgen del derecho a la vida, porque si no hay vida no hay
más derechos. Este es un punto fundamental para que tengamos en cuenta.
También
he escuchado que es un tema de metafísica, pero no lo considero de esta manera.
La vida no depende de nuestra voluntad ni de la subjetividad de cada uno, sino
que depende científicamente de la unión de un espermatozoide y de un óvulo en
el seno de la madre. Por lo tanto, es algo empírico, es algo científico, y no
depende de nuestra voluntad.
Con
todos estos argumentos pienso que hoy no es momento para sancionar este
proyecto. Me han acusado de que no he votado a favor de los derechos de la
mujer. Soy mujer, soy madre de tres niños y la verdad es que las mujeres día a
día tenemos que luchar para que los derechos que tenemos consagrados se cumplan
real y efectivamente. Asimismo, que se generen las oportunidades para todas
aquellas que no las tienen y puedan ejercer sus derechos.
Considero
que sería una hipocresía seguir consagrando leyes en textos obsoletos que no se
aplican en la realidad. Desde el principio de este debate he marcado mi postura
y no hay un solo fundamento que me haga dudar de que las dos vidas deben seguir
adelante. Por ello, antes que nada, pido que humanicemos la cuestión y pensemos
que no es la solución.
Considero
que ni el aborto legal ni el aborto clandestino deben existir y eso es
responsabilidad nuestra. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Del Caño, por Buenos Aires.
Sr.
Del Caño.- Señor presidente: en primer lugar,
antes de referirme al tema que hoy se debate en esta Cámara, quiero denunciar
la amenaza de muerte recibida por la senadora de la provincia de Mendoza,
Noelia Barbeito.
Nuestra
compañera del PTS y del Frente de Izquierda es una incansable luchadora por los
derechos de las mujeres. Ella fue autora del proyecto por el cual se adhería al
Protocolo de Abortos no Punibles en la provincia de Mendoza, pero la iniciativa
no fue tratada. Por ello, se impide a las niñas abusadas poder practicarse un
aborto.
Digo
todo esto, porque en estas horas corren rumores -como todos estos días- de
presiones y de amenazas, y aquí lo estamos viendo. Lo digo especialmente para
aquellos que dicen defender la vida. Aquí existe una amenaza de muerte a
nuestra compañera, que quiero repudiar y solicito a todas las diputadas y
diputados que también lo hagan.
Nos
encontramos en esta sesión histórica gracias a la movilización enorme de las
mujeres y de todos los que acompañamos esta lucha. Allí afuera y en todo el
país son cientos de miles quienes están expresando su reclamo.
La
juventud ha sido la que orgullosamente lleva el pañuelo verde y la marea verde
se ha transformado en un verdadero tsunami. Se trata de esos pibes y esas pibas
que exigen educación sexual y aborto legal para no morir. Está claro que si
llegamos hasta acá dando este debate, no ha sido por este gobierno sino por esa
lucha de las mujeres.
La
mayoría de la población exige poner fin a los abortos clandestinos, que muchas
veces causan la muerte, mayoritariamente de las mujeres más humildes.
Me
quiero referir a los argumentos que insólitamente hemos escuchado hoy en este
recinto. En este sentido, hubo diputados que tuvieron el descaro de decir que
no habían tenido tiempo de analizar la cuestión, porque este tratamiento fue
muy rápido. Cabe recordar que llevamos meses de debate y décadas de lucha. Por
el contrario, votaron a libro cerrado las leyes para pagar a los fondos buitre,
los presupuestos con los “tarifazos” y el robo a los jubilados, que lo votaron
sin haber leído siquiera lo que decían muchos de los diputados, pero sabían que
era un robo a los sectores más vulnerables.
Otro
argumento insólito que hemos escuchado es que a través de la práctica del
aborto se está matando a una persona. Si fueran consecuentes y coherentes
tendrían que pedir la pena de muerte y la cadena perpetua para esas mujeres que
abortan planteando que es un homicidio agravado por el vínculo. Sencillamente
no lo dicen porque se siguen escudando en algo absoluta y completamente falso.
Si
verdaderamente quieren defender la vida, legalicen el aborto; no sean
hipócritas; no condenen a la muerte a las mujeres por los abortos clandestinos;
no se escuden en sus creencias personales o religiosas. Si algo ha distinguido
al oscurantismo de la cúpula de la Iglesia Católica durante todos estos años es
oponerse a leyes como la que hoy estamos discutiendo aquí.
Por
esos motivos, se han opuesto a la independencia nacional, al fin de la
esclavitud, a la ley 1.420 -de educación común, laica, gratuita y obligatoria-,
a la reforma universitaria, al divorcio, a la educación sexual, al matrimonio
igualitario, al voto femenino y ahora al derecho al aborto legal.
Por
eso decimos: ¡basta y exigimos la separación de la Iglesia del Estado! La
fuerza política a la que represento, el PTS y el Frente de Izquierda, siempre
impulsó el proyecto de la campaña por el derecho al aborto legal, seguro y
gratuito. Junto a nuestras compañeras, que hace décadas son parte del
movimiento de lucha de las mujeres, sostuvimos que los derechos no se mendigan,
se conquistan. Por eso apostamos todos nuestros esfuerzos a desarrollar la más
amplia organización y movilización, porque confiamos solamente en esa fuerza.
Aún
no tenemos en claro si el proyecto va a obtener sanción, y si la obtiene
sabemos que habrá que dar una durísima batalla en el Senado, donde los sectores
antiderechos multiplicarán sus presiones. Pero no nos caben dudas de que este
movimiento será imparable.
Ya
desde las movilizaciones de 2015 del colectivo #NiUnaMenos el movimiento de lucha de nuestro país contagió a
millones en todo el mundo. El 8 de marzo pasado, durante el paro nacional de
mujeres, se vio nuevamente esa hermandad internacional de las mujeres que
retoman una rica historia de lucha.
Aquí
no tengo tiempo para nombrar a muchísimas y heroicas mujeres que son una fuente
de inspiración para aquellos que militamos por transformar y terminar con este
sistema de explotación y opresión, sistema en el que mil millones de personas
están condenadas a la más absoluta miseria. El 70 por ciento son mujeres y
niñas; además, millones de refugiados escapan de las guerras y las hambrunas.
El capitalismo se vale de la opresión y de la discriminación para mantener el
dominio de un pequeño grupo cada vez más rico.
Por
eso, junto a las compañeras de la agrupación Pan y Rosas, peleamos para que ese
gran movimiento de mujeres unifique la lucha de todas y todos los explotados y
oprimidos de este mundo para acabar con este sistema tan injusto.
Quiero
terminar mi exposición pidiéndoles que escuchen a esa marea verde que está
afuera y que está creciendo cada vez más. Nos informan que son cientos de miles
las personas que están llegando a las inmediaciones de este Congreso y que
siguen movilizándose por todo el país.
Les
pedimos que no se escuden en las presiones de algunos gobernadores o en las
presiones de la Iglesia a la hora de votar. Escuchen a todas esas mujeres que
están reclamando educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar
y aborto legal para no morir. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra la señora
diputada Regidor Belledonne, por Corrientes.
Sra.
Regidor Belledonne.- Señor presidente: no
solamente voy a hablarles en mi condición de diputada nacional por la provincia
de Corrientes, sino también como ciudadana, como mujer, madre y padre a la vez.
He hecho uso de la razón y también del corazón, y ahora verán por qué.
He
notado que en este plenario estamos hablando de “interrupción” del embarazo. Yo
entiendo –y que alguien me corrija si me equivoco- que en este momento, por ejemplo,
puedo interrumpir mi discurso. Entonces, puedo irme y volver cuando quiera, si
es que me dejan. Sin embargo, ¿ustedes vieron que alguien pueda interrumpir un
embarazo y que pueda recuperarlo luego de uno o dos años? Por supuesto que no.
Entonces, compartiendo lo que han dicho muchos de mis colegas, creo que es
necesario un sinceramiento respecto de esta cuestión.
Quisiera
hablar aquí con palabras exactas. Aquí no hay ninguna interrupción. Les pido
que hablemos con propiedad: esto se llama aborto. Si el niño llegara a nacer y
luego pierde la vida, lo llamaríamos muerte. Además, todos sabemos que el
aborto es la muerte. Hagámonos cargo de eso: el aborto es la muerte de un niño
por nacer. A partir de allí, podremos seguir hablando.
He
podido escuchar a casi todos en los distintos plenarios y hay algo que debo
decir: nadie ha podido negar que existe vida en esa persona en gestación. Los
hombres y mujeres que estamos acá tampoco dudamos de que tenemos vida. Ahora
bien, lo que lleva una mujer en su vientre también es vida; no es una larva,
como alguien dijo por allí, y en última instancia, las larvas también tienen
vida. Entonces, sincerémonos: es vida.
Ahora
bien, ¿lleva la mujer en su vientre un pomelo, un árbol o un perro? No. Lleva
algo de su misma especie, y se llama hijo.
Señor
presidente: recién lo escuché atentamente y la verdad es que me ha emocionado.
Esto se lo dice una diputada radical a un peronista. Sus palabras y las de
otros compañeros peronistas fueron muy fuertes.
Yo
soy protectora de animales. Seguramente muchos de ustedes tendrán alguna
mascota en sus casas. ¿Qué pasa cuando nuestra perrita queda preñada? No la
llevamos al veterinario para que aborte. Posiblemente lamentemos esa situación,
pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalar los cachorros. (Manifestaciones en las bancas.) No sé
de qué se burlan.
Quisiera
decirles lo siguiente. Fíjense cómo se comportan los animales, y podemos pensar
incluso en las peores fieras: ellos quieren a sus crías. Entonces, pregunto qué
nos pasa a los seres humanos, que tenemos esa maldita razón que nos tapa el
corazón y los sentimientos. Si fuéramos un poquito más animales, no mataríamos
a nuestras crías, sino que las tendríamos como sea.
También
hemos escuchado en el plenario de comisiones al actual y al anterior ministro
de Salud hablando de cifras escalofriantes. Pienso que esos números podrían ser
mayores o menores, ciertos o inciertos. Para mí no son exactos y no tienen
rigor científico, pero admito que son preocupantes. Además, es tan preocupante
una vida como cientos de ellas. Sin embargo, me parece que más grave que eso es
tapar la realidad. Es decir, contar una mitad y no mostrar la otra parte, ya
que no conviene a la teoría que está abonando.
Esa
parte que no se dijo es la causa que origina el problema. ¿Cuál es la cuestión
acá? ¿Qué nos trae aquí? El aborto clandestino, que lleva a la muerte. ¿Y cuál
creen que es la causa de las muertes de las mujeres humildes? La pobreza, el
hambre, la miseria. Tenemos en la Argentina un 30 por ciento de pobres.
Entonces,
¿creen ustedes que vamos a poder dar turnos para hacer abortos con un sistema
de salud deficitario como el que tenemos, donde si alguien debe operarse –tal
es el caso de una cirugía de apendicitis, la más simple- en cualquier salita u
hospital del interior debe esperar meses?
En
el caso de que consiguiéramos ese turno, esa mujer pobre que es llevada a una
sala de operaciones, desnutrida o malnutrida y con anemia –las mujeres sabemos
bien de qué se trata la anemia; quien les habla sufrió un paro cardíaco en un
quirófano por esa causa, es decir que sé de lo que les hablo‑, va a morir
igual aunque el aborto sea legal. Esto es así porque no estamos atacando la
causa, que es la pobreza. Es decir que realmente debemos ponernos a trabajar en
eso.
Por
otra parte, quiero hacer un llamamiento ya que también se habló de las
iglesias, a las cuales respeto. Respeto todos los credos y por supuesto también
tengo el mío. Sé que hacen un trabajo enorme que deberíamos hacer todos, los
políticos y los distintos organismos del Estado que tienen responsabilidad en
esto.
Los
curas villeros están haciendo el trabajo que los gobiernos no hacemos. Hay
pastores que van a las cárceles a tratar de recuperar lo que el sistema
carcelario no recupera. Entonces, mi respeto para esa gente, y por eso pido que
nos comprometamos con estos temas.
Quienes
ocupan cargos en el gobierno deben procurar desde el Estado políticas
preventivas y de educación sexual a temprana edad. Por favor, no se horroricen
con esto: en mi provincia ha habido niñas de 9 años embarazadas. Entonces,
tenemos que empezar a educar desde temprana edad, tanto en los colegios
públicos como en los privados, y aquí todos deben comprometerse. A los
religiosos les pido que también hagan lo mismo.
Todos
juntos trabajamos para evitar este tipo de embarazos no deseados.
En
este momento nos horrorizamos por los embarazos y pareciera que es el mal
mayor. Pero no estamos pensando en las enfermedades de transmisión sexual,
donde no tenemos estadística porque no nos conviene saber la verdad, que es la
cantidad de niños con sífilis y sida que están naciendo contagiados por sus
padres.
Esas
son las realidades en las que nos tendríamos que abocar y discutir todos, tanto
los políticos y los 257 que venimos de trabajar en políticas sanitarias,
prevención y educación en nuestras provincias.
He
escuchado decir acá que no hemos presentado un proyecto. ¿Señores, ustedes no
miran los proyectos? Personalmente presenté uno que prevé la contención
integral de la mujer y del niño por nacer y la posibilidad de la adopción desde
el vientre, algo que ya se practica en los Estados Unidos. Lean: hay varios
proyectos alternativos que lo que pretenden es salvar las dos vidas.
Esto
lo dice una mujer que parió desde el corazón. Algo raro para algunos. Soy madre
de dos hijos, ninguno de ellos los parió mi vientre sino que los parió mi
corazón. Significa que se puede. Si uno quiere y tiene un poquito de corazón,
se puede.
Señores
diputados: legislemos con la razón por el bien, por el futuro de nuestra
Argentina y para que millones de argentinos vivan en condiciones dignas. Todos
nos merecemos la vida; los que estamos vivos y los que vendrán. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Villalonga, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Villalonga.- Señor presidente: quisiera hacer
tres consideraciones que me parecen oportunas y que, sin dudas, tienen que ver
con algunos datos que ya han aportado algunos de mis colegas.
La
primera es poner en foco cuál es la verdadera decisión que esta noche vamos a
tener que tomar. Es decir qué es lo que va a tener que decidir la Cámara de
Diputados en esta sesión.
Por
más que cada uno de nosotros hable de sus fundamentos políticos, religiosos,
teológicos, morales y todas las argumentaciones que podamos dar para
fundamentar nuestro voto, tiene una traducción muy concreta. Se va a presionar
el botón que dice “sí” o el que dice “no”. Pero cada uno de esos botones tiene
una consecuencia.
Todo
lo que digamos acá adentro en cuanto a la fundamentación queda para el Diario
de Sesiones. Pero la consecuencia de cada uno de estos dos botones es lo que la
gente va a recibir. Y lo que va a recibir es que si presionamos por la negativa
al proyecto que estamos tratando, simplemente lo que queremos es que el aborto
siga siendo ilegal, clandestino e inseguro en la Argentina. Es decir, no
cambiar nada. Eso es votar por el no, presionar el botón que diga “no”.
Si
apretamos el otro botón, significa que vamos a procurar que entonces el aborto
se convierta en una práctica legal, segura y accesible para las mujeres de
diferentes estratos sociales y económicos.
Me
parece que este es el primer punto en el cual no podemos perder el foco.
Podemos decir muchas cosas acerca de Dios, de la biología, de la política, de
la política de salud pública, etcétera. Pero lo que hagamos esta noche se
traduce en esas dos consecuencias.
La
sociedad debe recibir de nosotros esa gran decisión: seguimos con el aborto clandestino
o vamos a una situación de mayor seguridad para la práctica del aborto que, sin
duda, va a continuar.
Me
quiero referir a la segunda consideración. Cuando uno analiza de esta manera,
lo que aparece en algunos sectores que quieren continuar como hasta ahora y no
cambiar nada, tienen la necesidad imperiosa de minimizar el problema. Ahí,
aparece siempre una recurrente estrategia de minimizar los datos con los cuales
hemos venido trabajando.
Después
de que hemos tenido dos meses de audiencias y hemos escuchado muchísimas voces
muy competentes en la materia, hoy podemos hablar con mayor contundencia.
En
un momento se puso en duda la cifra de los 400.000 o 500.000 abortos anuales.
Vale la pena recordar que los mismos surgen de 2005, de un estudio demográfico
realizado por las licenciadas Edith
Pantelides y Silvia Mario, quienes a partir de una serie de datos
proporcionadas por el Ministerio de Salud, hicieron la diferencia que
corresponde hacer para tener el dato demográfico epidemiológico de cuántos
abortos se realizan en la Argentina. Este estudio de 2005 luego fue publicado
por la CEPAL en una versión revisada.
Esos estudios, hechos por dos
metodologías validadas internacionalmente, dan el orden de magnitud de 400.000
abortos. No hay otro estudio que dé otras cifras. No hay ningún estudio que
refute este estudio que estamos citando ni fue presentado a lo largo de los dos
meses que estuvimos aquí trabajando.
Esos estudios fueron también validados
por el propio ministro de Salud, que vino a las audiencias de esta Cámara de
Diputados, y que además nos dio el dato preciso de que 47.063 son los ingresos
hospitalarios de los abortos que se realizan.
Vale señalar que 65.735 fueron los
ingresos de 2000, cifra que fue tomada como uno de los datos base para el
estudio epidemiológico que estaba citando.
Lo que el ministro de Salud también
nos decía es que hay entre 44.000 y 53.000 ingresos hospitalarios por año
debido a abortos en los últimos cinco años.
Esta es la dimensión del problema y no
hay otra realidad que podamos mostrar. De esto nos tenemos que hacer cargo.
Un tercer elemento tiene que ver con
hacernos cargo de las cifras que emergen de datos que, por supuesto, tienen la
dificultad de que no son inferidos de datos duros y bien consolidados. Esperemos
que en algún momento los tengamos. Contaremos con otros datos epidemiológicos
mucho más certeros. Pero lo que podemos hacer es compararlos con lo que ocurre
en la región.
En ese sentido, la región tiene las
más altas tasas de aborto en el mundo: 44 abortos por cada 1.000 mujeres entre
15 y 44 años. Son 6.5 millones de abortos por año en América Latina y el
Caribe.
Podemos compararnos con algunos países
de la región con los que tenga sentido hacerlo. Por ejemplo, Colombia tiene 48
millones de habitantes y 400.000 abortos anuales. Es un país con una población
relativamente parecida y tenemos un orden de similar magnitud.
Perú tiene 32 millones de habitantes y
352.000 abortos anuales.
Entonces, los que dicen que no saben
de dónde salieron los números, pueden ver que tienen una perfecta correlación
con lo que ocurre en el mundo.
También se ha dicho que el sistema
actual no le ha servido absolutamente a nadie.
La penalización del aborto no le ha
servido absolutamente a nadie. Y no es que fracasamos. Fracasamos cuando se lo
penalizó. No cuando lo penalizamos.
El Estado fracasa cuando quiere
penalizar algo que va a ocurrir de todos modos. Lo que hacemos ahora es
reconocer ese fracaso. Pero el error estuvo cuando se lo penalizó.
Las cifras van a seguir existiendo. No
hay ninguna duda de que el aborto va a permanecer como una práctica usual, que
tenemos que procurar que vaya decreciendo, como ocurre en los países donde el
aborto está legalizado y donde se puede ver una tasa que disminuye.
Pero tampoco ha servido penalizar los
abortos para frenarlos, porque la Justicia no está siendo efectiva en penalizar
ese delito. Si uno compara las cifras de aborto con la cantidad de causas
judiciales fundadas en el delito del aborto, son ínfimas. No llegan al 1 por
ciento.
Tengo
para leer el caso de una publicación hecha por la Asociación por los Derechos
Civiles donde dice que del total de causas judiciales de la Ciudad de Buenos
Aires en el período 2006/2012, el 3 por ciento fue elevado a juicio y solamente
el 0,4 por ciento derivó en condena. La Justicia fracasa rotundamente al
penalizarlo. También podría decir que la Justicia se ha dado cuenta de que no
tiene mayor sentido perseguirlo. Y la sociedad acompaña en silencio. Acompaña
en un silencio que procura ocultar el tema y la otra parte acompaña
solidariamente a la mujer que tiene que abortar para darle contención.
Por
todo esto, por la claridad, la contundencia y la gravedad de lo que significan
estas cifras y el fracaso de lo que ha sido hasta ahora, estoy apoyando este
proyecto para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Gioja).- Tiene la palabra el señor
diputado Espinoza, por Buenos Aires.
Sr.
Espinoza.- Señor presidente: hoy estamos asistiendo
a una jornada histórica de este Congreso, que va más allá de las ideologías,
que va más allá de los credos religiosos. Hoy, como diputados nacionales,
tenemos la responsabilidad de pensar en lo que representamos.
En
las grandes democracias, los diputados nacionales ‑en algunas los llaman
congresistas, en otras parlamentarios‑, en definitiva, lo que hacen es
representar a sus pueblos, representar a sus ciudadanos, representar a su lugar
en el mundo y eso es lo que me parece que hoy tendría que primar.
No
puede haber ninguna cuestión de índole privada ni personal que esté por arriba
de la cuestión general. Nadie se va a realizar en una comunidad que no se
realiza en su conjunto. Y realmente lo que vemos todos los días fuera de este
recinto, fuera de las oficinas o despachos de cada uno de los diputados
nacionales es la triste realidad sobre lo que sufre la mayoría de las mujeres
en la Argentina, porque este es un tema en el que, como peronista también, para
nosotros no hay ninguna bandera más importante que la justicia social.
Por
eso decimos que nosotros vamos a votar a favor de la despenalización del
aborto, porque lo vemos todos los días en las ciudades de donde venimos. Hoy
hay una gran desigualdad. Hace años que hay una gran desigualdad. Las mujeres
de un sector socioeconómico no sufren ante este tema lo que sufren las mujeres
de los sectores más vulnerables socioeconómicamente hablando y nosotros
representamos claramente eso.
- Ocupa la Presidencia, el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sr.
Espinoza.- El otro día hicimos una jornada de
trabajo en mi ciudad, en la que hicimos una suerte de puesta al servicio de
cada sector de la sociedad de mi banca de diputado nacional y se sentaron
empresarios, trabajadores, estudiantes, los sectores de la Iglesia, los
jubilados, los sectores de la educación, los directores de escuela, y ¿sabe lo
que pasó en una asamblea de aproximadamente mil vecinos? Por supuesto cada uno
hablaba de la problemática que tenía, de los “tarifazos” impagables, que la
universidad no es solamente para los ricos, los empresarios decían que había
que terminar con la apertura indiscriminada de las importaciones, etcétera,
pero al final fue multitudinario el decir que tenemos que tener de una vez por
todas aborto legal y seguro en la Argentina. (Aplausos.)
Aquí
afuera ‑ya no le hablo de La Matanza ni de la provincia de Buenos Aires,
el lugar que yo represento‑ hay miles, cientos de miles de argentinos y
argentinas, sobre todo mucha juventud, muchos jóvenes varones y mujeres ‑mujeres
y varones‑ que están esperando que puedan hacerse escuchar sus voces a
través de nosotros. Por eso digo que dejemos de lado las creencias, que dejemos
de lado los temas particulares, que apostemos a que el Estado tenga realmente
la responsabilidad de tener educación sexual igualitaria en todas las ciudades
de este país y en todas las provincias de este país.
En
tal sentido, como militantes tenemos que saber interpretar lo nuevo que está
pasando hoy en la Argentina y lo nuevo que está pasando hoy en la Argentina
está en la calle, es trasversal a todos los sectores de la juventud al pedir
que desde acá votemos por terminar con la desigualdad e interpretar lo que hace
tres años fue el Ni Una Menos. El Ni Una Menos también está hoy en la calle: ni
una mujer menos pobre o de clase media baja que no pueda tener un aborto
seguro.
Por
eso hoy ‑y le pido encarecidamente, con mucho respeto a todos, que nos
pongamos a la altura de las circunstancias‑ tendría que salir la ley para
que la Argentina se ponga a la vanguardia de Latinoamérica ‑al lado de
Uruguay‑ de lo que pasa en las grandes democracias del mundo, donde ya se
votó afirmativamente hace mucho tiempo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Alume Sbodio, por San Luis.
Sr.
Alume Sbodio.- Señor presidente: quiero comenzar
con un análisis de lo que ha sido esta sesión y el funcionamiento del Congreso
como casa de la democracia.
El
tema que estamos debatiendo es un tema que no solamente ha dividido a los
bloques parlamentarios, a los partidos, sino que principalmente ha dividido a
la sociedad en su conjunto, ha dividido familias, ha dividido grupos de amigos
en la manera de pensar y también nos ha dividido en el análisis que como
legisladores debemos llevar adelante para poder emitir nuestro voto.
Digo
que nos ha dividido en nuestra manera de pensar porque en el mismo análisis
tenemos que ver un proyecto de legalización que le permitiría a una familia en
su planificación familiar interrumpir un embarazo por haber sido diagnosticado
con síndrome de Down, que yo creo que es un retroceso que haríamos como
sociedad. Sin embargo, nos toca analizar lo que planteaba la diputada Rodenas
sobre la muerte de Julia, un debate que es muy difícil de dar y muy difícil de
pensar.
Teniendo
en cuenta esta división que existe en la sociedad, creo que el tema ha sido
debatido y ha significado un salto de calidad institucional que nos enaltece
como legisladores por estar tratando hoy este proyecto de ley y discutiendo
sobre el aborto. Se discutió en un plenario de comisiones, en donde cuanto
diputado quiso hablar habló, cuanta persona quiso venir desde todos los
rincones del país a manifestar su voz vino y creo que eso hace al ejercicio de
la democracia.
También
es importante destacar que en este recinto hoy se está debatiendo este proyecto
de ley, a pesar de que creo que ninguna de las dos posiciones que se debaten
tenía el número suficiente para formar quórum propio. Sin embargo, el acuerdo
parlamentario decidió que debíamos dar la discusión que la sociedad argentina
estaba esperando.
Pienso
que este debate puede transformarse en el abandono de una actitud pasiva que
tiene no solamente este Congreso, sino el Estado en su conjunto frente a una
realidad que está en nuestra sociedad.
No
creo que en este recinto alguien esté en contra de la vida y no creo que
plantear la legalización del aborto sea estar a favor del aborto. Considero que
si bien en este recinto de debaten dos posturas extremas, todos compartimos el
diagnóstico. Si bien yo no lo comparto ‑y por ello voy a votar en contra‑
este proyecto de legalización del aborto ‑porque una cosa es legalizar y
otra es despenalizar‑, sí creo plenamente en el diagnóstico que expresan
quienes impulsan este proyecto.
La
penalización de la mujer, tal como lo explicaba la diputada Rodenas, es un
ejemplo gráfico de lo que sucede y esta tipificación penal, esta
criminalización, lo único que hace es impedir a las mujeres que agonizan el
acceso al sistema público de salud. Transforma ‑tal como fue gráfica la
diputada‑ al Estado en un Estado que busca reprimir en vez de asistir. La
actitud de la fuerza policial que citaba la diputada, que creo que fue clara,
es gráfica respecto a la situación que hoy nos encontramos en nuestro país
cuando hablamos del aborto y las consecuencias nefastas que tiene para las
mujeres y la sociedad en su conjunto.
Es
el mismo diagnóstico de donde nacen las alarmantes estadísticas respecto de la
mortalidad materna y de la mortalidad infantil. Es el mismo diagnóstico donde
nacen las estadísticas de los abortos que existen en nuestro país y de las
mujeres que mueren por ellos.
En
nuestro país tenemos un grave problema de salud pública, es un problema que se
profundiza y se agrava cuando hablamos de salud reproductiva, es un problema
que se profundiza y se agrava cuando hablamos de planificación familiar y de
acceso a la salud de los sectores más humildes. Es un problema que nace y crece
en un Estado que mucho declama y poco hace por la salud reproductiva y la
educación de nuestra sociedad.
Soy
un convencido de que se apruebe o rechace este proyecto. Este país no puede
seguir mirando hacia el costado. Si nosotros, luego de tratar este proyecto,
nos desentendemos de la realidad les garantizo que no solamente habremos
fracasado como Estado y como uno de los poderes del Estado, sino que habremos
fracasado rotundamente como sociedad.
Las mismas circunstancias que llevan a una
mujer, pareja o familia –porque el aborto no solamente afecta a la mujer, sino
que afecta al conjunto social que constituye la pareja y la familia‑ van
a seguir estando presentes se apruebe o rechace este proyecto de ley.
Todos
los que estamos en este recinto ‑y he escuchado todas las intervenciones
de los colegas diputados‑, nos hemos declarado a favor de la vida. Esa
declaración que creo que ha sido un compromiso requiere que siendo aprobado o
rechazado este proyecto de ley trabajemos sobre la realidad que día a día
conduce hacia el aborto. Se requiere de un compromiso de este Congreso, pero
también del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial para brindar una educación y
un acceso real a la salud que nos permita brindar una verdadera lucha contra el
aborto, que existe y seguirá existiendo se apruebe o rechace este proyecto de ley.
Soy
un convencido de que la educación, la ciencia y la tecnología van a ser aliados
fundamentales en la lucha contra el aborto, siempre y cuando tengamos un Estado
que deje de mirar hacia un costado y decidamos brindar herramientas que nos
permitan evitar que el aborto sea un destino inevitable para muchas mujeres,
parejas y familias de la Argentina.
Por
eso les pido a todos los colegas que hoy han manifestado su preocupación con
respecto a este diagnóstico que el debate de hoy implique un compromiso que dé
inicio a una fuerte lucha contra las realidades que llevan al aborto en nuestro
país. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- No hallándose presente el
señor diputado Enríquez, tiene la palabra la señora diputada Najul, por
Mendoza.
Sra.
Najul.- Señor presidente: voy a hablar después de
una profunda reflexión con una gran sensibilidad porque sé las emociones
válidas y encontradas que este proyecto está generando en muchísimos argentinos
y argentinas, donde tanto en el Congreso como en cada familia, en cada escuela,
en cada plaza, en cada universidad y en cada medio de comunicación se está
discutiendo este tema, considerando que es un debate histórico y además el
hecho político más importante de los últimos años.
Mi
postura siempre ha sido la misma, siempre he trabajado en la salud pública, y
lo he manifestado públicamente. Estoy a favor de la vida como todos acá y estoy
en contra del aborto. Tanto cuando me desempeñé en la Legislatura provincial
como senadora, como cuando fui ministra de Salud, y ahora como diputada
nacional siempre he trabajado para que menos mujeres aborten, para que los
niños y niñas sean deseados y por la salud integral de la mujer.
Sin
embargo, considero con una gran convicción que el proyecto que vamos tratar es
un paso adelante para la salud pública de la Argentina. Voy a explicar por qué.
Hoy
no estamos debatiendo si los abortos se hacen o no; los abortos se hacen en la
Argentina y en todo el mundo. No hay un país donde no se realice esta práctica.
Lo que varía es cómo los países interpretan e intervienen en este problema. En
los países con leyes restrictivas y punitivas como el nuestro, en el que
llevamos casi cien años con una ley punitiva no hemos logrado disuadir,
prevenir, evitar un solo aborto. Al contrario, cada vez tenemos más abortos
inseguros.
Según
las cifras oficiales del ministro de Salud, que son las cifras que se sacan por
estadísticas de cada hospital público de la República Argentina ‑no se
puede dudar de ellas porque son oficiales‑, hay en el año alrededor de
50.000 mujeres que se hospitalizan por graves consecuencias derivadas de
abortos clandestinos. La punta de este iceberg es la más terrible de las
tragedias: hay más de cuarenta mujeres que mueren. No debe haber una tragedia
peor para una familia que la muerte de una madre. Está comprobado que eso trae
que los niños mueran antes, se enfermen más o dejen la escuela. Es así, y
tenemos en la Argentina una tasa de mortalidad materna estable por este tema
que no baja, porque la principal causa directa de la mortalidad materna son los
abortos inseguros.
Lo
que estamos decidiendo esta noche es si seguimos permitiendo que los abortos se
realicen en forma clandestina y de manera insegura, y si seguimos avalando con
una gran dosis de hipocresía e irresponsabilidad que mujeres mueran, que
mujeres arrastren graves heridas o que sean estigmatizadas por decidir
interrumpir su embarazo.
No
nos corresponde llevar este debate y esta discusión a un terreno moral o
religioso, no debemos confundir nuestros roles. Esto se trata de salud pública
porque mueren mujeres sanas que no deberían morir. Esto se trata también de un
gran tema de desigualdad porque no es lo mismo el aborto en una mujer rica que
en una mujer pobre. Es la peor de las desigualdades, la que separa a ricos y
pobres. (Aplausos.) Mal haría mi
trabajo y vergüenza me daría volver a mi casa si no hiciera todo lo necesario
para disminuir esa brecha infame.
Lo
vi yo misma, lo vi como ministra, lo vi como trabajadora de salud en un
hospital público durante muchísimos años; recorro la provincia y sé lo que
pasa: las mujeres abortan, las mujeres se nos mueren y las mujeres quedan con
graves secuelas.
Los
datos, sin embargo, de los países que avanzaron con leyes menos restrictivas
también son elocuentes: han logrado bajar la tasa de abortos. España que hace
seis años lo legalizó tiene un 20 por ciento menos. Eso es lo que buscamos:
menos abortos. También han reducido la tasa de repitencia. Por eso agregamos
las consejerías, para que toda mujer se vaya con un método anticonceptivo y así
evitar el aborto. Y lo más importante es que muchos de estos países han llevado
la tasa de mortalidad por abortos a cero. Esta ley no viene a promover el aborto; muy por el contrario, garantiza
un Estado presente, que no tira la pelota afuera y que juega todo el partido,
ya que la salud pública implica prevenir, educar, contener y proteger.
Por otro lado, creo que tenemos que
hacer un gran esfuerzo para explicarles a quienes están de acuerdo qué estamos
votando pero, fundamentalmente, a quienes no lo están.
Dediquemos toda nuestra energía a
sacar miedos, derribar mitos; actuemos con responsabilidad; respondamos con
solvencia cada duda y, sobre todo, asimilemos con empatía cada angustia.
Les propongo una breve tarea.
Repasemos qué pasó en 1987, cuando en este mismo Congreso se debatió y aprobó
el divorcio. Los periodistas de las editoriales llenaban los diarios diciendo
que era el fin de la familia y que habría niños tirados en cada esquina; sin
embargo, nada de eso pasó. Solamente se saldó una deuda histórica que tenía la
democracia.
La criminalización del aborto no ha
hecho más que alimentar el triángulo infame de la desigualdad, la
clandestinidad y la muerte.
Cuando una mujer decide abortar, a
pesar del apoyo que tenga del Estado, la ecuación es muy simple: permitimos que
lo haga de forma insegura o le garantizamos una intervención en un hospital. La
rodeamos de policías y jueces o de profesionales de la salud que la contengan.
No demos más vueltas. Esta ley dará un
marco legal que salvará vidas, garantizará el acceso a un servicio de salud
pública de calidad y preservará la libertad de decidir.
Quiero dirigirme a aquellos que, en mi
provincia, no están de acuerdo con este proyecto. Quiero decirles que, como siempre,
seguiré escuchándolos; que estén tranquilos, que esto no obliga a nadie; que
esto no intenta convencer ni cambiar la forma de pensar de nadie.
Y a quienes apoyan este proyecto y
están haciendo fuerza para que se convierta en ley ‑todas las chicas que
están afuera y en cada provincia‑ quiero decirles que cuenten con mi
voto; tienen una diputada que las representa y que lleva adelante el mandato
por el cual fue elegida: interpretar las realidades y hacer un país más justo,
tolerante, humano y presente. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Enríquez, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Enríquez.- Señor presidente: durante las últimas semanas hemos asistido, al
igual que hoy, a un ejercicio inédito: debatir en profundidad sobre un tema muy
sensible, que durante muchos años estuvo ‑al igual que tantos otros‑
escondido debajo de la alfombra, sobre todo en los últimos doce años, en que
este Congreso parecía estar clausurado.
Hoy tenemos la posibilidad de debatir
sobre este tema y hemos escuchado a más de 750 expositores, tanto nacionales
como extranjeros, que nos ilustraron con datos, opiniones y pensamientos de lo
más diversos.
Llego a este debate con mis
convicciones muy firmes, pero dispuesto a escuchar a todos. Consolida mi
criterio inicial y me enriquece el haber escuchado a tantos y tan buenos
expositores pero, como diputado, tengo la obligación de defender el primero de
los derechos humanos: el derecho a la vida. (Aplausos.)
Vengo hoy aquí a defender el sagrado
valor del derecho a la vida humana.
He escuchado hacer referencia a algún
tema confesional, pero no hace falta ser católico, judío, musulmán, budista,
agnóstico o ateo para no reconocer que el primero y más esencial de los
derechos humanos es el derecho a la vida y que la vida y la dignidad humana
deben ser un valor no negociable para los auténticos progresistas.
Por supuesto, a nadie se le puede
escapar que hay un drama, porque el aborto es una tragedia. Esto es innegable.
Acá se habla de los pañuelos verdes,
de las manifestaciones multitudinarias que hubo y de los miles y miles que hay
en la calle. Vayan a la calle y comprueben: hay una multitud tanto de un sector
como del otro. Las marchas multitudinarias que se hicieron a lo largo y ancho del
país abarcaron a millones de argentinos. Entonces, no nos arroguemos que había
más pañuelos verdes o más pañuelos celestes diciendo que por eso vamos a votar
en tal o cual sentido, porque eso se llama marketing
político, y cuando se defiende la vida debe ser con claridad, con firmeza y
apasionadamente.
Tenemos una Constitución Nacional y un
bloque de constitucionalidad que arranca con la reforma de 1994, cuando en el
artículo 75, inciso 22., quedó consagrado que los tratados internacionales
tienen el mismo rango que nuestras leyes.
Y allí se enuncian todos los tratados
internacionales, entre los cuales están la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención sobre
los Derechos del Niño. Los artículos 1° y 4° señalan claramente que la vida
estará protegida por la ley, en general,
desde la concepción.
La Convención sobre los Derechos del
Niño señala que todo ser humano menor a 18 años tiene la calidad de niño, y
esta norma debe completarse con la reserva que formuló nuestro país al momento
de ratificar dicho instrumento, cuando se manifestó en el sentido de que se es
niño desde la concepción hasta los 18 años.
Esto debe compadecerse con otra norma,
el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional, que nos interpela a
nosotros por haber abandonado todas las políticas públicas. Dicho artículo
refiere justamente a la protección integral de la mujer embarazada, durante el
embarazo y el tiempo de lactancia, y del niño, desde su concepción hasta la
finalización del período de enseñanza elemental.
¿Qué hemos hecho nosotros? Como
siempre, utilizamos los atajos. Un día vino un señor supuestamente ingeniero,
Blumberg, y dijo que había mucha inseguridad. Por cierto, le había tocado vivir
un hecho lacerante. Automáticamente, hubo que levantar las penas, pero no
actuamos sobre la prevención, sobre las causas que, en sentido
multidisciplinario, son las que generan el delito. Cortamos por el atajo:
subimos las penas.
Hoy es muy fácil. Tomamos el atajo del
aborto; quizá este sea también un método anticonceptivo y con esto nos lavemos
las manos. Pero nosotros, que realmente venimos por las dos vidas, entendemos
que es necesario profundizar lo relativo a la educación sexual, la salud
reproductiva y la adopción ‑hay infinidad de proyectos al respecto‑,
todas asignaturas pendientes.
A veces escucho por ahí decir que
algún proyecto no sale y que por eso hay un vacío, pero, en realidad, lo que
debemos hacer es ponernos a trabajar al día siguiente en las leyes necesarias.
Por ejemplo, la adopción en vientre. Facilitemos los procedimientos arcaicos,
engorrosos, de nuestra ley de adopción.
No me voy a referir al momento en que
se fija como comienzo de la vida, ya que hasta la Academia Nacional de Medicina
dijo recientemente, en un documento de marzo de este año, que es claro que todo
esto se produce en un solo momento, el de la concepción ‑como ha dicho
también aquí el diputado Brügge. Cuando el espermatozoide penetra en el óvulo,
se forma el huevo o cigoto, que luego se llamará embrión, feto, niño, etcétera,
a lo largo de toda la evolución.
Cuando eliminamos una vida, truncamos
la posibilidad de un nuevo ser, castigamos al más inocente de todos los seres
humanos. La genética, la embriología nos enseña que existe vida desde la
concepción. Pero no quiero detenerme en esto porque me queda poco tiempo y
quisiera abordar también en otros temas.
Aquí se habló de la pobreza. Los curas
villeros –lo dijeron los padres Carrara y Pepe‑ dicen que en la villa
conocieron realmente el amor de una madre por un hijo, que es allí donde el
hijo tiene un sentido de pertenencia, y no solo el hijo sino también el niño.
Un canal de televisión, que se ha proclamado eufemísticamente como proaborto,
hizo una encuesta en el barrio 31: un 81 por ciento de las personas que viven
allí se oponen a la legalización del aborto y solo un 19 por ciento se
manifiesta en distinto sentido.
Entonces, debemos actuar sobre las asignaturas
pendientes ‑ya las he mencionado‑ y no buscar conculcar la vida del
más inocente.
Por esto reitero que si bien acá se
habla de una cuestión religiosa, creo que se trata más de convicciones
personales. Simplemente quiero decir que nadie niega el derecho de la mujer de
disponer de su cuerpo, pero no estamos en presencia de un quiste o un órgano ni
estamos hablando de un tratamiento quirúrgico o estético. El artículo 19 de la
Constitución Nacional es muy claro cuando habla de las acciones privadas de los
hombres que de ningún modo ofendan la moral pública ni perjudiquen a
terceros. Acá hay un tercero que se está
perjudicando, que es el niño por nacer.
El desprecio por la vida humana signó
lamentablemente gran parte de nuestra historia, especialmente en la década del
70, pero a partir del 10 de diciembre de 1983, cuando la justicia poética quiso
que el día que restauramos la democracia coincidiera con el Día Internacional
de los Derechos Humanos, los argentinos dimos definitivamente una vuelta a la
historia.
No se trataba solamente de una
elección, sino de una entrada a la vida. El grado de civilización verdadero que
tiene una Nación se mide en cómo protege a los más necesitados.
Cada vida es sagrada con independencia
de nuestra fe religiosa. Por eso voto negativamente este proyecto porque
nuestro imperativo, el de todos los que tenemos estos pañuelos celestes, es
salvar y proteger las dos vidas. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Pietragalla Corti, por Buenos Aires.
Sr. Pietragalla Corti.- Señor presidente: en primer lugar, como fui
aludido quería decir al señor diputado Massot, que no está aquí presente, que
me sorprendió escucharlo en primera persona hablar de otros tiempos que no eran
los democráticos. También quisiera que después me pasaran el número de su
despacho para mandarle el Nunca más para
que vea que en esa época hubo cosas terroríficas, porque habló de que no había
habido tantas cosas peores. La verdad es que fue un desubicado para la
democracia.
En este debate se atravesaron
distintas posiciones religiosas y morales. Durante los meses que duró el debate
en las comisiones fuimos respetuosos de las posiciones de quienes planteaban
que nunca se harían un aborto, que considero que es la posición que tendría que
quedar más clara. Creo que el tratamiento de esta ley es respetuosa de eso
porque nadie va a obligar a nadie a hacerse un aborto con esta ley. Este no es
el tema en discusión.
El tema en discusión es qué hace el
Estado con la mujer que ya decidió hacerse un aborto. Acá nos gritan asesinos y
traen muñecos que no sé de qué material son, que se asemejan a bebés, pero constantemente
estamos denunciando cómo Gendarmería o Prefectura matan a pibes de los barrios
por la espalda. Me enerva sobremanera que nos digan asesinos pero que no se
horroricen por esos crímenes. ¿A esos pibes nadie los defiende? O los defiende
un solo sector. No los escuché a ustedes defender a esos pibes. Se nota que
piensan que después de nacidos que se arreglen. Sería la selva, porque el
Estado no sé dónde está.
Pero volviendo a la cuestión de que la
decisión ya está tomada, la mujer ya tomó la decisión de hacerse el aborto, es
en esto en lo que quiero hacer hincapié, porque lamentablemente este es un tema
que me atravesó en mi vida. Ayer a la noche estaba muy conmovido de que
pudiéramos llegar al recinto para tratar este tema. Estoy muy agradecido al
movimiento femenino de que nos haya dado la posibilidad de debatir este tema,
sobre todo como hombre que alguna vez acompañó a una mujer en estas cuestiones.
Respecto a esto, escuché en
declaraciones en el recinto el tema de qué pasa con el hombre que no quiere que
la mujer se haga un aborto. Flaco: acompañá, abrazá, contené, porque la
decisión es de ella, y es quien pone el cuerpo. (Aplausos.)
La hipocresía es lo que reina en este
debate. Estoy seguro de que muchos y muchas de los que no van a acompañar este
proyecto de ley, votando en contra, se
hicieron un aborto o acompañaron a alguien a hacerse un aborto. Estoy
completamente seguro de que es así. Pero la culpa la genera no solo la cuestión
religiosa sino también la moral, y esto es lo que escuchamos constantemente. Si
dan argumentos hasta eclesiásticos es que hay culpa.
Pero lo que tenemos que tener en claro
es que una de las cuestiones que genera culpa y que motiva a que se presione a
diputados que quieren votar a favor es la ilegalidad, la prohibición. Es un
cambio cultural el que tenemos que dar. Mientras se ríen de alguien que está a
favor, tal vez se esté muriendo una mujer, y la que se muere es la mujer pobre
que está esperando de nosotros.
Escuché que no se mueren las mujeres
pobres, ¡pero por favor! Se me murió una tía por un aborto clandestino. Soy de
un barrio en el que uno de mis mejores amigos perdió a su madre y dejó
desamparados a cuatro hijos. La hermana más chica quedó institucionalizada, y
el Estado estuvo todo el tiempo ausente. Hoy mi amigo ni siquiera se puede
sociabilizar con la gente porque el Estado lo abandonó.
El Estado tiene que estar presente,
esto es lo que pedimos. No pedimos que aborten las que no quieren hacerlo. Está
todo bien y lo respetamos, pero el Estado tiene que estar presente en esa
decisión. El Estado tiene que acompañar a la mujer. Se sabe que en una consulta
ginecológica de cualquier clínica privada hoy se hace un aborto. Saquémonos la
careta, esto está pasando en cualquier clínica oficial, y no hay que ir a un
lugar clandestino. En una clínica de renombre lo pasan como una consulta
ginecológica y hacen un aborto. Ahora, la mujer pobre no puede acceder a eso, y
tiene que terminar en lugares donde corre riesgo su vida y el compañero se
siente culpable de acompañarla y no sabe si la mujer que ama va a salir con
vida de ese lugar.
¿Qué debate estamos haciendo cuando
nos tratan de asesinos? Estamos pensando en la mujer, que es la que corre
riesgo de vida, la que pone el cuerpo. Estoy seguro de que en este momento,
cuando nosotros estamos debatiendo, hay alguien que está poniendo el cuerpo y
arriesgando su vida.
Como dije antes, no sé si hoy vamos a
obtener la sanción de este proyecto, aunque yo creo que sí; toda la gente
afuera la está esperando y vamos a tener el número suficiente por más que haya
posiciones que son hasta autoritarias, por cómo se dirigen a los que estamos a
favor.
Acá hay una madre acompañándonos:
“Norita” Cortiñas. (Aplausos.) Si
esta madre nos acompaña y nosotros miramos a nuestros costados y está, estamos
en el lugar acertado. (Aplausos.)
Así que vamos por el aborto. No
festejamos el aborto; acompañamos la decisión de la mujer que decide hacérselo.
(Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Vallone, por San Luis.
Sr. Vallone.- Señor presidente: el aborto hay que asumirlo como un problema social,
que no podemos ocultar, que está, que lo vemos. No debemos esconder debajo de
la alfombra este problema porque el aborto es una tragedia.
Los problemas sociales se resuelven
con justicia social. Es un problema tan sensible, tan complejo que sobrevuela
la política, pero permítanme por un minuto pararme en mi condición de
peronista, del peronismo de Perón, del peronismo humanista. La justica social no se resuelve con muerte,
se resuelve mejorando la calidad de vida de las personas. (Aplausos.)
Esta tragedia que es el aborto –y quiero referirme específicamente al proyecto
de ley presentado- involucra a tres. En primer término, a la madre, que en su
condición de tal tiene sus derechos. En segundo lugar, al padre, que ha sido
ignorado en esta iniciativa.
Finalmente, al niño por nacer, que es la víctima
de esta tragedia, el más débil de los tres, el que no puede opinar.
El proyecto de ley en consideración pretende
habilitar, desde mi punto de vista, al aborto como un derecho. El derecho
originario, el primer derecho del cual se desprenden todos
los demás -incluido el derecho a la libertad, tan declamado durante esta
jornada- es el derecho a la vida.
Respeto y reconozco el derecho de la mujer. Tengo
una madre, una hermana, una esposa y una hija que defienden sus derechos. Las
apoyo y acompaño porque jamás lo hicieron en perjuicio de otro y mucho menos de
un ser indefenso.
Quiero hablar en defensa de quien no tiene voz,
porque nadie tiene derecho a quitarle la vida a un ser indefenso.
En estos días he escuchado a algunas personas que
lo definen como un embrión. Les aclaro que todos nosotros hemos sido un
embrión. Hoy somos personas, mujeres y hombres que tenemos responsabilidades y
tomamos decisiones. Algunas de ellas son muy difíciles, como por ejemplo la que
estamos adoptando en el día de hoy. Defendamos el futuro. No matemos a las
nuevas generaciones.
Quiero hacer referencia al artículo 1° del
proyecto de ley en consideración. En realidad tengo muchos artículos que
cuestionar, pero por supuesto el tiempo no me permitirá hacerlo. Entonces, me
remitiré y daré lectura del artículo 1° de esta iniciativa. Dice así: “Objeto.
Esta ley tiene por objeto garantizar el derecho de las mujeres o personas
gestantes a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo de conformidad
con las disposiciones de la misma.”
“Interrupción” significa –lo pueden buscar en
cualquier diccionario- hacer una pausa, es decir, se trata de algo temporal.
Creo que esto lo dijo recién la señora diputada por Corrientes. Es algo
temporal en la realización de un proyecto determinado.
Quiero decir que la interrupción de un embarazo
no es temporal. Por el contrario, la muerte del niño por nacer es para siempre.
También deseo desmitificar en este sentido estas
apreciaciones que ha habido sobre los más humildes, sobre los que menos tienen.
La mayoría indica que son los núcleos en los que se registra la mayor cantidad
de abortos. Pero no se trata de esto último, sino de las familias más
numerosas, de los ejemplos de los valores familiares. Los diputados que somos
del interior y conocemos el interior profundo de una Argentina distinta de la
centralista sabemos que esto es así.
Todos los extremos generan intolerancia y ésta es
la actitud de quienes no pueden explicar su razón. El Estado tiene la
obligación y debe velar por la salud de todos. Los diputados debemos legislar
para la vida, es decir, para todas las vidas. Pero este proyecto de ley no lo
hace.
Por lo tanto, no voy a acompañar la iniciativa en
consideración. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado Aicega, por Buenos
Aires.
Sr. Aicega.-
Señor presidente: hoy tenemos una jornada muy especial en nuestra casa. En
principio porque el destino, a través del voto popular, nos ha colocado ante la
necesidad de tener que debatir un proyecto de ley que requiere de cada uno de
nosotros, ante todo, la mejor buena fe. Estoy convencido de que todos y cada
uno de los integrantes de esta Honorable Cámara estamos votando pensando
sinceramente lo que consideramos que es mejor para esta situación siempre
dolorosa, que es la posibilidad de un aborto.
Mucho se ha hablado hoy en este recinto.
Verdaderamente muchos conceptos podrían ser reiterativos. Sin embargo, la
importancia del tema nos lleva a recalcar aquellos aspectos que consideramos
centrales.
Indudablemente podemos enfocar este debate desde
distintos puntos de vista. Pero tampoco tengo dudas de que el eje central es la
vida. Ello es así porque como lo han expresado otros señores diputados
preopinantes, dentro de la gama de los derechos humanos que nosotros, como
cuerpo social defendemos y reglamentamos mediante leyes, el principal es el
derecho a la vida.
En este caso, se trata del derecho a la vida de
aquella persona que no se puede hacer escuchar, que no puede manifestar su
voluntad, que no tiene ninguna manera de defenderse sino a través del
ordenamiento legal del Estado.
Por eso es bueno repasar el ordenamiento legal
del Estado, como ya lo han hecho varios señores diputados preopinantes.
La Constitución Nacional, además de estar formada
sobre ese concepto de la vida porque nuestra sociedad está organizada así,
recepta este derecho humano en su artículo 75, incisos 22 y 23, a través de la
Convención sobre los Derechos del Niño.
También lo hace mediante todos los tratados
internacionales a los que la República Argentina ha adherido. Cuando un país
adhiere a tratados internacionales no lo hace solamente en relación con la
parte que le interesa en ese momento, sino como un reconocimiento de lo que son
todas aquellas cosas que protegen dichas convenciones.
A su vez, la Constitución Nacional nos habilita a
legislar en forma particular. En este sentido, el Código Civil y Comercial,
recientemente sancionado en esta Honorable Cámara, hace referencia en su Libro
Primero, Título I, Capítulo 1 al comienzo de la existencia. Así, el artículo 19
de dicho código determina claramente que la existencia de la persona humana
comienza con la concepción.
Acá es donde creo que debemos ponerle a las cosas
su verdadero nombre: estamos hablando de una persona humana porque su
existencia comienza desde su concepción. No estamos hablando de otra cosa, sino
de un ser que en el transcurso del tiempo va a nacer y podrá ejercer todos sus
derechos en la medida en que alguien no adopte una decisión en sentido
contrario.
También el Código Civil y Comercial atribuye a
toda persona la posibilidad de ser sujeto activo y pasivo de derechos.
Asimismo, efectúa esa atribución a la persona por
nacer, colocando en cabeza de sus representantes legales el ejercicio de esos
derechos. En principio, sus representantes legales serán sus padres: su madre,
sin ninguna duda, y su padre, sobre quien, en caso de matrimonio, existe la
presunción de que lo es, inclusive con la posibilidad de exigir una adopción.
Indudablemente hoy estamos tratando temas muy
difíciles y extensos para debatir. En este caso el tiempo va a jugar en mi
contra. Pero quiero decir que a mi juicio, para defender esa vida que no tiene
la posibilidad de hacerlo por sí sola, pero a la que el Estado ha protegido
mediante el ordenamiento legal correspondiente, debemos considerar también a la
madre de ese niño por nacer. Al respecto, el Estado debe ser muy maduro a la
hora de repensar las políticas de educación sexual, de acompañamiento a la
madre y las condiciones sanitarias más adecuadas.
Además,
hay un tema del que no se habla, que es el del abuso de alcohol por parte de
las menores a las que les venden y les permiten un uso excesivo, lo que genera
una gran cantidad de embarazos no deseados.
También
es necesaria una ley de adopción flexible, para que la madre, que no está
obligada a llevar adelante la crianza de ese niño, cuente con un lugar al cual
recurrir con dignidad para que esa vida tenga la posibilidad de transitar su
camino. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Mendoza, por Buenos Aires.
Sra.
Mendoza (J.).- Jóvenes libres, hoy podemos romper
la última cadena que en pleno siglo XXI nos ataba a las antiguas creencias en
contra de la salud pública. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el
nombre que tienen. Argentina se redime. Desde hoy contaremos para el país con
una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las
libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos; las resonancias del corazón
nos lo advierten: estamos pisando sobre una verdadera revolución feminista;
estamos viviendo una hora americana.
Señor
presidente: me tomé el atrevimiento de modificar una parte del Manifiesto Liminar
de Córdoba, de 1918, porque tal como se dijo acá, esta semana estamos
conmemorando el centenario de la reforma universitaria de Córdoba. Entonces,
como provengo de Franja Morada y de la Unión Cívica Radical, donde levantamos
estas banderas, no puedo más que comparar aquella gesta histórica que cambió
para siempre la realidad de nuestro país democratizando el acceso a la
educación pública, con este momento histórico que estamos viviendo, porque una
vez más los jóvenes somos protagonistas.
Lo
digo desde el lugar que hoy me toca ocupar en esta Cámara, que es el de ser la
diputada más joven. Lo aclaro porque intento representar –sin arrogarme esa
representación- a todos los jóvenes y las jóvenes –que son muchos- que están
acá afuera esperando que tomemos una decisión que cambie para siempre la
historia de este país.
También
lo digo porque ayer los jóvenes de la gran mayoría de los partidos políticos
nos reunimos para defender y luchar por el aborto legal y la despenalización.
¡Vaya
si los jóvenes nos comprometemos! Entonces, no me vengan a hablar de grietas,
porque el 70 por ciento de los jóvenes de este país –no lo digo yo sino las
encuestas- admiten estar a favor de la despenalización del aborto, porque lo
considera un tema de salud pública y de ampliación de derechos para la mujer.
Luego
del gran debate que tuvimos en comisión, durante el cual escuchamos a
especialistas de la ciencia y la academia y testimonios desgarradores,
aprendimos muchísimo. En este sentido, tengo que destacar –como ya se hizo- el
ámbito de respeto y tolerancia en el que se dio esa discusión en la que
escuchamos todas las posturas.
Cuando
hablamos de políticas públicas y de ampliación de derechos, no debemos basarnos
en creencias, porque a la hora de legislar y generar políticas públicas tenemos
que detenernos a analizar la evidencia. En este sentido, voy a citar a un gran
amigo –Andres Malamud-, que me dijo: “Al ojo desnudo la tierra es plana y el
sol gira a su alrededor. Solo la observación sistemática y la reflexión crítica
y no las creencias preestablecidas, le permitieron a la humanidad circunvalar
la Tierra y llegar a la Luna. Sobre los principios de observación y reflexión
se deben basar las políticas públicas.” (Aplausos.)
Siguiendo
esa línea de razonamiento voy a reiterar algunos de los datos que aquí ya hemos
mencionado hasta el cansancio, sobre los que nos deberíamos basar esta
madrugada a la hora de votar y definir algo que va a cambiar la historia en
nuestro país.
En
ese sentido, por más que algunos no lo quieran entender o no lo quieran ver, en
la Argentina abortan anualmente entre 300.000 y 500.000 mujeres. Además, según
palabras del propio ministro de Salud de la Nación, el sistema de salud pública
recibe 47.000 mujeres por año a causa de abortos mal practicados y en
condiciones de vulnerabilidad, con riesgo para sus vidas y sus cuerpos.
Sabemos
también que en los países en los que se legalizó el aborto no solo se redujeron
las muertes maternas por esa causa sino que también disminuyó la cantidad de
abortos.
La
decisión que hoy tomemos va a repercutir directamente y para siempre sobre la
vida de las jóvenes y las adolescentes de nuestro país, porque son ellas las
que están afuera esperando que tomemos una decisión y las que se enfrentan a
embarazos no planificados o no intencionales. Esto lo remarco porque también
estamos hablando de educación sexual integral y de anticonceptivos para no
abortar.
Los
embarazos adolescentes no planificados se interponen a los proyectos de vida de
las jóvenes, que terminan alejándose de las aulas para dedicarse a las tareas
del cuidado del hogar y de las personas a cargo. Entonces, la posibilidad de
jerarquizar y empoderar a las jóvenes depende de las herramientas que el Estado
les otorgue para que la maternidad sea planificada.
Por
supuesto que el aborto no es una solución; es la última instancia. Pero el
aborto existió, existe y va a seguir existiendo.
Si
por casualidad esta madrugada se aprueba algo por lo que no estamos peleando
muchos de los diputados aquí presentes –nosotros luchamos por la
despenalización y legalización del aborto y por ampliar derechos para todas las
mujeres-, nadie pierde, porque quienes estamos convencidos de que este es el
camino vamos a seguir peleando –como lo venimos haciendo desde hace tantos años-
para despenalizar y legalizar el aborto en nuestro país.
Como
provengo de Franja Morada y del radicalismo ‑que me enseñaron que ampliar
derechos es acompañar a los más vulnerables‑ y hoy me toca representar a
la gran mayoría de los jóvenes que están a favor de esta medida, les digo que
el ruido que se escucha afuera es el ruido de la historia, que nunca se
escribió silenciosamente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Miranda, por Mendoza.
Sr.
Miranda.- Señor presidente: quiero comenzar mi
intervención señalando con toda claridad que estoy en contra del aborto.
Al
respecto, el proyecto de ley contenido en el dictamen de mayoría que estamos
considerando –luego del arduo trabajo que llevamos adelante en las comisiones,
donde recibimos a más de 730 expositores- modifica el Código Penal argentino,
que fue aprobado por ley hace 97 años.
Esa
norma se sancionó poco después de la asunción como presidente de la Nación de
don Hipólito Yrigoyen, gracias a la aplicación de la ley Sáenz Peña que
estableció el voto universal, secreto y obligatorio para los hombres, que
elegían a otros hombres.
Además,
ese Congreso, que en 1921 aprobó la ley 11.179 por la que se puso en vigencia
el Código Penal argentino, estaba integrado solo por hombres.
No
quiero entrar a analizar si el espíritu de los legisladores de esa época, luego
de cuarenta años de conservadurismo en nuestro país, tenía una suerte de
impronta machista y patriarcal o si eran o no sumamente machistas, porque sería
ahondar en algo que no está escrito. Estoy seguro de que ninguno era feminista
porque los derechos de las mujeres estaban cercenados pero en ese Código Penal
se estableció y se legalizó el aborto.
Tampoco
sé si en 97 años alguien declaró inconstitucional la norma que establecía el
aborto para casos excepcionales y que, por cierto, se refería a las mujeres que
habían sido violadas, que eran idiotas o dementes.
Estoy
absolutamente de acuerdo con modificar la despenalización y por eso considero
contradictorio el lugar en el que nos quieren poner. No se puede castigar y
penar a una mujer que fue a abortar. He escuchado a muchas de ellas y ninguna
dijo que abortó porque le gustaba o porque quería. Luego del aborto sobreviene
un trauma, una situación personal.
Estamos
bajo la impronta del patriarcado machista que existe en la Argentina y que le
indica cómo debe ser su proyecto de vida. La mujer tiene que caer en esa
situación dramática, en la clandestinidad, y además la van a buscar para ponerla
en la cárcel.
Acá
se ha abordado la cuestión desde aspectos científicos, religiosos y morales
pero yo voy a tratar de utilizar el sentido común, tal como lo entiendo. El
sentido común muchas veces no es el más común de los sentidos. Esta es una
cuestión de salud pública y de derechos individuales. Los hombres debemos dejar
de meternos con las mujeres apoyados en los resabios de hace un siglo, porque
esos argumentos fracasaron. Debemos prevenir, acompañar y cuidar.
¡Hace
algunas horas se ha llegado a comparar a las mujeres con las perras que tienen
cachorros y los dan en adopción! ¡Miren si todavía no hay resabios del machismo
patriarcal en la Argentina que suele denostar a la mujer! A veces esto se da
también desde las propias mujeres.
He
escuchado a muchos médicos hablar del tema y por eso sostengo que este es un
problema de salud pública. Uno de ellos fue un coterráneo mío, el doctor
Albino, quien aquí también fue nombrado. El mencionado doctor opinaba que
la homosexualidad era un problema
multicausal pero que más de una vez se daba por una violación dentro del seno
familiar. Sin embargo, las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la
Salud sacaron a la homosexualidad de la lista de enfermedades en el año 1990.
Se trata de posiciones ideológicas con una fuerte impronta machista y
patriarcal.
Quiero
comentar que todos hemos tenido presiones, y está bien que eso haya sucedido
porque sé que la gente quiere expresarse. He recibido mensajes desde Córdoba,
Santa Fe y varias provincias de la Argentina diciéndome que no me iban a votar
nunca más. ¡Claro que no van a votarme porque yo represento a la provincia de
Mendoza! Por supuesto que también he recibido agresiones desde Mendoza y aunque
esto no es autorreferencial deseo expresar que me dijeron nazi, asesino,
genocida y que han maldecido a toda mi familia hasta la cuarta generación.
Hasta “gordo” me han dicho. ¿Por qué me discriminan por mi aspecto físico? (Risas.)
Otro
médico, que lamentablemente no pudo venir a esta Cámara a exponer y me hubiera
encantado haberlo escuchado en este momento, dijo lo siguiente: “Los ricos
defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza.
Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en
secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en sanatorios hacen fortunas
sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas. Con el divorcio decían que era
el fin de la familia. Y solo fue el fin de la vergüenza de los separados
ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres
muertas. El resto es educar, no legislar”. Esto lo dijo René Favaloro en 1998.
Quiero
pedir disculpas a aquellos que no se van a ver satisfechos por mi voto porque
voy a pronunciarme a favor de la despenalización.
Quiero
pedir disculpas por si se sienten molestos y ofendidos o esperaban otra cosa de
mí. También perdono a aquellos que se han excedido y han generado violencia con
sus dichos. Espero que esa violencia no llegue y que prevalezca la paz. Pero
también quiero pedir disculpas a las mujeres porque fracasamos durante cien
años vulnerando sus derechos, dañando su igualdad y sus oportunidades.
Quiero
expresar a las miles y miles de mujeres que se han despojado de esos principios
patriarcales y machistas que puede ser que hoy la ley sea aprobada pero que si
eso no sucede, será mañana o pasado, pero este siglo XXI va a dejar atrás el
anacrónico siglo XX. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Zamarbide, por Mendoza.
Sr.
Zamarbide.- Señor presidente: en primer lugar, es
una gran responsabilidad formar parte de la Cámara un día en el que debatimos
un tema tan importante.
Como
legislador, y más allá de tener una visión sobre la cuestión, intenté siempre
escuchar la mayor pluralidad de voces. Busqué guiarme por datos fiables y no
por cifras simbólicas, por la ciencia y no por dogmas ni eslóganes, por la
razón y no por el fanatismo.
Durante
los últimos meses escuchamos a más de setecientos expositores que se han
pronunciado tanto a favor como en contra. Presenciamos discursos muy buenos en
ambos sentidos en el plenario de las comisiones y algo me ha quedado claro:
desde el momento de la concepción hay un nuevo ADN separado del de los padres,
hay un nuevo ser humano, único y concreto. Este es un hecho biológico y no una
opinión subjetiva. Desconocerlo, agregando motivos culturales, es negar un
hecho científico y así lo ratifica en una nota que envía el vicepresidente del
Comité de Bioética al decano de la Facultad de Medicina de mi querida
Universidad Nacional de Cuyo.
Entonces,
a quienes tenemos esta posición y nos guiamos por la ciencia y no por la
conciencia –debo aclarar que no soy practicante religioso, aunque respeto todas
las religiones-, se nos ha querido hacer cargo de una comparación de este proceso
con el divorcio y con el matrimonio igualitario y la verdad es que no hay nada
más alejado de la realidad. En esos casos, se debatía la libertad de dos
personas a ejercer un acuerdo para separarse o para unirse mientras que aquí
discutimos derechos de un tercero.
Nadie
discute del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo pero el
problema es que la genética y la biología molecular nos indican que es el
cuerpo de un tercero, es decir, el más vulnerable. Por supuesto que en la
Argentina el problema está, es grave y hay que ocuparse de él.
Accedí
al estudio encargado por el anterior ministro de Salud en el que se llegó a la
siguiente conclusión: en la Argentina se estima que se practican entre 350.000
y 500.000 abortos al año. Fue realizado por las licenciadas Edith Piantelides y
Silvia Mario y estimó ese indicador en base a treinta informantes clave. Debo
reconocer que me parece una apreciación sumamente subjetiva, lo cual no implica
negar el problema. Así fuesen 50.000 los abortos que se practican al año,
estamos ante una cifra enorme y hay que ocuparse del problema. Pero me parece
preocupante exagerar las cifras para justificar una postura política en un tema
tan delicado.
Más
allá de la grieta que ha generado este debate quiero marcar un punto en el que
todos estamos de acuerdo y en el que tenemos que trabajar. La única forma de
reducir la cantidad de abortos es ocupándonos fuertemente en la correcta
aplicación de la ley de educación sexual en todas las provincias y en todas las
escuelas.
Este
debate ha servido para correr una línea. Hace dos años se discutía en algunos
lugares de Mendoza si el Estado podía o no brindar educación sexual integral.
Hoy ya nadie discute eso, así que ya estamos avanzando en algo.
Quiero
remarcar que estoy a favor de la descriminalización del aborto. Es una locura
que una mujer que haya pasado por esto vaya a prisión y voy a relatar mi
apreciación personal. Esta discusión que se prolongó durante meses me permitió
hablar con muchas mujeres que habían pasado por este proceso traumático con lo
cual, en caso que este proyecto se rechace, tenemos que modificar el Código
Penal para quitar la pena de prisión. Creo que esto es algo en lo que la
mayoría, no digo todos, estamos de acuerdo. Debemos atacar las causas de los
embarazos no deseados, y no las consecuencias.
Para
mis colegas y algunos expositores que han hablado de los sectores excluidos y
de los pobres, quisiera que alguna vez me acompañaran a los barrios populares
de mi querido San Rafael, a los distritos de Alvear o de Malargüe, a ver
cuántas personas humildes encuentran que estén de acuerdo con este proyecto. En
los sectores excluidos encontramos ejemplos de cómo consolidar una familia y
cómo dar una gran pelea por la vida.
Quienes
me acompañaron para ser diputado nacional, tantos militantes como votantes,
sabían de mi postura en este tema, con lo cual no estoy sorprendiendo a nadie;
solo estoy ratificando lo que siempre dije.
Quiero
expresar el mayor de los respetos por quienes creen que este proyecto es la
solución. He intentado escuchar sus argumentos; creo que no lo hacen con malas
intenciones, por supuesto. También quiero expresar mi repudio a quienes se
creen dueños de la verdad y a los violentos que de un lado u otro se han estado
expresando estos días.
Por
último, confío que con mi decisión represento no a todos pero sí a una gran
parte de los mendocinos, sobre todo a mis vecinos de mi querido San Rafael, y
también a los de Alvear y de Malargüe. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Carol, por Tierra Del Fuego.
Sra.
Carol.- Señor presidente: este proyecto de ley
pudo llegar al recinto porque durante muchos años las mujeres hemos estado
desde las calles, en nuestros trabajos, en los distintos espacios políticos y
sindicales, reclamando para poder ejercer el pleno goce de nuestros derechos
reconocidos por la Constitución Nacional y los tratados internacionales sobre
derechos humanos.
Este
proyecto de ley se trata el día de hoy porque ese derecho postergado por la
democracia viene siendo reclamado por las mujeres que militan en las calles y
que batallan día a día por la autonomía de nuestros cuerpos.
Hoy
estamos acá por las miles de mujeres que se unieron en grito común, asumiendo
el compromiso de luchar por la integralidad de los derechos humanos, teniendo
como objetivo la conquista de la causa justa por el derecho al aborto para
recuperar la dignidad de las mujeres. Fueron ellas las que en pleno acto de
sororidad lograron emprender la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto
Legal, Seguro y Gratuito.
Desde
entonces no ha sido fácil -todos lo sabemos- poner en la agenda del Estado el
tratamiento urgente de este derecho. Fue necesario conquistar primero leyes
fundamentales como lo son la ley que crea el Programa Nacional de Salud Sexual
y Procreación Responsable, la Ley de la Protección Integral de los Derechos de
los Niñas, Niños y Adolescentes, la Ley de creación del Programa de Educación
Sexual Integral, la Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y
Asistencia a sus Víctimas, la Ley de Protección Integral para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y, sin duda, las leyes
que fueron íconos de este progreso para alcanzar la autonomía y la igualdad. Me
refiero a la Ley de Matrimonio Igualitario y a la Ley de Identidad de Género.
Estas dos leyes lograron derribar el muro moralista y conservador que negaba a
buena parte de nuestra sociedad los derechos civiles fundamentales como el
derecho a la identidad.
Néstor
conocía la importancia y el simbolismo de estas leyes. Por eso las promovió,
las acompañó y las votó, dejando en su haber histórico -ese haber histórico tan
inmenso que tiene- también esos derechos.
Nosotras
las mujeres conocemos la injusticia desde nuestro nacimiento, y desde niñas
contamos historias de lucha que siempre, una vez adultas, hemos transformado en
conquista.
Históricamente
nos han tratado como ciudadanas de segunda, y esa figura se resquebraja cada
vez que se derriba un privilegio para otorgar otro derecho. Nuestra compañera
Evita lo sabía. Ella era humilde, pobre, una mujer del pueblo, que no admitía
doble moral y que siempre trabajaba por la justicia social. Quizá un resumen de
todo ese trabajo sea la famosa frase: “Donde existe una necesidad nace un
derecho”.
Hoy
proclamamos que la ciudadanía de las mujeres tiene su mayor expresión en la
libertad y autonomía sobre nuestros cuerpos, que son territorio personal y
privado sobre el cual debemos tener la capacidad de decidir soberanamente,
libres de coacción, de control o de violencia.
He
recibido durante el desarrollo del debate del proyecto de ley en el plenario de
comisiones todo tipo de palabras de apoyo y pedidos respetuosos, y también
otros no tan respetuosos, de personas de mi querida provincia -Tierra del
Fuego- y de todo el territorio de la Nación, para que vote positiva o
negativamente este proyecto.
He
querido tomar unas palabras del obispo de la diócesis de Río Gallegos, quien
muy respetuosamente me pidió que vote este proyecto pensando en la Constitución
Nacional, por la cual juré como legisladora, que en su artículo 75, inciso 23
prescribe ‑y cito textualmente‑: “Legislar y promover medidas de
acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y
el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y
por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular
respecto de los niños, las mujeres, las ancianas y las personas con
discapacidad.”
Mi
voto, entonces, será a favor de este proyecto de ley, en base a ese artículo de
la Constitución Nacional, los tratados y convenciones sobre derechos humanos,
el Comité Contra la Tortura de las Naciones Unidas, que ha estipulado que los
Estados que tienen una prohibición absoluta sobre el aborto en cualquier
circunstancia, expone a mujeres y niñas a la situación de ser humilladas y
tratadas con crueldad; en base al Comité de los Derechos del Niño de la ONU,
que la semana pasada instó al Estado argentino a que asegure el acceso al servicio
de aborto seguro y atención post aborto para adolescentes, garantizando que sus
opiniones siempre se escuchen y se tengan debidamente en cuenta como parte del
proceso de toma de decisión.
Mi
voto será a favor de este proyecto de ley, teniendo en cuenta las evidencias y
cifras oficiales en la Argentina y en otros países del mundo que fueron
expuestos tan bien por el ministro de Salud de la Nación, que en base a esas
cifras y esas evidencias concluyó: “El aborto existe, y es algo que no podemos
soslayar. Más allá de todos los dilemas éticos, científicos, morales,
económicos y espirituales, el aborto existe…” y agrega más adelante: “El aborto
es un problema de salud pública porque produce muertes y morbilidad evitable en
la población joven y sana. Es un problema de equidad de género, porque solo
afecta a las mujeres y a los adolescentes, y sus complicaciones afectan ‑sobre todo y fundamentalmente‑ a las mujeres pobres.”
Sr.
Presidente (Monzó).- Concluya por favor, señora
diputada.
Sra.
Carol. – De acuerdo, señor presidente.
Por
todo lo expuesto mi voto es y será siempre a favor de la igualdad del trato y
el derecho de las personas. Mi voto es a favor de la soberanía de nuestros
cuerpos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Orellana, por Tucumán.
Sr.
Orellana.- Señor presidente: podemos tener las
diferencias que sean, pero no vamos a andar peleándonos por eso. Uno trata de
saber escuchar a los demás. Aun teniendo diferencias, deberemos tener la
comprensión de saber entender el posicionamiento, pero quienes tenemos un
principio, una identificación con el peronismo para con la vida, con quienes
queremos defender las dos vidas como cristianos que somos, a pesar de que este
no es un tema religioso, pero también queda claro y definido que el aborto es
una interrupción de una vida de un inocente que no se puede defender pero que
tampoco se vuelve a reanudar.
En
sí, no deja de ser un asesinato cruel contra un ser que no puede defenderse ni
que tampoco ha pedido venir a la vida. En verdad, un aborto lo destruye; ya sea
químicamente o destrozándolo de pedazo en pedazo, no deja de ser una matanza
sin compasión. Un aborto es una práctica violenta por donde se lo vea. Es
literalmente una intervención quirúrgica a ciegas.
Está
bien claro que en los países donde está legislado, también mueren mujeres por
hacerse abortos. La cantidad de muertes por abortos es alta en Estados Unidos,
en Holanda y en España. España está buscando jóvenes en otros países porque la
población se avejentó. De manera que los pobres y los ricos corren los mismos
riesgos.
Hoy
algunos vienen acá a estigmatizar a los pobres como si fueran los defendidos,
cuando en realidad les están bajando la autoestima, la dignidad y la
honorabilidad.
Les
habla un hombre con experiencia en la pobreza, que viene de un hogar muy
humilde, a quien no le van a hablar de necesidades porque las ha vivido en
carne propia. Con el criterio que tienen algunos compañeros, si a causa de la
pobreza mi mamá hubiese decidido abortar, habrían sido dos muertes, porque
hemos nacido gemelos. Pero tuve la bendición de nacer en un hogar en el que
pudieron haber faltado muchas cosas, menos amor y enseñanza para el bien de
nuestros pares.
Lo
único seguro que hay respecto del aborto es que no es tan así lo que dice el
marketing que hay a su alrededor. Se exageran los números cuando se dice que
mueren, mueren y mueren. Son números inflados y mentirosos, en complicidad con
algunos funcionarios que están en el ministerio. Lo único seguro es que si, por
ejemplo, hay 500 abortos, hay 500 niños que mueren. Eso está claro.
Por
otro lado, en todos los órdenes, es decir, en la Constitución, en los tratados
internacionales a los que la Argentina adhiere con jerarquía constitucional y
en el Código Civil, se expresa con mucha claridad que hay vida desde la
concepción y que hay que cuidarla y defenderla desde ese momento porque esa
persona va adquiriendo derechos. Si nace viva, adquiere todos sus derechos, y
si nace muerta es como si nunca hubiese existido. Pero en ningún lado se habla
de interrupción.
Estamos
ante esta disyuntiva. No se puede legitimar la muerte de una persona. Hay que
tener en cuenta que luego de tres abortos, si una mujer quiere quedar
embarazada tiene que ser realizarse una inseminación artificial porque pierde
la capacidad de fertilidad, por infección o por lo que fuera.
Mediante
un acto injusto estamos queriendo resolver algo que va a generar muchos más
problemas. En la práctica, con el aborto siempre muere una persona inocente e
indefensa.
He
escuchado a un legislador que, como si nada, como si una persona por nacer
fuera un zapallo o una verdura, le decía al flaco que ha sido padre que
agachara la cabeza y acompañara a la mujer al quirófano o a la clandestinidad.
¿Qué ha pasado, compañeros?
Ojalá
que no se apruebe este proyecto. No lo voy a apoyar porque no estoy a favor del
aborto y porque estoy en contra de la despenalización. (Aplausos.) Según esta iniciativa, parecería que un niño que va a
nacer viniera solo. Los niños se conciben de a dos, no es de a uno. Lo han
ninguneado al hombre, no lo han mencionado en absoluto. Solo se han preocupado
de que a partir de las catorce semanas nadie vaya preso. Eso tampoco está bien,
porque le ponen una causal pero dejan la decisión final al libre albedrío: si
quien ha provocado el delito, con su comentario conmueve al juez, este le puede
modificar el tipo de delito. En realidad el derecho penal no es cuestión de
pasión sino de razonamiento, es tipificado, establece hechos concretos. No
tiene esa flexibilidad porque está encajonado, cerrado. Se deja esa abertura
con toda la picardía para que después de las quince semanas la persona no tenga
ningún problema; incluso puede quedar absuelta solamente haciendo un
comentario.
Sr.
Presidente (Monzó).- Vaya cerrando, por favor, señor diputado.
Sr.
Orellana.- Muchas son las cosas que podría decir.
Acá
veo muchas personas con pañuelos verdes que hablaron de la ESMA. Si esas
mujeres, a quienes rindo mi honor y mi homenaje, hubiesen abortado, algunos que
están sentados acá no habrían sido diputados. Esas mujeres les dieron la vida.
Hay
un 75 por ciento de diputados en cuyas plataformas electorales no figuraba el
aborto como propuesta. Es decir que algunos de los que están aquí en favor del
aborto le mintieron a su gente. De la misma manera, hay otros que juraron por
Dios y por los Santos Evangelios, o sea que juraron por la vida.
Doy
mis fundamentos con pasión pero con mucha razón y dentro del marco
constitucional, porque la Constitución contradice a todos los que están por
votar en favor de la muerte. Tengan la plena seguridad de que si se aprueba
este proyecto haremos un planteo de inconstitucionalidad y este tema pasará
para otro gobierno. El presidente dijo que no estaba a favor del aborto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Iglesias.- Señor presidente: empecemos por donde
estamos de acuerdo: el aborto es una tragedia. La Organización Mundial de la
Salud, en un estudio con el Guttmacher Institute, compara cifras de 1990-1994 y
2010-2014 y llega a las siguientes conclusiones.
En
los países avanzados, donde el aborto es legal en casi todos, la tasa de aborto
cayó en veinte años de 46 de cada mil mujeres en edad reproductiva a 27 de cada
mil, mientras que en los países no desarrollados, donde es ilegal, no hubo
prácticamente cambios.
En
los países avanzados donde el aborto es legal, en veinte años se redujo de 12
millones a siete millones la cantidad de abortos. En los países no
desarrollados, esa cifra aumentó de 38 millones a 49 millones.
¿Estamos
en serio en contra del aborto? ¿De qué estamos hablando?
La
segunda tasa más alta en el mundo es la de América del Sur, donde el aborto está
prohibido en casi todos los países: 48 de cada mil mujeres en edad
reproductiva. En Norteamérica y en Europa, donde es legal, oscila entre 16 y 18
por cada mil mujeres en edad reproductiva.
Si
estamos en contra del aborto, debemos despenalizarlo.
Hay
una sola objeción que el señor diputado preopinante señaló muy bien: el tema de
la concepción. Allí hay toda una mezcla entre la vida humana, la persona, el
ser humano y el sujeto de derecho. No voy a entrar en ese asunto porque me
llevaría todo el tiempo, pero la afirmación básica que obstaculiza la
aprobación de esta iniciativa tiene que ver con dos cuestiones: un embrión –nos
dicen‑ es lo mismo que un bebé; por lo tanto, un aborto es un asesinato.
Eso es lo que nos dicen. Yo no creo eso y la mitad de la Argentina tampoco cree
eso. Ahora bien, pregunto a los que van a votar en contra, ¿ustedes creen eso?
Sus prácticas, sus conductas de todos los días, ¿reflejan ese pensamiento?
Ustedes, que son funcionarios públicos, ¿denunciarían a una mujer si se enteran
de que abortó? ¿Pedirían para ella cadena perpetua, que es lo que corresponde
para un asesinato agravado por el vínculo? ¿Acaso proponen, con tal de que no
se configure un asesinato, que una mujer violada sea obligada a parir? Quiero
creer que no.
Permítaseme
dar un ejemplo más cotidiano. ¿Alguno viajaría por turismo a Siria o a
Venezuela? Supongo que no; en Cambiemos, por lo menos, nadie lo haría. Pero sí
van a París, donde por día se realizan más de seiscientos abortos ‑o
asesinatos, según los que votarán negativamente este proyecto‑, y a Nueva
York, ciudad ubicada en un país en el que diariamente se practican dos mil
quinientos abortos o asesinatos, según el pensamiento de quienes no apoyarán
esta iniciativa.
No
pido que voten de acuerdo con mis convicciones; simplemente quiero que lo hagan
considerando cómo se comportan en la práctica, es decir, pensando en si
denunciarían a una mujer que aborta o dónde hacen turismo.
La
propia ley argentina sostiene que un aborto no es un asesinato y que un embrión
no es un bebé. Por eso prevé la pena de uno a cuatro años de reclusión en el
caso de aborto y prisión perpetua cuando se comete un asesinato agravado por el
vínculo. Además, contempla la interrupción del embarazo en caso de violación o
riesgo de vida, algo que no está permitido si hablamos de asesinato.
A
esto debemos agregar que la ley sobre fertilización in vitro autoriza a que
diariamente se descarten o congelen decenas o cientos de embriones. Quienes
voten en contra del proyecto en tratamiento, ¿serán coherentes y pedirán la
anulación de aquella norma?
Tampoco
me hablen de ciencia, que puede explicarnos sobre ADN o cuándo un feto es
viable, pero no referirse a una decisión que es moral, antropológica,
filosófica y política.
Este
es el punto central. Mitad de la Argentina cree que un embrión es un bebé y que
un aborto es un asesinato. La otra mitad piensa que no es así. ¿Tiene una de
ellas el derecho de imponer a la otra sus creencias? Yo entiendo que no. ¿Tiene
una de ellas el derecho de imponer a la otra su criterio en una cuestión
opinable, acerca de la cual los científicos se pronunciaron en un sentido y en
otro? ¿No es una condición del pluralismo político, filosófico y religioso que
una parte no puede imponer su punto de vista a la otra? ¿De qué pluralismo, de
que libertad individual, de qué república y de qué liberalismo estamos hablando
si unos pretenden prevalecer con su pensamiento sobre otros? ¿De qué estamos
hablando si obligamos a una mujer que no quiere continuar con su embarazo a
elegir entre seguir forzosamente con él o la cárcel?
Quiero
cerrar mi exposición dirigiéndome a mis compañeros de bloque. Formamos parte de
Cambiemos y venimos a cambiar el país, no a consagrar un statu quo hecho de
abusos, de discriminación sexista y social y de desigualdad. Por eso les pido
que hagan un pequeño experimento: piensen en un país al que les gustaría que la
Argentina se parezca cuando finalice el mandato de Cambiemos y luego fíjense
qué lugar ocupa en el mapamundi que estoy mostrando: díganme si está pintado de
verde –Norteamérica, Europa, Australia y casi toda Asia‑, que son los
países donde el aborto, con diferencias y muy pocas excepciones, es legal, o de
rojo ‑Latinoamérica y África‑, que son aquellas naciones donde está
prohibido.
Latinoamérica
y África son, desgraciadamente, no solo los únicos continentes donde en forma
mayoritaria está prohibido sino que además son los continentes donde la
desigualdad social y la violencia son más elevadas.
Reitero:
pensemos en un país y hacia dónde queremos que vaya la Argentina que nos está
mirando. Cambiemos, señores diputados. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Castro, por San Juan.
Sra.
Castro.- Señor presidente: se ha debatido mucho
acerca de este tema y me permitiré reiterar algunos conceptos que ya vertí en
las reuniones de las comisiones. Si bien no soy miembro de ellas, decidí
participar en la discusión.
Sin
lugar a dudas, tenemos muchas cuentas pendientes en nuestra democracia. Aunque
es de público conocimiento mi posición contraria a este proyecto de ley, me
gustaría ahondar un poco en las razones.
Para
mí, el derecho a la vida es un derecho esencial. Recién escuchaba al señor
diputado preopinante hablar sobre los embriones. Yo también considero que no
son personas; por eso, años atrás voté a favor de la iniciativa que regula el
destino de los embriones crioconservados después de diez años. No obstante,
entiendo que hay un proceso vital y que las pulsiones de ambos proyectos –aquél
y éste que estamos considerando‑ son diferentes. En uno, la pulsión es de
vida; en otro, aunque tratemos de no usar expresiones tan fuertes ni agresivas,
es de muerte. El aborto consiste en interrumpir un proceso en el que, después
de cierto tiempo, hay una persona.
Creo
que hay una deuda respecto de aquellas leyes que no se ejecutan, en algunos
casos por decisiones político‑ideológicas y en otros por falta de
recursos. También en este sentido hay una tarea por delante y muchas
responsabilidades.
El
proyecto presentado inicialmente constaba de muy pocos artículos. Al parecer,
quienes estamos en contra fuimos escuchados y por eso la iniciativa contenida
en el dictamen de mayoría tiene nuevos artículos. Entonces me pregunto si el
proyecto original era el más acertado; creo que no y que por eso se
introdujeron modificaciones.
Por
otro lado, en el transcurso de la sesión se habló mucho de peronismo, de Evita
y de Néstor. No pondré en la boca de Evita y tampoco en la de Néstor, que ya no
están, palabras que no sabemos si hubiesen pronunciado. Primero, porque
vivieron en otros tiempos; segundo, por una cuestión de respeto y convicción.
Adhiero
al Movimiento Nacional Justicialista no solo por la ideología que tuvieron mi
padre y mi abuelo sino también por pensamiento propio; yo misma decidí ser
peronista y me siento peronista. Por eso puedo afirmar que este proyecto va a
contramano de nuestras convicciones, ya que es profundamente individualista.
Se
ha dicho que el Estado debe acompañar a la mujer. Por supuesto que el Estado
tiene la responsabilidad de acompañar a todos los ciudadanos. Ahora bien, si
dejamos a la mujer en absoluta libertad con una decisión personal, individual e
íntima, ¿no la estamos dejando en soledad?
Como
dije en las reuniones de las comisiones, el aborto no evita las enfermedades de
transmisión sexual. Con el aborto se corta una vida y quizás de esa manera se
cierra un problema. Pero nada se dice acerca del sida y del HPV, algunas de
cuyas cepas terminan generando un cáncer mortal.
Trabajé
en un hospital –de hecho, cuando deje de ocupar esta banca allí volveré‑
donde vi muchos casos de cáncer de cuello uterino; por eso puedo afirmar que
miles de mujeres mueren por algo que es absolutamente evitable.
También
debemos reflexionar sobre esa capacidad que tenemos los argentinos de poner
toda nuestra pasión en pares antinómicos, ya que ella fue la que nos llevó a
esta instancia de debate en la que no hay una tercera posibilidad. Hemos
recibido acusaciones de ambas partes, es decir, de quienes apoyan esta
iniciativa y también de aquellos que la rechazan. Unos dicen que por nuestra
culpa seguirán muriendo mujeres; otros, que por nuestra culpa continuarán
interrumpiéndose vidas que nunca llegarán a ser personas. Tristemente, no hemos
podido superar esta situación.
He
leído bastante sobre el tema en discusión y he visto que en aquellos países
donde el aborto está despenalizado la mujer también sufre consecuencias físicas
graves. Que sea seguro y esté médicamente cuidado no asegura que la mujer no
muera ni que luego pueda tener una vida en libertad más feliz. No lo asegura.
Existen diferentes estudios y en las reuniones de comisión hemos recibido
diversa documentación al respecto; hay mucha información. También existen datos
sobre el caso de Francia, que menciono porque en el día de hoy aquí se habló
mucho de distintos países.
Hay
otra cuestión que quiero dejar muy clara. Mi postura es absolutamente laica; yo
creo en el Estado laico. De hecho, no veo con tan buenos ojos lo que usted
tiene acompañándolo allí, pero lo respeto, señor presidente, porque estamos en
democracia y de la misma manera espero que sean respetadas todas las posturas
que se han vertido aquí. Insisto en que la mitad de la sociedad dice “sí” y la
otra mitad dice “no”.
Otro
aspecto en el que creo profundamente es en terminar de criminalizar a la mujer
y a los jóvenes. Este es el debate que tenemos que dar, ojalá en el marco del
nuevo Código Penal, aunque también podríamos llevarlo a cabo antes, con un
proyecto de acuerdos con todos. Y no digo de “acuerdo”, sino de “acuerdos”.
Me
comprometí con el pueblo de San Juan a defender la vida y es lo que voy a hacer
mediante mi voto.
Por
otro lado, se habló de los jóvenes, y pareciera que quienes se oponen al
proyecto que estamos tratando somos conservadores y antiguos. Hay cientos de
miles de jóvenes que también están en contra en nuestro país, que priorizan la
vida y que tienen otra mirada. Hubiese sido bueno que eso quedara volcado y
representado en otra iniciativa hoy aquí.
Algún
diputado habló de los climas de época. El clima de muchas épocas fue el
totalitarismo; el clima de muchas épocas también dirimió sobre lo humano y lo
no humano, quién debía vivir y quién debía morir en los campos de
concentración. No debemos olvidarnos de los totalitarismos. Los climas de época
deben ser mirados con mucho cuidado.
Defiendo
la vida y no quiero mujeres en la cárcel. Gran parte de mi militancia estuvo
relacionada con la cárcel, a la que he ido en innumerables ocasiones, donde he
visto con mucha tristeza mujeres que están presas porque nunca tuvieron
oportunidades.
Para
cerrar ‑solicito permiso a la Presidencia para insertar el resto de mi
discurso en el Diario de Sesiones‑, defendamos la vida y demos un debate
serio y verdadero para que no haya mujeres presas ni muertas, ni comprometamos
a nuestra infancia. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Ciampini, por el Neuquén.
Sr.
Ciampini.- Señor presidente: decimos que las
sociedades que no avanzan en leyes superadoras se estancan. Hoy estamos
hablando de una ley superadora para nuestro país, porque así lo está
requiriendo nuestra sociedad, así se manifestó durante el debate y así lo están
expresando miles de personas afuera de este recinto.
¿Por
qué avanzan las sociedades? Tenemos que hablar de lo que pasó hace un siglo,
más específicamente hace 97 años. Esta es la primera vez que en el Poder
Legislativo se discute la despenalización y la legalización de la interrupción
voluntaria del embarazo, después de 97 años de haber sido aprobado el Código
Penal. Los artículos 85 y 86 de dicho Código, que en su momento fueron de
vanguardia en la región –estamos hablando de hace casi un siglo‑,
quedaron caducos con el paso de los años para finalmente ser serviles a
imperativos morales que poco tienen que ver con el modo en que pensaron y
piensan las mujeres de nuestra época hoy, en el siglo XXI.
Esto
ha tenido un perfil punitivo y su clandestinidad se ha profundizado. Todos lo
sabemos muy bien porque la palabra “clandestinidad” se ha escuchado a lo largo
de toda la tarde de hoy y se seguirá escuchando. Ahora bien, el rol de la
sociedad, de los movimientos de mujeres –como lo expresó detalladamente mi
compañera, la señora diputada Carol‑, de alguna manera nos ha llevado a
tratar este proyecto hoy en esta Cámara de Diputados. Pero esta situación no
solamente se da en nuestro país; aquí nadie habló del tema, pero sabemos bien
que hace pocas semanas en Irlanda hubo un referéndum que torció definitivamente
la historia de ese país, un país católico, manifestándose a favor del aborto.
La
vuelta de la democracia nos ha traído muchas leyes superadoras que a través de
la iniciativa de distintos movimientos fueron consideradas en esta Cámara.
Quisiera enumerarlas, porque espero que hoy esta ley también sea aprobada.
Dichas leyes superadoras son: la ley de igualdad ante la ley de hijos
extramatrimoniales y de ejercicio conjunto de la patria potestad; la ley de
divorcio vincular; la ley de cupo femenino; la ley de creación del programa
nacional de salud sexual y procreación responsable ‑ninguneada en muchas
provincias, y esto lo tenemos que decir‑; la ley de creación del programa
nacional de educación sexual integral; la ley de protección integral para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres; la ley de
matrimonio igualitario; la ley de identidad de género; la ley del voto joven;
la ley de paridad y la ley de fertilización asistida.
Todas
estas leyes son superadoras de una sociedad y realmente han avanzado mucho en
este proceso democrático que hemos tenido en nuestro país después del año 82.
Hoy
la discusión es la penalización y la clandestinidad del aborto o la
despenalización y la contención de las mujeres embarazadas. Creo que tenemos
que poner el eje en todo lo que plantea la gente afuera y en todas las
situaciones que estamos viviendo.
Mi
voto estará en línea con la despenalización del aborto, la contención y el
desarrollo de la educación sexual integral, porque esto es lo que pretendo que
aprobemos hoy.
Algunos
dicen que esta ley es la revolución de las niñas y nietas de este siglo. Así va
a ser, señor presidente, porque muchas jóvenes se han embanderado en los
derechos de la mujer y en este proyecto. Este es el motivo por el cual nosotros
tenemos que abrir los ojos y pensar muy seriamente hacia dónde vamos, cuál es
el futuro que queremos para nuestro país y cómo contenemos esta situación que,
con el nombre de “clandestinidad”, tiene que dolernos a todos.
Esta
ley vela por la vida física y emocional de aquellas mujeres que quieren decidir
sobre su salud reproductiva y es un resguardo para las maternidades forzadas y
las muertes evitables. Es en este sentido que amplía y asegura derechos,
ganando todos como sociedad en términos de igualdad entre hombres y mujeres.
Quiero
expresar que en mi Norpatagonia, Río Negro y Neuquén, la gran mayoría está a
favor de esta ley. Queremos que sea apoyada muy firmemente en pos del avance de
una sociedad para todos y un futuro promisorio. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Martiarena, por Jujuy.
Sr.
Martiarena.- Señor presidente: hoy estamos
tratando este proyecto en medio de una profunda crisis socioeconómica de la
Argentina. ¿Cómo puede ser que en esta Argentina tan rica cada vez haya más
pobres? En mi provincia han resurgido la sífilis y la tuberculosis. Cada día
hay más personas, hasta jubilados, que revuelven la basura en busca de un poco
de comida y que mendigan por las calles. Cada vez hay más personas que sufren
la desocupación y son despedidas; suben las tarifas, el combustible, y los
trabajadores públicos y privados ven con impotencia que el sueldo no les
alcanza. ¿Cómo puede ser que se premie al que especula y se castigue al que
trabaja y al que produce? Cada día hay más cierres de comercios y quiebran las
pymes en toda la Argentina.
El
gobierno está más preocupado por honrar la deuda externa que por honrar la
deuda interna. Estos problemas deberían ser abordados y tener un lugar
prioritario en la agenda oficial, pero no es así.
Respeto
todas las ideas y todas las opiniones. Desde muy niño me he criado en un
ambiente familiar donde mis padres me inculcaron el respeto a la vida como algo
sagrado. Fui creciendo con esos valores y formé mi propia familia.
Creo
profundamente en la familia como célula básica de la comunidad. Estos son mis
principios, que guían mi vida tanto como ciudadano y como representante del
honorable pueblo de Jujuy. Desde mis convicciones cristianas comparto el
pensamiento de Su Santidad cuando nos alienta a los argentinos a hacer un
aporte en la defensa de la vida y de la Justicia.
Desde
mis convicciones justicialistas concibo al hombre -genéricamente hablando- como
un ser trascendente y no como lo concibe el materialismo, es decir, solamente
como un animal inteligente.
Concibo
al hombre como una creación dotada de cuerpo y espíritu, que desde su
concepción en el seno materno, donde recibe la vida, posee derechos naturales.
El derecho natural otorga a cada ser humano el goce de la vida, el derecho a la
vida.
Una
ley es justa cuando respeta ese derecho natural ‑que es eterno y que
pertenece a la esencia misma de la persona humana‑, en este caso, del
niño por nacer. Por ello, anticipo mi voto en contra de este proyecto de ley.
He
escuchado que esta tarde salió a la luz la discusión sobre cuál es el rol del
Estado. ¿Cuál Estado, señor presidente? ¿Este Estado espectador e inoperante
para resolver los problemas nacionales? No creo en ese Estado. Creo en otro
Estado, en un Estado de justicia, un Estado vivo, presente, activo y que
promueve el bien común.
Creo
en un Estado justo, en un Estado de justicia que proteja a la familia, en un
Estado integral que fomente la natalidad, donde la asistencia social y el
cuidado de la salud de la población son deberes ineludibles. En el Estado de
justicia social todo esto se debe cumplir. El Estado no debe escatimar
esfuerzos ni recursos para este objetivo tan enaltecedor.
Quiero
contar que en mi provincia el Movimiento Familiar Cristiano brinda un servicio
de enorme amor por medio de los Hogares de Belén. Se trata de matrimonios que
cuidan bebés abandonados hasta que son entregados a los padres adoptivos.
Considero que sería muy conveniente que este servicio se convierta en una
política de Estado de un Estado de justicia social, de un Estado que apueste al
amor y agilice el sistema de adopción.
A
fin de evitar las muertes -todas evitables-, las del aborto, las de la
desnutrición, las de las adicciones, las del suicidio, se deben implementar eficaces
políticas públicas de prevención, promoción de la salud y fundamentalmente de
procreación responsable. Propongo que se diseñen campañas de comunicación desde
los medios.
El ser humano, por su libre albedrío,
muchas veces atenta contra leyes naturales, se convierte en un depredador del
medio ambiente y puede ser una amenaza para su propia especie.
Finalmente,
voy a parafrasear a la Madre Teresa de Calcuta: “Los niños son como las
estrellas. Nunca hay demasiados.” ¡Ni un niño menos! (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Quetglas, por Buenos Aires.
Sr.
Quetglas.- Señor presidente: soy un hombre de
ideas y no les tengo miedo. De todos modos, considero que cuando se diseñan
políticas públicas lo que nunca se puede obviar es la evidencia.
La
primera evidencia que surge es que el debate democrático es una oportunidad
para mejorar las decisiones. La segunda evidencia es que cuando el Estado
interviene en ámbitos de cierta intimidad no lo hace generalmente de modo adecuado.
Lo que se pone en juego con este proyecto -y eso explica en parte la
movilización que genera- es la visión sobre los valores: sobre la vida, la
intimidad, la igualdad y una larga lista de etcéteras.
También
es evidente que estamos frente a un proceso de feminización de la vida pública,
la emergencia de una nueva sensibilidad, que es una forma de enriquecimiento
que tenemos como sociedad a la que no debemos ver como una amenaza.
Pido
a los señores legisladores que, tratándose de los valores frente a una cuestión
tan sensible, dejemos de lado todo lo posible nuestro propio recorrido vital y
cualquier particularismo. A todos nos pasó algo y no es recomendable legislar
sobre la base de si nos pasó o no algo.
Hay
una sociedad que está esperando que sancionemos una buena norma, que sea clara,
aplicable y que pueda contribuir a mejorar los resultados sociosanitarios que
nos fueron presentados.
Por
supuesto que conviven aquí distintas visiones, personalmente comparto el
conjunto de argumentos expresados por la campaña nacional por el derecho al
aborto legal, seguro y gratuito, y quiero destacar aquello de la ineficacia de
la penalización resumido en la frase “La prohibición no impide los abortos, los
hace más inseguros.”
Los
datos avalan estos supuestos. Ellos son numerosos y robustos, entre otras
cosas, porque hemos dilatado este debate más de la cuenta. Hace décadas que
sabemos de la industria clandestina del aborto ilegal y que el porcentaje de
embarazo infantil o adolescente en la Argentina es un escándalo.
Es
como si no pudiéramos sacarnos del hombro un cierto tutelaje moral que nos
impide proponer soluciones basadas en la evidencia y no en las creencias. Se
trata de un tutelaje que se hace patético cada vez que un tema de orden público
se vincula con un aspecto de la sexualidad.
La
patria y la fe no deberían entrar en juego en este drama social. No hay una
Argentina buena y una Argentina mala. Ser una sociedad mejor requiere, entre
otras cosas, que abandonemos el uso de los absolutos para hacer política y que
trabajemos con menos ataduras.
Quiero
volver al tema de la ineficacia que ha tenido la norma hasta hoy, que
pretendiendo evitar abortos no lo ha logrado. Me pregunto por qué la
penalización ha sido ineficaz y el aborto, un negocio oscuro. Lamentablemente,
esto ocurre en la Argentina y en todos los países que penalizan el aborto. Así,
se abre paso a una clandestinidad insultante, viajes para practicarse abortos e
indicaciones de uso de fármacos por parte de personas sin formación médica.
Existe todo un costado de esta realidad que está en penumbras.
Puede
que la norma sea ineficaz porque nuestro Estado es ineficaz. Acaso si
tuviéramos un Estado más eficiente, ¿la penalización podría funcionar?
Imagino
a una mujer enterándose en múltiples circunstancias de un embarazo no deseado,
sea por la razón que fuera: porque ese embarazo es fruto de una relación
ocasional, porque está viviendo un momento económico angustiante, porque fue
abandonada, porque siente que no puede ejercer la maternidad, porque teme una
represalia familiar, porque entiende que esa situación condiciona su vida
profesional, porque tiene dudas sobre su estado de salud, porque tiene 15 años,
porque fue abusada por un familiar y no quiere denunciar ese abuso a causa del
temor que eso le genera, o simplemente porque no nos quiere decir el porqué.
Esta no es una situación marginal; esto es algo que está pasando en este
momento y que pasa cientos de veces cada semana.
En
ese instante tan íntimo y profundo, ¿cómo creemos que el Estado puede evitar
que la mujer tome esa decisión? ¿Cómo lo haríamos? ¿Pondríamos un sensor a cada
mujer fértil en el país para poder monitorearla? ¿Acaso porque somos un poder
del Estado creemos que todo lo podemos?
¿Creemos
que podemos suplantar su decisión, desplazarla y decidir por ella, y con el
dedo inquisidor decirle “serás madre quieras o no quieras; puedas o no puedas
serás madre”? Es una paradoja pensar en la maternidad como un castigo.
Incluso
pareciera que de esa manera se carga con un contenido de rencor: fuiste libre,
pues serás madre; disfrutaste, pues serás madre; no te cuidaste, pues serás
madre. ¿De verdad pensamos que podemos incidir de cualquier modo en la decisión
que toma esa mujer, que generalmente está muy sola? Pareciera que no
comprendemos la dimensión humana de la intimidad y las cosas que en ésta
ocurren, nos gusten o no nos gusten.
No
somos más piadosos, más útiles ni más humanistas bajo la idea de que debe
prohibirse todo lo que es contrario a nuestros valores.
La
campaña a favor de la despenalización del aborto ha insistido en tres ejes:
educación, anticoncepción y legalización del aborto. Además, se ha reiterado
hasta el hartazgo que no se propone el aborto obligatorio. Sinceramente,
entonces, no creo tener la autoridad suficiente para asumir esa decisión tan
trascendente.
La
frontera de lo público y lo privado es muchas veces difusa, y una de las
cuestiones centrales de cualquier posicionamiento político es qué hacemos con
aquello tan estrictamente íntimo. Esto vale para los pensamientos, las
prácticas sexuales entre mayores y los diálogos privados o decisiones como
ésta, donde nadie puede suplantar esa decisión. Nadie puede ni debe hacerlo. Si
de verdad queremos que haya menos abortos, el camino para lograrlo no es
prohibiéndolos.
Debemos
dar un paso más hacia una sociedad responsable. No es metiéndonos -y mal- en la
intimidad de las personas que seremos mejores. El marco para que las personas
puedan desenvolverse e intentar el desafío de vivir y ser felices depende en
cualquier caso de otra política pública. No depende de que nosotros nos
arroguemos una facultad que no podremos ejercer, o cuando pretendemos hacerlo
como Estado lo hagamos con una torpeza y una falta de sensibilidad y de
criterio que realmente dan miedo.
Repasemos
las crónicas policiales y los desatinos judiciales, ante los cuales pensamos
“qué suerte que eso no me ha tocado a mí”. Sabemos que la torpeza y la
insensibilidad por parte del Estado explican en gran medida el desprestigio de
las instituciones.
Podemos
y debemos hacer mejor las cosas, de manera que tenemos que avanzar y sancionar
una ley en ese sentido. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Terada, por el Chaco.
Sra.
Terada.- Señor presidente: a lo largo de esta
jornada hemos escuchado las distintas voces, que no necesariamente reflejan
opiniones en blanco o negro respecto de este tema.
Soy
una convencida de que todas las cosas tienen un principio y un fin. Así, la
vida humana –según el artículo 19 del Código Civil- comienza con la concepción.
Eso es ratificado por los tratados internacionales y también por nuestra
Constitución Nacional, que en el inciso 23 de su artículo 75 establece un
régimen de seguridad social especial e integral de protección del niño en
situación de desamparo desde el embarazo hasta la finalización del período de
enseñanza elemental y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia.
Tengo
plena convicción sobre la dignidad de la vida humana y respeto la autodeterminación
de las personas siempre que esa autodeterminación no afecte a otros individuos.
Además, debemos entender que toda causa produce un efecto.
Soy
consciente de lo que pasa en mi provincia, el Chaco. Sé que allí existen
abortos y que hay personas que se mueren como consecuencia de esas prácticas.
Pero también sabemos que existe la muerte de la persona por nacer cuando se
producen esos abortos.
Entrando
al análisis del proyecto en tratamiento, quisiera hacer un planteo sobre el
artículo 2º, según el cual se garantizan todos los derechos reconocidos por la
Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos y demás vinculados con
la dignidad de la vida, la autonomía y la salud.
Asimismo,
el inciso 22 del artículo 75 de nuestra Constitución Nacional hace referencia a
la jerarquía de los tratados internacionales. Dice que esos tratados solo
pueden ser denunciados en su caso por el Poder Ejecutivo nacional previa
aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada
Cámara del Congreso.
En
este sentido, entiendo que cuando el artículo 2º del proyecto habla de decidir
la interrupción voluntaria del embarazo está contraviniendo expresamente lo que
refiere el inciso 23 del artículo 75 de la Constitución Nacional y lo que
establece el artículo 19 del Código Civil.
Otra
de mis preocupaciones se relaciona con la liberación del aborto más allá de las
catorce semanas de gestación cuando se trate, por ejemplo, de casos de
violación, para lo cual solamente se exige una declaración jurada de la persona
que dice haber sido violada. Es decir que ni siquiera se exige una denuncia
penal.
Esta
preocupación reside fundamentalmente en que la norma dice que podrá realizarse
la práctica fuera de los plazos fijados, pero no establece un límite. Es decir
que puede realizarse a los siete, ocho o nueve meses de gestación. Entonces,
como decía, esta situación es preocupante.
También
me inquieta lo que establece el artículo 11 del proyecto, que prohíbe
expresamente la objeción de conciencia institucional y de ideario. Me pregunto
entonces qué pasará con aquellos establecimientos de determinadas confesiones
religiosas diseminadas por todo el país ‑que realmente cumplen una tarea
muy loable‑ a cuyos profesionales no les será permitida la objeción de
conciencia, o que directamente le será impedida a la institución en su
conjunto.
Otro
tema que me preocupa se refiere al artículo 12 de la iniciativa en tratamiento,
que establece la cobertura obligatoria de esta práctica por parte de todas las
obras sociales. No sabemos qué costo puede llegar a tener esa cobertura. El
tema no fue tratado por la Comisión de Presupuesto y Hacienda para determinar
de qué se va a hacer cargo el Estado nacional respecto de esta cuestión.
También
es preocupante el hecho de que una vez que la persona gestante decida abortar,
el médico interviniente tendrá solo cinco días corridos para realizar esa
práctica. Debo comentar que al menos en los hospitales públicos de mi provincia
se presenta el problema de que no hay suficientes camas. Por ejemplo, hemos
tenido el caso de una mujer parturienta que debió permanecer sentada en una
silla porque no había una cama y estaba a punto de dar a luz. Esas son las
realidades que tenemos y por ello estamos tan preocupados.
Por
último, en relación con la despenalización que tanto se alega acá, quisiera que
me expliquen por qué el artículo 19 del proyecto dice que será reprimida con
prisión de tres meses a un año la mujer o persona que causare su propio aborto,
o consintiera que otro lo causare, cuando el mismo fuera realizado a partir de
la semana 15.
Me
parece que allí existe una contradicción, ya que por un lado hablamos de
despenalización y por otro estamos penalizando a la mujer si se realiza el
aborto después de las 15 semanas de gestación.
Estas
son las distintas preocupaciones que uno tiene, y es por eso que voy a votar en
contra de esta iniciativa. Creo que debemos cumplir determinadas obligaciones
desde el Estado, como por ejemplo en lo relativo a la enseñanza en las
escuelas, la salud sexual y el poder comprender y contener mejor a la mujer.
Por
eso digo que el aborto no es legal porque es inconstitucional, no es seguro
porque siempre uno de los dos –la madre, el niño o ambos‑ mueren, no es
gratuito porque el Estado o las obras sociales tendrán que hacerse cargo y no
es libre porque alguien en esa relación de madre e hijo no eligió.
Por
último, el aborto no es un derecho porque no existe el derecho a matar a una
persona por nacer. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Cerruti, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Cerruti.- Señor presidente: agradezco este cruce
entre la biografía y la historia que me permite estar hoy en el debate de una
ley que establece un derecho por el que hemos luchando hace tantísimos años.
Estamos
acá por una historia que empezó como la larga lucha de las mujeres. En este
sentido, quiero nombrar algo que me enorgullece: el inicio de los encuentros de
mujeres en la Argentina, que comenzó por el año 1988, durante el gobierno del
doctor Raúl Alfonsín. Aquella primera reunión estuvo signada por un marco
transversal, como el que hoy experimentamos quienes estamos debatiendo y
apoyando este proyecto de ley. En esa oportunidad estaban Florentina Gómez Miranda,
María Elena Walsh, María Luisa Bemberg, nuestra querida compañera Nilda Garré y
tantas otras compañeras que han luchado por estos derechos durante todo este
tiempo.
No
hace tanto nos dijeron que los argentinos éramos los hijos y las hijas de las
Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Me gusta decir que somos las hijas y los
hijos de esas “viejas locas” del pañuelo blanco; y hoy somos los padres y las
madres de esas “pibas locas” del pañuelo verde. Los dos pañuelos, unidos y
entrelazados en un diálogo intergeneracional, están construyendo la historia de
conquista de derechos y libertad en la comunidad del país, dando sin duda
lecciones al mundo.
Durante
todo el día hemos escuchado cada cosas… Por ejemplo,
escuchamos que el cuerpo de la mujer tiene que ser una heladera que conserve
embriones; se lo comparó con el cuerpo de una perra que debe tener perritos
para regalarlos; un diputado dijo que por suerte solamente apropiaron los hijos
de las mujeres que parieron en la ESMA y los hicieron crecer secuestrados,
silenciados, clandestinos, en casas de apropiadores.
Después
de escuchar todos esto, me pregunto qué estamos discutiendo. Por qué no
aceptamos el desafío de las pibas, de “les pibes”, que nos piden que
“desconstruyamos”; que podamos repensarnos y darnos cuenta de que el
patriarcado ya se cayó, solamente que no nos dimos cuenta. Todavía no queremos
asumir que ya se cayó, porque esas pibas y esos pibes que están en las calles
están desencallando el futuro, para volver a poner la utopía en escena y pensar
en una sociedad con derechos.
Como
dice el feminismo que lo personal es político, voy a traer a colación algo
personal, solo desde ese punto de vista. Acá se habla muchísimo de los
embriones y de cuándo empieza la vida, pero como dijeron los diputados Donda
Pérez y Lousteau, no pensamos lo mismo cuando se descartan embriones o se los
guarda en una heladera. El filósofo Malamud decía que guardado en una heladera,
nadie es persona. Si hay algo que es un embrión y puede guardarse en una
heladera, no es una persona.
Voy
a contar mi experiencia personal. Yo llevé adelante un aborto voluntario cuanto
tenía 26 años; tengo dos hijos y perdí tres embarazos. Debo decir que el aborto
voluntario fue mucho menos traumático y triste, porque justamente fue
voluntario; se trató de una decisión. Cuando los abortos fueron involuntarios,
de embarazos buscados, deseados ‑tal vez en algún caso el embrión tenía
más semanas‑, fue mucho más triste y problemático. Creo que esa es la
discusión que debemos darnos. La diferencia entre el aborto voluntario y el
involuntario es el deseo.
No
queremos discutir que las mujeres tengamos derecho a ejercer nuestro deseo,
nuestra libertad; no queremos discutir que las mujeres tengamos derecho a
elegir nuestro poder. No queremos hacerlo, porque hombres y mujeres en el
patriarcado –no solo hombres, hoy hemos escuchado a muchas mujeres‑ se
niegan a soltar ese poder porque creen que queremos gobernar sobre hombres o
sobre otros. No, señores; queremos gobernar sobre nosotras mismas; no queremos
gobernar sobre los hombres; queremos gobernar sobre nuestros cuerpos; sobre
nuestros deseos, sobre nuestros sueños. (Aplausos.)
Las
mujeres no creemos que el poder sea una ecuación cero y que hay que sacar al
otro para tener poder. Las mujeres sabemos que somos el poder, que tenemos el
poder, que está en nosotras y que no se lo sacamos a nadie.
Relájense:
el único palacio de invierno que queremos conquistar es el de nuestra vida; la
única bastilla que queremos derrocar es la de aquellos que nos impiden llevar
adelante nuestros sueños y deseos.
Seamos
capaces de mirar un poco por afuera de esta mansión, de estos cortinados, de
estas alfombras. Salgamos del pasado. Sé que este edificio monumental a veces
nos lleva a no darnos cuenta de que estamos repitiendo discusiones de hace
muchísimo tiempo, de siglos. Seamos capaces de “desconstruirnos” y pensarnos;
de entender cuando las mujeres hablamos de sororidad, que implica que el
sufrimiento no es privado, que la alegría no es privada; somos capaces de
generar empatía, y lo hemos hecho en este proceso. Ello no significa que todas
las mujeres y los hombres que estamos juntos en este proceso nos hicimos amigos
o nos queremos. Quiere decir que tenemos la decisión ética y política de
compartir una visión de una sociedad más justa que goce de derechos.
Qué vienen a hablar de
que el embrión no puede ser descartado si lo descartan cuando tiene 5, 10 o 15
años. El embrión tiene que nacer para darlo en adopción, pero no se lo darán a
una pareja homosexual. ¿Qué más quieren hacer para normativizar la vida de los
otros? La discusión que estamos dando es que cada uno pueda vivir la vida a su
manera y que las mujeres tengamos derecho a ejercer nuestra libertad, nuestro
deseo. Nuestro cuerpo, ese cuerpo gestante que aparece en la ley ‑de eso
se trata‑, no es una heladera ni una perra, no es algo sobre lo que
podamos decidir, como lo estamos haciendo.
Se habla de libertad de
conciencia. No tengo libertad de conciencia cuando estoy aquí adentro,
legislando y votando. No me votaron por mis convicciones personales, mi
religión, lo que siento o pienso o la literatura que leo; me votaron para
representar las demandas de un momento histórico. No tengo íntimas convicciones
cuando estoy acá adentro; mis convicciones son políticas, públicas. Como
legisladores, la única obligación que tenemos es la de ser capaces de
representar al sujeto que mejor exprese el mayor punto de conciencia colectiva
de la comunidad en un momento. Ese mayor punto de conciencia colectiva de la
comunidad argentina hoy está reflejado en ese sujeto con un pañuelo verde que
se encuentra allá afuera, en las calles, que es feminista y joven. ¡No nos
quedemos afuera de esta historia! (Aplausos.
Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada Donda Pérez, por la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Donda Pérez.- Señor presidente: solo quiero hacer una breve acotación.
Acá afuera, en el
hemiciclo, está sentado un médico o una persona con un guardapolvo blanco de la
Universidad Austral, que no es asesor sino un invitado del diputado Massot. No
sé por qué se encuentra allí, cuando habíamos acordado que no entraba nadie que
no fuese asesor con credencial. Creo que hay que seguir respetando las reglas de
juego. Por eso pedimos al señor presidente que las haga respetar.
Sr. Presidente (Monzó).- Lo invitaré a que se retire de ese lugar, señora
diputada.
Tiene la palabra la
señora diputada Caselles, por San Juan.
Sra. Caselles.- Señor presidente: en primer lugar, quisiera agradecer el
esfuerzo y el trabajo que han realizado todos los diputados y diputadas que han
integrado las comisiones, que han llevado el debate en este tiempo, a quienes
han participado, a los oradores, a las instituciones y a todo el personal de la
Cámara. Ese trabajo permitió escuchar a más de setecientas personas.
También
quiero decir que no estoy de acuerdo con algunas opiniones que quieren comparar
el tratamiento de esta norma con leyes anteriores en las que también posturas
conservadoras o menos conservadoras hacían tener posiciones contrarias.
Entiendo
que esta ley es la madre de todas las leyes, porque habla de vida o no vida, de
ser o no ser, de nacer o no nacer. Es poner en discusión valores y aspectos que
tienen que ver con la humanidad, con el otro, no con uno mismo solamente.
Evidentemente
esta cuestión nos moviliza a todos, más allá de que pensemos de una u otra
manera, pero sobre todo a aquellos que tenemos un sentimiento y un corazón
grande por el otro. En mi caso, soy de esas personas a las que no les da lo
mismo cualquier cosa. No me da lo mismo que un niño nazca o no nazca. No me da
lo mismo que una mujer pueda ejercer o no el derecho a ser madre; y si por
distintas razones no puede criar a ese niño, seguramente habrá familias y otras
personas en situación de adoptarlo.
Señor
presidente: también escuché hablar de coherencia o de la actitud que uno tiene
en distintas situaciones de la vida. En lo personal, la actitud que siempre
tuve frente a la vida, al más débil, al inocente, es defender la vida por
encima de todo. Soy una diputada de la Nación que de ninguna manera está a
favor de legalizar o despenalizar el aborto. Defiendo las dos vidas. Entiendo
la vida desde el momento de la concepción. (Aplausos.)
Soy
de las que entienden que, una vez embarazada, la mujer tiene otro ser en su
cuerpo; no es una uña o un pedazo de pelo sino una persona, un ser indefenso
que tiene derecho a nacer y a vivir. El primer derecho que tiene el ser humano
es a vivir; de ahí vienen todos los demás derechos.
No
lo tomo desde una posición solamente religiosa, doctrinaria, filosófica o
política. Lo tomo desde el sentido común. Entiendo que el aborto no solo va en
contra del derecho del niño por nacer sino también en contra de la esencia
misma de ser mujer; por lo menos, así lo siento. Para mí, ser mujer implica
tener la capacidad de poder dar a luz y, sobre todo, proteger la vida del otro.
Señor
presidente: entiendo muchas de las posturas. Escuchaba recién que algunos entienden
que nuestra postura tiene que ver con considerar a la mujer como una heladera
de embriones. Nada que ver. En mi caso, entiendo a la mujer como ese ser humano
sagrado y bendito que tiene la posibilidad de engendrar.
También
escuchaba decir que son las mujeres humildes o las pobres las que más
dificultades tienen a la hora de dar a luz. Tampoco coincido con esto. Para mí
la mujer pobre, que es riquísima en valores humanos, hace de su embarazo un
culto a los valores de la humanidad. Son un conjunto de amor hacia el otro.
Anteriormente
el señor diputado Gioja hablaba de uno de sus hijos: Franco, de 43 años. Yo
tengo una sola hija, que se llama Agustina y hoy es una señorita de 13 años.
Ella tiene síndrome de Down, y cuando le pregunto cómo está, me contesta: estoy
feliz, mamá, con vos. Para mí esto significa todo. El vínculo entre madre e
hijo no se puede romper. (Aplausos.)
¡Yo
he venido a la vida y soy diputada para defender la vida: la del niño por
nacer, la de los chicos especiales y la de las mujeres que pueden ser madres!
Señor
presidente: al igual que los seis legisladores de San Juan, vengo en
representación de la mayoría del pueblo de mi provincia. En el interior la
gente piensa otra cosa, incluso los jóvenes, que ayer se convocaron y hoy
también. Como psicopedagoga aprendí que el joven siempre intenta hacer justo lo
injusto. ¿Y sabe qué piensan los jóvenes de mi provincia, señor presidente?
¡Que es justo que nazca el niño! ¡Que es justo que la mujer embarazada tenga a
su hijo! ¡Que es justo que todos juntos defendamos las dos vidas!
Por
eso, mi voto es en contra de la legalización del aborto, señor presidente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Solá, por Buenos Aires.
Sr.
Solá.- Señor presidente: en primer lugar quiero
destacar el trabajo que hizo esta Cámara, que si bien estuvo en cabeza del
señor diputado Lipovetzky, igualmente quiero hacer llegar mi reconocimiento a
todos los que colaboraron porque realmente fue una tarea ejemplar.
También
quiero decir que lamentablemente, por cómo está la sociedad argentina y cómo se
dan las cosas, el enfrentamiento tiene picos que me gustaría que no fueran así.
Hay un enfrentamiento y un apasionamiento, y dentro de este último también hay
fanatismo; esto ocurre de los dos lados.
Antes
que nada quiero decir, señor presidente, que no hay nada más injusto que pensar
que algunos se apropiaron del amor a los hijos, del amor a esos bebés que
nacen, de la luz o del verdadero milagro que significa el nacimiento, de la
vida que continúa cuando nace un hijo, un nieto o el hijo de alguien que
queremos. Pero no es cierto. No son los dueños del amor ni de esos niños ni de
la familia ni de los sentimientos. Son iguales que nosotros; sentimos lo mismo.
Tal vez en este caso nosotros pensemos, humildemente, que tenemos más
comprensión, que encierra la palabra “piedad”. Para que lo entiendan bien,
aclaro que estoy utilizando el término “piedad” en el mejor sentido, que no es
la piedad de arriba para abajo sino de igual a igual.
Tal
vez nosotros tenemos más comprensión por lo que le pasa a una mujer que en la
Argentina decide interrumpir su embarazo. Me refiero a cualquier mujer, de
cualquier clase social. Pensemos lo que le pasa un minuto después de tomar la
decisión, independientemente de que la haya tomado sola o con el padre del
embrión que se está gestando. Suponemos que quien llega a la situación de
querer desprenderse de un embarazo tuvo ya una conversación previa con su
pareja, o está sola. Si el varón está en contra de esa decisión, la ley supone ‑y
hace bien‑ que tiene más derechos la mujer. Obviamente, le damos la
derecha a la mujer.
¿Qué
le pasa a una mujer que decide interrumpir su embarazo en la Argentina?
Inmediatamente entra en la clandestinidad. Inmediatamente está al borde de la
delincuencia si lo hace. Inmediatamente siente la discriminación. Aun cuando
tenga la plata para ir a una clínica y solucionar el problema de manera segura,
siente la vergüenza de estar haciendo algo clandestino, de estar actuando
contra la ley.
Como
si eso fuera poco, también se las estigmatiza. Por eso la mayoría no lo cuenta,
salvo algunas muy valientes, como las que han estado en este recinto y en otros
lugares públicos y se han animado a contarlo. A ninguna mujer le gusta contar
que se hizo un aborto, y tienen razón, porque es traumático decirlo. En todos
los casos, la mujer se siente estigmatizada. Y si encima es pobre, el problema
es mucho más grave, porque además de la estigmatización la ley no la deja estar
en igualdad de condiciones con otra mujer; solo porque decidió interrumpir su
embarazo está afuera. No son iguales que las demás personas ante la ley. Ésta
las discrimina.
Nosotros
no venimos a imponer nada. Simplemente venimos a poner orden donde hay desorden
a raíz de la legislación que tenemos. Hay desorden cuando hay injusticia.
Entonces, vamos a ordenar para que haya justicia. Vamos a ordenar para que haya
dignidad.
Por
otro lado, además del trauma físico –como infecciones y demás‑ que muchas
veces produce un aborto inducido cuando se realiza en forma precaria, hay un
trauma psíquico. Y como si esos traumas fueran poco, la ley las condena, el
médico no las quiere atender y tienen que soportar la vergüenza de que se las
señale. Por eso muchas no quieren ir al hospital.
Todo
eso lo ha provocado la ausencia de legislación sobre este tema. Nosotros legislamos sobre la realidad, que es
la única verdad. La educación sexual está ausente en este gobierno,
particularmente cuando vemos el presupuesto que se ha ejecutado. A principios
de junio se había gastado solamente el 20 por ciento del presupuesto asignado a
salud y reproducción sexual.
Por otro lado, se ha echado a la
ministra de Salud de la provincia de Buenos Aires porque quiso aplicar el
protocolo para abortos legales. Tenemos abortos legales desde 1921. En efecto,
el artículo 86 del Código Penal -varias veces reformado- permite que haya
aborto legal.
La pregunta entonces es la siguiente:
si somos asesinos, como se ha querido decir para incriminarnos, ¿por qué no lo
somos cuando admitimos que haya aborto legal en casos de violación o cuando se
trate de una mujer minusválida o infradotada, que no puede dar cuenta de sus
actos? ¿No hay asesinato en esos casos, pero sí ahora? La palabra “asesino” es
un hecho político. Nosotros creemos que no hay asesino en aquellos casos ni
tampoco en el que nos ocupa.
De la misma manera opinaba el doctor
René Favaloro, a quien siempre se lo levanta cuando se trata de hablar de
honestidad y de conocimiento de la realidad. Sin embargo, ahora se lo oculta.
Creo que fue el diputado Miranda quien lo citó, y por eso, para no cansar a la
Cámara, no lo voy a citar nuevamente.
René Favaloro opinaba así, duramente.
Hablen con los jefes de sala, con los médicos y con las enfermeras; hablen con
la médica de Mendoza que dijo: “Soy católica y estoy en contra del aborto”.
¿Quién de esta Cámara o de afuera puede estar a favor de que haya más abortos?
¿Quién es “abortero”?
Esta no es una ley de aborto sino una
ley sobre el aborto, sobre cómo debe hacerse, no sobre si está bien o si está
mal. No es una ley que pretenda imponer una moral, sino una norma que pretende
hacer justicia, que es otra cosa. Son dos cuestiones que no van de la mano.
En el caso de aquellos que apelan a
los sentimientos religiosos, que son absolutamente respetables ‑en mi
caso, me siento católico, y no por educación, sino por convicción y por fe-, lo
que hay que tener es amor, comprensión, piedad, acompañamiento de la mujer, que
hace millones de años era libre y que, desde que el hombre empezó a intervenir,
ya no lo es y se encuentra en una situación terrible, lamentable desde todo
punto de vista.
Frente a la avalancha de mujeres que
vemos en todo este tema de los derechos, que en muchos casos nos agobia –y
mucho más a quienes tenemos más edad-, debemos pensar que se reacciona así
porque evidentemente desde hace muchísimos años que no veíamos todas las
humillaciones y sojuzgamientos a que han sido sometidas. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Zottos, por Salta.
Sr. Zottos.- Señor presidente: en primer lugar, quisiera saludar a Tartagal, el
pueblo en el que el nací, que hoy cumple 94 años. Vaya entonces mi saludo. (Aplausos.)
También quiero saludar a parte de mi
provincia, como San Antonio de los Cobres, en la zona de la Puna, en los Andes,
y a El Tala, del cual muchos conocen La Taleñita. Vaya mis saludos a estos y
otros pueblos y parajes de mi provincia.
Señor presidente: hoy asistimos a un
cambio de paradigma en nuestra sociedad, y en ese cambio es necesario ver qué
bien jurídico protegido tiene mayor valor para nuestra sociedad y cómo se lo
puede tutelar.
Como ya han dicho muchos diputados,
nuestro sistema jurídico consagra y valora la vida humana desde la concepción.
Por ello, resulta inconstitucional y no convencional el proyecto que busca la
interrupción voluntaria del embarazo a simple petición.
Dentro de nuestra Constitución hay
varias normas que deberíamos examinar frente a este problema. La primera de
ellas es la previsión contenida en el artículo 29, que se refiere a la
responsabilidad del Estado cuando se pone en peligro la vida de las personas.
Otro de los artículos es el 33,
referido a los derechos implícitos, que ha sido usado por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación para fundamentar que el derecho a la vida es un derecho
primario y fundamental.
A su vez, el artículo 19 de nuestra
Constitución ‑otra norma importante- se refiere al derecho a la
privacidad y al derecho a la intimidad, si bien ha sido invocado para hablar de
la autonomía y de la autodeterminación de la mujer. Esto es cierto, pero
también se adjuntan otros valores constitucionales dentro de este régimen: esa
norma tiene como límite el daño al tercero. Ese es un punto crucial, porque si
en algún momento se produce la concepción de un ser humano, el artículo 19
pondría una limitación a la decisión sobre la vida de ese ser humano.
Después de todo, no hace mucho tiempo
el Congreso sancionó el Código Civil y Comercial, y tal vez muchos de los
legisladores aquí presentes lo han aprobado. En su artículo 19 se reconoce que
la existencia de la persona humana comienza con la concepción.
Aquí también se ha hablado del sistema
convencional. En ese sentido, el artículo 75, inciso 22, de nuestra
Constitución menciona varias convenciones internacionales que protegen la vida
de la persona humana. El artículo 4, inciso 1, de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos –escucho hablar mucho de derechos humanos y después nos
olvidamos de ellos- establece que la ley debe proteger a la persona desde la
concepción.
Por su parte, la Convención de los
Derechos del Niño, también recogida por nuestra Constitución, reconoce la vida
del niño desde la concepción hasta los 18 años.
Por otro lado, nuestro sistema ha
consagrado a nivel constitucional y convencional la protección del valor vida,
y querer modificarlo por ley no es suficiente. En tal caso, lo adecuado sería
modificar la Constitución o bien las normas convencionales reconocidas por
nuestro país en el orden jurídico. De lo contrario, quedaríamos mal frente a
los diferentes convenios internacionales que hemos firmado y me parece que
debemos ser serios.
Por otro lado, quiero resaltar el
trabajo que se hizo para llevar adelante el debate sobre el aborto, pero
también tengo que serle sincero en cuanto a que hay muchos argentinos de
diversos rincones que no se han podido expresar.
En ese sentido, quien habla recorre la
provincia de Salta y por eso quiero transmitir algunas cosas que me dijeron
nuestros comprovincianos. Una mujer me dijo: “Andrés: ¿cómo voy a hacer? Me
tengo que operar de un tumor, y resulta que fui a las 3 o 4 de la mañana a los
hospitales para sacar un turno…” –todos saben que tanto en Buenos Aires como en
la Capital Federal y en el resto del país los hospitales están colapsados- “…y
me lo dieron recién para dentro de tres meses. Y ahora va a venir una mujer,
para producirse un aborto, y dentro de los cinco días habrá que hacerlo”.
A quienes conocen cómo funciona la
salud pública ‑nosotros la conocemos muy bien- les pregunto cómo vamos a
hacer en La Puna. Le puedo decir que la Argentina comienza –o termina- en
Salvador Mazza o Pocitos. Muchos hablan de la droga de la frontera, pero yo le
puedo decir que allí no hay clínicas; hay un hospital público y no tenemos anestesista.
Si se aprueba esta ley y una mujer va a hacerse un aborto, ¿cómo vamos a hacer?
Es cierto que tenemos el protocolo y
hemos firmado para hacer la derivación, pero entiendo que este proyecto también
debería haber pasado por la Comisión de Presupuesto y Hacienda, porque no es
gratis. ¡Entiendan que no es gratis! (Aplausos.)
-
Ocupa la
Presidencia el señor vicepresidente 2º de la Honorable Cámara, doctor Luis
Alfonso Petri.
Sr. Zottos.- Otra comprovinciana me dijo: “Yo quiero fertilización gratuita.” ¿Cómo
puede ser que traer una vida salga mucha plata y matar una vida tenga que ser
gratuito?
Voy cerrando, señor presidente, pero
creo que es importante escuchar las voces de los argentinos, porque la
Argentina no termina en la Capital, sino que se hizo desde el interior, mis
amigos, desde el norte, donde se dio la mayor cantidad de batallas. Por eso
quiero que escuchen, porque esa es la gente que realmente sufre, la que va a
los hospitales a hacer colas a las 3 o 4 de la mañana para poder ser atendida.
Por último y para cerrar, quiero
resaltar nuevamente lo que dice el artículo 75, inciso 23, de la Constitución
Nacional.
Sr. Presidente (Petri).- Señor diputado: vaya cerrando, por
favor.
Sr. Zottos.- Ya termino, señor Presidente, treinta segundos. También hay varios de
nuestros diputados que se han bajado de la lista de oradores, yo he escuchado a
todos y estoy sentado aquí desde hace rato.
-
Varios
señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Petri).- Termine, señor diputado.
Sr. Zottos.- Le pido, señor presidente, que solicite silencio. Si no les gusta, yo
los escuché en silencio
Sr. Presidente (Petri).- Silencio, señores diputados.
Sr. Zottos.- Reitero, señor presidente, que el artículo 75, inciso 23, de la
Constitución Nacional establece el régimen de seguridad social para el niño en
situación de desamparo y para la mujer en situación de embarazo. Este artículo
describe un deber del Estado de protegerlos.
Por último, mi señora me ha venido
diciendo todo este tiempo que el derecho a la vida siempre es el derecho
fundamental. Yo he escuchado hablar del derecho a la libertad, pero no hay
libertad si no hay derecho a la vida. El derecho a la libertad está subordinado
al derecho a la vida.
Por último...
-
Varios
señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Petri).- Diputado, cierre, por favor.
-
Varios
señores diputados hablan a la vez.
Sr. Zottos.- Ya termino, señor Presidente.
Parece que no les gusta cuando se les
dice la verdad. La Constitución sirve para cuando queremos y no sirve cuando no
la queremos.
Sr. Presidente (Petri).- Le pido que, por favor, termine.
Sr. Zottos.- Leonardo da Vinci dijo que el que no valora la vida no se la merece. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora diputada Gayol,
por Entre Ríos.
Sra. Gayol.- Señor presidente: ¿cuántas veces hemos escuchado y cuántas veces hemos
dicho, ante la pregunta tan temida del aborto, que es un debate que nos debemos?
Es una deuda que tenemos como sociedad y que involucra a todos los sectores,
una salida fácil y políticamente correcta a una pregunta tan incómoda que nos
interpela en lo más profundo como ciudadanos, porque nos hace encontrar y caer
en nuestras propias contradicciones.
Yo celebro la decisión de nuestro
presidente de entender que había llegado el momento de poner el tema arriba de
la mesa y que confió que estábamos preparados para dar una respuesta a la
altura de lo que espera nuestra sociedad. Celebro también una sociedad
despierta, que se involucra porque entiende que es un tema que nos atraviesa a
todos.
Creo que después de dos meses de
debates y más de setecientos testimonios de una postura y de otra, a nadie le
quedan dudas de que el aborto es una realidad innegable y que es nuestra
responsabilidad como representantes enfrentarla.
Creo que más allá de las posturas
personales o los argumentos con los que venimos hoy en defensa o no de este
proyecto, hay algo en donde todos vamos a estar de acuerdo, y es en que hemos
fallado. Hemos fallado en principio como sociedad, viendo la realidad todos los
días a nuestro alrededor y haciendo de cuenta de que no pasaba nada. Que falló
el Congreso, que habló por última vez del aborto hace casi cien años. Que falló
la Justicia, librando el destino de miles de mujeres a la ideología del juez de
turno. Que falló el Estado nacional, con políticas de educación y prevención
absolutamente insuficientes. Que fallaron las provincias, dejando a decisión de
un gobernador la adhesión o no a un protocolo de salud para que las mujeres,
que según la ley tenían acceso directo a un aborto seguro, también quedarán
libradas a la suerte. Fallamos todos los sectores, confundiendo un tema de
salud pública con un tema religioso.
Si todos coincidimos en que hemos
fallado desde todos los ámbitos en los que hemos abordado el tema, ¿cuál es la
explicación lógica y fundada para dejar las cosas como están? ¿Cómo vamos a
aceptar salir de esta Cámara, con la enorme responsabilidad que tenemos como
representantes, a enfrentar a la sociedad para decirles que no tenemos
respuestas, que no nos hemos animado a dar este paso histórico, que no nos
hemos animado a saldar esta deuda que tenemos con la democracia y que otra vez
nos han ganado los miedos, las inseguridades y que nos han ganado las presiones?
Cuánto más fácil sería para mí, señor
presidente, que represento una provincia mal llamada del interior, esconderme
bajo un eslogan de defensa a la vida, cuando en el fondo sabemos bien que las
mujeres se mueren todos los días, en las condiciones más aberrantes porque las
condenamos por el solo hecho de ser víctimas de un Estado ausente.
Entonces me pregunto, cuando intento
comprender desde nuestra hipocresía, de qué derecho a la vida hablamos cuando la
muerte por abortos inseguros es la primera causa individual de muerte materna; de
qué derecho a la vida hablamos cuando condenamos a una nena de 10 años a una
maternidad forzada, condicionándola por el resto de sus días; de qué derecho a
la vida hablamos cuando condenamos a la clandestinidad el destino de miles de
adolescentes y mujeres imposibilitadas de elegir cuando les hemos vulnerado
todos los derechos; de qué derecho a la vida hablamos cuando les negamos el
derecho a decidir incluso sobre sus propias vidas.
Pero no nos alcanza solamente con izar
la bandera de la moral y de la vida; entonces, ahí redoblamos la apuesta y
también levantamos la bandera argentina, porque a nosotros ese país que no
queremos ver no nos representa, como si las casi 50.000 hospitalizaciones por
abortos inseguros no fueran argentinas y como si no fuera entrerriana la
lamentable cifra del 63 por ciento de adolescentes con embarazos no deseados.
Entonces, cuando fuera de nuestros
debates morales asumimos que tenemos un grave problema, tenemos que dar una respuesta,
y le damos una respuesta con un dictamen a la altura de la responsabilidad que
tenemos para enfrentarlo; una ley que viene a darle herramientas al Estado para
que ya nunca más estemos solas, para que tengamos la seguridad de su
acompañamiento para transitar ese momento tan difícil y doloroso para cualquier
mujer y que nos garantice la contención necesaria durante todo el proceso de
decisión; que nos enseñe desde la educación temprana; que nos provea de
información; que nos aporte los elementos necesarios para prevenirnos; que ya
no puedan perseguirnos ni juzgarnos; que nunca más nadie pueda quitarnos el
derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y, por sobre todas las cosas, sobre
nuestras propias vidas.
A mí me gustaría conocer sinceramente la
propuesta superadora, que podamos llevar adelante desde esta Cámara, de
aquellos diputados que ya adelantaron su voto negativo. Y les pregunto a los
diputados de mi provincia, después de escuchar las experiencias de las expositoras
de Entre Ríos, cómo van a hacer para llegar y enfrentarse a esas familias que
perdieron madres, esposas, hijas, hermanas, amigas, y decirles que volvieron a
la provincia con las manos vacías. ¿Cómo van a hacer los diputados de mi
provincia, sobre todo las mujeres, para llegar y mirar a sus pares a los ojos y
decirles que les ganaron los miedos y las ideologías, y que no tuvieron el
coraje de pelear por sus derechos?
Señor presidente: creo que no podemos
permitirnos como legisladores salir hoy de acá sin respuestas, pateando una vez
más el problema debajo de la alfombra, creyendo que vamos a seguir escondiendo
una realidad que nos pide a gritos que reaccionemos y que actuemos.
Si, lamentablemente, no llegara a ser
hoy ese día, tengo la plena seguridad de que no va a faltar mucho para que
volvamos a hablar de aborto en este Congreso. Porque esta bandera ya la levantó
la sociedad, y es una lucha de todas y de todos. A esta bandera la levantaron
los más jóvenes, esos que no se dejan influenciar por sus dilemas morales, que
entienden que los derechos no se atropellan y que distinguen con claridad y sin
hipocresía que no se trata de un debate moral, sino de un problema de salud
pública.
Señor presidente: confío en que vamos
a estar a la altura, que nos vamos a ir de este recinto con la seguridad de que
hemos saldado una deuda; que no ha sido en vano la lucha de todas esas mujeres
que año tras año golpearon las puertas de este Congreso para que reaccionemos,
y que este debate, que por fin estamos dando hoy en esta Cámara, haya sido
posible.
Para terminar, señor presidente, quiero
agradecer a las diputadas de todos los bloques, que han sido un apoyo
fundamental para quienes teníamos la tarea de levantar la voz en las
provincias, y que me han demostrado una vez más que cuando se trata de unirnos
en defensa de los derechos de las mujeres, no existe ninguna otra bandera más importante.
(Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Incicco, por Santa Fe.
Sr. Incicco.- Señor presidente: hemos transcurrido más de dos meses de un debate
intenso, pero que lo hemos dado con la seriedad, profundidad y responsabilidad
que amerita un tema de esta naturaleza. Nos propusimos escuchar todas las
voces, y lo hemos hecho con amplitud y tolerancia para tratar de recabar la
mayor cantidad de información que nos permita abordar y resolver de la mejor
manera una cuestión tan compleja.
Legalizar el aborto voluntario
–porque, en definitiva, de eso trata el dictamen de mayoría y no solamente de
despenalizarlo- es una cuestión multidimensional, en la cual confluyen
distintos aspectos ‑aspectos jurídicos, biológicos sanitarios,
culturales, bioéticos, entre otros‑, y ello habilita miradas distintas y
enfoques diferentes.
Durante
todas las ponencias que escuchamos la semana pasada, todas enriquecedoras e
interesantes, a veces se ha perdido el foco, la óptica de qué es lo que
verdaderamente se tenía que tratar y decidir en este ámbito, qué teníamos que
tratar en el Congreso de la Nación, que era la posibilidad de habilitar
legalmente en nuestro país la interrupción voluntaria del embarazo.
Si
vamos a dar ese debate de buena fe, hay dos cuestiones liminares que no podemos
obviar, que son neurálgicas y constituyen el punto central de todo esto. La
primera es a partir de cuándo hay vida, y la segunda, a partir de cuándo existe
una persona, un sujeto de derecho.
La
primera cuestión solo puede ser respondida desde la ciencia, que hoy nos dice
de manera indudable que desde la fecundación existe una vida, un individuo, una
vida diferente a la de la madre, con su propia carga genética y su propia
secuencia de ADN. Después viene el ordenamiento legal, el reconocer que en esa
vida en gestación, en ese sujeto por nacer hay una persona humana y el Estado
le debe reconocimiento y protección a sus derechos.
Es
lo que dice el artículo 19 del Código Civil y Comercial, que ha sido reformado
hace pocos años, pero que mantiene este viejo principio del Código de Vélez
Sarsfield.
En
el mismo sentido, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional nos
habla de la protección de la persona por nacer, y los distintos tratados
internacionales que tienen rango y jerarquía constitucional para nosotros van
en el mismo sentido, tienen la misma tónica.
Por
ejemplo, el tratado sobre la Convención de los Derechos del Niño, que ha sido
receptado en nuestro país por la ley 23.849 y que establece una declaración
interpretativa que tiene los efectos jurídicos de una reserva, dice que para
nuestro país el niño existe desde la concepción y hasta los 18 años. En el mismo sentido van el preámbulo de esta
Convención y el artículo 4° del Pacto de San José de Costa Rica.
Entonces,
en este marco normativo que hoy está vigente en la Argentina creo que es
legalmente imposible sostener la existencia de un derecho a la interrupción
voluntaria del embarazo, como se pretende, y los legisladores tenemos que ser
muy cuidadosos de no legislar contra dicho plexo normativo y de velar
permanentemente por el cumplimiento de la Constitución Nacional y de los
tratados internacional de igual jerarquía.
No
debemos perder de vista que lo que está verdaderamente en juego son las dos
vidas, la de la mujer y la de la persona por nacer, y ambas merecen respeto y
protección legal efectiva por parte del Estado.
Creo
que el aborto es un atajo, una solución simplista que termina eliminado una
vida y puede dejar serias consecuencias en la otra. Advertimos que en estos
casos se produce una tensión entre el derecho a la autodeterminación de la
mujer y el derecho a la vida de una persona por nacer. En esa tensión, el Estado,
la ley, debe ponerse del lado del derecho a la vida porque es el derecho
superior, es el primero de los derechos y el sustrato sobre el cual después se
asientan todos los otros derechos.
Además,
el Estado y la ley deben estar del lado del sujeto más débil, que en este caso
es la persona por nacer. Y si quedan dudas debe aplicarse el principio pro
persona o pro homine, que es un
imperativo de nuestro sistema internacional de derechos humanos, que establece
que en caso de duda debe estarse siempre por la mayor amplitud de derechos a
favor de las personas.
Entiendo
que es el Estado quien debe intervenir activamente para evitar que se llegue a
situaciones de abortos, y debe hacerlo con campañas de información, con
educación sexual integral, generando políticas públicas activas en orden a la
salud reproductiva, mejorando y agilizando los regímenes de adopción y
conteniendo y acompañando a las mujeres que llevan adelante embarazos no
deseados.
Hay
proyectos que ya están presentados y pido que demos pronto tratamiento a esto.
Estoy convencido de que este es el gran desafío: la elaboración e
implementación de políticas públicas efectivas que garanticen los derechos de
las madres y los niños por nacer, y los legisladores debemos abocarnos a la
elaboración de leyes que lo hagan posible.
Para
empezar, debemos buscar los puntos que tenemos en común, en los que estamos de
acuerdo, y yo creo que todos estamos de acuerdo con que queremos que haya menos
abortos. Quizás este sea un buen punto de partida para enfocarnos y trabajar
para lograrlo, empezando por la promoción de medidas de acción positiva a favor
de la madre y del niño por parte de este Congreso, y evitando el desamparo de
ambos.
Mucho
se habló de la Justicia o de la pertinencia de una sanción penal privativa de
la libertad para la madre que aborta. Quizás en los tiempos que corren eso debe
ser revisado, quizás sea un exceso hoy, pero atendámoslo, veámoslo, debatámoslo
y que este Congreso diga, en todo caso, cuál es la sanción que pueda llegar a
corresponder, porque por lo que digo el aborto no deja de ser una acto
disvalioso, que merece un reproche legal.
Para
concluir, se ha dicho mucho que es un tema de salud pública, y esto es cierto,
pero nos equivocamos si circunscribimos este debate y esta cuestión tan
compleja solamente a una cuestión sanitaria. Es mucho más que una cuestión
sanitaria. Acá están en juego valores, principios jurídicos y, en definitiva,
la dignidad de la persona humana.
A
los que decimos que hay que legislar a favor de las dos vidas nos han acusado
en estos últimos días de que es un argumento sensiblero, un eslogan vacío de
contenido. Si no nos quieren escuchar a nosotros, los invito a que escuchen a
las academias, a la Academia Nacional de Medicina, a la Academia Nacional de
Derechos y Ciencias Sociales y a la Academia Nacional de Ciencias Políticas, y
después nos digan de qué lado están los argumentos científicos y racionales y
de qué lado están los eslóganes y los argumentos sentimentales. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada de Ponti, por Santa Fe.
Sra.
De Ponti.- Señor presidente: hoy venimos a este
recinto a cobrarnos una deuda, la deuda de Ana María Acevedo, una chica de 19
años de mi provincia, Santa Fe, a la que le negaron la posibilidad de
realizarse un aborto aunque estaba en riesgo su salud y murió porque como
estaba embarazada no le pudieron tratar el cáncer que sufría.
La
deuda con Belén, otra piba de Tucumán que estuvo tres años presa por un aborto
espontáneo de un embarazo que ni siquiera sabía que estaba cursando.
La
deuda con María Campos, que se murió hace poco en Santiago del Estero por los
efectos de realizarse un aborto clandestino.
La
deuda con Malena, sobre la que contó mi compañera Araceli Ferreyra, que como un
montón de pibas se tuvo que terminar haciendo el aborto en un baño químico
porque era clandestino.
La
deuda con Cecilia Lipszyc, con Dora Coledesky y todas las pioneras de la
Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, a las que se les fue la vida
para que hoy en este recinto estemos discutiendo este proyecto.
También
la deuda con Micaela García. Antes mi compañero Leonardo Grosso me mostró una
foto de esta chica con un cartel por el aborto legal, seguro y gratuito. A ella
también se lo debemos, con ella también tenemos esta deuda y la venimos a
cobrar hoy. Es la deuda de un Estado ausente, pero más que nada la deuda de un
Estado hipócrita, que eligió siempre mirar para otro lado, no hacerse cargo, lo
que nos costó 3.030 vidas desde el regreso de la democracia. Fueron 3.030
muertes evitables de mujeres a las que se les negó el derecho a acceder al
aborto legal, seguro y gratuito.
¿Y
los que se oponen a esta proyecto nos viene a hablar de defender la vida? Basta
de hipocresía. Nos quieren decir que están a favor de la vida, pero hoy tenemos
que hablar más claro que nunca porque acá estamos eligiendo si dejar que todo
siga igual o cambiar esta realidad, si permitir que el aborto siga siendo
clandestino o que sea legal, si dejar que las mujeres seamos soberanas de decidir
sobre nuestras vidas o dejar que el Estado continúe decidiendo.
Todas
las vidas se defienden conquistando y ampliando derechos, no negando la
realidad. No hay ninguna vida que se defienda negando la realidad. Por eso el
que hoy se opone al aborto legal no está a favor de la vida, está a favor de la
clandestinidad. El que se opone al aborto legal está a favor del aborto
clandestino. Digámoslo claro y terminemos con la hipocresía. (Aplausos.)
Tres
ministros de Salud vinieron a esta Cámara y participaron de este debate, dos de
la gestión anterior y uno de la gestión actual. Los tres coincidieron en que el
aborto es un problema de salud pública, los tres, de signos políticos
distintos, nos dijeron y afirmaron que la solución era avanzar en la despenalización.
Todos
los países desarrollados, sobre los que tanto hablamos, tienen sus
legislaciones que avanzan en la despenalización del aborto porque está
demostrado que despenalizar y legalizar el aborto reduce las muertes en
contextos de abortos inseguros y reduce el número de abortos totales. Basta de
hipocresía, compañeros; basta de no llamar a las cosas por su nombre.
El
derecho internacional, que tiene jerarquía constitucional en el artículo 75 de
nuestra Carta Magna y que forma parte de nuestro ordenamiento jurídico, nos
avala y asiste para decir que necesitamos avanzar en la despenalización y
legalización del aborto.
Esto
ha sido expresado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y por la
Organización Mundial de la Salud, que inclusive recomienda métodos seguros como
el misoprostol para avanzar en la legalización del aborto.
Basta
de hipocresía, porque los mismos legisladores que pagan abortos clandestinos y
obligan a sus mujeres a abortar son los que hoy se oponen a este proyecto. ¿Los
que un día están a favor y otro están en contra nos vienen hoy a hablar de
defender la vida?
Hay
algo que quiero señalar y me parece fundamental. Si llegamos a dar este debate
en este recinto en el día de hoy es por una sola causa: por el movimiento de
mujeres argentinas, por el feminismo de nuestro país, que encabeza esta lucha
desde hace años y logró instalar este tema en las calles, las casas, las
escuelas y las universidades. No fueron ninguna iglesia o presidente, sino las
mujeres argentinas las que trajeron este tema a la Cámara de Diputados.
Me
refiero a las miles de mujeres que hoy se encuentran en la calle pidiendo al
Estado que deje de estar ausente y se haga cargo de esta situación. Son las
miles de mujeres que hoy lucen este pañuelo verde y también sus hijas las que
nos están pidiendo que legislemos sobre esta cuestión y no le tengamos miedo a
la libertad de ellas.
Que
nadie se confunda, porque nosotras no somos las que hoy estamos haciendo
historia, ya que estamos aquí de paso y mañana vendrán otras. La historia la
están haciendo las pibas, las jóvenes y las mujeres que están afuera, en la
calle, donde este debate ya está ganado y la discusión está saldada, les guste
o no.
Hoy
debemos elegir entre seguir viviendo en una realidad de injusticia e hipocresía
o estar a la altura de nuestro tiempo histórico y decidir ponernos en sintonía
con esta demanda social.
Compañeros
y compañeras: a la hora de tomar una decisión, piensen que el futuro ya llegó,
está acá, el tiempo es ahora y el aborto será legal. ¡Educación sexual para
decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir! (Aplausos. Varias señoras diputadas corean
la misma consigna.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado por Mendoza.
Sr.
Borsani.- Señor presidente: recuerdo que hace
tres meses y medio, cuando el señor presidente de la Nación inauguró el período
de sesiones ordinarias, nos invitó a transparentar, a poner a la luz del día,
un debate que estaba oculto en la sociedad argentina desde hacía muchos años.
Hoy
nos encontramos frente a dos dictámenes. Uno de ellos se ha ido modificando a
través del largo debate llevado a cabo a partir de las exposiciones que hemos
ido escuchando. Fue producto de las iniciativas presentadas e intenta avanzar
sobre la problemática que aborda el proyecto de ley en consideración.
Por
otro lado, nos hallamos tristemente con otro dictamen que simplemente efectúa
un rechazo y no aporta nada hacia el futuro para resolver el flagelo que
significa la clandestinidad de los abortos en el país.
Queremos
legislar para el futuro y por primera vez estamos sincerando un problema
histórico.
Tenemos
que ser claros y dejar de confundir el aborto con la despenalización de la
interrupción voluntaria del embarazo. Hablar de despenalización es hablar de
salud pública, dejando en claro que la ampliación de un derecho no significa la
obligatoriedad de ejercerlo.
La
Corte Suprema de Justicia ha avanzado y tenemos jurisprudencia en este sentido.
Asimismo existe un protocolo de aborto no punible al que muchas provincias no
han adherido. Además, en el caso de las que sí lo hicieron, las mujeres aún
encuentran muchos impedimentos para ejercer ese derecho.
Un
caso gravísimo es el de las niñas y las adolescentes. Por lo general se trata
de abusos provenientes de su entorno íntimo y no tienen las herramientas
necesarias para detectar un embarazo, tomar una decisión o criar un niño. No
obstante, se pretende que continúen sus embarazos porque el daño ya está hecho.
El niño no tiene la culpa. Al respecto, cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué
niño? ¿El que recién inicia la gestación o la niña que tiene su vida arruinada
y a la que le van a quitar lo que ella puede considerar apenas como un juguete?
¿Acaso podemos tener más injusticia en una sola pregunta?
Este
es un grave problema de salud pública y constituye el eje central de este
debate.
La
realidad es que el aborto existió siempre y seguirá existiendo a pesar del
resultado que se obtenga a la hora de votarse el proyecto en tratamiento. Los
números de mortalidad por abortos son elevados; no podemos seguir ignorando
esto.
El
hecho de que no aprobemos esta iniciativa no terminará con los abortos, sino
que ellos seguirán siendo clandestinos. Al mismo tiempo, continuaremos
ignorando el escandaloso fracaso de la educación sexual, reflejado en los altos
índices de embarazos adolescentes.
Lo
que discutimos aquí es lo siguiente: aborto legal o aborto clandestino. La
clandestinidad obliga a miles de mujeres a arriesgar sus vidas. Algunas lo
hacen en oscuros y precarios consultorios, mientras que otras recurren a
métodos deplorables.
Si
aceptamos la autonomía de la decisión del aborto en el caso de una violación,
lo que penalizamos cuando esta última no existe es la libertad sexual de la mujer,
y lo hacemos con la clandestinidad.
Si
la ley no se sanciona seguirá existiendo la clandestinidad. ¿Por qué? Porque
nos afecta la moral individual. Ni el aborto debe ser obligatorio ni la
maternidad tiene que ser impuesta. Hay una enorme hipocresía. Cuando un hombre
no quiere ser padre, simplemente no lo es; con suerte, aportará desde el punto
de vista económico. Pero cuando una mujer no quiere ser madre, respondemos con
obligaciones y la culpamos en su sexualidad. De una u otra forma se fuerza la maternidad
y se obliga a la mujer a tener y criar a su hijo, o bien, a que lo entregue en
adopción. Esas son las únicas alternativas.
Cuando
la mujer no desea tener un hijo, todos los métodos anticonceptivos fallan –esto
es algo que sucede- o la educación sexual no existe o no alcanza, tiene que
poder decidir con el mismo grado de libertad con que lo hace un hombre. Ello es
así porque el hecho de ser gestante no debe limitar su decisión. Poco sentido
tiene ser gestante si no existe la voluntad de ser madre.
Este
proyecto de ley es el camino para instrumentar los mecanismos necesarios para
que la mujer decida en forma libre y segura.
Voy
a votar favorablemente el proyecto de ley en consideración porque ubica al
Estado donde debe estar, es decir, haciéndose cargo de las desigualdades,
acercando la justicia social y corrigiendo un camino equivocado.
Más
allá de lo incómodo que resulta desde el punto de vista personal, el camino a
elegir es el de despenalizar y legalizar el aborto a fin de que el Estado
garantice la salud y la prevención mediante la educación.
Los
países que se hicieron cargo de esta problemática nos demuestran que el número
de abortos se reduce, al tiempo que se mejora la prevención y se salva la vida
de muchas mujeres. Casi cien años de historia -nuestro Código Penal es de 1921-
nos demuestran que la penalización no ha servido. Este fracaso nos reclama un
cambio. La historia de mi partido, el radicalismo, nos marca ese camino. Este
el momento y es el paso que hay que dar, señor presidente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Cano, por Tucumán.
Sr.
Cano.- Señor presidente: como primera reflexión
quiero decir que he escuchado en este recinto a diputados que tienen distinta
opinión y, en algunos casos, diría que hasta han demonizado a la Iglesia
achacándole todas las responsabilidades por el fracaso de las políticas
públicas.
La
verdad es que ninguno de los que estamos ocupando una banca vamos a votar
sujetos a presiones de ningún sector. Creo que los estamos sentados en este
recinto tenemos las suficientes convicciones y valores como para votar de
acuerdo a nuestro compromiso con nuestro electorado y en función de lo que
pensamos y sentimos.
He
escuchado también en algunos medios que el arzobispo de Tucumán de alguna
manera amenazó o condicionó el voto de los diputados nacionales de dicha
provincia, y la verdad es que quien diga eso evidentemente no conoce los
valores que representa el padre Carlos, un cura gaucho incapaz de condicionar
ni de amenazar absolutamente a nadie.
En
todo caso, voy a referirme a dos aspectos de lo que estamos tratando hoy en
este recinto. El primero, obviamente, se refiere a que este es un debate que no
ha sido saneado en el ámbito de estos dos meses y medio donde distintas
instituciones y representantes de diferentes sectores tuvieron la posibilidad
de expresarse. Esto tiene que ver con nuestro ordenamiento jurídico, con
nuestra Constitución Nacional o con nuestro Código Civil, que claramente
reconocen la vida desde el momento de la concepción.
Esto
lo discutimos cuando me tocó presidir la Comisión de Salud del Senado de la
Nación, y claramente se trata de un debate que no está zanjado, y tan es así
que hay provincias, como la de Tucumán –a la que represento-, que en el
artículo 146 de su Constitución provincial -y en su propio preámbulo‑
también reconoce la vida desde el momento de la concepción.
Esto
va mucho más allá de que votemos a favor o en contra de esta ley. Se trata de
un debate que tiene que ver con lo que dicen nuestras leyes y con los tratados
internacionales a los cuales la Argentina está suscripta, y forma parte de esos
tratados. Si este proyecto se aprueba en esta Cámara y finalmente se sanciona
en el Senado, inexorablemente va a terminar en el ámbito jurisdiccional que
corresponde, que es la Justicia, discutiendo la constitucionalidad de esta
norma.
-
Ocupa la Presidencia el señor
presidente de la Honorable Cámara, doctor Emilio Monzó.
Sr.
Cano.- En
segundo lugar, he escuchado a distintos diputados que argumentan desde la
posición de los que fueron ministros de Salud y desde la posición del actual
ministro de Salud de la Nación. ¡Oh casualidad! Hoy coinciden y se dan cuenta
de que el aborto legal, que la interrupción voluntaria del embarazo, es la
solución para evitar la muerte de las mujeres en la Argentina por causa del
aborto provocado.
La
pregunta es: cuando tuvieron la posibilidad y estuvieron al frente del
Ministerio de Salud, cuando tuvieron mayoría en el Parlamento, si evidentemente
esa es la única solución para resolver una cuestión que tiene que ver con la
muerte materna y que obviamente a todos nos duele, ¿por qué no está ya
legalizado el aborto? ¿Por qué perdieron tiempo quienes fueron ministros de
Salud? ¿El actual ministro de Salud se va a hacer cargo de la irresponsabilidad
que han tenido de no propiciar la sanción de una ley que evite que las mujeres
mueran?
¿Saben
por qué no lo hacen? ¿Saben por qué no lo han hecho, señor presidente? Porque
aquí tenemos que contextualizar este debate, que se está llevando a cabo en el
plano de lo ideológico.
Vamos
a hablar de política de salud pública. Me tocó presidir la Comisión de Salud
del Senado. Sancionamos la ley de muerte digna, la ley de fertilización
asistida y la ley de prepagas. ¡Qué casualidad! ¡Qué curiosidad que después de
más de veinticuatro años de democracia en la Argentina no haya habido una ley
que regule a las empresas de medicina prepaga o que no tengamos una norma que
garantice el derecho a las mujeres, como la ley de fertilización asistida!
Acá
está el lobby, presidente, y no tengo
ninguna duda de que si esta ley que garantiza la universalidad y la gratuidad
del aborto, tanto para la mujer que vive en el barrio más acomodado de Puerto
Madero como para la mujer humilde que vive en el norte, tuviera que ser
cubierta por las prepagas o las obras sociales, me gustaría saber finalmente
cuál hubiese sido la posición de muchos diputados.
Obviamente
que me duelen, como a todos, todas las muertes evitables que claramente forman
parte de una política pública, de una política de Estado. A los diputados que
vamos a votar en contra de este proyecto nos interpelan diciendo que no
ofrecemos propuestas. Gracioso sería. ¡Qué curioso sería que los diputados nos
tengamos que hacer cargo de una responsabilidad exclusiva y excluyente del
Poder Ejecutivo y del ministro de Salud!
En
todo caso, ¿por qué no interpelaron a quienes fueron ministros y al actual?
¿Qué hicieron para que en la Argentina tengan plena vigencia las leyes
sancionadas en 2006 y 2008, por las que claramente tendríamos educación sexual
para elegir y anticonceptivos para no abortar? Claramente sería así. (Aplausos.) ¿Por qué no interpelan a los que fueron
ministros y al actual ministro de Salud?
No
hace falta legislación, señor presidente. Lo que abunda en la Argentina es la
legislación. Debemos hablar seriamente en materia de cómo prevenimos lo que
planteaba el diputado Zottos, que a todos nos duele, es decir, las muertes que
podemos evitar.
¿Saben
cuántas mujeres murieron en 2016 en la Argentina? 171.000 mujeres. ¿Saben
cuántas murieron por enfermedades infecciosas y parasitarias? 6.924 mujeres.
¿Saben cuántas mujeres murieron por tumores malignos? 30.000 mujeres. ¿Saben
cuántas mujeres murieron por cáncer de colon? 3.500 mujeres. ¿Saben por qué
mueren las mujeres? Por un cáncer que es claramente prevenible, porque tiene un
factor genético y no tienen acceso a hacerse una colonoscopía.
Muchas
mujeres del interior profundo, de ese del que muchos hablan pero que no conocen,
cuando van al hospital público no tienen la posibilidad de acceder a los
métodos para prevenir el cáncer de colon ni el de mama. (Aplausos.)
Son
5.800 las mujeres que murieron por cáncer de mama. ¿Saben cuántas mujeres
murieron por cáncer de útero? Han sido 2.900 mujeres. Uno de los causas del
cáncer de útero es la ingesta de agua con arsénico. Entonces, cuando uno camina
el este tucumano, que linda con Santiago del Estero y Salta, y pregunta por qué
están enfermas las mujeres, contestan que tienen cáncer de útero porque toman
agua con arsénico.
De
esto hay que hablar, señor presidente, porque 500 mujeres murieron a causa de
suicidios. Entonces, discutamos políticas públicas que resuelvan el hecho de
que ninguna mujer muera en la Argentina por causas que son claramente
prevenibles. Me refiero a las 31 que mueren por abortos y también a las 170.000
que mueren por ausencia de políticas públicas.
Milito
en la Unión Cívica Radical porque apuesto a la vida (Aplausos.) Y milito en la Franja Morada porque ella representa la
igualdad de oportunidades y de derechos, y aquí venimos a luchar por el mismo
derecho que han tenido quienes tienen los pañuelos celestes, quienes tienen los
pañuelos verdes, por el derecho que usted ha tenido, presidente, de tener el honor
de presidir esta Cámara de Diputados y por el derecho que yo he tenido de
formar una familia y ser diputado nacional, es decir, el derecho a la vida, y
ese es el derecho que nosotros tenemos que defender. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Máximo Carlos Kirchner, por Santa Cruz.
Sr. Kirchner.- Señor presidente: en primer lugar, quiero efectuar una
contextualización respecto de algunas cuestiones que fui escuchando en el
presente debate.
No quiero caer en chicanas porque hoy
eso no sirve. Hoy estamos discutiendo otras cuestiones que son mucho más
importantes. No se trata de ver quién es más o mejor peronista –eso lo escuché
de parte de algunos integrantes que conducen mi partido-; tampoco se trata de
ver quién es más cristiano o si se adopta alguna pose progresista, en el caso
de que el resultado de la votación sea a favor. Esto va mucho más allá, y por
eso considero que debemos centrarnos en todo lo atinente a la salud pública.
Asimismo, he escuchado en el
transcurso del debate que una solución era la despenalización. Considero que
todos estamos de acuerdo en que la mujer no vaya a la cárcel en el caso de que
decida abortar. El problema es qué hace después, porque, lo que viene luego, es
nuevamente la clandestinidad. O sea, ¿cómo, dónde y cuándo lo hace? Además,
¿quién la protege si no tiene los recursos?
Cuando uno escucha este tipo de
argumentos, me lleva a pensar que aquellas mujeres que están a favor van a ir
corriendo a abortar en fila y en masa como si fuera algo bonito o divertido. El
análisis que hacen algunos colegas es casi deshumanizante respecto de esta
cuestión.
Voy a contar dos experiencias propias.
La primera de ellas me tocó atravesarla a unos días de las elecciones del año
2011, cuando mi ex mujer perdió un embarazo. En realidad, fueron dos pérdidas;
primero se perdió uno y días después fue el otro.
Esto se dio en un hospital público de
la ciudad de Río Gallegos con todas las condiciones de salubridad a
disposición. Hay que pensar el dolor que en ese momento padece y siente la
persona involucrada. Me refiero a lo que sentía, en aquella oportunidad, la
madre de mis hijos.
Estoy hablando del momento en que se
la llevaban para terminar de hacerle un raspaje pues estaba en peligro su
cuerpo. Y lo que sintió al volver de esa intervención, momento en el cual
estaba acompañada por su madre, por mí y por el resto de la familia y cómo ella
lloraba y estaba preocupada por no saber si podría volver a quedar embarazada.
Reitero: esto fue realizado en el marco de absolutas condiciones de salubridad.
Luego, nos enteramos que había sufrido un trastorno llamado trombofilia.
En la actualidad, para que habiliten
un diagnóstico, lo hacen luego del tercer aborto involuntario. Si se cuenta con
los ingresos suficientes, lo puede realizar antes. De lo contrario, hay que
esperar a perder tres embarazos de forma involuntaria.
-
Ocupa la
Presidencia el señor vicepresidente 2º de la Honorable Cámara, doctor Luis
Alfonso Petri.
Sr. Kirchner.- El otro ejemplo tiene que ver con una gran amiga, la cual tuvo que
hacerse un aborto diecinueve años atrás.
Hace unos días le consulté qué es lo
que haría ella en el supuesto de que estuviera sentada acá, tal como yo tengo
la oportunidad en esta sesión. Me mandó un mensaje que, al leerlo, explicará
mejor que uno lo que ella quiso decir.
Dice así. “Todavía cuesta hablar, romper con
estructuras. La semana pasada hablaba con mi psicóloga…” –reitero que pasaron
diecinueve años- “…de cómo sigo guardando un secreto y cómo me duele que se
juzgue. La falta de empatía. Le quería contar a mi hermano hace un tiempo y no
me animo. Imagináte”.
Luego, me envió otro mensaje: “Este
derecho es poner voz a muchas que callaron por miedo. Miedo a morir en
hospitales, morir de angustia, de tristeza, en la clandestinidad, morir en el
silencio. Si se aprueba, es dejar entrar la luz para salir de la sombra que
tanto nos pesa. Es sentir que pertenezco, que soy”.
Le pregunté lo siguiente: “¿Qué es
sentir que pertenecés y que sos?”. Me contestó: “Que pertenezco a esta
sociedad. Soy parte de ella, con mis decisiones. Soy persona y no un objeto
juzgado, no en la sombra, clandestina. Años viviendo con ese sentimiento y con
ese secreto. Ya no quiero. Quiero ser visible”. Le pregunté si podía leer este
mensaje y ella accedió.
Por ello, no sé qué sucede con estos
fantasmas que generan estas discusiones. Así sucedió con la ley de divorcio,
cuando decían que su sanción iba a terminar con la familia. Fue idéntica la
situación al momento de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. Decían
que no nos íbamos a reproducir más y que de esa forma la sociedad dejaría de
existir. Siempre aparecieron estos miedos dirigidos hacia una parte de la
sociedad y obturando al resto de ella. Aquí no se obliga a abortar a nadie. La
idea es proteger y reconocer un problema. Quizás ésta no sea la solución ideal.
Es la posible, la que tenemos a mano, la que le podemos brindar a esas miles de
mujeres que están en las calles para que no sientan que este Parlamento las mira
con la nuca.
Quiero finalizar mi exposición
haciendo referencia a un ex presidente cuya única ley que votó fue la del
matrimonio igualitario. Por mandato popular, por comprensión histórica y por
decisión política: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para abortar
y aborto legal para no morir”. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Oscar Macías, por Corrientes.
Sr. Macías.- Señor presidente: quisiera comenzar diciendo que mi participación en
la política está sostenida por convicciones profundas, teniendo en cuenta que
ella es un espacio para generar una sociedad mejor. Es por eso que elegí
participar en ella.
Estas convicciones se basan en el
pensar, el decir y el hacer. Es sano decir lo que se piensa y hacer lo que se
dice. Es la coherencia de estos aspectos lo que nos hace creíbles y honestos.
En estos últimos meses se abrió un
debate necesario. Se puso sobre la mesa una realidad. Esta realidad es el tema
del aborto. Tuve tiempo de analizar lo que escuché de parte de los distintos
expositores en este tema tan sensible para nuestra sociedad.
He escuchado y hablado con muchas
personas: científicos, artistas, profesionales, no profesionales y religiosos.
Todos ellos opinan, argumentan y fundamentan. Algunos lo hacen a favor y otros
en contra.
Recuerdo algunas afirmaciones, tales
como que es un crimen contra la vida, es un derecho de las mujeres, viola los
derechos humanos del embrión, las mujeres son las víctimas, es más importante
la vida que la libertad, el embrión no es una persona, que no lo maten, que lo
entreguen en adopción.
Todas estas afirmaciones estaban
fundamentadas científicamente. Sin embargo, con el mismo rigor científico se
puede demostrar tanto que el embrión es una persona como que el embrión no es
una persona.
Cuando una mujer se enfrenta a esta
decisión, el conflicto del aborto no será definir al ser humano ni especular en
qué momento empezamos a tener derechos humanos, sino decidir si tendrían un
hijo o no.
Apoyándonos en el saber de la ciencia,
puedo demostrar una postura como la contraria. Entonces, si todas las posturas
son igualmente demostrables, ninguna demuestra nada. No podemos delegar la
postura ética, la decisión ética y la responsabilidad de la vida depositándolas
en la autoridad de la ciencia y en el saber científico.
En este debate de los derechos
humanos, vida y libertad se enfrentan con la muerte. La mujer que aborta lo
hace movida por un embarazo que no buscó, pero sobre todo que no quiere
continuar, y por ello debe tomar una decisión.
Esto demuestra que el Estado ha
fracasado en las políticas educativas, sanitarias de saneamiento y reducción de
la pobreza.
Esta mujer está entre la espada y la
pared: ni quiere tener un hijo ni quiere abortar. Es una tragedia donde se
juega la vida y la muerte.
El derecho no puede resolver las
tragedias de la vida. Es una situación donde se juega la libertad y la vida.
Por todo lo expuesto, y debido a mis
convicciones, decido por las dos vidas. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Sergio Wisky, por Río Negro.
Sr. Wisky.- Señor presidente: es un privilegio ser parte de este debate que
enaltece a la política argentina. Además, pone en el centro de los debates de
las políticas públicas al tema de la salud, es decir, a las políticas
sanitarias. Este es un aspecto que cuesta colocarlo en la centralidad de la
discusión pública.
Cuando
se empieza a hablar de políticas sanitarias se percibe un voluntarismo excesivo
de las ambiciones de muchas propuestas que en la práctica cotidiana no tuvieron
resultado.
Recién
un diputado preopinante se refirió a los cánceres, los infartos y los
accidentes. A pesar de que hemos implementado diferentes políticas públicas, no
logramos los resultados esperados.
Acerca
de las políticas sanitarias, hay datos duros que sirven para analizar qué
sucede en la Argentina. En provincias como Neuquén y Río Negro, así como
también en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la mortalidad materno infantil
es como la del Primer Mundo; sin embargo, en otras es muy parecida a la de
África. Esto lo vemos en esta Argentina que genera una enorme inequidad
territorial que nos duele.
Cuando
hablamos de políticas públicas, podemos incluir a políticas sustantivas que
engloban políticas instrumentales. Por eso, en este proyecto de ley hablamos de
libertad, y cuando mencionamos a las políticas instrumentales hablamos de
políticas sanitarias.
En
mi doble rol de diputado nacional y médico en mi provincia, específicamente en
Bariloche, soy formador de políticas sustantivas que darán cobertura a las
acciones concretas que llevaremos al territorio donde intentaremos proteger a
las mujeres que desean abortar.
Como
las políticas públicas impactan donde yo estoy, no puedo dejar de hablar de
esas cosas pequeñas para la sociedad, pero enormes en la dimensión humana, que
suceden en el último lugar del derrotero de la salud pública, el que empieza
con la atención primaria y sigue con el segundo nivel hasta llegar al tercero,
que es la terapia intensiva. A ese nivel llegan las consecuencias de todos los
errores de las políticas públicas que intentaron ser buenas pero no dieron
resultado. No me van a contar lo que allí sucede, porque estuve. Por suerte,
fueron pocas las mujeres que atendí como consecuencia de que sufrieron un mal
aborto. Sin embargo, siempre recuerdo a una mujer. Todos recordamos algún hecho
que queda impreso en nuestro cerebro porque nos impacta como seres humanos. Era
una mujer a la que le habían realizado un mal aborto, pero que ponía todas sus
fuerzas para seguir adelante porque amaba vivir. Yo atendí a esa mujer que
tenía ictericia, se ponía amarilla y, además, estaba intubada porque no podía
respirar. Estaba con un respirador que la asistía, tubos y drenajes peleando por
su vida.
Una
gran terapista argentina, la doctora Estenssoro, jefa del Hospital San Martín
de La Plata, hoy nos contaba la gravedad de los casos vividos como profesional.
Por eso nos cuesta mucho escuchar que nos digan que no estamos a favor de la
vida. ¡Cómo no voy a estar a favor de la vida si estuve ahí peleándola! Toda la
familia de esa mujer estaba devastada por la tragedia de su hija.
En
estos entornos de tragedias evitables, hay un denominador común que es otra
tragedia: la pobreza. Hablo de los hospitales públicos, lugares a los que
muchos se refieren, pero nunca los caminan ni usan sus servicios. No saben lo
que es un hospital público. Hannah Arendt definía esa pobreza como algo más que
carencia, sosteniendo que es un estado constante de indigencia y miseria
extrema cuya ignominia consiste en su poder deshumanizante. La pobreza se
abyecta debido a que coloca a los hombres bajo el imperio absoluto de sus
cuerpos, esto es, bajo el dictado absoluto de la necesidad. Hablamos de esas
mujeres.
Algunos
dicen que mueren treinta y cuatro o cincuenta y cuatro mujeres, pero además hay
cincuenta mil que se internan por ser pobres y que no cuentan con la protección
del Estado.
El
aborto no es algo nuevo, coyuntural, sino estructural. Hoy está sucediendo. Durante
esta sesión en la Argentina como mínimo se hicieron trescientos abortos y como
máximo mil doscientos. Estamos hablando de esa urgencia. Por lo tanto, mañana,
sancionada la ley o no, esto seguirá ocurriendo. Hoy estamos debatiendo
establecer aborto legal o continuar este camino en el que las mujeres transitan
su libertad de elección con la angustia que las asfixia hasta poner en riesgo
su vida.
Cuando
uno observa el mapa mundial presentado por el diputado Fernando Iglesias, se
pregunta por qué no podemos dar este paso de civilidad, tal como hicieron otros
países hace algunos años, demostrando que estas políticas despenalizantes son
efectivas. No podemos seguir caminando por la negación que tranquiliza a
algunos. Por eso, hablamos de libertades, específicamente aquellas que exigen
valentías.
Si
algo nos enseñó la historia, es que nadie se arrepiente de ser valiente ni de
avanzar en pos de la libertad, porque una vida sin libertad no es vida. A eso
apuntamos con este proyecto de ley, a que las mujeres sean libres y autónomas
con su cuerpo, a terminar con las complicaciones de un aborto ilegal, a
protegerlas con un Estado presente, a abandonar un Estado ausente en esta y en
otras políticas. Por eso, señor presidente, votaré afirmativamente este
proyecto de ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Pretto, por Córdoba.
Sr.
Pretto.- Señor presidente: tengo algunas certezas
a esta altura del debate. La primera es que siempre estoy a favor de la vida.
La segunda es que el embarazo no deseado y el aborto siempre representan un
drama y una tragedia que a mi juicio son evitables. La tercera es que estoy
convencido de que este proyecto no es la solución para este tremendo problema.
Sin embargo, gracias a mucha gente del oficialismo y de la oposición, como así
también al tiempo político que vivimos, podemos ponerlo sobre la mesa y
debatirlo.
Tengo
una certeza más que me parece la más importante: este tema vino para quedarse
en la agenda pública. A mi modo de ver, esta certeza es el resultado más
importante conseguido a partir de estos meses de debate.
Mucho
se dijo sobre las connotaciones jurídicas, pero quiero recordar que desde el
punto de vista ético la vida es un bien preciado, valorado y defendible desde
todo ángulo. La vida es un valor superior de toda sociedad y debemos venerarla,
respetarla y defenderla.
El
deber ser que representa la ética está influido por lo más recomendado
socialmente y está ubicado en la cúspide de esa pirámide social que decidimos
construir como sociedad organizada. En esa cúspide está la vida.
Ahora
bien, ¿por qué creo que no tiene sentido este conflicto de intereses y de
derechos, ni los planteos de un lado y del otro apelando a la mayor cantidad de
fundamentaciones y haciendo un gran esfuerzo para ver qué tiene más valor: el
derecho a la vida o el derecho a la libertad?
Sencillamente,
porque el derecho a la vida es el primer derecho natural y humano que da razón
a los demás, incluido el derecho a la libertad. Este último es un derecho muy
ponderable, y es respetado y valorado en un país democrático como el nuestro,
pero de ninguna manera debemos exacerbarlo y ponerlo por encima de los demás.
No debemos tomarlo como un derecho absoluto porque no hay derechos absolutos.
En realidad, desde el punto de vista doctrinario, el único derecho que se
podría concebir como absoluto es el de pensar libremente, porque por ejemplo
uno podría considerarse libre estando encarcelado. Los otros derechos son
relativos, y como establece nuestro ordenamiento, podemos ejercerlos conforme a
las leyes que los reglamentan.
Considero
que no resolveremos este conflicto del modo en que lo hemos encarado hasta
ahora. ¿Por qué sostengo esto? Porque todos, tanto los que militan del lado de
los pañuelos verdes como los que militan del lado de los pañuelos celestes, han
considerado y evaluado que las políticas públicas destinadas a prevenir este
flagelo han fracasado. Como hombre de la política, que nació en ella con el
regreso democrático, no me resigno a asumir que hemos perdido la batalla. No es
así, señor presidente. Cuando desde la Nación, las provincias y los municipios
se generan políticas firmes, cuando se tiene la decisión de resolver un
problema planteado por la sociedad y se formulan políticas públicas con el fin
de resolverlo, no hay quien pueda pararlas. Pero también es claro que este
problema no lo podemos plantear como si se tratara de un Boca‑River,
donde lo importante es ver quién tiene razón, evaluando si hay o no vida, si el
feto es un puñado de células o una persona, etcétera. En ese caso, estamos
mezclando conceptos que nada tienen que ver con la discusión de fondo.
¿Por
qué digo que mezclamos conceptos? Porque, como todos hemos manifestado en este
debate, el problema concierne a la salud pública. Para resolver este problema
de salud pública no hay otra solución que revisar por qué hemos fracasado. En
este sentido, hay muchas formas de explicar por qué tantísimos recursos
públicos que están destinados a cumplir con un objetivo finalmente no llegan a
donde tienen que llegar, que es a la gente.
Debemos
unirnos en pos de una política pública que pueda resolver este problema y no
optar por el atajo del aborto irrestricto, que es lo que plantea este proyecto
de ley que, a mi modo de ver, no resuelve el asunto. Esto significaría además
saltearnos todo el esfuerzo que debe hacer un Estado para resolver un problema
de salud pública.
Quiero
hacer mención de algo que dijo la madre Theresa Varela, a quien yo invité a las
audiencias de debate realizadas en este Congreso. Ella es una monjita que ayuda
a la gente humilde y pobre de Cruz del Eje, un pueblo de Córdoba, y que
considera que no es verdad que las mamás pobres sean las que más abortan. En
una familia pobre, un embarazo es el anuncio de la vida, un motivo de alegría y
algo para celebrar. En muchos casos, es lo único que la dignifica. Además, el
embarazo tiene una connotación social ‑y esto se vincula con la cuestión
de las políticas públicas‑, ya que acerca la salud y la educación a la
madre, al niño y a la familia en su conjunto. La felicidad que siente una
persona humilde al encontrarse con su esposa embarazada no debe ser muy
distinta a la felicidad que experimenté yo cuando mi mujer se embarazó de mis
hijos.
No
me quiero resignar a que los diferentes colores políticos que integramos esta
Cámara no nos podamos poner de acuerdo en un tema que es transversal. Conforme
a las opiniones vertidas, se ha demostrado que no nos pudimos poner de acuerdo
en abocarnos a resolver el problema con políticas públicas serias, para que los
recursos vayan a donde tengan que ir y para que la corrupción no nos juegue,
como siempre, una mala pasada. Tenemos que poder resolver este flagelo para
favorecer a todas las personas, especialmente a las más humildes, que tienen
tanto derecho como cualquiera a requerir un servicio de salud en una buena
clínica.
Por
las razones expuestas, no acompañaré este proyecto de ley, pero exhorto a todos
a trabajar desde ahora mismo en las políticas públicas que necesita este país. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Horne, por Río Negro.
Sra.
Horne.- Señor presidente: este es un día
especial. Mis compañeros y compañeras de bloque han expuesto las razones de su
posición de forma excelente, y también lo han hecho los colegas de otros
bloques. Lo cierto es que no habría mucho más para agregar, pero he salido a la
calle, he recibido imágenes de todo el país y he visto que una marea verde lo
inunda todo, con alegría y determinación, con cantos, brillos y la decisión de
llevar a nuestras casas esta ley esta madrugada. (Aplausos.)
Todos
los legisladores deberían intentar llegar al corazón de la multitud para
sanarse del ostracismo, el elitismo, el teoricismo y de todos los “ismos” que
algunos usan para ponerse en protectores de aquello que desconocen. Esta marea
verde que ha venido por la ley está llena de vida y de sentimientos de
igualdad.
Señores
y señoras diputadas: ha llegado la hora, el momento es ahora. No se escapen de
la historia, que avanza inexorablemente. Un millón de voces en la puerta de
esta casa no se pueden acallar.
En
lo personal, tengo el doble orgullo de pertenecer a un bloque que ha planteado
de forma unánime su posición a favor del proyecto que despenaliza, legaliza y
hace operativo el aborto como política pública. El Movimiento Evita alienta
esta lucha que emancipa a las mujeres y que es parte del ideario de las luchas
populares. Las mujeres de nuestro pueblo son las que más sufren el riesgo sobre
sus cuerpos y sus vidas con este prohibicionismo que lo único que hace es
fomentar un fenomenal negocio.
Dije
“doble orgullo” porque además soy rionegrina, y la totalidad de los
representantes de Río Negro en esta Cámara votaremos a favor de la abolición
del aborto clandestino. (Aplausos.)
Miles
de pibes y pibas han ocupado el centro del debate. Ellos se expresan
libremente, han sacado el tema del placar, de la clandestinidad, del olor a
moho, de la vergüenza, del lugar donde se esconde lo prohibido. En suma, han
salido de la negación del problema y lo ventilan a la luz del día, en las mesas
familiares, en las escuelas, en los barrios, en este recinto. Han tenido que
molestar para ser vistos, irrumpiendo en las paredes y en las calles.
Además
de la participación de los pibes, quiero rescatar otro cambio logrado. Según se
desprende de los discursos y argumentos que han dado algunos sectores que se
oponen a este proyecto de ley, ahora todos valoran la educación sexual para
prevenir el embarazo no deseado.
Sería importante que se garantice la
educación sexual integral ahora, cualquiera sea el resultado de esta votación.
Comprométanse pero no con la hipocresía del como si, sino con la voluntad de
quitar los velos de todo tipo, los que se anteponen a sus prejuicios y a las
condenas morales.
Espero
que se desarrolle la educación sexual integral con la capacidad de oír y de
habilitar escenarios que permitan lograr un verdadero diálogo que dé a las
pibas y los pibes herramientas suficientes. Además se requiere una educación
integral para que puedan valorarse como personas, como mujeres en la
construcción de su género, con el respeto a la identidad autopercibida, otro
derecho ganado en esta democracia aunque hoy no esté suficientemente
garantizado ni acompañado por el Estado.
Finalmente,
quiero hacer un pequeño homenaje y dejar planteada una pregunta. El homenaje es
a las mujeres que con sus cuerpos y su compromiso lograron avances importantes,
como por ejemplo, el fallo FAL, que ha permitido la interrupción legal del
embarazo, y el protocolo que hemos adoptado muchas provincias y que funciona
perfectamente.
En
el mismo sentido quiero homenajear a mis compañeras feministas que vienen
impulsando el debate año a año, a mis compañeras de la campaña, a las Católicas
por el Derecho a Decidir, a las compañeras y los compañeros del colectivo
LGTByQ, que soportaron ser señalados con el dedo, además de discriminación y
persecución durante muchos años.
Asimismo,
quiero incluir en este homenaje a Belén,
a Higui y a una gran militante con quien compartí muchos años en la
cárcel durante la dictadura militar, Liliana Chernojovsky, que inició hace
muchos años la campaña “Yo aborté”.
Quiero
plantear ahora la pregunta que esconde una sospecha y va dirigida a los
protagonistas de las marchas del último fin de semana a favor de las dos vidas.
¿Por qué tacharon los pañuelos de las Madres en todas las plazas del país?
Mientras
tanto, junto a la marea verde nosotros vamos a seguir bregando por educación
sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no
morir. (Varios señores diputados corean
la misma consigna. Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Peñaloza Marianetti, por San Juan.
Sra.
Peñaloza Marianetti.- Señor presidente: trataré
de ser breve porque en mi opinión ya hemos escuchado de un lado y del otro,
voces a favor y en contra sobre la vida y los derechos o no del niño por nacer.
Lamentablemente,
estamos hablando de una persona que hoy no puede defenderse y que con seguridad
en un tiempo será un hombre o una mujer que, tal como hemos escuchado en
comisión, luego agradece que se le haya dado la oportunidad de haber nacido.
Ese es uno de los aspectos que recojo de este debate.
Uno
de los argumentos que escuchamos es que el aborto es una realidad, que existe y
por lo tanto, hay que reconocerlo para que sea seguro. Considero que es grave y
peligroso tener ese justificativo porque ello permitirá que en unos meses
hablemos de otras prácticas ilegales que, como existen, se deberán despenalizar.
Es
verdad, el aborto existe, pero cabe preguntar por qué. Porque no hemos sido
capaces de aplicar una ley de educación sexual integral ni de aplicar con
responsabilidad los proyectos y programas de anticoncepción para embarazos no
deseados, y porque hemos fallado en los controles de aquellos que son
responsables de las prácticas ilegales.
Precisamente
porque el aborto existe hoy estamos sentados en nuestras bancas dispuestos a
hablar con seriedad y decir lo que tanto hemos escuchado: que queremos
disminuir las muertes maternas, defender la vida y elaborar políticas públicas
para evitar los embarazos no deseados. En el mismo sentido, debemos ser serios
al hablar de los controles de aquellos que ejercen el arte de la salud y
practican abortos clandestinos.
La
solución no consiste en eliminar una vida sino evitar llegar al aborto. He
escuchado que este proyecto de ley amplía derechos, y en mi opinión desde
ningún punto de vista lo hace. Creo que prioriza derechos, el de la madre sobre
el de un niño por nacer, e incluso me atrevo a decir que priva a un niño de su
derecho a nacer.
Como
madre y como mujer estoy convencida de que debemos defender las dos vidas. Por
esa razón, hoy ocupo esta banca con el compromiso, la convicción y sobre todo,
trayendo la voz de todos aquellos sanjuaninos y sanjuaninas que creen que
debemos defender las dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Echegaray, por Buenos Aires.
Sr.
Echegaray.- Señor presidente: fundamento mi voto en
razones relacionadas con mi origen. Desde los 17 años milito en el radicalismo,
al que ingresé por la vía de la militancia universitaria en la Franja Morada,
tan mencionada aquí en razón del reformismo.
Precisamente
en muchas de las brillantes intervenciones de los colegas diputados de mi
bloque se citó la reforma de 1918 porque está a dos días de cumplir cien años.
Este aniversario no es un hecho museológico; fue la primera revolución laica
que se dio en nuestro país, que se proyectó por toda la geografía de la
Argentina y de América Latina y que llegó hasta los lugares más insospechados
del mundo. Esta revolución laica se dio en el ámbito de la educación superior
de aquel entonces.
Precisamente,
desde ese laicismo, al que caracterizo como la corriente de pensamiento que
define la independencia del Estado y de la sociedad de la influencia de las
religiones y del clero, ocurrió la reforma de 1918. La Universidad Nacional de
Córdoba estaba dominada por una actitud monástica y clerical, que definía la vida
y la libertad de cada uno de sus integrantes.
No
tengo nada en contra de ninguna religión, porque se puede ser católico y laico,
judío y laico, musulmán y laico, en la medida que exista un criterio de
independencia mutua en el que ni el templo le dice al Estado cómo debe vivir la
sociedad y mucho menos cómo una mujer debe disponer de su cuerpo, y viceversa.
Lo primero que mencioné es clericalismo, y en el segundo caso, el Estado no
entra en el templo a cercenar ni suprimir un sistema de creencias ni fe religiosa
-como laicos, precisamente debemos garantizar la libertad religiosa-, porque
eso sería totalitarismo.
Existen
sobrados ejemplos en la historia del mundo de lo que significó el intento de
suprimir a Dios y su estrepitoso fracaso.
Desde
mi compromiso como radical, reformista y laico, propongo ni clericalismo ni
totalitarismo, porque somos esclavos de la defensa de la libertad y es en ese
sentido que fundo mi voto.
Me
pregunto qué estamos discutiendo. ¿Vida sí o vida no? Si fuera así tenemos el
escenario dominado casi en mitades por quienes supuestamente defenderían la
vida y quienes supuestamente nos estamos enrolando, a contrario sensu, en la
defensa de la muerte. Si fuera así, este país no tendría destino y naufragaría
en una situación sin salida.
Tal
como decía Raúl Alfonsín, esta es una falsa antinomia, no existe. Los
argentinos somos muy propensos a las falsas antinomias. Todos defendemos la
vida, nadie puede arrogarse la supremacía en la defensa de este principio y de
este derecho. (Aplausos.) Como bien
se expresó, estamos ante una cuestión de ampliación de derechos y de salud
pública.
Es
una evidencia real que no estamos discutiendo aborto sí o aborto no. Como por
distintas razones muchas mujeres fueron al circuito clandestino, estamos
discutiendo si el aborto es legal o ilegal. Esto es muy distinto. Nadie quiere
el aborto. Seguramente en el vacío esta ley no resolvería el problema; ello
solo ocurrirá con la puesta en marcha de una batería de políticas públicas que
acompañen esta iniciativa: educación sexual, anticoncepción garantizada y
políticas que garanticen que el aborto disminuirá con el tiempo, como lo
demuestran las estadísticas de los países más desarrollados.
Aquí
hay que resolver una situación de clandestinidad y de criminalización de la
mitad de nuestra población. Estamos discutiendo el derecho de las mujeres, que
son más de la mitad de los argentinos.
Asimismo
estamos debatiendo una ampliación de derechos, porque la sociedad se nos ha
adelantado y nos lleva puestos a todos los que hacemos
política. Lamentablemente, la sociedad siempre va un paso más adelante,
porque nosotros deberíamos estar proponiéndole ejes de discusión.
El
Estado también fracasó en las barriadas pobres. En más de una barriada pobre del
Gran Buenos Aires se ven cartelito que dicen “Partera”. ¿Cómo puede verse ese
cartel si nadie va a parir a un lugar perdido en un barrio pobre? Porque está
identificado que en ese lugar se realizan abortos clandestinos. Esta es la
magnitud del fracaso del Estado nacional en esta materia. Cuando desaparezcan
esos carteles, tendremos una política pública y espero que esto ocurra hoy.
No
puedo aceptar que ciertas provincias de comportamiento feudal nos digan cómo
debemos vivir. Esas provincias que han fracasado porque ostentan los peores
índices en esta materia, ahora se rasgan las vestiduras y proponen, por
ejemplo, educación sexual, lo cual resistieron y repudiaron. Si hoy nada más
que ocho de cada diez chicos acceden a educación sexual, evidentemente hemos
fracasado.
Un
filósofo dijo: “Argentinos a las cosas”, y esta es una de las cosas que no
debemos tardar un minuto más en resolver. El cambio es hoy. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado Dindart,
por Corrientes.
Sr.
Dindart.- Señor presidente: estamos llenos de
información que ha parido –lamentablemente utilizo un término que se acopla a
la situación‑ un proyecto de ley que ha pateado una serie de situaciones
previas, porque ha pasado por encima de la Constitución y de una serie de
comisiones que deberían haber considerado la iniciativa. Además, en caso de ser
sancionado tendría extremados conflictos en su aplicación.
Utilizando
información que podría ser científica, religiosa, de autodidactas, de sectores
de activistas o de ONG, propusimos un proyecto que pateó todo lo que debemos
tener como reglamento para que pueda cumplir con los pasos correspondientes.
Esa
información que hemos recopilado ha sido utilizada de forma particular de
acuerdo a lo que conviene, y el resultado final de este proyecto de ley es
quitar del vientre materno un embrión, un feto, un niño de nueve meses o crear
un monte Taigeto en donde podemos llegar a tirar a nuestros niños con síndrome
de Down. El peligro de esta iniciativa es que no tiene un límite.
La
hipocresía comenzó a verse temprano, y la observé en varios casos. Creo que no
es verdad que este proyecto de ley se pare sobre los pobres. He pisado la
pobreza, he caminado entre los pobres, he conversado con madres embarazadas con
un niño en cada mano que venían a vacunarlos y controlarlos, porque para ellas
un embarazo es un orgullo. También he visto complicaciones por un aborto, no
puedo negar que esto existe. Hemos denostado la religión y la ciencia, hemos ido a posiciones
extremistas que no comparto.
El
diputado que me precedió en el uso de la palabra dijo que ambos estamos
defendiendo la vida, y es verdad, pero en este caso hay uno que siempre pierde.
Como pediatra, no puedo negar que la muerte de un niño se da en el ciento por
ciento de los abortos, no puedo negar que la aplicación de esta ley permitirá
seleccionar el sexo, no puedo negar que esta ley posibilitará que se seleccione
la vida si hay algún tipo de malformación.
Me
preocupa que el poder sobre la vida de nuestros hijos recaerá sobre una persona
que respeto profundamente: la mujer. Esta norma ha dejado completamente de lado
al hombre y muchos padres quieren criar a sus hijos y no están contemplados en
este proyecto.
Esto
no es democrático ni equitativo, tampoco tiene un perfil social práctico. Nos
han dicho que con esta norma nos acercamos a los países avanzados. Ellos
primero han avanzado sobre la educación y muchas otras cosas sobre las que
nosotros no progresamos. Registran una disminución de la cantidad de abortos
porque sus terapias están llenas de viejos y sus neonatologías están vacías
dado que su índice de natalidad es bajo, no porque la ley haya sido un éxito.
Somos
un país joven que, utilizando distintos estamentos como la educación, la salud
pública, las ONG y otros, en un acuerdo general podrá lograr que el aborto no
sea la salida más común y fácil.
He
escuchado a diputadas amigas ‑que utilizan el pañuelo verde‑ hablar
del dolor de su aborto. Soy pediatra y a veces escribo a modo de catarsis, por
lo que además de aclarar que no votaré afirmativamente el proyecto en
consideración, quiero utilizar el tiempo que me resta para leer un texto que
escribí.
La
poesía se llama “Sin nombre” y surgió luego de ver a una madre que recordaba a
su hijo abortado con su nuevo hijo en sus brazos: “Hay dos ojos que me miran/
hay pasos que nunca he oído/ hay momentos que ya fueron/ hay momentos no
existidos. /Hay recuerdos de vivencias/ de momentos no vividos/ hay risas,
llantos, olores/ que sin estar, ya se han ido. /Hay espacios en el alma/
espacios que están vacíos/ hay espacios que se aprietan/ con dolores
comprimidos. /Hay preguntas sin respuestas/ a recuerdos no vividos/ que parecen
tan presentes/ como si los hubieran sido. /Hay una lucha profunda/ entre razón
y motivos/ en donde sola el alma/ se arma y se desarma/ buscando si una
respuesta/ puede dar, algo de calma. /Hay veces que son tan fuertes / las
miradas y los ruidos / los olores, los momentos / que aún, sin haber existido /
me golpean día a día / con una sola pregunta / a quién mira, a quién abraza /
por dónde corre y ríe / hoy tu alma, ¡hijo mío!"
Señores:
hay opciones por fuera del aborto, y tenemos la capacidad de llevarlas a cabo.
Propongo no aprobar este proyecto de ley y que, como se ha sugerido desde otros
sectores, entre todos sancionemos algo mejor para nuestro país. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Estévez, por Córdoba.
Sra.
Estévez.- Señor presidente: "Ha llegado la
hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la
mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de
los destinos de su país. Ha llegado, en
síntesis, la hora de la mujer argentina, redimida del tutelaje social, y ha
muerto la hora de la mujer relegada a la más precaria tangencia, con el
verdadero mundo dinámico de la vida moderna." Estas palabras las expresaba
Evita en una Plaza de Mayo colmada cuando se sancionó la ley de sufragio
femenino. Ojalá hoy todos los diputados y las diputadas que estamos en este
recinto podamos salir a mirar a todas esas hermanas feministas que han
conformado hoy una marea verde y decirles que hoy nos hemos sacado de
encima el tutelaje.
Quiero
hablar desde mi lugar de mujer “cis”, de persona con capacidad de gestar, de
profesional de la salud, de mamá adoptiva, de compañera fiel de un compañero
amoroso, desde mi lugar de diputada nacional de un proyecto político popular, y
también de militante.
Hoy
estamos discutiendo un derecho por el que desde hace muchos años venimos
luchando las mujeres: el derecho a la autonomía y a la decisión sobre nuestros
propios cuerpos. He escuchado hablar a
muchos diputados y diputadas de lo que entiendo son falsas dicotomías. El diputado
Zamarbide, por la provincia de Mendoza, planteó que esto parecía una pelea de
perros y gatos. Otros diputados y diputadas afirmaron estar a favor de las dos
vidas, estar a favor solamente de la práctica de la autonomía, o matar a una
vida.
Honestamente
creo que esto es algo bastante más profundo y trascendente. Se trata de estar
del lado del derecho de la mujer o de ser antiderecho. ¿Por qué digo
antiderecho? Porque cuando uno se
posiciona del lado de la clandestinidad y niega a la mujer la posibilidad de
decidir y planificar su vida, le quita el derecho a tomar definiciones y a
decidir lo que quiere hacer, cuál es su plan de vida y en qué momento maternar.
Yo lo puedo decir porque tuve esa posibilidad: pude decidir cuándo maternar,
con quién, en qué momento y de qué manera.
También pude acompañar a otras compañeras feministas y a otras mujeres
que no tuvieron las mismas posibilidades que yo y se encontraron en la
situación de un embarazo no deseado. Pude acompañarlas amorosamente y ayudarlas
a transitar un aborto de una manera menos traumática. El aborto no es
traumático por la práctica en sí, sino por la clandestinidad, por lo que
significa tener que ocultarlo por la vergüenza a la que nos condenan y por el
juicio moral que se ejerce sobre nosotras cuando decidimos sobre nuestro cuerpo
en el marco de un sistema cultural patriarcal y heteronormativo que nos
condiciona.
Pude
decidir cómo ser madre. Soy madre adoptiva, decidí serlo de esa manera y tengo
un hijo que amo con todo el corazón, pero cabe preguntar cuántas mujeres no
pueden tomar esas decisiones. ¿Cuántas mujeres se ven en la situación de tener
que incurrir en una práctica poco segura y clandestina y terminan con su cuerpo
mutilado, pasando una instancia profundamente dolorosa y traumática? Esto no
debería ser así, pero sucede porque el Estado no está presente.
Como
diputados nacionales tenemos la responsabilidad de garantizar a todas esas
mujeres, hombres trans y personas con capacidad de gestar el derecho a acceder
a una práctica segura para que no vivan con el estigma social y la condena
moralizante que no tiene que ver con la ley sino con la cultura. Hoy nosotros y nosotras podemos cambiar la
historia y decir a todas las mujeres, a todos esos compañeros y compañeras que
están en la calle y a esa marea verde hermanada en una causa justa, social, que
les vamos a reconocer un derecho y que por fin escucharemos esa demanda social
que nos vienen haciendo desde hace muchos años.
Podemos decirles que hoy vamos a poder mirarnos a la cara y decir que
acá no hay clandestinidad sino seguridad para todas y que van a poder decidir
cuál es su plan de vida.
Hoy
mis hermanas y compañeras feministas están reunidas en el Museo de Antropología
de Córdoba. Allí están las referentes del movimiento feminista que vienen
luchando por esta causa hace muchos años, y quiero nombrarlas porque de ellas
he aprendido mucho: Checha, Keka, Ale, Lili, Artemia, Anita, Solana, Ivana,
Peky, Nieves y Mariana. Son mis amigas, hermanas y compañeras de lucha de hace
muchos años, quienes son una referencia para mí. A esas compañeras y a "todes" los
que están en la calle les digo: levantaremos este pañuelo y lo llevaremos como
bandera a la victoria. Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no
abortar y aborto legal, seguro gratuito y en el hospital para no morir (Aplausos. Varios señores diputados rodean y
felicitan a la oradora.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Ocaña, por Buenos Aires.
Sra.
Ocaña.- Señor presidente: estamos en una sesión
histórica porque por primera vez en 35 años de democracia este Congreso trata
la legalización del aborto. Esto tiene que ver con una lucha que un colectivo
de mujeres comenzó hace muchos años bajo el lema "aborto legal, educación
sexual y ley de procreación responsable". Esas mujeres querían tener la
posibilidad de vivir sin sufrir consecuencias sobre su salud.
Me
emociona formar parte de este debate. Muchos diputados preopinantes se
preguntaron por qué no funcionan las leyes de educación sexual y procreación
responsable que el Congreso ha sancionado. No hemos conseguido bajar la
cantidad de abortos que se realizan en la Argentina, y debemos decir que estas
leyes nacionales son aplicadas por las jurisdicciones provinciales. Muchas
veces encontramos que las posiciones personales dejan de lado las políticas
públicas de salud, y en muchos casos esos programas nacionales no se ejecutan
en las distintas jurisdicciones.
Aquí
no se discute una cuestión de principios sino de salud pública. El ministro de
Salud ha venido a este Congreso y ha dado cifras que son terminantes. En la
Argentina se realizan entre trescientos cincuenta mil y cuatrocientos mil
abortos al año, y esto no podemos ignorarlo.
De
aprobarse esta norma, permitirá al Estado poder actuar en estos casos, ya sea
para dar contención o brindar toda la información necesaria para que la mujer
pueda decidir, y si desea interrumpir su embarazo, garantizarle la seguridad,
no aislarla, no dejarla en la clandestinidad, como aquí se ha dicho.
Estamos
hablando del aborto, que es una de las cinco primeras causas de mortalidad
materna en la Argentina. Hace años que desde la Nación y las provincias se está
trabajando en forma conjunta para bajar la mortalidad materna. La Argentina se
ha comprometido a cumplir con los Objetivos del Milenio, pero lamentablemente
no ha podido, a pesar de la existencia de planes muy interesantes como SUMAR,
Nacer, que hacen un seguimiento de la mamá y el niño hasta los 6 años, con
controles trimestrales; el programa de Maternidades Seguras. Todo esto ha
garantizado una reducción de la mortalidad materna. Sin embargo, ha quedado un
núcleo duro, y esto claramente puede advertirse por los últimos datos de las
bases estadísticas del Ministerio de Salud porque el aborto es la primera causa
de muerte materna.
En
2009, la Organización Panamericana de la Salud, en el marco del seguimiento de
los Objetivos del Milenio, advirtió y aconsejó a la Argentina y a Uruguay la
necesidad de discutir una ley que legalice el aborto para reducir la mortalidad
materna y dar cumplimiento a los compromisos que ambos países habían asumido.
Lamentablemente,
la Argentina nunca dio esta discusión y por eso creo que esta sesión es
histórica. En cambio, Uruguay sí lo hizo en el año 2012, al sancionar una ley
que legaliza el aborto y que ha reducido sustancialmente la mortalidad materna.
Hoy Uruguay es el tercer país en América con menos mortalidad materna, luego de
Canadá y los Estados Unidos.
Algunos
diputados han preguntado cuál es el costo para la salud pública que implica esta
norma. Advierto mucha preocupación al respecto, pero me pregunto cuál es el
costo de las complicaciones del aborto clandestino que fueron atendidos en
nuestros hospitales. El ministro de Salud dijo que en los últimos cinco años el
promedio de atenciones por abortos mal realizados, con las consecuencias que
ello implica, llegó a cincuenta mil internaciones, solo en los hospitales
públicos. ¿Cuál ha sido el costo en la severidad y en las complicaciones en la
salud de la mujer y en las familias? Puedo asegurarles que si se sanciona esta
iniciativa el costo será mucho menor.
Algunos
creen que negando el aborto o colocándolo en la clandestinidad el problema no
existe. Quiero decir que esta realidad no puede ocultarse. Si hoy no se
sanciona esta norma, en la Argentina se seguirán haciendo quinientos mil
abortos; mujeres que no pueden pagarlo, seguramente morirán por no realizarlo
en lugares seguros; seguirá existiendo una mafia que no podemos soslayar y que
mueve millones de pesos e incluye a profesionales de la salud, fuerzas
policiales y la Justicia.
En
este caso, no estamos hablando de salvar las dos vidas; si no se sanciona la
ley, estaremos avalando un statu quo y
un negocio que ya existe: los abortos clandestinos.
Hemos
mantenido esta discusión desde la buena fe, cuando comenzó este debate en el
ámbito de las comisiones. Aquí hay sentados diputados y diputadas que
entendemos que esta propuesta, de aprobarse, bajará la mortalidad materna y la
cantidad de abortos realizados, como ha sucedido en otros países. En este
recinto no hay asesinos sino diputadas y diputados preocupados por la salud
pública.
Finalmente,
quiero pedirles algo. Seguramente, todos hemos conocido o acompañado a alguna
mujer, o hemos atravesado una situación de aborto con una amiga, una hija, un
familiar o una pareja. Les pido que antes de emitir su voto recuerden esa
experiencia, las sensaciones que han vivido, la angustia, la humillación, esa
impresión de clandestinidad, calvario y miedo. Si no sancionamos esta norma, se
jugará la decisión de que cada día muchas mujeres de nuestro país atravesarán
por esta experiencia.
Permitamos
que las mujeres podamos decidir; garanticemos el acceso al aborto legal y
seguro, no al aborto clandestino. (Aplausos.)
Solicito
autorización a la Presidencia para insertar el resto de mi discurso en el
Diario de Sesiones.
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Carrizo, por Córdoba.
Sra.
Carrizo (M.S.).- Señor presidente: hemos llegado
a una instancia final, después de todo lo vivido, de siete semanas de intenso
trabajo legislativo en las que hemos escuchado a más de setecientos
expositores.
Seguramente,
hoy quedará en nuestras memorias como un día pleno del derecho democrático de
la Argentina, independientemente de cada una de las posiciones, que se verá
reflejado por las dos marchas que se están desarrollando fuera de este recinto.
Sin
embargo, adelanto el rechazo al dictamen de mayoría que promueve la
despenalización del aborto. Lo hago por diferentes dudas y reflexiones que
deseo compartir con ustedes, sobre la coherencia o la incoherencia entre los
medios y los fines, la utilidad de este proyecto, el disvalor y la cosificación
de la vida humana que promueve, y las dudas y consecuencias que en un futuro no
muy lejano puede acarrear.
En
este contexto mi primera duda es la falta de coherencia entre los medios y los
fines. Buscamos como fin último preservar la vida de la mujer, sin dudar en
eliminar otra vida. Justamente, aquí hay una incoherencia, porque se argumenta
la causal de un embarazo no deseado, salvo en aquellas circunstancias
excepcionales que hoy establece nuestra legislación vigente. Entonces,
pregunto: ¿priorizar una vida sobre otra es el único medio posible, razonable y
lógico?
En
segundo lugar, luego de todas las instancias que hemos vivido y los distintos
fundamentos que se han esgrimido, me surgen dudas respecto de llegar a un
proceso de legalización del aborto lisa y llanamente, tratando de ocultar
detrás de todo esto, en un ropaje que es más fácil vender a la opinión pública,
el argumento de que es una cuestión de salud pública. También se dice que se
trata de dar una oportunidad a las que menos tienen, de equipararlas en los
derechos; innumerables fundamentos, pero no consideran que en esta escala de
valores se está priorizando la libertad de la mujer a elegir sobre otro, que es
el niño por nacer. Quien les habla no duda de esa jerarquía de valores y opta
por la vida.
Estas
son las dudas que me llevan a ratificar el rechazo de este dictamen. La
legalización no es la solución, esto ya lo hemos vivido en la provincia del
Chubut con el caso Keyla Jones; la legalización también mata.
Debemos
analizar justamente el arraigo constitucional que tiene el derecho a la vida.
Aquí se lo pretende interpretar de una manera elástica para ver si puede
metérselo por una ventana. Soy consciente de que el derecho no es inerte o algo
fijo que viene a quedarse para siempre; es algo que varía. Debemos entender
cuáles son los límites que están marcados en nuestra Constitución y en todo el nexo
constitucional que toma los tratados de rango constitucional.
Otra
duda está relacionada con la cosificación del ser humano que se promueve a
través de este proyecto. Me atrevo a rebelar contra esto, porque no estoy de
acuerdo con que a una vida de 14 semanas se le quiera quitar sensibilidad ‑diciendo
que le falta razón, dolor y entendimiento‑, para así sostener que puede
eliminarse, y que a una vida de 14 semanas y 1 día se le reconozca dignidad. No
podemos crear entes susceptibles de eliminar hasta la semana catorce y seres
humanos dignos a partir de la semana catorce y un día. Esta cosificación
tampoco vale en mi escala de valores.
Finalmente,
como radical a la que no le gusta andar con un “radicalómetro” en la mano,
quiero decir que izo en lo alto la bandera histórica de mi partido, la que hoy
me obliga a defender la vida: una vida sin diferencias ni estigmas de clases u
oficios, atendiendo al hombre como hombre con dignidad y como ser sagrado,
según palabras del propio Yrigoyen.
Por
eso me resulta un absurdo pensar en garantizar cualquier otro derecho cuando un
proyecto como este busca enterrar el primer derecho ‑del cual nacen todos
los demás‑, como es el derecho a la vida. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Villavicencio, por Tucumán.
Sra.
Villavicencio.- Señor presidente: celebro el
debate que estamos llevando a cabo porque es una deuda del Parlamento argentino
con la sociedad.
Florentina
Gómez Miranda, quien fuera diputada nacional por el radicalismo y pionera de la
lucha por los derechos de las mujeres, ya hace 30 años había presentado un
proyecto de despenalización del aborto en caso de violación, equiparando a
todas las mujeres en el supuesto que contempla el Código Penal para la
interrupción legal del embarazo. Fue un proyecto muy importante porque abrió el
debate público sobre este tema. Ella decía: “Se habla mucho de los derechos
cívicos y políticos que fuimos conquistando las mujeres, pero no hay debate
sobre los derechos sexuales y reproductivos”. ¡Cuántos años pasaron, y todavía
muchos diputados y diputadas se niegan a hablar de derechos sexuales y
reproductivos!
Soy
diputada por Tucumán, provincia que no tiene ley de educación sexual integral
ni ley de salud sexual y procreación responsable. Debemos entender que cuando
decimos “interrupción voluntaria del embarazo” nos referimos a la salud sexual
y reproductiva; básicamente, derechos sexuales de las mujeres, y dentro de
ellos, el aborto. Este último existe, y no solo existe, sino que es
clandestino. Muchas mujeres mueren a causa del aborto clandestino, y otras
quedan afectadas en su salud sexual.
Estamos
ante un problema de salud pública, y como diputados no debemos negarnos a ver
la realidad. Otros pretenden tratar el aborto desde un lugar principista, desde
sus convicciones religiosas y personales. No entendieron que vivimos en un
Estado laico y que no podemos legislar desde nuestras convicciones porque
forman parte de la vida privada de cada uno de nosotros. Debemos romper con los
mandatos sociales, porque no solo justifican un lugar de desigualdad y de
violencia hacia la mujer, sino que no nos permiten apropiarnos y decidir sobre
nuestro cuerpo.
Aquí
estamos para legislar sobre la vida como un derecho fundamental y para legislar
el derecho sobre la salud pública de las mujeres. La pregunta sería: ¿estamos
de acuerdo con la clandestinidad y el enriquecimiento ilícito de los que lucran
con el aborto, o queremos que sea legal, seguro y gratuito? Pregunto esto
porque en la Argentina se seguirán haciendo los abortos.
A
mí la realidad me interpeló. Antes de asumir el cargo de diputada y ocupar esta
banca me desempeñé como oficial de policía y me tocó intervenir en un caso de
aborto provocado. Una vez tuve que ir a un hospital para investigar si
efectivamente cuatro mujeres habían ingresado por aborto provocado. El juez me
ordenó que lleve a cabo esa investigación y trate de conseguir las pruebas.
Para ello me tuve que entrevistar con el médico, a quien pregunté si era cierto
que habían ingresado cuatro mujeres por aborto provocado. Le dije que
necesitaba los nombres y preservar las pruebas. Lo que no me imaginé era que me
iba a encontrar con un médico comprometido con la realidad de esas mujeres.
Cuando
le pregunté quiénes eran esas mujeres, aclarándole que necesitaba esa
información, me preguntó si yo tenía la seguridad de que él me daría esa
información. Cuando le dije que era su obligación brindármela, no me contestó
nada; simplemente se limitó a mostrarme las prendas humildes que habían quedado
de esas mujeres. En esas prendas pude sentir el olor a la miseria, al abandono,
al Estado ausente.
Después
me preguntó si conocía la realidad de esas mujeres y las circunstancias que las
llevaron a tomar una decisión así. Me preguntó si sabía que habían llegado al
hospital por las complicaciones de los abortos que se habían provocado con
agujas y sondas. Le respondí que no. Y le dije que no porque a mí en la Escuela
de Policía me habían formado para perseguir un delito.
A
partir de ahí seguimos conversando acerca de la falta de educación sexual ‑tema
que hoy está en boga también en este recinto‑ y de que hay varias
provincias que no tienen educación sexual. Al salir de ese hospital no podía
hablar. Pero sí tenía una certeza: en qué lugar estaría de ahí en adelante.
La
vida y los ciudadanos me honraron con esta banca, que no es mía. Es de esas
cuatro mujeres, a las que nunca conocí. Es de ese médico que cambió mi mirada
para siempre. Es de Florentina Gómez Miranda, que nos marcaba el camino a los
radicales y a toda la sociedad en las cuestiones de género.
Es
por ello que mi voto será a favor de este proyecto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Vigo, por Córdoba.
Sra. Vigo.- Señor presidente: comenzaré compartiendo los dichos de uno de los
expositores que invitáramos en oportunidad de las audiencias. Me refiero al
doctor Oscar González, quien sostuvo que simplificar estas dos posturas,
aparentemente contrapuestas de modo irremediable, es sin duda alguna la
dificultad inicial de este delicado asunto y posiblemente una de las trampas
que a mi juicio encierra su actual planteo.
Está claro que legalizar el aborto no
debió plantearse como una cuestión ideológica ni política ni de derecha o de
izquierda ni mucho menos subjetiva. Tampoco necesitamos en este debate a los
guardianes ideológicos, que siempre están y que no soportan a quienes piensan
distinto.
Quiero aclarar que incluso tuve la
intención de presentar un despacho de minoría, porque todavía tengo más dudas
que certezas.
Se ha dicho que estamos ante la
existencia de dos vidas: la de la madre y la del niño o niña por nacer. Por lo
tanto, me parece que la mujer no puede ejercer su derecho a decidir libremente
sobre su cuerpo, pues existe otra vida que ineludiblemente se encuentra en su
propio cuerpo. Esa debe ser una de las razones de que, en la enorme mayoría de
los casos, cuando la mujer decide abortar, se le genere un gran dolor que la
acompañará casi toda su vida.
Pero lo cierto es que a todos nos
preocupan también el aborto clandestino, las condiciones inhumanas y el entorno
vulnerable en el que muchas mujeres se practican un aborto, y que además de
todo eso, se las criminalice.
En segundo lugar, como siempre lo he
dicho, el aborto es la consecuencia de algo que se quiere o se ha querido
evitar. El aborto es la excepción, es lo que hay que prevenir. Es decir que si
no prevenimos las causas que lo provocan, estamos comenzando por el final y no
por el principio.
Por eso, insisto en que se hace
necesario implementar políticas de salud y de educación sexual y reproductiva
integrales. El Estado nacional debe garantizar hoy mismo la aplicación efectiva
y unificada de los programas definidos en las leyes 25.673, 26.485, 26.150 y
26.061. Las leyes existen y las políticas públicas están contenidas en ellas.
Solo así las mujeres podrán decidir, ejerciendo plenos derechos de salud, de
educación y atención. Solo junto con eso podemos hablar del aborto.
Esta iniciativa, tal como se plantea,
pone el debate en términos absolutos: se redujo a aborto sí o aborto no. El
primer derecho que a mi juicio debemos garantizar a las mujeres es el de la
contención y la atención, haciendo hincapié en el presente para que puedan
tener futuro. Es necesaria una política de salud pública que asegure a las
mujeres y a las parejas el acceso a una amplia gama de métodos anticonceptivos
e información completa de cómo usarlos correctamente.
Alguien dijo aquí que no se hacía
mención a la otra parte de la relación que engendra un hijo. Ese es en la
actualidad el objetivo de todas las políticas sanitarias en América Latina. No
puede haber una cosa sin la otra; no puede haber aborto legal sin un plan
específico de contención y atención.
Quiero recalcar y reiterar que este
aspecto hoy no existe. En efecto, no existe una política que defina y contenga
al aborto o a las situaciones que éste genera.
Resulta necesario crear nuevas
herramientas y actualizar los sistemas sanitarios. También podemos hacer más
eficaz el sistema, para que las personas puedan dar en adopción a los chicos y
que las familias puedan adoptar rápidamente.
Es necesario poner en valor y sumar
nuevamente la asignación por embarazo desde la ANSES. Debemos planificar para
toda la Argentina. Coincidimos en que, de la mano de estas medidas, es
necesario que la ley no penalice a la mujer, que no insista en criminalizarla
sino que refleje la realidad y evite la revictimización de la que queda
embarazada luego de ser abusada sexualmente.
Muchas de quienes están en esa
situación también se encuentran en un estado de extrema vulnerabilidad. Pero
insisto en que debemos trabajar para que el aborto sea la excepción. Por eso me
preocupa mucho saber –como aquí se ha expresado- en qué se ha pensado desde el
gobierno nacional para readecuar la capacidad sanitaria en todo el país y con
qué recursos se lograría. El ministro no dijo ni una sola palabra de cuáles son
los recursos que se están asignando en ese sentido.
Por otra parte, varias provincias han
alertado acerca de la discontinuidad o la falta de políticas, programas y
recursos que tendrían que bajar hacia ellas para que la educación sexual y los
programas de salud reproductiva se puedan cumplir. Hace dos años y medio que se
vienen en ese camino.
Finalmente, he escuchado a varios
diputados ‑parecería que estuviéramos hablando en otro Parlamento-
referirse al ministro de Salud y a otros ministros que estuvieron exponiendo en
el plenario de las comisiones. No puedo pasar por alto la liviandad del
gobierno nacional en el debate de esta norma, partiendo de la confesión del
presidente, al decir que, como es un feminista tardío, ponía en valor la
posibilidad de este debate. Pero nada dijo él ni tampoco lo hizo el ministro de
Salud –que vino a contarnos sobre sus metas para 2020 cuando ni siquiera
sabemos si ese año seguirá siendo ministro-, acerca de cuáles son las fuentes
de las cifras expuestas. Tampoco mencionó el ministro lo que está pasando en
los territorios, al menos en lo que hace a mi provincia, a la que no concurrió.
Para finalizar, si el gobierno hubiese
tenido realmente la intención de que esto se debatiera, hubiera enviado al
Congreso un proyecto consensuado, pero sobre todo, planificado desde el propio
Poder Ejecutivo.
Por eso, anticipo que voy a pedir que
se me permita abstenerme en la votación de este proyecto, porque me parece que
en este debate el gobierno ha salido de la cancha y simplemente quiere que las
provincias y los municipios hagan lo que puedan, como vienen haciendo, para
enfrentar una cuestión que creo que hay que resolver pero que también debe
estar respaldada por políticas públicas. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Oportunamente se pondrá en
consideración su pedido de abstención, señora diputada.
Tiene la palabra la señora diputada
Banfi, por Buenos Aires.
Sra. Banfi.- Señor presidente: hoy estamos debatiendo una norma que tendrá dos
resultados: despenalizar a la mujer y legalizar la práctica sanitaria para
insertarla en la salud pública.
¿Qué es lo que queremos conseguir con
esto? Con la despenalización queremos que las mujeres recuperen su libertad,
que hoy está condicionada por el Código Penal, y con la legalización queremos
que las mujeres tengan un sistema de salud sexual y reproductiva que las
contenga, con un Estado presente.
Hoy las mujeres mueren, y lo sabemos.
Sabemos que podemos perder la vida y también la libertad.
Este proyecto habla de ampliar los
derechos de las mujeres. Nadie puede arrepentirse nunca de ampliar derechos.
Nadie puede ver amenazada su carrera política por ese motivo.
Ahora bien, no
estamos debatiendo hoy cuándo comienza la vida o cuándo se es persona o si hay
vida humana. Aprendimos de los más de 700 especialistas que pasaron por las
audiencias que la vida humana es una evolución. Insisto, este proyecto no trata
de eso. ¿Saben por qué? Porque si fuera así, pedirían derogar el artículo 86
del Código Penal; si fuera así, pedirían derogar la ley de fertilización
asistida, porque los embriones congelados, por decisión de la madre pueden ser
desechados. Pero no es así. En la segunda se respeta la decisión de la madre, y
en la primera, ¿nos meten presas? En cambio, presentaron un proyecto de
rechazo. ¿Qué significa esto? Nada, que sigue todo igual, que no resolvemos el
problema que tenemos hace cien años.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sra.
Banfi.- Señor presidente: aquí está la
contradicción, producto de la interpelación que les producen las dudas de este
tema. Es un dilema de valores, y en especial es de roles entre los hombres y
las mujeres, esos roles que con esta ley se cuestionan y se resignifican.
Con
esta ley estamos hablando de un nuevo concepto: la maternidad elegida. La
maternidad no es una obligación para las mujeres; es una opción. Por eso
necesitamos poner orden en esto. No queremos más mujeres amenazadas de muerte;
no queremos más mujeres amenazadas en su libertad personal. Queremos mujeres
que puedan elegir libremente.
Escuché
argumentos de los varones que van a votar en contra porque no están incluidos
en la decisión de la práctica del aborto. Miren, señores, el Estado no se puede
meter en la vida de sus parejas. Eso es parte de sus vidas privadas. Ahora
bien, pueden enojarse, pueden pelearse, pueden separarse, pueden odiar a esa
mujer toda la vida; lo que no pueden hacer, señores, es pedirle al Estado que
las meta presas porque esas mujeres no quieren tener un hijo de ustedes. (Aplausos.)
Siento
una profunda admiración por cada mujer que está acá afuera; las mujeres de la
campaña, las chicas de los colegios, las profesionales, las autoras, las
escritoras, las actrices, todas las que están aquí afuera, acá nomás. Hace rato
estuvimos y la calle está llena, vayan. Me supera saber que tengo la
responsabilidad de representarlas hoy. Están esperando de nosotros que seamos
su voz, que las defendamos y las protejamos.
A
ellas les quiero decir que son mi credo. A ellas les quiero decir que no me da
miedo los sacrificios que tengo que hacer para defenderlas. A ellas les quiero
decir que todos los que vamos a votar a favor no queremos salvarnos, no
queremos estar cómodos en nuestra carrera política; solo queremos salvarlas a
ellas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Scaglia, por Santa Fe.
Sra.
Scaglia.- Señor presidente: en este debate
escuché muchos argumentos, muchas historias y reafirmé mi compromiso con la
vida. Algunas historias me marcaron y me hicieron reflexionar. Gracias a todos
los que sumaron su voz.
Detrás
de cada uno de nosotros hay miles de argentinos que también están siguiendo
este debate, y están preguntándose si seremos capaces de representarlos y de
hacer de la decisión de este recinto un lugar de respeto y de democracia.
Hay
argentinos que quieren la aprobación de este proyecto; los respeto y valoro que
hayan hecho sentir su voz. Pero también hay una gran cantidad de argentinos que
defendemos, como yo, las dos vidas. Más de 700.000 firmas llegaron a este
Congreso de la Nación defendiendo las dos vidas. Estamos acá para reflexionar
de lo que pensamos y defendemos; sin ofensas, con respeto y con la seguridad de
saber que estaremos dando un debate con nuestros argumentos. Un debate difícil
y de posiciones encontradas.
Hoy
para mí no quedan dudas. No creo tener el derecho de quitarle la posibilidad de
vivir a nadie. (Aplausos.) Por eso
tampoco podría votar en este recinto a favor de la pena de muerte. Porque
cuando nosotros nos organizamos como sociedad lo hicimos para defender un bien
supremo, que es la vida. Toda vida vale y toda vida es sagrada.
Ser
progresista en serio –es decir, con una visión humanista- exige defender
siempre a los más débiles. Este proyecto de ley no es un avance social; es un
retroceso, porque niega cualquier derecho del niño o niña por nacer. ¿Puedo yo
apoyar una ley que viene a declarar que muchos no tendrán derecho a nacer
porque su madre decide que no es tiempo, no es momento o no son tan perfectos o
capaces para vivir?
Dar
vida es un acto de amor; quitarle la posibilidad de vivir a otro es una
injusticia demasiado grande.
La
vida humana comienza desde la concepción. A partir de ese momento hay un ser
humano en desarrollo, nos guste o no, nos convenga o no, nos importe o no. Los
seres humanos solo podemos engendrar seres humanos. Hay un nuevo ADN distinto
al de la madre y del padre. Es un ser humano en crecimiento desde la primera
célula, que forma nuestro cuerpo en desarrollo, en crecimiento continuo,
constante y que continúa aun después de haber nacido. No nos corresponde a
nosotros dar o quitar el derecho a la vida. Éste es intrínseco a nuestra
naturaleza humana y está protegido por nuestra Constitución Nacional, pactos
internacionales, tratados internacionales y muchas constituciones provinciales.
Vengo
de la provincia de Santa Fe, una provincia que le otorga dignidad a la persona
humana en su Constitución. No podemos, señores legisladores, ir en contra de
nuestras leyes. Cuando asumimos lo hicimos jurando por nuestra Constitución
Nacional. Debemos cumplir con nuestra palabra.
El
aborto es la decisión más dramática que una mujer puede tomar. No podemos negar
que en el aborto una vida se termina. El trauma posaborto existe y deja huellas
imborrables. El aborto ‑digámoslo con todas las letras‑ es el
fracaso de nuestra política pública en prevención y educación sexual. Es el
fracaso de un Estado que no supo acompañar, que no pudo llevar adelante
políticas de prevención eficaces y que no pudo ayudar a las mujeres. Es el
símbolo más concreto de un Estado ausente, que no estuvo cerca, que no escuchó
ni comprendió a las mujeres; no escuchó ni comprendió que las mujeres
necesitábamos políticas e inversión social.
Asumí
este mandato creyendo que juntos podríamos construir un país mejor. ¿Podemos
acaso nosotros como legisladores pensar en un país con oportunidades cuando le
estamos diciendo a muchos que no tendrán el derecho de nacer? En el aborto
gratuito alguien la paga muy caro.
Los
convoco a trabajar juntos en los desafíos que tenemos por delante, para poder
garantizar a las mujeres salud sexual y reproductiva, un embarazo deseado y
planificado, una maternidad plena. Trabajemos para que la Ley de Educación
Sexual Integral no sea una utopía. Pongamos todo el esfuerzo en garantizar
atención obstétrica de emergencia y control prenatal desde el comienzo del
embarazo.
Trabajemos
para que haya un sistema de adopción ágil y eficaz en pos del interés supremo
de los niños y niñas. Hagamos juntos de este Congreso un lugar donde discutamos
las mejores políticas para terminar con la desnutrición infantil. Eso es volver
digna la vida de las mujeres, dar soluciones y construir un país con progreso y
oportunidades. Sé que el camino es más largo, pero vale la pena recorrerlo; la
defensa de la vida nos dice que vale la pena hacerlo.
Mi
negativa a este proyecto de ley es un sí a la vida, a esa vida humana que se
está gestando, un sí al respeto de los niños y niñas por nacer. Es un sí a un
Estado presente, que asume el desafío de cuidar a las dos vidas. Es un sí al
amor, a defender el bien supremo más importante que el Estado argentino tiene
que proteger: la vida humana. (Aplausos)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Asencio, por Buenos Aires.
Sr.
Asencio.- Señor presidente: quisiera hacer uso de
estos pocos minutos para compartir con ustedes el enorme orgullo que significa
para mí participar de este momento histórico representando al millón de mujeres
que habitan mi partido de La Matanza.
Como
concejal mandato cumplido de esa verdadera quinta provincia, y hoy como
diputado, tengo el compromiso de escucharlos y el deber de entender que mi voto
excede mi postura personal.
Me
temo que en este como en otros tantos temas, los argentinos preferimos la
hipocresía a lidiar con la realidad.
Yo
me pregunto cuántos de los que se manifiestan en contra de la despenalización
denunciarían a sus hijas o a una amiga de su hija si se enteraran que practicó
un aborto. Entonces, si no les aplicaríamos la ley a nuestros hijos es porque
la ley está mal, es injusta y no sería aplicable para todos.
Una
interrupción temprana y con medicamentos no es lo mismo que una tardía y
quirúrgica, a la que se llega muchas veces por dificultades económicas o
legales; son estas últimas las que esta ley propone desalentar.
Aprendí
mucho en este último tiempo siguiendo a los expertos y el debate de mis
colegas. Pero agotada la discusión científica y moral, este es un problema
político. Por eso dediqué un tiempo enorme para tratar de entender qué piensan
las personas para las cuales legislamos.
Las
personas que representamos, principalmente en este tema, son nada más y nada
menos que nuestras hijas, hermanas, amigas, vecinas y votantes. A ellas
consulté y para con ellas siento el compromiso de
responder con mis actos.
De
escucharlas realmente aprendí algo: nadie está a favor del aborto. Mejor dicho,
todos estamos a favor de la vida, solo que disentimos sobre la forma de hacer
efectiva esa protección de la vida.
Creo
que es un hecho innegable que miles de mujeres mueren en abortos clandestinos y
que esto no va a mejorar si no hacemos algo. Esto tiene que ser un punto de
acuerdo, y veremos más adelante si hay que hacer algo más o algo distinto, pero
la realidad es urgente. Creo que esta propuesta que votamos hoy es mejor que lo
que hay, al menos en un aspecto.
Esta
ley es controvertida para algunos, sin duda, pero no obliga a nadie a hacer lo
que no quiere y permite a quien lo haría en condiciones peligrosas acceder a
las prácticas en forma segura. Y eso ya puede evitar muertes.
Las
leyes deben tener un compromiso con la realidad. No pueden ser declaraciones de
principios, buenas leyes pero que no se cumplen. Y si las leyes ya no responden
a este tiempo, no tiene sentido decir a la gente que se abstenga o se joda. Con
esta ley el que quiere seguir como hasta ahora sigue, y quien lo necesita sale
de la clandestinidad.
Vivimos
demasiadas grietas en nuestra historia, hasta en estas cosas personales. Como
decían las feministas: “Lo personal es político”. Pero hay que buscar el justo
medio, no quedar atrapado en las falsas dicotomías.
No
sirvió agitar fantasmas en el debate sobre el divorcio, tampoco en el relativo
al matrimonio igualitario, y no sirve ahora porque no peligra nada ni la
familia ni una forma de vida, porque el que quiere seguir viviendo a su manera
lo puede seguir haciendo.
Despenalizar
da más derechos, no promueve ni obliga a nadie. Las leyes están para hacer
realidad los derechos y si es necesario, porque no sirven, habrá que
cambiarlas.
Si
la legislación actual permite que mueran mujeres o que llegado el caso puedan
ser revictimizadas con la cárcel, no pueden ser buenas leyes.
Quisiera
ser crítico o al menos autocrítico en la parte que me toca: no pudimos
transmitir claramente a la sociedad la profundidad de lo que se discute.
El
título despenalización se queda muy corto; solo una pequeña parte del objeto de
debate es un problema de política criminal, y mucho es de políticas de salud
pública.
Una
gran parte de la dimensión del problema no ha podido ser captada por la
sociedad, como la objeción de conciencia, la garantía institucional, las
consejerías y el acceso igualitario a los recursos públicos. Por eso tenemos
que enfatizarlo.
Este
panorama nos muestra que tal vez debimos debatir esto mucho antes. Por eso
también pregunto: ¿qué hicieron muchos de los que hoy lo acompañan cuando
tenían responsabilidades ejecutivas, o quienes lo propusieron, pero no lo
apoyan?
Pero
eso no importa, bienvenida la hora, hagamos pronto ley este proyecto. Y hagamos
cumplir esta ley porque al fin de cuentas y a nuestro modo todos estamos a
favor de la vida. No podemos hacer oídos sordos a lo que está pasando en la
calle porque sería un error político.
Por
otra parte, agradezco a mi espacio político por respetar mi libertad de
conciencia y decisión, en especial al líder del espacio, Sergio Massa.
Mi
voto será afirmativo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Cabandié, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Cabandié.- Señor presidente: la verdad es que ser
parte de este momento histórico es muy grato. Por eso me parece que lo que
estamos configurando y haciendo en el día de hoy es algo histórico. Agradezco a
mi fuerza política por permitirme ser parte de este acontecimiento y también, por supuesto, a los
electores.
En
mi caso particular, no tuve hace mucho tiempo una postura clara al respecto.
Como muchos fui parte de aquellos que se concientizaron en el último tiempo, a
partir de lo que significó el movimiento de mujeres Ni Una Menos, la lucha por
la igualdad de género y también, obviamente, esta discusión que estamos
llevando en el día de hoy.
Muchos
somos producto de eso y en estos últimos tiempos hemos podido tomar una postura
al respecto, a partir de la concientización por la que fuimos alcanzados. Eso se
lo debemos íntegramente a ese colectivo de mujeres que hoy está expresándose en
las calles de distintos lugares de la Argentina.
Al
mismo tiempo, ese mujerío –como dice la historiadora Dora Barrancos‑ nos
concientizó y nos lleva a plantear algunas cuestiones, porque indefectiblemente
estamos hablando de un tema de salud pública, y es importante destacar –como
muchos otros lo han hecho en la jornada de hoy‑ lo que significó la
legalización de la práctica de la interrupción del embarazo en otros países.
Que
los países del hemisferio Norte, sobre todo los desarrollados, hayan reducido
la mortalidad materna demuestra que es un tema pura y exclusivamente de salud
pública. Lo mismo sucede con algunos países del hemisferio Sur, algunos en vías
de desarrollo, como los casos de Uruguay y Australia.
Lo
cierto es que hoy tenemos la oportunidad de subir un escalón en pos de otorgar
un derecho a esas mujeres que necesitan decidir sobre sus cuerpos.
También
me parece importante destacar la cuestión de los cambios. Si bien es cierto que
hace mucho tiempo tuve una postura respecto del aborto no punible, también lo
es que esa concientización que muchos adquirimos se debe a un cambio y nosotros
nos permitimos cambiar. Hace bastantes horas –creo que a las doce- un señor
diputado del bloque oficialista se manifestó con palabras un poco incorrectas.
Creo que ese diputado joven tiene la posibilidad de cambiar. Está en Cambiemos
pero tiene la posibilidad de cambiar sus posturas conservadoras o vetustas que
lo llevaron a efectuar reflexiones un poco llamativas, como por ejemplo
intentar establecer un paralelismo entre el terrorismo de Estado y este
proyecto de ley, que promueve una ampliación de derechos.
La
verdad es que incurrió en un negacionismo al plantear que nunca nos animamos a
tanto, refiriéndose a la dictadura militar y a la democracia. Eso implica un
desconocimiento. En otros países, como por ejemplo algunos de Europa, el
negacionismo, que en definitiva fue lo que hizo ese señor diputado, está
penado. Pero no quiero detenerme en esta cuestión porque ello implicaría
apartarnos de la cuestión de fondo.
Me
parece que debemos tener muy en claro que si se pretende caer con todo el peso
de la ley sobre las mujeres que practican abortos y al mismo tiempo se intenta
mandar a sus casas a personas que han cometido vejaciones, violaciones y
asesinatos de niños, que son aquellas que cometieron delitos durante la
dictadura militar, estamos ante una contradicción importante.
Por
eso creo que debemos establecer claramente que en definitiva ese señor diputado
que mencioné anteriormente se estaba refiriendo adónde estaba parado yo. Cuando
Nora Cortiñas y yo nos saludamos hoy en los pasillos me dijo que durante la
época de la dictadura militar, en muchas ocasiones, las mismas personas a las
que algunos funcionarios actuales intentaron mandar a sus casas con el
argumento de que son viejitos también cometieron delitos contra mujeres,
hombres y niños, asesinándolos. Algunos nacimos y pudimos vivir, pero otros no.
Nora
Cortiñas también me recordó algo doloroso: muchas veces, durante las sesiones
de torturas, se introducían cucharas en los genitales de las mujeres a fin de
aplicarles posteriormente la picana en esos lugares, destruyendo así todo lo
que el metal alcanzaba.
Entonces,
la verdad es que quiero decirle al señor diputado al que hice referencia y se
preguntaba dónde estoy parado, que lo estoy del lado de las mujeres que están
aquí y que desde hace tiempo vienen luchando por este derecho. Me encuentro del
lado de las mujeres que desean tener derechos sobre sus cuerpos, del lado de
las mujeres que necesitan tener sus partos deseados en lugares legales y del
lado de las mujeres que por distintas circunstancias desean interrumpir sus
embarazos no deseados.
De
manera tal que estamos ante un momento trascendental y creo que es un día en el
que debemos ser sinceros. Más allá de que la ley se sancione o no –espero que
ocurra lo primero-, los abortos se van a seguir practicando. Consecuentemente,
me parece que debemos pensar que todas las mujeres tienen derecho a interrumpir
sus embarazos no deseados mediante la práctica de abortos en lugares que sean
legales. Durante estos años hubo muchas mujeres que no pudieron hacerlo, como
ocurrió en el caso de mi madre y de otras.
Por
lo tanto, espero que este proyecto de ley obtenga la correspondiente sanción de
esta Honorable Cámara para que las mujeres puedan elegir y tener derechos sobre
sus cuerpos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Carrizo, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Carrizo (A.C.).- Señor presidente: siento un enorme orgullo por pertenecer al bloque Evolución
Radical. Como dijeron el señor diputado Martín Lousteau y la señora diputada
María Teresita Villavicencio, los integrantes de esta bancada defendimos,
argumentamos y vamos a votar en favor de la legalización del aborto en la
Argentina.
Tenía
dudas en cuanto a la posibilidad de hacer uso de la palabra o no. Creo que aquí
se ha dicho todo. Algunos lo han hecho muy bien, mucho mejor de lo que podría
hacerlo yo.
Simplemente
deseo compartir cuatro reflexiones con mis colegas después de diez horas de
debate, a partir de algunas cosas que he escuchado y que en algunos casos me
sorprenden, mientras que en otros me molestan.
En
primer término, se ha dicho que hoy es un día histórico en la Argentina, lo
cual es cierto. Es la primera vez que se debate un tema que ha sido tabú en la
política de nuestro país, a tal punto que en el único debate presidencial
realizado en la Argentina en los más de treinta años de democracia que llevamos
esa cuestión ha sido expresamente excluida de la discusión. No supimos o no
quisimos incluirla. En consecuencia, debatir hoy este tema constituye un hecho
histórico.
Pero
también debemos ser conscientes de que no tenemos que ser poco ambiciosos. En
otras palabras, llegar a debatirlo no es una conquista, mientras que la audacia
consiste en aprobarlo.
Este
debate me recuerda al que tuvimos en junio de 2016, cuando el proyecto de ley
de paridad de género obtuvo la correspondiente sanción de esta Honorable
Cámara. Ese día, al igual que hoy, las mujeres, adolescentes y niñas de la
Argentina se autoconvocaron en la Plaza de los Dos Congresos.
La
palabra de hoy es vigilia, un término muy católico para un proyecto de ley muy
secular. ¿Qué significa vigilia? Significa intensidad, la adrenalina de estar
despierto, en vela. Las mujeres sabemos esperar. Pero los señores diputados que
están hoy aquí se equivocan si creen que solamente se hace historia debatiendo.
Si eso es así, esta no va a ser la historia que construyamos. La historia la
van a construir quienes están hoy afuera, armando un blindaje social que va a
permitir escrutar el modo en que votemos.
Eso
es lo que hoy está en juego, es decir, no exaltar el hecho de haber llegado
acá, sino la posibilidad de tener la audacia necesaria para aprobar este
proyecto de ley.
En
segundo lugar, aquí se habló de las mujeres pobres de la Argentina, lo que
guarda relación con el tema de la paridad. Se las ha interpretado y dicho que
las mujeres pobres de nuestro país tienen dignidad cuando son madres. Pero la
verdad es que esto no lo sabemos porque en la Argentina el cupo –esto es una
evidencia y no una intuición- llevó al Congreso Nacional a las mujeres de las
clases media y alta de nuestro país. Esto significa que en las bancas de las
dos cámaras que integran este Parlamento no hay mujeres pobres.
Por
lo tanto, no las tenemos que seguir interpretando. El desafío de la paridad es
que no solamente llegue al Congreso Nacional un feminismo con sesgo y
consciencia de clase, sino que además necesitamos que ellas se representen a sí
mismas. Hoy se encuentran en las plazas, pero no en las bancas de este
Parlamento.
El
desafío de la paridad no consiste en que haya más mujeres sin políticas para
las argentinas, sino en que todas –las de las clases baja, media
y alta- puedan decir que generamos políticas para ellas.
Tan
así es que el caso de Ni una Menos es la historia de esa ausencia y falta de
representatividad. En otras palabras, mujeres en el Congreso Nacional, pero sin
políticas para las mujeres argentinas.
No
crean que esas mujeres que se autoconvocaron y fueron lideradas por periodistas
se van a silenciar si este proyecto de ley no es aprobado en esta Cámara de
Diputados.
En
tercer término, se habló del tema de la adopción. La verdad es que molesta que
se crea que la adopción es un acto de caridad y mucho más que ella pueda ser,
acaso, un acto de coacción. Incluso cuando escucho decir eso a algunas mujeres
que quieren legalizar la adopción desde el vientre, me asusto. Se trata de algo
que asusta a los adultos y que haría lo propio con cualquier niño que lo
escuche.
La
adopción es una construcción filial, una elección y libertad, pero no coacción,
tortura o necesidad en el sentido de una coacción.
Finalmente,
se habló de federalismo. A mí me sorprende porque la Constitución debe haber
sido una de las figuras más nombradas tanto por quienes están a favor como por
quienes están en contra. ¿Saben qué? Los 257 que estamos acá juramos por la
Constitución Nacional. ¿Pero saben qué juramos? Que nosotros no representamos a
ninguna provincia argentina; somos diputados de la Nación, representamos lo que
tenemos en común y no lo que nos hace distintos. (Aplausos.) Primero argentinos; después porteños, tucumanos o
riojanos. El federalismo no da derechos a arrogarse representatividades que el
Congreso no otorga.
Aquí
hay una gran reflexión que quiero compartir con ustedes. Algunos de nuestros
colegas de sus provincias han venido a decir a este recinto que representan a
esos pueblos. Algunos realmente tienen un dilema; lo hemos compartido y lo
hemos hablado. Sienten un dilema, una cuestión de valoración, de conciencia,
pero hay otros –y todos lo sabemos y tenemos que sincerarnos; somos políticos-
que dicen: “Yo lo votaría, pero pierdo votos. Tengo un costo político”. Y yo
les pregunto a ustedes: ¿cuántos votos sale la vida de mujeres, de niñas y de
madres reales? ¿Cuántos votos cuesta la vida de una persona?
¿Saben
qué? A ellos, sean radicales, sean peronistas, sean de cualquier provincia, les
digo lo que aprendí cuando decidí ser radical. Como dijo Yrigoyen: “Que se
pierdan mil provincias, pero la vida es un derecho”, y los derechos no tienen
costo ni tienen precio. Esperemos que este proyecto se apruebe. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Wolff, por Buenos Aires.
Sr.
Wolff.- Señor presidente: quiero decirle que
antes de decidir mi postura respecto a la votación que a la brevedad vamos a
llevar a cabo, me hice muchas preguntas.
El
primer cuestionamiento es si estoy en contra o a favor de la interrupción
voluntaria del embarazo. La respuesta que encontré no solo en cuanto a mis
valores sino respecto a mi accionar a lo largo de mi vida fue claramente que
estoy en contra de esa interrupción. Por eso, nunca la promoví y tampoco sugerí
ni sugeriría a ninguna mujer que lo hiciera.
Una
vez clarificado esto, me pregunté cuál era el eje en torno al cual estábamos
basando la votación que hoy llevaríamos adelante.
¿Mantener
las cosas como están contribuye a la disminución de interrupciones voluntarias
de embarazos? La respuesta a la que arribé fue negativa. No conozco una sola
mujer que me dijera que dejó o dejaría de hacerlo por el mero hecho de ser
hasta hoy ilegal.
¿Estamos
debatiendo una ley que va a promover la interrupción voluntaria del embarazo
como método anticonceptivo, como han dicho muchos? La respuesta que encontré
también fue negativa. No conozco a ninguna mujer que vaya a utilizar este
accionar siempre traumático, siempre difícil, como forma de prevenir la
gestación de un hijo.
Y
ahí fue cuando me pregunté si estábamos votando una ley que va a permitir a
partir de ahora a una mujer interrumpir la gestación de una vida, y la
respuesta también fue negativa porque en estos tiempos, hoy, a esta hora, una
mujer ya puede decidir, amparada por la ley vigente, la interrupción de una
vida cuando la relación sexual que la gestó fue producto de una violación.
Además puede hacerlo sin que medie denuncia penal alguna en muchas de nuestras
provincias.
Aprobada
esta ley, no seremos más los legisladores comisarios de la ética que
instrumentan leyes que condenan a quienes desean interrumpir su embarazo
producto de una relación consentida.
No
tenemos que arrogarnos el rol de legisladores- jueces morales que multiplican
la condena para quienes cayeron en la supuesta inmoralidad de aflojar sus
voluntades a la hora de tener relaciones.
Con
esta ley dejaremos de castigar a las que sí quisieron tener relaciones y
estarán en pie de igualdad con aquellas que no. Serán entonces las madres las
que tendrán el derecho de resolver en función de sus valores -y no de los
nuestros- qué hacer con esas vidas.
¿Estamos
con la aprobación de esta ley yendo en contra de la línea que promueve la
información, la educación sexual y la toma de conciencia de la responsabilidad
que tenemos como seres humanos? También la respuesta fue no.
¿Tengo
algún derecho a decirle a una mujer que colocó mal su diafragma, a la que se le
perforó un preservativo, a la que su ginecólogo le colocó mal un DIU o que solo
desea interrumpir su embarazo por decisión propia que condicione su libertad o
su planificación personal o familiar a los valores de esta Honorable Cámara? La
respuesta también fue no.
Por
eso, después de tanto pensar, se me ocurrió en el último tiempo preguntar a
cuanta persona conozco si, por ejemplo, en caso de que su hija, su ahijada, su
vecina, la amiga de su hija o su pareja eventual viniera y le dijera que ayer,
justo ayer, interrumpió voluntariamente su embarazo, la llevaría a la comisaría
más cercana a entregarla producto de haber infringido la ley vigente. Y la
respuesta fue siempre y cada vez “no”. Indudable, culposa y sinceramente no.
Esta
respuesta me llevó a hacerme una última pregunta que quiero compartirla y
hacerla a la más noble conciencia cívica de aquellos que consideran que abortar
es un asesinato. Si la mayoría de nosotros, por no decir todos, no hizo nunca
una denuncia, ¿no somos todos cómplices de las ilegalidades que vimos,
silenciamos y consentimos?
Si
esta ley se aprueba, como yo espero que así sea –porque así voy a votar‑,
lamentablemente mañana va a haber la misma cantidad de interrupciones
voluntarias de embarazos que hay hoy, ¿pero saben qué? Van a ser a la luz del
día; van a ser sin que las mujeres que lo decidieron pasen vergüenza; van a ser
con control médico; van a ser con control a los médicos; van a ser sin que sea
negocio para los que juegan con la vergüenza de la sociedad; van a ser sin que
nosotros, los legisladores, nos transformemos en un tribunal moral respecto de
quién consiente o no a la hora de tener sexo; van a ser sin que nos mintamos
nosotros diciendo que no conocemos a nadie y no sabemos dónde se hacen.
Finalmente,
lo más importante es que, si se aprueba esta ley, la Argentina va a ser un país
con menos hipocresía. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Ávila, por Tucumán.
Sra.
Ávila.- Señor presidente: lo que hoy estamos
debatiendo no es una cuestión partidaria, no es una cuestión política ni es una
cuestión ideológica. Estamos discutiendo una cuestión de conciencia, y por eso
los 257 diputados vamos a votar a conciencia. Estamos debatiendo una cuestión
moral. En definitiva, estamos discutiendo una cuestión de valores.
He
escuchado a varios diputados nacionales decir que quienes nos oponemos a la
legalización irrestricta del aborto no tenemos propuesta, pero están
equivocados. Sí tenemos propuesta, y nuestra propuesta es la vida, ni más ni
menos. La vida. Sostengo que la vida no tiene precio. Defiendo los derechos
humanos de todos, no de unos sí y de otros no. Generalmente, me inclino por los
más vulnerables.
Señor
presidente: considero que un hijo no es propiedad de la madre; es una vida
propia. No podemos cosificarla ni descartarla, pues eso forma parte de la
denigración de nuestra humanidad.
Defiendo
la vida desde el momento de la concepción. Estoy convencida que es una bandera
irrenunciable de la democracia argentina. Ninguna construcción discursiva puede
justificar el sacrificio de una vida indefensa. Me duele ver cómo vamos
perdiendo el valor de la vida en la Argentina. Me duele de verdad, de corazón;
me duele cómo vamos perdiendo el valor de la vida de uno mismo, de los otros,
de todos.
Por
ello, señor presidente, afirmo que toda vida vale. En la Argentina toda vida
vale. Estamos hablando de aborto. El aborto es un acto de violencia contra la
mujer y el niño por nacer. El daño de la práctica del aborto –creo que en este
punto coincidimos todos- es irreparable para la mujer. La vida es un bien
supremo. Sin vida no hay personas; sin vida no hay Estado, no hay sociedad ni
derechos.
El
aborto, tal como lo estamos definiendo, es un anacronismo. Lo que se quiere
designar con este nombre representa un homicidio en el seno materno. Ese ser,
ese bebé que tenemos en la panza cuando estamos embarazadas, es una persona
indefensa. Es distinto a la madre y al padre; es otro ser. Tiene otro ADN, es otro
ser y es indefenso.
Señor
presidente: hay algo que me preocupa y que lo he visto reflejado en el primero
de los proyectos y está insertado –de manera casi encubierta- en el dictamen de
mayoría. Se trata del aborto por malformaciones, deficiencias genéticas o por
cualquier tipo de enfermedad. Me preocupa mucho este punto, porque creo que nos
está conduciendo al aborto eugenésico. Como civilización, esto es un retroceso.
Nos estamos asemejando a la brutalidad que tenían los griegos y los romanos
primitivos que arrojaban a los niños débiles o discapacitados desde lo alto de
los montes. No hace menos de un siglo se escondía a los discapacitados y se
avergonzaban de ellos. Hoy, se los quiere eliminar. Debo confesar que soy una
ferviente del colectivo del Síndrome de Down. Cada vez que nos cruzamos con
alguno de estos jóvenes en los pasillos de este Congreso nos alegran
la jornada pues son seres llenos de luz. No he escuchado a ningún diputado
decir que en los países del Primer Mundo bajan los índices de embarazos no
deseados. ¿Qué pasa con los niños que tienen el Síndrome de Down? Hay países en
donde ya no existen y, en las naciones del Primer Mundo, cada vez son menos.
¿Por qué no hablamos de eso?
¿Ustedes
creen de verdad que el aborto no se utilizará como método de control de la
natalidad de la Argentina? ¿Ustedes creen de verdad que no surgirán clínicas
privadas que van a lucrar con esta ley?
No hay duda que existen muchos diputados con buenas intenciones. Pero, ¿ustedes
creen de verdad que esto no va a suceder en la Argentina si se sanciona este
proyecto? ¿Qué es lo que buscamos en la Argentina? ¿Buscamos traer hijos a la
carta? Conmigo no cuenten para eso.
Señor
presidente: esta Honorable Cámara tiene una decisión trascendental. Tenemos que
definir entre la vida o la muerte; no hay términos medios. La muerte por aborto de un ser indefenso no
es la solución al problema planteado en esta ocasión. No hay excusa que
justifique su eliminación.
Asimismo,
lamento que las propuestas que tenemos otros diputados no sean incluidas a fin
de ser debatidas en esta sesión. Se ha hablado de cuáles son las soluciones
eficaces: educación sexual, acompañamiento a la mujer y al niño por nacer,
mejoras del sistema de adopción y el retorno a un programa integral, no solamente
en el aspecto sexual. Además, es importante tener en cuenta que debemos
fortalecer y consolidar los vínculos familiares. La familia es la primera
esencia de toda sociedad.
En
mi provincia –Tucumán- la mayoría de sus habitantes se han puesto de acuerdo en
algo: al niño por nacer se lo ama y defiende; a la mujer embarazada, se la
cuida y protege. Esto ha quedado demostrado en la última movilización
–multitudinaria e inédita- realizada el día domingo. Los tucumanos salimos a
las calles a decir que estamos a favor de la vida. Porque, en Tucumán, toda
vida vale. En la Argentina toda vida vale; en el país toda vida vale. En
Tucumán no sobra ni va a sobrar nadie, señor presidente. En ese territorio
–cuna de la Independencia- defendemos la vida. Estoy segura y me animo a decir
que los tucumanos recibiríamos con los brazos abiertos a los niños no deseados,
a los niños que se pretende eliminar.
Finalmente,
hace 208 años un puñado de argentinos valientes y revolucionarios inició el
camino de la independencia argentina con el objeto de construir una patria
grande. Patria significa paternidad, es el legado de nuestros padres, de
nuestros próceres. Nosotros tenemos que honrar a esos próceres y a ese legado.
Voy
a votar por el derecho a la vida, por el cuidado y la defensa de las dos vidas;
voto para salvar en la Argentina las dos vidas siempre. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Quiero brindarle alguna
información a los señores diputados.
Hay
una lista de oradores con cien diputados anotados para hacer uso de la palabra.
En otras sesiones, más ordenadas por bloques, apelé al sentido común, mucho más
hoy, debido a que se encuentra mucha gente en la calle y hace frío. Por ello,
les pediría a quienes conducen a los sectores verde y celeste –por ponerle
alguna denominación- que formulen alguna propuesta para reducir la cantidad de
oradores con la idea de culminar la sesión en un horario lógico, sobre todo
–repito- por la gente que está esperando en las inmediaciones del Congreso.
Tiene
la palabra la señora diputada Mayda Cresto, de Entre Ríos.
Sra.
Cresto.- Señor presidente: he manifestado con
anterioridad mi rechazo a este proyecto de ley porque defiendo la vida.
Hay
un derecho a la vida que se le reconoce a toda persona por el simple hecho de
estar viva. Es un derecho a la vida; es el más importante porque precede a
todos los demás. Sin vida no se puede gozar de ningún otro derecho. Nuestro
sistema jurídico lo reconoce como el derecho más fundamental y absoluto de
todos.
Rechazo
este proyecto porque estoy convencida de que la muerte no se puede resolver con
más muerte. Si hemos fracasado desde el Estado en la implementación de
políticas de prevención en lo social, sanitario y educativo –para prevenir los
embarazos no deseados- considero que el aborto no es la solución.
Todos
los diputados tuvimos la oportunidad durante dos meses de participar en un
plenario donde más de 700 expositores nos brindaron herramientas fundamentales
para llegar hoy a tomar una decisión sólida, bien fundamentada. A todos ellos
les agradezco porque fue importante para nosotros la realización de ese
plenario. Desde diferentes ópticas nos fueron mostrando distintas realidades
avaladas en lo científico, jurídico, social, o simplemente nos contaron las
experiencias vividas.
Como
diputada tuve la posibilidad de invitar a algunas personas al plenario.
Lamentablemente tres de las cuatro entrerrianas propuestas tuvieron un terrible
accidente en la ruta 14 el 29 de mayo viniendo al plenario y no pudieron
llegar. Ellas son Noelia, Jazmín y Ligia, a quienes agradezco profundamente el
compromiso asumido.
Noelia
tenía una linda historia de vida para contarnos. Vivió la triste realidad de
atravesar un embarazo no deseado. Felizmente hoy tiene a su hija porque contó
con la contención y el cariño de su familia que, a pesar de vivir una situación
de desesperación, la ayudó a decidir por la vida. La verdad eso nos pone muy
contentos. Pero no todas las mujeres tienen esa posibilidad.
¿Ustedes
conocen alguna madre que se arrepienta de haber tenido a sus hijos? Yo no. Sin
embargo, conozco a muchas mujeres arrepentidas por haber abortado, que incluso
sacan cuentas de cuántos años tendrían sus hijos. Esa es la realidad. El aborto
sí lo cambia todo. Eso quería contarnos Ligia, otra de las mujeres que no pudo
exponer. Nada es igual a partir de atravesar una situación traumática como el
aborto. Hablamos de un proceso difícil y lleno de sufrimiento. Un embarazo no
deseado realmente es un problema personal y social. Hay un brusco cambio en los
planes de vida, sobre todo si se trata de un adolescente porque el riesgo es
mayor. Obviamente, si termina en aborto, el riesgo se acentúa.
Muchos
comentaron que después del aborto puede aparecer el síndrome post aborto que
deja irreversibles consecuencias físicas y psicológicas. Entiendo que tenemos
que atacar fuertemente las causas para encontrar la salida. Específicamente
aludo a las carencias, solucionadas a partir de la contención y el amor.
Seguramente si Noelia no hubiera estado contenida por su familia, hoy no
tendría a su hija al lado. Esa hubiera sido su realidad. Por ello, entiendo que
es muy importante la contención, el cariño y la familia. Tenemos que trabajar y
lograr medidas reales y concretas.
Por
otra parte, Ligia tenía la intención de señalar que todos vinculan el aborto
clandestino con la pobreza. La verdad es que las jóvenes de bajos recursos son
las que más valoran la vida. Conozco muchas mujeres que no solamente traen al
mundo a sus hijos, sino que además adoptan a otros niños no deseados del
barrio. En el aborto está en juego la vida de un inocente y es la madre la que
pone en riesgo su propia vida. No existe aborto seguro por más que sea legal y
gratuito. Del aborto no se vuelve. Nos podemos arrepentir de cualquier otra
cosa, pero del aborto no se vuelve. No lo podemos corregir. Hay una vida que no
se recupera más. Hay una madre que va a sufrir el resto de su vida.
Jazmín
Miño, otra expositora que no pudo llegar, entiende que ponemos en la misma
balanza a la vida y a la libertad, sin tener en cuenta que mientras a la
libertad podemos recuperarla, a la vida no. Estamos transformando el lugar más
seguro, el más protector como es el vientre materno, en un lugar totalmente
oscuro e inseguro. Reitero: estamos intentando solucionar la muerte con más
muerte.
Yo
no soy nadie para negarle a alguien el derecho a vivir. Nadie es dueño de la
vida de otro ser humano.
Al
abortar la mujer no pierde un miembro o un órgano. La madre naturaleza quiere
que por un corto tiempo la mujer lleve adentro a una personita que también
tiene derechos.
Estoy
acá para defender y proteger todas las vidas. Estoy para defender a los más
vulnerables, motivada por mi formación y mis convicciones. Mi postura no es
religiosa ni personal, sino política porque pertenezco a un movimiento
cristiano y profundamente humanista que es el peronismo. Soy peronista. Por esa
razón, no votaré afirmativamente este proyecto de ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Snopek, por Jujuy.
Sr.
Snopek.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero referirme a este debate en particular.
Valoro
que en el plenario de las comisiones se haya abierto el debate a más de
setecientos expositores con el fin de ilustrar al conjunto de los diputados que
integramos esta Honorable Cámara de Diputados para que, en definitiva, llegado
el momento, votemos a conciencia y con conocimiento de causa.
Por
otro lado, tengo la sensación de que este debate ha sido funcional a tapar los
verdaderos problemas que ocurren en la Argentina: la inflación, la pérdida del
poder adquisitivo frente a la inflación y la crisis financiera que preocupa a
todos los argentinos a lo largo y ancho de esta bendita patria. Pareciera que
no se encuentra el camino del desarrollo y el crecimiento para los argentinos.
Por
otra parte, me parece que este es un debate foráneo que el mundo nos quiso
imponer hace un tiempo cuando algunas fundaciones internacionales con
cuantiosos capitales apuntaron a disminuir la tasa de natalidad, costara lo que
costara, aunque en el proceso se mataran niños y se instaurara la cultura del
descarte y el aborto, tal como ocurrió en Latinoamérica y otros países.
Por
otro lado, se habla de mareas humanas de determinado color. Reivindico las
marchas por la vida realizadas a lo largo y ancho de la Argentina donde
millones de personas se expresaron a favor de salvar las dos vidas. (Aplausos.) Ellas no quieren ser
obligadas a elegir entre preservar las vidas de las madres, que por
desesperación o vulnerabilidad tomaron la terrible decisión del aborto, y la de
los niños en el vientre materno. Quienes juramos por la Constitución, tenemos
que defenderlos.
Asimismo,
en instantes aludiré al tema jurídico por el cual votaré a favor de la vida.
La
fuente de todos los valores y derechos es la vida, tal como está plasmado en la
Constitución, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención
sobre los Derechos de los Niños. Esta última lo ratifica en su artículo 2°,
entendiendo por niño a todo ser humano desde la concepción hasta los 18 años de
edad. Es decir que el Estado argentino en su Constitución de 1994 definió que
desde la gestación el niño tiene el derecho a la vida. Eso tenemos que
preservarlo y valorarlo el conjunto de los diputados.
Con
referencia al aspecto científico, en las audiencias públicas he pedido al
doctor Seoane que asistiera a dar una exposición. El doctor Seoane, que es el
director médico de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica
Argentina, dijo con claridad lo que la ciencia ya determinó hace mucho tiempo:
que hay dos gametos, el femenino y el masculino, y que cuando ambos se juntan
se forma un nuevo ADN. En ese instante se inicia el proceso de la vida, que es
un ciclo continuo y dura hasta el final. Es decir que no hay otro momento, como
por ejemplo el de las catorce semanas, para decidir que empieza la vida, porque
no hay momento del ser humano que pueda definirse como “sin vida”, en oposición
a otro “con vida”. Desde el momento mismo de la concepción, la ciencia ha determinado
que hay vida humana en el vientre materno. ¿Qué otra cosa puede haber si no
vida humana? La ciencia lo ha dicho hace ya mucho tiempo.
Veamos
el asunto desde el punto de vista de la salud pública. Se dice que la
determinación que debemos tomar los diputados tiene que estar basada en la
salud pública. Pues bien, en la Argentina de hoy el aborto no es un problema de
salud pública. El 98 por ciento de las muertes de nuestras madres se debe a
causas que nada tienen que ver con el aborto. Esto quiere decir que hay muchas
cosas que tiene que hacer la salud pública en la Argentina antes de pensar en
el aborto. Esto no quiere decir que no debamos valorar y ver cómo preservar las
cuarenta y tres vidas de madres que se pierden anualmente en la Argentina. Para
ello, el Estado tiene que hacer todo el esfuerzo que esté a su alcance para que
esas madres no lleguen a la situación del aborto, que, como dije antes, es la
cultura del descarte.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sr.
Snopek.- En cuanto al aspecto presupuestario de
la salud pública, este proyecto debió haber pasado por la Comisión de
Presupuesto y Hacienda. Si bien en la Argentina tenemos un Ministerio de Salud
Pública con cuantiosos recursos, los que realmente velan por la salud pública
son los Estados municipales y, principalmente, provinciales. Los hospitales
dependen de ellos. Y resulta que acá quieren determinar de buenas a primeras
los recursos que tienen los hospitales públicos en la Argentina. Como ha
expresado muy bien un colega de Salta, hacen falta más recursos para poder
atender las enfermedades y problemas de salud en su conjunto. Y resulta que, de
aprobarse este proyecto de ley, vamos a fijar a los hospitales públicos un
tiempo máximo de cinco días hábiles para que atiendan a las mujeres que quieran
ir a abortar, mientras que otras mujeres se van a morir ‑porque hoy se
están muriendo‑ por falta de atención, o porque no hay suficientes
médicos, insumos o salas de quirófanos. Es decir que, desde el punto de vista
de la salud pública y de su presupuesto, no se ha girado el expediente tal como
lo determina el reglamento de esta Cámara, esto es, estudiando previamente la
materia presupuestaria del proyecto de ley.
En
cuanto al tema de las convicciones propias, varios señores diputados han dicho
en este recinto que cualquier funcionario público, al momento de tener que
tomar una determinación, debería despojarse de sus convicciones propias. Esto
no es así. Se trata de una concepción errónea del hombre. El hombre es un ser
único e irrepetible, pero además indisoluble. No podemos decir al hombre, que
es cuerpo, mente y espíritu, que antes de entrar al recinto deje sus
convicciones en una valija.
Mis
convicciones se basan en una formación profundamente humanista y cristiana, y
me dictan que tenemos que valorar y defender la vida desde el momento de la
concepción. Quienes, además, hemos sido formados en la doctrina nacional
justicialista, que se basa en el amor al prójimo, también valoramos la vida
humana desde el momento de la concepción, ya que la entendemos como un don
divino.
Les
pido a mis pares, y sobre todo a quienes compartimos esa hermosa doctrina, que
no acompañen el proyecto de ley en tratamiento. Mañana mismo podemos empezar a
trabajar juntos en un proyecto de ley del que fuimos cofirmantes varios de los
diputados aquí presentes, que versa sobre la protección integral de las madres
y de las niñas y niños por nacer. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Volnovich, por Buenos Aires.
Sra.
Volnovich.- Señor presidente: ¿qué podríamos
decidir las mujeres, como sujetos empoderados, si no podemos decidir siquiera
sobre nuestros cuerpos?
Hay
dos hechos que hicieron posible estar discutiendo este proyecto ahora. En primer
lugar, las mujeres empoderadas se convirtieron en un sujeto social y político
innegable.
Sr.
Presidente (Petri).- Pido silencio a los señores
diputados.
Continúa
en el uso de la palabra la señora diputada Volnovich.
Sra.
Volnovich.- Gracias, señor presidente.
De
hecho, esas mujeres están hoy ahí afuera, dando muestras de una fuerza y
convicción emocionantes.
En
segundo término, las mujeres nos hemos convertido en impulsoras y protagonistas
de un proceso de resistencia. El feminismo es una respuesta política
organizada, popular y diversa que se ha construido colectivamente. Es una
revolución, porque implica un completo cambio de paradigma. Esto no es casual,
ya que somos hijas y nietas de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo,
esas primeras mujeres que salieron a la calle con sus pañuelos blancos cuando
desaparecían a sus hijos e hijas.
Somos
también las que aprendimos de las mujeres piqueteras, que fueron aquellas
primeras mujeres que salieron a resistir el ajuste y la privatización cuando
sus maridos se quedaban sin trabajo.
Al
mismo tiempo, somos las compañeras de Cristina Fernández de Kirchner, que se
atrevió a cometer un pecado mortal: ser mujer y enfrentarse al poder. Eso le
valió un embate machista y misógino contra su persona sin antecedentes, salvo
el de la querida Evita.
Tampoco
es casual que hayamos sido las mujeres las primeras en haber hecho un paro al
gobierno del presidente Mauricio Macri. Como nos muestran las mujeres que hoy
están afuera, el empoderamiento femenino es una pesada herencia que recogió las
luchas históricas del movimiento de mujeres y que se masificó con el “Ni una
menos”. Este fenómeno ocurrió entre 2003 y 2015, y fue potenciado
sistemáticamente por políticas públicas de inclusión, de promoción y de defensa
de los derechos de las mujeres.
Déjenme
recordar también que nuestra fuerza política, Unidad Ciudadana, fue la primera
que conformó sus listas respetando la paridad de género, incluso antes de la
sanción de la ley de cupo. Por el contrario, el modelo económico actual, que se
dice feminista, parece una usina de dolor: el dolor de miles de mujeres que
cada vez más serán empujadas a tener que abortar en la clandestinidad, si es
que este proyecto de ley no se aprueba.
Nos
alegra verdaderamente que haya diputados y diputadas de todas las fuerzas
políticas dando esta batalla. Hemos logrado los consensos necesarios para dar
respuesta a la sociedad. Pero tengo que ser honesta: no podemos dejar de ver
que son las políticas de este gobierno las que golpean a todos los argentinos,
y en especial a las mujeres, que sufren la doble explotación.
El
eje para pensar el tema del aborto, pero también para pensar todos los temas
que debemos debatir en este Congreso, es la desigualdad y la injusticia social.
No hay feminismo sin justicia social, señor presidente.
Este
gobierno se dice feminista pero vacía el Programa Nacional de Educación Sexual
Integral. Entonces, le dice “chau” a la consigna “educación sexual para
decidir”, que es la primera consigna de la Campaña Nacional por el Derecho al
Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que afortunadamente este proyecto de ley
incluye.
Este
gobierno se dice feminista pero redujo las partidas presupuestarias destinadas
a la distribución de anticonceptivos en un 60 por ciento en 2016, y en un 30
por ciento en 2017. Esto significa que le dijo “chau” a la consigna
“anticonceptivos para no abortar”, que es el segundo lema de la Campaña.
El
problema, como siempre, es la desigualdad y la hipocresía. Me refiero a la hipocresía
de una sociedad que esconde la desigualdad bajo la alfombra. Los abortos
existen y seguirán existiendo, en diferentes ocasiones y condiciones,
dependiendo de la plata que se tenga. Existe un sistema de salud paralelo y clandestino al que las mujeres recurren para
ejercer su derecho a decidir, porque ustedes deben saber que las mujeres
abortan bajo su propia ley. Por eso, hoy no estamos discutiendo “aborto sí” o
“aborto no”. Lo que se está discutiendo es hasta qué punto esta sociedad está
dispuesta a mantener un ideal moral o religioso irreal, es decir, una imagen
ficticia de lo que pretende ser pero no es. Se trata de una sociedad hipócrita
que pretende que el aborto no existe para no afrontar sus propias
contradicciones. El problema es que esa hipocresía y cobardía que anida en
nuestra sociedad -y esperamos que no en este Congreso- se lleva puesta la vida
de mujeres, especialmente la de las más humildes.
Debemos
poner todo sobre la mesa, es nuestra responsabilidad y debemos animarnos porque
eso nos hará mejores como sociedad. Por eso, votamos a favor del proyecto y
pedimos a los señores diputados que aún no han decidido su voto que nos
acompañen para tener aborto legal, seguro y gratuito. De esta forma, no solo
ampliaremos derechos y salvaremos vidas, sino que pondremos un límite
definitivo al lastre de una sociedad patriarcal que nos somete a un destino
impuesto como natural. La maternidad debe ser una decisión y no un destino. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Bazze, por Buenos Aires.
Sr.
Bazze.- Señor presidente: considero que nos
enfrentamos a un debate histórico y por lo tanto, todos debemos asumir la
responsabilidad que tendrá la decisión que tomemos esta noche.
Adelanto
que votaré a favor del proyecto de despenalización del aborto porque estoy
absolutamente convencido de que se trata de consagrar un derecho natural para
la mujer y que en la Argentina aún no existe a pesar de tener presencia en
muchos países desarrollados del mundo.
En
mi opinión, se trata de avanzar en la consagración de un derecho postergado y
ello implica tensiones, discusiones y la presencia de sectores que se oponen,
pero debemos tratar de seguir adelante porque esa es la forma en que se van
construyendo las sociedades. Esto pasó a lo largo de la historia del mundo en
todos los países en muchas oportunidades y también en la Argentina en los
últimos tiempos, a partir de la recuperación de la democracia con el gobierno
del doctor Raúl Alfonsín, durante el cual se consagró el derecho al divorcio.
Por supuesto, vino a dar respuesta a determinados sectores de la sociedad pero
en definitiva, terminó beneficiando al conjunto social.
Durante
el gobierno kirchnerista también se avanzó en la consagración de derechos
vinculados con el matrimonio igualitario y ello también fue un avance para
nuestra sociedad.
En
el mismo sentido, esta noche discutimos en este recinto respecto de derechos
que debemos consagrar para la mujer y más allá de las convicciones personales
relacionadas con aspectos culturales o religiosos, debemos asumir la
responsabilidad de legislar para el conjunto de la sociedad. Es por ello que
debemos hacerlo desde la ética de la responsabilidad y no tratando de imponer
nuestras propias convicciones, que pueden ser rectoras de nuestros
comportamientos particulares, pero que sería muy malo que intentáramos
imponerlas en la sociedad argentina a partir de la legislación. Por lo tanto,
considero que debemos animarnos a avanzar en esta dirección para consagrar
nuevos derechos y resolver los problemas de la sociedad.
Por
otra parte, coincido con lo manifestado en el sentido de que estamos aquí para
resolver una cuestión vinculada con la salud pública, ya que la falta del
derecho a la interrupción del embarazo, que en la actualidad se encuentra
penalizado, hace que las mujeres recurran a ella sin recibir la atención
adecuada.
Seguramente,
como aquí se ha dicho, a partir de terminar con la criminalización vamos a
lograr resultados positivos desde el punto de vista de la salud y también lograremos
reducir la cantidad de abortos.
Es
absolutamente cierto que ninguna mujer utiliza el aborto como un método
anticonceptivo, ni recurre a él feliz de hacerlo; es evidente que éste es el
último recurso. Por lo tanto, debemos tratar de sancionar una legislación que
permita que esta práctica se realice en las condiciones adecuadas.
Además,
debemos tener en cuenta que de aprobarse el proyecto de despenalización de la
interrupción del embarazo, de ninguna manera estaríamos obligando a nadie a
practicarse un aborto. Por el contrario, simplemente estaríamos estableciendo
un nuevo derecho que podrán ejercer las mujeres que así lo decidan, mientras
que podrán seguir actuando como lo han hecho hasta ahora aquellas que
manifiesten cuestiones religiosas u otro tipo de convicciones.
Lo
cierto es que debemos resolver esta problemática porque tenemos una deuda con
la legislación que provoca que cientos de miles de mujeres en la Argentina
recurran al aborto inseguro, tal como ha quedado demostrado en distintas intervenciones
que escuchamos en el plenario de las comisiones.
Debemos
evitar las consecuencias de una verdadera hipocresía institucionalizada por una
ley que a todas luces impide que se pueda acceder a este derecho.
Respeto
la decisión de los señores legisladores y considero que esta noche debemos
intentar aprobar este proyecto porque seguramente de esa forma daremos una
valiosa respuesta a nuestra sociedad.
Tal
como dije al comienzo de mi exposición, estaremos consagrando un nuevo derecho,
que de ninguna manera podemos decir que será utilizado irresponsablemente. Por
el contrario, sabemos que las mujeres en la Argentina actúan con la
responsabilidad que las caracteriza y no podemos convertirnos en rectores
morales de nadie.
Somos
legisladores y debemos legislar para la realidad de todo el país, porque en
ella el aborto existe en condiciones que no tienen en cuenta la salud de la
mujer.
Finalmente,
quiero solicitar a los señores diputados que acompañen este proyecto de ley que
viene a consagrar un derecho, hasta ahora negado a las mujeres de nuestro país.
(Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Medina, por Buenos Aires.
Sr.
Medina.- Señor presidente: hoy es un día muy
importante para esta Honorable Cámara y para la Nación Argentina. Por lo tanto,
es primordial que hagamos escuchar la voz de aquellos millones de argentinos
que nos piden que cuidemos la vida en todos sus estadios y que defendamos tanto
la de la madre como la del niño por nacer.
Durante
estos meses hemos escuchado en el plenario de las comisiones todos los aspectos
técnicos. Sin embargo, en lo personal, me ha costado muchísimo comprender a
aquellos que defendiendo el proyecto de legalización del aborto han
relativizado y desconocido el inicio de la vida humana.
Cada
mañana cuando me levanto y veo a mi hija Alma, me acuerdo del latido de su
corazón a las pocas semanas de gestación. Me cuesta entender que aquellos que
dicen que este es un problema de los sectores más vulnerables de la sociedad no
quieran empezar a discutir una política de acompañamiento a la mujer que
atraviesa un embarazo no deseado. ¿Por qué no pensamos en ampliar la asignación
por embarazo? ¿Por qué no hablamos hablamos de políticas públicas donde
abracemos y acompañemos a la mujer y la ayudemos a ver otra opción? Si no
quieren seguir adelante con esa vida, que la puedan gestar y entregar en
adopción. No podemos resignarnos a dar la opción que no tiene vuelta atrás: la
muerte de ese niño por nacer.
Me
duele mucho escuchar una campaña con un eslogan que quiere legitimar la muerte.
Desde mi ignorancia, por decirlo de alguna forma, creo que las leyes de mi
República establecen la vida desde la concepción y legalizar el aborto es
legalizar la muerte. No busquemos más vueltas al asunto.
El
aborto seguro es una utopía porque no hay ninguna prestación médica que tenga
el ciento por ciento de seguridad. ¿Por qué no discutimos cómo mejoramos el
sistema de salud pública en cada provincia, en cada barrio, en cada lugar donde
las mujeres más vulnerables no tienen acceso ni siquiera a la vacunación y
llegan desnutridas al embarazo?
Nadie
nos indicó cómo se pagarían las prestaciones que surgen de esta iniciativa.
¿Qué vamos a hacer si comienzan los tours abortivos de los países vecinos donde
esta práctica no está legalizada?
Quiero
aclarar que no creo que una mujer deba ir presa por practicarse un aborto. Hay
que ayudar y acompañar a esa mujer. Si no desea el hijo, podrá darlo en
adopción.
Tengo
claro que como legislador no represento a un sector de la sociedad sino a toda
la Nación. Cuando levanto la mirada no veo a una masa, sino a una vecina
llamada Karina que gastó todos sus ahorros en tratamientos de fertilización
asistida y todavía sueña con ser madre. También veo a Carlos y a Marta que aún
esperan ser padres por adopción y que van detrás de la burocracia que les
impide dar amor a un chico.
Por
otro lado, veo a mi vieja que hace casi 40 años, con 17 años, resignó seguir el
secundario y sin saber qué venía decidió junto a mi padre formar una familia a
pesar de que nadie les dio la seguridad de que podrían salir adelante. Se
jugaron y se hicieron cargo de lo que estaba pasando.
Cuando
levanto la mirada, recuerdo la historia de un amigo llamado Pitu. Este crió dos
hijos de su pareja con quien luego tuvo otros cuatro niños. Hoy, está
desocupado, vive de changas, cobra un plan social y está esperando otro
integrante de su familia. Si bien el aborto fue una tentación, no fue una
opción porque decidió seguir adelante con ese embarazo.
Cada
una de estas historias reales que vemos en los barrios, sobre todo en los más
vulnerables del conurbano bonaerense, son distintas, pero todas tienen un
factor vulnerable y sin voz en común: los ciudadanos argentinos del mañana que
hoy están legados a la merced de ciudadanos del presente con realidades
pasajeras.
Lamentablemente
los argentinos estamos acostumbrados a resolver lo urgente y a postergar lo
importante, a pensar la realidad del día a día y no pensar en políticas
públicas a largo plazo que también nos hagan devolver el valor de hacernos
cargo de lo que nos pasa, de cuidar a la mujer y abrazarla de verdad y no de
utilizarla y usar el aborto como un método anticonceptivo.
Seamos
innovadores, no copiemos los modelos de los países nórdicos que eliminan el
futuro y la diversidad optando por lo más simple que es terminar con la vida
del más débil. Tenemos la obligación de honrar nuestra historia con esfuerzo y
trabajo.
La
Justicia no es tal si es tardía. Legalizar el aborto es seguir condenando a la
Argentina a llegar siempre tarde.
Señores
diputados y diputadas: les propongo que hoy hagamos historia. Hoy y ahora
podemos defender las dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora diputada Siley, por
Buenos Aires.
Sra.
Siley.- Señor presidente: quiero hablar del
proyecto que he presentado sobre el derecho a la interrupción voluntaria del
embarazo de la mujer o la persona gestante.
Esta
iniciativa, al crear estos derechos ‑cuyo único sujeto legitimado somos
nosotras, las mujeres‑ garantiza un montón de aspectos que hacen a otros
derechos, por ejemplo, a la salud pública y al acceso a un sistema de salud
pública de manera igualitaria, ya sea en los hospitales, en nuestras obras
sociales o en la medicina prepaga.
El
factor fundamental dentro de este sistema de salud pública que pretendemos
regular es lo que se denomina el consentimiento informado de la mujer al
momento de hacer la declaración de voluntad para realizarse esa interrupción
voluntaria del embarazo. Por eso, en los países donde está regulado el aborto,
baja el número de prácticas abortivas una vez que se legaliza, precisamente por
la existencia del consentimiento de la mujer de manera expresa y escrita. De
esta manera, otorgamos a las personas gestantes la posibilidad de decidir si
hacerse o no un aborto y no ser obligadas a realizárselo en caso de no
quererlo.
En
lo referente a la salud pública, nuestro proyecto también se refiere a los
plazos de atención, a las consejerías en los establecimientos de salud, al
respeto a la privacidad y a la información aportada por parte de la mujer e,
incluso, a la objeción de conciencia, que generó controversias dentro de los
que estamos a favor de la creación del derecho de la interrupción voluntaria
del embarazo.
Nuestro
proyecto también se refiere a las políticas de educación sexual y de
procreación responsable. Por otro lado, esta iniciativa menciona las leyes
existentes sobre la materia como, por ejemplo, la 25.673, Programa Nacional de
Salud y Procreación Responsable, la 26.485, Protección Integral a las Mujeres,
la 26.061, Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y
Adolescentes, y a una norma muy importante que creó el Programa de Educación
Sexual Integral.
El
proyecto que rechaza la creación del derecho a la interrupción voluntaria del
embarazo, no hace referencia a la educación sexual a pesar de que ha sido
mencionado durante las exposiciones. El país ya cuenta con una ley de educación
sexual cuyo financiamiento, también hay que decirlo, este gobierno ha
desmantelado. La iniciativa que presentamos propone que el Estado nacional
nuevamente cuente con una política positiva y activa para destinar recursos
para aplicar la mencionada ley. Los recursos destinados a la educación sexual
integral han disminuido en trece mil millones de pesos, los fondos destinados a
las capacitaciones son menores porque de cincuenta y cinco mil docentes
capacitados en 2015 pasamos lamentablemente a 1050. También han disminuido la
cantidad de escuelas a las cuales llegaba este programa en manos del Ministerio
de Educación nacional porque de 14 mil instituciones en 2015 pasamos a tan solo
500 el año pasado. También se redujeron los cursos y se dejaron de entregar los
cuadernillos de capacitación. Todas las mujeres y los que estamos de acuerdo
con el derecho a la interrupción del embarazo queremos que vuelvan estas
políticas de educación sexual integral a nuestro país.
Por
último, el proyecto en discusión aborda la cuestión penal. Quiero hacer una
aclaración porque si no, se habla por hablar. En realidad, estamos cambiando un
sistema de despenalización por causales, sin eliminarlo, por un sistema de
legalización por plazo a partir de que no se considera delito el aborto hasta
la semana 14 inclusive. Luego, el proyecto contempla la aplicación de las
causales reguladas en nuestro país desde 1921.
Quiero
hacer esta aclaración porque el proyecto que rechaza la interrupción voluntaria
del embarazo no dice nada sobre la salud pública, ni sobre la educación sexual,
ni sobre el sistema penal actual, ni sobre el drama del aborto clandestino en
el país.
Cuando
nada dicen sobre este problema, es porque lo único que quieren es que en
nuestro país el aborto continúe siendo clandestino. No hay una discusión sobre
la vida o sobre la muerte; hay una discusión entre el aborto clandestino, que
mata mujeres, y el aborto regulado, que nos permite el acceso a un montón de
derechos, entre ellos la interrupción voluntaria del embarazo.
Cuando
una mujer decide realizarse un aborto a través de este consentimiento
informado, lo hace cumpliendo otras garantías que enumera nuestro proyecto: lo
hace con dignidad, con vida, con autonomía, con salud, con integridad, con
diversidad corporal, con intimidad, con igualdad real de oportunidades, con
libertad de creencias y pensamientos y sin discriminación.
Por
todas las mujeres, por nuestras hermanas que están en la calle, en sus casas o
trabajando y por todas ellas que han luchado a lo largo de la historia, llegó
el tiempo donde se tiene que respetar nuestro cuerpo, nuestras ideas, creencias
y decisiones, y nuestra forma de vida.
Llegó el tiempo en el que no nos pueden condenar, maltratar ni matar por
ser mujeres.
Llegó
el tiempo de la educación sexual para decidir, de los anticonceptivos para no
abortar y del aborto seguro, legal y gratuito para no morir. (Aplausos.)
Sr.
Presidente
(Petri).- Tiene la palabra la señora diputada Brambilla, por Corrientes.
Sra.
Brambilla.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero agradecer al presidente de la Nación por permitirnos dar este debate tan
postergado. Hacía mucho tiempo que un tema no generaba tantas diferencias en el
interior de los partidos, aunque llamativamente une a personas que
ideológicamente se encuentran en veredas opuestas. Esta circunstancia histórica nos desafía a
estar por encima de las creencias, de las ideologías y de los prejuicios. Como
representantes del pueblo de la Nación, debemos trabajar todos juntos en
alcanzar una propuesta superadora al sí o al no.
Estoy
a favor de la vida, y desde el comienzo del debate decidí escuchar todas las
posiciones, porque nuestro rol como diputados nacionales tiene que estar encima
de las cuestiones personales. En estos meses de debate intercambiamos mucha
información pero no logramos alcanzar una respuesta que amalgamara las demandas
que la sociedad está reclamando. Pasaron
700 expositores: 350 a favor, 350 en contra, la mitad a favor del sí, la mitad
a favor del no.
No
vamos a lograr una propuesta superadora si anteponemos argumentos religiosos,
morales, científicos y culturales. Estos
argumentos de un lado y del otro son todos válidos y personales. Las diferencias han quedado más que claras y
no nos vamos a poner de acuerdo, porque justamente son eso: diferencias.
Les
propongo que busquemos las coincidencias.
Todos valoramos la vida humana y nadie quiere que haya abortos. Todos
debemos velar por la vida del niño por nacer y cuidar la vida de la mujer
embarazada. Todos acordamos que hay que
trabajar en la educación sexual integral para prevenir embarazos no deseados,
todos reconocemos que tenemos un problema de salud pública, y todos sabemos que
la educación es el camino. Trabajemos juntos en estas coincidencias de un lado
del recinto y del otro, los de pañuelo verde y los de pañuelo celeste.
Tenemos
un problema de salud pública que es innegable. Cada año miles de mujeres toman
la decisión más difícil de su vida: interrumpir un embarazo. Las causas son diversas y han quedado
expuestas en estos meses de debate. Todos tenemos madres, hermanas o hijas. La
mitad de los argentinos somos mujeres, y sabemos que la decisión más difícil y
desesperada que puede tomar una mujer en toda su vida es decidir terminar con
un embarazo. Casi tan difícil como eso
es tomar tamaña decisión en la oscuridad, el miedo, la soledad y la ilegalidad.
Señor
presidente: ¿cómo vamos a salvar las dos vidas si mantenemos en la
clandestinidad a estas mujeres y si no tenemos la oportunidad de intervenir en
semejante momento para decirles a esas mujeres que no están solas y que hay
alternativas, que más allá de lo que decidan vamos a estar para acompañarlas?
A
esta altura no nos vamos a poner de acuerdo sobre cuántas mujeres mueren por
año, y realmente no importa: ni una sola mujer tiene que morir ni quedar con secuelas
por haber tomado la decisión más difícil de su vida. Les pido por favor que no
deshumanicemos semejante decisión, como si la mujer fuera un extraño que
livianamente arrebata vidas ajenas. No
hagamos de esto un Boca-River. Acá nadie
gana; acá todos vamos a perder si no trabajamos juntos. Los invito a dejar de lado las posturas
personales y las diferencias irreconciliables; trabajemos juntos para reducir
la tasa de abortos a su mínima expresión.
¿Por
qué voy a votar a favor de este proyecto?
Porque los ciudadanos nos votaron para decir la verdad, para hacernos
cargo de esa realidad por más difícil y dura que sea. La ilegalidad de la práctica del aborto no ha
evitado que las mujeres lo realicen. Si queremos salvar las dos vidas,
hagámonos cargo y trabajemos juntos en la prevención.
Debemos
fijar metas destinadas a reducir cada año esta realidad que viven miles de
mujeres mediante la implementación de políticas educativas y sanitarias en cada
rincón del país. Pero mientras tanto aconsejemos, acompañemos y cuidemos a las
mujeres con embarazos no deseados. Después de esta sesión, sea cual fuere el
resultado de la votación, les pido que sigamos con el compromiso y con esta
causa que nos une a todos en favor de la vida.
Hoy
en este recinto no hay partidos políticos: no hay izquierda, no hay derecha, no
hay centro, no hay bloques. Hoy somos
257 diputados representando a 44 millones de argentinos, y la única causa que
nos une es la vida de cada uno de los argentinos, de los que estamos hoy y de
los que vendrán. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Mestre, por Córdoba.
Sr.
Mestre.- Señor presidente: realmente, es un día
histórico en esta Cámara de Diputados de la Nación. En primer lugar, quiero
poner en valor que en estos dos meses en el plenario de las comisiones hemos
podido escuchar en paz, cívica y democráticamente a 750 expositores con
argumentos a favor y en contra de este proyecto de ley. También quiero celebrar
la decisión del gobierno nacional de Cambiemos y de su presidente, quien
habilitó poner en debate este tema tan importante para la sociedad argentina,
recordando que el gobierno anterior tuvo mayoría en ambas Cámaras y nunca trató
este tema. Los problemas hay que resolverlos, hay que sacarlos de debajo de la
alfombra y tienen que dejar de ser tabúes.
Luego
de leer este proyecto observo que se quiere crear un nuevo derecho, y hasta ahí
todo es legítimo. Pero la creación de este nuevo derecho se hace pulverizando
el derecho a la vida. Por eso, señor presidente,
yo observo que aquí hay dos derechos en pugna: por un lado, el derecho a la
libertad de la mujer de decidir, partiendo de la base que considero que la
libertad es un bien supremo que tenemos los seres humanos, pero por otro lado,
como decía anteriormente, está el derecho a la vida de las personas por nacer.
El derecho a la vida es preexistente; si no respetamos el derecho a la vida no
puede ejercerse ningún otro derecho.
En
esta noche tan importante para el país quiero decir que no me mueve ninguna
creencia religiosa, moral, ética o filosófica. Fundamentaré y argumentaré mi
rechazo a este proyecto de ley haciendo un análisis jurídico, quizás teniendo
en cuenta mi profesión.
Cuando
uno lee esta iniciativa y considera si se adecua o no a nuestra Constitución
Nacional, la conclusión a la que arriba en clara. La Convención sobre los
Derechos del Niño establece muy claramente que los niños tienen protección
antes y después del nacimiento. El término “antes” hace que este proyecto sea
absolutamente inviable.
También
podemos remitirnos al Código Civil y Comercial y sus normas de derecho interno.
Según los artículos 19 y 20 la vida comienza con la concepción. Recordemos que
estos artículos fueron reformados hace cuatro años, a libro cerrado, por el
gobierno anterior. Estos artículos no podían decir otra cosa, porque es la
ciencia la que ha establecido que con la unión de un espermatozoide y un óvulo
hay un nuevo ser humano, con un ADN propio, distinto al de su madre.
Recordemos
el Pacto de San José de Costa Rica, que fue incorporado por el Congreso
Nacional a través de la ley 23.054, durante el gobierno del doctor Raúl
Alfonsín ‑promotor de los derechos humanos, si lo hubo‑, que en su
artículo 4° establece que la vida comienza a partir del momento de la
concepción.
La
ley 26.061, de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y
Adolescentes, en su artículo 6° establece que los niños tienen derecho a vivir
y a no ser asesinados.
Por
otra parte, podemos citar tres artículos de nuestra Carta Magna, nuestra ley de
leyes. El artículo 33 determina que el derecho a la vida es desde el momento de
la concepción y se encuentra implícitamente protegido. El artículo 75, inciso
23 –que se mencionó aquí‑, se refiere a la facultad que tiene el Congreso
de la Nación de dictar los códigos de seguridad social a fin de proteger los
derechos del niño desde el embarazo hasta la finalización del período de
enseñanza elemental. Por supuesto, uno de los artículos más importantes de la
Constitución es el 19, que se refiere al principio de reserva. En este sentido,
determina que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan
al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo
reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Aquí claramente
se está afectando a un tercero: la persona por nacer.
El
análisis jurídico es muy claro. Estoy convencido de que este proyecto de ley es
inconstitucional. Si luego de ser sancionado es girado al Senado y finalmente
se convierte en ley, seguramente será la Justicia, a través de una demanda, la
que declarará su inconstitucionalidad.
No
solo me limito a hacer un análisis jurídico del tema. Para resolver este
problema de fondo debemos dar plena eficacia operativa a la ley 25.673, sobre
salud sexual y procreación responsable. Debemos crear centros de atención para
las madres y desburocratizar la ley de adopción. Ese es el camino. No creo
–como se dijo acá‑ que no tengamos propuestas. Cuando tenemos un Estado
presente, eficiente y que dé prioridad a la salud y educación públicas, el
desarrollo humano se acelera.
He
nacido y crecido en la provincia de Córdoba, donde vivo. Allí el Estado
municipal está realizando acciones desde hace seis años para reducir los
índices de mortalidad infantil a un 41 por ciento y de mortalidad materna a un
50 por ciento, registrándose solo cuatro casos en el año 2018. (Aplausos.)
Creo
que hay que seguir trabajando. Ese es el camino: la prevención, la salud y la
educación públicas.
Por
último, de continuar con este proyecto de ley estaremos menoscabando nada más y
nada menos que la seguridad jurídica del derecho a la vida. Mi voto es en
contra de esta iniciativa. Salvemos las dos vidas: la de la madre y la del
hijo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Yasky, por Buenos Aires.
Sr.
Yasky.- Señor presidente: hoy es un día en el que
dentro de este recinto estamos dando un debate que nos permite abordar y
resolver un tema que constituye una flagrante injusticia para las mujeres que
habitan esta Nación y todos los que queremos una Argentina con menos
desigualdades.
Si
hay algo que va a convertir en histórica esta jornada será la inmensa
movilización que todavía rodea, a estas horas y con estas temperaturas, a este
gran edificio. Si pudiéramos tener una cámara que enfocara los alrededores del
Congreso, nos serviría a los que estamos aquí adentro para conectarnos un
poquito con lo que está sucediendo allí afuera. Cuando uno ve lo que está
ocurriendo, podría aventurar que hay un millón de mujeres, jóvenes, hombres,
estudiantes que están rodeando el Congreso. Esto es un hecho que debemos
dimensionar y asignarle la importancia que tiene.
Creo
que este debate llegó al Congreso traccionado por ese sujeto colectivo que
representan las mujeres, las compañeras trabajadoras, las estudiantes, las amas
de casa, que han tomado la bandera de luchar contra la ideología de lo que
llamamos “patriarcado”, un patriarcado que a veces escuchamos de boca de
compañeras mujeres. En este sentido, escuchamos argumentos insólitos. Si el
ejemplo de los perritos que se regalan lo hubiera planteado un diputado hombre,
ahora habría un escándalo en las redes sociales y en muchos medios de
comunicación. Se trata de un pensamiento rústicamente patriarcal en el que la
mujer es solamente el vientre que hay que preservar para la reproducción.
Las
compañeras mujeres tienen el derecho absoluto a reclamar plena igualdad. Soy
maestro. Acá está la compañera Sonia Alesso, que dentro de unas horas nomás va
a empezar a atender a las radios porque hoy los maestros, maestras, profesores
y profesoras de todo el país realizarán un paro nacional. Aprovecho para
recordar a Stella Maldonado, la secretaria general de la CTERA, que fue una de
las que comenzó a empujar este movimiento de las compañeras trabajadoras en
todo el país. (Aplausos.) También
quiero expresar mi orgullo por la expresión tan clara y lúcida que hemos
escuchado recién de parte de la compañera Vanesa Siley, que es dirigente sindical,
feminista y está comprometida con la construcción de ese nuevo sujeto social
colectivo que hoy está en la calle esperando.
Como
maestro quiero comentar lo siguiente. Cuando en 1884 se debatió aquí mismo la
ley 1.420 y se decidió expandir el sistema educativo a todo el país, muchos se
preguntaban cómo se pagaría semejante épica de construcción de escuelas y los
sueldos de todos aquellos que trabajaran en ellas. Ante ese planteo, un
diputado explicó que el problema estaba resuelto porque en esas escuelas
trabajarían mujeres y, como tales, iban a cobrar un salario mucho menor que el
que le hubiera correspondido por ese mismo trabajo a los hombres. Así quedó
resuelto el problema.
Ya
ha transcurrido más de un siglo y ese problema sigue estando vigente. La
desigualdad entre el hombre y la mujer, consecuencia de ese pensamiento
patriarcal, sigue estando presente, tanto en el sueldo miserable de quienes
pertenecen a mi gremio como también en otros colectivos de trabajo, como los
colectivos empresarios y la universidad. Cabe mencionar que hoy quienes más
estudian en la universidad son las mujeres.
Creo
que el principal problema de la Argentina con respecto al tema que estamos
discutiendo es la desigualdad. Hablo de la desigualdad entre el hombre y la
mujer, pero también de la desigualdad entre aquellas mujeres que por pertenecer
a las clases pudientes tienen los recursos para hacerse un aborto en
condiciones de seguridad y aquellas que por su condición de trabajadoras o de
gente humilde no pueden acceder a eso, que debería ser un derecho.
De
manera tal que no estamos discutiendo sobre vida o no vida sino sobre
clandestinidad o derecho adquirido, seguridad, respeto y dignidad. En
definitiva, estamos discutiendo sobre el inicio de un nuevo momento histórico ‑del
que somos testigos, aunque muchos no se den cuenta‑, en el que la mujer
empezará a ser protagonista y a avanzar en una construcción que superará en
mucho el papel que desde el patriarcado le queremos dar.
Por
último, quiero decir: ¡fuerza a las compañeras en su lucha! (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Muñoz, por el Chubut.
Sra.
Muñoz.- Señor presidente: estamos transitando una
jornada histórica para todos los argentinos, porque se está poniendo sobre la
mesa la discusión de un tema tan caro para las mujeres como es el aborto. Creo
que muchos de nosotros jamás pensamos que seríamos partícipes en esta jornada,
y estoy segura de que la sociedad tampoco imaginó que en este momento iba a
estar discutiendo de qué lado está.
Ante
todo quiero agradecer a los expositores que cada martes y jueves concurrieron
al plenario de comisiones a expresar sus posturas, algunas a favor y otras en
contra. Algunos de ellos hicieron su ponencia desde el punto de vista
científico, filosófico e institucional, y otros, desde su experiencia de vida.
También hubo quienes vinieron a contarnos su propia historia de vida. Lo cierto
es que cada día los diputados y diputadas íbamos entendiendo un poco más el
tema, tratando de comprender qué está pasando en la sociedad argentina. El
problema no es de qué lado estamos sino de qué lado está la familia.
Mucho
se ha dicho sobre el aborto. Por ejemplo, se dijo que es un problema de salud
pública. Y efectivamente lo es. ¿Pero sabe una cosa, señor presidente? La salud
pública atiende a dos pacientes: a uno con autonomía y con un derecho que se
arroga, que es la madre, y a otro sin autonomía y sin derecho a decidir, que es
el niño por nacer.
Es
el Estado el que tiene la responsabilidad de cuidar a la madre y al niño por
nacer. Es el Estado el que tiene la responsabilidad de dignificar, pero no se
dignifica con una ley que permite el aborto, porque esta última solo demuestra
el fracaso de las políticas.
Una
madre debe tener una vida digna. No estoy de acuerdo con que esta sea una ley
para las mujeres pobres, como sostienen algunos. Yo viví en la pobreza y
trabajé con las mujeres pobres y sus hijos por más de 25 años. ¡Sé lo que
significa un hijo para una mujer! ¡Sé lo que significa para un niño acceder a
la educación! ¡Sé lo que significa para un niño recibir un plato de comida en
la escuela! Sabemos que muchas veces van a la escuela por ese plato de comida.
Eso no es dignificación sino estigmatización.
¿Sabe
cómo se erradica todo eso, señor presidente? Con políticas públicas que
dignifiquen a las familias, permitiéndoles el acceso a una casa digna, a la
salud, al trabajo y a la educación. Las familias se dignifican cuando pueden
mandar a sus hijos a la escuela, cuando ellas mismas pueden decidir, cuando tienen
una obra social y cuando reciben un sueldo a fin de mes. En mi provincia hubo
un gobernador que trabajó por eso, es decir, construyó escuelas, hospitales y
centros de salud y otorgó ambulancias nuevas al campo.
Cuando
era diputada provincial voté el protocolo para el aborto no punible. Por eso
hoy me costó mucho decidir. Cada martes y jueves estuve sentada en el plenario
de comisiones escuchando todas las voces para poder decidir.
Como
dije, yo viví con gente pobre. Considero que la dignificación viene con la
distribución equitativa de la riqueza. Si no distribuimos la riqueza entre los
que menos tienen, el aborto será un paso más para eliminar a los pobres.
Esta
no es una ley para los pobres. Es una ley para mujeres argentinas, pero no para
los pobres. Yo quiero que los niños pobres y los niños discapacitados sigan
naciendo, porque hoy tenemos una escuela en la que los discapacitados están
integrados. (Aplausos.) Yo quiero eso
para mi provincia y para mi país.
Pero
hay algo más importante que me llama la atención. Esta iniciativa no pasó por
la Comisión de Presupuesto y Hacienda, y hoy mi provincia se encuentra en una
situación grave desde el punto de vista económico. Hubo nichos de corrupción,
de los cuales se está encargando la Justicia, pero lo cierto es que los
maestros y los demás empleados públicos de mi provincia están en la calle
reclamando cobrar su sueldo completo, sin percibirlo en forma escalonada.
Además, este mes cumplen un año sin recibir un aumento.
Entonces,
yo me preguntaba cómo el director de un hospital, si se sanciona esta ley, va a
poder garantizar que en cinco días se practique un aborto cuando hoy no cuenta
con remedios para atender una gripe.
Eso
es lo que tenemos que ver, señor presidente. ¡Las políticas públicas han
fracasado! ¡Hagámonos cargo!
Escuché
a los exministros en el plenario de las comisiones, pero ninguno dio una
solución para salir de esta situación, para no tener más mujeres que practiquen
el aborto, y puedan vivir dignamente.
Entonces,
debemos trabajar entre todos, pero no para decidir si la vida sí o la vida no,
porque esto pone a la mujer en la encrucijada de decidir no continuar con el
niño que está gestando.
Voto
por las dos vidas. No apoyo el proyecto en tratamiento, pero estoy convencida
de que cada uno de los diputados que cada martes y cada jueves hemos asistido a
los plenarios de las comisiones debemos continuar trabajando en la elaboración
de políticas públicas que permitan sacar adelante a todos los argentinos y no
solamente a algunos. Como diputados, debemos seguir trabajando por quienes nos
votaron y nos dieron esta responsabilidad.
Por
lo tanto, señor presidente, salvemos las dos vidas. No dejemos a morir a unos
ni a otras; trabajemos por eso y ayudemos así al señor presidente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Fernández, por Buenos Aires.
Sr.
Fernández.- Señor presidente: considero que
estamos ante un hecho trascendente, y el debate de esta noche lo demuestra.
También lo demuestran los miles y miles de ciudadanos que hoy están ocupando
las calles, siguiendo con enorme atención lo que sucede aquí adentro.
El
tema que estamos analizando atraviesa transversalmente a toda la sociedad
argentina y nos interpela en nuestras convicciones más profundas.
No
voy a referirme a las cuestiones vinculadas con las estadísticas de salud
–porque ya se ha hecho y no quiero redundar-, que claramente demuestran que
estamos frente a un problema de salud pública. Me parece una obviedad insistir
sobre esta cuestión.
Tampoco
me ocuparé de los aspectos jurídicos y específicamente constitucionales, que
han sido claramente planteados en las exposiciones receptadas por el plenario
de las comisiones, a los que se agregan las exposiciones de varios señores
diputados durante esta sesión.
No
me ocuparé tampoco de las cuestiones de derecho internacional o de los
organismos que se encargan de su interpretación, que muestran con absoluta
contundencia la posibilidad concreta que tiene la Argentina de legislar en la
materia y de reglamentar esta cuestión.
Básicamente
quiero referirme a mi propia percepción del tema, a cuál es mi mirada, para
transmitir de esa manera lo más profundo de mi convicción.
A
mi juicio, estamos discutiendo una cuestión que centralmente hace a la
libertad. Una de las posturas obliga, a partir de una creencia respecto de lo
que es correcto o incorrecto, a seguir conductas determinadas. La otra postura
es la que otorga libertad y respeta la decisión individual. No tengo dudas
respecto de que me inclino por la postura que respeta la libertad.
Aquí
se ha planteado que la vida constituye un derecho absoluto, pero si así fuera
no admitiría la menor discusión.
Nuestra
legislación, nuestra propia Constitución, no toma el valor de la vida como un
derecho absoluto. Hace cien años se legisló una serie de causales –claramente
determinadas- que permiten la interrupción voluntaria del embarazo. Incluso la
legítima defensa pone en juego el derecho relativo a la vida, y para no
profundizar o abundar me remito a los dichos del diputado Lousteau, quien se
refirió con anterioridad a esa cuestión.
Ahora
bien, cuando nosotros tratamos de definir la legislación a partir de creencias
-que muchas veces tienen que ver con cuestiones dogmáticas, propias de la fe-,
nos encontramos con el inconveniente de que las consideraciones religiosas no
dan soluciones definitivas a los problemas morales específicos que como
sociedad enfrentamos. Las propias creencias han ido cambiando y adaptándose de
acuerdo con los tiempos y los preceptos morales de cada generación. La Iglesia
Católica fue cambiando de posición respecto de este tema a lo largo de su
historia, de modo que su postura nunca fue unívoca.
San
Agustín definía que el embrión no tenía alma hasta el día 45 después de la concepción
y distinguía el aborto de un feto animado respecto del que se practicaba sobre
un ser informe que no tenía alma humana. Este concepto rigió la concepción de
la Iglesia Católica respecto del aborto hasta la aparición de Santo Tomás de
Aquino, quien en su obra Suma Teológica
sostenía que el alma no era infundida antes de la formación del cuerpo, que el
alma humana venía con la forma humana. Esta posición fue recogida por la
Iglesia en el Concilio de 1312.
A
su vez, esa postura es sostenida hasta el siglo XIX, cuando en 1869 Pío IX
adopta el criterio por el cual se rige la Iglesia Católica hasta la fecha.
Entonces,
si la propia Iglesia fue cambiando de postura de generación en generación,
¿cómo podemos plantearnos valores absolutos que no dejan lugar a la
interpretación incremental y relativa en el sostenimiento de un derecho?
Por
eso, quiero dejar planteado mi voto claramente a favor de la vida, porque creo
que aquí todos sostenemos genuinamente la vida. Quiero dejar planteado mi voto
como una cuestión integral de respeto a la vida, que tiene que ver con los
derechos, con la libertad, con una concepción integral del respeto a este bien.
Quiero
dejar planteado mi voto por un Estado laico que claramente corra el velo de la
hipocresía con el que se analizan estos temas.
Quiero
dejar planteado mi voto por las mujeres, porque soy hijo, esposo, padre y
hermano.
Quiero
dejar planteado mi voto por las mujeres, porque creo en las mujeres, porque no
creo que las mujeres sean asesinas en potencia, como se pretende hacer aparecer
a quienes sostienen esta concepción de la legislación.
Quiero
dejar planteado mi voto porque creo que las mujeres empoderadas tienen que ver
con el progreso y el futuro de la sociedad.
Por
eso voto por la vida, voto por la libertad, voto a favor de este proyecto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Schlereth, por el Neuquén.
Sr.
Schlereth.- Señor presidente: en honor al tiempo
que cada diputado tiene para su alocución, rápidamente quiero repasar lo que
hemos escuchado en este plenario: aspectos de un lado y de otro sobre lo que la
medicina, la biología, la bioética, las ciencias jurídicas y aún conceptos
constitucionales manifiestan sobre esta cuestión que nos duele a todos, que es
el aborto en la Argentina.
Simplemente
quiero ampliar, no sobre lo que dice la Constitución Nacional sino lo que
establecen las Constituciones provinciales al respecto. Si bien es cierto que
somos diputados del pueblo de la Nación, estamos sentados en estas bancas
porque ciudadanos de las provincias han confiado en nosotros para que los
representemos.
Particularmente
Constituciones como las de las provincias de Entre Ríos, Salta, San Luis,
Tierra del Fuego, Chubut, Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero, Chaco,
Formosa y otras, taxativamente defienden la vida desde el momento de la
concepción. La Constitución de mi provincia, del Neuquén, expresamente en el
artículo 21 y en el artículo 47 toma para sí los conceptos de la Convención
Internacional de los Derechos del Niño y de la ley nacional que la adopta e
incorpora con rango constitucional, e interpreta claramente que se es niño
desde la concepción hasta los 18 años de edad.
Hecha
esta aclaración, quisiera en estos breves minutos ir al fondo de la cuestión.
Desde hace muchos años los argentinos tenemos serios y recurrentes problemas.
En las últimas décadas hemos tenido crisis y frustraciones de manera
sistemática, de todo tipo: social, institucional, económico, de seguridad,
cultural, pero también una crisis de valores. Precisamente estoy convencido de
que por esa razón estamos hoy debatiendo algo que debiera ser natural; estamos
debatiendo el valor de la vida humana.
Como
punto de partida, no podemos soslayar esto para abordar y resolver en la
Argentina la problemática de embarazos no intencionales, embarazos no
previstos, muchos de los cuales, es cierto, terminan en situaciones de aborto
que lastiman, que conmueven, y que no podemos aceptar. Pero la legalización del
aborto es legitimar incorporando a nuestro ordenamiento jurídico algo que
sabemos que no es bueno. Abortar no es bueno, y en eso seguramente todos
coincidiremos. No podemos sostener que atentar contra la vida de un nuevo ser
puede ser bueno, puede ser una solución. Parte de nuestros males como Nación es
que hemos empezado a señalar lo bueno como malo y lo malo como bueno. El aborto
no es bueno para nadie, ni para el niño por nacer, ese ser recién gestado, ni
tampoco para la mujer. En ninguna circunstancia el aborto es bueno para la
mujer, porque pone en riesgo su vida y luego de consumado genera situaciones
con las que carga por largo tiempo, en algunos casos por el resto de la vida.
La
esencia del debate es la valoración de la vida humana, la valoración del
derecho humano a la vida, el reconocimiento o no de su dignidad, de su
trascendencia, de su preeminencia sobre el resto de los derechos humanos.
No
hay lugar a dudas, más allá de algunas interpretaciones forzadas que intentan
desestimarlo, de que existe vida humana desde la concepción. Y aunque algunos
insisten en negar esta verdad o subestimarla, esto es así, y no voy a redundar
en la declaración, por ejemplo, de la Academia Nacional de Medicina, que en
este plenario ya se mencionó en varias oportunidades.
Por
eso nuestra obligación, nuestra responsabilidad, es legislar para traer
soluciones.
Pero
quiero decir también que no acepto la desvalorización de posturas fundadas en
valores de la fe o en valores religiosos. Yo no soy católico, pero sí soy
cristiano, cristiano evangélico. Soy un hombre de fe, y eso no menoscaba mis
derechos ni mis obligaciones como un ciudadano de esta patria, de esta querida
Nación. Me parece que subestimar la postura de un ciudadano a partir de ello es
autoritario, intolerante. No es democrático descalificar el pensamiento o la
conducta no solamente de un ciudadano como yo sino también de miles que se han
manifestado en todas las provincias argentinas y de miles que están aquí afuera
del Congreso de la Nación. (Aplausos.)
En
las últimas semanas hemos tenido movilizaciones a lo largo y ancho del país de
cientos de miles de ciudadanos apelando a nosotros, sus representantes, para
que defendamos las dos vidas, para que de manera respetuosa, pacífica pero con
convicción y con firmeza sostengamos el valor de la vida humana.
Termino
diciendo que estamos frente a algo que quizá incomoda, y aunque parezca fuerte
decirlo, la verdad es que el aborto siempre implica estar delante de la vida o
de la muerte. Por esa razón, y aunque no queramos, tenemos que tomar una
decisión entre la vida y la muerte. Decidamos por la vida, la vida de las dos
personas. No legislemos legalizando el aborto y trabajemos en alternativas
superadoras, sobre muchas de las cuales ya hay proyectos presentados en este
Congreso. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Mercado, por Catamarca.
Sra.
Mercado.- Señor presidente: hemos transitado tres
meses de audiencias informativas en el plenario de comisiones, con testimonios
y aportes muy significativos e importantes de especialistas, médicos, juristas,
filósofos, abogados, artistas, que los han compartido con nosotros.
Afuera,
en las calles adyacentes al Congreso, hay un contexto multitudinario, un
contexto maravilloso, contundente, que se expresa en un grito colectivo.
Quienes
estamos compartiendo este espacio y ocupando estas bancas por designio popular
tenemos una enorme responsabilidad: tratar no solo de ser intérpretes de
nuestros pensamientos y certezas sino también de incorporar en nuestra
legislación el progreso que ha experimentado nuestra sociedad.
Sancionar
una ley no es un acto individual; por el contrario, es un acto colectivo,
complejo, en el que están involucrados aquellos y aquellas que nos han elegido
para que los representemos. En la sesión de hoy, legislar
sobre la interrupción voluntaria del embarazo va a significar también
posicionarse frente a un acontecimiento social e histórico de enorme magnitud.
Este acontecimiento que nos reúne es un hecho
emancipador: el de las mujeres que luego de siglos y siglos de patriarcado
hemos decidido transformarnos en protagonistas de nuestra realidad, luchando
por el derecho a ser reconocidas, a que se reconozca la libertad sobre nuestros
cuerpos y las decisiones que los comprometen.
No
queremos, no necesitamos y no aceptamos que otros nos cuiden, cuando ese
cuidado es una excusa para sustituir nuestra voluntad y cristalizar un estado
de cosas en el que se pretende un lugar de resignada subordinación de la mujer.
La
penalización de la interrupción voluntaria del embarazo, bajo pretexto de
amparar la vida embrionaria, no persigue otro objeto que suprimir la libertad
de las vidas actuales de las mujeres, aceptando como colateral la muerte de
muchas de ellas.
De
acuerdo con la comunidad científica internacional, en los países que penalizan
la interrupción del embarazo, por cada internación posterior a un aborto
practicado en la clandestinidad existen diez más que no se registran. Esto
significa que en la Argentina existen 500.000 mujeres que realizan la
interrupción voluntaria del embarazo en condiciones precarias, poniendo en
riesgo su vida.
La
interrupción voluntaria del embarazo es parte de la realidad cotidiana de miles
de mujeres. Legal o ilegalmente se va a seguir produciendo. La legalidad o
ilegalidad es lo que estamos discutiendo; esa es la diferencia que estamos
intentando dirimir. La penalización atenta contra la vida y expone a un mayor
riesgo a las mujeres que deciden por propia voluntad interrumpir el embarazo.
Hoy en día hay abortos para mujeres ricas y para mujeres pobres, y las
consecuencias son muy diferentes para unas y otras.
Apoyo
este proyecto porque estoy a favor de la vida, amo profundamente la vida, la
vida que cada mujer tiene derecho a elegir. Es un derecho que ya se ha
implementado en muchos países del mundo, que no obliga a nadie a realizar
aquello que no quiere hacer, y exige más responsabilidades al Estado para
proveer los recursos necesarios para que la titular del derecho adopte la
decisión que solo a ella compete, en un medio ambiente sanitariamente idóneo.
Consagrar
la legalidad de la interrupción voluntaria del embarazo implica actualizar
nuestro sistema de derechos para que incorpore el progreso registrado en
nuestra sociedad y también en el orden jurídico internacional.
Yo
quiero afirmar esto como integrante de la comisión bicameral que debe elegir al
defensor de los derechos de niñas, niños y adolescentes en nuestro país, que
dicho sea de paso este año ha tenido que interrumpir sus actividades porque
esta Cámara no ha podido designar a los integrantes que van a desarrollar esta
tarea en el presente período parlamentario. Esto también claramente socava el
sistema de protección de nuestros niños, niñas y adolescentes que tanto se
declama en este recinto.
Mi
voto a favor de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo es
un voto por la ampliación de las políticas públicas, el fortalecimiento de los
servicios de salud, la ampliación de la cobertura escolar en la educación sexual
y reproductiva y la contención de los sectores con derechos vulnerados.
Soy
consciente de que esta problemática moviliza, porque está impregnada de
sensibilidades religiosas, dogmáticas y filosóficas, pero nosotros no venimos
aquí despojados de estas sensibilidades. Yo particularmente no puedo
ignorarlas, viniendo de la provincia a la que represento y habiendo transitado
la formación que alcancé, pero acá no se trata de imponer nuestras propias
convicciones y nuestro credo. Estamos abordando una problemática que tiene una
matriz social que debe ser discutida desde el rol de la política.
Este
es nuestro voto, que no es nuestro sino de millones de mujeres atravesadas por
distintas generaciones y de jóvenes que le dieron impulso y pusieron el cuerpo
a esta lucha. También es el voto de una alianza ‑que nos emociona‑
con muchos compañeros, con los que hemos iniciado una ola de libertad e
independencia que nada ni nadie podrá detener en este país. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Menna, por el Chubut.
Sr.
Menna.- Señor presidente: más allá de los
fundamentos que han vertido los miembros informantes del dictamen de mayoría y
las diputadas y diputados que han sostenido este dictamen, considero que es
nuestro deber expresar y fundamentar las razones de nuestro voto favorable,
sobre todo porque este es uno de los debates quizás más relevantes que ha
tenido en sus manos esta Cámara de Diputados.
Los
abortos son una realidad que exceden cualquier marco normativo y suceden más
allá del abordaje penal de la cuestión. La mayor parte de ellos vienen
precedidos de una situación de violencia, en el más amplio sentido de la
palabra, en perjuicio de la mujer. Es nuestro deber dotar de instrumentos
legales que puedan prevenir y dar contención a esta situación.
Como
se ha dicho aquí, estoy convencido de que estamos ante una situación de salud
pública y de educación pública. La solución penal para esta cuestión ha
demostrado ser un rotundo fracaso, yo diría un doble fracaso. En primer lugar,
porque el hecho de que sucedan miles de prácticas abortivas cada año demuestra
que el remedio penal no ha servido ni para prevenirlas ni para disuadirlas, sea
el número que sea. Y en segundo término, porque los propios operadores del
sistema penal no utilizan esta herramienta. Bien podría decirse que ha caído en
una suerte de pérdida de vigencia, de desuetudo.
La
Comisión sobre Temáticas de Género de la Defensoría General de la Nación relevó
entre todos los poderes judiciales y ministerios públicos fiscales de las
provincias el número de causas abiertas con motivo de esta figura del Código
Penal en el período que va desde marzo de 2011 a febrero de 2016, cinco años.
Si tomamos la cifra de 400.000 prácticas por año, estamos hablando de 2
millones de prácticas en ese período, y sin embargo se abrieron solo 167
causas, con solo dos condenas. Es decir, es un porcentaje más que ínfimo,
inexistente, en orden a la cantidad de prácticas.
Ante
ese relevamiento la Defensoría General dice expresamente: "No se advierte
ninguna ventaja del derecho penal, no se advierte que tenga una capacidad
persuasiva y tampoco se advierte ningún interés de resocialización. Pero
mantener la norma penal sí marca un fuerte estigma a estas mujeres y la amenaza
a la criminalización pone en riesgo su vida".
Por
esto estamos autorizados a decir que la solución penal ha constituido un
rotundo fracaso. No dudo de que a todos nos mueve el objetivo central de evitar
perjuicios para la salud que pongan en riesgo la vida de las personas.
En
este debate solo discrepamos en cuanto a la mejor herramienta para prevenir la
muerte y la afectación de la salud de miles de mujeres.
Este
debate no debería encontrarse contaminado por el oscurantismo ni por
concepciones impropias de un Estado laico como es la Argentina por mandato
constitucional.
Los
representantes del pueblo deben honrar el mandato popular y no responder a las
presiones de corporaciones que históricamente pretendieron gobernar la vida de
la gente sobre la base de fomentar el miedo y la ignorancia.
En
esa inteligencia, es decir, partiendo de la premisa de que estamos buscando
dotar a este tema de la mejor herramienta legal habida cuenta de que la penal
ha fracasado, el dictamen de mayoría brinda la más adecuada, ya que por un lado
consulta el derecho individual de cada mujer a decidir hasta la semana 14, y
por el otro, sostiene, de allí en adelante, la otra solución, mejorando y
precisando las causales de no punibilidad para no tener que acudir nuevamente a
la solución judicial, como ocurrió en el fallo dictado en 2012 por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en el caso FAL.
También
resulta importante destacar, frente a algunas observaciones de índole
constitucional que se han formulado aquí, que estamos ante un debate de orden
infraconstitucional. Ello es así porque ni la Constitución Nacional ni los
tratados internacionales sobre derechos humanos con jerarquía constitucional
configuran un obstáculo para que esta Honorable Cámara y el Congreso Nacional dispongan
este tipo de legislación.
El
artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional manda estructurar un
régimen de seguridad social para el niño. No establece un mandato prohibitivo
de avanzar en un sentido u otro en materia de aborto. Esto lo destacó muy
especialmente el ex presidente de la Nación doctor Raúl Alfonsín cuando fue
convencional constituyente en 1994. En esa oportunidad el doctor Alfonsín dijo
concretamente lo siguiente: “La cláusula que estamos considerando ha sido el
resultado de extensas conversaciones e intercambios de ideas que, en algún
momento, se mezclaron con proyectos que establecían criterios vinculados con el
tema de la vida, y otros, referidos al aborto, en los que se fijaba su
penalización, tema que nuestro bloque consideró que no se encontraba habilitado
para la consideración de esta Convención, tal cual se pronunció, según tengo
entendido, la Comisión de Redacción. Entendemos que esta era y es una cuestión
de tipo legal. Por lo tanto, vamos a votar afirmativamente el dictamen en
consideración porque está vinculado con el régimen de seguridad social, del que
carecía la República Argentina. Es por eso que estamos de acuerdo en votar
afirmativamente este proyecto, que no le dice a la Legislatura que penalice el
aborto o que libere cualquier posibilidad de aborto, sino que se trata de una
iniciativa que podría estar perfectamente vinculada con la legislación de un
país que acepta el aborto, como es Suecia, y también podría estarlo a la de un
país como Irlanda, que lo prohíbe…” Quiero acotar que en este último caso eso
ya no es así.
Continuaba
diciendo el doctor Alfonsín: “Estamos defendiendo la vida y estamos trabajando
de la manera más importante, que es la única que concebimos como posible para
que se evite la tragedia del aborto, pero no a través de la penalización, sino
del auxilio y la asistencia del Estado argentino”.
Esta
es la interpretación recta y correcta del artículo 75, inciso 23, de la
Constitución Nacional, plasmada en los Diarios de Sesiones de la Convención
Constituyente de 1994 y efectuada nada más y nada menos que por el doctor Raúl
Alfonsín.
Sr.
Presidente (Petri).- Señor diputado: ha
finalizado el tiempo del que disponía para hacer uso de la palabra. Por favor,
redondee su exposición.
Sr.
Menna.- Respecto de los derechos implícitos no
enumerados del artículo 33 de la Constitución Nacional, la Corte Suprema de
Justicia, en el fallo FAL, salda cualquier duda en los considerandos 10, 11, 12
y 13, en los que va desgranando la cuestión en relación con los tratados
internacionales, citando los casos “Baby Boy” y “Artavia Murillo” de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos.
En
ellos se establece claramente, como lo afirma ese mismo tribunal, que el
concepto del derecho a la vida en general, desde la concepción, no es absoluto,
sino gradual e incremental según su desarrollo, debido a que no constituye un
deber absoluto e incondicional sino que implica entender la procedencia de
excepciones a la regla general.
Consecuentemente,
no puede afirmarse que exista un mandato constitucional que nos limite a la
hora de avanzar en este tipo de sanción.
Estos
debates, con invocaciones vinculadas con las creencias, tuvieron que ser
afrontados por nuestro país a lo largo de su historia.
Sr.
Presidente (Petri).- Señor diputado: su tiempo ha
finalizado.
Sr.
Menna.- Ya termino, señor presidente.
Decía
que esto ocurrió en el siglo XIX, cuando el entonces presidente Julio Argentino
Roca debió avanzar en el sentido de reclamar para el Estado la registración de
los nacimientos, los matrimonios y los fallecimientos de las personas.
Lo
mismo sucedió a la hora de sancionarse las leyes de matrimonio civil y 1.420,
que estableció la educación libre, pública y laica, que permitió a la Argentina
ingresar al siglo XX con el 90 por ciento de su población alfabetizada. En este
caso también debieron sortearse las fuerzas del oscurantismo. Incluso nuestro
país tuvo que romper relaciones con el Estado Vaticano.
Sr.
Presidente (Petri).- Concluya su exposición,
señor diputado. Ya se ha excedido en cuatro minutos.
Sr.
Menna.- Por lo expuesto, con estas aclaraciones y
convicciones manifestamos nuestro respaldo y voto positivo al dictamen de
mayoría. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- La Presidencia solicita a
los señores diputados que, dado lo avanzado de la hora, procuren ajustarse a
los tiempos establecidos para efectuar sus exposiciones, excediéndose en lo
mínimo indispensable y considerando además que todos han hecho referencia a la
circunstancia de que hay miles de personas que están en la calle esperando una
decisión del Congreso Nacional en relación con este tema.
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Hernández, por Formosa.
Sr.
Hernández.- Señor presidente: claramente el
debate que nos convoca en esta sesión histórica guarda relación con un tema de
enorme complejidad y trascendencia. El tiempo que ha insumido la discusión y la
diversidad de opiniones existentes desde distintas ópticas tienen claramente
una razón, en el sentido de que esta complejidad se debe nada más y nada menos
a que estamos considerando un proyecto de ley que establece la despenalización
y legalización del aborto.
Esto
significa que pretendemos incorporar en nuestro ordenamiento jurídico el
derecho de una persona a decidir sobre la continuidad o no de una vida
concebida, o bien, respecto de su eliminación.
Creo
que esto constituye el aspecto medular de este debate. En otras palabras, se
trata de determinar cuál es el derecho humano fundamental que prevalece sobre
otro.
Hoy
vamos a decidir aquí qué derecho va a primar sobre otro en nuestro país. Es
decir, si va a prevalecer el derecho humano fundamental a la vida o el derecho
a la libertad de decidir acerca de la continuidad o la eliminación de una vida
concebida.
Esto
no tiene nada que ver con una argumentación potencial teórica, sino con una
evidencia científica, o sea, con lo que hemos estado escuchando durante las
exposiciones que claramente han especificado que la vida empieza en el momento
de la concepción.
Desde
ese preciso instante se genera una identidad genética propia, distinta de la de
los padres, única e irrepetible, que tendrá esa vida concebida desde ese mismo
momento y hasta su muerte.
Además,
a partir de ese instante en que comienza la vida hay un ordenamiento jurídico
destinado a protegerla. Ello es así porque claramente la vida es generadora de
derechos. Sin vida no hay derechos. Esta es la realidad.
Nos
encontramos aquí con lo que ha formado parte del debate de hoy, es decir, la
penalización.
Entendemos
a la penalización no como una conducta que tiene que ver con el machismo ni con
la discriminación, sino como la valoración jurídica que claramente le da el
Estado al bien jurídico “vida concebida”. Ese es el concepto de por qué
penalizamos, porque el Estado le otorga un valor jurídico a la vida concebida.
Argumentar
el fracaso de la criminalización es uno de los conceptos más absurdos y
ridículos en que se sostiene el proyecto que estamos debatiendo. De lo
contrario, deberíamos comenzar a revisar por lo menos la mitad del Código
Penal, porque también ocurre lo mismo con un montón de delitos en los cuales
claramente el Estado no ha podido solucionar una problemática.
Hablemos
del narcotráfico o del contrabando; no podemos tener como argumentación la lógica
de que es una realidad que no podemos desconocer. Hay abortos y la penalización
ha fracasado. Claramente pasa lo mismo con una infinidad de delitos.
Hagamos
un ensayo con la cuestión del narcotráfico. No tiene que ver con la
penalización o con la conceptualización típica y jurídica, sino
fundamentalmente con políticas de Estado. Nosotros vamos a combatir el
narcotráfico con acción, con decisión, con políticas públicas, invirtiendo y
combatiéndolo. De la misma manera, vamos a comenzar a tener y a solucionar la
problemática grave de la tragedia del aborto con políticas públicas vinculadas
a la educación sexual. Vamos a solucionar esta problemática con prevención y
con salud. De esa manera vamos a avanzar en la solución de la problemática del
aborto, que lógicamente es una tragedia. Cuando hay muerte, existe un drama,
una tragedia.
Lógicamente
que han sido dramáticos todos los casos, como lo hemos visto, pero han tenido
una historia, una vida, esa misma vida que no van a poder tener en función del
derecho a decidir la continuidad o la eliminación de esa vida.
La
verdad es que no pretendemos barrer la basura bajo la alfombra, señor
presidente, como se ha dicho aquí, y estoy absolutamente de acuerdo en que no
lo hagamos. Ahora, tampoco tratemos a la vida como una basura que puede ser
descartada, desechada y tirada en una bolsa de plástico, porque en todas estas
historias hay milagros de vida.
Quiero
traer a colación la historia de Javier, un formoseño que estaba destinado a ser
abortado, y una reflexión a tiempo, un consejo oportuno, hizo recapacitar a la
madre. Lo tuvo, nació, vivió, fue dado en adopción, creció, estudió, se recibió
de ingeniero y formó una familia. Hoy en día Javier fue una de las voces que
estuvo en las exposiciones del Congreso y ha movilizado a cientos de miles de
argentinos a favor de la vida.
Tenemos
que entender lo que estaba diciendo al comienzo: encontremos en esta
prevalencia de derechos la necesidad de que los argentinos elijamos las dos
vidas, que los argentinos hagamos prevalecer el derecho a la vida, el derecho
humano fundamental de la vida por sobre cualquier otro derecho. Por eso, señor
presidente, mi voto a este dictamen será por la negativa.
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Álvarez Rodríguez, por Buenos Aires.
Sra.
Álvarez Rodríguez.-
Señor presidente: aquí hay algo más que una visión por “sí” o por “no”. Aquí
hay algo más complejo, y son las diferentes maneras de argumentar. No se trata
de cuántas opiniones hay, sino de cómo se argumenta.
Soy
arquitecta, y aquí hay dos clases de edificios argumentales: uno basado en
evidencias prácticas y otro basado en convicciones particulares, es decir,
valoraciones sobre lo que está bien y sobre lo que está mal.
¿Qué
nos dice la evidencia práctica? Que toda mujer que quiere interrumpir su
embarazo busca la manera de hacerlo, que los abortos inseguros son la primera
causa de muerte materna en la Argentina, que en nuestro país se practican -como
piso- 370.000 abortos por año y que la mitad de las mujeres que ingresan en
hospitales con complicaciones a raíz de abortos son menores de 24 años.
Esa
evidencia muestra claramente que las mujeres con un embarazo no deseado estamos
solas frente a la realidad económica, frente a la mafia de la clandestinidad,
frente a un Estado ausente en la prevención y presente para castigar.
¿Qué
hacemos frente a la evidencia? ¿Qué hacemos frente a lo real que está pasando
aquí en este momento en la Argentina? Eso es lo que debemos decidir ahora, y
tenemos dos caminos. Por un lado, una solución concreta a un problema real que
está pasando hoy, aquí y ahora, y nosotros proponemos despenalizar y legalizar
y, por otro lado, el camino de los que se oponen, que han propuesto rechazar,
negar, oponerse, reconocer que ocurre, pero al mismo tiempo no hacer nada al
respecto. ¿O acaso hay un dictamen alternativo? ¿Saben qué? No, no hay.
Votar
a favor es, concretamente, proponer una solución, y votar en contra implica que
las cosas sigan tan mal como hasta ahora.
He
escuchado que algunos diputados proponen educar, como si se pudiera reemplazar
a la política con pedagogía. Es nuestra primera consigna. Por eso impulsamos
desde el primer día la educación sexual integral en los colegios, porque
sabemos que previenen los embarazos no deseados. Pero si bien es ley desde
octubre de 2006, también sabemos que es una norma que no se cumple.
En
2015 en la Argentina se capacitaron 71.914 docentes en educación sexual
integral. ¿Saben cuántos se capacitaron en 2017, teniendo en cuenta los datos
oficiales? 6.500 docentes. Y la verdad, para que la educación tenga sentido,
hace falta que las mujeres estemos vivas.
La
ley que proponemos es positiva porque construye derechos, más allá de uno mismo
y del grupo identitario como única referencia. La ley que proponemos constituye
un derecho universal que respeta a quienes piensan diferente. La ley que
proponemos no es una obligación para nadie.
Por
eso hoy vamos a votar una propuesta positiva contra la clandestinidad y la
muerte. Escuchamos desde acá, aunque muy lejano –porque estas paredes no nos
permiten hacerlo con claridad- la más maravillosa música, la que viene de la
calle, y también el triste silencio de estos palcos.
Por
la verdad de la calle, por la dignidad de las mujeres, porque sin aborto legal
no hay justicia social posible, porque como hace cien años los dolores que
quedan son las libertades que faltan y por mi responsabilidad pública como
peronista y diputada de la Nación, voto por el aborto seguro, legal y gratuito.
(Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Eduardo Brizuela del Moral, por Catamarca.
Sr. Brizuela del Moral.- Señor presidente: en primer término, debo
destacar el trabajo realizado por los miembros de las comisiones que han llevado
adelante el debate de un tema muy complejo y con la altura que éste demandaba.
He seguido atentamente los argumentos
que se han vertido desde todos los sectores de la sociedad. Si algo tuvo este
trabajo previo es diversidad y pluralidad de opiniones. Se ha presentado este tema desde el punto de
vista de la ciencia médica, jurídica y social.
Entonces, ¿cómo saber el camino
indicado para abordar esta cuestión? La pregunta que nos debemos responder es
si consideramos al no nacido como una vida. Si así lo hacemos, debemos
responder luego desde cuándo consideramos que tiene vida. Nuestra Constitución
considera que hay vida desde la concepción y, por ello, la protege desde ese
momento.
Nuestro reciente Código Civil y
Comercial sigue esa línea, es decir, considera los derechos de las personas
desde la concepción. También debemos tener en cuenta las distintas
interpretaciones de la ciencia médica para debatir desde cuándo se da la
concepción.
Asimismo, no es un debate sencillo
cuando se lo aborda desde lo social. Ha habido manifestaciones de la sociedad
en uno y otro sentido, es decir, a favor de la despenalización y, además, de la
promoción del aborto libre asistido por el Estado.
La bandera de la libertad de la mujer
sobre su cuerpo se ha enarbolado desde un importante sector de la sociedad.
Esta bandera ha sido criticada desde otro sector, defendiendo la autonomía como
persona del por nacer, poniendo límites a la soberanía del cuerpo de la mujer
embarazada respecto del cuerpo de aquella persona por nacer.
Creo que en ambos casos se trata de un
pensamiento o filosofía de vida que hay que respetar. Lo cierto, señor
presidente, es que la pregunta a responder es si hay vida. Si consideramos que
no atentamos contra la vida humana, todo lo que debatamos no tiene sentido,
pues no se estaría cercenando el derecho de ningún ser humano, no se estaría
privando de la vida arbitrariamente, como prohíbe la Constitución Nacional.
Desde esa mirada, el aborto debería
ser una práctica médica legal incluida en el Programa Médico Obligatorio,
cubierta no sólo por los hospitales públicos, sino por todos los subsistemas de
salud, incluyendo obras sociales y prepagas. Pero, por el contrario, si
consideramos que hay vida, estaríamos legalizando la privación de la vida de un
ser humano de la manera más arbitraria y violando la manda constitucional.
Todo lo que se diga sobre el derecho
de decisión de la mujer acerca de las posibilidades y oportunidades para llevar
ese embarazo no tiene asidero si lo que prima, en honor y mérito de esos
argumentos, es una vida humana.
Es por ello que vuelvo a repetir que
este es un debate muy complejo del que no deben estar ajenos la pasión, pero
mucho menos la razón, para ejercer el respeto como principal práctica
discursiva y argumentativa.
Particularmente, he entendido lo
difícil que debe ser para muchas mujeres enfrentar una decisión como la de
abortar. La sociedad considera hoy a la práctica abortiva como la quita de una
vida y de ahí que se derive la persecución penal para la mujer que se somete y
también para quien realiza la práctica.
Quizás ese grupo clandestino necesita
que la sociedad los avale. Esta sociedad debe entender el grado de
desesperación que puede llevar a una persona a arriesgar su vida.
Claramente, hemos llegado a un nivel de
ausencia tal del Estado en esta cuestión que se ha abandonado por tabú
-o por lo que fuera-
el tema a su suerte. Lo que falta es educación sexual y planificación familiar,
pero, por sobre todo, educación social para saber afrontar estas situaciones y
darles solución y contención.
No creo que la mujer deba ser
perseguida penalmente, sino contenida socialmente ante esta situación. Debe
reconocerse la importancia de poner sobre el tapete este tema, tantas veces
oculto bajo la alfombra. Es un debate y una definición que nos debíamos los
argentinos.
Dudo que alguno de nosotros no estemos
a favor de la vida. Solamente tenemos concepciones diferentes de cuándo esa
vida comienza. Creo en la Constitución Nacional, la cual juré respetar y
defender. Creo en la vida desde la concepción. Lo creo desde lo moral y lo
religioso, pero también desde lo técnico y lo jurídico. Por ello, el Código
Penal agrava delitos cuando la consecuencia es el aborto. ¿Qué se protege con
esos agravantes si no es la vida del por nacer?
Desde el derecho laboral se protege el
trabajo de la mujer embarazada para cuidar la gestación, es decir, el mejor
desarrollo del no nacido.
No creo que se esté protegiendo a la
madre, sino a la maternidad, o sea, al niño que se desarrolla en el seno materno.
Por ello, señor presidente, no considero que la persecución penal de la mujer
sea una solución, pero tampoco creo que naturalizar el aborto como herramienta
de salud pública o control de la natalidad –en cualquiera de sus versiones- sea
la solución que la sociedad demanda en su conjunto.
Esperando que la respuesta de este
Congreso sea un proyecto que aborde la problemática de base en forma integral,
anticipo mi voto negativo al proyecto en tratamiento. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Walter Correa, por Buenos Aires.
Sr. Correa.- Señor presidente: no quiero atribuirme la potestad de hablar en
nombre de las mujeres por mi cuestión de género. Considero que es un derecho
que no me corresponde. Por eso recurro a dos notas realizadas por trabajadoras
de la salud del Hospital Provincial de la ciudad de Moreno, provincia de Buenos
Aires.
En primer término, voy a leer una nota firmada
por Elisa Palma, enfermera con más de treinta años de servicio en dicho
hospital. Dice así: “No es aborto sí o aborto no. Las prácticas de aborto
clandestino se realizan frecuentemente, sin cuidados mínimos de salud, en
lugares insanos y con un alto riesgo de vida para las mujeres. En nuestro
querido hospital de Moreno llegan más de veinte mujeres por día en situación de
aborto clandestino donde la vida de estas mujeres corre riesgo de muerte. El
aborto legal libre y gratuito es un verdadero asunto de salud pública y
justicia social para todas las mujeres. No perdamos más tiempo; no perdamos más
vidas. Las mujeres exigimos decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestros
derechos y sobre nuestras vidas”.
A continuación leeré otra nota. En
este caso, firmada por Margarita Capdevilla, trabajadora de la Secretaría de
Salud del Municipio de Moreno. Dice así: “Como trabajadora de la salud del
Municipio de Moreno pido la legalización del aborto como parte de los derechos
que el Estado nos adeuda a las mujeres. En el caso de las mujeres de mi barrio,
si el Estado nacional no garantiza el acceso tal como viene sucediendo en los
últimos dos años, no tenemos acceso a la educación sexual ni a métodos
anticonceptivos. A causa de esta situación que nos toca atravesar, es que nos
encontramos con altísimos números de embarazos no deseados. En las salitas de
los barrios, en los ámbitos de la salud pública, es donde nos topamos a diario
con decenas y decenas de estos casos. El aborto es una realidad que no pueden
tapar. Nuestras mujeres, por causas diferentes, abortan. Garanticemos que el
aborto sea libre, gratuito y seguro. De esa manera, preservamos la vida y,
básicamente, la vida de mujeres de bajos recursos que son las que más pagan con
sus vidas las prácticas clandestinas del aborto”.
Señor presidente: como vecino de
Moreno no puedo desconocer esta realidad. Como católico, creo firmemente en la
misericordia a nuestras mujeres y, como diputado, mi voto es a favor del aborto
legal, seguro y gratuito. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Baldassi, por Córdoba.
Sr.
Baldassi.- Señor presidente: trataré de ajustarme
al tiempo.
En
épocas en que la ciencia en general y la ciencia médica en particular avanzan
de manera superlativa, considero necesario un debate maduro y responsable sobre
un tema pendiente de discusión hace muchos años.
Es
un hecho natural probado el inicio de la vida a partir de la concepción. De
manera que no cambia nada el hecho de fijar un límite de tiempo para la
interrupción del desarrollo de una vida.
Cualquier
práctica invasiva implica modificaciones. La estructura del ser humano a veces
conlleva consecuencias físicas y psíquicas. Sería una necedad de mi parte no
reconocer que la mayoría son positivas; sin embargo, en este caso en particular
no se trata de una corrección ni de una modificación sobre la persona, sino de
la decisión de negar la existencia a quien no puede decidir por sí mismo.
La
vida se renueva por generaciones y creo que todos reemplazamos a quienes van
concluyendo su ciclo. Venimos con nuestra impronta, personalidad y utopía.
Somos protagonistas de un tiempo y una época. Como nuestros hijos tienen la
misma misión, sería egoísta impedirles su cumplimiento.
Esta
no es una reflexión científica, sino de un padre que ve en sus hijos la máxima
expresión de la vida.
Es
verdad que ninguno de los presentes por convicción o fortaleza moral niega el
derecho y el reconocimiento que merecen los hijos. Sin embargo, estamos
discutiendo cuándo se inicia la vida y cuándo se comienza a ser persona.
La
vida es una creación de la naturaleza y estoy convencido de que ella es la
única que tiene derecho a interrumpirla.
Particularmente
respeto a quienes piensan diferente. Escuché con atención cientos de sabios y
serios argumentos que no me atrevería a refutar. De todas maneras, me resulta
imposible compartirlos porque partimos de valoraciones distintas.
El
embarazo no deseado, obviamente, se puede evitar con diferentes prácticas de
anticoncepción. Una forma de protección debe partir de la educación sexual y de
los diversos mecanismos y medios para incorporar conocimientos y valores sobre
los procesos de concepción y embarazo. Sin duda, es responsabilidad del Estado
asumir este rol protector, poniendo al alcance de todas las mujeres distintas
herramientas que garanticen su protección.
Acompaño
las excepciones existentes relativas a las gestaciones producto de violación o
abuso, como así también las interrupciones por prescripción terapéutica porque
permiten corregir situaciones extremas que deben estar contempladas en el marco
normativo.
Rescato
que no estamos mirando para otro lado. Reconocemos que el embarazo no deseado
es un problema, pero debemos trabajar en propuestas superadoras que promuevan
el respeto a toda la vida humana, especialmente la de las mujeres
desprotegidas.
Finalmente,
con la convicción que me otorgan mis principios, mi formación personal y los
conocimientos acumulados durante este tiempo, me permito hacer una reflexión.
Esta mañana cuando venía para el Congreso llamé a mi madre, quien gracias a
Dios está viva, y le pregunté en qué momento ella se sintió abuela. Ella
respondió: “En el mismo momento en que me dijiste que tu mujer estaba
embarazada.” (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Russo, por Buenos Aires.
Sra.
Russo.- Señor presidente: hoy es un día histórico
porque los abortos en la Argentina vienen sucediéndose hace tiempo, perdiéndose
muchas vidas a raíz de las prácticas clandestinas. Por primera vez en este
recinto y luego de casi cien años, estamos debatiendo qué vamos a hacer al
respecto.
Desde
el comienzo de este debate hay un aspecto que me preocupa y es la
representatividad de la sanción de hoy. Las encuestas marcaban disparidades
entre la opinión pública y las posiciones de los diputados, otorgando la
posibilidad de realizar una consulta popular con la intención de emparejar
ambos escenarios. Sin embargo, me alegra decir que sucedió algo mejor y
superador. Esta Cámara abrió sus puertas al pueblo para debatir en forma amplia
y respetuosa.
Vemos
miles de mujeres en las plazas. Hoy votaré pensando en todas esas personas que
se manifiestan a favor y en contra de que una mujer pueda interrumpir
voluntariamente su embarazo. Honestamente creo en el amor y el respeto por la
vida que expresan ambas posturas.
Este
debate nos hace buenos ciudadanos porque estamos pensando colectivamente en no
hacer daño. Esta discusión es muy rica porque saca lo mejor de cada uno, aun
teniendo posiciones antagónicas. En esta casa del debate partidario, esta
disputa ha trascendido los partidos, porque somos personas de bien que no
anteponemos los colores partidarios cuando se trata de decidir sobre la vida
humana. Estoy convencida de votar afirmativamente este proyecto de ley porque
creo en el género humano y que las personas vivimos, hacemos, soñamos y nos
expresamos a la medida de nuestras convicciones y valores personales.
Suponer
que una ley ampliatoria de derechos cambiará los valores éticos, morales,
religiosos o la perspectiva acerca de la dignidad de la vida de una persona o
una sociedad es sobreestimar nuestra tarea y la letra fría de la ley.
Señor
presidente, creo que como legisladores nacionales no podemos ignorar esta
problemática de salud pública. Tampoco podemos dejar que las creencias
personales se impongan sobre el derecho a la salud de miles de mujeres. Estar
en contra, excluye; estar a favor, nos contiene a todas, aún a quienes tendrán
la libertad de no ampararse en esta ley, porque no se trata de aborto sí o
aborto no. Se trata de aborto legal o clandestino.
Claramente
voto a favor de la vida y a favor de las mujeres que quieren elegir. Las
acompaño, me hermano con aquellas y las abrazo, porque ninguna mujer de bien
toma esta decisión felizmente y a la ligera. Quienes hemos sido atravesadas por
esta situación en el propio cuerpo, o en el de otra mujer, lo sabemos. Creo
firmemente en que ninguna mujer de bien utilizará el amparo de esta ley de
manera irresponsable, y la prueba de esto son todas las mujeres que están ahora
en la calle pidiendo que sancionemos esta ley.
Creo
en nosotras, las mujeres. Voto a favor de la mujer rica y de la mujer pobre,
porque ninguna de las dos será la misma luego de tomar esta decisión, aunque la
diferencia entre ellas es que solo una tiene chance cierta de vivir para
contarlo.
Voto
a favor de la maternidad deseada, y de la despenalización del aborto.
En
estos días, en mi bloque –y seguramente en otros‑ hemos vivido la
tolerancia y el respeto por el que piensa distinto. Pensar distinto no tiene
costo en el cariño y el respeto hacia nuestros pares.
En
algunas horas, luego de votar, espero que todos celebremos, cualquiera sea el
resultado, que hayamos alcanzado la madurez de debatir. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Garretón, por Tucumán.
Sr.
Garretón.- Señor presidente: estar aquí, en este
momento, implica una situación compleja para mí. Son casi las cuatro de la
mañana y el debate ha sido largo. Siendo yo mismo una de las personas
indecisas, después de haber analizado y compartido tanto, voy a tener que tomar
algún tipo de definición.
Como
vengo manifestando desde el comienzo, estoy claramente en contra del aborto y a
favor de las dos vidas. Se trata de una opinión personal que está basada en una
serie de valores y convicciones. Sin embargo, como digo siempre, este tema hay
que analizarlo desde el punto de vista de la salud pública.
Estoy
convencido de que, en el fondo, ninguna mujer tiene el deseo de abortar. Sin
embargo, el análisis de la despenalización tiene que ser realizado desde la
salud pública. Entiendo que la despenalización puede ser una herramienta para
bajar la tasa de abortos en la Argentina.
Hasta
aquí está claro que la criminalización no tuvo un efecto preventivo ni
disuasorio. Hoy los abortos existen y crecen día a día en la Argentina y en
Latinoamérica, y estoy convencido de que el Estado tiene que intervenir de
alguna forma para pararlos.
Mi
desafío desde que se dio inicio al tratamiento de este tema fue profundizar el
debate, sobre todo en Tucumán, provincia a la que represento. La idea es que la
gente se involucre para que sepa que hay cientos de miles de abortos por año.
También es importante que sepa cómo se legisla en otros países, y que es
posible bajar esas tasas de aborto. Estamos cansados de que se pierdan tantas
vidas en la Argentina y de que, como sociedad, no nos hagamos cargo de la
situación.
Me
parece espectacular que estemos debatiendo esto. Significa que estamos
enfrentando el problema. Considero que lo estamos haciendo con bastante altura.
Además, la participación que estamos teniendo es realmente importante. De
alguna forma, pienso que estoy logrando profundizar el debate en mi provincia.
En
relación con la despenalización como herramienta para bajar la tasa de abortos,
recurrí a la Plataforma de Democracia Directa para poder escuchar a la mayor
cantidad posible de tucumanos. Es muy interesante lo que pasó. Participaron
casi 15.000 personas de todo el país. Los resultados salieron a la luz hoy al
mediodía y muestran que la situación es muy similar a lo que está pasando en
esta Cámara. Básicamente, estamos empatados. Sin embargo, cuando uno mira
provincia por provincia, observa que el caso de Tucumán es claramente distinto:
una gran mayoría está en contra de la despenalización. (Aplausos.)
Como
dije antes, la decisión que tengo que tomar es extremadamente difícil, ya que
represento a los tucumanos. El último fin de semana hubo una marcha a la que
asistieron más 100.000 personas, que dieron su opinión en ese acto de ir
caminando hacia la plaza.
Entonces,
por un lado entiendo que la despenalización puede ser una gran herramienta,
pero, por el otro, tengo grandes dudas sobre el proyecto en tratamiento, sobre
todo en relación con su implementación en la Argentina. El proyecto contempla
la contención social, la ayuda de psicólogos, etcétera. En definitiva, pretende
que el sistema de salud funcione tan sólidamente como en los países
desarrollados, y no sé si la Argentina está a la altura de las circunstancias.
Teniendo
en cuenta mis grandes dudas sobre el proyecto en tratamiento, y que represento
a Tucumán, donde la mayoría está en contra de la despenalización, decidí emitir
mi voto en contra de la despenalización. (Aplausos.)
Esta
decisión ha sido muy compleja para mí. Sin embargo, estoy convencido de que el
debate fue enriquecedor y muy democrático, y permitirá avanzar en una
legislación que no criminalice a las personas. Gracias a este debate ya somos
mejores personas, más libres, más verdaderas y más democráticas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Ricci, por Santa Cruz.
Sra.
Ricci.- Señor presidente: en primer lugar, y como
ha hecho la mayoría de mis colegas, quiero resaltar este momento histórico que
nos toca vivir en el día de hoy.
En
segundo término, deseo expresar mi repudio a las amenazas y aprietes que hemos
sufrido desde ambos lugares, situación que es inadmisible en la democracia que
nos toca vivir.
Mucho
se ha dicho en el día de hoy sobre los fundamentos jurídicos por los cuales no
avalamos, quienes defendemos las dos vidas, el dictamen de mayoría que se está
considerando en este recinto. También se habló sobre los argumentos científicos
que han demostrado sobradamente que la vida comienza a partir de la concepción.
No voy a hacer hincapié en las razones por las cuales un aborto nunca es
seguro, ni tampoco en las nefastas consecuencias que esta práctica implica
tanto a nivel físico como psicológico.
Ninguno
de los que estamos defendiendo las dos vidas desconoce que existe la práctica
del aborto. Nadie desconoce que en nuestro país abortan mujeres en buenas y en
malas condiciones de acceso a la salud pública. Ante estas afirmaciones, me
parece muy importante que hoy pensemos y obremos teniendo en cuenta que la
decisión que vamos a tomar representa no solo la postura de este Cuerpo, sino
también lo que somos como país, lo que pensamos, lo que somos capaces de
resolver.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sra.
Ricci.- Me pregunto si las políticas de Estado y
la sociedad han hecho el esfuerzo suficiente como para que lleguemos a la
situación de permitirle a una mujer que tome la decisión de abortar.
Obviamente, la respuesta es que no. En este sentido, si la vida es un derecho
fundamental promovido por nuestro Estado y por nuestra Constitución, sancionar
esta ley implica violar dicho principio.
Vivo
en la provincia de Santa Cruz y créanme que la muerte por aborto, como sucede
en muchas provincias de nuestro país, no es la mayor causa de muerte de las
mujeres. La realidad es que en nuestra provincia las mujeres mueren porque no
tienen acceso a la salud, a ser atendidas en tiempo y forma y tampoco a
especialistas; en definitiva, porque no tienen acceso a un sistema que las ampare.
Estas son las razones por las que mueren nuestras mujeres, no específicamente
por practicarse abortos.
Quienes
estamos a favor de las dos vidas no aplaudimos que una chica de 12 años esté
embarazada ni consideramos que haya que obligar a una mujer a ser madre, como
algunos afirman; no es eso lo que defendemos, sino el derecho de dos personas.
Considero
que teniendo en cuenta todo lo que no hemos hecho, este es el momento de hacer
lo que corresponde como Estado, de no claudicar, sino tomar el toro por las
astas y poner manos a la obra en la construcción de una sociedad más justa e
igualitaria, que defienda el bien común y los derechos de todos.
Escuché
decir -y estamos totalmente de acuerdo- que el Estado no está presente en la
entrega de los anticonceptivos, en el desarrollo de programas relacionados con
la ley de educación sexual integral y con todas las leyes que se nombraron
vinculadas con la protección de niñas, niños y adolescentes y de violencia
contra la mujer. Coincidimos en que esto es lo que falta.
Evidentemente,
la discusión no pasa por las cuestiones en las que estamos de acuerdo, sino por
cómo abordamos esta problemática y es en ese punto donde tenemos diferencias.
Nosotros creemos que es posible un trabajo de prevención y de educación que
llegue a todos los territorios, que incluya a todos -que es justamente lo que
está faltando- y que no debemos tomar una decisión sin haber hecho el esfuerzo.
Están
subestimando y descalificando a quienes no estamos de acuerdo con el proyecto
de la mayoría y simplifican nuestros argumentos a la esfera de lo religioso.
Créanme que no tienen que ver con eso, sino con que creemos que antes de tomar
una decisión como la que tenemos por delante, todavía hay mucho camino por
recorrer.
Cuando
decimos que defendemos a las dos vidas no hablamos de obligar a las mujeres ni
tampoco somos todas madres de siete hijos; no se trata de eso, sino de
realmente pensar en un Estado presente, y esa será nuestra obligación a partir
de la discusión en este recinto. Este será el motivo por el cual nos vamos a
unir todos a partir de este momento, sea cual fuera el resultado de la votación
de hoy.
¿Qué
valor le estamos dando a la vida humana, señores diputados, si la queremos
convertir en un bien disponible en función de la decisión y necesidades de
alguien?
La
Argentina tiene una alta mortalidad materna, pero no por aborto, y nos resta
por delante mucho trabajo en función de la prevención. Soy mujer, soy libre y
por eso elijo defender a las dos vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Benedetti, por Entre Ríos.
Sr.
Benedetti.- Señor presidente: si la afonía que me
acompaña hace más de dos días me lo permite, quisiera manifestar las razones
por las cuales voy a acompañar el proyecto de mayoría sobre la despenalización
del aborto. De no poder continuar con mi exposición, solicito anticipadamente
autorización para insertar mi discurso.
En
primer lugar, quiero decir que rescato la valentía del señor presidente Macri
por habilitar el tratamiento de este tema en el Congreso Nacional, pero más
rescato el trabajo de los presidentes del plenario de comisiones que hicieron
posible que tuviéramos más de setecientas exposiciones. Ello nos permitió tener
información muy amplia desde el punto de vista de la ciencia y de la
experiencia comparada con otros países, a muchos de los cuales miramos como
ejemplos a seguir.
Durante
el transcurso de las exposiciones se mencionaron muchas cifras relacionadas con
supuestos, pero también muchas otras con realidades comprobadas. El señor
ministro de Salud mencionó aproximadamente 50.000 egresos por abortos, como
cifra promedio de los últimos cinco años, y ello nos habla de la magnitud del
problema que estamos considerando.
Esos
50.000 egresos significan la misma cifra de ingresos, lo que arroja que
diariamente entre 130 y 150 mujeres de nuestro país ingresan por día a los
hospitales públicos como consecuencia de abortos inseguros.
A
raíz de esta información quedó claro que los embarazos no deseados existen, que
el aborto existe, que es alta la morbilidad y también, en muchos casos, la
mortalidad por abortos inseguros.
Por
lo tanto, el problema es de salud pública y en tal sentido lo estamos
abordando. Es claro que en contraposición a lo que aquí se ha dicho, la penalización
del aborto ha fracasado en la República Argentina y también que es un tema que
debe ser abordado de la manera en que lo hace este proyecto de ley.
Como
representante del interior del país, quiero hacer algunas consideraciones que
pueden resultar obvias, pero que reflejan la preocupación que genera el
tratamiento de este asunto en nuestras provincias y en nuestros pueblos, en
donde las posiciones se han radicalizado.
El
proyecto de ley en consideración no obliga a ninguna mujer a abortar, no propicia
ni promociona los abortos y de modo alguno impide ni condiciona, ni menos
cuestiona, a todos aquellos grupos sociales y religiosos que trabajan y militan
en todo nuestro país a favor de que no haya ninguna mujer que por alguna razón
aborte en la República Argentina.
Este
proyecto tiene que ver con el reconocimiento del problema del aborto y del
abordaje para solucionarlo y con el reconocimiento de que muchas mujeres, por
diferentes razones, toman la decisión de terminar con un embarazo no
deseado. También tiene que ver con que
el Estado no puede marginarlas ni condenarlas. Además de la traumática
decisión, estamos destinando a las mujeres a la clandestinidad e ilegalidad,
poniendo en riesgo sus vidas.
Por
estas razones, adelanto el voto afirmativo al proyecto de despenalización del
aborto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado Grana, por
Buenos Aires.
Sr.
Grana.- Señor presidente: en principio, quiero
confesar que me siento realmente conmovido por ser diputado nacional en este
momento histórico del país.
Hoy
fuimos testigos de la inmensa movilización que vino a expresar mucho más que lo
que hoy se está debatiendo en este lugar, que tiene que ver con la
despenalización del aborto. Me parece interesante que el conjunto de
legisladores entendamos esto, porque acá se ha tergiversado de alguna manera
–espero involuntariamente‑ el debate.
Hay
muchos diputados y diputadas que han hablado como si hoy estuviéramos
discutiendo la inauguración de la práctica del aborto. Así fue como nos han
explicado o han compartido su visión sobre cuándo se inicia la vida y si está
permitido abortar según el marco normativo de la Argentina. Me parece que eso
no es lo que se está debatiendo, sino si el aborto es legal o clandestino.
Con
respecto a la cuestión jurídica hay una mirada extremadamente conservadora que
dice que nuestra legislación no contempla el aborto. Si la mirada conservadora
hubiese sido permanente a lo largo de la historia argentina, nada habría cambiado
a lo largo de los años. De esta forma, no habría una jornada laboral de ocho
horas, no habría vacaciones, no habría elecciones ni tendríamos la cantidad de provincias actual,
porque originalmente ello no era así. Ni siquiera hubiese sucedido la Revolución
de Mayo.
Hay
un cambio permanente que tiene que ver con los nuevos momentos, las nuevas
expectativas y las nuevas miradas que tienen las sociedades.
Asistimos
a un momento histórico porque lo que está ocurriendo en las calles y en el
conjunto de nuestra Patria es una nueva valoración, fundamentalmente de parte
de las mujeres y de muchos hombres, sobre el rol de la mujer y la posibilidad
–entre otras cosas‑ de elegir su destino.
Hemos escuchado argumentaciones en el sentido
de que la mujer tiene como destino asignado solo el rol de ser madre, quizá por
voluntad divina o quién sabe por qué. Por otra parte, la mujer no tiene la
posibilidad de decidir qué quiere ser. Esta es la discusión que se está dando
acá.
Desde
la legislación, el sentido común y el statu
quo se le asigna un lugar inamovible a la mujer. Si no es madre, no es y,
por lo tanto, no tiene derecho a decidir, y según la concepción de algunos y
algunas, tiene que estar prohibida la posibilidad de abortar de manera segura,
porque acá se quita la capacidad de decidir.
La
idea del patriarcado –uno lo ha aprendido en todos estos años‑, que hoy
está en discusión en la Argentina,
indica que la mujer no puede decidir sobre su futuro y sobre el lugar
que quiere ocupar en la sociedad y cómo quiere hacerlo.
Esta
discusión a veces no se plantea de esta manera, pese a que en ese marco algunas
posiciones que dicen defender la vida serían más lógicas y entendibles. Sin
lugar a dudas, esto parecería que es una cuestión que todos tenemos en la
cabeza.
Solo
hablamos de defender la vida cuando conversamos sobre el rol de la mujer. Pero
no sucede lo mismo cuando discutimos qué pasa con las prestaciones que deben
tener nuestros jubilados, o cuánto tiene que ser el dinero de la asignación
universal, o cuáles tienen que ser los derechos del trabajador, porque la vida
no es solo respirar, sino que tiene que ver con la dignidad.
No
existe la misma defensa de la vida cuando se discute la soberanía económica de
la Argentina y, por ejemplo, la relación de nuestro país con el Fondo Monetario
Internacional. A partir de los designios económicos de esta institución y de la
pérdida de soberanía de las decisiones económicas, decenas de miles de
compatriotas de esta y de las próximas generaciones estarán condenados. Si
defendemos la vida, hagámoslo permanentemente a partir de la dignidad. Esta se
construye a partir de la libertad, la igualdad y la justicia social.
Hoy
también estamos discutiendo la defensa de la vida en su conjunto. Pero,
fundamentalmente, quiero rescatar, si hablamos de igualdad, que cada persona
debe definir su proyecto de vida y, en el caso específico de las mujeres,
tienen derecho a decidir.
Hoy
estamos poniendo esto sobre la mesa: queremos igualdad entre los hombres y las
mujeres, y que cada uno decida el destino de su vida. Por eso apoyaré el
dictamen de mayoría. Quiero que cada día podamos vivir en una sociedad de más
iguales. Hace falta que la mujer pueda decidir sobre su vida, para lo cual
debemos despenalizar el aborto. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada Soraire,
por Tucumán.
Sra.
Soraire.- Señor presidente: estamos aquí reunidos
después de una larga jornada de trabajo y debate. Es muy bueno escuchar
diferentes voces.
Los
políticos no debemos ser ciegos y sancionar leyes que dignifiquen a la persona
y que no evadan la realidad de la vida humana eliminada y del dolor de la mujer
que practica el aborto.
Tenemos
que debatir leyes con función educativa, inclusiva y con derechos, a partir de
fortalecer la familia y tener verdaderas políticas de inclusión. Cuando
hablamos de inclusión hacemos mención a la familia con todos adentro: la mujer
y el niño por nacer, que no tiene voz.
También
estamos hablando de contar con educación sexual obligatoria en todas las
escuelas, en todos los centros de salud, en los centros integradores, en los
centros comunitarios, en los Centros de Atención Primaria de la Salud y en los
hospitales, donde se contemplen métodos anticonceptivos para los adolescentes y
mujeres que decidan cuidarse.
Debemos
trabajar en fortalecer derechos como refugios, más asignaciones universales y
mejores políticas sanitarias. Desde 2015 tenemos 13 hospitales sin terminar: en
Catamarca, un Centro de Medicina Nuclear y un centro infantil, y lo mismo
ocurre en Entre Ríos, Paraná, Gualeguaychú, Formosa, Santiago del Estero, La
Pampa, Santa Cruz, Laferrere y Rafael Castillo. Está parada la construcción de
hospitales en zonas de gran cantidad de habitantes, como Cañuelas, Esteban Echeverría
y Escobar.
Nuestro
sistema de salud está colapsado por falta de médicos comunitarios y
medicamentos. Debemos fortalecer políticas de derechos en serio. Es posible
lograr que ninguna mujer y ningún niño por nacer sufran o mueran por aborto.
Tenemos que trabajar y mejorar las condiciones de vida de las mujeres que
padecen pobreza y necesidades básicas insatisfechas.
Trabajé
en las políticas sociales a lo largo y a lo ancho de mi país. Pude caminar por
El Impenetrable y por esos lugares donde la pobreza es muy profunda. Trabajé
con camiones del sistema de salud y con el tren Eva Perón, donde se colocaban
los DIU y se repartían preservativos. Tenemos que fortalecer esas políticas de
prevención en lugar de suprimirlas, porque hoy los camiones están parados
mientras que el tren sanitario fue abandonado.
Señor
presidente: cuando hablamos de derechos, nos referimos al derecho a la vida,
tanto para la mujer como para el niño. Hay que fortalecer las consejerías y el
acompañamiento a la mujer. Podemos avanzar hacia una sociedad más buena y
humana, trabajando los valores y eligiendo la opción más inclusiva y amplia de
los derechos humanos de todos. Hay que
respetar el derecho a la vida y la salud integral de la mujer, pero también
debemos hacernos cargo de las causas y las consecuencias reales de la tragedia
del aborto. Tenemos que trabajar sobre
las causas y no cuando el aborto ya está definido.
También
puede ser excluido el derecho a vivir por padecer alguna enfermedad, pobreza, o
simplemente porque no es deseado. Sin embargo, la opción que considera los
derechos humanos debe contener mayor amplitud e inclusión en lugar de tender
hacia la restricción de derechos, el desamparo y el descarte.
Por
eso votaré a favor de las dos vidas. (Aplausos.) Voy a votar por esa voz que
hoy nos pide que clamemos y salgamos a defenderla. Trabajemos por un proyecto que sea mucho más
inclusivo para todo nuestro país y para que esos adolescentes sean responsables
pues tienen derecho a elegir, pero ese niño que hoy no tiene voz ni voto
también tiene derecho a nacer. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lacoste, por Entre Ríos.
Sr.
Lacoste.- Señor presidente: en primer lugar, para
enmarcar desde qué posición voy a hablar, aclaro que no he militado ninguna de
las dos propuestas, ni la verde ni la celeste.
Entre Ríos no fue parte del debate electoral de 2017, pero en su momento
propuse la posibilidad de realizar una consulta de opinión no vinculante, aprovechando
las oportunidades que nos dan las nuevas tecnologías de las que recién hablaba
el señor diputado Garreton.
Lamentablemente,
el proyecto no fue tratado. Digo que es lamentable porque de ninguna manera se
interponía con el tratamiento en el plenario de comisiones, sino que por el contrario
el planteo era tratarlo en paralelo a ese trabajo tan importante que se realizó
durante dos meses. Para salvar esa falta de legitimidad electoral, y porque
creo en la representación política y no en la sociológica, he dedicado mucho
tiempo a escuchar en mi provincia a todos los sectores que pude, sin
preconceptos. De hecho, he tomado la
decisión recién a principios de esta semana.
En
segundo término, quiero recordar a los amigos que hacen referencia a quiénes
tienen los méritos por haber traído este proyecto al recinto que también sería
bueno dar algún reconocimiento a Raúl Ricardo Alfonsín, que en la Convención
Constituyente de Santa Fe se plantó y evitó que se incorporara una cláusula que
impidiera que este Congreso pudiera debatir un proyecto de estas
características algún día. (Aplausos.)
Tal vez, con esa mirada de estadista ya presumía por aquel entonces que el
Estado iba a fracasar en sus políticas de educación sexual y reproductiva.
Con
el respeto que me merecen los colegas, creo que es necesario rescatar este
gesto de Raúl Alfonsín, porque hoy veo muchos pañuelos verdes en una bancada
que en 1994 proponía bloquear constitucionalmente este debate.
Dicho
esto, voy a entrar en algunas consideraciones respecto de lo que hoy nos
convoca. Nadie desconoce en este recinto que la práctica del aborto existe
desde siempre, casi desde el nacimiento de la raza humana. Por eso es un debate erróneo el “aborto sí” o
el “aborto no”; debemos analizar qué hacemos frente a esta situación. ¿Lo
seguimos escondiendo debajo de la alfombra, como se dijo en varias
oportunidades? ¿O afrontamos con
responsabilidad y altura este debate para encontrar un camino para
evitarlo? Independientemente de lo que
hoy suceda con este tema, ya no se podrá esconder más y nadie podrá mirar para
otro lado. Lo más importante tal vez
pase a partir de mañana, si somos capaces de encontrar esa síntesis de la que
habló la señora diputada Martínez, porque nadie quiere más abortos en la
Argentina.
Está
más que claro que el Estado ha fracasado en las políticas de educación sexual y
reproductiva. No existen buenas estrategias para la distribución de métodos
anticonceptivos. Por citar solo un ejemplo, los dispensers con preservativos están en los hospitales y en los
centros de salud, pero no en los establecimientos educacionales.
No
podemos desentendernos como sociedad ni como padres de que no hemos sabido dar
educación sexual a nuestros hijos, porque las mujeres que abortan son hijas de
alguien, y los padres que los engendran, también.
Por
eso me parece que la discusión no debe ponernos ante la falsa antinomia de que
unos quieren la vida y otros no. Todos
queremos la vida. La señora diputada
Carrizo dijo que no tiene el “radicalómetro”, y yo agrego que aquí nadie tiene
el “vidómetro”. Insisto: todos
defendemos la vida. No tenemos que enredarnos en las estadísticas, porque unos
dicen unas cifras y otros citan otras. Las cifras oficiales también son
falibles y, más allá de cuántas muertes sean, nadie quiere más abortos en la
Argentina. No tenemos que ejercitar el miedo a lo nuevo en el sentido de que si
se sanciona la ley puede pasar esto o aquello. Es mal intencionado sostener que
si todo sigue como está no existirán los abortos, y que si se sanciona esta
norma, sí existirán. Esto no lo digo para quienes están en este recinto sino
para aquellos que se dedican a operar y presionar por las redes sociales con
argumentos falaces.
Tampoco
podemos pedir a esta ley que resuelva todos los problemas sociales de la
Argentina. He escuchado que se reclaman soluciones a los problemas de adopción,
las enfermedades del mal de Chagas, la tuberculosis, la sífilis, el SIDA, el
gatillo fácil, etcétera. Todos estos son temas que claramente debemos afrontar.
La
sociedad en su conjunto asumió que estamos frente a un problema y eso es lo
bueno que trajo este debate. Ahora todos debemos actuar en consecuencia:
nosotros, debatiendo este proyecto, independientemente del resultado; el Poder
Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales deberán mejorar la
aplicación de las políticas y programas de educación sexual y reproductiva, y
la sociedad, entendiendo y aceptando que es un tema que no debe ser más tabú en
la Argentina. Esto debemos encararlo todos juntos, porque ninguna ley resuelve
los problemas por sí misma. Hay que desmitificar. Esta no es una norma
imperativa sino, por el contrario, dispositiva. Libera con límites; respeta las
creencias religiosas de grupos sociales; no obliga a hacer algo a alguien.
En
uno de los tantos mensajes que recibí por las redes sociales, una mujer me
pedía que no apoyara la ley porque me contó que había acompañado a su hermana a
hacerse un aborto, y había visto el sufrimiento físico y emocional que
experimentó en ese momento. Ahora, con el paso del tiempo, en cada chico de
edad similar al que abortó, esa mujer veía a su hijo. Naturalmente, la consulté
para saber si había concurrido a realizar la denuncia penal por la práctica, y
me dijo: “No, es mi hermana”. Ese es el dilema que afrontamos.
Sr.
Presidente (Monzó).- Vaya redondeando su
exposición, señor diputado.
Sr.
Lacoste.- Ya concluyo, señor presidente.
Cuando
es de otro el problema, es delito y debe estar penalizado; cuando es nuestro o
de un familiar, es justificable.
Por
eso, vengo a sostener que estoy absolutamente en contra del aborto, pero estoy
a favor de la modificación del Código Penal para avanzar con la
despenalización. Entiendo que la pena natural ya es carga suficiente para una
mujer. El Estado no puede perseguir a una persona que ha sido víctima por
ineficiencia de aquel que no ha podido brindarle las herramientas y la
educación necesarias para tener relaciones sexuales seguras. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Bevilacqua, por Buenos Aires.
Sr.
Bevilacqua.- Señor presidente: a lo largo de esta
extensa jornada se ha dicho que la vida comienza desde la concepción y que a
partir de ese momento hay que respetarla, y que un plexo normativo la protege.
Esto no genera discusión. Solicito autorización a la Presidencia, para insertar
mis fundamentos en el Diario de Sesiones respecto de ese plexo jurídico, y
concentrarme solamente en un aspecto.
Esta
noche, el planteo debe estar enfocado principalmente en si el aborto es bueno o
malo. En general, tampoco esta idea ha generado dudas. Nadie está conforme con
el aborto. Si sostenemos que la vida comienza desde el momento de la concepción
y de la interrupción, no estamos refiriéndonos al tráfico que se interrumpe y
después alguien dice: “siga, siga”. No se trata de eso; significa muerte,
y que allí se termina una vida.
Entonces, nadie está de acuerdo con el aborto ni podría estarlo.
La
pregunta que sigue es si consideramos que esta es una buena norma, justa,
equitativa, que ampara todos los aspectos conflictivos que hoy analizamos.
Hablamos de las mujeres, de todos los problemas, de las situaciones que se
viven, y también hicimos referencia a ese niño por nacer. No olvidemos que ese
niño por nacer es una persona, ya existe, tiene vida. Aquí permítanme discrepar,
creo que no tiene el derecho a la vida, porque un derecho puede otorgarse o
quitarse. La vida forma parte del ser, está con el ser. Es como si a cada uno
de ustedes le dijera que con una ley vamos a darle el derecho a respirar y que
después determináramos que es progresivo, es decir, de a poco. No es así. Hay
un derecho a la vida que hay que respetar; ese derecho que a veces cuestiona su
definición como tal, se relaciona con el derecho a la protección de la vida, de
estar al lado y estimar aquello que es lo más sensible y débil para el ser
humano. Es allí donde debemos estar.
Por
eso, lo principal es plantearse si esta ley es justa. Digo esto porque a lo
largo del texto no he descubierto el tratamiento de esa persona. Con la misma
rigidez que se trata de ver cómo se hace un aborto, deberíamos incluir algún
artículo que determine la dignidad de ese ser humano. Considero que es una ley
sesgada. Aquí también discrepo con lo manifestado por algún diputado en el
sentido de que no existen obligaciones. Sin embargo, se establece que el médico
que no realice esa práctica deberá inscribirse en un registro de objeción de
conciencia, en el que figurarán datos sensibles que posiblemente puedan
alterarlo. Se dice que la conciencia tiene que ser anterior, como si no fuera
algo que pueda meditarse frente a la vida hasta el preciso momento de realizar
esa práctica. Tampoco podemos obligar a instituciones confesionales, con ideas
y sentimientos propios, porque no se apunta solo al servicio público de salud
sino a todos. Creo que esto es un abuso.
Permítanme
decir lo que siento. He escuchado que son cuestiones confesionales, de
religión, y que debemos separar lo atinente a la salud pública. No creo que sea
así. Respeto profundamente que aquellos que opinan de manera diferente lo hagan
fundados en un tema de ideología, de pertenencia política, de trayectoria. Pido
que también respeten a quienes pensamos de distinta manera. No podemos
despojarnos de lo que sentimos, lo religioso, lo moral, lo ético, o como se
llame. Tenemos otro punto de vista; vemos la vida desde otro lugar, y exigimos
el mismo respeto que nos reclaman del otro lado. (Aplausos.)
De
la misma manera que presentan que un grupo de argentinos y argentinas, con
pañuelos verdes, reclaman determinados derechos con otros fundamentos ‑que
se relacionan con cuestiones más profundas de visiones de la vida y que no
quieren que estén en juego‑ existen otras personas que también sufren y
sienten angustia de tratar esta iniciativa.
- Ocupa la Presidencia, la señora presidenta de la Comisión de
Relaciones Exteriores y Culto de la Honorable Cámara, doctora Cornelia Schmidt
Liermann.
Sr.
Bevilacqua.- Todos ellos merecen el mismo respeto
porque luchan por la vida y en esa defensa también ponen en juego la obligación
que tenemos, como seres humanos, de lograr un país mejor.
Muy
mal nos ha ido como seres humanos al pensar que el fin justifica los medios.
Evidentemente, este concepto ha justificado atrocidades en el universo. El
esfuerzo tiene que estar centrado en la naturaleza del ser humano con las
capacidades necesarias para desarrollarse y buscar alternativas. Debe haber
alternativas, y también debe existir el esfuerzo. No me resigno a pensar que
esto se define por el más débil, como no lo hicieron un montón de argentinos.
Espero
que se recapacite sobre esta iniciativa, y adelanto mi voto negativo. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Matías David Rodríguez, por Tierra Del Fuego.
Sr.
Rodríguez (M.D.).- Señora presidenta: escuchar
palabras como “respeto”, “alma”, “milagro” o “bebé” es insultante, no para uno
sino para miles y miles de mujeres que hoy nos están mirando. Quiero recordar
que mientras algunos diputados buscan palabras o diminutivos para sensibilizar
de alguna manera, en el día de hoy se hicieron aproximadamente 1.300 abortos y
nuevamente se pusieron en riesgo miles de vidas de mujeres.
El
debate en las comisiones fue muy bueno. Se escucharon más de setecientas
exposiciones, las cuales fueron analizadas con posterioridad. Quiero traer a
colación un informe de la Fundación Huésped que analizó la veracidad de esas
exposiciones. Ese informe concluye que, de los datos que dieron los voceros
anti derechos, apenas el 15 por ciento son verdaderos, el 52 por ciento son
falsos, el 7 por ciento son dudosos y el 26 por ciento son no se pueden
chequear. Como mínimo, eso es irrespetuoso. En cambio, respecto de quienes
defendieron la necesidad de aprobar una ley de interrupción voluntaria del
embarazo dice que el 92 por ciento de sus fundamentaciones fueron verdaderas,
ninguna fue falsa ni dudosa, y apenas un 8 por ciento resultó difícil de
chequear. Y al final de este análisis nos recuerdan lo siguiente: “Las
decisiones sobre salud pública se deben tomar apoyadas en argumentos basados en
evidencia. Cuando esto sucede, no hay lugar para dogmas ni sentimientos
personales. Lo que se busca es el bien común.”
Es
importante que nos recuerden eso, porque durante toda la jornada se han
escuchado diferentes experiencias personales. Por supuesto que cada uno las
tiene. A mí me ha tocado charlar con diferentes grupos, incluso anti derechos,
pero sobre todo con grupos de mujeres que durante años vienen reclamando este
derecho, que no es ni más ni menos que el derecho de la libertad real, el
derecho a decidir.
Por
más que algunos lo quieran evitar o pretendan cuidar el discurso, cuando se
habla de la vida entra el dogma religioso. Esto lo debemos transparentar y
decir abiertamente desde dónde habla cada uno.
Ese
trabajo también nos ayuda a despersonalizarlo, que es la manera en que debemos
discutir esto, es decir, liberarnos de esa carga cultural y religiosa que cada
uno de nosotros tiene en pos del bien común. No legislamos ni para una
experiencia familiar ni para una experiencia local, sino en beneficio de 44
millones de argentinos y argentinas.
Con
respecto a la cuestión de la vida, recomiendo leer la postura de Alberto
Kornblihtt, doctor en ciencias químicas, licenciado en ciencias biológicas,
investigador superior del Conicet y profesor titular plenario de la Universidad
de Buenos Aires. Al exponer en el plenario de comisiones sostuvo lo siguiente:
“Los conocimientos actuales en biología, y en particular en biología molecular,
genética y epigenética, confirman que un embrión no es lo mismo y nada tiene
que ver con un ser humano.” Aclaro esto para aquellos diputados a los que les
preocupa “esa persona” o “esa voz”. Les digo que no se preocupen porque ahí no
hay un ser humano.
También
nos decía que “si el embarazo se interrumpe en forma natural o provocada antes
del nacimiento, la persona…” ‑inclusive en la legislación argentina‑
“…se dará por no haber existido nunca jamás. Donde hay conflicto es en lo que
algunos califican como vida humana, un concepto que como veremos no tiene
definición taxativa y responde más a creencias que a hechos.” Los invito a que
lean toda la exposición porque realmente nos ha ayudado a todos.
También
sostenía: “La vida es la forma particular de organización de la materia que
cumple con dos condiciones esenciales, reproducción y metabolismo. La
definición de vida sensu stricto está
referida solo a las células, una célula viva lo está porque puede dividirse y
puede metabolizar, y están vivas tanto las células del embrión como las del
feto, o del bebé o del adulto, pero también están vivos los espermatozoides que
se eyaculan fuera de la vagina, los óvulos que son eliminados con cada
menstruación, las células de la placenta que se deshecha en cada parto, las
células de un humano que acaba de morir siguen vivas por un tiempo no
despreciable.”
Me
gustaría mencionar muchos otros aspectos pero lamentablemente no lo puedo hacer
por una cuestión de tiempo.
Quiero
aclarar que para la biología, un embrión es un embrión y no un ser humano; este
es un tema saldado y que ya se discutió hace mucho tiempo.
También
quiero decir que la decisión de mi voto no fue difícil; no dudé en ningún
momento. La lucha que llevan adelante las mujeres en todos estos años es
ejemplar. Escuché decir a un diputado lo siguiente: “Hago propio el dolor de
las mujeres pero voy a votar en contra”. Le digo a ese diputado que no puede
hacer propio el dolor de las mujeres porque él no es perseguido ni atacado ni
empujado a la clandestinidad, como las mujeres que desean abortar.
Nosotros
como varones tenemos la obligación de acompañar esta lucha que han dirigido y
seguirán dirigiendo de manera ejemplar las mujeres. Tenemos la obligación de
ser sus aliados. Estoy convencido de que más temprano que tarde se va a lograr
la sanción de esta ley, porque hay una generación espléndida que va a seguir
luchando por este tema. Hoy la Universidad Nacional de Tierra del Fuego está
repleta de jóvenes con pañuelos verdes.
Por
último, quiero decir que estoy convencido de mi voto porque es por la libertad y
el derecho a decidir. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Considerando que
todavía quedan más de cuarenta oradores anotados para hacer uso de la palabra,
la Presidencia solicita a los señores diputados que traten de respetar el
término de cinco minutos.
Tiene
la palabra la señora diputada Huczak, por Mendoza.
Sra.
Huczak.- Señora presidenta: la felicito por estar
ocupando ese lugar. (Aplausos.) Me
enorgullece mucho.
En
honor a la hora y a la cantidad de oradores anotados para hacer uso de la
palabra, como usted dijo, seré sumamente breve.
Este
proyecto de aborto libre, seguro y gratuito tiene diferentes puntos y
argumentos que no logro entender y no voy a aceptar. Se habla de doce semanas,
de catorce semanas. Sabemos que científica y legalmente hay vida desde el
momento de la concepción. Por lo tanto, abortar es matar a un ser humano.
Dicen
que cada mujer es dueña de su cuerpo, y estoy totalmente de acuerdo. Cada una
de nosotras puede hacer con su cuerpo lo que quiera, pero un feto tiene un ADN
completamente diferente, y por lo tanto no podemos decidir sobre él.
Se
plantea la cantidad de embarazos adolescentes o no deseados. Entonces, el
problema no es el aborto sino la salud pública, la educación, la prevención. En
esta misma línea de los embarazos no deseados o embarazos adolescentes, tenemos
otra alternativa: la de la adopción. Démosles a esas mujeres herramientas;
acompañémoslas social y psicológicamente, e incluso económicamente, si se
quiere, pero dejemos que terminen su embarazo y luego ayudemos a que tengan una
adopción rápida.
También
se habla de la medicina. En este sentido, tengo entendido que los médicos
tienen el arte de curar, no el de matar.
Para
terminar –porque prometí ser muy breve-, hablaré de un lema que ha sido muy
respetado por nuestra sociedad, que es el de “ni una menos”. Yo marché por “ni
una menos” y seguiré marchando siempre por los derechos de las mujeres, para
que no haya ninguna víctima más. Pero “ni una menos” no es igual a aborto libre.
(Aplausos.) “Ni una menos” es igual a
educación, a salud, a justicia. Nosotros no podemos terminar algo violento con
más violencia, y el aborto es un hecho violento.
En
nombre de todos los argentinos que defendemos las dos vidas, y especialmente en
nombre de todos los mendocinos que defendemos esa consigna, pido que no
violemos el primer derecho que todo ser humano tiene, que es el derecho a la
vida. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Muchas gracias,
en especial por lo breve y contundente de su exposición.
Tiene
la palabra el señor diputado Arce, por Formosa.
Sr.
Arce.- Señora presidenta: pensaba iniciar mi
exposición de otra manera, pero en atención a los acontecimientos sucedidos en
los últimos días haré una pequeña alusión a las presiones que muchos diputados
hemos sufrido al manifestar nuestra posición sobre un tema tan sensible.
En
mi caso particular, fui víctima de calumnias. Por eso quiero aprovechar este
momento para rechazar esas acusaciones infames de supuestos hechos que jamás
existieron. Rechazo categóricamente cada una de esas manifestaciones. Mi
conciencia está tranquila. He hecho pública mi postura hace unos meses, pero
aprovecharon estas últimas horas para operar sin ningún tipo de pruebas, sin
perjuicio de lo cual esta cuestión deberá ser tratada en los ámbitos que
corresponda.
Seguidamente
fundamentaré mi voto, y en primer lugar quiero celebrar que se haya puesto en
la agenda legislativa un tema tan importante para todos los argentinos. Luego
de meses de reunirnos los martes y los jueves en el plenario de comisiones,
creo que todos sabemos un poco más sobre el asunto que hoy nos convoca.
Para
comenzar mi intervención, quisiera plantear los dos ejes de análisis con los
que abordaré la discusión. El primero de ellos tiene que ver con mi profesión y
con el punto de vista jurídico constitucional de la propuesta de interrupción
voluntaria del embarazo.
Como
primer punto, me gustaría señalar que el artículo 75 inciso 23 -nombrado en
reiteradas oportunidades y que algunos colegas han fundamentado debidamente-,
incorporado en la reforma de 1994, menciona como atribución del Congreso la de
dictar un régimen de seguridad social especial e integral de protección al niño
en situación de desamparo. Es decir, se protege a la madre desde el embarazo
hasta el tiempo de lactancia, y al niño desde el embarazo hasta la terminación
del período elemental.
En
este artículo la Constitución Nacional es sumamente clara y contundente, ya que
no distingue ninguna etapa del embarazo. Es claro que protege la vida desde la
concepción.
Una
de las reglas más claras en materia de interpretación jurídica establece que,
donde la ley no distingue, tampoco debe hacerlo el intérprete.
En
segundo lugar, el artículo 75 inciso 22, como también se ha dicho, otorga
jerarquía constitucional a numerosos tratados internacionales de derechos
humanos, como la Convención Americana sobre Derechos Humanos o la Convención
sobre los Derechos del Niño, y en la misma línea, todos ellos protegen la vida
desde la concepción en el seno materno.
El
Código Civil de Vélez Sarsfield, en su artículo 63, siguió ese mismo criterio,
al igual que el nuevo Código Civil y Comercial en su artículo 19.
Si
lo contraponemos con el proyecto en tratamiento, considero que para aprobarlo
no solamente se debería modificar la ley sino –lo que es más sustancial-
también la Constitución Nacional. Está más que claro que, de prosperar este
proyecto, desde el punto de vista jurídico estaríamos ante una posible
situación de inconstitucionalidad.
Más
allá de la situación jurídica, y a efectos de plantear un segundo eje de
análisis, me quiero referir a todas aquellas políticas que a mi entender pueden
morigerar el efecto de los embarazos no deseados, principalmente en la
población adolescente.
Al
respecto, considero que el Estado debe involucrarse con una mayor erogación de
recursos y un fuerte compromiso en el presupuesto, principalmente para el
desarrollo de los programas que actualmente abordan la temática del embarazo
adolescente y la reproducción sexual.
Todos
sabemos que en la Argentina nacen 700.000 chicos por año; 110.000 son de madres
de menos de 19 años de edad, y de ese número, el 68 por ciento corresponde a
embarazos no deseados. Evidentemente tenemos que comprometernos todos a
trabajar en la implementación de la ley de educación sexual en aquellas
escuelas donde aún no se imparten los contenidos obligatorios y capacitar a
nuestros docentes para que dicten estas temáticas en las aulas.
También
debemos solicitar el compromiso del Estado para que se involucre en la
protección del derecho que los niños y los adolescentes tienen a ser informados
y a conocer cuáles son las condiciones para tener la posibilidad de disfrutar
de la sexualidad libre.
Por
último, sostengo que debemos contar con un Estado nacional y provincial
involucrados en la realización de las obras de infraestructura necesarias para
mejorar la calidad de vida de todos.
Es
por eso que debemos trabajar en mejorar las leyes, facilitar las adopciones y
promover una ley de educación sexual integral, capacitando para la decisión
responsable de concebir un hijo, y nuevamente, debemos brindar una adecuada
asistencia física y psíquica a la mujer y a su entorno familiar durante el
embarazo.
Por
lo tanto, mi voto es el de no acompañar el proyecto en consideración, con los
fundamentos que he dado. (Aplausos.)
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- ¡Silencio,
diputada del Plá, por favor!
Tiene
la palabra la señora diputada Masin, por el Chaco.
Sra.
Masin.- Señora presidenta: la verdad es que
cuesta mucho hacer uso de la palabra, porque en el plano personal nos invaden
los deseos, las expectativas, las emociones y la ilusión de que hoy esta Cámara
pueda estar a la altura de estos tiempos y que efectivamente podamos consagrar
un nuevo derecho.
Sin
lugar a dudas, como bien se ha manifestado, para la gran mayoría del pueblo
argentino hoy es un día histórico, tanto para las grandes mayorías de las
clases populares como para los movimientos de mujeres, la población trans y
travesti de nuestro país y, fundamentalmente, para muchos adolescentes, pibes y
pibas que efectivamente se han empoderado políticamente, han tomado
posicionamiento político y se animan a discutir, a luchar y a cuestionar.
Fundamentalmente,
todo esto implica empezar a visibilizar lo que estaba oculto, lo que no se
decía.
En
ese sentido, hoy hago uso de la palabra claramente como legisladora nacional,
pero en particular desde una comprensión histórica como mujer, como militante
del movimiento del campo nacional y popular y como feminista.
La
verdad es que siento que en muchos sentidos este Congreso discute a destiempo
las realidades, fundamentando en base a argumentos que ya han sido saldados por
nuestra sociedad. De hecho, tenemos que escuchar que esta problemática, tan
grave para millones de mujeres de nuestro país y para las personas gestantes,
sea comparada con embarazos de perros u otros animales. Me resulta una falta de
respeto. Claramente este Congreso debe tener la altura política para discutir
con la seriedad y la responsabilidad que amerita este debate.
No
estamos discutiendo sobre la base de la espontaneidad, la improvisación o desde
posicionamientos absolutos o especulando políticamente. Estamos discutiendo
desde una mirada claramente social, desde un posicionamiento de justicia
social, a sabiendas de que la mayoría de las mujeres y personas gestantes de
nuestro país, las más vulnerables, son impulsadas o empujadas a la
clandestinidad, ya que se les niega sistemáticamente el derecho al acceso a la
salud pública. Entonces, podemos sostener firmemente que esta discusión está
puesta entre la clandestinidad del aborto y la legalización o despenalización
del aborto.
También
discutimos cuál es el rol del Estado. Yo manifiesto que queremos un Estado
presente, que claramente pueda construir una mirada política con perspectiva de
género, que discuta y considere cada una de las ausencias que aún nos falta
saldar en nuestra democracia, que contemple los derechos y el empoderamiento de
los colectivos “trans”, que hasta el día de hoy están exigiendo ser
reconocidos.
No
quiero un Estado que criminalice, que penalice, que estigmatice; por el
contrario, quiero que tenga la profunda convicción de contemplar las
diversidades, la pluralidad y lo distinto, que también es profundamente
democrático.
Me
he sumado a las causas feministas y populares como bandera de lucha. Nos
hacemos parte de deconstruir el machismo, de empoderar a las mujeres, de
otorgar verdadera representación política a través de la paridad de género, de
impartir en nuestras escuelas educación sexual integral ‑un tema que ha
sido tan discutido en esta sesión‑, de lograr técnicas de reproducción
asistida, de impulsar protocolos de interrupción voluntaria del embarazo, de
otorgar el derecho a la identidad de género y al matrimonio igualitario.
Cada
una de estas conquistas fueron producto de las
movilizaciones y marchas a lo largo y lo ancho del país, marchas que vamos a
seguir realizando contra los travesticidios y femicidios, contra el acoso hacia
las mujeres. Pero además vamos a luchar para poder decidir sobre nuestros
cuerpos, si queremos llevar a término un embarazo o no.
La
maternidad forzada también es violencia. Cuando el Estado no garantiza un
aborto seguro, nos violenta. La clandestinidad nos mata. Por eso decimos que
sin aborto legal no hay “ni una menos”.
Frente
a este contexto, claramente hay sectores conservadores de nuestro país que se
animan a hablar por nosotras y de nosotras. Lo hacen desde una mirada
homogeneizadora, desde una imposición patriarcal, donde nuestros cuerpos son
objeto de discusión política, social, cultural y profundamente religiosa. Esos
mismos sectores que han repudiado la Asignación Universal por Hijo como derecho
social hoy sostienen la penalización del aborto como un delito. Los mismos
sectores que ocultaban las violaciones y las vejaciones a los cuerpos de las
mujeres en una etapa tan oscura de nuestro país, hoy manifiestan su doble
moral.
Yo
decido discutir en base a la no hipocresía y estar a la altura de estos
tiempos. Yo decido discutir en base al reconocimiento de millones de mujeres y
de colectivos “trans” que están manifestándose y movilizándose para que este
Congreso tenga la madurez política de concretar otro derecho. Y quiero terminar
diciendo que en base a las mayores resistencias se forman las mejores
conquistas. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Cleri, por Santa Fe.
Sr.
Cleri.- Buenas noches o buenos días a “todes”. Es
un día que está comenzando, que está despertando y continúa con una batalla
cultural, iniciada por un movimiento revolucionario, como es el feminismo, que
a las puertas del Congreso y en diferentes plazas a lo largo y lo ancho del
país, en vigilias, con movilizaciones, con organización, con puesta en valor de
lo que verdaderamente está pasando en nuestra comunidad, puso en debate y nos
hizo observar que la deconstrucción machista era muy necesaria. Además puso los
ovarios para que este debate se esté realizando y podamos conseguir la sanción
de este proyecto por parte de la Cámara de Diputados de la Nación.
Esta
sanción que queremos lograr en el día de hoy implica poner en valor que la
despenalización del aborto es muy necesaria porque es una cuestión de salud
pública. No se puede aplicar el Código Penal a una mujer; se la tiene que dejar
de estigmatizar y oprimir. Generación tras generación, esto ha llevado a que
este gran movimiento feminista hiciera oír su voz, se organizara y reclamara
que no quiere ser más estigmatizado ni silenciado y que es hora de ser
escuchado.
Compañeras
que en sigilo conversan, mujeres que dialogan entre sí y se cuentan que han
tenido que llevar adelante alguna práctica clandestina por miedo a que se les
aplique el Código Penal ‑y más aún, sabiendo que está vigente el
protocolo para llevar adelante estos abortos a partir 2015, al que muchas
ciudades y provincias han adherido, otras no‑, sienten la persecución y
la estigmatización social por no poder conversar este tema.
La
mujer tiene toda la carga, toda la responsabilidad y toda la pena, mientras que
el hombre termina sin hacerse cargo de ninguno de los aspectos que está
sufriendo la mujer.
Por
ese motivo, avanzar con este proyecto es lograr construir una mejor comunidad,
donde la libertad, la igualdad y la búsqueda de la justicia social van a ser
una tarea de “todes”. Por supuesto, en esa tarea de “todes” está la
responsabilidad del Estado, de la planificación familiar de cada uno de los
proyectos de vida de hombres y mujeres, de mujeres gestantes, de poder llevar
adelante, en el momento que quieran, la planificación de su familia con
educación sexual y teniendo a disposición todos los medios para llevar adelante
la salud reproductiva como lo dispongan.
Eso
está en debate. Está en debate la vida, cómo construimos un mejor vivir en
nuestra comunidad, reconociendo al otro. Y el reconocimiento del “otre” es algo
fundamental para poder entender y comprender que poniéndonos en el lugar del
“otre” vamos a saber que esta ley es muy necesaria.
Señora
presidenta: este es un avance muy importante, si logramos concretarlo. Primero,
porque además de la batalla cultural estaríamos avanzando en dar la posibilidad
a la mujer y a la mujer gestante que quiera practicar ‑dentro de la
reglamentación que tenga la ley, con la libertad debida y los lugares adecuados‑
la interrupción voluntaria de su embarazo si no fue planificado o deseado. Esto
tiene un complemento que ya está sancionado por ley, gracias a la batalla
cultural que llevó adelante el movimiento feminista, que es la educación sexual
con una mirada federal e integral, en todo el país, con la distribución de
anticonceptivos y, por supuesto, con la responsabilidad del hombre de usar
preservativo.
Porque
el hombre tiene su responsabilidad. Muchas veces la mujer termina cargando con
un embarazo no deseado porque el hombre no cumplió con su parte. También es
parte del debate la deconstrucción machista para poder tener una comunidad
igualitaria, libre y con verdadera justicia social.
Distintas
generaciones, abuelas, madres y compañeras están haciendo oír el grito de que
quieren una verdadera justicia social, libertad e igualdad para poder decidir y
disfrutar libremente de su cuerpo, de su sensualidad y poder tener una
planificación sexual responsable.
Esperamos
lograr la sanción de esta Cámara para seguir avanzando, habiendo dado el
puntapié inicial de un debate que deberá continuar con una mirada mucho más
integral sobre el resto de las leyes que este Congreso de la Nación deberá
sancionar y las que ya sancionó.
Este
debate se lo debemos a las mujeres, y a ellas les estamos muy agradecidos. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Moreau, por Buenos Aires.
Sr.
Moreau.- Señora presidenta: sin ningún tipo de
hipocresía debo decir, y me parece que la mayoría de los diputados están en la
misma situación, que llegué a este debate con una posición tomada. Pero también
escuché con mucha atención los argumentos que aquí se volcaron, con discursos
que nos movilizaron desde el punto de vista intelectual y sentimental.
Se
desgranaron muchos argumentos filosóficos, científicos y se hicieron muchos
presagios acerca de las consecuencias que traería la sanción de este proyecto
de ley.
Tomando
el riesgo de simplificar, en esta falsa construcción de un sentido común que se
ha ido llevando adelante, a esta altura me pregunto qué pasa si no aprobamos
este proyecto de ley. ¿Qué sucede si todo sigue igual? Porque podríamos llegar
a la conclusión de que si todo sigue igual, y lo digo con todo respeto,
aquellos que sostienen que están defendiendo las dos vidas, en la práctica
estarían avalando que ocurrieran dos muertes, porque es lo que sucede hoy.
Entonces,
¿por qué no nos damos la oportunidad de incluir en la discusión a quienes hoy
sufren esas consecuencias? No se trata solamente de despenalizar el aborto sino
de sacarlo de la clandestinidad, de la estigmatización, de la oscuridad, de
manera tal de que efectivamente podamos sentarnos con quienes afrontan esos
dilemas y hacer nuestro aporte mediante una reflexión, dando la libertad de que
finalmente las mujeres decidan sobre su propio cuerpo.
Me
parece que además se está dramatizando esto. He tenido la oportunidad de
participar en este Parlamento en debates que en su momento también parecían que
terminaban con instituciones inconmovibles, como el de la ley de divorcio.
Entonces se decía que eso atentaba nada más y nada menos que contra la
institución familiar. Me preguntaba cuántas mujeres tuvieron que quedar
forzadamente sometidas a un matrimonio por cuestiones de naturaleza económica o
sencillamente porque la legislación de aquella época implicaba que la
infidelidad del marido era mucho más permitida que la de la mujer, hasta que llegó
la ley de divorcio.
¿Cuántas
familias destrozaron a los chicos tironeándolos con sus desavenencias hasta que
llegó la ley de patria potestad compartida? Esa ley generó condiciones para que
aquellos que tenían un matrimonio con desavenencias tuvieran que pactar de
manera tal de que efectivamente la concurrencia de dos voluntades no pusiera a
los chicos en el medio de una disputa a la que eran ajenos.
Hay
que decir a las chicas que están afuera ‑por razones obvias no lo saben‑
que hace treinta y pico de años las mujeres no tenían sobre los hijos los
mismos derechos que tenían los padres.
Cabe
preguntar asimismo cuántas personas gay
y lesbianas tuvieron que sufrir cárcel y vejámenes como consecuencia de edictos
policiales hasta que llegó la ley de matrimonio igualitario. ¿Cuántas personas
“trans” o travestis tuvieron que sufrir vejámenes hasta que llegó la ley de
identidad de género?
Por
eso es una chicana barata decir que durante el gobierno anterior había mayoría
para debatir y sancionar esta ley y no se hizo. También los radicales teníamos
mayoría entre el 83 y el 87 y podríamos haber debatido este tema. Pero la
democracia es un proceso dinámico, en el que se van conquistando niveles de
conciencia; no se imponen voluntariamente. Hay debates culturales, sociales. Lo
que no puede hacer la democracia es abrir esta discusión y ponerle un freno.
En
la Argentina de hoy no nos está sobrando absolutamente nada en materia de
credibilidad política y tampoco en gobernabilidad. Entonces, hay que entender
que si con este debate se abrió esta expectativa política, no es para ponerle
un freno y dar marcha atrás, generando condiciones de escepticismo en vastos
sectores de la juventud que abrazaron esta cuestión porque ven en ella la
posibilidad de que la democracia no los limite.
Se
ha hablado de la necesidad de que la salud pública atienda este tema. En el mes
de septiembre vamos a estar discutiendo un presupuesto condicionado por el
Fondo Monetario Internacional, que quiere imponer limitaciones a las
provincias, que son las que prestan el servicio de salud. Tengamos en cuenta el
horizonte inmediato que nos espera. Vamos a transformar en víctimas a quienes
hoy teóricamente queremos proteger diciendo que hay que mantener las cosas como
están. Demos una salida, no cerremos todos los caminos para la sociedad.
Faltaría
a la verdad si dijera que cuando se discutió la ley de divorcio todos los
radicales votaron a favor, pero también faltaría a la verdad si no dijera que
la mayoría de los radicales no militaron en contra de la ley de divorcio.
Faltaría
a la verdad si dijera que todos los kirchneristas votaron a favor del
matrimonio igualitario, pero también faltaría a la verdad si sostuviera que
todos los kirchneristas militaron en contra de la ley de matrimonio igualitario.
Entonces
la pregunta es por qué llegamos a este debate. ¿Por oportunismo político o
porque teníamos la convicción de abrirlo? Esa decisión está en manos del bloque
de la mayoría. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Campos, por Buenos Aires.
Sr.
Campos.- Señor presidente: como muchos de los
presentes, estoy muy contento por el nivel del debate de los plenarios de las
comisiones, y voy a tratar de ser lo más breve posible, teniendo en cuenta lo
avanzado de la hora.
No
estoy conforme con que estemos debatiendo extremos sin antes haber agotado
todos los instrumentos y las herramientas que tiene el Estado para promover la
información adecuada, la educación sexual, el uso y el acceso a los métodos
anticonceptivos y el acompañamiento y la contención de la mujer embarazada.
Habiendo
dicho esto, es importante comenzar por decir que claramente no estoy de acuerdo
con la penalización de la mujer. Me parece que es algo arcaico y que tiene que
ser revisado.
Por
otra parte, debo decir que me preocupan mucho ciertos aspectos que están
ignorados en este proyecto de ley. En este sentido, deseo hacer hincapié en
algo que no se ha escuchado mucho en este debate. Me refiero a que sabemos que
el aborto existe desde que el mundo es mundo y siempre estuvo referido a la
negativa de la pareja o de la mujer a tener un hijo. Es decir que durante toda
la historia el conflicto consistió en decir “no quiero ser madre, no quiero
tener un hijo, no lo quiero ahora”. En síntesis, el dilema materno siempre
radicó en decir “no quiero tener un hijo ahora”. Pero esto podría estar
cambiando.
¿Por
qué traigo este tema a colación? La mayoría de los países centrales que
aprobaron el aborto lo hicieron en las décadas del 70 y del 80. Pero nosotros
estamos analizando esto en la Argentina cuarenta años después y sin incorporar
ningún elemento nuevo a la discusión. En otras palabras, nuestro debate en este
momento es casi el mismo que el que se llevó a cabo hace cuarenta años, ya que
se centra en la libertad de la mujer versus la discusión acerca de la
existencia o no de la persona humana. Siento que de alguna manera este es un
debate desactualizado y al que estamos llegando tarde.
Hoy
resulta necesario incorporar –y este es el aspecto que deseo destacar-
elementos nuevos, como por ejemplo los avances de la ciencia, en particular,
los test prenatales, que ya están
causando una problemática absolutamente nueva que está ausente en esta
discusión.
Quiero
compartir algunos datos con los señores diputados. Islandia tiene una población
de 300.000 habitantes que, como buenos nórdicos, cuentan con estadísticas muy
fiables. Ese país instauró el aborto legal en 1975. Entre ese año y 1992
nacieron en Islandia 400 chicos con síndrome de Down por cada 100.000
habitantes.
Desde
1992 y hasta 2002 el número de niños nacidos con esa enfermedad disminuyó a 130
por cada 100.000 habitantes.
Entre
2002 y 2012 la cifra se redujo a 22 chicos por cada 100.000 habitantes.
Finalmente,
en la última década esa ratio bajó a 2 niños por cada 100.000 habitantes.
¿Qué
fue lo que pasó? El aborto se instauró en 1975, pero su combinación con la
mejora de los test prenatales, que no
son invasivos, redujo el número de nacimientos de cuatrocientos a dos.
De
esta forma, de la mano de esta combinación terrible, quizá las flores más
frescas del jardín de la diversidad humana irremediablemente están
desapareciendo en Islandia y en muchos otros países.
Si
bien no quiero extenderme en mi exposición, debo decir que esto se replica y
expande con muchas otras características humanas, como por ejemplo los
nacimientos de niños con labio leporino y enfermedades tales como la hemofilia,
que por supuesto en nada condicionan la vida futura.
Pero
vayamos al punto central. Lo que estoy diciendo es que la problemática actual
es muy distinta de la existente en las décadas del 70 y del 80. Lo que estamos
analizando hoy aquí es que la combinación del aborto libre y gratuito con los test prenatales accesibles y no invasivos
está generando un nuevo desafío que debemos mirar de frente y que se llama
aborto selectivo.
El
aborto selectivo ya se encuentra en el mundo y está causando grandes problemas
en muchos países, algunos de los cuales están revisando sus políticas. Por ejemplo,
India, sociedad con personas vulnerables si las hay, tiene hoy –les pido por
favor que escuchen la cifra- 63.000.000 más de hombres que de mujeres. Esto es
fruto del aborto selectivo.
Por
su parte, China tiene 42.000.000 más de hombres que de mujeres.
Estos
países son seguidos por muchos otros que los imitan en cantidades menores, pero
en proporciones semejantes, como por ejemplo Armenia y Arzeibayán.
Es
decir que a raíz en parte del aborto selectivo hoy faltan en el mundo
113.000.000 de mujeres. Imaginen el impacto de lo que estoy diciendo. Para
graficarlo, estoy hablando de que China e India solas tienen el equivalente a
dos veces y media la Argentina poblado solamente con hombres. Ello es así
porque el aborto selectivo actuó de esa manera sobre las poblaciones de esos
países.
Entiendo
que estos ejemplos parecen alejados de nuestra realidad y corresponden a
sociedades muy distintas de la nuestra. Si bien esto es cierto, no puedo dejar
de señalar que se trata de algo que recién empieza. Además, está ocurriendo en
momentos en que la Humanidad está dando una muy dura batalla contra la pérdida
de cualquier diversidad biológica, ya sea vegetal o animal.
En
síntesis, me preocupa que el aborto libre y gratuito sumado a los avances de
los test prenatales dé lugar a los
abortos selectivos.
Los
invito a debatir esto de tal manera que independientemente de lo que aquí se
decida se lo haga pensando en el futuro. Nuestra responsabilidad y obligación
no solamente es la de legislar para el momento actual, sino también la de
hacerlo pensando en los efectos que podemos causar a partir de las decisiones
que tomamos en el presente.
Estimados
diputados y diputadas: debatamos sobre el futuro, pero sobre todo protejamos a
la diversidad humana. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Salvarezza, por Buenos Aires.
Sr.
Salvarezza.- Señora presidenta: dado lo avanzado
de la hora y teniendo en cuenta que muchos de los argumentos expresados en este
debate fueron repetidos por muchos señores diputados, procuraré ser breve y
fundamentar mi voto de apoyo al proyecto de ley en tratamiento.
En
primer término, considero que esta iniciativa da respuesta a un requerimiento
largamente solicitado por un colectivo muy importante de mujeres. Me refiero a
aquellas que hoy están afuera del Congreso Nacional, esperando que les demos
ese derecho que vienen reclamando. Se trata de un derecho que implica la
posibilidad de decidir sobre su maternidad, su planificación familiar, su
cuerpo y, en última instancia, su propia vida.
En
ese sentido, sin duda este proyecto de ley significa una ampliación de
derechos.
En
segundo lugar, esta iniciativa también constituye un avance en términos de
igualdad porque garantiza el aborto en condiciones seguras a todas las mujeres,
independientemente de su condición social y de sus posibilidades económicas.
De
esta manera, todas tendrán derecho a realizarse prácticas adecuadas que no
pongan en riesgo su vida, o bien, su integridad física.
Hay
otro aspecto que fue mencionado en esta sesión en sucesivas ocasiones: la salud
pública. No podemos ignorar la existencia de 300.000 abortos. Esa cifra
constituye una base, ya que no sabemos bien cuántos son en realidad. Se estima
que hay 80.000 internaciones hospitalarias derivadas de abortos y 50 muertes
por año. Pero la verdad es que estos no son números que podamos obtener con
facilidad. Se trata de estimaciones porque el aborto es clandestino, es decir,
ilegal. En consecuencia, si el aborto se sigue practicando en esas condiciones
no vamos a disponer de datos confiables.
¿Cómo
podremos evaluar la capacidad o la eficiencia de la educación sexual o de los
métodos anticonceptivos si no podemos contar con datos fidedignos respecto del
número de abortos que se practican? No lo conocemos y no lo vamos a saber
mientras el aborto sea clandestino.
Por
lo tanto, desde el punto de vista de la salud pública, la disminución de las
internaciones hospitalarias y del número de muertes provocadas por abortos a
raíz de la utilización de métodos inadecuados, y también la posibilidad de
tener datos fidedignos, constituyen un aporte fundamental a la salud pública.
Por lo tanto, en términos de derechos, de igualdad y de salud pública puedo
fundamentar mi voto apoyando este proyecto.
Pero
quisiera hacer una reflexión final también sobre lo que ha ocurrido en este
debate donde hemos escuchado en reiteradas ocasiones las expresiones “homicidio
en el vientre de la madre” y “muerte de niños indefensos” y el término
“infanticidio”.
Tal
como se decía en base a lo que es la biología molecular y la genética, no
tenemos dudas de que un embrión constituye un ser vivo, pero eso no implica que
sea un ser humano. Está claramente demostrado que no lo es. En ningún lugar del
mundo donde el aborto es punible se lo castiga con penas comparables a las del
homicidio.
Aquellos
que sostienen esta postura de que el aborto es un homicidio deberían estar
preocupados por el cambio en el Código Penal. Es decir, solamente disparan esta
inquietud cuando la asocian con el aborto.
De
la misma manera no deberíamos permitir el aborto en el caso de una violación.
¿Por qué mataríamos a un ser humano? ¿Con qué argumentos? ¿Por qué sería un ser
humano inferior? Sin embargo, nuestra legislación lo aprueba.
Finalmente,
para terminar, quiero decir a todos aquellos diputados que votaron la ley de
fecundación asistida en la cual permitimos la criopreservación y la donación de
embriones que, si estos son seres humanos, de la misma manera estaríamos
violando estas condiciones.
Por
lo tanto, y teniendo en cuenta los tres primeros argumentos que he mencionado,
esta ley nos provee ampliación de derechos, igualdad y un beneficio en lo que
hace a la salud pública, por lo que fundamento mi voto afirmativo y apoyo este
proyecto. (Aplausos.)
Sra.
Presidenta (Schmidt Liermann).- Tiene la palabra
el señor diputado Nanni, por Salta.
Sr.
Nanni.- Señora presidenta: dado lo avanzado de la
hora, voy a pedir que se me permita insertar mi exposición en el Diario de
Sesiones.
Simplemente
quiero desarrollar dos o tres conceptos que considero que hemos pasado por alto
ya a esta altura de la noche.
Brevemente,
en primer lugar, creo que se nos ha puesto en la tarea de resolver un dilema
moral muy grande. Estamos enfrentando este debate entre dos derechos que
parecen estar en pugna. Por un lado, el derecho a la vida y, en tensión con
éste, el derecho a las libertades individuales de la mujer.
Creo
que ha sido un error plantear este debate en esos términos y en ese plan. Hoy
tenemos la tarea de acortar distancias entre estas tensiones y tratar de
compatibilizar estos derechos.
La
despenalización del aborto ha despertado
profundas divisiones. Hemos encarado este tema con diversas miradas, y
prueba de ello es que aquí afuera esta noche hay manifestaciones de un lado y
del otro acompañando el debate. Asimismo, ningún partido ha podido dar una
respuesta unánime dentro de un mismo seno político a esta cuestión.
Y
en este recinto, en un hecho casi inédito, por primera vez –creo- nosotros
vamos a dirimir una ley no por nuestros colores políticos sino por nuestras
sensibilidades y argumentos.
Prueba
de que está tan reñida esta decisión es que hasta último momento, hasta las 5 y
media de la mañana, estamos “poroteando” voto a voto para ver cuál es el camino
que va tomar la legislación argentina en relación con este tema.
Esta
cuestión está reñida, y si es tan así es porque nadie puede decir que tiene una
verdad absoluta que puede hacer que el fiel de la balanza se incline por el
“sí” o por el “no”, lo que iluminaría este debate.
Es
necesario que encaremos esta discusión con muchísima humildad, sin soberbia,
con mucha madurez, con mucha tolerancia. Aquí se han metido muchas cosas en la
bolsa que nada tienen que ver con lo que estamos debatiendo.
En
primer lugar, para hablar de sensatez y tolerancia, no podemos catalogar a una
persona de asesina o irracional porque piense que la salida a esta situación es
la despenalización del aborto.
Por
otro lado, tampoco podemos catalogar a una persona de arcaica porque piense que
la salida no es la despenalización del aborto. Además, se ha mezclado todo
porque pareciese que si uno se inclina por el “no” es como si hubiese también
renunciado a todas las luchas del pasado. Y lo digo yo, que pertenezco
orgullosamente a una fuerza política que, tiempo atrás, en momentos más
complejos, apoyó el divorcio y, en cierta forma, a muchos de nuestros amigos a
través del matrimonio igualitario. Asimismo, hace poco tiempo apoyó la paridad
de género.
Este
es un caso muy diferente y particularmente que hoy yo tenga esa mirada distinta
no quiere decir que desee renunciar a todos esos derechos obtenidos luego de
las luchas llevadas a cabo. Esa es la distinción que tenemos que hacer.
-
Ocupa la Presidencia el
vicepresidente 2° de la Honorable Cámara, doctor Luis Alfonso Petri.
Sr.
Nanni.- En este sentido tampoco ha habido
obediencia partidaria o verticalismo político, y esto lo quiero dejar bien
claro porque en mi provincia se ha pretendido que actúe de ese modo. Si hay
algo que está marcando este debate es que justamente la tolerancia y la
diversidad de opinión están haciendo que esta discusión avance.
Pero
hay algo que se ha perdido en el medio: nuestra historia es pendular y nuestras
reacciones son pendulares. Pasamos de un extremo a otro. Por ejemplo, en mi
provincia nunca fuimos capaces de tener una calidad de educación sexual de
excelencia y ahora queremos pasar de una escala intermedia a la legalización
irrestricta del aborto.
Es
aquí finalmente donde creo que hay una diferencia que hoy quizá no la estemos
viendo, pero no la podemos dejar pasar por alto. Aquí hay un péndulo
representado en un dictamen que va por todo y que quiere despenalizar
irrestrictamente el aborto, y ante eso muchos opinamos que hay que rechazar. En
el medio había una sutil diferencia, y no hay semántica en este sentido: una
cosa es despenalizar el aborto y otra cosa es legalizarlo; una cosa es que una
mujer, ex ante arrinconada por los
hechos, se practique un aborto y se la considere como una delincuente ‑que
no lo es‑ y otra cosa muy distinta es que el Estado se prive también ex ante de tratar de disuadir a esa
mujer.
Nosotros
nos hemos perdido -o nos estamos
perdiendo en el calor de este debate- el hecho de crear ese fino instrumento
que nos posibilite distinguir entre despenalizar el aborto, respetar las
libertades individuales de las mujeres y no castigar la vida.
Finalmente, quiero hacer una
reflexión. Una cosa es despenalizar el aborto en casos puntuales y otra
distinta es abrirlo irrestrictamente. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora diputada
Laura Alonso, por Buenos Aires.
Sra. Alonso.- Señor presidente: dada la cantidad de horas que venimos debatiendo
este tema, y teniendo en cuenta que casi todo ya ha sido dicho, voy a intentar
sintetizar mi pensamiento respecto de este proyecto de ley.
Es claro y evidente que estamos frente
a un momento histórico. Estamos discutiendo estructuras muy arraigadas en
nuestra sociedad. Este carácter histórico de la sesión que estamos viviendo se
afinca en dos cuestiones fundamentales.
Por un lado, estamos frente a un hito,
un punto al que se llega por la lucha histórica, sostenida y consecuente de
décadas del movimiento de mujeres. Si hoy estamos acá discutiendo este proyecto
es por la valentía e irreverencia de miles de mujeres que desafiando el statu quo de su época levantaron la voz,
militaron, se movilizaron y se animaron a avanzar en conquistas de una serie de
derechos hasta lograr que este tema –el del aborto- ingresara en la agenda
pública.
A su vez, estamos en un momento
histórico porque nos encontramos frente a un punto de inflexión de este
Congreso, de esta institución de la democracia. Es fundamental para el
funcionamiento de la democracia que las instituciones escuchen y tomen las
demandas que expresan los distintos colectivos de la ciudadanía para
canalizarlo justamente a través nuestro, es decir, sus representantes.
A lo largo del extenso debate que
atravesamos en los últimos meses no solo escuchamos infinidad de posiciones,
matices y pudimos comprender las múltiples dimensiones e implicancias del
aborto. También pudimos caracterizar los contornos del fenómeno social. Digo
contorno, porque la situación de clandestinidad no permite contar con cifras
certeras. No obstante esta situación, sabemos que el aborto existe, estemos a
favor o en contra, sea una opción o no para cualquiera de los que estamos aquí
sentados hoy y ahora. En nuestro país, el aborto es una realidad para más de
medio millón de mujeres al año.
Entonces, la primera cuestión a
despejar en este debate no es aborto sí o aborto no. Repito: el aborto ya
existe. Y conocemos de modo aproximado, dado su clandestinidad, cuál es su
magnitud social.
Vimos y nos informamos sobre cómo se
resuelve esta cuestión en otras partes del mundo. En las sociedades con mayor
índice de desarrollo humano, consideradas las más avanzadas y cuyos estados son
modernos, el aborto es legal.
Pero arribamos a otra conclusión a lo
largo de estos meses de debate y considero que es la más dolorosa. Existe una
asimetría enorme entre ricas y pobres. Existe una cuestión de clase definitiva
entre quienes acceden en condiciones de clandestinidad a una práctica segura y
sin riesgos para sus vidas y quienes la arriesgan, la ponen en peligro y,
finalmente, mueren.
Toda esta información que obtuvimos en
estos meses de debate no constituye solo un proceso formativo individual de los
257 diputados y diputadas que estamos hoy aquí y que formamos parte de esta
Cámara. Es esta institución de la democracia la que cuenta con este bagaje de
información. Es esta institución de la democracia la que sabe que el aborto
existe y que las condiciones en las que sucede, conduce a miles de mujeres a
realizarlo en un marco indigno arriesgando sus vidas.
Es aquí, en este Congreso, donde nos
debemos dar la tarea de brindar respuestas a los múltiples fenómenos y
problemáticas que nos atraviesan como sociedad. Es aquí donde ingresó y se
instaló el tema. Entonces me pregunto y le pregunto a todos mis colegas lo
siguiente: ¿qué vamos a hacer frente a esto? ¿Vamos a seguir avalando la
clandestinidad? ¿Vamos a seguir mirando para otro lado? ¿Por qué no proponemos
reformular el contrato social vigente para tomar el tema, visibilizarlo y construir
una herramienta que nos permita dar respuesta a cientos de miles de mujeres que
nos lo están reclamando?
Quienes queremos la aprobación de este
proyecto estamos, ni más ni menos, que apelando a la posibilidad de legislar
para ampliar los derechos de las mujeres y el derecho a decidir sobre nuestros
cuerpos con autonomía y libertad.
Escuché como argumento en contra de
este proyecto que la legalidad promueve. Es una obviedad, pero hay que decirlo.
Si este proyecto se convierte en ley, ninguna mujer va a estar obligada a hacer
lo que no quiera, lo que no desee o lo que sea contrario a sus más íntimas
convicciones.
Lo que sí busca promover este proyecto
es dar un paso de madurez política y social reconociendo la existencia de un
hecho innegable que cuenta con claras evidencias. Además, promueve la
posibilidad de que nuestro Estado laico pueda contar con más y mejores
herramientas para construir mayor igualdad de género y mejores políticas de
salud pública.
Esta iniciativa es habilitante del
pleno ejercicio de los derechos de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos; de
ningún modo obliga.
Cuando una discusión de esta índole
llega a este recinto, evidentemente no está solamente en juego el resultado
final de la votación. Está en juego la calidad de nuestra democracia, de
nuestro sistema político y de esta institución. Si la sociedad nos pone frente
a la posibilidad de legislar para resguardar y cuidar por un lado o avalar la
clandestinidad por el otro, es inadmisible que esta Cámara elija seguir avalando
la clandestinidad.
Por las mujeres que estamos luchando
por avanzar, por las que ya no están porque se les fue la vida y por las
generaciones que vendrán, pedimos que el aborto sea legal ya. (Aplausos).
Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado
Albor Cantard, por Santa Fe.
Sr. Cantard.- Señor presidente: en estos breves minutos intentaré fundamentar
alguna de las razones que motivan mi decisión de acompañar el proyecto en
discusión.
En primer lugar, debo señalar que no
se trata de una discusión entre quienes están a favor del aborto y quienes no y
mucho menos de quienes están a favor o en contra de la vida.
Considero que el tema central de la
discusión es si sancionamos con prisión a aquella mujer que decide interrumpir
un embarazo no deseado o si, por el contrario, despenalizamos tal práctica
durante las primeras catorce semanas de gestación, tal como lo plantea el
proyecto en debate.
Si nuestra decisión es despenalizar va
de suyo e inescindiblemente a esa decisión que es el Estado quien debe
garantizar que esta práctica se haga en el ambiente de salubridad adecuado.
Además, debe garantizarse la salud psicofísica de la mujer. Eso es así, pura y
simplemente, porque es una cuestión de salud pública.
Bastaría para fundamentar mi voto las
estadísticas de morbilidad y mortalidad por prácticas clandestinas que
conocemos a través del Ministerio de Salud de la Nación o, por contraposición a
ello, la casi nula mortalidad en aquellos países que han adoptado leyes
similares a la que hoy estamos tratando.
Además, creo necesario distinguir los
conceptos de vida del de persona. Si bien el embrión o el feto en su etapa
inicial tienen vida esto dista mucho de poder ser considerado persona. De ahí
surge también por qué habría que despenalizar durante las primeras catorce
semanas, tal como lo tiene establecido la mayoría de las legislaciones
nacionales que regulan esta temática. Porque si
además considerásemos al embrión como persona, cómo justificaríamos que el
Congreso sancionara la ley de fecundación asistida por amplísima mayoría,
regulando el uso de embriones, congelándolos y desechándolos masivamente.
Principalmente
entiendo que estamos ante dos alternativas: mantener como hasta la fecha la
obligación de una conducta determinada bajo la amenaza de la sanción penal, o
darle a la mujer la opción de decidir el camino a seguir en uso de su autonomía.
Obviamente entre una conducta determinada por ley y otra que admite la opción,
me inclino por la última. Es más, obligar a una mujer a continuar un embarazo
no deseado, no es más que usarla como mero medio por ideologías o creencias
religiosas. Pregunto a todos los diputados si hay un ejemplo más claro de la
cosificación de una mujer que utilizarla como mero medio. (Aplausos.)
Brevemente
consideraré la constitucionalidad del proyecto de ley en tratamiento. Se ha
dicho que viola el derecho a no dañar consagrado en el artículo 19 de nuestra
Carta Magna. Sin embargo, sabemos que en más de una oportunidad entran en
colisión derechos. En este caso, el derecho del embrión o el feto y el derecho de
la mujer.
¿Qué
ocurre, por ejemplo, con el derecho de huelga? Para ser ejercido en el país ni
siquiera necesita reglamentación e indudablemente causa daños a terceros.
Por
otra parte, se ha hablado del Pacto de San José de Costa Rica, que en su artículo
4° se refiere a la protección del niño por nacer al establecer: "En
general, desde la concepción". Pero ha sido la propia Corte Interamericana
de Derechos Humanos, en el caso Artavia Murillo contra Costa Rica en 2012, que
menciona este derecho como desarrollo progresivo de la vida, siendo gradual e
incremental.
También
podemos citar la recomendación del Comité de los Derechos del Niño a la
Argentina en 2016 para avanzar en la despenalización; la declaración del Comité
de Derechos Humanos de la ONU, acerca de la despenalización del aborto; la
declaración del Comité contra la Tortura de la ONU, que considera trato cruel
al embarazo forzado; la exhortación de la Convención sobre la Eliminación de
todas las formas de Discriminación contra la Mujer, en el mismo sentido en 2016;
y la de propia Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso F.A.L.
Por
lo expuesto, por mis propias convicciones, por tantas otras razones y por la
tradición laica de la Unión Cívica Radical, anticipo mi voto favorable al
proyecto en tratamiento. (Aplausos.)
Finalmente,
como reformista que soy, no puedo dejar de recordar que mañana, 15 de junio, se
cumplen cien años de la reforma universitaria, un hito en la educación de
nuestro país, de gran parte de Latinoamérica y del mundo. Aquellos jóvenes
vinieron a cambiar para siempre nuestras instituciones universitarias, calificadas
en el manifiesto liminar como el reducto secular de los mediocres.
Al
igual que millones de argentinos y argentinas, deseo que al finalizar dentro de
pocas horas este debate, podamos decir como aquellos jóvenes reformistas del
18, que desde hoy el país cuenta con una vergüenza menos y una libertad más. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Carmona, por Mendoza.
Sr.
Carmona.- Señor presidente: he seguido con
atención prácticamente todas las intervenciones. En el transcurso de la sesión
me preguntaba quiénes celebrarían ese triunfo ante la posibilidad de imponerse
la negativa a este proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. Sin
lugar a dudas, festejarían las diputadas y los diputados que se opusieron al
proyecto de ley. Específicamente menciono con respeto al diputado Contigiani
por la pasión de su argumentación. Como él planteó, se sentiría en coincidencia
con sus concepciones y creencias.
Por
otro lado, mi comprovinciano diputado Ramón encontró el lugar definitivo donde
pararse para coincidir con lo que se supone es la voluntad mayoritaria de los
mendocinos.
Asimismo,
festejarían los feligreses de los distintos credos religiosos, los integrantes
de las ONG Provida, los mendocinos y los argentinos en general que por WhatsApp o correo electrónico me
hicieron llegar sus opiniones en contra del proyecto en tratamiento.
Paradójicamente
mañana todos los que estén tranquilos de conciencia se encontrarán ante la
realidad de que continúan los abortos clandestinos en el país. Junto a esas
personas con buena intención, festejarían los dueños de las clínicas, los
médicos abortistas, las enfermeras abortistas y las comadronas que organizan
los abortos clandestinos. Ellos serían los beneficiarios principales del “no”
en esta Cámara en el caso hipotético de que ello sucediera.
Creo
que el principismo expresado con el voto en la Cámara puede dejar tranquilas
las conciencias. De todas maneras, debemos decir claramente que también dejará
intactos los negocios, lo que se logra con complicidad o como mínimo con
funcionalidad.
En
el choque de planetas entre el verde y el celeste, los que estamos a favor y
los que están en contra, también hay razones jurídicas y políticas que hay que
escrutar porque algunas cosas todavía no se dijeron.
Estamos
ante la situación planteada por el filósofo y académico Darío Sztajnszrajber en la comisión, al señalar que la colisión de las visiones pone a
la metafísica por encima de la política. Hay otra realidad que tiene que ver
más profundamente con lo jurídico. Quienes sostienen el “no”, van desde
posiciones que tienen que ver con el iusnaturalismo de origen divino hasta el
positivismo más crudo. El iusnaturalismo divino se refiere a la vida creada por
Dios hecha ley. El positivo salvaje es el de aquellos que dicen que está en la
ley, y es la ley. Me inclino por rescatar la teoría trialista de Werner Golsmidt
que considera que el derecho no es solamente la norma escrita, sino que tiene
una dimensión de naturaleza sociológica, normológica y axiológica.
El
campo de lo sociológico nos marca la realidad expresada hoy en las plazas de la
Argentina. Se trata de una nueva realidad social que no contempla la norma
escrita. Esa realidad provoca que en el campo axiológico y de los valores, se
vulnere el valor más alto para el derecho que es la justicia. No es justo que
exista un régimen de clandestinidad. No es justo que en ese régimen de
clandestinidad tengamos mujeres pobres que se mueren por no tener la atención
médica adecuada. No es justo tampoco que en ese mismo régimen de clandestinidad
las mujeres que pueden pagar, vayan y paguen.
Creo
que es muy importante poner en valor este aspecto fundamental de la justicia.
Para nosotros, además, está la justicia social, que hermana a los distintos
sectores sociales, y no al que genera privilegios. Porque también hay que decir
que aquellos que consideran la clandestinidad como algo natural –esto se ha
visto en algunas posiciones‑ parten del reconocimiento de que los más
pudientes están por encima de los menos pudientes. Pero nosotros no queremos
clandestinidad, porque no queremos que nadie se muera por causas evitables.
Quiero
hacer una consideración breve. Se ha mencionado aquí una cuestión de naturaleza
federal.
Sr.
Presidente (Petri).- Diputado Carmona: le pido
que vaya concluyendo.
Sr.
Carmona.- Ya termino, señor presidente.
Se
ha hecho referencia a que el país está repartido entre el centro popular y
progresista y las provincias conservadoras. Me resisto a este tipo de visiones.
Voy a dar un solo dato. Una nota de 2008 del diario online MDZ de Mendoza, titulada “Un drama social, en la cara de
todos”, afirma que en dicha provincia se realizó un estudio entre los años 2000
y 2004 que reveló que en ese tiempo egresaron del sistema de salud pública
13.047 mujeres que habían llegado con abortos espontáneos y/o provocados. De esa
cantidad, hubo catorce muertes de mujeres. Esta es la realidad, que no
discrimina provincias.
Quiero
agradecer a mis compañeras de bloque y, sobre todo, a mis compañeras de
militancia en mi provincia. Ellas me acompañaron en la toma de esta decisión. Por
eso tengo este pañuelo verde, que tal vez no usaría en otras circunstancias. Es
en reconocimiento a ellas.
Quiero
agradecerles también a mis padres, que tuvieron doce hijos, y especialmente a
mi madre. Ella eligió y decidió junto a mi papá ‑en situaciones sociales
que lo permitían, aunque no tanto en el sentido económico‑ que fuéramos
una familia numerosa. Ellos me enseñaron a respetar la decisión de los demás, a
actuar con alteridad, comprendiendo la situación de los demás. Eso es lo que
creo que se tiene que expresar hoy con la aprobación de este proyecto de ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra la señora
diputada Schmidt Liermann, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Schmidt Liermann.- Señor presidente: hoy, ya de
madrugada, estamos ante un dilema de dificilísima solución. Salga como saliera
esta votación, ya quedó en claro que tenemos que trabajar sobre educación
sexual, prevención de embarazos no deseados y acompañamiento de la mujer. Pero
creo que se dio otra cuestión más importante: saber qué clase de sociedad
queremos. Si negamos aquellas cosas que nos enseñaron los académicos, vamos a
desconocer a los más sabios de nuestra República. Si dejamos de lado
alternativas para que una mujer no aborte, no solamente estamos desamparándola
a ella sino también a aquel que no se puede defender, que es el niño vulnerable
que está en el seno materno. Esta clase de sociedad no la quiero para nuestra
Argentina.
Es
verdad que tenemos una ola verde, así como tenemos un cielo azul. Ambos
estuvieron acompañándonos. Se trata de dos argentinas que tenemos que tratar de
armonizar. Pero, lamentablemente, el proyecto que pusieron a discusión no logra
eso, ya que está totalmente radicalizado. Fíjense en el artículo 8º, que a mí
me puso mal. Pido disculpas a mis colegas si se sintieron molestos por algún
comentario o alguna cara que pude haber hecho en relación con ese artículo. Un
colega, con buen tino, me dijo: “Coni, tranquilizate, estás enojada”. Estoy
enojada porque, si realmente hablamos sin hipocresía y con honestidad, tenemos
que saber que cuando una mujer está pasando por este tipo de tragedia y se
acerca a un centro de salud, muchas veces no tiene asegurada una contención.
Nadie le garantiza que le expliquen los riesgos y las alternativas al aborto
como para que ella pueda optar por otra alternativa. Eso no es apoyar a una
mujer que está pasando por la tragedia de decidir qué hacer. Entonces,
busquemos acompañar realmente a la que necesita acompañamiento.
Cuando
hablamos de los países desarrollados, como bien dijo un diputado aquí, ellos
hace cuarenta años que tuvieron esta discusión. Hoy están retrocediendo. En
Alemania, como dije en el día de ayer, hay un aumento de los abortos, de manera
que es mentira que la legalización o despenalización de esta práctica disminuye
su cantidad. No es así, porque se naturaliza el hecho, y yo no quiero la
naturalización del descarte del que no se puede defender.
Por
eso es tan importante que busquemos soluciones alternativas, que existen.
Muchas propuestas que nosotros tenemos acá todavía no se tocaron. Una de las
cuestiones en las que podríamos empezar a trabajar es en armar un marco legal
donde no criminalicemos a la mujer que aborta, porque la verdad es que nadie
quiere criminalizarlas. Del mismo modo, no queremos criminalizar al adicto.
Tenemos que tener plataformas para poder ayudarlos y prevenir la mayor cantidad
de casos.
Si
hay clandestinidad, además, es porque nadie se tomó el trabajo de hacer las
denuncias. Si sabemos que hay personas que hacen abortos clandestinos,
denunciémoslos. Estoy de acuerdo con que la Justicia tiene que actuar. ¿Dónde
está la Justicia? Pero la justicia social real no consiste en darle libertad a
la mujer para que pueda abortar. La real libertad de la mujer está en el
empoderamiento económico, en poder tener un marco flexible y de vanguardia
laboral que pueda conciliar la vida del trabajo y la vida familiar. Seamos
vanguardistas: apoyen las leyes laborales que algunos de ustedes no dejan que
tratemos. Si queremos un país de vanguardia, cuidemos a la familia, al trabajo,
a las mujeres y a todos los ciudadanos argentinos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Kicillof, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Kicillof.- Señor presidente: afuera de este
Congreso y en todo el país hoy se congregaron cientos de miles de mujeres, y
particularmente pibas y pibes que están hoy luchando por un derecho. No
vinieron a obligar a nadie a hacer nada.
Si
uno observa lo que ha pasado en estos treinta meses de gobierno de Macri,
estamos ante una enorme oportunidad, porque nuestra sociedad no ha parado de
perder derechos. Hoy este Congreso puede darle un derecho a un actor social que
está presente, está vivo, es fuerte y es nuevo. Aprovechemos esa oportunidad.
Démosles a las mujeres el derecho a decidir sobre sus cuerpos. Se trata de un
reclamo legítimo y nuevo, porque hace a un cambio cultural. Pero existe, está
presente.
Considero
que lo peor que puede hacer este Congreso es mostrar indiferencia ante la lucha
social y ser hipócrita. Estoy viendo mucha hipocresía en este debate.
Probablemente, muchos de los diputados que están acá –y no quiero exagerar‑
conocen el caso de algún aborto en la familia, entre los amigos o entre los
conocidos. Seguramente, nadie lo ha denunciado. ¿Por qué? Porque saben, incluso
aquellos diputados que se han manifestado en contra de este proyecto, que esto
no es un delito. Si nosotros hoy no le damos media sanción a este proyecto de
ley, vamos a seguir manteniendo esta situación de hipocresía social al marcar
como un delito algo que nadie cree que lo sea. ¿Qué piensan ustedes? ¿Creen que
una mujer que se practica un aborto es feliz, está chocha? De ninguna manera.
Está actuando sobre su cuerpo, y muchas veces en pésimas condiciones. Además,
con la situación actual se la va a tratar de delincuente. No puede ser. Hay que
terminar hoy mismo con esta situación.
También
debemos terminar con otra hipocresía, porque se habla como si la sanción de
este proyecto fuera a definir si a partir de mañana hay más o menos abortos en
la Argentina. Señores diputados, no es eso lo que estamos definiendo sino en
qué condiciones se practican y particularmente, si por esos abortos -que son
decisiones personales y se van a seguir realizando- continuarán muriendo más
mujeres; esa es la verdad.
Estamos
decidiendo si va a haber más muertes de mujeres, no si va a haber más abortos.
Es nuestra responsabilidad evitar esas muertes y la oportunidad está en
nuestras manos. Por lo tanto, debemos votar este proyecto por la afirmativa.
La
tercera hipocresía es que sabemos que el presidente de la Nación, la
gobernadora, el jefe de Gobierno de la ciudad y la gran mayoría del bloque
oficialista están en contra de esta iniciativa. Sabemos que es así y que han
desfinanciado las partidas correspondientes a la educación sexual y a la
prevención en términos del aborto.
Es
decir, la situación actual es peor a la anterior por falta de financiamiento.
Ya no hay métodos anticonceptivos gratuitos en los hospitales ni en las salitas
y al mismo tiempo, hay menos profesionales y menos capacitadores. Es hipócrita
decir que lo que se debería hacer es más prevención y no votar esto, cuando
desde que llegaron al gobierno en realidad no hay más sino menos.
En
mi opinión, hay una cuarta hipocresía de la que se habla poco y consiste en que
detrás de los abortos clandestinos existe un gigantesco negocio. Estuvimos
averiguando y la práctica de un aborto cuesta aproximadamente 30.000 pesos.
Además, el misoprostol cuando no se consigue con una receta, cuesta cuatro
veces más y se suministra en dosis más chicas, por lo tanto, el proceso es
peor.
Toda
esta hipocresía se da en torno a este debate, pero en realidad el camino es muy
simple: debemos considerar lo que la sociedad nos reclama fuera del Congreso,
representada por una enorme mayoría de mujeres que está luchando por esto; se
trata de una mayoría nueva, gigantesca, vivaz y real.
El
presidente y la gobernadora, que probablemente estén durmiendo, deberían venir
a definir esto a favor, porque de lo contrario no alcanza. (Aplausos.)
No es
suficiente haber abierto el debate. Cuando el doctor Raúl Alfonsín propuso la
sanción de la ley de divorcio, no abrió el debate y se fue a dormir. Lo mismo
pasó con Néstor y Cristina Kirchner cuando comenzó la discusión del proyecto de
ley de matrimonio igualitario. Esta es una cuestión política, si hay un empate
hay que tomar una decisión y esa es la responsabilidad que tienen hoy.
Debemos
reconocer que este es un derecho específico de las mujeres y que constituye una
forma de construir más igualdad en nuestro país. Por último, quiero agradecer a
las verdaderas protagonistas a quienes ya conocemos, que ya ganaron y que son
las mujeres que han luchado por estos derechos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Buil, por Buenos Aires.
Sr.
Buil.- Señor presidente: hace más de dos meses que estamos debatiendo la
despenalización del aborto y hemos escuchado a expertos y referentes sociales
esgrimir una y otra postura. Ante esto, es necesario remarcar que la voluntad
democrática y la apertura del actual gobierno, fueron las llaves para darle
mayor visibilidad a este tema que muchos pretenden desconocer o invisibilizar.
Es obvio que no es un tema nuevo más
allá de ser actual; pero hoy tenemos la madurez, la responsabilidad y la
decisión de discutirlo. Resulta extraño que ante tanta exposición pública
algunos aún insistan con la posición de aborto si o aborto no y quiero
remarcarlo, porque ante lo rico y serio del debate, es una simplificación
absurda y engañosa que únicamente confunde y queda cerrada a una concepción
religiosa.
La despenalización del aborto no es
una obligación a realizarlo, lo expreso porque a veces pareciera que se igualan
estos conceptos; por el contrario, es una decisión personal que debe ser
acompañada por profesionales que orienten a las mujeres que piensen esta
posibilidad o que deciden llevarlo a cabo.
No soy pro abortista, yo soy católico,
yo quiero la vida y la defiendo. Hoy soy diputado de la Nación, me toca ser
parte de esta sesión histórica y debo analizar y tomar una posición más allá de
mis convicciones religiosas, de mi pertenencia sectorial y de mis cuestiones
personales.
Por esta razón, en caso de que una
mujer tome la decisión de abortar, no la juzgaría; sin dudas quisiera que la
práctica sea legal y en un lugar en condiciones para la atención de su salud,
como la que este proyecto de ley determina.
Hoy debo ejercer mi función actuando
para el conjunto de la sociedad, seguir sosteniendo lo que siempre sostuve como
concejal, como intendente y ahora como legislador. No puedo ejercer mi función
pública en beneficio de los que piensan parecido a mí o de los que me votaron
porque cuando se legisla se hace para todos.
En este caso, que hablamos de un tema
esencialmente de salud pública y de decisión de la mujer, interpreto que es
lógico apoyar desde mi rol la despenalización del aborto en las condiciones que
el dictamen de mayoría expresa.
Creo que las leyes deben apuntar a modificar
los problemas que nos aquejan y brindar las mejores condiciones para quienes
forman parte de nuestra sociedad.
En mis dieciséis años como intendente
municipal, cada vez que tomaba conocimiento de que una mujer -por supuesto del
sector pobre de nuestra sociedad- había llegado al hospital después de un
intento de aborto realizado por cuenta propia -introduciéndose distintos
elementos, o yendo a algún lugar impresentable, que además de ofrecerle una
respuesta por supuesto le cobraban y se planteaba el riesgo de muerte por
infecciones o la posibilidad de no poder nunca más tener un hijo-, sentía la
impotencia de estar representando a un Estado inútil que no estuvo presente
cuando esa mujer o niña lo necesitaba.
Por eso hoy creo que tenemos la oportunidad
de darles seguridad a miles de mujeres, a las más indefensas entre las
indefensas y a todas en general, porque aunque tengan los medios económicos
para acceder a un aborto, hacerlo en un lugar prohibido, clandestino y con un
trato sin controles suficientes, las denigra además de cargar luego ‑como
si todo esto fuera poco- con la penalización judicial.
Por otro lado, esto que se expresa
deja en evidencia que es un problema de equidad de género, porque afecta a las
mujeres. Nosotros los legisladores con esta ley podemos darles el derecho que
hoy no tienen, acompañarlas, darles una posibilidad de elección que
lamentablemente no consideramos y darles la contención que no les damos.
Cuando comenzamos el debate en la
Cámara consulté aproximadamente a sesenta mujeres cercanas de distintos
sectores sociales y distintas actividades, la gran mayoría de ellas católicas.
Al hacerlo de manera reservada y con la confianza de conocernos, me dio mayor
seguridad para que, desde sus respuestas hoy esté a favor de la despenalización
del aborto, no solo y principalmente por los conceptos expresados sino porque
además, mayoritariamente, lo reconocieron como una necesidad.
Por esto, por los tantos argumentos
que escuchamos en todos estos días, porque este dictamen profundiza la
necesidad de educación sexual y reproductiva, porque pone foco en que el Estado
cumpla su rol en salud pública, y fundamentalmente, porque creo que la
despenalización disminuirá el número de abortos, terminará con negocios oscuros
e ilegales, con mujeres tristemente juzgadas y porque ellas tienen que tener el
derecho a decidir sin arriesgar sus vidas, votaré a favor de este proyecto de
ley.
Para aquellos que todavía tienen
dudas, los invito a que salgan a la calle y vean la marea verde de miles y miles
de mujeres jóvenes que cubre los alrededores de este Congreso. Aprobemos esta
norma para darles el derecho que hoy nos están pidiendo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado Bragagnolo,
por Mendoza.
Sr.
Bragagnolo.- Señor presidente: antes de comenzar
a hablar del fondo de este asunto, me parece que hay que dejar bien en claro
–por más que ya se haya repetido‑ que el niño por nacer es biológica y
científicamente un ser humano y su existencia comienza desde el mismo momento
de la concepción.
Reitero:
el niño por nacer es biológica y científicamente un ser humano; lo fue antes,
lo es ahora y lo será mañana y, como tal, jurídicamente es un sujeto de derecho
protegido por la Constitución Nacional. El inciso 23° del artículo 75 de la
Carta Magna pone en cabeza de este cuerpo esa protección.
Por
otra parte, el niño por nacer se encuentra protegido por los tratados
internacionales con jerarquía constitucional que firmó la Nación y que aprobó
este Congreso y por las leyes de fondo como el artículo 19 del Código Civil y
Comercial vigente. Lo más importante de todo es nuestra obligación
constitucional y legal ‑sobre todo natural, humana, ética y moral‑
de defender siempre a rajatabla la vida. Esto no implica que uno no reconozca
la realidad y que coincidamos parcialmente con el diagnóstico.
Cuando
digo que tenemos una coincidencia parcial, es porque acá se han mencionado
estudios de dudoso rigor científico que contienen cifras que se tiraron
livianamente. No importa cuál es la cantidad de mujeres, porque así sea una
tenemos que ocuparnos de ella. Difiero en el camino que debemos tomar para
ocuparnos de las mujeres. No podemos elegir el camino del atajo que es el más
fácil. El aborto sin dudas no es el camino más fácil para la mujer. ¿Saben para
quién es el camino más fácil? Para todos nosotros. Elegimos tomar este camino
en vez de tomar el sendero más difícil que significa acompañar a esa mujer en
el momento en que va a tomar la decisión y no después cuando ya la tomó y
abortó. Debemos acompañarla, estar antes y cerca con un Estado presente que no
le da la espalda y la acompañe. Ese es el camino seguro que debemos recorrer
juntos por más que sea el más difícil.
Ahora
vamos a referirnos al texto de este proyecto de ley. Quiero dirigirme con mucho
respeto a los legisladores, con muchos he dialogado, que legítimamente y con
mucha convicción apoyan esta iniciativa porque consideran que contempla una
situación de salud pública. Insisto con mucha humildad y respeto –espero que
así se entienda‑ que tal como está redactada la iniciativa no contempla
en ningún lado los argumentos que nos llevan a votarla. Con esto ponen de
manifiesto los motivos y argumentos de otros legisladores y agrupaciones
pseudoprogresistas que están poniendo en boca de mujeres humildes sus propias
ideas.
Eso
queda de manifiesto en el artículo 1° del proyecto de ley que trata al aborto
como si fuera un derecho de la mujer o un derecho de género, conculcando el
derecho más importante que es el derecho a la vida. En esto no hay derecho,
porque la mujer no tiene derecho al aborto sino derecho a la salud. La mujer
nunca puede tener derecho al aborto y máxime cuando ese derecho conculca y
viola de forma permanente e irreductible y para nunca poder volver a
recuperarlo el derecho a la vida.
El
artículo 2° del proyecto en tratamiento dice textualmente: “Esta ley garantiza
todos los derechos reconocidos en la Constitución Nacional y los tratados de
derechos humanos ratificados por la República Argentina que esta ley no
viola…”. Esto refleja el esfuerzo que realizaron los autores por darle un ápice
de constitucionalidad a lo que de por sí no la tiene, como si pudieran tapar el
sol con las manos. Este proyecto claramente es inconstitucional por más que
escriban lo contrario. ¿Mágicamente se vuelve constitucional este proyecto? No.
El
artículo 3° es el más grave porque nuevamente pone al aborto como un derecho
absoluto ya que cualquier mujer puede abortar por distintas circunstancia hasta
la semana 14. Encima, luego se agregan tres supuestos que de acuerdo a la manera en que están
redactados abarca procedimientos demasiados laxos que habilitan de hecho el
aborto irrestricto y bajo cualquier circunstancia inclusive hasta el noveno
mes. Esto es lo que va a terminar pasando en la práctica.
Así
está redactado el proyecto en consideración, pero este no es el camino. Los
invito a recorrer un camino que defienda claramente ambas vidas, cumpliendo lo
que nos manda la Constitución porque esta es nuestra tarea.
En
las motivaciones que llevan a abortar a una mujer quiero distinguir a dos
grupos. En primer lugar, las que aun habiendo recibido toda la información y
educación sexual ‑métodos preventivos y anticonceptivos‑ y formando
parte de una posición social y económica razonable quedan embarazadas y vienen
a pedir un aborto porque el embarazo les molesta en su proyecto de vida. Quiero
decir a estas mujeres y al hombre que participó en esto, que deben hacerse
cargo porque es una cuestión de pareja. No nos pidan a nosotros que les
solucionemos su vida cuando tuvieron todo al alcance para actuar de manera
responsable.
El
segundo grupo son las mujeres que merecen nuestra atención, las que están en
una situación vulnerable y que el único camino que ven es el del aborto porque
hemos fallado y como sociedad y como Estado les hemos dado la espalda. Son
mujeres que parece que estuvieran en un cuarto oscuro y la única luz que vieron
es el camino del aborto. Lo que están haciendo con este proyecto es iluminar
con mayor intensidad, diciéndole “ese es el camino, andá”.
Los
invito a iluminarles el cuarto entero acompañándolas antes del embarazo con
información y prevención, durante el embarazo asistiéndolas económica y
psicológicamente con un Estado presente ‑tal como encaramos la violencia
de género que de a poco va mostrando resultados‑ y después del embarazo
con medidas para agilizar las adopciones. Esta es la tarea que debemos llevar
adelante.
Aquí
han dicho que con este proyecto el aborto es seguro, legal y gratuito. Ningún
aborto es seguro para una mujer, ni es gratuito porque como mínimo se lleva una
vida y mucho menos legal, porque es inconstitucional.
Como
mendocino y al igual que muchos de los que están afuera y acá, vengo a cumplir
con mi obligación constitucional, moral y ética de defender siempre con toda la
fuerza y sin claudicar la vida humana. ¡Esa es nuestra obligación! (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado Castagneto,
por Buenos Aires.
Sr.
Castagneto.- Señor presidente: pensé que se me
había llenado de pelos el micrófono con las palabras del diputado preopinante.
Se
está trabajando mucho para consagrar los derechos de las mujeres. Gracias a la
democracia hemos podido avanzar con muchas leyes como se mencionaron
anteriormente, la de divorcio, la de matrimonio igualitario. Hoy, esta inmensa
marea verde reclama la interrupción voluntaria del embarazo.
Durante
dos meses tuvimos un trabajo de comisión extraordinario. Tal como se dijo acá
se hicieron presentes distintos expositores y se evacuaron todas las dudas de
un lado y del otro, a favor y en contra y con un grado de madurez muy
importante pudimos conseguir un dictamen de mayoría. Quiero resaltar y reiterar
que estamos tratando el proyecto de ley sobre interrupción voluntaria del embarazo.
En
el artículo 4° del proyecto se establece que para realizar la práctica se
necesita el consentimiento informado por escrito de la mujer o persona
gestante.
También
quiero hacer mención que el artículo 8° establece que si la persona gestante o
mujer decide realizarse la interrupción voluntaria del embarazo, antes, durante
y después será acompañada, cuidada y recibirá contención del centro de salud
donde sea atendida. No estamos obligando
a realizar un aborto sino que estamos hablando de una interrupción voluntaria
del embarazo por parte de la mujer.
Yo
tengo algunas dudas y me pregunto si aquellos diputados del oficialismo que
votan en contra lo hacen porque las obras sociales –a las que cubrieron con un
montón de leyes, además de esta- no quieren prestar esta interrupción
voluntaria del embarazo dentro del PMO.
Por lo menos en la provincia de Buenos Aires, estamos viendo el
vaciamiento de todos los hospitales públicos, donde no hay gasas ni dan
aumentos a los médicos. Quizás hoy el oficialismo no quiere votar porque no
quiere exponer ante la sociedad el problema que están viviendo los hospitales
públicos. Quizás, así como se cayó en algún momento a la escuela pública ‑como
me pasó a mí‑, no quieren que la gente caiga en la interrupción
voluntaria del embarazo en un hospital público.
¿Hay
diferencia de clases? Sí. En mi vida tuve la suerte de compartir muchas
horas con mi amigo el doctor Favaloro. Como lo mencionaba el señor diputado
Miranda, lo que dijo en 1997 fue muy claro.
Él dejó la vida porque un Estado ausente -como el actual- no le quiso
reconocer su tarea comunitaria y de médico rural, por lo que se pegó un tiro en
el corazón, en su lado más sensible.
Para
no extenderme mucho más, como legislador nacional, y dejando de lado mi
creencias individuales, tengo muy presente que esta es la casa del pueblo y que
las mujeres que están en la calle hace más de 18 horas nos piden que votemos
por la afirmativa.
Pero
quiero hacerle tres preguntas, señor presidente. La primera es la siguiente: si
en el Congreso hoy tuviésemos diputados y diputadas menores de 35 años, ¿cómo
sería la votación? La calle dice que
sería por unanimidad en favor del aborto. (Aplausos.)
Por
otro lado: en caso de sancionarse este proyecto de ley, aquellos diputados
oficialistas que votan en contra y que cuidan tanto a los grupos económicos
concentrados, ¿denunciarán a las clínicas que seguirán haciendo los abortos
clandestinos? ¿O pasará lo mismo que con
Marcos Peña y las corridas bancarias, que dijo que iba a buscar quién era el
causante interno y nunca lo encontró? Me gustaría que quienes votan en contra
hagan un registro de clínicas de abortos clandestinos, porque esos abortos
clandestinos en las clínicas los hace la gente pudiente...
Sr.
Wechsler.- Señor presidente...
Sr.
Presidente (Petri).- Señor diputado Castagneto:
el señor diputado Wesler le pide una interrupción.
Sr.
Castagneto.- Ya termino, señor presidente.
En
tercer lugar, ¿qué estamos debatiendo? El aborto existe. Hoy decidimos si el aborto es legal o
clandestino, y yo voto por el aborto legal. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor
diputado Grande, por Salta.
Sr.
Wechsler.- Señor presidente...
Sr.
Grande.- Sí, señor diputado.
Sr.
Wechsler.- Señor presidente: le agradezco por su
intermedio al diputado Grande.
Solo
quiero comentarle al señor diputado Castagneto que yo soy parte del oficialismo
y estoy a favor del proyecto.
Sr.
Presidente (Petri).- Continúa en el uso de la
palabra el señor diputado Grande, por Salta.
Sr.
Grande.- Señor presidente: cuando todos hablan
acá de la masa verde que está afuera, también les recuerdo que hay una masa
celeste. (Aplausos.)
-
Ocupa la Presidencia el señor
presidente de la Honorable Cámara, doctor Emilio Monzó.
Sr.
Grande.- Además, le quiero recordar a todos los
diputados presentes que es una alegría ver al pueblo reclamando derechos en
paz. Remarco el enorme contraste que hay entre el pueblo que reclama derechos y
las hordas de vándalos y delincuentes que invaden la plaza para tratar de dar
un golpe tomando el Congreso, como pasó en diciembre. Es bueno que recordemos eso. (Aplausos.)
-
Varios señores diputados
hablan a la vez.
Sr.
Grande.- Es bueno que estén nerviosos; se marca
claramente la diferencia.
Sr.
Tailhade.- ¿Usted habló de vándalos…?
-
Varios señores diputados
hablan a la vez.
Sr.
Grande.- ¿Me deja hablar, señor diputado? Hace doce horas que los estoy escuchando.
Sr.
Presidente (Monzó).- Continúe en el uso de la
palabra, señor diputado, y trate de no provocar a los diputados.
Sr.
Grande.- Si eso es una provocación...
-
Varios señores diputados
hablan a la vez.
Sr.
Grande.- Le quiero decir a todos que los están
pidiendo el aborto legal que hoy, al menos en mi provincia, es absolutamente
impracticable por una razón muy simple: tenemos un sistema digital para pedir
turnos, pero para cualquier operación de rutina hay que esperar seis meses.
Simplemente, no lo podemos hacer porque no hay forma de llevarlo adelante.
Aparte
de todo esto, en mi provincia tampoco hay educación sexual. Quienes han tenido
la responsabilidad de gobernarla se han encargado de no dar educación sexual en
todos estos años. Es más, mediante una
actuación de la Corte Suprema de Justicia, a partir del año pasado no damos
educación religiosa en todas las escuelas públicas, situación que, siendo yo
católico, me molestaba mucho.
Pero
para ir cerrando, porque tanta espera hace que los ánimos se caldeen un poco,
le voy a decir algo en lo que en mi provincia hemos tratado de ayudar siempre,
y es una fundación que se llama Era en Abril. Esta fundación está compuesta por
madres que han perdido sus bebés durante la gestación y que reclaman que esos
bebés no sean enterrados como NN sino que tengan la posibilidad de tener un
nombre, porque la relación de la madre con el hijo no es ‑como dicen por
acá‑ una cosa que se puede borrar de un plumazo. Al contrario, la relación de la madre y el
hijo va más allá del parto; por eso están reclamando que sus pobres bebés
muertos antes de nacer tengan nombre y apellido, para que se los recuerde.
Para
finalizar, no sé si saben cómo viven y se reproducen los marsupiales, pero
acuérdense que terminan su desarrollo fuera del seno de la hembra. Se arrastran
y terminan mamando en una bolsa de marsupia durante meses, hasta que terminan
su desarrollo. Si tuviéramos el mismo sistema y los bebés de 10 o 15
centímetros estuvieran prendidos a la teta de sus madres, cuando llega el
momento del aborto sería fácil tomarlos y tirarlos a la basura, como pretenden
algunos en este recinto. Les pido que
apoyemos la vida. Las dos, no una, como pretenden ustedes. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Marcucci, por Santa Fe.
Sr.
Marcucci.- Señor presidente:...
Sr.
Presidente (Monzó).- La señora diputada Cerruti
le solicita una interrupción, ¿se la concede, señor diputado?
Sr.
Marcucci.- Sí, señor presidente.
Sr.
Presidente (Monzó).- Para una interrupción, tiene
la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Cerruti.- Señor presidente: en el transcurso del
debate ya nos trataron de perras y marsupianas, ¿alguna otra cosa más quieren
decirnos los diputados? (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Continúa en el uso de la
palabra el señor diputado por Santa Fe.
Sr.
Marcucci.- Señor presidente: vivimos un momento
histórico de movilización. A todos nos alegra que haya debate y se delibere en
democracia. Sin embargo, a mi juicio, fuimos un tanto limitativos en esta
discusión y en esta liberación, porque dejamos a la gente fuera del Congreso.
Podríamos haber dado un pasito más para que también pudiera decidir y votar. En
este sentido, propuse una consulta popular vinculante, que está contemplada en
un expediente. Estimo que esta puede ser una herramienta que no debe ser
descartada para resolver esta discusión y estos debates.
Brevemente
voy a referirme a dos aspectos que fueron cuestionados de la consulta popular
vinculante. El primero de ellos, es que no pueden contemplar materias penales.
Esto no es cierto. El artículo 40 es muy claro y la ley 25.432 que lo regula,
también lo establece. No se excluye la materia penal. Recuerdo que cuando se
sancionó la norma, la miembro informante era la diputada Carrió. Daniel Sabsay
y Quiroga Lavié, convencional constituyente de la reforma de 1994, tampoco
sostienen que esta materia deba quedar excluida.
En
segundo lugar, se dice que no se pueden explicitar derechos. Aquí voy a leer
textualmente un artículo de Roberto Gargarella, referente en materia
constitucional de muchos de nosotros, en relación con un plebiscito sobre la
legalización del aborto. Se trata de un artículo de hace poco tiempo. Dice así:
“Nadie ha pensado nunca, sensatamente, que dada la importancia de tales temas,
la decisión sobre los mismos debía ser dejada exclusivamente en manos de
expertos...” “...o en todo caso lejos de las manos de las ciudadanía. Por el
contrario, asumimos que, justamente en razón de la relevancia de los temas en
juego, tenemos el derecho a participar de la solución de los mismos: lo que nos
afecta a todos, debe quedar en manos de todos.”
Más
adelante señala: “Para los casos en donde la conversación colectiva sí tiene
sentido (cuando discutimos sobre qué decisión sería la más justa para todos),
los plebiscitos y consultas populares pueden ayudarnos, pero dependiendo, de
modo excluyente, de cómo se organicen: la consulta puede ser el punto final de
una larga conversación colectiva, o un método para reemplazar o vaciar de
sentido a esa discusión.”
Finalmente, señala que están maduras las
condiciones para tomar esta decisión, con lo cual apelo a que consideremos la
idea de que en la Argentina existan las consultas populares vinculantes.
Seguramente, todos recordamos el plebiscito del canal de Beagle. Este
procedimiento sería un camino para dar contundencia y solidez a una ley.
Voy
a referirme a algo que escuché por aquí. Algunos que se pusieron el bozal
durante doce años, hoy dicen, señalando con el dedo, que se está tratando de
evitar la discusión y negando que el presidente de la Argentina fue uno de los
que inició el debate. Por supuesto, debemos resaltar el movimiento de mujeres
que largamente viene bregando por ampliar sus derechos. En política, siempre
existe la tentación del oportunismo o el
“pijoterismo”. No es este el momento para debatir de esta manera. Hagamos
historia.
También
deseo referirme a una forma de ver la discusión. Acá lo repitieron muchas
veces. Existen dos posiciones: una a favor y otra en contra. Sin embargo, pude
ver el multicolor y las distintas opiniones que existen, tanto en lo relativo a
aspectos jurídicos como médicos, filosóficos, morales, éticos, religiosos.
Debemos construir un Estado, laico, que contemple todas las miradas ‑la
pluralidad‑, todas las visiones acerca de la vida. Sarmiento lo intentó y
lo hizo con la educación popular común.
Se
trata de la misma idea, el mismo camino: lograr un Estado que sea plural,
democrático, que nos incluya a todos, porque allí radica su riqueza. Por eso,
me preocupan algunos discursos que tienen verdades únicas y reveladas;
discursos muy emotivos, pero la conciencia que tienen es la única que vale, es
la única verdad, la que no incorpora al otro, porque el otro no tiene verdad ni
conciencia. Hablemos de pluralidad, porque esas miradas integristas pueden ser
las semillas de las visiones más totalitarias.
Seguramente
todos hemos leído las memorias de Valéry Giscard d’Estaing en las que habla de
una reunión que tuvo con Juan Pablo II en el año 1974, en El Vaticano. Dijo:
“Yo soy católico...” “...pero también soy presidente de una República cuyo
Estado es laico. No tengo por qué imponer mis convicciones personales a mis
conciudadanos”. Una buena frase, una buena opinión, de alguien que tenía un
visión religiosa muy profunda. Como todos sabemos esta discusión dio lugar a la
ley Veil, que habilitó la posibilidad de la interrupción voluntaria de
embarazos en Francia.
En
el mismo sentido, es importante correr el velo a los problemas que tenemos. La
clandestinidad a la que sometemos a las mujeres más débiles es un problema, y la
criminalización también es gravísima. No creo que este sea el camino a
recorrer.
Finalmente,
deseo citar a Raúl Alfonsín, quien dijo textualmente: “Estamos trabajando para
defender la vida y estamos trabajando de manera importante para evitar la
tragedia del aborto pero no a través de su penalización sino a través de la
mejor manera de hacerlo, que es con la asistencia y el auxilio del estado
argentino.”
Como
reformista que soy, el mejor homenaje que podríamos brindar a los reformistas
es decir que hoy tenemos menos dolores y más libertades.
Anticipo
mi voto afirmativo a esta iniciativa. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Raverta, por Buenos Aires.
Sra.
Raverta.- Señor presidente: venimos hace dos
meses trabajando en este tema; escuchamos a más de setecientos especialistas,
expositores, y hace muchas horas que estamos aquí oyendo argumentos a favor y
en contra.
Haré
hincapié en los argumentos vinculados con la idea de caracterizar qué pasa si
esta norma es sancionada y qué ocurriría si así no sucediera.
Si
esta iniciativa no se sanciona, las mujeres argentinas seguirán abortando.
Aquellas que tengan recursos, lo harán en lugares en condiciones aceptables, en
términos de higiene y salud. Aquellas que no los tengan, igualmente abortarán,
pero correrán riesgos y algunas morirán. Por lo tanto, si esta ley no es
sancionada, nada cambiará en la Argentina.
¿Qué
sucedería si esta norma es sancionada? En principio, las mujeres que decidan
interrumpir un embarazo, porque están cursando un embarazo no planificado, no
deseado, podrán hacerlo en un lugar seguro, hasta las catorce semanas.
Las mujeres que no decidan interrumpir un
embarazo no planificado o no deseado seguirán con su vida y con su embarazo. Por
su parte, aquellos trabajadores de la salud que quieran intervenir directamente
en la práctica, podrán hacerlo, y aquellos que no quieran intervenir, podrán no
hacerlo. Pero los trabajadores de la salud que no lo hagan en el ámbito público
tampoco lo harán en el privado, porque la objeción de conciencia no es relativa
a si cobran o no la práctica médica.
Si
esta ley se sanciona podremos contar con un registro estadístico y tener datos
sobre salud sexual y reproductiva, planificación familiar y demás. Asimismo, si
se sanciona habrá consejerías pre y post aborto, en las cuales se dará
información sobre métodos anticonceptivos y se brindarán los métodos que hoy
están incluidos en el Programa Médico Obligatorio y en el Programa de
Procreación Responsable.
Todo
eso va a suceder si se sanciona esta ley.
Además,
señor presidente, si esta iniciativa se convierte en ley estaremos haciéndonos
eco de un pedido masivo de amplitud de derechos y libertades. Este pedido hoy
se expresa en la calle con esa hermosa e inmensa marea de miles y miles de
personas haciendo vigilia. En esa marea hay mujeres que desde hace treinta y un
años vienen siendo parte del Encuentro Nacional de Mujeres que todos los meses
de octubre se celebra en la Argentina.
También
debemos mencionar a la enorme cantidad de adolescentes que hace dos o tres
meses irrumpieron en nuestra vida diaria, en nuestras escuelas, en nuestras
familias, explicando el tema a las madres, padres y abuelos y dando cátedra en
sus escuelas. Hablo de esos adolescentes que se pusieron el pañuelo verde en la
mochila y que están por todos lados, enseñándonos cada minuto.
Esa
gran marea construye una enorme voz, que nos está pidiendo que hoy aprobemos
esta ley. Es la voz de las mujeres que se expresan, que cantan, que están en la
calle, pero también la voz de las mujeres que no están porque fueron víctimas
de femicidios o murieron en abortos clandestinos. Hablo también de las abuelas
que no pudieron abrazar a sus nietos porque se murieron, de las mujeres que
sufren esperando el telegrama de despido, de las mujeres a las que cada día les
cuesta más alimentar a sus hijos y de las mujeres que hoy se animan y se
animaron en todos los tiempos a interpelar a los poderosos, cuestionarlos y
combatirlos. La voz de todas esas mujeres, de toda esa marea humana, hoy se
expresa acá.
Por
eso, señor presidente, creo que si esta ley se aprueba, dentro de un rato
seremos distintos, seremos mejores, seremos personas a las cuales la historia y
el tratamiento de esta ley nos habrá modificado la vida.
Seremos parte de una sociedad que pelea por construir una patria de iguales.
Sabemos
que hasta ahora se estaría dando casi un empate en la votación, ya que la
cantidad de diputados que votarán a favor es muy similar a la de aquellos que
votarán en contra. Pero todavía hay algunos que no decidieron el sentido de su
voto. Justamente a esos indecisos les pido que le den una oportunidad a esta
ley. Hace cien años que tenemos otro sistema normativo. Entonces, probemos con
este nuevo sistema normativo para ver si de esta manera podemos disminuir los
abortos en la Argentina y las muertes de mujeres por abortos clandestinos. Creo
que nos merecemos el intento.
Por
Adela, Inés, Victoria, Emilia, Lucía, Camila, Ale y Brenda, que el aborto
legal, seguro y gratuito sea ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Monaldi, por Jujuy.
Sr.
Monaldi.- Señor presidente: cuando hablamos del
aborto tocamos en forma medular situaciones muy duras y complejas que lo
acompañan. No es responsable adoptar una postura sobre este tema si no traemos
a la luz aquellas condiciones en las que ocurre y evitamos avizorarlas. No
debemos ni podemos mirar a un costado diciendo que el aborto no ocurre, pero
tampoco intentar mostrar que solamente es una cuestión de derecho del uno sobre
el otro.
Creo
que no se puede ser ciego y negar ambas realidades, pero para tomar la mejor
decisión es preciso que antes expongamos con claridad sus circunstancias. Como
dijeron muchos legisladores, me parece que el aborto es una tragedia: para la
mujer, para los niños y para la sociedad en su conjunto. Es una tragedia que
trae consigo espanto y compasión. Nos genera espanto cuando pensamos en las
condiciones a las que se enfrenta la mujer que llega a esa realidad, cuando
pensamos en las vidas que quedan truncas y cuando vemos una sociedad que
abandona a los más débiles ‑siendo éstos su fuente de crecimiento‑
y busca la forma de deshacerse de lo que ve como un problema. La vida no
debería ser un problema, señor presidente.
Pero
también nos genera compasión acercarnos al dolor que debe enfrentar una mujer
que arriba al aborto, en cualquier circunstancia. Hay dolor porque se
interrumpe algo que debiera ser una bendición: la maternidad. Y no nos
confundamos: es la misma sociedad la que la empuja, la deja sola o la juzga.
Ante esa perspectiva, una mujer está desesperada; no aborta por placer.
Sentimos compasión por la vida de un hijo que no será y por una sociedad ciega
y egoísta que abandona a las madres a su propia suerte y mira a un costado,
como si el problema fuera solo de ella, cuando en realidad debería recibir todo
el auxilio pues es la que ayuda a la sociedad a perpetuarse.
Para
algunas mujeres traer un hijo al mundo, en lugar de ser una alegría y un
milagro, es una tragedia, porque significa postergaciones, expectativas
incumplidas y soledad. Esto es así porque el rol de la mujer en la maternidad
es intransferible; los hombres no podemos tomar la posta del embarazo. Por eso
es atendible la angustia a la que se ven expuestas muchas mujeres. Pero también
es trágico pensar que todo lo dicho anteriormente dé vía libre para quitar la
vida a niños por nacer. No se puede deshumanizarlos y tratarlos como una
propiedad sobre la cual se puede decidir libremente. Hay que cuidar y hacer valer
sus derechos.
En
síntesis, legalizar el aborto no aporta soluciones verdaderas a un problema.
Primero tenemos que entender que, como sociedad, debemos devolver a la mujer el
rol inmenso que posee y que por siglos le hemos negado. No podemos ni debemos
seguir mirando a un costado, dejándola sola y desentendernos como sociedad.
Cuando actuamos así, no solo estamos en contra de ellas sino también en contra
de futuros hombres y mujeres que son hijos de todos, hijos de nuestra
comunidad, el futuro de la misma sociedad, su cimiente.
Por
eso, la solución no es legislar sobre la muerte de alguien sino aplicar
políticas públicas que apoyen a las mujeres y a las familias en riesgo y
protejan tanto a la madre vulnerable como al niño por nacer.
Por
todo lo expuesto, señor presidente, digo “no” a este proyecto y “sí” a las dos
vidas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Doñate, por Río Negro.
Sr.
Doñate.- Señor presidente: en primer lugar quiero
decir que me siento orgulloso de ser parte de este debate legislativo. Esta
postergada discusión sobre la despenalización del aborto era una deuda de la
democracia que poco a poco comienza a saldarse. Creo que hoy estamos dando
pasos importantes para derribar esos muros de silencio y ocultamiento que
durante tantos años atravesaron y atraviesan la conciencia, la vergüenza, el
dolor y la libertad de las mujeres en la Argentina.
Creo
que la puesta en debate público de este tema tiene grandes responsables. Las primeras
son aquellas mujeres que hace muchos años, en soledad, comenzaron a dar la
discusión y reclamar que este Congreso actúe y modifique las leyes vigentes.
También son responsables las que se fueron sumando año tras año, que con
profunda convicción lucharon y luchan por la soberanía de sus cuerpos, que en
definitiva es la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. Se trata
de una lucha que hoy abrazan miles y miles de pibas jóvenes, adolescentes, de
esa “revolución de las hijas” que está ahí afuera, en la Plaza del Congreso y
en las plazas y calles de las ciudades y de los pueblos de mi provincia, Río
Negro. Son un ejemplo de lucha, de unidad y de organización, que vino a
potenciar este debate, a ponerlo a la luz, a sacarlo del silencio y de la
invisibilidad, exigiendo al Estado un compromiso con la salud y los derechos
humanos de las mujeres argentinas.
No
estamos discutiendo ni decidiendo si queremos o no el aborto. Ya se ha dicho
esta noche que lo que debemos decidir es si queremos una interrupción del
embarazo legal o si queremos continuar agónicamente con abortos clandestinos.
Estamos decidiendo si queremos ampliar los derechos de las mujeres a decidir
sobre su cuerpo y garantizar su salud y su vida o si las dejamos libradas a su
suerte, en una oscura habitación de un barrio pobre, poniendo en riesgo su vida
y su futuro, muriendo muchas veces por una hemorragia o una mala praxis.
Esto
no debe ni puede ser una discusión religiosa. Es esencialmente –estoy
convencido de ello- un tema de salud pública.
Como
mensaje para aquellos que en estas últimas horas están dudando, también creo
que esta noche debemos hacernos una pregunta clave: para qué sirve que un
aborto siga siendo un delito, y si manteniéndolo como delito en el Código Penal
se evita que los abortos ocurran. La respuesta es que no; si mantenemos
penalizada la interrupción voluntaria del embarazo solo estaremos validando un
mercado negro millonario que lucra con el sufrimiento y la autonomía de las
mujeres argentinas.
Como
sociedad, creo que también debemos dejar atrás –este puede ser el gran paso que
demos esta noche- la condena social, porque el Estado es el gran responsable de
las muertes por abortos clandestinos. No podemos mantener una ley del año 1921
que es discriminatoria, injusta y vetusta, que se puso en vigencia cuando las
mujeres incluso carecían de derechos civiles y políticos.
Legalizar
el aborto es ampliar derechos; ampliar derechos es ampliar ciudadanía, y
ampliar ciudadanía es fortalecer la democracia.
Para
cerrar, quiero agradecer fundamentalmente a mis compañeras de bloque, que han
sido un ejemplo impresionante de trabajo. También quiero agradecer a mis
compañeras de militancia, a la cuatro compañeras que vinieron a dar el debate
en las comisiones: Daiana Neri, de General Roca, y Susana Yappert, de
Bariloche, las dos integrantes de nuestro Centro de Estudios Patagonia, que ha
trabajado mucho esta temática; y también a Laura Iturbide y Grenda Stolze, de
Cinco Saltos y Villa Regina, respectivamente, quienes también dieron su
testimonio en representación de las mujeres rionegrinas.
- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 3º de la Honorable
Cámara, doctor Martín Miguel Llaryora.
Sr.
Doñate.- También quiero decir que me siento
orgulloso de que los cinco diputados de mi provincia, de todos los partidos
políticos, hayan venido a dar el sí a esta iniciativa, y eso lo quiero
reivindicar. (Aplausos.)
Por
último, quiero agradecer a mi compañera, Guillermina, quien como profesional,
como madre, como mujer y como militante, me ayudó a comprender esta
problemática en toda su dimensión.
Me
quedo con los reflejos de aquellos debates que se dieron en 1988, con la ley de
divorcio vincular, cuando quienes votaban en contra de dicha norma sostenían
que en la Argentina se venía el fin de la familia. En realidad, lo que vino fue
el fin de la vergüenza de los separados ilegales.
En
este caso, con el aborto legal no habrá ni más ni menos abortos en la
Argentina. Lo que seguramente habrá serán menos madres muertas. El resto es
educación, educación y más educación. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Llaryora).- Tiene la palabra la
señora diputada Hummel, por Santa Fe.
Sra.
Hummel.- Señor presidente: intentaré ser breve en
atención a la hora.
La
inconstitucionalidad del proyecto en tratamiento es objetiva, y el debate
jurídico, de orden constitucional. A partir de la reforma de 1994, la
Constitución Nacional está integrada por el texto constitucional propiamente
dicho más las convenciones, tratados y declaraciones sobre derechos humanos que
fueron incorporados. Esta normativa es superior a la ley, y el Estado es
responsable y garante de su cumplimiento.
Cuando
en 1990 el Congreso aprueba la Convención sobre los Derechos del Niño, la
República Argentina completa la definición de niño y expresamente declara que
se entiende por tal todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta
los 18 años de edad. En igual sentido lo hace la Convención Americana sobre los
Derechos Humanos.
Señor
presidente: los derechos humanos son irreversibles; es un principio imperativo
que ninguna ley puede coartar un derecho humano reconocido.
Después
de escuchar a profesionales y especialistas con posiciones diversas, observo
que hay más dudas que certezas respecto de la magnitud del problema. Así, al
amparo de la falta de estadísticas oficiales, quienes pretenden justificar el
aborto afirman sin fundamentos científicamente válidos la existencia de 500.000
abortos anuales.
Paralelamente,
según datos oficiales, nacen 770.000 niños por año. Entonces, deberíamos aceptar
que, en nuestro país, de casi dos mujeres embarazadas, una no quiere ser madre,
situación evidentemente irreal e intencionalmente exagerada, dado que en los
países que han legalizado el aborto y cuentan con cifras oficiales fidedignas,
la relación promedio entre nacimientos y abortos es de 4,5 a 1.
Señor
presidente: se ha estigmatizado la pobreza; se dijo con liviandad que la mujer
pobre elige abortar sin presiones y que por falta de recursos aborta en
condiciones sanitarias no seguras.
Para
quienes trabajan con sectores vulnerables, la realidad es otra. La mayoría de
las mujeres sin recursos económicos que han quedado embarazadas por falta de
educación sexual no eligen abortar, sino que se resignan al encontrarse
desamparadas ante una situación que no pueden enfrentar solas.
Es
innegable que todas las mujeres, sin distinción de clase social, sufren el
aborto. Nadie celebra un aborto. Entonces, ¿por qué hablamos de abortar y no de
educar? ¿Por qué hablamos de abortar y no de garantizar medidas de prevención?
¿Por qué hablamos de abortar y no de dar respuestas con políticas públicas, de
mediano y largo plazo, de protección para la madre y el niño por nacer, que
garanticen equidad y justicia social?
Señor
presidente: ¿el aborto legal garantiza que sea seguro? El aborto no es seguro
en nuestro país ni en ningún lugar del mundo, aunque se realice en la mejor
sala de un sanatorio privado, porque la frustración de ser madre es una
situación traumática que deja secuelas difíciles de superar.
Para
finalizar, estoy convencida de que el comienzo de la vida humana es un
acontecimiento biológico. Hay vida desde la concepción. Nuestra legalización,
complementada e integrada por tratados y convenciones de rango constitucional,
considera al niño como sujeto de derecho desde su concepción.
Antes
de pensar en legalizar el aborto suprimiendo las consecuencias, que son vidas
inocentes, debemos trabajar en las causas que lo promueven, cumpliendo con la
Constitución Nacional cuando nos manda dictar un régimen de seguridad social
especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el
embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental, y de la
madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia.
Para
finalizar, señor presidente, hago saber que adhiero al principio evolutivo que
rige los derechos humanos, principio pro persona. En consecuencia, ante una
aparente colisión de derechos, sostengo que siempre debe interpretarse la norma
a favor del ser más débil, es decir, del niño por nacer.
Reservo
derecho para ampliar luego mi exposición. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Llaryora).- Tiene la palabra el señor
diputado del Cerro, por Santa Fe.
Sr.
del Cerro.- Señor presidente: este debate ha
girado sustancialmente sobre varios ejes; algunos han sido intensamente
tratados y otros escasamente profundizados, aunque sí tratados.
El
aborto como problema de salud pública ha sido tratado. Las mujeres abortan.
Ninguna sociedad del mundo, ni las más modernas ni las más antiguas de las
cuales se tiene conocimiento, ha dejado de abortar.
La
ciencia tampoco explica el aborto. Ninguna de las ciencias lo explica; ni la
biología, ni la medicina, ni la sociología, ninguna. Solamente sabemos que hay
algunas mujeres que quieren tener familia y otras mujeres que no quieren
tenerla. Y cuando uno pregunta cuál es la razón, la razón aparece como un
deseo: deseo de ser madre, deseo de tener un hijo, deseo de querer, deseo de
amar.
El
embarazo está ligado a una erotología; es algo que está ligado al amor, no a
ninguna biología. Con la biología sería interminable: hoy explicamos las cosas
por intermedio de una célula; después, por una molécula; después será por un
gen; después será por las proteínas y después será por los aminoácidos o las bases
que constituyen las proteínas. Esto es interminable.
Cuando
el debate se exaspera y se lleva a esos límites, como cuando se habla de vida,
¿de qué vida hablamos? ¿De vida biológica? Tenemos que seguir todos esos
caminos.
¿Queremos
hablar de vida natural? ¿Cuál es la vida natural? ¿La naturaleza es el castigo,
como está en la Argentina? Porque pareciera que acá la naturaleza es lo que se
castiga. No es la naturaleza la que nos está castigando; lo que nos castiga es
el poder. Acá hay una estrecha ligazón entre aborto, ley y poder.
El
poder político es el que generó los proyectos de ley punitivos y es el que
genera los proyectos de ley liberadores. La ley de 1921 es punitiva; regula el
aborto, da lugar a ciertos abortos y por eso tuvo algún grado de progresividad,
pero es una ley punitiva, y si no derogamos una ley punitiva, estamos del lado
del poder.
¿Pero
de qué lado del poder hay que estar? ¿Tenemos que estar del lado del poder para
generar libertad o tenemos que estar del lado del poder para generar opresión?
Lo que está generando este poder es opresión sobre las mujeres, básicamente,
porque a los hombres los deja relativamente liberados.
Este
es un problema político, de biopolítica. Acá se regulan las poblaciones, pero
las poblaciones de obedientes en este país o las poblaciones de quienes quieren
libertades. Los que sean obedientes van a ser reconocidos; los que quieren
libertades van a ser tratados injustamente y van a ser libertos. Las mujeres
van a ser libertas. Antes les decían brujas o hechiceras; ahora les dicen
libertas, no pueden disponer de su cuerpo.
No
nos engañemos. Acá están surgiendo dos demandas: una se refiere al Estado. El
mismo grupo que genera el Estado es el grupo que no se cansa por decir por otro
lado que el Estado es sobreabundante. ¿Cómo vamos a solucionar esa
contradicción? ¿La vamos a solucionar de alguna manera o vamos a reivindicar un
Estado que no existe? Porque el Estado que protege, el que acompaña, no existe.
Hay que crearlo, hay que invertir, hay que generar presupuesto. Ese no es un
gasto. Veremos si no es un gasto; vamos a esperar el manejo que se haga del
presupuesto. Aquí hay algunas denuncias que hay que salir a levantarlas.
Por
otro lado, la ley actual promueve la oscuridad. No hay estadísticas. Acá hemos
negado la palabra de los ministros y de todo el mundo. ¿Con qué libertad la
hemos negado, como si tuviéramos algún elemento concreto para hacerlo? Nadie ha
presentado estadísticas más concretas que los ministros. Algunos simplemente
dicen que son datos imaginarios. Pero las 44.000 mujeres internadas por año y
las muertes no son imaginarias. Si 44.000 nos parece poco, ¿cuántas vamos a
esperar que se internen por complicaciones en abortos mal realizados? ¿Tenemos
que esperar más casos, más muertes? ¿Eso es lo que nos piden: esperar más
muertes, esperar más internaciones? No, señores.
Pero
tampoco tenemos que negar una cuestión. Aquí se nombra mucho la educación. Los
que creemos que con la educación vamos a resolver esta cuestión vamos a tardar
mucho. Pero hay que saber también que la educación en la Argentina,
especialmente la educación sexual, no va a ser dada libremente, por más que la
sancionemos por ley. Hay poderes a los que no les interesa que haya educación
sexual o que los niños la reciban, por más que lo establezcamos en una ley. Ya
sabemos, desde 1958, quién se movilizó para que haya una educación religiosa y
que se termine la educación laica en la Nación. Después, cada vez que hubo un
problema sobre esto, sabemos quiénes se movilizaron.
Pero
la verdad sobre las cifras y estadísticas nos la ocultan, porque la ley vigente
permite que la verdad esté oculta. Solamente puede existir la verdad revelada.
¿Quién sabe quién nos va a dar la verdad revelada? Vamos a tener que ir algún
día particular de la semana a escuchar la verdad revelada. Si no, no podemos
acceder a la verdad de los hombres. Para acceder a la verdad de los hombres
debemos derogar estas leyes que ocultan la verdad.
Y
no es verdad que el proyecto presentado no tenga límites. Tiene claros límites
y tenemos que confiar en nuestros constitucionalistas, porque muchos de los que
se expresaron acá dijeron que la actual ley no era en este momento respetada
porque no tiene ninguna validez. No hay una policía ginecológica u obstétrica
ni nadie que denuncie o cumpla esa ley. Todos aquellos que defienden esa ley
tendrían que haber creado esas instituciones. No las crearon porque saben que
la ley está nada más que para atemorizar, no para ser cumplida. Es una ley del
poder para atemorizar. Nada más que eso, no es otra cosa.
Y
la norma que se propone no deja una libertad irrestricta ni lleva al escándalo,
de ninguna manera. Es una ley que va a permitir la libertad de las mujeres
sobre sus propios cuerpos, para dejar de ser esclavas del poder, porque el poder
las quiere sobre todo a ellas para que haya una biopolítica para regular las
poblaciones y la obediencia a todas esas cosas. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Llaryora).- Tiene la palabra la
señora diputada Vera González, por Catamarca.
Sra.
Vera González.- Señor presidente: creo necesario
insistir en el tema que considero central en este debate. En el área de la
bioética los científicos buscan determinar cuándo se inicia la vida humana, y
concluyen afirmando que la vida de un ser humano se inicia con la fecundación y
que por lo tanto ese embrión inicial es merecedor del respeto que a cualquier
ser humano adulto se le debe.
Esta
realidad nos dice que toda manipulación del embrión humano no dirigida a su
propio bien, y lo que es peor, encaminada a su destrucción, resulta
inaceptable.
La
vida humana es poseedora de tal dignidad, consecuencia directa de su
naturaleza, que bastaría la duda de que ese embrión pudiera ser un ser humano
para que hubiera que respetarlo incondicionalmente. Es decir, no sería
necesario que los que afirmamos que la vida humana se inicia con la fecundación
lo demostremos, sino que los que defienden que ese embrión puede destruirse
impunemente tendrían que demostrar que esa vida recién generada no es humana, y
esto no se ha conseguido.
La
doctora en medicina, investigadora del Conicet y profesora de Embriología de la
Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, Laura María
Vargas Roy, en una de las exposiciones ante el plenario de las comisiones
sostuvo que fijar el inicio de la existencia del ser humano en un momento de su
desarrollo distinto al de la fecundación responde a un juicio subjetivo y
arbitrario sin fundamento científico.
Como
el primer derecho humano, la vida debe defenderse siempre, sin importar si está
dentro o fuera del vientre materno. Debemos defender y proteger la vida de la
madre y la del ser que lleva en su vientre. La mujer embarazada y su hijo o
hija en gestación necesitan alimentación, acceso al servicio de salud,
condiciones de vida dignas e igualdad de oportunidades. Eso es lo que debemos
garantizarles.
El
aborto es un atajo que no cambiará la vulnerabilidad de tantas mujeres como se
invoca para querer aprobar este proyecto. En la iniciativa que analizamos hoy
prevalecen perentoriedades para realizar el aborto por sobre las entrevistas
para analizar a fondo los motivos de la decisión y eventualmente encontrar una
alternativa mejor.
Por
lo tanto, el texto no busca despenalizar el aborto; más bien parece que lo
quiere promover y penalizar a quienes se interpongan en este objetivo.
Espero
que al término de este debate prevalezca el rechazo a este proyecto. Después,
seguidamente, podremos avanzar sobre cuestiones tales como la agilización de
los trámites de adopción y las políticas públicas de salud, educación y trabajo
que reviertan situaciones de vulnerabilidad en las que se encuentran tantas
mujeres a las que queremos proteger. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Llaryora).- Tiene la palabra la
señora diputada Frana, por Santa Fe.
Sra.
Frana.- Señor presidente: voy a tratar de no ser
muy extensa porque ya en la comisión di mi opinión. Al igual que muchos señores
diputados, valoro que este tema haya salido a la luz porque al haberlo hecho se
pusieron sobre el tapete muchos otros temas que hubiera sido muy importante
incluir en el proyecto.
Agradezco
profundamente el respeto que tuvo el bloque hacia mí y otros pocos diputados
que somos minoría en la opinión del bloque, porque en ningún momento recibimos
ningún tipo de presión. También agradezco a quienes públicamente me apoyaron al
haber sido agredida en las redes sociales. Pero
eso no es lo importante, porque quienes ocupamos un lugar público tenemos que
estar dispuestos a recibir aplausos y también críticas.
Entiendo
que este problema se debe resolver de otro modo. Hace muchos años que –aun
siendo diputada provincial‑ presento proyectos de ley para acompañar a
las mujeres en conflicto con su embarazo y también a los niños por nacer.
En
ese sentido, estuve muy atenta a las más de setecientas exposiciones que hubo
en esta Cámara. También quiero manifestar que la mayoría de los expositores
entendió que había ser humano a partir de la concepción, pero no me quiero
quedar con esto porque para mí este es el tema de conflicto que me pone en esta
situación.
Un
niño por nacer es un paciente en la medicina y por lo tanto tiene que gozar de
los mismos derechos que cualquier paciente. Entonces, digo, si un niño por
nacer es paciente en la medicina, ¿desde qué lugar decimos que no es ser
humano? (Aplausos.)
Yo
también soy mujer y trabajé toda mi vida con poblaciones vulnerables. Sé lo que
viven las mujeres vulnerables no solamente frente a una situación de aborto.
También, cuando van a denunciar una situación de violencia a una comisaría, y
cuando tienen que hacer distintos trámites no son tratadas de igual modo que
las mujeres que tenemos una mejor situación.
El
no tener obra social las pone en otra situación. Pero acá hay otro tema de
fondo, que es la vulnerabilidad y la pobreza. Por eso también quiero decir que
no desconozco las estadísticas, y no sé si son mejores o peores, porque como
decía un diputado de mi bloque, ¿quién gana con este debate? Nadie. Mientras
haya una sola persona muerta en la República Argentina, no gana nadie.
Yo
considero que este no es el camino, porque entendiendo que el primer derecho
humano es el derecho a la vida, acá hay dos situaciones que defender. Entiendo
también que hay un conjunto de cosas que debemos analizar.
Señor
presidente: la República Argentina, sin esta ley, a lo largo de los años bajó
su mortalidad materna. ¿Y sabe cuándo la bajó más? Cuando hubo políticas
concretas en favor de las mujeres. Cuando se instauró la asignación por
embarazo tuvimos el índice de mortalidad materna más bajo de nuestra historia.
Entonces,
quiere decir que cuando estamos cerca de la mujer con una política concreta hay
cosas que se pueden hacer.
Yo
veo el mapa del mundo y dónde está legalizado el aborto. ¿Sabe dónde no se
mueren las mujeres? Donde hay una buena distribución de la riqueza. Porque
también está legalizado el aborto en Turquía, en Sudáfrica, y la situación
social y económica no permite que los índices mejoren.
Hay
estadísticas que también debemos conocer. Respecto de la legalización de los
abortos, quiero traer a colación estadísticas del Ministerio de Salud de
España; no son mías, son estadísticas oficiales. En España se legalizó el
aborto en 1986. En 1987 se realizaron 16.200 abortos. En 2008, 115.812;
aumentaron un 29.000 por ciento.
Claramente,
cuando el aborto se legaliza, cuando se lo ubica en una categoría de derecho,
se toma como una práctica habitual, y esto es lo que yo no comparto.
Creo
que el aborto debe ser una práctica a realizarse en casos de excepción; tal vez
debemos revisar las excepciones. Yo no quiero penalizar a ninguna mujer que se
haga un aborto. Quizá vote ese artículo sobre la despenalización como un signo
de que no es mi misión penalizar a las mujeres. Creo que la solución pasa por
otro lado.
Otra
de las cosas que hice respecto de este tema fue no votar los presupuestos que
se trajeron a esta Cámara durante estos años, porque tenían mucho menos crédito
para las políticas de educación sexual y de salud reproductiva.
Permítanme
detenerme un minuto aquí porque esto no lo digo yo. La representante de
Amnistía Internacional, la señora Mariela Belski, apoyando el proyecto pero
basándose en que había un 50 por ciento menos de recursos para la educación
sexual dijo algo que nos escandalizó: la Argentina en los últimos tres años fue
interpelada a despenalizar el aborto por los organismos de crédito
internacionales pero también por países del Primer Mundo en el marco del examen
periódico universal.
Demandaron
a nuestro país para que despenalicemos el aborto. Queremos ser parte de la
OCDE, queremos dialogar con los países del Primer Mundo porque necesitamos de
ellos para que la Argentina crezca.
Cabe
aclarar que el aborto legal y gratuito no siempre es seguro. Hace cosa de dos
meses en el sur de nuestro país murió una chica por la ingesta de misoprostol.
Acá hay un artículo médico de Francia que dice que a partir del 1° de marzo de
2018 el laboratorio Pfizer dejará de vender en Francia un fármaco utilizado
para inducir el parto, el Cytotec, que está compuesto por misoprostol.
Quiero
decir algo que no es radical porque a veces la realidad está por encima de la
ley. El Colegio de Abogados de la ciudad de Santa Fe dijo que este proyecto no
pasa el examen constitucional, porque nuestra Constitución y el Código que se
dictó en el año 2015 hablan de que el ser humano comienza a partir de la
concepción.
Seguramente
estos temas estarán en debate. Deberíamos haber puesto el mismo énfasis que
estamos poniendo en esto para erradicar la pobreza y trabajar sobre la
población vulnerable. Les voy a decir lo que pasó y les dejaré también los
datos, que no leeré en su totalidad.
En
2018 tuvimos un crédito presupuestario para el área de educación sexual y salud
reproductiva. ¿Saben cuánto se había ejecutado al mes de mayo? El 6 por ciento.
¿Saben qué pasó en 2016? Se repartió un 82 por ciento menos de anticonceptivos
en los centros de salud.
Entonces,
díganme cómo se va a cumplir lo establecido en el artículo 13 del proyecto de
ley en consideración si hasta ahora no se invirtió un solo peso en el área de
educación sexual y salud reproductiva, que son los mecanismos que les permiten
decidir libremente a las mujeres.
Hay
estudios concretos que indican que el 44 por ciento de las mujeres que se
practican abortos son obligadas por alguien a hacerlo.
Mi
deseo es que las mujeres decidan libremente, disponiendo de toda la información
y sabiendo de qué se trata. Para eso, si en verdad queremos hablar de la salud
pública hay que invertir dinero en el área correspondiente en lugar de
pronunciar discursos. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Llaryora).- Tiene la palabra el señor
diputado Huss, por Entre Ríos.
Sr.
Huss.- Señor presidente: en este debate que lleva
ya muchas horas he escuchado reiteradamente la palabra “respeto”, que es algo
muy necesario. Considero que aquellos que utilizan ese vocablo también tienen
que expresarse con respeto. ¡Vaya analogía comparar a las mujeres con perros o
marsupiales!
Dicho
esto, reconozco el carácter histórico que tiene esta sesión, no solamente por
la temática abordada sino también porque este debate es el fruto de la lucha de
cientos de miles de mujeres que a lo largo y a lo ancho de nuestra patria e
historia se han organizado, zanjaron sus diferencias circunstanciales e
interpelaron a la sociedad y a la política en general.
Obviamente,
no se trata de un debate sencillo, ni tiene por qué serlo. Es una discusión que
nos pone a todos y cada uno de nosotros frente a la posibilidad de hablarle a
la historia y al futuro.
Por
ello vengo a votar el proyecto de ley en consideración despojado de mis
creencias personales y de preconceptos establecidos. Me parece necesario
hacerlo desde este lugar.
Desde
el punto de vista filosófico, un autor metafísico, Immanuel Kant, en su obra Crítica de la Razón Práctica hablaba de
la existencia de un concepto, el de los imperativos categóricos, en virtud del
cual los hombres y las mujeres debían actuar para que su máxima individual se
convirtiera en máxima universal.
Hoy
mi máxima personal no puede convertirse en mi máxima universal porque hay
muchos sectores de mujeres que no la van a compartir debido a que carece de
realidad.
Por
eso he prestado atención al debate llevado a cabo en el plenario de las
comisiones durante más de dos meses. En ese tiempo fueron escuchados más de
setecientos expositores que expresaron sus posturas tanto a favor como en
contra del tema que nos ocupa. Eso permitió que uno pudiera llegar a construir
un juicio crítico para fundamentar el voto de este proyecto, que tendrá lugar
en breve.
Este
debate no consiste en incurrir en la falsa dicotomía de “sí a la vida” o “no a
la vida”. Por el contrario, se trata de una discusión que otorga la razón al
aspecto de la salud pública. El Estado no puede seguir mirando para el costado.
Nos debemos un debate muy serio que consagre un derecho para las mujeres.
Por
otra parte, este debate hace a una razón de justicia social. Si este proyecto
de ley no es aprobado no solamente vamos a estar condenando a las mujeres a la
clandestinidad sino que además estaremos estableciendo diferencias sociales
entre aquellas que pueden acceder a condiciones dignas que protejan su
integridad física y psíquica y aquellas que no disponen de los medios
necesarios para llevar a cabo esta práctica.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara,
doctor Emilio Monzó.
Sr.
Huss.- Quiero señalar que uno se ha sumado a las
luchas políticas creyendo que la política es la única herramienta válida para
transformar la realidad. Esta última me lleva a adelantar mi voto por la
afirmativa al proyecto de ley en consideración, referido a la interrupción
voluntaria del embarazo. Lo hago pensando en los miles de mujeres que en las
calles, plazas, trabajos, escuelas y universidades estrujan este pañuelo verde
que tengo en mis manos como si fuera un símbolo de lucha y de rebeldía que
construye un futuro.
Por
lo expuesto, voy a votar afirmativamente esta iniciativa pensando en todas las
mujeres que no están y precedieron esta lucha y en las que están, y
fundamentalmente en que la revolución de las hijas es imparable, porque es hoy
y ahora. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Pastori, por Misiones.
Sr.
Pastori.- Señor presidente: quiero coincidir con
un destacado amigo que es un profesional del derecho de la ciudad de Posadas,
el doctor Mario Rodríguez, quien decía que despenalizar el aborto es tan
absurdo e injusto como sancionar una ley que habilite matar a seres humanos que
son portadores de derechos y que deben ser respetados a partir del momento de
la concepción. Esto último lo sostienen la ciencia médica y los organismos que
nuclean a los profesionales del derecho y de las ciencias sociales.
Lo
más importante lo dicta el sentido común. Aquí se ha hablado mucho de este
tema, por lo que no voy a abundar en él.
Quiero
decir con toda honestidad que no me parecen válidas ciertas analogías que se
han pretendido ensayar aquí, como por ejemplo con el divorcio vincular, del que
fui un firme partidario.
Aquí
estamos abordando cuestiones relacionadas con la defensa de la vida,
concretamente, de toda vida existente, ya que hubo, hay y habrá mujeres que
decidieron, deciden y decidirán también libremente ser madres, cuidar al ser
concebido y dar a luz.
Este
problema no es solamente de salud pública; también es jurídico, científico,
civil y religioso. En mi humilde opinión, cuando se dice que la mujer puede
decidir sobre su propio cuerpo se verifican dos falacias. La primera es que el
feto no es un órgano de la mujer, sino un cuerpo aparte y genéticamente distinto.
Y la segunda es que desde la medicina y cualquier otra ciencia es relativo que
un ser humano tenga derecho a hacer lo que desee con su cuerpo. Así, por
ejemplo, en un intento de suicidio por parte de un individuo se debe preservar
su vida y no seguir su deseo en relación con su cuerpo.
Espero
que ‑si no es ahora, en algún momento‑ podamos encontrar los justos
términos. Como integrantes de este Parlamento nos debemos un debate para buscar
un común denominador que esté más cerca de la luz de la vida que de las
tinieblas de la miseria y de la muerte. Debemos hacerlo con nuestras mentes
abiertas, sin dogmatismos y despojados de ideologías y fanatismos de cualquier
especie.
Esta
es mi modesta opinión, que expreso con todo respeto hacia los que piensan de
otra manera. Se trata, en definitiva, de democracia pluralista. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- La Presidencia informa a los
señores diputados que dentro de una hora comenzarán los discursos de cierre.
Tiene
la palabra el señor diputado Martínez, por el Neuquén.
Sr.
Martínez.- Señor presidente: por supuesto que hoy
es un día histórico. Más allá de las diferentes interpretaciones que uno pueda
darle a su voto, creo que en cualquier caso hay que llevarlo a cabo con el
mayor respeto por las creencias morales, religiosas y personales que tenga cada
uno.
Tengo
muy claro que acá estamos discutiendo una ley que hace a la salud pública de
nuestro país, ya que concretamente se refiere a eso. Se trata de una norma que,
haciendo un relato en el tiempo, podríamos dejar vigente desde 1921. Hablamos
de una ley votada durante la presidencia de Yrigoyen, donde en el Congreso no
pudo opinar ni una sola mujer. Esta es la ley que hoy está vigente.
Podemos
mirar para otro lado sobre esta problemática de salud pública y seguir con esta
ley o podemos votar de manera afirmativa una norma que involucra a cientos de
miles de mujeres para ir en un camino que intente empezar a protegerlas y a
cuidar su calidad de vida.
Decía
que nos podríamos quedar en el tiempo sin escuchar lo que planteaba una sola
mujer -en ese debate al menos- o empezar a escuchar a millones de mujeres que
hoy se han expresado muy cerquita de acá y a lo largo y a lo ancho de nuestro
país.
Si
hoy estamos sentados acá, por supuesto tiene que ver con una cuestión de salud
pública, pero también con el logro de estas mujeres que, sin lugar a dudas, han
ido conquistando derechos. Me parece que esto hay que reconocerlo para poder
analizar el voto.
Yendo
un poco más acá en el tiempo, y lo han mencionado varios de mis pares, también
podríamos escuchar a alguien que de salud sabía mucho. Me refiero al doctor
Favaloro, quien hace veinte años venía planteando la necesidad de contar con
una ley que termine con la actual hipocresía legislativa.
Yendo
mucho más acá en el tiempo, más cerquita, podemos escuchar a quienes han sido
ministros de Salud durante la gestión anterior o al actual ministro. Todos
coinciden en la necesidad de una ley, porque lo que hace falta es una normativa
para dejar de mirar para otro lado. Se trata de encarar esta problemática no
solamente con la norma sino con las herramientas que el Estado pueda poner a
disposición para intentar bajar el número de muertes de mujeres que deciden
interrumpir su embarazo o de abortos en nuestro país.
Teniendo
el equipo interdisciplinario a disposición ‑es decir, profesionales,
psicólogos, asistentes sociales, ginecólogos‑ podemos encarar este
problema. Así no solamente vamos a evitar tantas muertes sino que quizás en
algunos casos, interviniendo a tiempo, también se podrá analizar cuál es la
problemática que lleva a una mujer a tomar esta decisión. En función de ello
podrá decidir si insiste o no con esta práctica, pero si hay algunas
herramientas a disposición, tendrá un equipo que la pueda ayudar.
Ahora
bien, si a pesar de todo toma la decisión de interrumpir el embarazo ‑porque
es su decisión‑ debe hacerlo en condiciones de seguridad para su vida,
como lo hacen hoy muchas mujeres de clase media acomodada, en clínicas
privadas, y como no lo pueden hacer muchas mujeres de sectores sociales de
menores recursos que no tienen esas herramientas. Esto es lo que está pasando
en la Argentina.
Para
resumir, si le damos una visión global a la legislación en el mundo vamos a ver
–y ya lo han dicho aquí también- que casi todos los países de Europa, los
Estados Unidos, Rusia, Canadá, Cuba -es decir, países que ideológicamente no
son parecidos-, tienen leyes para proteger a las mujeres.
Pero
no hace falta irse tan lejos, señor presidente, ya que con solo cruzar el
charco e ir al Uruguay vamos a ver que existe una ley que data del 2012. Ya se
han medido los resultados en este sentido: se ha bajado la cantidad de muertes
por aborto, pero también la cantidad de abortos. Justamente el Estado se puede
hacer cargo; no mira para otro lado y empieza a tratar de resolver este
problema.
Señor
presidente: creo que esta es una decisión netamente política. Si hoy sale de
este Congreso esta ley es porque existe una decisión política de la dirigencia
argentina que quiere encarar un problema y hacerse cargo de la solución. Si no
sale esta ley es porque hay una dirigencia política argentina que prefiere
seguir mirando para otro lado y continuar con una ley vetusta, de 1921, que fue
sancionada sin la opinión de ninguna mujer. Aquí radica nuestra decisión como
diputados.
Insisto:
respetamos todas las creencias morales, religiosas e individuales, pero
claramente hoy hay que tomar una decisión política. Nos hacemos cargo del
problema y lo vamos a resolver, más allá de que en lo personal estemos o no
estemos de acuerdo con la práctica del aborto. Eso no es lo que se está
discutiendo. Se está discutiendo una cuestión de salud pública, y para resolver
ese problema y encararlo hace falta una decisión política.
¿Tiene
la conducción política argentina la decisión política o preferimos seguir
mirando para otro lado? En mi caso, tengo la decisión política: voto
afirmativamente este proyecto que viene a hacerse cargo y a empezar a resolver
algunos de los problemas de nuestro país. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Montenegro, por Buenos Aires.
Sr.
Montenegro.- Señor presidente: en primer lugar,
no quería dejar de recordar que hoy se cumplen 36 años del día de la máxima
resistencia. Pensando sobre todo en los combatientes de Malvinas, me parece
oportuno por lo menos recordarlo.
En
segundo término, me alegro por el debate serio que estamos teniendo hoy, no
solamente por la imagen que dimos como cuerpo legislativo sino realmente por lo
que fuimos, porque hubo mucha seriedad en los planteos y muy buena recepción
durante estos dos meses y medio en los que hemos tenido oportunidad de escuchar
a los especialistas. De esta manera pudimos entender la problemática que
estábamos viendo y compartir soluciones e ideas con integrantes de todos los
bloques. Creo que este fue un ejercicio realmente importante para todos los que
estamos sentados en estas bancas.
Yendo
al tema que específicamente estamos tratando, pude ir viendo y escuchando
distintas posiciones de los médicos en relación con las doce semanas, las nueve
semanas, las catorce semanas, la existencia o no de un tronco neural, cuándo
sentía, cuándo no había duda en cuanto a la concepción de la vida, etcétera.
Pero al no ser un especialista en la materia -no soy médico-, me parece poco
serio empezar a hacer disquisiciones en ese sentido. Sí soy abogado, sí
entiendo de leyes, sí fui fiscal y juez durante muchos años, por lo cual el
análisis que voy a hacer -al margen de la convicción que tengo de que no voy a
acompañar este dictamen de mayoría por entender que no es la solución- se
vincula específicamente con la legalidad y la constitucionalidad de este
proyecto de ley.
Si
tanto hemos tenido que discutir en este recinto sobre la validez o no de este
proyecto, está claro que ni nosotros estamos convencidos de que la tiene. De lo
contrario, no estaríamos avalándolo, defendiéndolo o atacándolo.
No
hay ninguna duda de que se están atacando de alguna manera otras normas
jurídicas que en principio tienen mayor validez, o que por lo menos puede
entenderse a partir de distintas cuestiones que tienen un rango superior a una
ley de este Congreso.
En
definitiva, esto va a provocar que la solución no sea una ley, porque que en
última instancia las que terminarán resolviendo estas cuestiones serán las
decisiones judiciales.
Si
permitimos que eso ocurra estaríamos sacándonos la responsabilidad que tenemos
como legisladores, y considero que todas las cuestiones que atañen a la
constitucionalidad de esta norma deberíamos tratarlas de una mejor manera
dentro del Congreso.
Por
ejemplo, tal como existe la ley hoy en día, un médico que practica un aborto
estaría cometiendo un delito. Pero si mañana el médico no lleva adelante un
aborto, también estaría cometiendo un delito, con lo cual me parece que somos
un poco esquizofrénicos. O sea, tendríamos que buscar una salida diferente.
Entiendo que esta norma no da una solución al problema de fondo. Entender que
solamente estamos hablando de un problema de salud pública es no interpretar
cuál es la tutela que el propio Congreso de la Nación –en la modificación del
Código Civil- otorgó a la persona por nacer. Los tratados internacionales
actuaron de manera similar.
Cuando
se habla de algunas cuestiones que fueron resueltas por las cortes
internacionales, tienen que ver con puntos específicos respecto de los cuales
la Corte se aparta de los mandatos generales. Entonces, debemos ser cuidadosos
cuando hablamos de algún que otro criterio –que tuvo cierto tribunal superior-
porque lo adopta exclusivamente para un caso concreto.
Entendiendo
cuáles son los conflictos que se generan con la ley ‑respecto de la
tutela de la norma no hay ninguna duda de que toma en consideración el momento
de la concepción‑, no puedo acompañar de ninguna manera el dictamen de
mayoría. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Tailhade, por Buenos Aires.
Sr.
Tailhade.- Señor presidente: después de tantos
meses y horas de debate es difícil y hasta imposible incorporar argumentos
novedosos a esta discusión.
Ha
habido intervenciones de diputadas que no solo conocen de manera profunda la
problemática sino que han puesto el cuerpo y el alma para que la sociedad
argentina, y sobre todo las mujeres de este país, tengan más derechos y una
mejor calidad de vida.
En
ese grupo de legisladoras incluyo a quienes no forman parte de mi espacio
político. Me refiero a las diputadas Donda Pérez, Araceli Ferreyra, Romina del
Plá y Cecilia Moreau.
En
mi bloque tengo el enorme privilegio de compartir el espacio con diputadas como
Mayra Mendoza, Mónica Macha, Gabriela Cerruti y María Fernanda Raverta, por
nombrar tan solo a algunas. Debería mencionarlas a todas, pero no me va a
alcanzar el tiempo. Todas ellas son protagonistas de esta gesta que están
llevando a cabo las mujeres. A ellas las puedo saludar todos los días. Podemos
discutir, las puedo felicitar por esta militancia y por su entrega. En cambio
hay otras diputadas a las que no puedo saludar todos los días porque estamos en
espacios antagónicos, nos cruzamos en discusiones muy fuertes en algunas
oportunidades o bien, quizás, porque no hay empatía. Pero hoy siento la
obligación de hacer un reconocimiento público a la claridad y brillantez con la
que han expuesto sus ideas. Además, han tenido dignidad y valentía para
enfrentar esta lucha. Por eso, mi respeto hacia las señoras diputadas Brenda
Austin, Silvia Lospennato, Alejandra Martínez y Karina Banfi.
Como
dice la publicidad, “vamos a cortar con tanta dulzura”. (Risas.) No puedo aceptar que el señor presidente de la Nación
–cuando dijo que tomaba partido por la vida- me ubique a mí en particular y a
otros señores diputados en el espacio desde el cual no defendemos la vida de la
mujer. Si yo fuera presidente de la Nación no hubiese vetado la ley de
trombofilia, donde sí estaba en discusión la vida y se protegían los embarazos
deseados.
Concretamente,
esa ley fue vetada porque el reactivo valía 6.000 pesos y la caja de heparina,
9.000 pesos. El Estado tenía que atender esa patología que padecían muchas
mujeres argentinas. Defendiendo el presupuesto por 6.000 y 9.000 pesos, a los
dos meses el inútil del presidente del Banco Central y el ministro que vive en
el baldío se patinaron 10.000 millones de dólares. Sin embargo, los 6.000 y los
9.000 pesos fueron vetados.
Tampoco
desconozco que el presidente Macri fue quien habilitó el tratamiento de este
tema. Esa no es una cuestión menor. Pero no es esa la razón por la cual estamos
discutiendo este proyecto. Lo estamos haciendo gracias al accionar del
movimiento de mujeres, por las compañeras que he mencionado, por las cientos de
miles que están afuera de este Parlamento. Ellas son las que lograron que hoy
estemos discutiendo este tema. (Aplausos.)
También
me siento en la obligación de dudar. Independientemente de las razones que tuvo
el presidente, Macri, para habilitar la discusión sobre el aborto, no debemos
olvidar que cuando pronunció su discurso el 1° de marzo sentado donde está
usted, señor presidente, los grandes problemas de la Argentina eran el azúcar
en las bebidas y el cinturón de seguridad. A los dos meses estábamos en el
fondo del Fondo.
Si
el aborto tenía la misma importancia que esos temas de los que hoy nadie se
acuerda, me permito dudar del real interés del presidente. Insisto: me parece
bien que haya puesto la cuestión en debate, pero no puedo dejar de decir estas
cosas.
En
estos últimos minutos que quedan de mi exposición, podría hablar como abogado,
y por lo menos así poder empardar al marsupial. (Risas.) Podría hacerlo como abogado y penalista en función de los
veintipico de años que me dedico a esta profesión. Estamos por eliminar una
infamia histórica de nuestro país. Me refiero a quitar al aborto de la esfera
del derecho penal para ponerlo en el lugar del que nunca debió salir, es decir,
en el ámbito de la salud pública. En los años que llevo ejerciendo mi profesión
muy pocas veces he visto casos de ese tipo. La criminalización de las mujeres
que abortan no solo es injusta sino que además es ineficaz. Ninguna de estas
leyes contribuyó a reducir la cantidad de abortos y mucho menos a evitar las
muertes por la clandestinidad de la práctica.
Por
ello, es absolutamente imprescindible que este Congreso tome la decisión de
ubicar al aborto en el ámbito de la salud pública y de la justicia social.
También
podría expresarme como militante político y poner en su debida perspectiva
ciertas expresiones que realizaron algunos colegas en este recinto. Me refiero
al carácter profundamente cristiano de las ideas. ¿En diciembre no era
cristiano luchar para que no se bajen las jubilaciones? (Aplausos.) ¿Es de cristiano ser funcional al modelo neoliberal? El
líder mundial contra el neoliberalismo es el jefe de la Iglesia Católica, señor
presidente.
Podría
seguir hablando desde mi rol de militante político y decir que no podemos
consolidar este presente ignominioso.
Debemos
mirar hacia el futuro y seguir construyendo una sociedad más igualitaria.
Debemos honrar, como militantes y dirigentes, a los cientos de miles de mujeres
que están afuera de este Parlamento. Si alguien caminó por ahí habrá notado que
había pibas de 14, 15 y 16 años en las calles. Es impresionante lo que está
pasando. Tenemos que mantener la grandeza mirando el futuro de los que votaron
en esta misma Cámara las leyes de educación sexual integral, de salud
reproductiva y de matrimonio igualitario. Fueron leyes votadas
transversalmente. En todas ellas ganó el futuro y eso es lo que tiene que pasar
hoy. Va a ganar el futuro.
En
definitiva, podría hablar como abogado, como militante, pero el corazón y la
razón me exigen expresarme como padre. Voy a finalizar mi intervención desde mi
rol de padre. Tengo tres hijos, un varón y dos mujeres cuyos nombres son Julia
y Emilia. Voto esta ley porque quiero contribuir, desde esta privilegiada banca
que ocupo, para dejarles a ellas un país mejor. Quiero dejarles un país mejor a
todas las mujeres, como parte de este colectivo. Quiero que Julia y Emilia
estén orgullosas de su padre, como las mujeres que están afuera tendrían que
estar orgullosas de quienes estamos en este recinto. No quiero que a mi hija
Julia le pase lo mismo que a la otra Julia, la protagonista de la conmovedora y
trágica historia relatada por la diputada Rodenas.
El
futuro llegó. Es un futuro de esperanza, justicia e igualdad. Pido que se
convierta en ley, señor presidente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Riccardo, por San Luis.
Sr.
Riccardo.- Señor presidente: presenciamos el resultado
de un debate público extraordinario. Me moviliza el reclamo de una generación
de mujeres y jóvenes argentinos que quieren resolver la problemática de la
clandestinidad del aborto y sus consecuencias.
La
juventud está interpelando a una generación que convive con la hipocresía, ya
que no fuimos capaces de esbozar una respuesta en más de cien años. La hora es
hoy; ni mañana ni pasado ni dentro de otros cien años.
Hablo
a todos los argentinos, a los jóvenes que impulsaron el debate, a quienes lo
rechazan, a los padres de los jóvenes de mi provincia y de las demás provincias
argentinas. Les pido que mañana, independiente del resultado de este debate,
compartiendo la mesa o simplemente un mate, hablen del tema con sus hijos, con
la generación en la que está depositado el futuro de la Argentina.
Señor
presidente: como creo en el valor transformador, emancipador y preventivo de la
educación, hago este planteamiento en el recinto.
Entiendo
que cientos de alocuciones se refirieron a la importancia de la educación como
el factor fundamental de la prevención. Se habló de educación para no abortar,
para la salud sexual de los jóvenes y para la toma de decisiones responsables.
Sin embargo, como ninguno de los proyectos incluye una medida dispositiva para
transformar el estado de las cosas, en el plenario de las comisiones solicité
la incorporación de una medida para que la educación sexual integral, expresión
que permanentemente recorrió este recinto y todos los debates, sea una parte
inescindible y un componente obligatorio del currículum de todas las escuelas
argentinas, independientemente del ámbito y de que la gestión sea pública o
privada. Se trata de una disposición de orden público a aplicar a partir del
próximo ciclo lectivo.
Hace
doce años el Congreso sancionó la ley de educación sexual integral; no
obstante, el 80 por ciento de los alumnos argentinos todavía no la recibe.
Entonces, no podemos sorprendernos por los embarazos adolescentes no deseados y
las consecuencias que acarrean.
Solamente
el 20 por ciento de los argentinos está más o menos capacitado para abordar
esta problemática. Si seguimos así luego de doce años, necesitaremos sesenta
años para que el cuerpo docente argentino esté en condiciones de enseñar y
brindar las herramientas fundamentales para que los alumnos tomen decisiones
responsables.
Hemos
fracasado a pesar del enorme esfuerzo del Ministerio de Educación y del Consejo
Federal. Actualmente algunas instituciones y provincias se niegan por distintos
prejuicios a brindar este derecho a los niños y a capacitar a los docentes.
Agradezco
que el plenario de comisiones haya incluido este tema, que necesita
disposiciones concretas. Esta propuesta específica cuenta con el consenso
general de la Cámara, más allá de las diferencias que nos dividen en asuntos
como la legalización y la discriminación de la mujer que aborta.
La
democracia debe funcionar para cumplir esos objetivos. La única forma de
lograrlo es propiciando el debate y la votación tanto de los asuntos en los
estamos de acuerdo como en los que no lo estamos. Si cerramos la discusión
impedimos la posibilidad de arribar a consensos. Es más, debemos mejorar y
hacer nuevas propuestas para los temas en los que diferimos.
Tengo
algunas diferencias muy profundas con el texto del dictamen. De todos modos, no
podemos cerrar la puerta al debate y a brindar una respuesta concreta para que
la política sea capaz de decir algo más que “no” al pueblo argentino. Debemos
elaborar una solución, aunque quizás no sea la mejor. Lo perfecto es enemigo de
lo posible.
Por
otro lado, propongo –quiero que se considere como una moción‑ la creación
de una comisión bicameral para el seguimiento de todas las normativas y la
evolución de las políticas públicas centrales tanto en lo que se refiere a
educación sexual como en lo concerniente a salud reproductiva. Solicito el
compromiso del seguimiento del Congreso respecto de estos temas.
El
proyecto de ley contenido en el expediente 3.559-D.-2018 es de mi autoría; fue
presentado el 8 de junio. El objeto es generar instrumentos en el ámbito del
Poder Legislativo que colaboren con la implementación de las medidas contenidas
en las leyes 25.673, 26.071, 26.150 y 26.458.
Tengo
conocimiento de que hay consenso en muchos temas contenidos en el dictamen,
entre ellos, que habiendo pasado cien años no pudimos resolver la
descriminalización de la mujer que tuvo que pasar por la contingencia o la
tragedia del aborto. Esa es una hipocresía, y la hipocresía es mala consejera
de la política. Tenemos herramientas para resolver este asunto y la posibilidad
de enterrar cien años de hipocresía. Busquemos consensos y propiciemos el
debate donde tenemos diferencias.
Hago
moción de que, de aprobarse el dictamen de mayoría, específicamente el título
II, relativo a la descriminalización y la reforma del Código Penal ‑escuché
que prácticamente todos los diputados están de acuerdo‑, se ponga a
consideración en primer término y se vote. La propuesta es seguir después con
el debate de los demás temas buscando puntos de encuentro donde las diferencias
son mayores.
Señor
presidente, soy padre de cinco hijos que tienen una madre, Cristina, que es
ejemplar y apostó por la vida. Tengo dos hijas. Una de ellas es madre
adolescente. Estoy muy orgulloso de ella, como de todos y cada uno de mis
hijos. Apostó por la vida.
Mi
otra hija es estudiante universitaria en La Docta, donde hoy se reflejan y
resuenan las conquistas de la reforma universitaria. Le pregunté su opinión
sobre el fondo de este debate y me dijo: “Papá, nosotros apostamos por la vida,
pero el problema del aborto existe y es responsabilidad de la política dar una
respuesta. No hacerlo es una hipocresía. No queremos convivir con esa
hipocresía”.
Por
las razones expuestas, adelanto mi voto afirmativo al proyecto de ley en
consideración. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Su tiempo ha concluido,
señor diputado.
Sr.
Riccardo.- Ya cierro, señor presidente.
Lo
hago en la convicción de mi partido, de las juventudes estudiantiles, de la
reforma universitaria de Yrigoyen, de la Revolución del Parque y de la
conquista de los derechos humanos de Raúl Alfonsín. (Aplausos prolongados.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Santillán, por Tucumán.
Sr.
Santillán.- Señor presidente: como diputado
peronista y militante de un proyecto nacional que tiene a la justicia social
como bandera, solamente puedo estar a favor de la vida. Soy papá de dos nenas y de un nene
de un año y medio. Tal vez este dato ayude a comprender dónde estoy parado.
He seguido muy de cerca el debate.
Asimismo he hablado en mi provincia con muchas compañeras y mujeres que se han
acercado a expresar sus pensamientos. Debo confesar que sus historias me han
movilizado mucho. Me han conmovido verdaderamente. Pero nunca podría colocar mi
mirada personal por encima de esta problemática social, sanitaria y de género. Este
es un tema que debe abordarse con una política sanitaria pública, ya que el
aborto existe con o sin ley vigente. Esto lo demostraron todos los números que se
exhibieron en las audiencias de debate en comisión.
Mi pensamiento tiene como premisa que
el Estado es el que debe garantizar la salud integral de las personas. Es el Estado
el que debe acompañar a la mujer que tomó la difícil decisión de interrumpir su
embarazo para que lo haga sin poner en riesgo su vida. Este proyecto de ley
encarna la lucha de miles de mujeres por conquistar un nuevo derecho.
Quiero resaltar un aspecto que para mí
es esencial, ya que si aprobamos este proyecto de ley estaremos haciendo justicia
social. Esta futura ley será una herramienta genuina de justicia social.
Servirá para que las mujeres que decidan interrumpir su embarazo, sin
distinción social ni económica, lo hagan en condiciones de salubridad aceptables.
El Estado nacional, desertor de tantas garantías constitucionales, no puede
ignorar que día a día, hora a hora, muchas de nuestras ciudadanas se someten a
un aborto inseguro. El sistema de salud está en falta. Por lo tanto, es el
Estado el responsable de desamparar a las mujeres que mueren por interrumpir
sus embarazos.
Las estadísticas nos dejan un claro
mensaje: debemos implementar políticas públicas de salud para evitar la
mortalidad de mujeres a causa de abortos clandestinos. Es por eso que es
necesario aprobar esta ley.
Sin ir más lejos, en mi provincia, Tucumán,
aún no se ha garantizado que la educación sexual integral se imparta en todas
las escuelas para evitar los embarazos no deseados y principalmente para que
las mujeres puedan decidir libremente. A esto se suma que Tucumán es la única
provincia que no adhirió a la Ley de Salud Sexual y Procreación responsable. Es
lamentable escuchar la cantidad de denuncias en hospitales y centros de
atención primaria de la salud, donde no llegan los anticonceptivos determinados
en la citada ley. Aprovecho este momento para exigir al gobernador de Tucumán
que aplique y adhiera a estas leyes. Pero fundamentalmente necesitamos que el
gobierno nacional deje de desfinanciar las políticas que ya están establecidas,
que son un derecho y una conquista de las mujeres.
Señor presidente: la maternidad debe
ser una experiencia en la que la decisión de la mujer sea prioritaria. Debe ser
una elección, y es el Estado el que debe garantizarla. No es razonable que hoy
en nuestro país una mujer que decide interrumpir su embarazo deba elegir entre
la cárcel o la muerte. Desde una perspectiva a favor de la vida, esto es
inconcebible.
No quiero pasar por alto el discurso
de un sector que está en contra de este proyecto de ley. Son los mismos que se
opusieron a medidas como la Asignación Universal por Hijo y a la asignación
universal por embarazo. Este sector es el mismo que no quería que el Estado
ayudase a las mujeres vulneradas, y es el que hoy parece estar avalando el
aborto clandestino.
Para ir cerrando, quiero cumplir con
un compromiso que mantengo con unas compañeras de Tucumán que me pidieron que
leyera un párrafo de una carta escrita por una ginecóloga tucumana llamada
Cecilia Ousset. Dice así: “Me repugna un país donde después de un aborto las
ricas se confiesan y las pobres se mueren, donde las ricas siguen estudiando y
las pobres quedan con una bolsa de colostomía, donde las ricas tapan la
vergüenza de su embarazo en una clínica y las pobres quedan expuestas a un
prontuario policial”.
Por estos motivos, y para seguir
manteniendo la coherencia que he mostrado en el tiempo que llevo en esta
Cámara, en más de una oportunidad dije en este recinto que anhelo un país
socialmente justo. Hoy lo reafirmo. En este país, sin distinción de género, las
futuras generaciones deben poder crecer y desarrollarse libremente. Por esa
patria justa y en constante expansión de los derechos, voy a votar a favor de
este proyecto de ley. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Kroneberger, por La Pampa.
Sr. Kroneberger.- Señor presidente: mi posición está basada
en la importancia de proteger las dos vidas. Es por eso que voy a votar a favor
de la despenalización del aborto. (Aplausos.)
Además, brego por una educación sexual
integral que llegue a toda la población. Todas las personas deberían contar con
información sobre los diversos métodos anticonceptivos disponibles, así como
también sobre los provistos por el PMO y por el Programa Nacional de Salud
Sexual y Procreación Responsable. Se debe garantizar la educación sexual y el
acceso a los anticonceptivos, inclusive en las zonas rurales.
Porque estoy a favor de la vida,
considero fundamental que aquellas mujeres que decidan practicarse un aborto
puedan acudir a un centro de salud donde se les brinde una adecuada contención
y seguridad para su salud, y donde los consejeros presenten alternativas de
información para acompañarlas en su decisión y eventualmente poder
reconsiderarla. Las consejerías con las que deben contar todos los
establecimientos de salud deben garantizar la información adecuada y la
atención previa y posterior a la intervención de carácter médico, social y
psicológico con el objeto de garantizar un espacio de escucha y contención
integral.
Resulta evidente que en la actualidad
la práctica clandestina está muy alejada de brindar a las mujeres un espacio de
contención. Es un negocio, y como tal cuantas más prácticas abortivas lleve
adelante, más rentable va a resultar. Es por eso que, por estar a favor de la
vida, voto por la despenalización del aborto. Hay que terminar con el negocio
de las clínicas y los centros clandestinos que hacen de los abortos un negocio
rentable. (Aplausos.)
Porque estoy a favor de la vida
consideré que en los países desarrollados la tasa de aborto cayó, mientras que
en los países con leyes restrictivas se mantuvo igual.
Como diputado nacional debo abordar
esta cuestión teniendo como principal objetivo el bien común y qué considero
mejor para la sociedad en relación con este tema.
El aborto es una realidad
insoslayable, se practica y es necesario regularlo de manera inmediata, ya que
su práctica clandestina genera muchas muertes y ello es lo que debemos evitar.
Se practica en todas las clases
sociales. La cuestión es que en las de menores recursos económicos se realiza
en condiciones deplorables, que derivan en graves enfermedades y muerte para
aquellas mujeres que no pueden hacerlo en lugares que, aunque también son
clandestinos, garanticen mínimas condiciones de salubridad y seguridad.
En la actualidad, y tal como está
planteado, el aborto es una cuestión de clases. Las mujeres que tienen recursos
económicos lo realizan en forma clandestina, pero razonablemente segura, y las
mujeres que no los tienen como mínimo arriesgan su vida y en muchos casos,
mueren.
Desde el Estado no podemos esconder el
tema y fomentar que siga en la clandestinidad. Esté despenalizado o no, las
mujeres que decidan hacerse un aborto lo harán. La diferencia es que en un caso,
se ven forzadas a realizarlo en un centro clandestino, donde el negocio es
rentable -cuantos más abortos se realizan, mejor- y, por lo tanto, si van a
recibir la palabra de alguien, indudablemente, será para reafirmar su decisión
y pueden morir en la práctica; en el otro, se les brinda alternativas,
contención y asesoramiento y no se pone en riesgo sus vidas.
La realidad impone y pide a gritos que
esta situación sea regularizada. Es un problema de salud pública y el Estado no
puede ni debe estar ausente, como tampoco puede estarlo en el tema de la
educación y la anticoncepción.
El Estado debe brindar las
herramientas para que la sociedad día a día esté más preparada y así evitar que
se llegue a la práctica del aborto, que, obviamente, no es deseada por nadie.
Pero hasta que ello suceda, no podemos
dejar morir a las mujeres que se ven obligadas a una absoluta clandestinidad ni
tampoco podemos esconder las cosas como si no sucedieran, porque suceden; la
realidad es evidente, debemos ocuparnos y legislar.
Tal y como están las cosas en la actualidad,
pareciera que las leyes obligaran a las mujeres a proseguir con un embarazo
contra su voluntad, que el Estado a una mujer que no desea continuar con el
embarazo le indica que así debe hacerlo; entonces, ella prosigue y da a luz a
su hijo; todos sabemos que esto no es así.
Sabemos que el Estado no puede obligar
a nadie a ser madre, que las mujeres se practican abortos y también que algunas
de ellas -con capacidad económica- al otro día siguen con sus vidas, mientras
que otras pierden sus vidas.
Es por eso que considero que debemos
despenalizar el aborto, para intentar vivir en una sociedad más equitativa y
menos hipócrita. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Igon, por Chubut.
Sr.
Igon.- Señor presidente: estoy muy contento de
participar en este debate…
Sr. Presidente (Monzó).- Señor diputado, la señora diputada Frana le
solicita una interrupción, ¿se la concede?
Sr.
Igon.- Sí, señor presidente.
Sr.
Presidente (Monzó).- Para una interrupción, tiene
la palabra la señora diputada Frana, por Santa Fe.
Sra.
Frana.- Señor presidente: solicité la
interrupción para aclarar que di una información errónea. No fue el Colegio de
Abogados de la provincia de Santa Fe quien emitió el comunicado, sino un grupo
de constitucionalistas que me había dicho que estaba avalado, diciéndome que
violaba el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional.
Quienes
sí se manifestaron en contra fueron los integrantes de la Asociación de
Obstetricia y Ginecología de Santa Fe.
Sr. Presidente (Monzó).- Continúa en el uso de la palabra el señor
diputado por Chubut.
Sr.
Igon.- Señor presidente: personalmente, considero
que hoy es un día histórico por dos motivos. El primero, porque hace mucho
tiempo que las mujeres lo están esperando y nosotros las acompañamos en ese
proceso. El segundo, porque en estos dos años y medio muy pocas veces hemos
tratado en este recinto ampliaciones de derechos.
Durante
la jornada de hoy pasé muchísimas horas escuchando a todos mis colegas y
considero que el debate se ha hecho en un marco de sumo respeto, como pocas
veces pude apreciar a lo largo de todo este tiempo.
Sin
embargo, si estamos hablando de aborto, claramente todos entendemos que hay una
injusticia, algo que no está bien, que duele y no solo a las mujeres -por ser
quienes lo padecen y sufren-, sino a la sociedad en su conjunto.
La
responsabilidad que tenemos como diputados nacionales es ser permeables a la
realidad. Aquí no se discute cómo es el aborto, sino que dicha práctica es una
realidad, que las mujeres nos están pidiendo que la consideremos y que de una
vez por todas la clasifiquemos de otra manera. El aborto no puede ser
clandestino, sino que debe ser legal.
No
podemos continuar este debate sin poner en discusión cuál es el verdadero rol
del Estado que queremos, en cuanto a si se desea uno que acompañe, que esté
presente, que cure y que proteja o un Estado ausente, que no solo lo esté en
términos del aborto, sino también en muchas otras cuestiones en la República
Argentina.
Aunque
el Estado esté ausente, los abortos van a continuar, aun cuando sigamos dando
discursos sobre cuestiones científicas y religiosas en la búsqueda de un
argumento para decirle que no a esta iniciativa. Hay una realidad: las calles de la República
Argentina están inundadas de mujeres pidiendo la sanción de este proyecto de
ley.
No
podemos evadir la realidad, ella siempre se impone y ello continuará siendo
así. ¿Saben cuál fue la impresión que tuve hoy, mientras caminaba por la calle?
Que este proyecto ya es ley, les guste más o menos. El debate se está dando;
tal vez hoy es el día en que daremos sanción a este proyecto, o quizás
tendremos que esperar a la conformación de las próximas Cámaras, pero tarde o
temprano la juventud que hoy está en la calle lo convertirá en ley.
Entonces,
la discusión es si ahorramos tiempo y cantidad de muertes inútiles –porque las
podemos evitar- o si seguimos evadiendo este tema, mientras hablamos de otras
cosas. (Aplausos.)
Digamos
de una vez por todas cuál es el rol que debe cumplir el Estado, que consiste en
discutir la cosa pública, dejando de lado cuestiones que solamente sirven para
argumentar una posición negativa.
Por
las compañeras que hoy están en la calle -no solo en esta ciudad, sino en todo
el país‑, por las compañeras de los distintos bloques, por la familia,
por mi familia y por mis dos hijas quiero que este proyecto se convierta en
ley; depende de todos nosotros.
Empecemos
de una vez por todas desde este recinto a aportar ampliaciones de derechos para
el pueblo argentino, que es algo que nos viene reclamando desde hace mucho
tiempo. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Sierra, por Buenos Aires.
Sra.
Sierra.- Señor presidente: obviamente, hoy es un
día histórico porque podemos volver a lograr, aunque sea por un instante, que
la política transforme la realidad.
Como
mujer peronista debo decir que eso lo vamos a lograr transformando una
injusticia social en justicia social, o sea, que hoy la mujer tenga el derecho
a elegir.
Como
diputada por la provincia de Buenos Aires, hace muchos años trabajo con mis
vecinas en Avellaneda; son mujeres de distinta situación económica y cultural.
Hace poco tiempo pude emocionarme al ver que nuestras compañeras tenían una
enorme conciencia y nos pedían decidir sobre su cuerpo y su vida. Creo que
perdemos el tiempo si seguimos discutiendo si el aborto está bien o mal, o que
una mujer es mejor, peor o regular si se practica un aborto o no.
La
realidad es que las mujeres abortan desde siempre y no nos piden permiso; nos
solicitan que estemos a la altura de la circunstancias para no morir en el
intento. Nos piden cosas básicas del siglo XXI, como el acceso médico
garantizado para que no tengan que someterse a profesionales o a medicamentos
truchos. Nos piden no ir presas en el siglo XXI por ejercer su derecho a
elegir. Simplemente, nos están pidiendo igual acceso a la salud sin distinción
de su situación económica. Esto es lo que ocurre hoy.
Debemos
legislar para cambiar la realidad de las mujeres que deciden llevar adelante un
aborto y se ven sometidas a vivir un camino de soledad y clandestinidad,
poniendo en riesgo su vida.
Quiero
hablar a mis compañeras y compañeros peronistas, porque esto le pasa sobre todo
a nuestras pibas, a nuestras mujeres jóvenes y a nuestras mujeres pobres, y
esto no es justicia social. Si somos peronistas, no podemos permitir que esto
suceda. Tenemos que legislar para la realidad en la que vivimos. Debemos
definir cuál va a ser el rol del Estado en este escenario; ¿cuál va a ser la
cara del Estado que vea una mujer en esta situación: la de la comisaría o la de
la salud pública?
Voy
a comentar algo que me enseñaron todas las mujeres, mis hermanas ‑que hoy
están en la calle‑ y, sobre todo, mis dos hijas, Agustina y Milagros. Hoy
por hoy el debate es el derecho a elegir. La historia nos muestra que cuando
una mujer decide, no la para nadie. ¡No la para nadie, aunque ponga en riesgo
su vida! (Aplausos.)
No
existe nada que encorsete las decisiones de un pueblo. El aborto legal, seguro
y gratuito ya es un hecho en la Argentina; si no, véanlo en las calles;
nuestras mujeres nos están esperando. (Aplausos.)
Debemos
estar a la altura de las circunstancias. Depende de nosotros que este
Parlamento sea lo último de lo viejo o lo primero de los nuevos tiempos. Que
sea ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada Molina,
por La Rioja.
Sra.
Molina.- Señor presidente: mi discurso será breve
y solicito una inserción en el Diario de Sesiones de un análisis en el aspecto
jurídico, científico, social y sanitario de este proyecto.
En
esta oportunidad voy a mencionar un párrafo realizado por instituciones
sanitarias que participaron en el debate y que gentilmente lo compartió conmigo
el doctor Alejandro Barceló.
Quiero
que presten atención porque lo que voy a decir ahora no se dijo en este debate.
Quiero que nos saquemos la venda: este proyecto de ley establece como principio
general el derecho absoluto a obtener la práctica del aborto, incluso hasta los
nueve meses cursados de embarazo, y la obligación de los profesionales de
practicárselos a las pacientes que los requieran.
Tal
como escucharon, por medio de esta ley no solo se va a matar a los bebitos, a
los niños de doce semanas, sino a los de nueve meses. La mujer podrá abortar
hasta el último día de gestación. ¡Esto es una aberración! (Aplausos.)
¿Qué
van a hacer con los médicos que se niegan a realizar un aborto si esta
iniciativa los obliga a utilizar esta práctica? ¿Qué van a hacer con las
enfermeras y todo el personal del hospital? ¿Qué sienten cuando les digo esto?
La
Argentina puede destinar todo ese dinero que pretenden gastar en el aborto
legal para contener a todas esas mujeres que pasan por una situación de
embarazo no deseado.
Quiero
agradecer a los diputados por este gran debate y por permitirme estar acá,
debatiendo humildemente con ustedes en este día histórico. Más allá del resultado de la votación,
debemos seguir comprometidos en trabajar por esta República.
Estuve
hablando con los que creemos y estamos convencidos de que tenemos que
resguardar las dos vidas. Además, comprendo, entiendo y respeto la postura que
tienen con la campaña por la igualdad de género.
¿Saben
lo que no puedo permitir? Que quieran lavarle la cabeza a nuestros jóvenes
diciéndoles que las mujeres en la panza no tienen un bebé, que no es un niño lo
que tienen en la panza. Las que estuvieron embarazadas le dicen a su hijo de
dos o tres años: ¿qué tiene la mamá en la panza? Ese niño sabiamente dice: “Mi
hermanito, un bebé”. ¡Cómo pueden hacer eso con nuestros jóvenes! Lo he vivido
en mi familia con mis sobrinas y con mi propia hija.
¿Saben
por qué ya he ganado? Porque he logrado convencer a mi hija que lo que hay en la
panza de una mujer es un bebé. Yo ya he ganado con esto, señores diputados.
Ahora quiero dirigirme a todos, porque siempre hay una oportunidad en que
podemos tener un acto de grandeza.
A
veces la providencia nos regala un momento para hacer un acto de grandeza. No
nos preocupemos por la magnitud de la tarea y las dificultades que encontramos,
dado que la bienaventuranza no pone el énfasis en la magnitud del éxito que
logremos, sino en la magnitud del amor con que procuramos llevar a cabo la
porción que nos corresponde.
Señores
diputados, señor presidente: defendamos la vida del niño. ¡Dejémoslo nacer! (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- La Presidencia informa que
el próximo es el último orador individual y que luego comenzaremos con los
cierres.
Tiene
la palabra el señor diputado Ruiz Aragón, por Corrientes.
Sr.
Ruiz Aragón.- Señor presidente: buenos días. Se han escuchado un montón de cosas sobre
perros, marsupiales y árboles, pero mi intervención será breve y solo aclararé
algunos puntos. Pido permiso para leer un documento que han escrito las
compañeras del colectivo de mujeres de la provincia de Corrientes, puesto que
usaré parte de mis minutos para la lectura de sus palabras.
¿Quién
soy yo, como hombre, para juzgar una mujer si no tengo la menor idea qué
significa llevar un embarazo? ¿Quién soy
yo? Absolutamente nadie. He escuchado a muchos hombres hablar con una
autoridad moral que ameritaría un poquito más de humildad. Yo sería más humilde porque no tengo
idea. No tengo idea, y tenemos que
hacernos cargo de que no tenemos idea, ni siquiera sabemos si tenemos la
valentía de llevar a cabo un proceso como este.
(Aplausos.)
Escuché
argumentaciones de origen divino. Yo también soy creyente y, de hecho, en
Corrientes la Virgen de Itatí es nuestra fe y guía. Pero también a veces le pregunto a la Virgen
y a Dios por qué mueren chicas pobres y a veces chicas de clase alta o media,
que sufren problemas de salud que las llevan a la muerte en estos procedimientos
clandestinos. Si existe Dios, también
estaría bueno que esas cosas no sucedieran.
Aclaro
también que estoy hablando yo, pero el protagonismo de todo esto es del
colectivo de mujeres, que ha sabido organizar un movimiento y marcar una
agenda. Espero que hoy se cumpla uno de
los puntos que han marcado y que nosotros hemos acompañado, pero ellas son
hacedoras de pie a cabeza de esta transformación que se está llevando a cabo en
la historia.
Muchos
en bambalinas me dijeron: "Pero mirá que tu provincia es conservadora,
fíjate." No, discúlpenme: los conservadores son los dirigentes. La gente en la calle tiene muy claro que el
conservadurismo es de los dirigentes, no de la gente. La sociedad está pensando otra cosa. (Aplausos.)
Estoy absolutamente seguro de que en mi
provincia la sociedad también está pensando algo muy diferente a lo que piensan
muchos de sus dirigentes.
Ya
que todos mencionaron un poco su parte individual, me referiré a mis dos hijas,
Olivia y Vera. Espero que el aporte que
haga desde este lugar sirva para que vivan tan libres como fui yo como hombre,
porque lo que empezamos a buscar hoy es la igualdad, más allá de esto tan
preciso que se está votando. Buscamos cambiar un paradigma, para que ellas
tengan la posibilidad de disfrutar libremente de su sexualidad y de elegir sobre
su cuerpo. Así que también esto es para
mis hijas, Olivia y Vera.
Leo
el documento, señor presidente: "Necesitamos para Corrientes una real
salud reproductiva para las mujeres.
Queremos aborto legal, seguro y gratuito en la provincia de Corrientes,
porque vivimos en una provincia con un índice de pobreza que supera el 40 por
ciento, el tercero más elevado del país. Es una provincia que no garantiza la
educación sexual integral en sus escuelas ni garantiza el acceso a métodos
anticonceptivos; porque tenemos funcionarios públicos como el doctor Revidatti,
coordinador de hospitales públicos, que se manifiesta en contra de los métodos
de anticoncepción y pide una educación sexual 'en valores'; o como el ex
ministro de Salud, Julián Dindart, que ante casos de embarazo de niñas de 10,
11 y 12 años afirmó que se embarazan porque tienen un recurso económico como
premio respecto a la Asignación Universal por Hijo; porque nuestra provincia
nunca adhirió al Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho
a la Interrupción Legal del Embarazo; porque desde 2011 somos provincia
Provida, pero hace dos semanas se murió una mujer en un baño del Hospital
Llano, desangrada por un aborto
espontáneo. Las maternidades públicas, además, son de un estado lamentable para
las correntinas. Necesitamos aborto
legal, seguro y gratuito porque somos una de las provincias con más alta tasa
de embarazo adolescente, siendo comunes los casos de niñas de 10, 11 y 12 años
embarazadas, porque el abuso sexual infantil es terriblemente común.
"En
Corrientes, en materia en materia de derechos sexuales y reproductivos hay un
atraso y un oscurantismo propios de la Edad Media. Todas estas razones no hacen
más que agravar lo que ya de por sí es injusto: la ilegalidad del aborto, su
consecuente clandestinidad, la estigmatización y la culpa. Las mujeres y personas gestantes tenemos
derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, porque la maternidad debe ser una
elección y no una imposición.
"Pero
la realidad de las mujeres en nuestras provincias es mucho peor, en la que se
afecta no solo el derecho de decidir de las mismas. La clandestinidad de las prácticas abortivas
profundiza la segmentación social entre las mujeres que recurren al aborto con
consecuencias diferenciales sobre sus cuerpos según el sector social al que
pertenezcan.
"Las
mujeres de cualquier clase social abortan, pero el riesgo de vida y las graves
secuelas comprometen la salud fundamentalmente de las mujeres pobres,
ocasionándole la muerte en muchos casos.
"Esto
es una constante amenaza que opera como parte de todas las violencias que
sufren estas mujeres en las condiciones de precariedad en las que se
encuentran.
"Las
mujeres del interior, e inclusive de los barrios aledaños de las zonas
céntricas, se practican abortos ellas mismas como una solución viable ante los
embarazos no deseados, y muchos de los cuales fueron producto de violaciones
por parte de miembros de sus familias, y en algunos casos por los patrones de
estancia.
"También
existen los casos en los que no pueden sumar un integrante más a la familia por
las condiciones socioeconómicas adversas en las que viven. De ese modo, las mujeres en pareja son
víctimas también del sistema político provincial, que las lleva a consensuar la
interrupción de su embarazo de manera clandestina y en la casa de curanderas.
"Esta
es la realidad que viven las mujeres en nuestra provincia, las correntinas, y
las mujeres a lo largo y a lo ancho del país. Por esto decimos: queremos aborto
legal, seguro y gratuito, porque es justicia social.” Que sea ley, señor presidente. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Con esta exposición hemos
finalizado las intervenciones individuales y vamos a comenzar con los cierres.
Tiene
la palabra la señora diputada Camaño, por Buenos Aires.
Sra.
Camaño.- Señor presidente: durante estas veinte y
pico de horas escuché prácticamente todos los discursos y creo que sería
reiterativo verter más concepto. El tema
que estamos tratando nos interpela no solamente desde el punto de vista
personal, puesto que yo siento mucho más la interpelación como dirigente
política, por la representatividad que ostento.
La
plaza está dividida en dos, tal como prácticamente lo está este recinto. La
votación tendrá dos o tres votos más para un lado o para el otro, pero no más.
Los cuatro bloques mayoritarios divididos
tienen que llamarnos a la reflexión, como dirigentes políticos.
En
lo que hace a mi participación en esta hora, en la que debo hablar por mi
bloque, más allá de mi posición personal ‑por todos conocida‑ a
favor de la posibilidad de dar la chance, la oportunidad, de vida al niño por
nacer, intentaré sintetizar, incorporando mi discurso. De esta manera,
respetaré la voluntad de mis compañeros que votarán a favor y de mis compañeros
que votarán en contra.
Felicito
al único partido de esta Cámara que tiene tres representantes y ha sido el
partido político que ha honrado su plataforma. Felicito a los tres diputados de
la izquierda que han tenido la valentía durante la campaña de pararse frente al
televisor y decir a los votantes que este era un tema de la agenda de los
partidos de izquierda. (Aplausos.)
Creo
que esto nos está faltando: ser sinceros a la hora de decir a nuestros
representantes, en los temas trascendentales, qué pensamos.
La
división por mitades, como alguien dijo acá, nos advierte a todos y debemos
aprender la lección. Cuando se quiere medrar desde la política con temas que
interpelan a la sociedad, solo se logra fracturarla.
Yo
honestamente estimo que nuestra misión no es fracturar a la sociedad; nuestra
misión es buscar, todos juntos, coincidencias en temas que hacen
definitivamente al bien común de nuestro pueblo. El abrumador 30 por ciento de
pobreza que venimos sosteniendo desde que prácticamente alumbramos la democracia
tiene que llamarnos al recato y a la cordura. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Yedlin, por Tucumán, que comparte su término con el señor diputado
Brügge.
Sr.
Yedlin.- Señor presidente: desde Argentina
Federal compartiremos el término, debido a que los integrantes del bloque han
expresado diversas opiniones y votaremos en forma individual.
¿Desde
dónde hablo yo? Lo hago como médico, pediatra, neonatólogo y especialista en
salud pública; aclaro que fui ministro de Salud ocho años en la provincia de
Tucumán y cuatro me desempeñé como secretario del área.
Sin
lugar a dudas, este es un tema que para aquellos que estamos en la salud
pública, en el sanitarismo, nunca hubiéramos soñado que tantos diputados
hablaran de mortalidad materna como hoy.
Es
una problemática que a nosotros nos preocupa todos los días y nos desvela desde
hace muchos años. Si bien la Argentina en su sistema de salud tiene falencias,
pero también cosas buenas –en los últimos años ha mostrado resultados muy
positivos en materia de mortalidad infantil‑, no es menos cierto que la
tasa de mortalidad materna no experimentó una mejora significativa, por falta
de políticas claras en esta temática tan compleja.
La
tasa de mortalidad materna responde a múltiples causas; una de ellas es la que
hoy nos ocupa: el aborto. Está claramente demostrado que en todos los lugares
serios del mundo, donde existen datos contundentes, y se despenalizó el aborto,
trayendo a la luz la situación de la interrupción del embarazo, la cantidad de
abortos disminuyeron y, muchas veces, se logró una tasa de mortalidad materna
igual a cero. Uruguay es un ejemplo muy cercano, pero muchos otros se repiten a
lo largo y ancho del mundo.
No
estamos discutiendo si queremos o no el aborto. Vengo de una provincia
argentina –Tucumán‑, a la que se la llamó conservadora. Yo la definiría
como una provincia simple, de gente trabajadora y con mucha fe, muy creyente, a
la que respeto; así como también respeto que defiendan la vida, lo entiendo.
Asimismo, comprendo a los representantes de la Iglesia, en este sentido. Este
es un tema de salud pública y aquellos que realmente deseamos solucionar esta
problemática debemos sacar el aborto de la clandestinidad; traerlo a la luz
para que podamos cuidar a nuestras mujeres. (Aplausos.)
Este
proyecto de ley prevé que aquellas mujeres que hayan decidido avanzar en esta
decisión tengan la posibilidad de estar acompañadas, puedan volver a pensarlo,
decidir por lo contrario; en definitiva, que tengan una chance, pero no solas.
En el caso de que finalmente tomen esa decisión, el Estado no podrá
criminalizarlas ni tampoco abandonarlas.
Por
eso hablo desde la provincia de Tucumán, donde se internaron dos mil mujeres
por complicaciones de abortos, y, en los últimos cinco años, la mortalidad
materna fue de cincuenta mujeres; hablo desde esta Argentina diversa, en la que
debemos ponernos de acuerdo.
No
sé si hoy lograremos los votos suficientes para girar al Senado este proyecto
de ley, pero celebro que haya cosas en las que nos hemos puesto de acuerdo en
los últimos meses. Por primera vez he escuchado a muchos opositores de
conciencia habitual en materia de educación sexual, hablar a favor de la
educación sexual integral desde la escuela primaria, y lo festejo.
Por
primera vez he escuchado a muchos opositores estar de acuerdo con los métodos
anticonceptivos: orales, inyectables, de emergencia, quirúrgicos, para evitar
el embarazo indeseable y no caer en el aborto, que también es una solución
indeseable.
Invito
a acompañarnos a aquellos que entienden que no podemos criminalizar y que creen
que esta ley es perfectible; probablemente lo sea, y tal vez no sea la mejor
solución, pero es la que hoy tenemos. Invito a todos aquellos que creen en
esto, cada uno con sus convicciones, a acompañarnos. Que sea ley. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Brügge, por Córdoba.
Sr.
Brügge.- Señor presidente: hemos tenido más de
veinte horas de debate en las que escuchamos diferentes posturas sobre el tema
que hoy nos ocupa, al que debemos dar un título: legalización del aborto.
Obviamente,
hay algunas cuestiones que deseo precisar. Previamente, debo decir que coincido
con las palabras pronunciadas por la señora diputada Camaño, en el sentido de
asumir una gran responsabilidad para buscar coincidencias y posibilidades de
desarrollo para todo el pueblo argentino. En este sentido, debemos trabajar en
función de realidades, pero dentro de los marcos constitucionales.
Afirmamos
que el dictamen de mayoría presentado tiene vicios de constitucionalidad. Ya
hubo innumerables expositores que insistieron en esa línea, básicamente por la
violación del artículo 75, inciso 23, que establece la protección del niño por
nacer. Allí se hace referencia al niño por nacer y el embarazo, sin fijar
plazos, fechas ni desde cuándo debe protegérselo. Por lo tanto, determinar que
la protección es a partir de la semana quince, obviamente, no tiene ningún
basamento constitucional
Siempre
hemos insistido en que aquí están en juego diferentes valores,
fundamentalmente, el de la vida. Fíjese, señor presidente, que nuestro orden
constitucional y legal tiene varios “in
dubio”, principio que otorga el beneficio en caso de duda; por ejemplo,
están el in dubio pro reo, el in dubio pro trabajador y el in dubio pro contribuyente. Pero resulta
ser que a la hora de analizar si debemos proteger o no a esa vida que se está
gestando, ante la duda de si está dentro del concepto de vida –duda para
algunos, porque para nosotros sí es una vida y una persona‑, no nos
inclinamos a favor de la vida, sino a favor de la no vida. Por lo tanto,
estamos yendo fuera del esquema constitucional y del orden jurídico. Por eso es
que insistimos en este punto.
Quiero
detenerme brevemente en la cuestión de querer parecernos al primer mundo en
este tema. Aquí se dijo que, con la legalización, en algunos países del primer
mundo han bajado los índices de aborto. Esto no es cierto, señor presidente, y
tomo como ejemplo lo que sucedió en Inglaterra, Alemania y Rusia. En estos
países, lejos de bajar los índices de aborto, han aumentado.
En
el caso de Inglaterra, han aumentado en gran proporción en los últimos años;
incluso, aumentaron los llamados abortos selectivos. Como los métodos de
fertilización asistida generan mellizos o trillizos, han llegado hasta el punto
de elegir a uno de ellos para abortarlo y que el resto siga la vida normal. Es
decir que estamos hablando de una planificación que queda en manos de una
persona, cuando la protección del niño por nacer es una cuestión de Estado. En
función de eso, creo que hay que sincerarse y decir que la legalización del
aborto no necesariamente va a bajar los índices. En Rusia, los índices de
aborto son mayores que la tasa de natalidad.
Quiero
hacer una referencia especial al rol que cumplimos como legisladores en este
momento. Nosotros estamos representando al pueblo y no a intereses personales.
Coincido en que tenemos una responsabilidad política y no una responsabilidad
familiar, sentimental o religiosa; debemos defender los intereses del pueblo.
En este sentido hemos insistido en que, debido a la división que se ha dado en
la sociedad argentina respecto de este tema, hubiera sido sano y democrático
hacer una consulta popular.
Me
pregunto cuántos de nosotros tenemos mandato para avanzar en este tema si
cuando fuimos candidatos no se planteó el tema del aborto. Por eso les pido que
al momento de emitir el voto seamos sinceros con el sistema republicano, al
cual debemos respetar conforme a nuestra Constitución, y pensemos en lo que
hemos prometido al pueblo, porque aquí no estamos por voluntad propia, sino por
su voluntad.
Si
al momento de presentarnos como candidatos a diputados nacionales nos
comprometimos en favor de la vida, tenemos que honrar esa promesa. Debemos
defender los intereses que prometimos defender.
Por
lo tanto, creo que es fundamental que respetemos el sistema republicano y que a
la hora de votar pensemos qué hemos prometido al pueblo, porque si no cumplimos
con ello, estaremos quebrando el mandato de la soberanía popular. Por eso
decimos “sí a las dos vidas”. (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Rossi, por Santa Fe.
Sr.
Rossi.- Señor presidente: como ocurre en la
mayoría de los bloques, en el nuestro hay diferentes posiciones. Seguramente en
este discurso, más allá del respeto con el cual convivimos, se sentirán mucho
más representados los cincuenta y cuatro diputados de nuestro bloque que
votarán afirmativamente. (Aplausos.)
En
primer lugar, quiero hacer referencia a algunas cosas que se dijeron al
principio de esta sesión.
Silvia
Suppo es una compañera de la ciudad de Rafaela que fue apresada en 1976; la
torturaron, la violaron y después le hicieron un aborto. Todo esto lo supimos
en el juicio, que se llevó a cabo en 2010. Este caso es una de las vergüenzas
del Poder Judicial de la provincia de Santa Fe, porque a los pocos meses de
haber declarado en el juicio la asesinaron. Hay dos “trapitos” condenados. En
la provincia nadie lo cree. Esas cosas también pasaban en esa época, como supo
decir algún otro diputado.
También
quiero hacer referencia a Ana María Acevedo. Ella es de mi pueblo, la localidad
de Vera, al norte de la provincia de Santa Fe. Es el departamento con mayor
índice de necesidades básicas insatisfechas, señor presidente. La historia de
Ana María fue relatada por su madre en el plenario de comisiones, ya que la
diputada De Ponti propuso su participación.
A
Ana María Acevedo no la dejaron abortar pese a que le habían detectado un
cáncer. Su madre pidió que la dejaran abortar, pero no se lo permitieron. Le
sacaron a su bebé en una edad gestacional ya avanzada, por lo que nació casi
muerta. Lo cierto es que su bebé murió y a los pocos meses murió ella también.
Su mamá, junto con su familia, lleva adelante esa lucha.
Quiero
hablar de Rosario, mi ciudad. Una de las primeras intervenciones del plenario
de comisiones fue la del secretario de Salud de la ciudad de Rosario. En esta
ciudad el protocolo de la ILE se aplica en forma extensiva. En Rosario, una
mujer que quiere interrumpir o se siente en condiciones de interrumpir su
embarazo puede concurrir a un centro de salud y ser atendida desde el punto de
vista profesional ‑por médicos, psicólogos‑ y, si están dadas las
causales, se le practica la interrupción del embarazo. Esto le permitió a
Rosario, desde 2012, no tener entre las causales de mortalidad materna los
abortos mal realizados.
Ahora
quiero hablar de los que están afuera, de ese enorme colectivo de mujeres que
nos ennoblece, nos sensibiliza y nos emociona. Siempre la historia ha sido
movida por la lucha entre los opresores y los oprimidos, y nadie más que ese
colectivo de mujeres representa tanto esa lucha.
Ellas vienen a romper el statuo quo, a decirnos que lo que venía funcionando hasta ahora
está mal. Ellas vienen a reclamar derechos, a pararse desde el lugar de que
solamente su lucha las podrá llevar al máximo lugar de igualdad o equidad.
Dentro de este colectivo están las más chicas, lo que se ha llamado “la
revolución de las hijas”, esas chicas de 15, 16, 17 o 18 años que han colgado
de sus mochilas los pañuelos verdes y los llevan a los colegios secundarios y a
las facultades. Han hecho de esos pañuelos verdes un símbolo que, seguramente,
va a permanecer por muchísimo tiempo en la vida política de nuestro país.
Ese
colectivo, señor presidente, es el que quizás marca la lucha más genuina que se
está dando hoy en nuestra Argentina. También quiero decir que nos interpela a
nosotros como dirigencia política, como hombres y mujeres. Si uno fuese
psicólogo diría que nos están interpelando a que salgamos de la zona de
confort. La zona de confort es el statu
quo. En los discursos que escuché nadie dijo que lo que pasa ahora está
bien, pero es lo que viene pasando hace cien años. Nadie oferta ninguna
solución.
La
respuesta de quienes se oponen a este proyecto es “no modifiquemos nada”,
“dejemos todo como está”. Pero la historia no se hizo así, señor presidente.
Hoy cumpliría 90 años el Che Guevara. Antes, Yrigoyen, Perón, Eva, Alfonsín,
Néstor y Cristina desafiaron esa zona de confort. Así fue que produjeron las
modificaciones que en su momento permitieron llevar adelante las condiciones
políticas.
Yo
invito a todos a que salgamos de esa zona de confort, a que salgamos de esa
zona de decir que hasta ahora todo funcionó así, por más que reconozcamos que
existen problemas y que estos no son para nada menores. Los problemas son los
causados por los abortos clandestinos y mal realizados, las muertes que cada
una de esas situaciones provocan.
Quiero
decir que en la Argentina ya teníamos ILE, es decir, interrupción legal del
embarazo. La tenemos desde los protocolos y desde el fallo “F.A.L.”. En muchas
localidades y jurisdicciones se aplican en forma extensiva, tal como ha pasado
en mi provincia, Santa Fe. Lo que estamos planteando ahora es pasar de las ILE
a la IVE, es decir, a la interrupción voluntaria del embarazo, de modo que esa
interrupción del embarazo no sea solamente por las causales tipificadas, sino
que respete el derecho de las mujeres a ser madres, a concebir cuando ellas
quieran; que respete el derecho de las mujeres a su cuerpo, a disponer en cada
una de esas situaciones.
Quiero
decirle, señor presidente, que en todos estos días me acordé mucho de aquel
debate sobre la ley de matrimonio igualitario, porque tiene muchos aspectos de
coincidencia: es un tema transversal, yo lo tenía a Néstor a mi lado y ahora lo
tengo a Máximo.
En
estos ocho años pasaron muchas cosas más, pero sobre todo, lo que esa ley
permitió fue visibilizar una realidad que existía. Les permitió a muchos
chicos, y a otros no tan chicos, salir del clóset.
Yo
quiero que saquemos del clóset la interrupción legal del embarazo, que no
circule más por los lugares silenciosos de las familias. No sé si ahora, pero
cuando yo era pibe, cuando era joven o adolescente, cada vez que un amigo o una
amiga tenían que llevar adelante un aborto, al último que le comentaban era a
su mamá o a su papá.
A
los chicos gais y a las chicas lesbianas también les pasaba lo mismo. En el
último lugar donde lo “blanqueaban” y lo decían era en su propia familia. ¿Qué
hacías en esa época? Tenías que encontrar el lugar donde hacerlo, tenías que
juntar la plata. Muchas veces, si eras joven o estudiante, ibas en colectivo; no
te dejaban entrar; entraba tu compañera de entonces, pero, además, tenías que
buscar un lugar adonde ir después porque no podías ir a tu casa o a la casa de
tu compañera, porque ella vivía con su familia y los últimos que tenían que
enterarse eran los padres o las madres.
Ese
lugar de la clandestinidad que tenía el colectivo de LGBT antes de la sanción
de la ley del matrimonio igualitario también lo tiene el aborto hoy en día: el
lugar de lo prohibido, el lugar de lo que no se tiene que hacer, y eso también
es lo que estamos debatiendo aquí.
Quiero
decir que, además, uno ve las cifras y éstas tienen un significado. Uno ve la
cantidad de muertes, la cantidad de embarazos adolescentes y la cantidad de
internaciones en los hospitales públicos por abortos clandestinos mal
realizados. Uno también ve que en otros países del mundo donde se legalizó el
aborto, esto permitió que la causal de muerte materna bajase notablemente.
Olvidaba
decir algo. Una chica, una compañera que trabaja en los efectores de salud de Rosario,
me comentaba que muchas veces, cuando la mujer va a esos centros primarios con
la decisión de abortar, le ofrecen atención psicológica, dejando siempre que
esa decisión final sea de la mujer. Las mismas mujeres, cuando encuentran esto
en un ámbito público y salen de esa idea de lo prohibido, muchas veces cambian
la decisión. Se trata de algo que no es inducido por el Estado. Lo que se hace
es permitir a la mujer que tome su propia decisión.
Lo
que estamos buscando con esta ley de interrupción voluntaria del embarazo es
que la mujer pueda tomar libremente la decisión; que nadie se sienta en falta,
como se hiciera algo clandestino o ilegal.
Claro
que esto lo sufren más las mujeres pobres, las que tienen menos recursos.
Digamos que, en general, las mujeres de menos recursos sufren más todo, no
solamente esto. Pero la mujer de recursos, la que puede garantizarse hacerlo en
algún consultorio –que ganará muchísima plata-, también tiene sobre sí la carga
de estar haciendo algo prohibido, algo no permitido.
Quiero
decirles a todos mis colegas que han anunciado su voto negativo a este
proyecto, algo que siempre me pasa cuando hablamos de este tipo de cuestiones.
Siento que estamos hablando de terceros, como si nunca nos fuera a pasar.
Yo
voy a votar una iniciativa que, si se aprueba y es ley, permitirá a mis dos
hijas –una tiene 30 años y, la otra, 19- que si mañana quieren hacer un aborto,
lo puedan hacer en condiciones legales y seguras, y así yo estaré enormemente
más tranquilo.
Pero
también voy a votar una ley para que la hija de cualquiera de los que voten en
sentido contrario tenga esa posibilidad. Porque a ustedes también les puede
pasar que una hija o una nieta venga y les diga: “Yo quiero hacer un aborto; no
quiero tener este hijo porque es fruto de una relación a la cual no le veo
futuro”, o porque fue una relación casual o, simplemente, porque quiere seguir
dedicándose a su profesión.
Probablemente
le van a decir que no lo haga, si es su convicción. Se lo van a decir una, dos,
tres veces, pero si ella sigue insistiendo, ¿qué van a hacer? La van a
acompañar y van a buscar el lugar más seguro. Si tienen recursos, probablemente
le llenen la cuenta bancaria a alguno de estos inescrupulosos que negocian y
lucran con los abortos clandestinos. Si no tienen recursos, se las van a
rebuscar, pero seguramente la van a acompañar.
Entonces,
señor presidente, yo les pido a todos los diputados de esta Cámara que voten en
el mismo sentido que yo voto por las hijas de ustedes. (Aplausos.) Voten para que mis hijas, si un día quieren hacerse un
aborto, lo puedan hacer en un lugar sano, seguro y legal. ¡Que sea ley, señor
presidente! (Aplausos.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Lospennato, por Buenos Aires.
Sra.
Lospennato.- Señor presidente: me toca cerrar uno
de los debates más largos, responsables y plurales que hemos llevado adelante
en el Congreso en los últimos años. Se trata de un asunto que llegó al seno de
esta Cámara de la mano de los movimientos de mujeres, que hace años, en soledad,
empezaron a plantear este tema y con consecuencia vinieron a golpear nuestras
puertas para que las escucháramos.
Llegó
también –y tengo que reconocerlo- a través de una invitación que hizo el
presidente Macri, que vio a la sociedad madura para que diéramos este debate.
Pero sobre todo este debate llegó de la mano de la madurez que supimos tener
todos nosotros, para que incluso con posiciones muy diferentes, aun teniendo
que vivir experiencias nuevas ‑cual es tener que convivir con la
diferencia dentro de nuestros propios bloques‑ podamos terminarlo unidos
en la diversidad y en el respeto al interior de cada uno de nuestros bloques.
Creo que eso habla de nuestra madurez política.
Todos
nosotros tenemos hoy la posibilidad de modificar una ley que tiene cien años.
Estamos acá para reflejar en su texto los avances sobre los derechos de las
mujeres que se han producido en la Argentina en este último siglo, avances que
han significado la conquista de derechos para acortar esa brecha que todavía
existe hacia la sociedad paritaria que deseamos.
Ninguno
de nosotros es el mismo que antes de empezar este debate. Todos hemos
atravesado un proceso de profundo aprendizaje. Pase lo que pase en los próximos
minutos, de eso no hay vuelta atrás, porque pudimos nombrar el dolor que
significa el aborto en nuestro país. Es un dolor profundo, silenciado, que se
confunde con la culpa, la criminalización y la desigualdad y que se ampara en
la ausencia del Estado.
Escuchamos
cientos de historias de mujeres valientes que se animaron a contar la profunda
soledad que vivieron cuando tuvieron que abortar de manera clandestina. Y habrá
tantas otras miles de historias que nosotros no escuchamos pero que se
escucharon en el seno de nuestras familias.
Hoy
la sociedad argentina no es la misma. En nuestro país al menos 50.000 mujeres
por año son hospitalizadas a causa de abortos inseguros. ¿Cincuenta mil de
cuántas? ¿De 350.000, como dicen las estimaciones científicas más rigurosas en
la materia y que no han podido ser desmentidas con la misma rigurosidad
científica en este debate? ¿Cincuenta mil de 250.000? ¿Cincuenta mil de
200.000? Cualquiera sea la cifra con la que nos sintamos cómodos, sabemos que
estamos hablando de una gran tragedia de salud pública que afecta a las mujeres
en la Argentina.
Frente
a esa realidad, no podemos salir de este recinto sin una propuesta concreta de
salud pública para las mujeres de nuestro país. (Aplausos.)
En
el debate se buscó hacernos creer que estábamos discutiendo sobre el aborto sí
o el aborto no, pero esta sociedad ya no se engaña a sí misma. De lo único que
estamos hablando en esta sesión y en todos estos meses es de aborto legal o de
aborto clandestino.
Quisieron
apropiarse del concepto de defensa de la vida, pero en este debate solo hay una
propuesta que la defiende: la de la legalización del aborto. (Aplausos.)
Lamentablemente,
no llegamos a este recinto con una mayoría abrumadora a favor de la
legalización, porque en la historia la conquista de los derechos siempre es una
victoria que se arranca al opresor, es un poder que se resta a alguien que lo
ejerce para cambiarlo de manos. Hoy estamos conquistando el poder de decidir
sobre nuestros propios cuerpos. Es la autonomía de las mujeres. Es el derecho a
elegir sobre nuestros proyectos de vida.
Nosotros
trajimos un proyecto, debatimos argumentos y mostramos empíricamente la
magnitud del problema. Del otro lado solo hay un dictamen de rechazo, y no me
queda claro qué es lo que se rechaza. ¿Rechazan la estadística oficial?
¿Rechazan la realidad del aborto en la Argentina? ¿Rechazan la necesidad de
garantizar el derecho a la salud a las mujeres argentinas que abortan?
Algunos
de los que se oponen a legalizar esta práctica sostuvieron que lo hacen porque
defienden la vida desde la concepción. Pero a los cinco minutos no sostuvieron
argumentos respecto del embrión producto de una violación o de los embriones
congelados por tratamientos de fertilización asistida. No es desde la
concepción, sino desde la concepción consentida. Menuda diferencia. No son
todos los embriones sino los que anidan en el útero de una mujer, no los que
están congelados en una heladera. (Aplausos.)
Dijeron
que querían salvar las dos vidas, y eso es una falacia, porque no pudieron
explicar cómo van a evitar que una mujer aborte. La manera correcta de decirlo
es que quieren forzar a las mujeres a ser madres. ¿Creen que es posible forzar
a una mujer a ser madre contra su voluntad? Ni el Código Penal, que tiene cien
años, obligaba a tanto, porque cuando la mujer resultaba embarazada producto de
una violación se garantizaba el aborto, justamente atendiendo a su autonomía y
su consentimiento.
Por
lo tanto, cuando la decisión difícil, triste pero personalísima de una mujer es
no ser madre, no hay Estado, persona ni ley que pueda impedírselo.
Pero
en este caso extremo aún nos queda la posibilidad de salvar una vida: la de esa
mujer.
Sostuvieron
que no se puede legalizar el aborto porque ello causaría más abortos, pero la
verdad es que no hay evidencia empírica en la que apoyarse. Los países que han
legalizado el aborto han reducido su tasa de abortos, básicamente porque el
sistema de salud acompaña a la mujer en todo el proceso para disuadirla de su
decisión de abortar. Si no lo logra, la acompaña para darle la información, los
métodos anticonceptivos y todo lo que no recibió antes, para que nunca más
tenga que pasar por una situación de aborto.
Algunos
esgrimieron razones personales, creencias religiosas, y yo las respeto a todas.
Todos nosotros las respetamos, pero no son razones públicas, y por ende no
pueden imponerse en la ley de todos.
Los
argumentos a favor de la legalización están claros, los hemos escuchado en toda
la sesión. Yo creo que no hay verdaderos argumentos en contra.
Pero
este no es un día de tristeza. Este es un gran día para todas las mujeres, que
estamos orgullosas de estar dando este paso después de un siglo. (Aplausos.)
Miles
y miles de mujeres pasaron la noche en la plaza esperando que alumbráramos esta
ley. Miles de mujeres están siguiendo este debate en todo el país y pudieron
conocer las caras de sus diputados y sus nombres, y nos interpelaron con el
interés genuino y profundo de conquistar este derecho, un pedido que no podemos
desoír. Porque desoír este pedido lo único que hará es poner un obstáculo a su
consecución, retrasarlo en el tiempo, pero no lo impedirá, porque las mujeres
no abandonaremos las calles, no nos volveremos a ocultar en el seno de nuestros
hogares ni sentiremos miedo, vamos a luchar por la paridad cueste lo que
cueste. (Aplausos.)
Algunos
legisladores han hecho propuestas para modificar este proyecto en la
consideración en particular. Quiero decirles que las aceptamos, que estamos
dispuestos a mejorar el texto todo lo que haga falta. Las aceptamos con el compromiso
de acompañar el proyecto en general, porque queremos sancionarlo y que sea la
mejor ley que podamos concebir en este recinto.
Los
que voten por el no, sepan que lo único que están ofreciendo a las mujeres es
la amenaza de cárcel. Y a los que crean que esto se resuelve tratando de
presentar un proyecto en una semana simplemente con la despenalización, les
decimos que no vamos a claudicar en la lucha por el aborto legal.
Los
legisladores que hoy vestimos el pañuelo verde, y otros que han abierto sus
corazones a esta realidad dolorosa, venimos a proponerles dejar de mirar para
el costado, dejar de hacer como que el aborto no existe.
Vine
a la política para hacerme cargo de los problemas, y sé que no hay un solo legislador
en esta Cámara que no tenga la misma intención.
Este
es el siglo de los derechos de las mujeres. Más tarde o más temprano, las
jóvenes que portan en sus mochilas los pañuelos verdes van a conquistar los
derechos que reclaman. En sus dedos está el poder de votar por nuestros
derechos, que no les tiemble el pulso para hacerlo. Saquemos al aborto de la
clandestinidad, legislemos por la salud y por la autonomía de las mujeres.
Para
concluir, permítanme nombrar a las mujeres que con su lucha nos condujeron
hasta aquí: Marta Rosenberg, Marta Alanis, Nelly Minyerski, Diana Maffía, Mabel
Bianco, Silvina Ramos, Virginia Franganillo, Silvia Oiserovich, Mariana Romero,
Analía Messina, Silvia Juliá, Susana Chiarotti, Marcela Rodríguez, María Luisa
Storani, Marcela Durrieu, Silvia Ausburger, Sandra Vázquez, Ruth Zubrigen,
Giselle Carino, Natalia Gherardi, Mariela Belski, Raquel Asensio, Soledad Deza,
Sabrina Cartabia, Agustina Ramón Michel, Edurne Cárdenas, Paola Bergallo. (Aplausos.) Por la memoria de Carmen Argibay,
de Dora Koledesky, de Lohana Berkins y de Verónica Marzano. (Aplausos.) Por las Sororas, esta
multipartidaria de mujeres que llegó para quedarse en la política argentina
unidas en las diferencias, siempre a favor de las mujeres. (Aplausos.) Por las mujeres en sus casas, nuestras madres y
nuestras hijas, que el aborto sea legal, seguro y gratuito, que sea ley. (Aplausos prolongados y manifestaciones en
las bancas.)
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la
palabra la señora diputada Campagnoli, por Buenos Aires.
Sra.
Campagnoli.- Señor presidente: en primer lugar,
quiero aprovechar la oportunidad para saludar a todos los colegas pues el
domingo es el Día del Padre.
En
segundo término, anticipo que el bloque de la Coalición Cívica, ni bien llegue
a comisión el proyecto de reforma del Código Penal, trabajará para
descriminalizar a la mujer en el delito de aborto.
Tercero,
lamento que el bloque del Frente para la Victoria, que muestra tanta
preocupación por el tema, no haya pedido en sus doce años de gobierno el
tratamiento de este proyecto de ley, porque con la mayoría que tenía hubiera
sido ley mucho antes, y no robárselo a la izquierda, como hicieron en este
caso. (Aplausos.)
Después
de escuchar a los expositores y haber debatido ampliamente en este recinto, es
fundamental que al votar todos los diputados tengamos presente qué es lo que
este proyecto verdaderamente propone. Tenemos la obligación de legislar sin
hacer creer a las mujeres que esta iniciativa viene a terminar con todos sus
problemas y aquellas injusticias que vivimos día a día.
Nuestro
ordenamiento contempla el acceso al aborto legal. Hoy las mujeres pueden
acceder a un aborto sin que ellas ni el médico sean penados en caso de
violación o cuando es el único medio para evitar un peligro para su salud o su
vida.
Estar
de acuerdo con no penar el aborto en caso de violación no se contradice con
querer defender el derecho a la vida del niño por nacer, como muchos alegaron
en esta sesión. Nuestro ordenamiento actual prevé que el aborto no será penado
solo cuando colisionen derechos fundamentales de la madre con el derecho a la
vida del niño. Es en ese caso cuando el Estado interviene para conciliar
derechos a favor de la mujer. Justamente, estoy en contra de este proyecto
porque propone pasar a un sistema que otorga a la mujer un derecho absoluto en
todos los casos.
Seamos
conscientes de lo que estamos debatiendo con este proyecto de ley. Sancionarlo
significaría pasar a un sistema de aborto irrestricto y que las mujeres tendrán
derecho a acceder a abortos a petición hasta la semana 14 y flexibilizar las
causales hoy existentes.
Este
proyecto que debatimos mantiene las causales hoy contempladas en el artículo 86
del Código Penal, permitiendo que en esos casos se puedan practicar abortos sin
límite de tiempo. Pero hay una gran diferencia con la redacción actual. Este
proyecto propone ampliar en forma considerable y discrecional la causal salud:
ya no se habla de un peligro sino de un riesgo; y además, se elimina la
condición de que el aborto sea el único medio para evitar el peligro.
Esto
lleva a que más allá del límite de la semana 14, una infinidad de casos puedan
encuadrarse en un riesgo para la salud integral, y así se permitirá el acceso
al aborto hasta etapas muy avanzadas del embarazo. El proyecto ni siquiera
prevé como límite la etapa en la que el niño ya podría vivir fuera del útero
materno.
Me
pregunto entonces qué es lo que verdaderamente hace que en algunos casos el
niño merezca protección desde la semana 14 y que en otros amplísimos casos quede
totalmente desprotegido hasta el noveno mes de gestación.
También
se repitió incansablemente que tratar el aborto como un delito y penar a la
mujer fracasó; que las mujeres abortan igual; que llevó a la clandestinidad, y
que provocó muertes de las mujeres pobres.
Recuerdo
a los diputados que dijeron que votarán a favor porque “el aborto no debe
resolverse con el derecho penal”, que este proyecto no propone un cambio de
paradigma en este sentido, sino que nos obliga a seguir manteniendo esta
problemática dentro de la órbita del derecho penal, como lo hace el artículo 19
del proyecto.
Especialmente,
propone mantener el artículo 88 y seguir penalizando con prisión a las mujeres
que aborten después de la semana 15. ¿En esos casos el sistema penal sí va a
funcionar? ¿Se busca terminar con la criminalización de las mujeres o
arbitrariamente pasar de proteger al niño desde la concepción a protegerlo
desde la semana 15? ¿Se busca terminar con la desigualdad social entre las
mujeres y reducir la mortalidad materna, o se busca obtener un derecho absoluto
a abortar en cualquier situación y contexto?
Nuestro
sistema actual de despenalización por causales respeta el sistema jurídico de
nuestro país ya que no contempla derechos absolutos ni para la mujer ni para el
niño por nacer.
Si
pasamos a un sistema de legalización por plazos y causales amplias, como el que
se propone en este proyecto, no solo nos
estamos arrogando la facultad de determinar que la vida debe ser protegida
normativamente solo desde la semana 15, sino que estamos otorgando a una de las
partes del conflicto el derecho absoluto a decidir sobre la otra.
Sepamos
que aprobando una ley que establezca que el Estado debe permitir y garantizar
en forma gratuita que las mujeres accedan a abortos libres y a petición, no
resuelve ni la desigualdad social entre las mujeres, ni la falta de acceso a la
educación sexual, ni la falta de acceso igualitario a un sistema de salud de
calidad.
Tienen
que ser sinceros y decir en voz alta que ese derecho irrestricto es lo único
que esta ley va a dar, que tanto las mujeres pobres como las ricas van a tener
el derecho a abortar libremente.
Pero
también deben decir que es mentira el “aborto legal para no morir”. Con un
sistema de salud como el nuestro, muchas veces lejos del alcance de la gente,
esta ley no garantizará que ricas y pobres aborten en las mismas condiciones de
seguridad.
Si
queremos convertirnos en un país desarrollado como tanto desean, primero
debemos hacer que se cumplan las leyes que tenemos, y después avanzar hacia una
legislación moderna, inclusiva, amplia y respetuosa de los derechos de todos
los miembros de una sociedad. En ese camino no podemos dejar de lado los
derechos de los niños y las niñas por nacer.
Sancionar
una ley como la que se propone solo va a permitir ir hacia un sistema normativo
que otorgue al más fuerte un derecho absoluto de imponer su voluntad al más
débil, a aquel que nadie ve, no tiene voz y al que también venimos a
representar.
En
este sentido, pido a los señores diputados que acompañen el rechazo al proyecto
de ley en consideración. (Aplausos.
Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora).
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Goicoechea, por el Chaco.
Sr.
Goicoechea.- Señor presidente: la Asamblea del
año XIII garantizó que todos los niños en el territorio de las Provincias
Unidas del Río de la Plata serían libres. Hoy, a la distancia, ya constituida
la Nación Argentina, en este Congreso del progresismo y la modernidad no
podemos garantizar que todos los niños puedan nacer en el territorio nacional.
La
Asamblea del año XIII también abolió los tormentos y las torturas.
Hoy
estamos por sancionar un proyecto de ley por el que se propicia la legalización
del aborto en la Argentina, es decir, la interrupción legal del embarazo.
Lamentablemente esto último se hace mediante mecanismos abortivos violentos,
como por ejemplo el uso del Misoprostol, que provoca una gran contractibilidad
uterina, aplastamiento, atrición e hipoxia en el feto o embrión. Asimismo se
puede hablar de la aspiración manual o de la laceración o desmembramiento de un
feto de catorce semanas, que está completamente formado y es igual a cada uno
de nosotros. Lo único que le falta es que maduren sus aparatos y sistemas.
Pertenezco
al bloque de la Unión Cívica Radical, un partido que considera al ser humano
como un ser sagrado. Hipólito Yrigoyen decía que los hombres son sagrados para
los hombres.
Del
mismo modo, don Arturo Illia, que al igual que yo era médico, sostenía que la
vida es sagrada.
Por
su parte, Raúl Alfonsín afirmaba: “Tenemos una meta: la vida, la justicia y la
libertad. Tenemos un método para conseguirlo: la democracia”. (Aplausos.)
Soy de
la Unión Cívica Radical, que es la causa de los desposeídos. ¿Hay alguien más
desposeído que un niño por nacer, que está en una situación de desamparo y a
quien su madre no desea? ¡Esa es la causa de los radicales! (Aplausos.)
Soy
del radicalismo del “Nunca Más”. Esta
consigna significa nunca más agravios a nuestra propia humanidad.
Considero
que la problemática que nos convoca está dada por 31 muertes registradas
oficialmente por el Ministerio de Salud de la Nación en 2016 como consecuencia
de abortos provocados que presentaron complicaciones.
Quiero
citar algunas cifras que tengo en mi poder. En la provincia del Chaco, a la que
pertenezco y cuya Constitución defiende la vida desde la concepción, no se
registraron muertes en 2016. Lo mismo ocurrió en las provincias de La Pampa y
de La Rioja, mientras que se registró una en la de Jujuy.
También
dispongo de información correspondiente a 2017. En ese sentido, quiero decir
que ese año no se registró ninguna muerte por aborto séptico en las provincias
de Río Negro, de San Juan, de San Luis, de Chubut y de Santiago del Estero.
Asimismo, en los casos de las provincias de Formosa y de Santa Fe se
verificaron dos muertes por esa causa, mientras que en los de Tierra del Fuego,
Tucumán y Buenos Aires se registraron una, tres y diecisiete muertes, respectivamente.
Por último, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hubo tres muertes por este
motivo.
Todas
estas muertes eran perfectamente evitables, no mediante la prohibición, sino a
través de la prevención. Es fundamental actuar con políticas sanitarias y educativas,
ya que de ese modo no tendríamos que derramar sangre inocente. ¡Pero lo cierto
es que estamos elaborando una ley con sangre inocente, lo que no es gratuito!
¡Por eso pido a los señores diputados que piensen esto a la hora de votar este
proyecto! (Aplausos.)
Es
posible que haya alguien que pida el aborto legal para sus hijas. A esa persona
quiero decirle que yo tengo para sus hijas un país mejor para ofrecerles, con
más valores y en el que se proteja la vida. No es posible que en las escuelas a
nuestras niñas les hagan defender los recursos naturales, como por ejemplo el
agua y los árboles, y que de pronto sus mamás vayan a ver a un médico para
matar a sus hermanitos. (Aplausos.)
Somos
seres sociales. Probablemente cada niño por nacer tenga un hermano, un tío, un
sobrino o un abuelo. Entonces, construyamos esas redes familiares, ya que eso
nos pertenece como Nación.
Estimados
colegas: soy un médico de trinchera. En la Argentina la mortalidad por aborto
séptico es perfectamente evitable. Del total de muertes maternas registradas en
2016 por la problemática del embarazo, el parto y el puerperio, la mortalidad
por aborto séptico representa solamente el 0,14 por ciento.
No
sé si nos han faltado horas de debate, si no tuvimos la hermenéutica para hacerlo
o si simplemente se trata de una cuestión ideológica, en el sentido de querer
establecer una supremacía. En relación con esta última, quiero decir que
también vamos a determinarla desde el punto de vista médico cuando mediante los
marcadores ecográficos empecemos a seleccionar a los niños que hoy nacen
perfectamente. Por ejemplo, las criaturas que nacen con la trisomía del par 13,
del par 18 o del par 21 –este es el caso del síndrome de Down-, o bien con
acondroplasia –esta es una enfermedad que provoca que un niño sea pequeño, pero
no un enano, como lo llamamos habitualmente-, se podrían eliminar perfectamente
en un proyecto mengeliano. Esta es una posibilidad que lamentablemente se
habilitaría mediante la iniciativa en tratamiento.
Por
lo tanto, pido que vuelva la sensatez. Debemos tener la capacidad de construir
una Nación mejor desde la democracia.
Pido
disculpas por mi exceso de apasionamiento, porque finalmente creo que esta es
una cuestión médica perfectamente prevenible. Siempre es mejor prevenir que
curar. En cambio, en el caso de un aborto muchas veces la restitución no es ad integrum, ya que la mujer sufre una
sinequia que, a su vez, la conduce a la esterilidad.
Finalmente,
el hecho de que un aborto se practique en un medio legal no significa que sea
seguro. Sabemos los riesgos que implica cualquier práctica instrumental. Es lo
que ocurrió, por ejemplo, en un caso muy reciente, donde a raíz de un estudio
complementario falleció una persona. Imaginen lo que puede ocurrir en el
interior del país, donde faltan médicos e infraestructura. No estamos
preparados para esta contingencia.
Por
lo expuesto, creo que la prevención es la mejor manera de solucionar esta
problemática. Esa respuesta la debemos dar nosotros desde la política. (Aplausos. Varios señores diputados rodean y
felicitan al orador.)
Sr.
Presidente (Monzó).- Corresponde votar en general
el dictamen de mayoría. La Presidencia solicita a los señores diputados que
deseen abstenerse, que requieran la correspondiente autorización al plenario.
Tiene
la palabra la señora diputada Vigo, por Córdoba.
Sra.
Vigo.- Señor presidente: reitero mi pedido de
autorización para abstenerme.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el pedido
formulado por la señora diputada por Córdoba.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- Queda autorizada para
abstenerse, señora diputada.
Se
va a votar nominalmente en general el dictamen de mayoría de la Comisión de
Legislación General y otras recaído en el proyecto de ley sobre interrupción
voluntaria del embarazo (Orden del Día N° 155).
- Se practica la
votación nominal.
- Conforme al tablero electrónico, sobre 256 señores diputados
presentes, 131 han votado por la afirmativa y 123 por la negativa,
registrándose además una abstención.
Sr.
Secretario (Inchausti).- Han votado 131 señores diputados por la afirmativa y 123 por la negativa. Además se
registró una abstención.[2]
(Aplausos y manifestaciones en las bancas.)
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración en
particular el artículo 1°.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Carrió, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Carrió.- Gracias, señor presidente. Debe ser la
primera vez que me da la palabra en el recinto…
Sr.
Presidente (Monzó).- ¿La primera vez que le doy
la palabra?
Sra.
Carrió.- Solo quiero hacer una aclaración pública
sobre mi voto.
Sr.
Presidente (Monzó).- Le otorgaré la palabra,
señora diputada, pero estoy terminando de aclarar la votación.
Sra.
Carrió.- No tengo ningún problema, pero míreme.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Brügge, por Córdoba.
Sr.
Brügge.- Señor presidente: hay cinco diputados
que están manifestando que no han sido computados sus votos.
Sr.
Presidente (Monzó).- La Presidencia otorgará la
palabra a los diputados pertinentes, diputado Brügge.
Tiene
la palabra la señora diputada Navarro, por Santiago del Estero.
Sra.
Navarro.- Señor presidente: mi voto es negativo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Neder, por Santiago del Estero.
Sra.
Neder.- Señor presidente: mi voto es
negativo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Es decir, su voto figuraba
como afirmativo; ahora pasa a ser negativo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Infante, por Santiago del Estero.
Sr.
Infante.- Señor presidente: mi voto es negativo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Como figuraba como
afirmativo, ahora pasa a ser negativo.
Entonces,
hay que modificar dos votos. El voto de la diputada Navarro está bien
consignado. Por lo tanto, son dos votos los que se modifican y no varía el
resultado de la votación, que resulta afirmativa. (Aplausos.)
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Carrió, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Carrió.- Señor presidente: quiero dar una
explicación porque en todo caso represento a una parte de la sociedad que me ha
votado, y respeto las otras posiciones.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sra.
Carrió.- Señor presidente: solo quiero decir que
he estudiado durante cuarenta años este tema y que no he hablado para preservar
la unidad de Cambiemos.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración en
particular el Título I, que comprende los artículos 1° a 15.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: tal como hizo
mención la diputada Lospennato, para tratar de lograr la mejor ley posible
vamos a proponer una serie de modificaciones que nos han acercado algunos
diputados.
El
diputado Riccardo nos propuso invertir los títulos y el Título II pasaría a ser
el Título I. Para que quede claro, el artículo 16 pasa a ser artículo 1°.
El
Título I se pasaría a llamar Modificación del Código Penal, que es la misma
denominación que tenía antes el Título II, y el artículo 16 pasa a ser el nuevo
artículo 1°.
De
esta manera, el artículo 2° es el ex artículo 17, y aquí vamos a agregar una
modificación propuesta por la diputada Rodenas, que dice así: “Artículo 85 bis: Será reprimida con prisión de
tres (3) meses a un (1) año e inhabilitación especial por el doble del tiempo
de la condena la autoridad de un establecimiento de salud o profesional de la
salud que dilatare injustificadamente, obstaculizare o se negare a practicar un
aborto en los casos legalmente autorizados”, y luego continúa el artículo
conforme...
Sr.
Presidente (Monzó).- ¿De qué artículo está
hablando, señor diputado?
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Javier Pretto, por Córdoba.
Sr. Pretto.- Señor presidente: esta es una sesión histórica, y se ha producido una
confusión al final. Usted mismo dijo que había cinco votos…
Sr. Presidente (Monzó).- ¡No! ¡Discúlpeme, señor diputado!
¡Son dos votos! Matemática. ¡No alteran la votación! (Aplausos.)
Sr. Pretto.- Señor presidente: quiero que diga el resultado final. ¿Puede leer el
resultado final?
Sr. Presidente (Monzó).- Señor diputado Pretto: si a las diez
de la mañana usted necesita el resultado final por dos votos, estamos jodiendo.
(Aplausos.)
Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Si le parece, señor presidente, para que
quede claro volvemos al tratamiento en particular. Es una ley demasiado
importante y debemos analizarla con calma.
Sr. Presidente (Monzó).- Pido silencio a los señores
diputados porque tenemos que seguir trabajando.
Sr. Lipovetzky.- Como decía, el Título II pasa a ser Título I
y se va a denominar Modificación del Código Penal, por lo cual el artículo 1°
es el texto del artículo 16 del dictamen de mayoría, y no tiene modificaciones.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
José Manuel Cano, por Tucumán.
Sr. Cano.- Señor presidente: junto al señor diputado Petri firmamos con
disidencia parcial el dictamen de rechazo y vamos a acompañar los artículos 13
y 19.
Sr. Presidente (Monzó).- Para ordenar el tratamiento recuerdo
que estamos considerando el artículo 1°.
Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- El artículo 1° es el artículo 16 del
dictamen de mayoría y no tiene modificaciones. Si quiere, me puedo referir al
artículo 2°.
Sr. Presidente (Monzó).- No. Se va a votar el artículo 1°,
que es el artículo 16 del dictamen de mayoría y no tiene modificaciones.
-
Resulta
afirmativa.
Sr. Presidente (Monzó).- En consideración el artículo 2°.
Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- El artículo 2° es el artículo 17 del
dictamen de mayoría. Solo proponemos agregar “injustificadamente” entre las
palabras “dilatare” y “obstaculizare”.
Sr. Presidente (Monzó).- Con las modificaciones propuestas
por el señor miembro informante, se va a votar el artículo 2°.
-
Resulta
afirmativa.
Sr. Presidente (Monzó).- En consideración el artículo 3°.
Tiene la palabra el señor diputado
Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Iglesias.- Voy a proponer dos modificaciones, señor presidente.
La primera de ellas es en el inciso a)
del artículo 3°, que dice así: “Si el embarazo fuera producto de una violación,
con el solo requerimiento y la declaración jurada de la mujer o persona
gestante ante el/la profesional de la salud interviniente”. Propongo incorporar
el siguiente texto: “Cuando el feto no sea aún viable de acuerdo al criterio
del profesional interviniente”.
El inciso b) dice así: “Si estuviera
en riesgo la vida o la salud de la mujer…”. En este caso, propongo volver a la
fórmula que utiliza la palabra “peligro”. Riesgo existe siempre, pero el
peligro habla de un motivo específico. Tenemos que mantener, como en las
anteriores redacciones de estas normas, la palabra “peligro” que alude a la
existencia de un factor que aumenta el riesgo por algún motivo en particular y
no al riesgo en general. En todo embarazo, en todo parto y en todo aborto hay
un riesgo. El problema es que el inciso b) se refiere a la existencia de un
factor objetivo. Por lo tanto, la palabra exacta no es “riesgo” sino “peligro”.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: agradezco los aportes del
señor diputado Iglesias, pero en este caso vamos a mantener la redacción
propuesta.
Sr. Presidente (Monzó).- Sin modificaciones, se va a votar el
artículo 3°.
-
Resulta
afirmativa.
Sr. Presidente (Monzó).- En consideración el artículo 4°.
Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- El artículo 4° es el anterior artículo 19
del dictamen de mayoría y no tiene modificaciones.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
González Seligra, por Buenos Aires.
Sra. Gonzalez Seligra.- Señor presidente: había pedido la palabra
para referirme al artículo 19. En muchos casos las mujeres llegan a enterarse
de sus embarazos incluso con posterioridad a la semana quince por situaciones
de vulnerabilidad de su salud, como el caso de la provincia de Salta, de la
niña que llegó al hospital por un problema de estómago y allí se enteró que
tenía un embarazo de cinco meses. Por ello, proponemos una modificación en el
último párrafo, que dice así: “El juez podrá disponer la absolución de la pena
en atención a los motivos que impulsaron a la mujer…”. La causa penal es un
estigma para la mujer con el fin de conseguir trabajo o para su vida social.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Solanas, por Entre Ríos.
Sr. Solanas.- Señor presidente: entiendo que el artículo 19 pasa a ser el 4°. ¿Es
así?
Sr. Presidente (Monzó).- Sí, señor diputado.
Sr. Solanas.- Considero oportuna la reducción de pena de tres meses a un año. La
mujer nunca deja de ser la víctima de un sistema que no la ha protegido
debidamente. Por ello, debemos protegerla no solo liberándola de la
responsabilidad penal sino que la justicia le brinde garantías sociales. En
consecuencia, apoyo el artículo 4°.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
Romina del Plá, por Buenos Aires.
Sra. del Plá.- Señor presidente: además de acompañar el pedido formulado por la
señora diputada González Seligra, quiero hacer una consideración general
respecto de este título.
Entendemos que el tema del aborto
legal, seguro y gratuito debe quedar fuera del Código Penal. Esto es crucial porque
forma parte de lo que hemos venido reclamando en virtud de la despenalización.
Sin embargo, si no avanzamos con esto, quedaría una redacción mucho más
retrógrada que la que figura en el Código Penal vigente. Por eso, a pesar de
esta consideración inicial, acompañamos la modificación propuesta por la señora
diputada González Seligra.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Alume Sbodio, por San Luis.
Sr. Alume Sbodio.- Señor presidente: tal como lo manifesté en
el tratamiento en general, creo que el único artículo que habla de un género
específico en el Código Penal tiene como efecto el de alejar a la mujer que se
hizo un aborto de la asistencia por parte de la salud pública. Como lo había
expresado la señora diputada Rodenas, esto implica que ese policía le siga
preguntando al juez si allana la casa en vez de asistirla. Ese es un Estado que
reprime en vez de asistir. Por tal motivo, propongo la eliminación de este
artículo, quitando del Código Penal cualquier tipificación de la mujer que se
realice un aborto. El único efecto que tiene es alejar a la mujer de la
asistencia del Estado que puede salvarle la vida.
-
Varios
señores diputados hablan a la vez.
Sr. Zottos.- Estoy viendo una foto del tablero electrónico en el momento de la votación
y marca que había 256 legisladores…
-
Varios
señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Monzó).- Aquí estoy, señor diputado; yo soy
el 256. (Aplausos.)
Tiene la palabra la señora diputada
Frana, por Santa Fe.
Sra. Frana.- Adhiero a la propuesta del diputado Alume Sbodio que solicita la
supresión del artículo 19.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Petri, por Mendoza.
Sr. Petri.- Señor presidente: deseo aclarar el sentido de la disidencia parcial
que firmamos con el señor diputado Cano. Así como sosteníamos que el artículo
86 del Código Penal debía ajustarse a los precedentes del fallo FAL, de la
misma manera considerábamos que no había que criminalizar a la mujer en el
Código Penal. Esa criminalización estaba dada por el
artículo 88, que debería suprimirse del Código Penal. Dejamos a salvo esta
circunstancia porque a pesar de que se mantiene una penalización muy leve,
consideramos que debería derogarse y dejarse de lado cualquier tipo de
criminalización y persecución a la mujer víctima de aborto.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: agradecemos la
propuesta de la diputada González Seligra, pero mantendremos el texto original.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
4°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
5°.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el Título I del
dictamen de mayoría pasa a ser Título II, que igualmente se llamará
Interrupción voluntaria del embarazo.
El
texto de artículo 5° corresponde al artículo 1° del dictamen de mayoría,
manteniéndose su redacción.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
5°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
6°.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 6°
corresponde al artículo 2° del dictamen de mayoría, manteniéndose su redacción.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
6°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
7°.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 7°
corresponde al artículo 3° del dictamen de mayoría. Proponemos no modificar su
redacción.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Iglesias.- Señor presidente: como hubo una
confusión cuando anteriormente hice uso de la palabra, reitero mi solicitud.
Pensemos
en esta ley no solamente como un gesto simbólico. Todos tenemos la esperanza de
que sea aprobada en el Senado. Por ello, entiendo razonables las dos
modificaciones que propongo nuevamente.
El
texto del artículo 3° relativo a los supuestos dice así: “Fuera del plazo dispuesto, se garantiza el derecho
de la mujer o persona gestante a acceder a la interrupción voluntaria del
embarazo en los siguientes casos: a) si el embarazo fuera
producto de una violación, con el solo requerimiento y la declaración jurada de
la mujer o persona gestante ante el/la profesional de la salud interviniente.”
A continuación, propongo agregar: “Cuando el feto no sea aún viable de acuerdo
al criterio del profesional interviniente.” Me parece un elemento de
racionalidad.
El apartado b) establece lo siguiente:
“Si estuviera en riesgo la vida o la salud de la mujer o persona gestante…”
Riesgo existe siempre. La palabra es demasiado amplia. Existe riesgo existe si
cruzo el semáforo en verde y peligro si lo paso en rojo.
La legislación anterior utilizaba la
expresión “peligro” que alude a una circunstancia particular de esa específica
situación que pone a la mujer en un riesgo mayor al habitual. Por eso, propongo
que se modifique del siguiente modo: “Si estuviera en peligro la vida o la
salud de la mujer o persona gestante…”
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: aceptamos el concepto de
peligro en vez de riesgo.
Sr.
Presidente (Monzó).- Con la modificación aceptada
por el miembro informante, se va a votar el artículo 7°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
8°.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 8°
corresponde al artículo 4° del dictamen de mayoría, que proponemos aprobar sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
8°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
9°.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 9°
corresponde al artículo 5° del dictamen de mayoría. Proponemos aprobarlo sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Iglesias.- Señor presidente: propongo una
modificación relativa a las mejores prácticas porque sabemos lo que eso
significa en el país.
Como
hablamos mucho de federalismo, déjenme decir como diputado representante por la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que me preocupa que terminemos aplicando las
mejores prácticas en la ciudad y que en las salitas pobres de las provincias se
utilicen los métodos más simples y brutales como el raspaje, etcétera.
La
Organización Mundial de la Salud tiene un protocolo muy claro que establece el
método indicado como la mejor práctica en cada etapa del embarazo. En términos
de igualdad, quisiera que ello se aplicara no solamente en la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires, sino en todo el país.
El
artículo dice así: “La
interrupción voluntaria del embarazo establecida en la presente ley se debe
efectivizar sin ninguna autorización judicial previa. No pueden imponerse
requisitos de ningún tipo que dificulten el acceso a las prestaciones
vinculadas con la interrupción voluntaria del embarazo, debiendo garantizarse a
la mujer o persona gestante…” Aquí propongo agregar lo siguiente: “la
utilización de la mejor práctica disponible según las recomendaciones de la
Organización Mundial de la Salud”, continuando como estaba redactado
estableciendo: “y una atención ágil e inmediata que respete su privacidad…”
Me parece que este elemento de
igualdad y federalismo podría ser incluido en el espíritu de la norma.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: debido a los
cambios, no es el artículo 9° en tratamiento, correspondiente al artículo 5°
del dictamen de mayoría. Cuando lleguemos a ese artículo, lo volveremos a
considerar.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
9°.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
10.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 10
corresponde al artículo 6° del dictamen de mayoría. Proponemos aprobarlo sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
10.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
11.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 11
corresponde al artículo 7° del dictamen de mayoría. Proponemos aprobarlo sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
11.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
12.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 12
corresponde al artículo 8° del dictamen de mayoría. Proponemos aprobarlo sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Tonelli, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Tonelli.- Señor presidente: propongo una
modificación porque tal como está redactado el artículo, no queda claro si la
palabra “requieran” al primer párrafo se refiere a la solicitud de interrupción
voluntaria del embarazo o a la información, la atención y el acompañamiento
previstos en los incisos posteriores. De este modo, podría interpretarse que,
si la mujer no lo requiere, el establecimiento de salud no tiene por qué
brindarle información adecuada, atención previa y acompañamiento.
Concretamente
la modificación propuesta es muy sencilla y consiste en que el primer párrafo
quede redactado del siguiente modo: “Realizada la solicitud de interrupción voluntaria del embarazo, el
establecimiento de salud deberá:…” A partir de allí, continúa el artículo
exactamente igual.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
Schmidt Liermann, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra.
Schmidt Liermann.- Señor presidente: si a quienes
votar afirmativamente este proyecto de ley realmente les importa la vida
humana, me gustaría que pudiéramos agregar “pedir la consejería obligatoria
dirigida a salvar las dos vidas.” (Manifestaciones
en las bancas.) No me silben. Ustedes hablaron de Uruguay y allí los
protocolos están dirigidos a informar las opciones a la mujer y convencerla de
no abortar para salvar las dos vidas. Creo que ahí está la gran diferencia. Por
ello, solicito su incorporación.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora
diputada Ocaña, por Buenos Aires.
Sra.
Ocaña.- Señor presidente: propongo una redacción
alternativa consistente en que se brinde información de todas las posibilidades
que tiene la mujer en caso de que decida no abortar. En ese caso, la decisión
de la mujer es completa. Incluso, ese es el sentido de la ley uruguaya.
Más
temprano acerqué una redacción al señor diputado Lipovetzky. No sé si aceptará
la propuesta.
la propuesta.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: agradezco mucho los
aportes de los diputados Tonelli, Schmidt Liermann y Ocaña. No obstante, vamos
a mantener la redacción original.
Con respecto a la propuesta de la
diputada Ocaña, el artículo 8º que hemos aprobado nos remite al artículo 59.
Esto quiere decir que toda esa información ya está contenida en la disposición
de dicho artículo y, por tanto, la preocupación de la diputada está recogida
allí.
En segundo lugar, quiero decirle a la
diputada Schmidt Liermann que, por supuesto, nos preocupa la vida de todas las
mujeres en la Argentina, motivo por el cual hemos votado este proyecto.
Justamente, por eso hemos incluido un artículo dedicado a las consejerías.
Pero vamos a mantener la redacción
original.
Sr. Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo 12.
- Resulta afirmativo.
Sr. Presidente (Monzó).- En consideración, el artículo 13.
Tiene la
palabra el señor diputado Lipovetzky.
Sr.
Lipovetzky.- Se trata del artículo 9º del
dictamen original. Vamos a proponer la redacción tal como estaba en ese
dictamen.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr.
Iglesias.- Señor presidente: vuelvo a pedir
disculpas por la equivocación respecto del artículo.
En
pos de un tratamiento igualitario en todo el país, propongo que hagamos
referencia a las mejores prácticas de la Organización Mundial de la Salud. La
redacción sería la siguiente: “…con la interrupción voluntaria del embarazo,
debiendo garantizarse a la mujer o persona gestante la utilización de la mejor
práctica disponible según las recomendaciones de la Organización Mundial de la
Salud y una atención ágil e inmediata…”, etcétera.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: vamos a aceptar la
propuesta del diputado Iglesias.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
13, con las modificaciones aceptadas por el miembro informante.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración, el
artículo 14.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Se trata del artículo 10 del
dictamen original. Vamos a proponer la redacción sin modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo
14.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
15.
Tiene
la palabra el señor diputado Campos, por Buenos Aires.
Sr.
Campos.- Señor presidente: este artículo 15
reproduce el artículo 11 del dictamen original. Propongo que se suprima el
último párrafo de dicho artículo, que dice así: “Queda prohibida la objeción de conciencia
institucional y/o de ideario”.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
del Plá, por Buenos Aires.
Sra. del Plá.- Señor presidente: como ya lo he
manifestado en oportunidad del debate en el plenario de comisiones, y como ya
saben los que han contribuido a que saliera esta norma, quiero plantear la
eliminación íntegra del artículo 15 sobre objeción de conciencia, porque
entiendo que implica una posibilidad de obstaculización a la realización de la
práctica, tal como ocurre, por ejemplo, en el vecino país de Uruguay. En
muchísimos de los departamentos del interior uruguayo es imposible acceder a la
práctica de interrupción voluntaria del embarazo porque se utiliza este
mecanismo para tal fin.
El concepto de objeción de conciencia
surgió como una cuestión progresiva cuando un grupo de soldados manifestó no
quería matar a soldados de otros países, pero ahora se lo utiliza para evitar
las prácticas del aborto. Por este motivo, proponemos la eliminación completa.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
Ferreyra, por Corrientes.
Sra. Ferreyra.- Señor presidente: vamos a insertar los
fundamentos de nuestra disidencia debido a que tenemos reservas con la objeción
de conciencia. Pedimos que no se acepten los cambios propuestos, ya que no
puede haber objeción de conciencia institucional. Por el contrario, la objeción
de conciencia es un derecho personal de los seres humanos.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Iglesias.- Señor presidente: para no errarle,
¿estamos en el artículo 11 del dictamen original?
Sr. Presidente (Monzó).- Diputado Lipovetzky: ¿estamos en
el artículo 11?
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: así es.
Sr. Presidente (Monzó).- Continúa en el uso de la palabra el
señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Iglesias.- El artículo 11 establece excepciones a la
objeción de conciencia. Estamos hablando de situaciones en las que el médico
objetor está obligado a realizar la práctica. A mí me parece que, redactado
como está, este párrafo obliga al médico a realizar la práctica, en cualquier
caso, solamente por requerimiento, lo que invalida la idea de la objeción. El
texto dice así: “El/la profesional de la salud que deba intervenir de manera
directa en la interrupción voluntaria del embarazo tiene la obligación de
garantizar el acceso a la práctica y no puede negarse a su realización”. Y más abajo,
dice: “El/la profesional no puede objetar la interrupción voluntaria del
embarazo en caso de que la mujer o persona gestante requiera atención médica
inmediata e impostergable”.
Con la expresión “requiera” no queda
claro si la que debe requerir es la situación o la persona. Si la
interpretación es que la persona requiere atención médica inmediata e
impostergable, bastaría con que cualquier mujer se presentase en cualquier
momento, aun frente a un médico objetor de conciencia, a requerirla, y éste
estaría obligado a practicarla, lo que invalida absolutamente la objeción de
conciencia.
No sé si fui claro. Voy a leer el
texto nuevamente. Dice así: “El/la profesional no puede objetar la interrupción
voluntaria del embarazo…” –estamos hablando de un objetor de conciencia‑
“…en caso de que la mujer o persona gestante requiera atención médica inmediata
e impostergable”.
Pongamos por caso que soy una persona
gestante y me presento a un centro de salud para requerir atención médica
impostergable. Entonces, el objetor de conciencia tiene que realizar la
práctica en ese mismo momento, por el simple requerimiento. Considero que la
idea original –y que la redacción actual no respeta‑ indica que lo que
tiene que fundar el requerimiento es la situación, no la mujer.
De modo tal que, para levantar la
objeción de conciencia y que haya intervención urgente, tiene que haber una
situación de peligro para la salud, etcétera. En este sentido, propongo el
siguiente texto: “El/la profesional no puede objetar la interrupción voluntaria
del embarazo en caso de que la vida o la salud de la mujer o persona gestante estén
en peligro y requieran atención médica inmediata e impostergable”. Es decir que
el requerimiento no surge de la mujer o persona gestante, porque en ese caso la
objeción de conciencia no vale. Basta presentarse ante cualquier objetor de
conciencia, requerir la atención y éste está obligado a realizarla. Pero
entonces la objeción no tiene ningún valor. Considero que el artículo está
colocado para el caso de que haya algún elemento objetivo de riesgo de salud de
la mujer.
Reitero mi propuesta de redacción.
Dice así: “El/la profesional no puede objetar la interrupción voluntaria del
embarazo en caso de que la vida o la salud de la mujer o persona gestante estén
en peligro y requieran atención médica inmediata e impostergable”.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr. Lipovetzky.- Señor presidente: nos parece atinada la
modificación propuesta, de manera que la vamos a aceptar. El resto del texto
corresponde a la redacción original.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado
Suárez Lastra, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Suárez Lastra.- Señor presidente: debido a
que he visto algunos gestos negativos, simplemente quiero expresar mi adhesión
a la propuesta del diputado Iglesias, que considero que tiene mucho sentido.
Sr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra la señora diputada
González Seligra, por Buenos Aires.
Sra. González Seligra.- Señor presidente: en función
de que el diputado Lipovetzky no ha aceptado la propuesta de la diputada Romina
del Plá, quisiera incorporar una redacción al artículo referido a la objeción
de conciencia que refiera a que los establecimientos deben garantizar
profesionales que no sean objetores.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: ya hemos incluido
un artículo justamente con esa garantía pero con alguna posibilidad de
derivación. Agradecemos el aporte de la señora diputada González Seligra, pero
mantendremos la redacción propuesta en el dictamen.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Campos, por Buenos Aires.
Sr.
Campos.- Señor presidente: no obtuve respuesta
con respecto al último párrafo referido al ideario. Estando todo el servicio de
salud argentino al servicio de la práctica, ¿por qué no se puede exceptuar a
una institución que tenga un ideario distinto?
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: hemos regulado la
objeción de conciencia individual y por otro lado, estamos previendo la posibilidad
de que un establecimiento pueda hacer una derivación, conservando la
responsabilidad por haber sido el que recibió el requerimiento del paciente.
Por lo tanto, no vamos a aceptar la propuesta del señor diputado Campos.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo 15
con las modificaciones aceptadas por el miembro informante de la comisión.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
16.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el actual artículo
16 es el artículo 12 del dictamen original y proponemos su redacción sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
17.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo 17 es
el artículo 14 del dictamen original y vamos a proponer su redacción en los
mismos términos.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
18.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: el artículo en
consideración es el número 15 del dictamen original. Proponemos su aprobación
sin modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
19.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: aquí vamos a
incorporar un Título III, denominado: “Políticas de salud sexual y
reproductiva. Educación sexual integral”.
Este
artículo 19 es el artículo 13 del dictamen original, que proponemos aprobar sin
modificaciones.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Petri, por Mendoza.
Sr.
Petri.- Señor presidente: creo que si en algo
estábamos de acuerdo era en la descriminalización de la mujer y también en lo
relativo a políticas de salud sexual y reproductiva. Quisiera proponer una
breve corrección prácticamente de estilo en el último párrafo dice: “Se debe
prestar especial atención a los pueblos indígenas, respetando su diversidad e
identidad cultural” y debería decir “a los pueblos originarios” en lugar de
“pueblos indígenas”. Por esa razón, propongo que se modifique el último párrafo
del artículo en consideración.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: esta es una
propuesta formulada por el señor diputado Riccardo que ya hemos considerado.
Creo que tiene algo para agregar. No sé si desea hacerlo en este momento.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Riccardo, por San Luis.
Sr.
Riccardo.- Señor presidente: quisiera hacer dos
agregados con respecto al artículo 13 del dictamen original. En el segundo
párrafo, donde dice: “En este último caso, deben incluirse los contenidos
respectivos en la currícula de todos los niveles educativos”. Propongo agregar
la palabra “obligatoria” a continuación de la palabra “currícula”.
En
la misma dirección de lo propuesto por el señor diputado Petri, propongo que
donde dice: “Se debe prestar especial atención a los pueblos indígenas,
respetando su diversidad e identidad cultural”, sea reemplazado por el
siguiente párrafo: “La educación sexual integral es un derecho y deberá
impartirse en todo el sistema educativo sin excepción y con especial referencia
y atención a las comunidades más vulnerables y a la diversidad e identidad de
los pueblos originarios”.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: la comisión acepta
la modificación propuesta del señor diputado Riccardo porque recoge lo
planteado por el señor diputado Petri.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar el artículo 19
con la modificación aceptada por el miembro informante de la comisión.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
20.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: la comisión
propone una nueva redacción para el artículo en consideración. Dice así:
“Artículo 20.- Comisión Bicameral de Seguimiento de la normativa sobre Salud
Reproductiva y Educación Sexual. Créase la Comisión Bicameral de Seguimiento de
la normativa sobre Salud Reproductiva y Educación Sexual, la que tendrá las
siguientes funciones:
“a)
Solicitar informes de las autoridades de los ámbitos nacional, provincial y
municipal, referidas a la implementación de las medidas contenidas en las leyes
25.673, 26.061, 26.150 y 26.485, y concordantes, así como de entidades privadas
que trabajen en la materia.
“b)
Receptar denuncias y/o informes provenientes de miembros de la comunidad
educativa sobre la falta u obstrucción de la aplicación efectiva de la ley.
“c)
Convocar a funcionarios encargados de la aplicación del Programa de Educación
Sexual Integral para que informen acerca de la implementación efectiva de la
ley.
“d)
Promover reuniones científicas que ofrezcan alternativas para la más eficaz
aplicación de la normativa en cuestión.
“e)
Impulsar, a partir de la evaluación que formule, la sanción de nuevas normas, o
reformas a las existentes, con el fin de remover los obstáculos que se hayan
presentado y favorezcan el logro de los objetivos propuestos.
“f)
Presentar un informe anual circunstanciado del estado de aplicación de las
normas en la materia.
“La
comisión establecerá su estructura interna y dictará su propio reglamento de
funcionamiento.”
Esta
es la propuesta de redacción para el nuevo artículo 20.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- En consideración el artículo
21.
Tiene
la palabra el señor diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: la comisión
propone una nueva redacción para el artículo 21, que es la siguiente: “Artículo
21. Composición. La Comisión Bicameral prevista en el artículo anterior estará
integrada por (7) diputados y (7) senadores nacionales, respetando la
proporcionalidad de cada representación legislativa, y será presidida,
anualmente y en forma alternativa, por cada Cámara”.
Sr.
Presidente (Monzó).- Señor diputado Lipovetzky,
¿tiene más artículos o aquí termina el dictamen?
Sr.
Lipovetzky.- Tengo tres artículos más.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor
diputado Lipovetzky, por Buenos Aires.
Sr.
Lipovetzky.- Señor presidente: proponemos un
nuevo Título IV, con la denominación “Disposiciones finales”.
Sr.
Presidente (Monzó).- ¿Podría por favor leer todos
los artículos de este título para que podamos votarlos en una sola votación?
Sr.
Lipovetzky.- Este Título está compuesto por los
siguientes artículos: el artículo 22, que es el 20 del dictamen original; el
artículo 23, que es el 21 del dictamen original; y el artículo 24, que es el 22
del dictamen original, de forma.
Sr.
Presidente (Monzó).- Se va a votar.
- Resulta afirmativa.
Sr.
Presidente (Monzó).- Queda sancionado el proyecto de ley. [3]
Se
comunicará al Honorable Senado.
Pido
disculpas al diputado Javier Pretto por haberme alterado en la discusión.
Si hubiere asentimiento de la Honorable
Cámara, se autorizarán las inserciones solicitadas por los señores diputados en
el curso de la sesión.
- Asentimiento.
Sr.
Presidente (Monzó).- No habiendo más asuntos que tratar, queda
levantada la sesión.
- Es la hora 10 y 41 del día 14.