-             En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los diez días del mes de diciembre de 2020, a la hora 11 y 12:

 

Sr. Presidente (Massa).- Con la presencia de 105 diputados de manera presencial y 45 de manera remota, constituyendo un quórum de 150 diputados, queda abierta la sesión especial convocada para el día de la fecha.

 

                                                                                                           - 1 -         

IZAMIENTO DE LA BANDERA NACIONAL

Sr. Presidente (Massa).- Invito a la señora diputada nacional por el distrito electoral de Buenos Aires doña Jimena López a izar la bandera del mástil del recinto y al público presente a ponerse de pie.

-   Puestos de pie los señores diputados y el público presente, la señora diputada doña Jimena López procede a izar la bandera nacional en el mástil del recinto. (Aplausos.)

 

 

                                                                                                           - 2 -         

HIMNO NACIONAL ARGENTINO

Sr. Presidente (Massa).- Invito a las señoras y a los señores legisladores y al público presente a entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino, que será  interpretado por cinco orquestas infantojuveniles de las ciudades de Macachín, General Pico, Toay, Santa Rosa y General Acha de la provincia de La Pampa, a propuesta del diputado nacional Ariel Rauschenberger.

-   Puestos de pie, los señores diputados y el público presente entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)

 

                                                                                                           - 3 -         

RENUNCIA

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia informa que obra en Secretaría la renuncia presentada por la señora diputada Romina Del Pla, a partir del 10 de diciembre del corriente año.

          Se va a votar por signos la aceptación de la renuncia de la señora diputada Del Pla.

 

-             Resulta afirmativa.

Sr. Presidente (Massa).- Queda aceptada la renuncia a partir del 10 de diciembre del corriente año.

 

                                                                                                           - 4 -         

JURAMENTO

Sr. Presidente (Massa).- Obra en Secretaría el informe de la Junta Electoral del distrito de Buenos Aires en el que se determina quién sigue en el orden de lista para ocupar la vacante de la señora exdiputada Romina Del Pla.

          La presidencia informa que se encuentra en la antesala el señor diputado electo por el distrito Buenos Aires, doctor Juan Carlos Giordano.

          Si hay asentimiento, se lo invitará al estrado a prestar juramento.

-             Asentimiento.

 

Sr. Presidente (Massa).- Invitó al señor diputado electo por el distrito de Buenos Aires a prestar juramento y a la Honorable Cámara y al público presente a ponerse de pie.

-   Puestos de pie los señores diputados y el público presente, y requerido por el señor presidente el juramento de acuerdo con las fórmulas del artículo 10 del reglamento, el señor diputado Carnaghi jura por la Patria, y mientras se le practica el juramento dice:

Sr. Giordano.- Juro por la memoria de los 30.000 compañeros y compañeras detenidos desaparecidos; por los caídos del glorioso Partido Socialista de los Trabajadores; por aquellos que hoy dan la vida en la primera fila contra la pandemia: los profesionales y los trabajadores de la salud; en apoyo a las luchas obreras y populares de las mujeres y de la juventud; por el aborto legal, seguro y gratuito; por la separación inmediata de la Iglesia del Estado; por un gobierno de las y de los trabajadores, y por una Argentina y un mundo socialista. Por todo ello, ¡sí juro!

 

Sr. Presidente (Massa).- Si así no lo hicieras, que la Patria os lo demande.

          Señor diputado Giordano: lo invito a ocupar su banca. (Aplausos.)

 

                                                                                                           - 5 -         

licencia

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia solicita que guarden silencio y recuerda a los señores diputados que hoy tendremos una sesión larga e intensa.

          Obra en Secretaría la solicitud de licencia sin goce de dieta del señor diputado don Eduardo Cáceres a partir del 1º de diciembre del corriente año y por el término de sesenta días.

          Se va a votar por signos la aceptación de la licencia del señor diputado Cáceres.

-             Resulta afirmativa.

 

Sr. Presidente (Massa).- Queda aceptada la licencia solicitada.

 

                                                                                                           - 6 -         

convocatoria a sesión especial

Sr. Presidente (Massa).- Por Secretaría se dará lectura de la resolución dispuesta por esta Presidencia convocando a la sesión especial del día de la fecha.

 

Sr. Secretario (Cergnul).- “Buenos Aires, 9 de diciembre de 2020.

          “Visto la presentación efectuada por el diputado Máximo Carlos Kirchner y otras diputadas y diputados, por la que se solicita la realización de una sesión especial para el día 10 de diciembre de 2020 a las 11 horas a fin de considerar diversos expedientes, y considerando los artículo 14, 35 y 36 del reglamento de la Honorable Cámara, el presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación resuelve:

          “Artículo 1º: citar a las diputadas y a los diputados para el día 10 de diciembre de 2020 a las 11 horas, a fin de considerar los siguientes expedientes:

          “1º) 11-P.E.-2020, 2810-D-2019 y otros. Proyecto de ley sobre regulación del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto. Modificaciones al Código Penal.

          “2) 12-P.E.-2020 y otros. Proyecto de ley sobre atención y cuidado integral de la salud durante el embarazo y la primera infancia.

          “Artículo 2º: De forma.”

 

Sr. Presidente (Massa).- Previo a la puesta en consideración del dictamen de mayoría y de minoría, y transmitiendo un poco lo acordado en la Comisión de Labor Parlamentaria en el día de ayer, quiero recordar a los señores diputados y a las señoras diputadas que el tratamiento de cuestiones privilegio, mociones u homenajes que no estén referidos a la consideración de los presentes proyectos, serán tomados por la Presidencia, pero serán puestos en el orden del día al finalizar el tratamiento de los dos expedientes del día de la fecha.

          Por otra parte, quiero hacer una recomendación personal, apelando a la seriedad y responsabilidad de cada diputado y diputada. Acá no hay diputados antiderechos ni diputados asesinos: acá hay diputados que van a expresar ideas. Les pido por favor que, entendiendo la pasión que genera este debate, no perdamos de vista ni el respeto ni la capacidad de escuchar a los otros. (Aplausos.)

 

                                                                                                           - 7 -         

regulacion del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo

Sr. Presidente (Massa).- En consideración en general el dictamen de mayoría de las comisiones de Legislación General, de Legislación Penal, de Mujeres y Diversidad y de Acción Social y Salud Pública, recaído en el proyecto de ley sobre regulación del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (Orden del Día N° 352).

          Tiene la palabra la señora diputada Moreau, por Buenos Aires.

 

                                                                                                           - 8 -         

moción de orden

Sra. Lehman.- Pido la palabra.

 

Sr. Presidente (Massa).- Para una moción de orden, tiene la palabra la señora diputada Lehman, por Santa Fe.

 

Sra. Lehman.- Señor presidente: de conformidad con lo establecido en el artículo 127 del reglamento de esta Cámara, formulo moción de orden a fin de solicitar que se aplace el tratamiento del proyecto de ley sobre interrupción voluntaria del embarazo hasta después del 6 de enero de 2021.

          Aunque es obvio, me veo en la necesidad de aclarar el motivo de esta moción. Como diputada represento a ciudadanos del pueblo de la Nación, y una gran cantidad de ellos son católicos.

          Los católicos estamos viviendo un momento muy especial en el año, justamente vinculado con la concepción y con la vida. Es por eso que la decisión de tratar este proyecto en estos tiempos es, a todas luces, una ofensa para el culto religioso católico y para el culto cristiano en general.

          Tengamos en cuenta que la fe cristiana…

 

Sr. Presidente (Massa).- Señora diputada: solo tiene que formular la moción; no puede fundamentarla. Por lo tanto, le pido que se atenga a ello.

          Parte del acuerdo al que llegamos en la Comisión de Labor Parlamentaria el día de ayer es que seamos respetuosos del tiempo y de cada una de las pautas que establece el reglamento. Limítese a formular la moción, por favor.

 

Sra. Lehman.- Me dijeron que tenía cinco minutos para hablar.

 

Sr. Presidente (Massa).- No es así. Los cinco minutos son para los oradores libres. Realice la moción, por favor, señora diputada.

 

Sra. Lehman.- Señor presidente: no sé si a usted le parece, pero creo que este es un tema muy importante y muy delicado.

 

Sr. Presidente (Massa).- Señora diputada: le reitero que tiene que formular la moción.

 

Sra. Lehman.- Señor presidente: mociono para que se aplace el tratamiento de este tema para luego del 6 de enero del año que viene, para respetar el culto católico, que se ve herido profundamente en sus sentimientos religiosos, al igual que lo haríamos con cualquier otro culto.

          Por lo tanto, pedimos a los colegas que, aunque profesen otra fe u otros cultos, que por una cuestión de solidaridad y por un sentimiento ecuménico apoyen esta moción. Realmente es un disparate que en vísperas de Navidad estemos justamente debatiendo el aborto. Es un atropello, una ofensa para el culto religioso católico y cristiano en general.

 

Sr. Presidente (Massa).- Se va a votar por signos la moción formulada por la señora diputada Lehman, a fin de suspender o aplazar el tratamiento del proyecto sobre interrupción voluntaria del embarazo.

-             Resulta negativa.

Sr. Presidente (Massa).- Queda rechazada la moción.

 

                                                                                                           - 9 -         

moción de orden

Sr. Presidente (Massa).- Para una moción de orden, tiene la palabra el señor diputado Campos, por Buenos Aires.

 

Sr. Campos.- Señor presidente: formulo moción de orden a fin de que la Honorable Cámara se aparte de las prescripciones del reglamento y, previo al tratamiento del proyecto sobre interrupción voluntaria del embarazo, se considere el proyecto de ley del señor diputado Ramón, contenido en el expediente 5.733-D.-2020, por el que se dispone la realización de una consulta popular respecto de la interrupción voluntaria del embarazo.

 

Sr. Presidente (Massa).- En consideración la moción de orden formulada por el señor diputado Campos, a los efectos de incluir en el orden del día de la presente sesión el tratamiento del proyecto de ley del señor diputado Ramón, contenido en el expediente 5.733-D.-2020, sobre consulta popular para determinar el voto respecto de la interrupción voluntaria del embarazo.

          Se va a votar.

-             Resulta negativa.

Sr. Presidente (Massa).- Queda rechazada la moción.

 

                                                                                                          - 10 -       

regulacion del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo
(
Continuación)

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Moreau, por Buenos Aires.

 

Sra. Moreau.- Señor presidente: hablaré en calidad de miembro informante del dictamen que se aprobó ayer en el plenario de comisiones.   Espero que hoy se pueda mantener.

 

          Quiero agradecer al presidente de la Cámara porque su rol de árbitro en esta discusión y su ecuanimidad durante todo este tiempo generó las condiciones para que esto no se convirtiera en un Boca-River y fuese un debate respetuoso.

          Quiero agradecer también al presidente de nuestro bloque, Máximo Kirchner ‑que hoy no pude estar presente- quien entendió que, pese a ser un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo, este sector tenía opiniones diversas, y porque comprendió también que este es un problema que potencialmente afecta básicamente a las mujeres.

          Hoy se cumplen 37 años del retorno de la democracia. En ese lapso se garantizaron derechos, y puedo recordar la ley de divorcio, la de patria potestad compartida, la de identidad de género y la de matrimonio igualitario. Entonces, no tengo dudas de que esta fecha es simbólica para conquistar un nuevo derecho.

          Velar por la asistencia y el acompañamiento de todas las mujeres y personas gestantes que deciden interrumpir su embarazo es entender que se trata fundamentalmente de un problema de salud pública, y una de las tareas centrales que el Estado asume es la de garantizar este derecho.

          Este es un proyecto que hay que pensarlo necesariamente en conjunto con el proyecto de protección y cuidado integral de la salud durante el embarazo y los primeros 1000 días de vida de los niños y niñas -que también va a ser tratado hoy‑, y que busca acompañar a todas aquellas mujeres y personas gestantes que desean continuar con sus embarazos y se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Asimismo, para que puedan también cumplir con el deseo de maternar.

          Ambos proyectos promueven más justicia social e igualdad de oportunidades y amplían derechos y cuidan la salud entendida de manera integral.

          Particularmente esta iniciativa profundiza una política de salud pública que tiene como eje el acompañamiento de las mujeres y de las personas gestantes sea cual fuere su plan de vida. Se trata de poder garantizar un acceso y un disfrute pleno al nivel más alto de la salud que el Estado pueda brindar.

          En función de ese objetivo se garantiza básicamente el derecho a decidir, a requerir y a acceder a la atención de la interrupción del embarazo en los servicios del sistema de salud hasta la semana catorce de gestación inclusive. Luego, por fuera de este período, se mantienen las dos causales existentes hace muchísimos años en el Código Penal: el derecho a requerir y recibir atención postaborto en los sistemas de salud y el derecho a que el Estado se involucre efectivamente en la prevención de los embarazos no deseados y no intencionales mediante el acceso a la información y el incremento de las políticas de educación sexual integral y a métodos anticonceptivos eficaces.

          Estas aristas constitutivas del derecho humano a la salud integral no pueden verse fácticamente realizadas sin la obligación de que el Estado en todos sus niveles y organismos asegure estos mecanismos a las mujeres y a las personas gestantes, que deben recibir un trato digno.

          También se garantiza un ambiente de confianza entre el personal de salud y las personas que solicitan atención. Asimismo, se garantiza su privacidad, el resguardo a la confidencialidad y el secreto médico durante todo el proceso de atención -también con posterioridad‑ para que ningún tercero intente impedir la decisión que la mujer o la persona gestante toman.

          Además, se garantiza que reciban una escucha respetuosa, información adecuada y comprensible, que se brinde atención médica de calidad siguiendo las definiciones y los estándares de la Organización Mundial de la Salud. De esta manera, en primer lugar, se respetarán las decisiones, la autonomía de la voluntad y los derechos de la persona.

          En este sentido, destaco las dos modificaciones realizadas al dictamen que mencioné…

 

Sr. Presidente (Massa).-  Diputada: vaya redondeando porque comparte tiempo…

 

Sra. Moreau.- Ya termino, presidente.

          Por un lado, en el caso de que se trate de menores de 16 años hay una remisión al Código Civil y Comercial y, por otro lado, en caso de que sectores privados de la salud no cuenten con profesionales para realizar la interrupción voluntaria del embarazo, estos deberán garantizar, prever y disponer la derivación a un efector que sí realice definitivamente esta prestación.

          Teniendo en cuenta que comparto tiempo -y no quiere vulnerar las disposiciones de la Presidencia‑, quiero decir también que este debate ha sido puesto sobre la mesa hace muchísimo tiempo a partir de la campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en función de las miles y miles de mujeres que nos han impuesto este debate puertas afueras del Congreso.

          Este proyecto viene a ofrecer una respuesta concreta a un problema estructural de salud pública que existe en nuestro país.

          Señor presidente: que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Entre otros funcionarios y funcionarias que se han acercado a este recinto en el día de la fecha quiero resaltar la presencia de la titular del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Eli Gómez Alcorta, y de la secretaria Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación, Vilma Ibarra.

          Tiene la palabra el señor diputado Yedlin, por Tucumán.

 

Sr. Yedlin.- Señor presidente: como presidente de la Comisión de Acción Social y Salud Pública voy a oficiar como miembro informante -o como uno de ellos- de este proyecto.

          En primer lugar, quiero resaltar y agradecer al presidente Alberto Fernández y a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner por haber cumplido la palabra empeñada tanto en la campaña como en este recinto -el 1° de marzo, en la apertura de las sesiones ordinarias de este Congreso‑ al enviar al Parlamento argentino el proyecto para la interrupción voluntaria de embarazo y el de los 1000 días.

          Quiero agradecer a las mujeres de la Argentina que a lo largo y ancho del país -y hoy afuera de este mismo Congreso, pero también en todas las plazas de la Argentina‑ con su voz vienen expresando la necesidad de que avancemos en esta legislación.

          Obviamente, quiero agradecerle a usted, presidente, por la confianza puesta en mí, y también al presidente del bloque, Máximo Kirchner, por haberme confiado esta enorme responsabilidad.

          Asimismo, quiero agradecer a las tres presidentas de las otras comisiones: Cecilia Moreau, Carolina Gaillard y Mónica Macha.

          Hablo desde la salud pública: durante ocho años he sido ministro de Salud en la provincia de Tucumán. Soy médico pediatra. Decenas de miles de mujeres en la Argentina son internadas todos los años por complicaciones de aborto. Obviamente, muchas más abortan y no tienen complicaciones pero, lamentablemente, algunas de ellas mueren.

          Quizá, para algunos, no son grandes números y  quieren plantear que, como hay otras patologías -que son mayores en número‑ ésta no tiene importancia. Pero hay un tema que es muy importante: si un problema en salud pública tiene solución, entonces se transforma en un problema importante. No importa tanto cuál es el volumen o si la enfermedad cardíaca o el accidente cerebrovascular tienen más cantidad de pacientes.

          Acá tenemos un problema de mujeres gravemente enfermas o que mueren por una situación que es fácilmente solucionable, y hoy estamos en ese camino.

          Hablo también como tucumano, conocedor claro de la fe de mi pueblo y de sus religiones, entendiendo que este proyecto no va contra la religión de nadie, contra las creencias de nadie ni contra la cosmovisión de nadie.

          Hace cien años que la Argentina viene condenando a la clandestinidad a las mujeres que deciden suspender su embarazo: así lo han decidido y van a seguir haciéndolo.

          Pero hay dos grupos de mujeres en la clandestinidad: las que tienen recursos económicos y acceden a una interrupción segura, y las pobres, aquellas que en la clandestinidad no solamente son perseguidas por la justicia sino también condenadas a procedimientos inseguros que la llevan a poner en riesgo la vida suya o a quedar con una lesión para siempre.

          Venimos a legalizar el aborto; no venimos a probar que el aborto sea bueno o que es el objetivo. No queremos hacer eso. Ojalá que cada vez haya menos abortos en Argentina, y la manera de que haya menos abortos justamente tiene que ver con legalizarlo y no mantenerlo en la clandestinidad. Es decir, traerlo a la luz para que el Estado lo pueda controlar, para cuidar a esas mujeres y para darles opciones.

          Es justamente lo contrario de lo que muchas veces se nos dice. La interrupción legal del embarazo y la educación sexual integral son herramientas que el Estado tiene y llegan con distinta intensidad a distintas  jurisdicciones. Como miembros del Congreso de la Nación tenemos la obligación no solamente de sancionar esta ley, sino también de garantizar después que estos derechos lleguen a todos los rincones de la patria.

          La interrupción voluntaria del embarazo en contra de lo que es el aborto por causales, también tiene causales. Lo que pasa es que en este proyecto de ley no se le va a exigir a la mujer que decide interrumpir su embarazo en las primeras catorce semanas -con causales seguramente muy justificadas- que nos diga cuáles son sus causas. Vamos a creer en la mujer y en que esas causas son suficientes para que el Estado la cuide y se pueda interrumpir ese embarazo.

          Quiero simplemente terminar diciendo que el proyecto va a permitir el aborto sin expresar causales hasta la semana catorce.

          También se plantea la objeción de conciencia. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha establecido que la objeción de conciencia es un derecho de nuestros profesionales. Vamos a admitirlo en esta ley y tendrán la posibilidad de oponerse en este tema. Pero van a tener que garantizar la derivación de la mujer a algún lugar donde ese derecho sea respetado.

          Desde la Comisión de Acción Social y Salud Pública simplemente queremos agradecer a todos por el trabajo mancomunado y la altura con que se ha dado el debate. Asimismo deseamos expresar nuevamente que no estamos contra la vida de nadie, sino a favor de legalizar una situación que ocurre en la Argentina y que realmente necesita salir de la clandestinidad para salvar la vida de muchas mujeres.  

          Muchas gracias, señor presidente. Y que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Gaillard, por Entre Ríos.

 

Sra. Gaillard.- Señor presidente: hoy es un día histórico para las mujeres de nuestro país. Veo a la querida Estela Díaz, una militante histórica por este derecho. También está Dora. (Aplausos.)

           Realmente agradezco a la vida y a la política que me permitan estar en este recinto discutiendo un tema tan importante para las mujeres.

          No estaríamos acá sin la lucha de Estela, de Marta Alaniz, de Julia Martino, de Adela Segarra y de un montón de otras compañeras como Jenny Duran y Victoria Tesoriero, que caminaron y peregrinaron por los despachos de cada de uno nosotros para que tratemos este proyecto.

          Tampoco estaríamos acá sin la “marea verde” que se movilizó y salió a las calles en 2018. Yo presidía la Comisión de Acción Social y Salud Pública y Victoria Donda me propuso hacer una reunión informativa para tratar el tema, ya que las organizaciones lo querían.

          La hicimos y en esa ocasión las organizaciones nos plantearon -y a mí me dio mucha vergüenza- lo siguiente: “¿Qué pasa? No nos tomen por tontos. Queremos que sea la última vez que venimos al Congreso de la Nación a reuniones informativas o a sesiones especiales que se caen y no prosperan. La militancia nuestra tiene años y queremos que se hagan cargo y estén a la altura de las circunstancias.”

           Así fue como al año siguiente se movilizaron cientos y miles de pibas, pero también las compañeras que militaron en esto por años.

          Tampoco estaríamos acá si no fuera por la decisión política del presidente Alberto Fernández, que tomó la iniciativa de enviar el proyecto al Congreso de la Nación. (Aplausos.)

Es verdad que se discutió en 2018, pero nuestro presidente tomó el tema como una política pública en materia de salud. El Estado debía hacerse cargo. Durante años miró para otro lado y muchos en el Congreso de la Nación también lo hicieron mientras las mujeres se morían. Desde la llegada de la democracia y hasta la fecha murieron 3.000 mujeres por abortos clandestinos.

Hoy no estamos discutiendo si se trata de “aborto sí o aborto no”. Hoy se debate si el aborto es legal o inseguro. ¿Saben qué pasará? Que si el aborto sigue siendo clandestino van a seguir muriendo mujeres o teniendo complicaciones para su vida. Nadie habla de eso, es decir, de los niños huérfanos de madres que han muerto por abortos clandestinos, como fue el caso de Ana María Acevedo, cuando dilataron el aborto en Santa Fe y ella era paciente oncológica. Como ustedes saben, desde 1921 el Código Penal establece causales, pero todos sabemos que era prácticamente imposible que se practicara un aborto respetándolas.

Siempre estuvo prevista en el Código Penal la posibilidad de practicar un aborto sin pena en ocasiones tales como la de una mujer violada o cuando hubiera riesgo para la vida y la salud de la mujer. ¿Pero qué ocurría? La mujer iba, denunciaba y empezaba a intervenir la Justicia y a determinar si había o no delito. Entonces, cuando se quería abordar el tema, ya se había dilatado tanto que el aborto no se podía realizar. Así se morían un montón de mujeres.

Hasta que llegó el fallo F.A.L., que vino a la Corte Suprema de Justicia a poner luz sobre algo muy importante, estableciendo que quien obstaculice o dilate la práctica del aborto legal por causales tiene que ser castigado y esto implica una barrera para el acceso a la salud.

Así fue como después de ese fallo, en la parte penal –y como presidenta de la Comisión de Legislación Penal me referiré a este tema- venimos a establecer un sistema mixto con causales. Es decir, en el caso de las causales que ya estaban previstas en el Código Penal se adecuan algunos términos y lo que se hace es establecer la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras catorce semanas sin pena. En otras palabras, en ese tiempo la mujer va a poder decidir sin expresar motivos y no porque los motivos no estén.

     Además, en cuanto a los países donde se ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo, mucho escucho decir que se está de acuerdo con la despenalización pero no con la legalización. ¿De qué sirve que no haya pena y pase a haber un derecho si éste no es garantizado por el Estado con la asistencia del sistema de salud? Necesitamos hospitales, centros de salud, consejerías y que el Estado se encuentre presente. Eso es lo que viene a traer el proyecto en consideración, es decir, que la mujer que desee interrumpir su embarazo no solo no tenga pena en las primeras catorce semanas, sino que además pueda asistir a un centro de salud, ser escuchada, que le den herramientas y pueda informarse y decidir. Esa decisión debe estar acompañada por los profesionales de la salud. Eso es lo que busca este proyecto: un Estado presente. Estoy hablando de un Estado que estuvo ausente durante todos estos años y es responsable de todas las muertes provocadas por aborto clandestino.

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia solicita a la señora diputada que redondee su exposición.

 

Sra. Gaillard.- El proyecto mantiene la tipificación de quien obra sin consentimiento y para quien lo hace fuera de las causales o fuera de la semana catorce.

Luego se incorpora y tipifica el artículo 85 bis para aquellos profesionales que dilaten u obstaculicen la práctica a la que están obligados.

Quiero decir, respecto del fundamento de la pena de aborto, que solo es un castigo sin ninguna función. No persuade a quien quiere abortar de no hacerlo, no resociabiliza a quien ya decidió abortar, sino que estigmatiza y probablemente hace reincidir a las personas gestantes por falta de atención médica oportuna. Solo aporta crueldad a la ya cruel circunstancia de tener que hacerlo en la clandestinidad y pone en riesgo la vida y la salud de las personas más pobres. No hay riesgo constitucional o convencional si sancionamos esta ley, como decía ayer una diputada en la reunión plenaria de comisiones. Estamos obligados por los tratados internacionales a garantizar la salud integral de la mujer. Ningún país fue condenado por incumplir tratados internacionales o legalizar el aborto, sino todo lo contrario. El Estado argentino tiene la obligación de adecuar la normativa a dichos tratados.

En cuánto a lo que planteaban recién respecto de un plebiscito, quiero señalar que la Constitución Nacional prohíbe plebiscitar los derechos humanos. Estos últimos no se plebiscitan. Por eso la idea de un plebiscito es inviable.

Por último, quiero expresar que con este proyecto no vamos a promover el aborto. Nadie está a favor del aborto. Ninguna mujer se embaraza para abortar. Es una situación absolutamente traumática. Lo único que vamos a hacer es que esa mujer que estuvo durante todos estos años en la más absoluta soledad por su decisión esté acompañada por un Estado presente.

          Por último, veo a un compañero que me dijo que le resultaba difícil volver a su provincia. No van a pasar a la historia los tibios, ni los que surfeen, ni los que especulen, sino los que se la jueguen. (Aplausos.) Porque hay una sociedad que nos está pidiendo que nos hagamos cargo, un presidente que no mira para el costado y toda una organización de mujeres y de diputadas que trabajó en 2018 y que sigue hoy unida para garantizar que el Congreso apruebe este año el proyecto para que aborto legal sea ley antes de 2020. Pido que el proyecto sea ley para garantizar el derecho de todas las mujeres. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Macha, por Buenos Aires.

 

Sra. Macha.- Señor presidente: en primer lugar, quiero hacer una mención al trabajo realizado entre las presidencias que hicieron una tarea muy interesante e importante al debatir y escuchar en forma respetuosa y democrática las distintas posturas.

          Frente a la perspectiva que implica la creación de la Comisión de Mujeres y Diversidad, una comisión que estamos estrenando justamente con el debate por la interrupción voluntaria del embarazo, entre otros, podríamos plantearnos que hay dos clases de leyes: las que plantean una nueva práctica y una nueva política, y las que regulan y dan un marco legal a las prácticas existentes.

          Entiendo que cuando hablamos de interrupción voluntaria del embarazo, nos referimos claramente a la necesidad de contar con una ley frente una práctica milenaria que está criminalizada y penalizada en el contexto del Estado moderno. Pero que, como práctica, existe desde siempre.

          En este sentido, es muy importante conocer las estadísticas sobre aborto y que dan cuenta de las múltiples dimensiones que llevan a una mujer o a una persona con capacidad de gestar a tomar la decisión de abortar. Esto también significa escuchar y sostener en un lugar de igualdad y de simetría las distintas razones por las que una persona decide abortar.

          También me parece importante aclarar que cuando una persona ha tomado esta decisión, ni la clandestinidad ni la criminalización la detiene. Esto tiene que ver con poder tomar decisiones y dar cuenta de cuál es la realidad que se juega en este momento. Por eso, para despenalizar y legalizar, necesitamos la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Específicamente legalizar significa contar con una política pública dentro del sistema sanitario que garantice el acceso a la salud, al cuidado y al acompañamiento que es tan fundamental para la vida de las personas.

          A lo largo de toda nuestra historia podemos contar con distintas iniciativas, especialmente en esta etapa democrática, que van desde la ILE hasta la fertilización in vitro, el divorcio, la identidad de género y el matrimonio igualitario. Creo que ahí tenemos un linaje parlamentario y político donde se inscribe la interrupción voluntaria del embarazo. Entiendo que la historia en este tiempo está de nuestro lado y que la discusión del aborto legal es disruptiva; estamos discutiendo uno de los proyectos de ley más importantes desde el regreso de la democracia.

          ¿Por qué digo disrupción? Porque hablamos de disrupción en los estereotipos y en los mandatos sociales. Entiendo que en este punto puede resultar sorpresivo, y lo es porque es un quiebre que da espacio a un nuevo acontecer.

          Consideramos que este nuevo contexto legal posibilita la discusión y nos lleva a pensar en la posibilidad de lograr la interrupción voluntaria del embarazo.

          Cuando hablamos del objeto de este proyecto de ley, nos referimos a regular el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención pre y posaborto. Me parece clave ubicar este cuidado y este acompañamiento de parte del Estado ya que establece el derecho de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar a requerir y acceder a información y atención sobre la interrupción voluntaria del embarazo en los servicios de salud; a requerir y recibir atención posaborto en los servicios del sistema de salud ‑sin perjuicio de que la decisión de abortar hubiera sido contraria a los casos legalmente habilitados‑; y a prevenir los embarazos no intencionales mediante el acceso a la información y a métodos anticonceptivos eficaces.

          Este proyecto de ley viene a darnos soberanía sanitaria a través de una mirada transfeminista. Ahora, quiero centrarme en la transformación que implica para el sistema sanitario el transfeminismo. El aborto legal es un paso clave hacia un sistema sanitario y político para la multiplicidad de identidades y cuerpos. Actualmente, para atender a este problema de salud pública tenemos estructuras en muchos casos viejas y binarias que siguen hablando de varones y mujeres como si todo lo que no fuera la norma heterosexual no existiera. Este proyecto de ley reconoce que no sólo las mujeres abortan, sino también las lesbianas, las masculinidades trans y las personas intersex.

          Otro punto clave de este proyecto se refiere al acompañamiento pre y posaborto. En uno de los debates celebrados días atrás surgió la pregunta que hacen los equipos sanitarios a las personas con capacidad de gestar acerca de si quieren continuar con el embarazo. Esta es una pregunta fundamental porque, en definitiva, lo que se está planteando con esa construcción de los equipos sanitarios, es la posibilidad de escuchar el proyecto de vida que la persona está eligiendo y construyendo hacia adelante, sin dar por sentado nada. Me parece absolutamente interesante pensarlo en términos de soberanía, considerando cuáles son las distintas situaciones que hacen que una persona con capacidad de gestar esté transitando un embarazo y pueda decidir si quiere interrumpirlo o continuarlo.

          Por lo expuesto, estamos discutiendo este proyecto de ley. Me refiero a si lo quiere interrumpir o si lo quiere continuar. Igualmente, acompañamos todas las políticas de nuestro Estado. En la misma línea, luego de esta discusión, trataremos el “Plan de los 1000 Días”, que apunta a ese acompañamiento del Estado.

          Los procesos sociales viven más de un tiempo a la vez.

 

Sr. Presidente (Massa).-  La Presidencia solicita a la señora diputada Macha que vaya redondeando su discurso.

 

Sra. Macha.- Ya finalizo, señor presidente.

          Este proyecto de ley está habitado por muchos tiempos: el de nuestras “ancestras”, el de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, el de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, el de la América profunda que descubrió los efectos del misoprostol, e incluso el de quienes dejaron su vida en el camino hacia la libertad.

          Ahora sí la historia tendrá que contar con las mujeres lesbianas y trans de la Argentina, con las postergadas y luchadoras que han decidido empezar a escribir ellas mismas para siempre su historia. Vemos por las calles multitudes organizadas para tomar de una vez y para siempre sus derechos. Están afuera llevando sus banderas, sus consignas, sus pañuelos verdes como contraseña, sus fuerzas transformadoras, y sus formas de ser y estar a través de otros y otras. Esa marea verde de soberanía y desobediencia, y de justicias reclamadas ya no parará más. Esa marea verde irá creciendo cada día que pase porque la forman las mayorías, quienes en su diversidad expresan la igualdad y hacen andar las ruedas de la historia. Sabemos que el proyecto será ley, ya lo estamos haciendo. Por una patria, por una matria más justa, integradora y honesta que se haga cargo de sus prácticas milenarias.  (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Para referirse al dictamen de minoría, tiene la palabra la señora diputada Polledo, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sra. Polledo.- Señor presidente: por varios motivos me resulta difícil creer que estemos terminando este año debatiendo nuevamente la legalización del aborto en la Argentina. En primer lugar, porque este ha sido un año terrible para la humanidad. Vivimos la llegada de una peste que se extendió por todo el planeta ensañándose especialmente con los mayores y matando de un modo espantoso a más de un millón y medio de personas, mientras otros 68 millones fueron contagiadas y afectadas de diversa manera, quedando muchos con secuelas cuya magnitud todavía no conocemos.

          Particularmente, en nuestro país hubo 40.000 muertos y nos acercamos al millón y medio de afectados. Cabe mencionar que, además de la pandemia, nuestros adultos mayores, sufrieron los efectos de un gobierno populista que les redujo sensiblemente sus ingresos. La Argentina está enfrentando una profunda crisis que no es sólo sanitaria y comprende a nuestros mayores, sino que es producto de la pandemia, del aislamiento social, de la inoperancia y de las pésimas expectativas que genera este gobierno. Claramente fueron afectados el aparato productivo, la educación, las relaciones familiares, y la salud física y psíquica.

          Mientras la pobreza se extiende de manera incontenible afectando especialmente a los niños y las familias que temen por sus fuentes de trabajo, mientras nuestros empresarios buscan otros destinos dónde invertir y trabajar, y mientras nuestros jóvenes piensan en emigrar, la prioridad de este gobierno es ofrecerles la legalización del aborto a los colectivos feministas.

          Cuando me refiero a los colectivos feministas es porque la legalización del aborto no es un reclamo de nuestras mujeres, sino de grupos militantes que han quedado atrapados en consignas del pasado. Son paradigmas de un siglo que se fue hace dos décadas y que ya no está en la agenda de nuestros jóvenes.

          Es realmente increíble que en lugar de discutir cómo solucionaremos todos los problemas urgentes y dramáticos que hoy nos apremian, hoy estemos aquí tratando la legalización del aborto.

          Como dijo el padre Pepe: “En medio de esta dolorosa situación vemos con sorpresa y también con cierta indignación el apuro del Poder Ejecutivo por sancionar rápidamente la ley del aborto.”

          También él se preguntaba: “El presidente dice que ha enviado este proyecto al Congreso porque había hecho una promesa y la quiere cumplir. Sería interesante que nos dijera ante quien se comprometió o a quién le prometió en tal caso. Al pueblo, seguramente no; al pueblo de la villa, menos, y tampoco al de las provincias del interior.”

          ¿Qué es lo que cambió desde el extenso debate de 2018 del proyecto que proponía legalizar la práctica del aborto, sancionado parcialmente en esta Cámara y rechazado en el Senado hasta la fecha?

          Hoy, dos años después, setenta expositores ofrecieron sus saberes y opiniones. Más allá de que escuchar al otro siempre enriquece, fue como una reedición virtual de aquel debate. Respecto de este tema nadie nos dijo que las cosas hayan cambiado drásticamente en estos dos últimos los años. Es más, percibo que lo que cambió es que cada vez son más los jóvenes que tienen acceso a la información y que han tomado conciencia de los efectos negativos del aborto. Es decir que fuera de las grandes urbes y de los colectivos militantes embarcados en una gesta épica respetable, los jóvenes que consideran que el aborto no es la solución es una abrumadora mayoría, porque allí hay vida.

          Pero cuando observamos este nuevo proyecto que ha enviado directamente el Poder Ejecutivo, notamos que no tiene diferencias con la iniciativa tratada en 2018.

          Lo primero que hay que decir es que existen argumentos jurídicos y científicos que impiden legalizar el aborto. Como bien destacó la constitucionalista María Angélica Gelli no se trata de una interrupción voluntaria del embarazo. Porque la palabra “interrupción” se refiere a detener un proceso para posteriormente retomarlo.

          Acá no estamos hablando de eso. Estamos discutiendo la eliminación de un ser que se está gestando en el vientre materno y allí hay vida.

          Esta distinción no es meramente semántica, porque implica el reconocimiento del valor fundamental de la vida humana. Nuestro sistema jurídico consagra y protege el derecho a la vida desde la concepción. El Código Civil y Comercial de la Nación considera a la persona humana desde el comienzo de la existencia. Dicho código expresa  específicamente en el artículo 19 que la existencia de la persona humana comienza con la concepción.

          No pretendo hacer ahora un análisis de nuestro ordenamiento jurídico, porque ya ha sido desarrollado en nuestro dictamen. Los juristas explicaron con claridad y erudición que nuestra Constitución Nacional y el bloque constitucional en el que están incorporados los tratados internacionales, también reconocen el derecho de la vida desde la concepción. Según ese análisis, queda claro que el derecho a la vida es un derecho constitucional fundante y personalísimo que posibilita el ejercicio de todos los demás derechos.

          Esta visión normativa está en consonancia con la evidencia científica porque el embrión no es un órgano de la madre ni es un fenómeno, sino que es un ser humano con ADN propio, único e irrepetible al que se le debe reconocer su dignidad y por ello tiene protección desde la concepción. Insisto: allí hay vida.

          No pretendo extenderme tanto en un análisis de los aspectos científicos, pero después de participar en los debates y escuchar a los médicos ciertas cuestiones me han quedado claras. En el proceso de la fecundación se origina un ser viviente de la especie humana. El embrión es un organismo y no solo un conjunto de células.

          Biológicamente el término “concepción” corresponde al proceso de fecundación. Es decir, el embrión humano no es un fenómeno como dijo el señor ministro de Salud, sino un nuevo ser humano en desarrollo. Por eso, allí hay vida.

          ¿Por qué se habla de un derecho al aborto y se omite definir al ser vivo que se estaría eliminando al ejercer ese derecho? El supuesto derecho al aborto se suele fundar en el derecho de la mujer para disponer de su propio cuerpo. Se dice que las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Por supuesto que es así. A nadie se le ocurriría pensar lo contrario en este Siglo XXI. Gracias al trabajo en pos de los derechos de las mujeres aquí hemos sancionado una cantidad de leyes que nos protegen de la violencia, de la discriminación y de todas las formas de opresión o desigualdad que hemos padecido a lo largo de la historia.

          Tal como hemos visto, el aborto no es un derecho que se ejerce sobre un fenómeno inanimado ni existe equivalencia entre dos derechos en tensión. El análisis jurídico descarta una tensión entre derechos que se presentan como equivalentes. No son derechos equivalentes porque este ordenamiento responde a una concepción humanista de los derechos. Si el derecho no nos ayudara y tuviésemos que solucionar esto en el plano de la ética en el que recurrimos a nuestros valores morales –sin importar la teoría ética por la que se transite, descriptivista o no descriptivistas, naturalistas o no naturalistas, emotivistas‑, todo se resolvería siempre en favor de la vida humana.

          Como dijo recientemente de manera expresa el Santo Padre refiriéndose al aborto: “No es un asunto religioso, sino de ética humana”.

          Existen infinidad de argumentos que intentan persuadirnos de las supuestas bondades de legalizar el aborto. El aborto es algo que debemos evitar y no legalizar. Reconocer el drama de las mujeres que pasaron por un aborto y empatizar con su dolor no nos debe conducir a legalizarlo.

          Nuestro país ha avanzado en la prevención del embarazo no deseado con la ley de educación sexual integral, con el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y el Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia.

          Estas políticas públicas que han sido sostenidas a lo largo de los distintos gobiernos son herramientas fundamentales y queremos evitar el aborto; ahí está la deuda. El problema es que existen polémicas en torno a la aplicación de estas herramientas que no permiten su correcta implementación.

          El proyecto limita considerablemente el derecho a la objeción de conciencia a los médicos ya que se exige a los eventuales objetores dos obligaciones: la derivación del paciente y el deber de adoptar todas las medidas para garantizarlo bajo amenaza de sanciones. Además, no contempla la objeción en el personal de salud que lo asiste.

          El otro día un colega dijo que un objetor de conciencia no podrá ser jefe de Servicio. ¿Ahora vamos por la discriminación de lo que piensan nuestros médicos?

          A diferencia de lo que ocurrió en este debate con respecto a 2018, este año no se habló de la despenalización de la mujer. Mi posición en aquel momento fue la misma de hoy.

          Al inicio del debate de 2018 pensamos que se podía llegar a un consenso en torno de un proyecto que despenalizara a la mujer, sin legalizar el aborto, dejando para más adelante esta cuestión. Imaginamos que de esa manera se podría haber evitado esta división entre verdes y celestes, pero lamentablemente no fue posible. Nos dijeron que de ninguna manera podía hacerse eso porque de aprobarse la despenalización el reclamo por la legalización perdería fuerza.

          El debate de 2018 dejó en claro que la penalización de las mujeres no es la solución que debe proporcionar el Estado.

          La madre que llega a esa situación es parte de un drama social y hasta diría que es otra víctima de la misma tragedia. Es una tragedia cultural que requiere de una atención más compleja.

 

Sr. Presidente (Massa).-  Vaya redondeando, porque le roba minutos a la diputada con la que comparte el tiempo.

 

Sra. Polledo.- Señor presidente: la legalización del aborto no representa una reivindicación del feminismo. Me parece que estamos incluidas en una cantidad de temas más. La lucha del movimiento feminista internacional es mucho más amplia.

          No estoy de acuerdo con lo que dijo una diputada preopinante. Nosotros nos la jugamos; no somos tibios. Defendemos lo que creemos; defendemos la vida. No hay un fenómeno en el vientre materno, hay una vida y por eso hablamos de las dos vidas. (Aplausos.)

          La prueba más contundente no es jurídica, ni científica ni si quiera ética. La prueba más fuerte es el amor de la madre y el hijo que lleva adentro.

          Señoras y señores diputados, muchachas y muchachos: esta ley no sirve. Muchísimas gracias, señor presidente.

 

Sr. Presidente (Massa).-  Para completar el informe del dictamen de minoría tiene palabra la señora diputada Campagnoli, por Buenos Aires.

 

Sra. Campagnoli.- Señor presidente: tal como dijo la diputada Moreau, presidenta de la Comisión de Legislación Penal, celebro el debate serio que nos dimos los diputados durante esta semana.

          No estoy de acuerdo con lo que dijo la presidenta de la Comisión de Legislación Penal al cerrar el plenario, en el sentido de que el presidente de la Nación había sido generoso al enviar este proyecto al Congreso cuando podía haber emitido un decreto. Le recuerdo que el presidente tiene vedado legislar en materia penal. (Aplausos.) Lejos de ser generoso, envió un proyecto que nos divide, cuando él dijo que venía a unirnos.

          Además, lo envía en medio de una pandemia que dejó 40.000 argentinos muertos, niños sin clases, mujeres sin poder asistir a sus controles médicos, un montón de pymes cerradas y muchísimas mujeres sin trabajo. Con un 44 por ciento de pobres, ¿con qué cara vamos a decir que esta es una prioridad para las mujeres?

          Luego del debate exprés que tuvimos, es importante que nos demos cuenta de que no estamos discutiendo solamente un proyecto del Poder Ejecutivo. No estamos debatiendo solamente una reforma del Código Penal o una cuestión sanitaria. Lo que estamos debatiendo hoy es un cambio fundamental de nuestro sistema jurídico y del país que queremos ser. Tal como sostuvieron distintos juristas, nuestro sistema jurídico es robusto al valorar, proteger y defender la vida desde la concepción.

          Lo decía ayer y lo repito ahora: ¿este será el único tema en que logremos cierto consenso transversal entre los distintos partidos políticos? Las mujeres diputadas hemos perdido otro año, porque deberíamos haber estado representando a las niñas y a las mujeres. Deberíamos haber podido pararnos en las coincidencias que tenemos ‑que son muchas‑ para legislar en pos de la igualdad de género y de la autonomía de la mujer.

          Cuando ese momento llegue –he presentado muchos proyectos sobre ese tema, que nunca han sido tratados‑, tendrán mi compromiso para avanzar en la implementación de una ley sexual integral federal y universal; en la implementación de reformas para garantizar el acceso de mujeres y varones a anticonceptivos y métodos de reproducción sexual segura y sana, y en la implementación de reformas para que niños y niñas sin cuidados parentales tengan garantizado su derecho a crecer en una familia.

          Me comprometo a un debate serio en pos de eso, pero tenemos que pararnos en las coincidencias. No podemos seguir dividiéndonos con estos temas.

          ¿Realmente creen que con este proyecto vamos a disminuir la mortalidad materna? Esta se reduce con educación, con control obstétrico, con control prenatal, con agua potable, combatiendo la desnutrición. ¿Realmente creen que con un 44 por ciento de pobreza podremos garantizar estas necesidades? ¡Esas son las prioridades para las mujeres, no el aborto!

          ¿Ustedes creen que suministrar el misoprostol a una mujer que vive en el conurbano o en la ciudad de Buenos Aires, que tiene un hospital o un ecografista en la esquina de su casa, es lo mismo que suministrárselo a una mujer en el interior de la Argentina profunda, donde vive la mayoría de las mujeres que ustedes dicen defender? ¿Realmente creen eso?

          Este proyecto tampoco dice nada de las Chiara Páez que hay en el país, inspiradora del “Ni una menos”, víctima de un femicidio en manos de su pareja por defender a su hijo. Tampoco dice nada de aquellas mujeres violentadas por sus familiares, a quienes les da vergüenza que su hija haya quedado embarazada fuera de un matrimonio. A esas mujeres no se les ofrece ni una consejería interdisciplinaria, ni un derecho a la salud o a la seguridad. Lo único que le propone este gobierno es un derecho al aborto.

          Sinceramente, como lo dije ayer, abrazo a cada una de las mujeres que atravesaron por esta práctica. No las juzgo en absoluto. Las abrazo, porque en los testimonios que brindaron varias de ellas, en los que se quebraron al recordar haber atravesado esa situación, quedó demostrado que el aborto es una herida. El aborto es una herida que no sana con el tiempo. El aborto es un dolor. Y lejos de estar amparándolas en algo, estamos legalizando un dolor.

          Por eso, insisto: la vida es un milagro, y todas aquellas mujeres que no han podido quedar embarazadas o que han tenido dificultades para quedar embarazadas, lo saben: la vida es un milagro. ¿Y nosotros vamos a arrogarnos el derecho de eliminarla a capricho, arbitrariamente? ¿Eso es un derecho humano? ¿Que un humano pueda decidir sobre la vida de otro es un derecho humano?

          La Argentina fue pionera en derechos humanos. Los constituyentes de la Asamblea del Año XIII entendieron que había vida dentro de una madre, y por eso dieron la libertad de vientres. ¿Y nosotros, ahora, vamos a decir que es un fenómeno, que no es vida? Ahora, doscientos años después, cuando tenemos toda la tecnología y la ciencia ha demostrado que hay vida desde la concepción, ¿vamos a decir que es un fenómeno?

          Como diría Hannah Arendt, hoy estamos banalizando todo; todo se banaliza. Banalizamos las instituciones, acomodándolas al gobernante de turno. Banalizamos la política, donde todo vale y atropellamos, y atropellamos. Banalizamos la palabra: hoy es lo mismo decir algo y contradecirme con lo que dije cinco años o quince minutos atrás.

          Pero ahora estamos banalizando la vida, porque se respeta a capricho o al libre arbitrio hasta la semana catorce; después de la semana quince, parecería que la empezamos a proteger, pero ‑como decía un facultativo la semana pasada en el plenario de comisiones‑ en la semana treinta podemos suministrar algo a la madre, si su salud integral la incomoda, para que el niño no nazca vivo, ya que es incómodo para todos los médicos ver morir al niño en el sanatorio u hospital.

          Entonces, al ministro Ginés González García, que explicó que esto era un fenómeno porque, si no, estaríamos ante el mayor genocidio de la civilización humana, le digo: sí, señor ministro, estamos frente a un genocidio.

          Me pregunto cómo llegamos a esta barbarie, cómo llegamos a esta situación de pensar que esta vida no vale, que podemos arrogamos el derecho de disminuir una vida que nunca más ‑tengámoslo claro‑ tendrá la posibilidad de existir. Esa vida nunca más tendrá la oportunidad; es irrepetible. Entonces, no cuenten con mi voto ni para legalizar un dolor ni para permitir que se deseche una incipiente vida en formación.

          Evidentemente, este es un hecho político. Estamos ante la urgencia que tiene el gobierno de demostrar alguna gestión contundente en algo. Por eso envía este proyecto. Pero con esto también estamos banalizando las normas, porque se atropella el derecho; vamos rápido a tratar las cosas, atropellando, sin tener en cuenta nuestro ordenamiento jurídico.

          Por eso, reitero: no cuenten con mi voto. En honor a la memoria de Chiara Páez, a quien mataron defendiendo la vida que llevaba adentro, mi voto no es positivo. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Pido a los colaboradores que guarden silencio. Los diputados están en silencio y los diálogos surgen del palco de colaboradores. Les pido que sean respetuosos del silencio de la Cámara.

          Quiero agradecer la presencia en este recinto de la asesora presidencial Dora Barrancos y de la ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia Buenos Aires, Estela Díaz. (Aplausos.)

          Tiene la palabra la diputada Laura Russo, por Buenos Aires.

 

Sra. Russo.- Señor presidente: primeramente quisiera reconocer, destacar y agradecer el enorme trabajo en torno al debate por la interrupción voluntaria del embarazo. Para muchos es nuestra segunda contienda por el logro de esta conquista que consideramos una ampliación de derechos crucial.

          En lo personal, y particularmente en estos días, pensaba en cuánto crecimos como sociedad en estos dos años y fue a causa de estos debates. El aborto legal, seguro y gratuito es parte de la agenda pública. Dejó de ser un tema tabú y alejado de la vida cotidiana para pasar a hablarlo con la familia, con los hijos y con los amigos.

          Ya sabemos que no discutimos sobre “aborto sí” o “aborto no”. Vamos a decidir si es legal o si sigue siendo clandestino. Aprendemos, nos formamos, generamos empatía, nos solidarizamos, nos estamos deconstruyendo. A lo largo de este debate por la IVE se abordaron los cuestionamientos desde todos los ángulos, se agotaron todas las dudas.

          Menciono brevemente algunas verdades expuestas. La IVE no está en disonancia con nuestra Constitución Nacional. Constituye una recomendación de los organismos internacionales de derechos humanos. Económicamente, es menos costosa para el Estado que la atención de los abortos clandestinos mal realizados.

          Es un procedimiento cada vez menos invasivo, que dista mucho de las crueles y mentirosas imágenes que intentan imponer.

          Embrión no es igual a persona. A las personas no se las dona ni se las congela. La IVE no es un método anticonceptivo para nadie. Es una decisión siempre difícil que todas, todos y todes queremos evitar. Es una decisión tan difícil, personalísima, y casi siempre dolorosa, que no nos corresponde como Estado laico ni juzgar ni penar.

          A la mayoría de las mujeres el aborto nos atraviesa y nos hermana porque lo sufrimos en el propio cuerpo o acompañamos a alguien cercano. Esa es la cifra real del aborto en la Argentina. Todos conocemos a alguien. Además, sucede desde que el mundo es mundo. La gente construía pirámides, inventaba el calendario y también abortaba. ¿Por qué? Porque no hay nada más intrínseco al ser humano que la decisión y el deseo de elegir. Los seres humanos siempre quisimos elegir. Y las mujeres no somos la excepción.

          Cuando se terminan todos los argumentos y solo queden las excusas y todo lo relativo a la cuestión religiosa, ponen el argumento de que no es oportuno. Y yo me pregunto: ¿cuándo en la historia fue oportuno que las mujeres quisiéramos decidir?

          Por eso, zanjada incluso la cuestión sanitaria, la cuestión de fondo que estamos debatiendo hoy acá es si las mujeres tenemos o no derecho a decidir, si tenemos o no autonomía sobre nuestros cuerpos.

          Por eso hoy es un día histórico y estamos orgullosas; y también estamos nerviosas porque estamos conmovidas. Sabemos que las mujeres merecemos determinar y planificar nuestras vidas. Las mujeres merecemos ser reconocidas como capaces de tomar decisiones. Nuestros deseos importan.

          Por eso, en este día histórico en que debatimos la interrupción voluntaria del embarazo y el Plan de los Mil Días de salud integral para el embarazo en la primera infancia, vemos que son dos caras de una misma moneda, dos posibilidades de acción, dos políticas públicas que este Estado supo interpretar y que ponen a la mujer en el lugar en el que siempre debió estar: en ese rol indelegable de decidir y planificar su vida.

          Por todas las mujeres que nos señalaron el camino, por todas nuestras madres, hermanas e hijas, y por todas las que ya no están, que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Quetglas, por Buenos Aires.

 

Sr. Quetglas.- Señor presidente: hace algo más de dos años tuve la oportunidad de expresar en este recinto mi posición favorable a legalizar el aborto. Centré mi exposición en la imposibilidad de sustituir la decisión de la persona embarazada y puse énfasis en dos cosas: las embarazadas no le deben explicaciones a la sociedad y la maternidad no puede ser impuesta.

          Señalé que era una paradoja trágica que se piense la maternidad como un castigo. En mi modo de ver ni el Estado ni ningún poder tienen la legitimidad para tomar esa decisión. Solo la persona implicada puede hacerlo. Imponer un embarazo es un ejercicio de sometimiento asimilable a una práctica tortuosa, ya que se mencionó aquí a la Asamblea del Año XIII.

          Sintetizando, la trascendencia y las implicancias personales de la decisión de abortar exigen el respeto absoluto a esa decisión.

          Desde el punto de vista de las políticas públicas, señor presidente, me parece ridículo poner al Estado a hacer mal lo que no debe hacer ‑reglar la intimidad, la sexualidad‑, cuando debe enfocarse en hacer bien lo que sí le corresponde hacer, que es cuidar la salud de quien transita una decisión difícil.

          Esto es importante tenerlo en claro: la legislación que prohíbe el aborto no evita ninguno.

          Hoy particularmente quiero ofrecer mi palabra a los jóvenes; a quienes en esta causa han puesto sus expectativas; a quienes creen legítimamente que poner al Estado a tutelar su intimidad es una rémora; a quienes saben o sospechan que los bloqueos a sus decisiones están sostenidos en un acopio de excusas que luego el tiempo se encarga de desmentir; a quienes honran a otros y otras que desde el fondo de la historia han dado todo por derribar las restricciones a la autonomía personal.

          No alcanza con decir que uno está a favor de los derechos o de la libertad ‑eso sería fácil‑, sino que quienes la amamos debemos entregarnos a su conquista, construirla e identificar a los enemigos de la libertad y enfrentarlos argumentalmente.

          Al hecho de defender solo las libertades heredadas algunos lo llaman conservadurismo, pero yo lo llamo “comodidad”.

          Los enemigos de la libertad se acumulan: los estados autoritarios, los dogmas, la concentración, los lugares comunes irreflexivos, los modelos heredados, las etiquetas sociales, entre otros.

          La libertad molesta porque incomoda. La disciplina nos hace productivos, cooperar nos hermana, pero es la libertad la que nos hace humanos. En la libertad construimos nuestra conciencia y nuestra responsabilidad.

          Gozar es ser libres. Por ejemplo, es sorprendente que quienes no quieren que el Estado intervenga para regular un precio estén dispuestos a aceptar la intervención estatal en el cuerpo de una mujer, una intervención que puede terminar toda su vida y que produce efectos contrarios a los deseados.

          Muchos que dicen defender el libre pensamiento no tienen el coraje para aceptar que el 90 por ciento de los argumentos contrarios a la legalización del aborto son fundados en dogmas de fe, válidos desde el punto de vista personal pero que no pueden regir los destinos de una república plural. Por ejemplo, se arrogan el derecho a decir desde cuándo hay una persona, contrariando cualquier criterio de duda razonable.

          Los que deberían luchar contra los lugares comunes heredados no reconocen la existencia de un modelo jerárquico y antimeritocrático de organización social llamado patriarcado.

          Señor presidente: las sanciones y los señalamientos no nos hacen mejores. Es enfrentar los problemas lo que de verdad nos califica. Los datos son elocuentes: las sociedades que toman la decisión de dar este paso, a los pocos años bajan sustancialmente su número de abortos.

          Sin dudas, el bloqueo a esta iniciativa tiene una carga de negación. Arrastramos siglos de prohibiciones y de fracasos. Estas decisiones deben tomarse quitándose el miedo de encima. Al final del camino la barrera más poderosa contra la dignidad humana y contra la creatividad y el talento es el miedo. No es casual que siempre que un poder se ejerce con desmesura apele no solo a la fuerza sino también al miedo.

          Para terminar, quiero decir que el futuro no es la proyección del pasado. El futuro es más bien el resultado de enfrentar nuestros tabúes pendientes. El futuro será todo lo que nos animemos a transformar libremente.

          Por una vergüenza menos, por una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Muchas gracias. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Iglesias, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. Iglesias.- Señor presidente: vivimos en un país en el que contamos con 40.000 muertos por el COVID-19, cuando nuestro ministro dijo que el virus nunca iba a llegar a la Argentina; además, tenemos cuatro millones de nuevos pobres y cuatro millones de nuevos desocupados, de este gobierno que dijo que venía a girar no sé qué perilla y a poner al país de pie.

          Por otra parte, tenemos las violaciones a los derechos humanos más graves de la historia de la democracia. ¿De qué se ocupa el gobierno? De esto y de la impunidad de la vicepresidenta. Por lo tanto, hago mías todas las declaraciones de mi bancada respecto al oportunismo del tratamiento de esta ley en este momento.

          Sin embargo, acá estamos, hubo quórum y se discute este proyecto. Personalmente, no di quórum y no pensaba hablar, justamente por oponerme al oportunismo, y además porque ya dejé muy clara mi posición hace dos años.

          No voy a fundamentar mi posición. Simplemente voy a reiterar que la absoluta mayoría de los países a los que quisiera que se parezca a la Argentina tiene legalizada la interrupción voluntaria del embarazo. Sin embargo, no está legalizado en la mayoría de los países a los que, lamentablemente, nos estamos pareciendo cada vez más.

          Lo mismo sucede con respecto a las fuerzas políticas: tanto el liberalismo como la izquierda democrática en todo el mundo apoyan la interrupción voluntaria del embarazo, y particularmente las fuerzas liberales consideran que no puede haber una intromisión del Estado en decisiones que pertenecen al ámbito privado. Pero no quiero argumentar sobre este tema.

          En realidad, como dije, no iba a hacer uso de la palabra, pero visto que se va a votar en general y en particular en una sola votación, presenté una objeción porque de lo contrario no iba a tener la oportunidad de hacerlo cuando se tratara el artículo 4º.

          En este sentido, si quienes estamos a favor de la interrupción voluntaria del embarazo decimos que el aborto es posible porque no consideramos que el embrión sea ya un ser humano, simultáneamente debemos reconocer que un feto que es viable fuera del útero sí lo es. Y un límite mínimo para eso son las veinticuatro semanas.

          Por lo tanto, considero que así como la ley lo habilita hasta una determinada cantidad de semanas, y en el caso de una violación amplía ese límite temporal, ello también debe tener un límite: no puede prolongarse por todo el embarazo y no es razonable que la ley permita que haya abortos en el séptimo, octavo o noveno mes.

          Me parece que esto es muy evidente y es una noción básica de sentido común, que va de la mano directamente con el argumento de quienes creemos que existe un momento en el que el embrión se transforma en un feto viable. Por lo tanto, esto debe figurar en la ley.

          Al respecto, he recibido varias objeciones. Me parece que el límite claro es la semana veinticuatro. Al respecto existen precedentes en los protocolos de la ciudad de Buenos Aires, y aquellos a los que les interesen pueden verlos.

          Como dije, he recibido varias objeciones. La primera de ellas es que la ley y el Código Civil no preveían este límite; tienen razón, pero eso no nos impide mejorar la ley. Tenemos un Código Civil muy viejo que reconoce un derecho razonable, como es que una mujer que ha sido violada aborte, pero podemos mejorarlo. Que algo no esté contemplado allí no quiere decir que no deba estar.

          En segundo lugar, me dicen que no hay registro de interrupciones del embarazo posteriores a la semana veintidós. Puede ser, pero también es posible que haya fallas en la estadística. En todo caso, aquello que no debe ser debe estar prohibido por la ley. La ley está para evitar estos casos. No podemos dejar al arbitrio del médico la decisión sobre una u otra alternativa. Considero que por ley deberíamos poner un límite para que no haya un solo caso de aborto posterior a la semana veinticuatro.

          Finalmente, hay un tema médico, que es el de la responsabilidad de los profesionales. Nosotros con la ley estamos previendo sanciones para los médicos que se nieguen a interrumpir el embarazo. Por lo tanto, me parece lógico que les demos el instrumento para que puedan decir que si se trata de un embarazo posterior a la semana veinticuatro no lo practican, pero no porque se opongan a la ley o no cumplan con su deber, sino simplemente porque la ley lo prohíbe.

          Es decir, a los mismos médicos a quienes exigimos que cumplan con este tema porque es de salud pública, démosles un instrumento para que puedan negarse a practicarlo luego de la semana veinticuatro.

           Mi propuesta es muy simple. El artículo 4º inciso a) dice: “Si el embarazo fuere el resultado de una violación con el requerimiento y la declaración jurada pertinente de la persona gestante ante el personal de salud interviniente…”, y yo propongo que se agregue: “hasta la semana veinticuatro del proceso en curso”.

          Esa es mi propuesta de modificación y pido que la consideren cuidadosamente, sobre todo quienes quieren que esta ley sea viable, ya que me parece que es una buena objeción para quienes no quieren que sea ley. Simplemente solicito esta modificación. Gracias, señor presidente.

 

Sr. Presidente (Massa).- Solicito a los miembros informantes del dictamen de mayoría que tomen nota de este pedido de modificación para el momento del debate en particular.

           Tiene la palabra la señora diputada Vigo, por Córdoba.

 

Sra. Vigo.- Señor presidente: he  presentado un proyecto con el acompañamiento del bloque Córdoba Federal y, por lo tanto, voy a fundamentar en nombre de nuestro bloque los conceptos centrales que determinaron nuestra posición en este tema. Lamento decir que nuestro proyecto no fue tomado en consideración por ninguna de las cuatro comisiones involucradas en el tratamiento exprés del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo que, por cierto, encuentro por demás inoportuno.

          En primer lugar, considero que el aborto no es el ejercicio de un derecho de la mujer sobre su cuerpo, sino que en la enorme mayoría de los casos las mujeres sienten un dolor inmenso al momento de tomar esa decisión.

          Por eso, una vez más sostengo la necesidad de sancionar una ley con mirada humana, inclusiva y de justicia social, que además promueva el compromiso de varones y mujeres en materia de concepción, de anticoncepción y, en general, en las relaciones entre las personas.

          En mi opinión, sostener como principal argumento el principio de que el aborto es un derecho de las mujeres y de su autonomía consagra una visión individualista sobre el tema.

          Por esa razón, con apoyo de mi bloque propuse el proyecto alternativo contenido en el expediente 6.457‑D.‑2020 para que se despenalice la realización del aborto mediante un agregado en el Código Penal y se apruebe, en el mismo acto, el programa de prevención y asistencia en caso de interrupción del embarazo. Asimismo, que la decisión del Congreso de la Nación consista en una ley que tenga dos aspectos indisolubles: el agregado de un inciso en el artículo 86 del Código Penal que despenalice el aborto, incluyendo una cobertura en las situaciones de vulnerabilidad social, psicológica, de salud y económica, y además crear un programa de prevención y asistencia en situaciones de interrupción del embarazo para que no mueran más mujeres vulnerables.

          Sin embargo, no queremos tapar el sol con la mano. Por eso, acentuamos la necesidad de adecuar las disposiciones del derecho interno y los procedimientos de actuación institucional a los compromisos asumidos por el Estado argentino en materia de salud pública y derechos humanos, de las mujeres y de las personas con otras identidades de género con capacidad de gestar, a los fines de contribuir a la reducción de la morbilidad y mortalidad prevenible en relación con las personas en situación de interrupción del embarazo.

          En ese sentido, estamos de acuerdo, pero nuestra postura advierte al mismo tiempo que nuestra legislación no abre la posibilidad de considerar el aborto como un derecho de las mujeres.

          Claramente nos hemos manifestado contrarios a una prohibición absoluta, pero tenemos claro que del plexo constitucional y convencional de protección de derechos humanos tampoco surge una autorización genérica para la legalización del aborto. Esto constituye uno de los argumentos centrales por los cuales no hemos acordado con el criterio del Ejecutivo.

          Defendemos la necesidad, por cierto, de incorporar medidas que consideramos indispensables, como el cumplimiento de los protocolos para los casos de abortos no punibles, ya que el cumplimiento de la ley es una obligación para todos, se trate de médicos, directores de hospitales, jueces, consejeros, abogados o funcionarios.

          Uno de los calvarios que hemos visto padecer a muchas familias es que, en situaciones que sí encuadraban en la legislación que tiene casi cien años, se les daba vueltas y vueltas para que el aborto resulte impracticable.

          Estamos hablando de personas que se colocan por encima de la ley, tal como ocurrió en Córdoba cuando agitando el fundamentalismo cristiano -que nada tiene que ver con la iglesia católica ni con la religiosidad- hubo un amparo que frenó, durante más de ocho años, las prácticas que ya se habían convertido en jurisprudencia de la Corte Suprema, a partir del fallo FAL de Chubut.

          Hemos propuesto una tercera situación: cuando se haya practicado el aborto como resultado de una especial circunstancia de exclusión y vulnerabilidad de la persona gestante. Contemplar esta situación es de lo que se trata la discusión de hoy, es decir, no consolidar las desigualdades sociales y sumar además la revictimización de aquella mujer que concurre al centro médico porque siente que no puede seguir adelante con su embarazo. Ese agregado también refleja los índices que hoy la Argentina está tomando como índice de vulnerabilidad que, entre otras cuestiones, incluye el concepto de desintegración familiar como uno de los indicadores.

          Por otro lado, sostenemos que todo el sistema de salud debe comprometerse en la asistencia y el tratamiento posterior y preventivo de estas situaciones. En ese sentido, señalamos que los profesionales de la salud que intervienen de manera directa en la interrupción del embarazo tienen derecho a ejercer la objeción de conciencia, pero también señalamos que ese derecho es de las personas y no de las instituciones.

          Muchos de estos motivos que acabo de desarrollar nos apartan del proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo. Por motivos de tiempo, voy a dejar la cita de los párrafos de nuestra Constitución y de los tratados internacionales de derechos humanos y la voy a incluir en el texto que solicito insertar, señor presidente.

          Quiero mencionar especialmente el derecho fundamental de no discriminación de la mujer y el derecho de la salud sexual y reproductiva, porque pareciera que actualmente se confunden esos derechos con el aborto libre. Por ello, claramente sostenemos que despenalizar es descriminalizar y no es sinónimo de legalizar. Eso es lo que tan contundentemente plantea la legislación internacional cuando establece: “Para mantener su salud sexual y reproductiva, las mujeres, niñas y adolescentes necesitan tener acceso a una información veraz”, y también se refiere a estar informadas y empoderadas para autoprotegerse.

          Por otra parte, la realización de las prácticas de la interrupción del embarazo por parte de las mujeres en condiciones sociales de vulnerabilidad están claramente asociadas a las políticas públicas del Estado, referidas a la protección sexual y reproductiva, a la efectiva protección de la maternidad, a la democratización de la educación en este sentido, incluyendo la incorporación de los varones en la formación y responsabilidad de su propia conducta sexual y reproductiva.

          Por eso, también propusimos un Programa para la Prevención y Asistencia de las Mujeres y Personas Gestantes en Situaciones de Interrupción de Embarazo, a fin de que ese acompañamiento valorice la maternidad deseada pero también permita poner en práctica el derecho de una planificación familiar y reproductiva.

          Entendemos una ley que se distinga de un enfoque que nada tiene que ver culturalmente con esta parte del mundo ni con la Argentina profunda, que considera que el aborto no es un derecho que tenemos las mujeres sobre nuestro cuerpo.

          Queremos la sanción de una ley que, en todo caso, tome nota de que se trata de uno de los dolores que llevamos en nuestra vida solo las mujeres, como la consecuencia no deseada; no del doble discurso, que glorifica la maternidad al mismo tiempo que deja a la mujer abandonada a su suerte. Ninguna mujer debe ser penalizada por realizarse un aborto.

          Mi experiencia, como mujer y militante, me indica que las mujeres no hacemos abortos como ejercicio de ninguna clase de libertad, que difícilmente podamos decidir que sí elegimos abortar. Entiendo que, en general, las mujeres llegan a tomar esa decisión porque el embarazo se les hace insostenible. No queremos que sigan muriendo más mujeres, pero legalizar el aborto, hacerlo libre en cualquier situación, no es la respuesta y tampoco debe ser la salida a una relación frustrada.

          La mejor inversión para prevenir el embarazo no deseado y acompañar a las mujeres de menos recursos es la prevención y la asistencia en esa situación, para que se valorice la maternidad en la realidad y no solo en el discurso, para que el Estado asegure la información a las mujeres, a las parejas y las familias, para que accedan a ella a la hora de tomar decisiones.

          Los abortos ocurren...

 

Sr. Presidente (Massa).- Vaya redondeando, señora diputada.  

 

Sra. Vigo.- Sí, señor presidente. Hace más de treinta años que sostenemos que la penalización del aborto no pena el aborto sino la pobreza: la pobreza material y la de recursos. En todos los casos hay una sociedad evidentemente desentendida.

          Para terminar, quiero decir que en realidad es mucho lo que se ha legislado en materia de equidad social, del derecho a la Educación Sexual Integral, de parto humanizado, de acceso a la salud reproductiva, de los métodos anticonceptivos, de ligadura de trompas, de vasectomía. Pero, señor presidente, ¿usted ha conocido alguna campaña o debate que proponga a los varones comprometerse a no embarazar a una mujer por descuido? Todo eso está legislado como el derecho a la información y el derecho a la discriminación, pero lamentablemente el cambio se hace demasiado lento para estos casos.

          En estos debates he escuchado fuertemente que las mujeres ponemos el cuerpo. Pero quiero decir que ponemos mucho más que el cuerpo: ponemos el alma. Las palabras “aborto” y “libertad” no van bien en la misma frase.

          Compartimos la preocupación del presidente pero no podemos compartir el método que nos propone.

          Por todos estos motivos y por los que puntualizaré en mi inserción, adelanto el voto negativo del bloque Córdoba Federal. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Quiero aclarar a los señores diputados que me señalaban el tiempo de exposición de la diputada preopinante que el bloque Córdoba Federal unificó el tiempo de todos sus diputados en una sola diputada, que fue la que acabamos de escuchar.

          Aprovecho para agradecer la presencia en este recinto del ministro de Salud de la Nación, doctor Ginés González García. (Aplausos.)

          Tiene la palabra el señor diputado Di Giacomo, por Río Negro.

 

Sr. Di Giacomo.- Señor presidente: estamos viviendo en medio de una vorágine de cambios tecnológicos, conceptuales, científicos y socioculturales que alteran y transforman la forma de ver, de comprender y de aprender el mundo que nos rodea.

          En todos los sentidos podemos decir que la evolución que antes se medía en millones de años, después en miles y, finalmente, en cientos, hoy en día podemos ver que ni siquiera alcanza una vida -que para quien la está viviendo, será la eternidad-, porque la fugacidad de la misma implica que tenga que vivir cambios que a veces se dan dentro de una misma década.

          Entonces, en esa vorágine de cambios nos vemos compelidos a dejar aquellas cuestiones para las cuales nos habían formado e informado, inclusive genéticamente. Por ejemplo, nos ha sucedido de pasar de un día para el otro de la galaxia Gutenberg a esas pantallas en las cuales nos vemos incluidos online en forma permanente.

          ¿Cómo no entender entonces los cambios que también se deben dar a nivel de derechos, de existencia, de presencia y de posibilidades para los distintos seres humanos? Acá es donde yo creo que este proyecto que hoy estamos votando implica la ampliación de derechos para la mitad de la humanidad; o, en este caso, para la mitad de los habitantes de la Argentina, que son las mujeres.

          Estamos tratando un proyecto de ley que no obliga a nada pero que confiere posibilidades y derechos. Estamos tratando un proyecto de ley que, de alguna manera, nos va a hacer cambiar la cabeza respecto de términos que hoy en día nos son familiares: clandestinidad, criminalización, ocultamiento, vergüenza, pecado, ignorancia. Todos estos conceptos tienen que ver con la interrupción del embarazo pero también con la sexualidad. Tienen que ver con una vivencia de la sexualidad que durante siglos fue marcada como un pecado, como algo prohibido, especialmente por las tres grandes religiones monoteístas.

          En ese sentido, creo que tenemos que empezar a ver que nuestras semejantes, las mujeres, evidentemente tienen la posibilidad de ser vistas en forma distinta a como desde esas jerarquías eclesiásticas se las ha condenado a través de los siglos.

          El filósofo Michel Onfray dice que respeta ‑y yo hago mío ese respeto‑ a todos los que se prosternan ante un Dios, pero que de ninguna manera debe el mismo respeto a los que administran esa prosternación. Y esto es lo que quiero decir: llamar a la reflexión a quienes desde la religión, desde esas jerarquías, todavía posicionan a las mujeres en un lugar secundario, inferior, un lugar que es nada más que de servicio. Incluso, con la sacralización de la maternidad y la virginidad, las están llevando a ese lugar de reservorio, de depósito y de servicio, en el cual quedan únicamente compelidas a vivir.

          No voy a abundar en las cuestiones jurídicas, constitucionales y científicas que diferencian claramente lo que es la vida de la persona, porque ya se ha hablado mucho en todas las comisiones y ya se ha discutido este asunto a través de los años y de los más de 900 expositores que en la anterior oportunidad estuvieron presentes en esta discusión.

          No voy a hablar de eso porque cada uno ya ha edificado su posición. Pero sí tengo que decir que hay una colisión de derechos entre esa vida que está presente aun antes de la concepción, y esto tengo que decirlo como médico ‑o sea, la vida que está en el óvulo, en el espermatozoide, en las células de la piel; así como la vida que está en las plantas, en los animales y en todos lados, algo que sabemos gracias a la biología, la física y la química que nos han podido hacer comprender todo esto‑, y la situación de la mujer que siente la necesidad de ocultar aquello que está criminalizado y visto como pecaminoso y quiere terminar con eso de una vez.

          Este proyecto de ley que hoy estamos votando -y del cual adelantamos nuestro voto a favor- tiene que ver no solo con la decisión de la interrupción del embarazo, sino con lo se debe hacer en su posterior atención permanente, que en todo caso no va a aumentar sino disminuir, a partir de la educación y la comprensión de los problemas, la cantidad de abortos que puedan llegar a haber.

          No estamos a favor del aborto ‑nadie lo está‑, pero la interrupción del embarazo en una mujer que no lo ha elegido, a la que le ha llegado en un momento inoportuno y no solo le alterará su cuerpo sino la vida que tiene por delante, es algo que debe estar contemplado.

          Respecto de esa colisión de derechos, nosotros estamos absolutamente de acuerdo con que esta ley va a posibilitar que la mujer adquiera ese grado de paridad necesario en la vida, que ya estamos logrando en tantas otras cuestiones.

          Finalmente, nunca hubiera pensado que iba a coincidir con el diputado preopinante; esto es lo bueno de la democracia y del parlamentarismo. Pero en este caso, y porque la transversalidad así lo requiere, voy a coincidir con lo expresado en cuanto a que, evidentemente, cuando un feto es viable, no es un aborto.

          En ese punto ya estaríamos ante un problema de ética y de comprensión que debe ser atendido porque, si no, vamos a estar ante situaciones que se van a judicializar y pueden perjudicar a los colegas que se enfrenten a ese tipo de situación. Por lo tanto, voy a acompañar la observación respecto de modificar el artículo respectivo y poner como límite la semana 24 de gestación. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Maquieyra, por La Pampa.

 

Sr. Maquieyra.- Señor presidente: estamos a dos años de haber rechazado el proyecto de ley sobre aborto, como ocurrió en 2018. Hoy nuevamente volvemos a debatirlo, pero esta vez con un gran contraste con lo que fue aquel debate.

          En 2018 tuvimos más de dos meses para debatir este tema, y este año lo tratamos en una semana. En 2018 escuchamos a más de setecientos oradores, y ahora, a no más de treinta de cada postura. En 2018 tuvimos más de quince reuniones de comisión, y en este caso tuvimos que resolverlo en tres reuniones.

          Todo eso me lleva a estas preguntas, señor presidente. ¿Qué quiere lograr el gobierno con un tratamiento exprés del aborto?  ¿Qué quiere lograr el gobierno llevando este conflicto a la mesa de todos los argentinos?  

          A priori, se me ocurre que lo primero que quiere lograr es que no se vea lo que están haciendo en la Cámara de Senadores, donde están estafando a todos los jubilados. Eso es lo primero que quiere lograr el gobierno con esta ley. (Aplausos.)

          Este debate es oportuno, porque los debates siempre se tienen que dar, pero detengámonos unos segundos a pensar en este fin de año tan difícil para todos los argentinos. Este fin de año está complicado para las pymes, para aquellos que han perdido su trabajo. Los pampeanos no se están preguntando si hoy sale el aborto o no. Los pampeanos que me escriben no me están preguntando qué va a pasar con esta ley. Los pampeanos se están preguntando si van a poder ver a sus familias a fin de mes, si van a poder estar reunidos en Navidad y en Año Nuevo, o si el año que viene seguirán teniendo el trabajo que hoy tienen.

          En este año tan duro, en vez de debatir cómo podemos reactivar el país, cómo podemos lograr que la Argentina crezca y cómo podemos bajar los índices de pobreza, estamos metiendo un debate conflictivo en la mesa de los pampeanos y de todos los argentinos. Lamento que estas sean las prioridades del gobierno y no lo que cada argentino tiene en su agenda.

          Se ha argumentado que este es un debate de salud pública. En 2018 se hablaba de 350.000 muertes y se decía que el aborto era la principal problemática por la cual se morían las mujeres. La verdad es que si vemos las estadísticas, la principal causa de muerte entre las mujeres es el cáncer de mama. Y esas muertes, como las diecinueve que hubo en 2018 por abortos –y que tenemos todos los años‑, se solucionan con prevención. En el caso del cáncer de mamá, más del 90 por ciento de los casos se pueden prevenir.

          Por eso, hay que trabajar de esa manera. Argentina, Chile y Uruguay han bajado la mortalidad materna sin legalizar el aborto. Entonces, vayamos por esa vía. Implementemos políticas públicas de prevención para evitar los embarazos y, sobre todo, apelemos a la conciencia de los hombres y las mujeres.

          Señor presidente: se dice que esta ley es inclusiva. Creo que el tema de la semana 14 no tiene ningún otro objetivo ni ningún otro fin científico que uno muy oscuro: entre la semana 11 y la semana 14 se puede hacer una ecografía para detallar si la persona por nacer puede llegar a tener un problema genético. Mediante este proyecto, la persona gestante podría decidir si su hijo o su hija nace o no, según la capacidad que vaya a tener en su vida. Con este proyecto estamos llevando a una Argentina que decida que los más indefensos no nazcan. Este proyecto implica todo lo contrario a lo que tenemos que hacer para las personas con discapacidad, que es aceptarlas, incluirlas, que formen parte de la sociedad; no eliminarlas. (Aplausos.)

          También se ha dicho que este es un debate social, que hay mujeres que abortan para poder seguir sus proyectos de vida. Cambiemos esas normas. Tengamos un país que incluya a la mujer que quiera tener a su hijo; que incluya a todas las mujeres embarazadas para que puedan estudiar con facilidades, tengan ese proyecto de vida y que esta situación no se los impida. Seguramente ese es el camino más difícil, pero al Estado la única solución que se le ocurre es eliminar a esa persona por nacer. 

          Entonces, ¿por qué se debate? Ya vimos que no es un debate de salud pública. Esta norma no es inclusiva y no es una discusión que esté en la agenda de los argentinos.  Hay un choque de derechos, como había dicho alguno de los diputados que me antecedió en el uso de la palabra, entre el claro derecho que tiene la mujer a decidir sobre su cuerpo y el derecho a la vida de la persona por nacer, y esto no lo estamos considerando.

          Frente a un choque de derechos, nosotros siempre tenemos que acompañar al más indefenso; siempre debemos estar del lado de aquel que no puede decidir sobre su cuerpo. 

          Iré concluyendo, no me tomará demasiado tiempo esta parte final. Ya dijimos en 2018, y lo repito en esta instancia, que tenemos que tomar el camino difícil, que es con educación sexual, con métodos anticonceptivos, con un Estado que acompañe y no descarte a las mujeres y las víctimas de esos abortos. 

          Por eso, pregunto qué Argentina tendríamos si seleccionamos quién nace, o qué Argentina seríamos si descartamos a los que tienen una necesidad especial.

          Señor presidente: no permitamos que se legalice el descarte. Ante la crisis que estamos viviendo, con los niveles de pobreza que tenemos y con un Estado fundido, cada peso que vamos a poner en un aborto será un robo a aquellos que tienen hambre y no tienen para comer; será una estafa para aquellos que no tienen vivienda, cloacas ni servicios. En definitiva, cada peso que gastemos en estos abortos constituirá un robo a la vida de quienes quieren nacer y no les será permitido. Por eso, hoy volvemos a decirle sí a la vida. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Caparrós, por Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

 

Sra. Caparrós.- Señor presidente: en primer lugar, quiero agradecer el trabajo que han llevado adelante todas las comisiones en este Congreso. Ha sido un trabajo respetuoso, con debate, con escucha de todas las posiciones que se plantearon en un tema que indudablemente es duro. Sin embargo, me cuesta escuchar lo que estoy escuchando en este momento en el recinto, cuando hablan de que estamos legislando para promover el aborto. 

          Yo estoy a favor de la vida y en contra del aborto, y quiero que quede claro. Reitero: estoy a favor de la vida y en contra del aborto. ¿Qué significa esto? Que para estar a favor de la vida, las mujeres debemos tener derecho a la salud, derecho a decidir, derecho a cuidarnos, derecho a no embarazarnos si no queremos.

          Por eso necesitamos acompañar este proyecto, porque lo que está pasando ahora es que en este momento, mientras en este recinto los unos y los otros estamos debatiendo, se están haciendo abortos en algún pueblo o en algún lugar de la Argentina y no nos enteramos.

          Con esta iniciativa estamos volteando esa premisa de que lo que no vemos no existe. El aborto existe ahora y existió desde mucho antes. Las mujeres abortan, y lo hacen en la oscuridad, en la soledad, en el silencio, con riesgo de muerte por no alcanzar a llegar a un hospital y con el riesgo de dejar a otros hijos sin madre. Entonces, de esto estamos hablando.

          ¿Qué significa poder hablar del aborto y sacar los aspectos punitivos que lo rodean? Permitir que la mujer se acerque a un centro de salud para consultar. 

          Es cierto lo que decían muchos compañeros y compañeras: tenemos que acompañar esto con educación para la salud y para una sexualidad responsable, con consultorios para adolescencia y con información para aquellas mujeres que sí tienen recursos y cuentan con una obra social, a fin de que accedan a un método anticonceptivo. Pero también debemos acompañar con la provisión de esos métodos anticonceptivos para aquellas mujeres que no los tienen. 

          Los centros de salud de cada barrio deben tener consultorios para acompañar a las mujeres en cuanto a la información y el acceso a esto. 

          No estamos legislando para la muerte. Yo no me voy a hacer cargo de esto que están diciendo. Soy católica y respeto todas las creencias religiosas, pero creo que la religión en esto no tiene nada que ver. Estamos hablando de un derecho. Las mujeres necesitamos acceder a este derecho que nos permita decidir con responsabilidad. 

          Seguramente más tarde acompañemos con nuestro voto la sanción del proyecto de protección por los primeros mil días de vida. Se trata de un programa importantísimo, porque quien recibe a una mujer que viene con el planteo de que quiere abortar debe saber que existen alternativas de acompañamiento. Pero quien la recibe también tiene que escuchar por qué esa mujer quiere hacerse un aborto. 

          Señor presidente: el aborto no es gratuito para las mujeres, sino que tiene un altísimo costo psíquico y conlleva un gran dolor, y cuando se toma esa decisión, debe hacerse con todo el acompañamiento posible. No obstante, si la mujer insiste en realizar el aborto, debe ser respetada. Se trata solo de esto. No me vinculen a mí con la muerte. Creo que no nos tienen que vincular a ninguno de estos diputados con la muerte. (Aplausos.)

          Estamos legislando para la vida; estamos legislando para que las mujeres tengamos más derechos: derecho a la información y derecho a la Educación Sexual Integral, que hasta ahora no se pudo aplicar, lo cual es asombroso. 

          Es asombroso que una ley que ya fue sancionada y que es de cumplimiento obligatorio no se pueda aplicar.  Conozco muy pocos lugares donde se está aplicando esta ley.  Entonces, esto es como para pensarlo, es decir, si se trata solo del aborto o si hay otras cuestiones sobre el dominio y la pérdida de derechos de las mujeres. Por lo tanto, me parece que debemos trabajar fuertemente en esto.

          Le agradezco a Alberto Fernández por haber enviado este proyecto de ley en este momento, que está incluido dentro de todo el paquete de normas. También quiero felicitar al ministro Ginés González García -quien se encuentra presenciando esta sesión- por su participación en este proyecto de salud que está hoy armándose para la Argentina. No tengo dudas de que nuestro país va a salir de esta pandemia y contaremos con un programa económico que nos permitirá salir adelante una vez que tengamos las vacunas. 

          Entonces, creo que este es un muy buen momento para tratar este proyecto. Vaya todo mi agradecimiento por esto. Ojalá que sea ley. (Aplausos.)

 

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Ramón, por Mendoza.

 

Sr. Ramón.- Señor presidente: desde que me tocó asumir como diputado de la Nación, esta es la segunda vez que participo de este debate que, a mi entender, se propone a partir de dos concepciones realmente muy opuestas. Existe aquí una colusión de derechos, donde creo que se hace muy difícil lograr un consenso a partir de la legitimación de una mayoría legislativa circunstancial.

          Pienso que esta discusión necesita resolver lo siguiente: si votamos este proyecto de ley por un tema personal y de conciencia por que lo creemos que significa la vida, por un lado, o si lo aprobamos por lo que creemos que significa la libertad de la mujer de tomar una decisión y hacer una elección. 

-             Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1º de la Honorable Cámara, doctor Omar De Marchi.

 

Sr. Ramón.- La verdad es que pensarlo solamente desde lo personal y desde nuestra conciencia produce una colisión que no le da legitimación a la decisión que tomemos en el Congreso, y es fuerte lo que estoy diciendo.

          En 2018 tuvimos la oportunidad de pasar por meses en los que cada una de las posturas, por el sí o por el no, simplemente marcaba una posición; pero, créanme, no hubo debate. El debate fue con especialistas y con profesionales. Ocurrió y ocurre hoy con nuestras familias, con nuestros amigos y en otros ámbitos. Pero cada uno se limita a marcar su posición. 

          Hay una colusión de derecho y hay una falta total de consenso en las bancas que ocupamos como legisladores.  ¿Por qué? Porque lo que votamos nosotros tiene que ver con una cuestión de conciencia, con aquello que creemos desde lo personal. Ello, mientras que lo que piensa toda la comunidad a lo largo y a lo ancho de toda la Argentina ‑permítanme decirlo‑ no se verá reflejado en la votación que hagamos muy pronto, en relación con lo que ocurre en las grandes urbes, en esta capital y en las grandes capitales de nuestro país. Hay un mundo inmenso, enorme, que tiene toda una concepción filosófica de vida, sobre todo respecto de un tema que hace a la consideración de la vida. 

          Podemos argumentar técnica y científicamente en este recinto lo que ya hablamos y resolvimos en las comisiones y en el resto de las discusiones. Pero estamos ante un tema social, que hace a la convivencia y a las comunidades que no están siendo escuchadas en este debate que llevamos adelante en el Congreso de la Nación.

          Provengo de una familia en donde la consideración por quien está enfrente es muy grande. De hecho, más allá de mi convicción personal -aclaro que en ese sentido voy a emitir mi voto‑, reconozco que enfrente existe alguien que está discutiendo por la libertad, por la posibilidad de tomar una decisión, por la necesidad que tienen las mujeres de salir de este retraso de nuestra sociedad paternalista y por la necesidad de que la mujer recupere sus derechos. Está bien, y yo reconozco que eso existe enfrente, pero créanme: este debate, que es transversal a toda nuestra sociedad, no puede ser resuelto legítimamente por aquellas mayorías circunstanciales que ocupamos hoy las bancas en el Congreso.

          Después del debate del 2018 quedó a las claras que cada uno impone, como si fuera un partido de fútbol ‑con el poroteo de los votos‑, cuál va a ser la decisión que se tome, pero no se logra un debate intenso ni profundo. Cada familia y cada persona que vive a lo largo y a lo ancho de toda la Argentina tiene derecho a esta discusión.

          Más allá de lo que pensemos nosotros, creo que este debate va a continuar. Hoy un colega pidió el tratamiento sobre tablas de un proyecto pero, al momento de votar, ninguna de las dos posiciones pensó en hacer una consulta popular no vinculante. Al no haber consenso, la consulta popular no puede ser vinculante. No existe consenso.

          De manera tal que muy productivo al debate hubiese sido que desde el Congreso de la Nación permitiéramos que cada argentino, después de un largo debate ‑que no se da solamente en esta Capital o en las grandes urbes‑ pudiera emitir su voto por el sí o por el no.

          Existe un último tema al que me quiero referir, que tiene que ver con el primer proyecto que presenté cuando asumí en 2017: hay que penalizar a todo aquel que hace una promesa en campaña y después, mientras está en funciones, procede de cualquier manera.

          Por lo tanto, siguiendo mi promesa de campaña hecha allá en 2017, voy a reafirmar mi voto negativo en relación con el proyecto que estamos tratando en este momento.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Lena, por Entre Ríos.

 

Sra. Lena.- Señor presidente: seguramente no voy a aportar nada novedoso que ya no se haya dicho o estudiado sobre este tema de la despenalización, que tiene para algunas décadas de lucha.

          En este sentido, quiero recordar a Florentina Gómez Miranda, defensora de los derechos de las mujeres. Ella fue un orgullo no solamente para mí partido -la Unión Cívica Radical‑, sino para todo el arco político y la sociedad. Esa diputada fue la primera en presentar un proyecto de ley sobre despenalización. Hace ya más de 20 años hablaba de que había que descorrer los velos para tratar estos temas sin hipocresía.

          Tengo la profunda convicción de que en este tema ‑que existe y duele‑ no podemos mirar para el costado. No podemos dejar estos problemas debajo de la alfombra, y mucho menos lo puedo hacer el Estado.

          Nosotros, los legisladores, debemos legislar sin creencias religiosas y sin tener en cuenta las experiencias personales pero, por sobre todas las cosas, sin hipocresía.

          Este es un tema difícil y doloroso que directa o indirectamente nos ha afectado a todas las mujeres sin distinción de ideología, de creencia religiosa o de nivel educativo o económico.

          La penalización o la criminalización que existe en la actualidad no evitó ni evita que los abortos existan. De esta manera, esta situación lleva a las mujeres al ámbito oscuro e inseguro de la clandestinidad, y pueden quedar con secuelas graves o, peor aún, terminar con su vida.

          Es innegable que las más desprotegidas son las mujeres de los sectores sociales más vulnerables, aquellas que no tienen recursos económicos ni simbólicos.

          Penalizar no es el camino. Lo que estamos tratando en este recinto hoy no es “aborto sí” o “aborto no”, o si estamos a favor de la vida o de la muerte. Estamos debatiendo si mantenemos vigente un sistema de causales que es restrictivo en la práctica o si ampliamos los derechos al aborto legal, seguro y gratuito hasta la semana catorce de gestación.

          Razones jurídicas para avalar este proyecto sobran. Las escuchamos atentamente en este debate. Las escuchamos hace dos años. Las escuchamos la semana pasada en el plenario de comisiones. Ha habido argumentaciones de un lado y del otro, pero las estadísticas oficiales hablan de más de 40.000 internaciones por abortos inseguros al año, por lo que se calcula que se practican entre 350.000 y 500.000 abortos a lo largo y a lo ancho de nuestro país.

          Señor presidente: si esta norma se sanciona, no va a obligar a nadie a abortar. Pero a aquella mujer que de manera personal y dolorosa así decide hacerlo, se le darán las opciones y se le garantizará el derecho a una decisión libre e informada, sin perjuicio, ni prejuicios y sin discriminación, hasta la semana catorce de gestación.

          Pero si decide continuar con su embarazo, la ley de los 1000 días le ofrecerá la protección. Si decide interrumpirlo, la protección está dada por esta ley.

          Las experiencias de otros países con leyes menos restringidas que las nuestras, nos muestran cómo se han estabilizado las estadísticas y, sobre todo, cómo se han evitado las muertes maternas. Uruguay es un camino. Uruguay es una experiencia que debemos tener en cuenta.

          La penalización del aborto no disminuye ni disminuyó el número de casos de interrupciones de embarazos. Tampoco salvó ninguna vida. El camino de la educación sexual integral y obligatoria, el acceso a los métodos anticonceptivos y esta ley servirán para disminuir estos hechos y dejar de lamentar situaciones dolorosas.

          Por lo tanto, adelanto mi voto afirmativo. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Martínez Villada, por Córdoba.

 

Sra. Martínez Villada.- Señor presidente: nuevamente nos encontramos acá en este recinto, igual que hace dos años, para debatir el tema de la vida humana, la cual defiendo en todas sus circunstancias y en toda su trayectoria.

          Nuestro ordenamiento jurídico nacional ‑la Constitución Nacional, los tratados internacionales y el Código Civil y Comercial‑ reconocen la vida desde el momento de la concepción, y por el mismo lugar va la ciencia. La fusión de ese óvulo y ese espermatozoide constituye el comienzo de esta vida humana que empieza su desarrollo.

          Esta fusión, llamada embrión, empieza a transcurrir dentro del útero materno, que es indispensable para su desarrollo. A continuación, luego de su nacimiento, necesita la atención de su madre para crecer en los primeros años. Esta es la trayectoria de la vida humana.

          A mi criterio, esta vida humana no puede ser interrumpida. Acá no hay categorías de vida: es una sola vida y la respetamos o no, desde el punto de vista científico y legal.

          Me hago esta pregunta: se habla de los derechos de la mujer sobre su propio cuerpo. Es una gran falacia, en mi opinión, porque no es el propio cuerpo de la mujer, sino el cuerpo propio de otro ser que está dentro de su útero o vientre y que tiene un ADN e identidad propia. Ese ADN donde identificamos cadáveres, criminales, muertos y filiaciones. Este ADN con este valor independiente es otro ser humano. Aquí hay una contraposición de derechos que está totalmente en diferentes estados.

          Es aquí donde el Estado debe estar para defender el derecho de esa persona más vulnerable, que no tiene voz, que no se puede hacer escuchar, que no puede defenderse. Es aquí donde el Estado debe estar tutelando la vida de este ser humano.

          Estamos en presencia de un abuso de poder de la madre sobre la vida de este otro ser o niño por nacer dentro de su vientre y que no tiene otra defensa que no sea la ley del Estado.

          No tenemos categorías de vida y no necesitamos capacidades intelectuales, cognitivas o manifestaciones hacia el mundo exterior para decir que existe vida. Toda esta evolución es una vida y una vida humana.

          Qué tremendo es decir que el útero materno sea el mayor lugar, peligro y oscuridad para un ser que quiere nacer. ¿Cómo es posible, contradictorio y antinatural que ese útero materno sea el lugar más peligroso para un ser humano?

          Quiero decir que se habla del acrecentamiento de los derechos de la mujer. Creo que la mujer tiene derechos y cada conquista de ellos es un logro. Pero el derecho de la mujer tiene un límite: no podemos atravesar el derecho a la vida ni invadirlo.

          También se habla de la cuestión del desarrollo. Todos los países desarrollados han legalizado el aborto. Creo que es así. Pero pongamos la atención en el desarrollo. En su nombre también se han cometido grandes atrocidades. En su nombre hemos llegado a contaminar el planeta y destruir especies. Nos escandalizamos en este momento en que hemos logrado tomar conciencia de esta problemática, pero vamos a eliminar vidas humanas cuando somos el centro de este planeta y los encargados de cuidar el medio ambiente. Son grandes las contradicciones.

          Creo que evidentemente el aborto existe y es una realidad, pero no se soluciona con una ley que lo legalice y una pastilla de Misoprostol.

          Esta es una trayectoria en la que el Estado debe brindar políticas públicas de acompañamiento a estas mujeres en situación de soledad y vulnerabilidad. Esto no es una falta de empatía ni de sensibilidad hacia el sufrimiento de estas mujeres.

          Por lo expuesto, voy a votar en contra del proyecto en consideración. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palaba la señora diputada Crescimbeni, por Buenos Aires.

 

Sra. Crescimbeni.- Señor presidente: buenos días a todos los colegas y a todos los que están afuera esperando. Es un día emocionante para muchas y muchos de nosotros después de una trayectoria larga de muchísimas mujeres, como Florentina Gómez Miranda -a la que tengo en la remera y ha sido pionera en la gesta por la interrupción voluntaria del embarazo-, las mujeres de la campaña y tantas otras desconocidas y desconocidos que desde hace años vienen trabajando para que cada vez tengamos más derechos y libertad.

          A todos ellos y a todas ellas les quiero contar una historia personal, de hace más o menos treinta años, cuando mi papá había optado por ir al seminario y luego decidió irse y estudiar abogacía, conoció a mi mamá        –estudiante de Psicología- y quedó embarazada de mí.

          Fueron al médico, quien les preguntó que querían hacer. Se los preguntó ya en ese momento. Se sentaron en un banquito en la plaza, dijeron que no querían hablar con nadie y que entre ellos querían decidir qué hacer. Y eligieron tenerme.

          ¿Por qué les cuento esta historia? Todos saben que voy a votar a favor de este proyecto. Desde hace años venimos militando con las juventudes que nos acompañan por la interrupción voluntaria del embarazo. Entonces, les cuento esto por dos motivos. Por un lado, para que sepamos y no olvidemos que el aborto es una realidad desde hace siglos. Hace mucho que existe, les guste o no verlo.

          Este proyecto sobre el cual hoy tenemos el honor de trabajar aquí lo que propone no es abortar o impulsar el aborto. Por el contrario, lo que propone es ver una realidad que existe, que nos atraviesa desde hace décadas y que nos duele mucho.

          Por otro lado, cuento esta historia porque mis padres fueron libres de elegir. Partieron de una decisión y de información. Cuando me educaron no lo hicieron en la mentira, no me inventaron una fecha de nacimiento porque no estaban casados, no me dijeron que había sido intencional ese embarazo, sino deseado.

          Desde muy chica me educaron con toda la información en materia de educación sexual para poder elegir. Pero aun así insisto en que también es un valor -lo digo para muchos que hablan de valores- entender las realidades diversas que atraviesan a las maternidades en todo nuestro país, que nos duelen, nos hacen ser muy frágiles y muchas veces nos dejan en total soledad, clandestinidad y angustia. Cuánto mejor es que el Estado sea parte de eso. Precisamente sobre eso estamos trabajando hoy, junto con el proyecto de los 1000 días.

          Me refiero a la posibilidad de que el Estado se haga presente, acompañe y, con el Estado, lo haga toda la sociedad. Hay que decir que no nos relegamos ni escondemos esta realidad, porque también es muy fácil dedicar un tiempo a este debate y después olvidarnos de lo que sigue pasando diariamente en la provincia de Buenos Aires y en todo el país.

          Por eso mismo quiero decir a todos los están hoy acá que sabemos que en definitiva compartimos el deseo de tener una sociedad mejor. Quizás no estamos de acuerdo todavía en cuanto al esquema para hacerlo, pero todos queremos una sociedad justa que acompañe y no criminalice.

          Si bien una señora diputada preopinante dijo que este proyecto fue presentado por el actual presidente de la Nación, también quiero reivindicar la forma en que por suerte llegamos a esta instancia, después de un debate muy largo que desde Juntos por el Cambio impulsamos en 2018, lo que también vienen haciendo muchas mujeres desde hace muchos años. Esto también nos permite tener la madurez de poder conversar, de haber llegado a las casas de cada rincón de la Argentina para dialogar sobre muchos temas que duelen, angustian y son complejos.

          Pero nuestra generación quiere hablar más y no menos. Quiere que estos temas estén sobre la mesa y no que sea imposible hablar de ellos con nuestros padres o con ninguna persona y nos sintamos solos a la hora de encontrarnos en esa situación. Eso es lo que estamos votando y proponiendo hoy acá.

          Creo que también de alguna forma llegó la hora de dejar de lado la hipocresía de defender públicamente banderas que después no se sostienen, como así también el cinismo y la lamentable postura de dejar muchas veces que se sucedan las violaciones y los abusos en nuestro país, de los que tantas niñas son víctimas.

          Por eso quiero decirles que hoy no soy solamente Camila, sino también Lucía, de once años, y la niña de Casilda, en Santa Fe, de doce años, que fueron obligadas a maternar contra su voluntad y fruto de abusos y violaciones. A ellas debemos agregar muchas otras niñas sin nombre cuya identidad ha sido preservada justamente para defender, aunque sea, el mínimo derecho a la privacidad.

          Hoy soy todas ellas, que piden que este proyecto sea ley. Que no las dejemos en el ocultamiento y la clandestinidad. Somos parte de una sociedad que elige ver de frente la realidad y lo que nos sucede.

          Pedimos mucha más educación sexual y que no volvamos atrás con este debate. Esta es la realidad y tenemos que ser más claros con nuestros niños, niñas, hijos, hijas, nietos, nietas, y la sociedad toda. Me refiero a una sociedad que mire de frente lo que nos sucede, no nos ignore y no nos deje en la clandestinidad.

          Para cerrar, como dije antes, en pos de la unidad todos compartimos el valor de querer una sociedad más justa. Creo y confío en todos los que estamos reunidos y tratamos de representarlo.

          Hoy expresamos el amor por la vida. Quiero reivindicar y levantar la bandera de que muchas de las que elegimos y defendemos la maternidad como camino también amamos la vida. Defendemos lo imprescindible del acompañamiento y del derecho a elegir, a decidir, a estar presente y a llevar más luz y más comunicación. Digo no a la clandestinidad, no al ocultamiento, no a los tabúes y no a dejarnos relegadas a llegar a un aborto clandestino en soledad.

          Por lo expuesto, compañeras, compañeros y colegas de todos los interbloques, pedimos por favor que nos acompañen y que sea ley.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Massetani, por Santa Fe.

 

Sra. Massetani.- Señor presidente: el proyecto en tratamiento busca otorgar un marco legal a la interrupción voluntaria del embarazo, un tema que genera divisiones en la sociedad y entre nosotros como representantes del pueblo.

          Muchos diputados presenciamos el mismo debate en 2018 y hoy lo volvemos a hacer a instancias del Poder Ejecutivo nacional.

          En primer lugar, quiero señalar que mucho se ha hablado de la oportunidad del tratamiento de este proyecto de ley en este mes tan especial. La verdad es que defiendo su consideración porque me siento del lado de la institucionalidad y de la Constitución Nacional que en su artículo 22 señala que el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes. Entonces, quienes estamos reunidos en esta sesión, tenemos que asumir esa responsabilidad política, porque afuera están las personas que nos votaron para que los representemos y demos este debate, aunque a algunos no nos resulte tan simpático.

          Señor presidente: durante en estas últimas semanas, así como también en 2018, nos hemos reunido en comisión. Contamos con las exposiciones de magistrados y funcionarios a quienes escuchamos en el más absoluto de los respetos, al igual que lo hacemos ahora en este recinto, donde reina ese mismo respeto que nos debemos entre nosotros. No se trata de la inmunidad de opinión, sino del pacto que hicimos de respetarnos. Tanto verdes como celestes vamos a hacer honor a este pacto, que espero continúe al final del día.

          Quienes defienden el proyecto en consideración sostienen que hay un mundo clandestino de miles de abortos y que se trata de un problema de salud pública. También se habló de la justicia social, del derecho al goce, de que no toda mujer embarazada se siente madre y de que el proyecto es una ampliación de derechos. Respecto a que no toda mujer se siente madre, quiero hacer una breve aclaración: el Estado no obliga a maternar, el Estado obliga a parir. Soy madre y creo que la maternidad es mucho más abarcativa que el hecho de parir.

          Quienes nos sentamos en la vereda opuesta hemos manifestado en reiteradas oportunidades nuestra defensa irrestricta a la vida. Este derecho se sustenta en la Constitución Nacional y en los tratados internacionales con jerarquía constitucional. Quiero recordar a los diputados que muchos de nosotros hemos jurado sobre la Constitución Nacional, y voy a hacer honor a ese juramento.

          La Constitución Nacional no establece de manera caprichosa que hay vida desde la concepción. Nadie, ni en el debate de 2018, ni en el realizado en las reuniones de comisión durante este año, pudo sustentar de manera científica que no hay vida desde la concepción. Así lo receptó nuestra Constitución Nacional y no en forma caprichosa.

          A veces nos resulta hasta gracioso escuchar a algunos expositores y funcionarios el esfuerzo dialéctico que hacen para no llamar a las cosas por su nombre. (Aplausos.)  

          Señor presidente: resulta revelador saber lo que puede realizar el fenómeno: (Aplausos.) “Se mueve.” “Da patadas.” “Agita los brazos, la cabeza.” “Se chupa el dedo, la mano.” “Hace gestos con su cara.” “Bebe líquido amniótico y hace pis.”

          Muchos festejamos que este presidente haya creado el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género, y Diversidad Sexual. Sin embargo, no creo que este tema sea prioritario.

          Lamentablemente, no pude encontrar la cifra exacta, pero hasta octubre de este año se contabilizaron 257 femicidios. Al mismo tiempo, 19 fueron los abortos voluntarios que pudieron probarse en las comisiones. (Aplausos.)  Entonces, ahí vemos cuál es la prioridad.

          Por otro lado, ningún funcionario va a decirme lo que yo tengo que hacer hoy en esta banca. (Aplausos.)  Ellos fueron elegidos a dedo; a mí me eligió el pueblo.

          Para terminar, porque sé que tengo que redondear, agradezco al movimiento celeste que nos acompañó en 2018 y sigue haciéndolo. Asumo la responsabilidad que me dieron y quiero que sepan que van a encontrar en mí una diputada dispuesta a defender la vida de todos. (Aplausos.)  

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Sapag, por Neuquén.

 

Sra. Sapag.- Señor presidente: en primer lugar, lo felicito por su debut como presidente.

          La realidad que hoy nos convoca nos obliga a pensar no solo en la protección del derecho a la vida de la persona por nacer, sino también en la protección de las personas gestantes. Nuestro camino es buscar soluciones que contemplen los derechos de todos, respetando integralmente la dignidad de las personas, a fin de consolidar una sociedad libre e inclusiva. No estoy de acuerdo con este proyecto de ley por una concepción filosófica de la vida.

          Sabemos que las personas gestantes recurren al aborto porque sienten que es la única solución. Muchas veces lo hacen bajo contextos de vulnerabilidad, violencia de género, desigualdad económica, opresión y falta de educación que las hacen pensar que no hay alternativas. En este contexto, ninguna persona puede elegir en libertad.

          ¿Quién puede creer que el aborto ayudará a resolver estos problemas? El aborto no es la solución.

          Si queremos que el Estado esté presente, trabajemos para llegar antes. ¿Por qué nunca llegamos a tiempo? ¿Qué problemas visibiliza esta situación que los servicios de salud sexual y reproductiva se brindan de manera desigual y discriminatoria? Además, las políticas públicas no llegan a todas las personas. Como sostiene la ONU, los embarazos en la adolescencia son más comunes en los hogares más pobres y se deben más de una falta de acceso a métodos anticonceptivos que al deseo de tener hijos. En resumidas cuentas, estamos fallando.

          En 2002 se creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.

          Aún con la sanción de esa norma, el 16 por ciento de los 730 mil nacimientos por año que hay en el país proviene de adolescentes de entre 15 y 19 años. Además, el 65,5 por ciento de las adolescentes quedaron embarazadas por no utilizar un método anticonceptivo. Entendemos que gran parte de la aplicación de esa política ha fracasado.

          Es de vital importancia que hagamos hincapié no solo en la aplicación efectiva de las leyes, sino también en la educación sexual integral para todos.

          Necesitamos un Estado activo y presente, con fuerte trabajo en la prevención. Sí, señores diputados, necesitamos un Estado con fuerte trabajo en la prevención.

          Los sectores que no solo se oponen al aborto, sino también a la implementación efectiva del Programa Nacional de Educación Sexual Integral y de los planes de prevención del embarazo, ¿qué proponen frente a esta realidad? ¿Cómo acompañamos y protegemos a nuestros adolescentes?

          No podemos discutir en base a convicciones personales ni creencias religiosas, porque estamos bajo una realidad y debemos ocuparnos. Debemos debatir políticas públicas.

          Según datos del Fondo de la Población de las Naciones Unidas, el embarazo adolescente en la Argentina supera el promedio de toda la región latinoamericana. La única intervención que ha logrado cambiar dicha realidad en las personas en condiciones vulnerables y de bajos recursos es la educación, no solo la educación sexual, sino la educación en general y que pueda terminar el colegio secundario.

          Una joven adolescente que conoce a través de la educación que tiene oportunidades de vida distintas a las signadas por su entorno será una joven con más chances de pensar en un proyecto para sí misma, que vaya más allá de la gestación y de las tareas de cuidado.

          En nuestro país solo el 50 por ciento de los adolescentes terminan la secundaria. Tenemos que priorizar acciones que mejoren la prevención del embarazo, tenemos que alcanzar a las adolescentes aisladas geográficamente, las de las comunidades originarias y las que se encuentran excluidas del sistema escolar.

          La política sanitaria en mi provincia de Neuquén hace un gran esfuerzo por aplicar todos los planes nacionales y provinciales de educación sexual integral, con la distribución gratuita de anticonceptivos de amplio acceso, con la captación temprana de embarazadas con controles de embarazo de alto y bajo riesgo, con el diagnóstico prenatal, los partos seguros y los talleres de crianza.

          No quiero que ninguna persona sienta culpa o remordimiento por pensar en el aborto como única solución. Todos nosotros como Estado deberíamos sentir vergüenza por llegar siempre tarde pretendiendo tapar años y años de abandono.

          Con esta iniciativa no resolvemos ningún problema. La violencia, la desigualdad económica, la opresión y la falta de educación seguirán estando.

          Si no queremos más abortos clandestinos, la solución no es la legalización; el camino es trabajar para prevenir los embarazos no deseados, el camino es trabajar por la escolarización de nuestros chicos, el camino es trabajar por la efectiva aplicación de la educación sexual integral para adolescentes y adultos, el camino es trabajar para que cuando una persona se acerque a una salita reciba atención, contención, información y aseguremos la disponibilidad gratuita de insumos anticonceptivos. Eduquemos, acompañemos, estemos presentes hasta en la última escuela y hogar de nuestro país.

          Una persona es libre de elegir cuando las condiciones y los recursos están disponibles para ella. De lo contrario, esa libertad siempre será parcial. Cuidemos la vida. Defendamos la vida. También cuidemos a las personas con capacidad de gestar.

 

Sr. Presidente (Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Orrego, por San Juan.

 

Sr. Orrego.– Señor presidente:  resulta lamentable que en medio de una pandemia, donde el mundo se une porque la muerte acecha, sobre todo a los más vulnerables, y donde los profesionales de la salud se unen para salvar vidas, el Poder Ejecutivo nacional haya enviado este proyecto de ley al Congreso como prioridad. La verdad que esto nos preocupa, porque divide aún más a los argentinos.

          Hoy no estamos tratando solo los derechos de la mujer, porque eso no está en discusión ni debate. Inclusive, en este recinto sancionamos con fuerza de ley muchos proyectos apoyando a la mujer. Estamos tratando el derecho a las dos vidas; a la vida de la madre y a la vida del niño por nacer. Quiero ser muy claro: deberíamos estar legislando cómo hacemos viables las dos vidas y no de qué manera eliminamos a una de ellas.

          Siento que este proyecto de ley de ninguna manera siembra esperanza en la vida; por el contrario, facilita la muerte.

          En los plenarios y también hoy en el recinto escuché a muchos que apoyan el proyecto de ley porque invocan como causales de la interrupción del embarazo a la pobreza y a situaciones extremas.

          Quiero hacer hincapié en algo que para mí es fundamental, que tiene que ver con la verdadera educación sexual y, por supuesto, también en el cambio cultural de algunas familias argentinas.

          Por eso, haré algunas reflexiones. La primera se refiere a los embarazos adolescentes que, como decía recién, a veces son muchos, ya que representan el 15 por ciento de los 700 mil nacimientos de la Argentina. Muchos de estos embarazos son no deseados. Claramente, es un tema que debemos tratar.

          En el plenario de estos días el ministro de Salud dijo que el Programa Médico Obligatorio cuenta con once métodos anticonceptivos y con un presupuesto de millón cuatrocientos mil pesos.  Evidentemente, es un programa que no ha dado resultados felices y algo hay que revisar.

          No soy ajeno, por supuesto, al dolor que sufren muchas mujeres que creen en un momento de desesperación que el aborto es la única salida. Opino todo lo contrario; ese no es el camino. Claramente hay una enorme e histórica incapacidad del Estado ‑no hablo de este, sino de todos los gobiernos‑ que no ha podido generar políticas activas tendientes a la contención de la mujer en momentos difíciles. Estos programas deberían haberse dado dentro del respeto a la mujer y el valor de la vida.

          La segunda reflexión se refiere a lo estrictamente jurídico, a lo cual ya se han referido algunos de los diputados preopinantes. Está claro que nuestra Constitución Nacional tutela la vida. La verdad, es una paradoja que hoy 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, estemos tratando el aborto cuando el primer derecho humano es el derecho a la vida.  (Aplausos.)

          La verdadera intención de este proyecto se encuentra en los artículos 13 a 17, que modifican los artículos 85, 86, 87 y 88 del Código Penal. Estos artículos amplían el derecho al aborto, tanto es así que inclusive regula y penaliza más la objeción de conciencia que las causales de aborto.

          Cuando aprueben el proyecto de ley en tratamiento, el aborto será un derecho absoluto y la libertad de conciencia solo un derecho relativo, subordinado y condicionado. Es decir, este proyecto de ley de ninguna manera es viable.

          La tercera reflexión es sobre la ley como forma de ordenamiento social. Las leyes expresan valores a realizarse y se transmiten de generación en generación. ¿Qué concepto de respeto a la vida queremos enseñar a nuestra juventud? El aborto es un tema serio y doloroso y habrá un antes y un después en nuestra cultura luego de esta norma.

          Así lo sintetiza una gran mujer, María Teresa de Calcuta, a quien admiro y que dio su vida por la justicia social desde el amor, por supuesto. Ella dijo que “cualquier país que acepte el aborto está enseñando a su gente a que recurra a la violencia para conseguir lo que quiere”.

          Quiero ser claro: estoy para defender las dos vidas y no como dijo el ministro Ginés González García; no es la vida de la mujer y lo otro es un fenómeno. El tiempo y el esfuerzo transforman en fenómeno a algunas personas que tuvieron la posibilidad de nacer, como es el caso de Belgrano, Favaloro o Maradona. Estos son fenómenos y no los que mencionó el señor ministro.

          En definitiva, por el compromiso que asumí el año pasado con cada uno de los sanjuaninos y porque lo siento en mi cabeza y en mi corazón, votaré en contra de esta iniciativa. (Aplausos.)

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Rezinovsky, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sra. Rezinovsky.- Señor presidente: es muy lindo verlo ahí.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Gracias, diputada.

 

Sra. Rezinovsky.- Señor presidente: el Estado tiene una deuda con las mujeres, pero de ninguna manera es el aborto. La deuda con las mujeres es acompañarlas y que no estén en la pobreza. Esa es la deuda.

          Recién nos trataron de hipócritas y cínicos por decir que defendemos la vida. ¡Cínicos son ustedes, diciendo a las mujeres que lo único que tienen es el aborto! ¡Hay que acompañar a las mujeres!

          Quiero hablar de una mayoría de mujeres que está en todo el país, que salió a las calles en sus provincias, de donde ustedes provienen. Es muy difícil lo que hace este gobierno, al plantear este tema en este momento, porque ponen a diputados y senadores propios en la disyuntiva de votar en contra de lo que quiere el gobierno o votar en contra de lo que quiere su pueblo. Eso es perverso, sobre todo en un mes tan caro para todos los argentinos, como es diciembre, con el problema económico que hay en este momento.

          Lamentablemente, están hablando de un derecho a decidir, y hay muchas mujeres que no tienen esa posibilidad, porque cuando van a una salita o a un hospital, la primera pregunta que les hacen es: “¿Lo querés tener?” Ahí es cuando la mujer ya no tiene posibilidad de decidir. Ahí es cuando la están empujando al aborto. ¡Sí, la están empujando al aborto!

          El aborto no es un derecho. Derecho es tener un empleo digno, una casa, cloacas, un trabajo. Derecho es que la inflación no te ahogue los sueños; eso es derecho. (Aplausos.)

          En 2018, mientras se trató el proyecto en la Cámara la vez anterior, yo estaba en la plaza, como está mucha gente ahora. Estuve en las dos plazas ‑en junio y en agosto‑, junto con la gente que está diciendo sí a la vida. En ese momento, las marchas fueron en 116 ciudades. El 28 de noviembre pasado volvió a haber marchas por el tema que estamos tratando hoy. La gente salió a manifestarse en 528 ciudades; cuatro veces más ciudades que en 2018. Ahí está la mayoría del país.

          En muchas ciudades del interior, de donde muchos de los legisladores son representantes y seguramente terminarán votando a favor del aborto, esa marea de la que hablan es un simple charquito. (Aplausos.) Tienen que ir a localidades como El Potrillo, donde mujeres de la comunidad whichi, que estaban descalzas por la pobreza, salieron a marchar a favor de la vida. ¡Con 50 grados de calor, las mujeres salieron a defender lo que tienen, que es la vida!

          Perdón por la forma efusiva en la que lo digo, pero me frustra saber que con la billetera están comprando diputados oficialistas. ¡Me frustra saber que están dando vuelta a algunos diputados! Perdón.  Duele en el alma que desde 2018 hasta la fecha no se hayan tratado más de cincuenta proyectos que hemos presentado, tanto oficialistas como opositores, iniciativas que iban en favor de la mujer embarazada, de la prevención de embarazos vulnerables, de la erradicación de la pobreza. No se trataron, no les interesa, quieren ofrecer solamente el aborto.

          Durante el poco tiempo que estuvimos hablando acá, se han vertido argumentos desde el punto de vista jurídico, científico o médico. Incluso, hace unos días, una diputada que, lamentablemente, no está en este momento dijo que los diputados que viniéramos a debatir debíamos dejar nuestras creencias religiosas en la puerta.

          Yo le hice caso: no voy a hablar desde la religión. Bien podría hacerlo porque estamos en un país libre, sobre todo, porque tanto nuestra Constitución como las Constituciones de Occidente están basadas en la fe judeocristiana. Y si tanto les molesta Dios, sáquenlo de la Constitución, pero nosotros en la Argentina seguiremos defendiendo este derecho a la vida.

          Para finalizar, voy a fundamentar mi voto negativo con la posición del doctor Tabaré Vázquez, expresidente del Uruguay que falleció el pasado domingo. Él, médico de profesión, ateo, de izquierda, al explicar por qué vetó la ley del aborto que se había sancionado en su país dijo: “Es menester atacar las verdaderas causas del aborto en nuestro país y que surgen de nuestra realidad socioeconómica. Existe un gran número de mujeres, particularmente de los sectores más carenciados, que soportan la carga del hogar solas. Para ello, hay que rodear a la mujer desamparada de la indispensable protección solidaria en vez de facilitarle el aborto”.

          Seguramente, la votación de hoy no va a representar lo que el pueblo argentino pide, porque muchos se olvidaron de los intereses de quienes representan. Hoy quizás seamos minoría en este recinto, pero somos mayoría en el país, y esa mayoría no va a olvidar fácilmente lo que voten hoy.

          Espero que recapaciten y escuchen a su pueblo que grita: ¡no al aborto!, ¡sí a la vida! (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Rodríguez, por Buenos Aires.

 

Sr. Rodríguez.- Señor presidente: como aquí se ha dicho, se trata de una cuestión de definición casi estrictamente personal y no atravesada por las lógicas de la política partidaria.

          Es también un tema de respeto ‑y, si usted quiere, de solidaridad‑ que los que pensamos de una manera podamos ser escuchados por los que piensan de otra, pero se van. Y es una lástima, porque muchos de nosotros tomamos con afecto, con amor y con respeto la posición de compañeras y compañeros ‑especialmente del peronismo‑ que tienen algo para decir y que a mí me gustaría escuchar. Lamento esta actitud, que no es un buen gesto en el día en que se reflexiona sobre un tema tan profundo.

          Creo en la defensa de la vida de las personas que están por nacer, de las niñas y de los niños por nacer, con la misma fuerza y convicción con que hay que defender la vida de aquellos y aquellas que, ya habiendo nacido, sufren hoy en la Argentina y en el mundo la discriminación, la injusticia social, la pobreza y todos los efectos de la cultura del descarte que, junto con el dominio de las finanzas, constituyen el corazón del capitalismo global actual.

          Me extraña que esta reflexión filosófica, pero de profunda intensidad política, no haya estado tan presente en esta discusión exprés del aborto: capitalismo global basado en la cultura del descarte, en lo filosófico, y en el dominio de las finanzas y de la especulación, en términos materiales.

          Por eso creo que lo   que discutimos hoy aquí no es un tema religioso, ¡ni de cerca! La defensa de la vida es un asunto de estricta ética humana, una causa profundamente humanista, prerreligiosa, porque es la defensa no solo de la esencia, sino de la vida misma.

          En tal sentido, no basta ni vale lo que algunos que no somos expertos podamos pensar, sino, por ejemplo, lo que ha sostenido de manera reiterada en sus dictámenes la Academia Nacional de Medicina, en el sentido de que el niño por nacer es, desde el punto de vista científico y biológico, un ser humano desde el momento mismo de la concepción.

          Me extraña también, y me llama profundamente la atención, cierta distorsión en la sensibilidad de algunas fuerzas políticas asociadas a la tradición popular en la Argentina, por no registrar lo que hoy está pasando en la mayoría popular de la Argentina. La mayoría del pueblo argentino no está a favor ni de este proyecto ni de la urgencia que se le ha dado en estas circunstancias, especialmente las mujeres y los hombres de los sectores más humildes.

          Ellos se preguntan, en toda la Argentina, cuándo viene la creación de trabajo y se cortan los beneficios para la especulación financiera. Con enorme respeto, con mucha solidaridad y afecto hacia quienes piensan distinto, desde hace mucho tiempo en la Argentina se han movilizado y se movilizan mujeres y hombres a favor de la vida. Hacia ellos y ellas, especialmente los jóvenes y a las chicas más jóvenes, les brindo un profundo agradecimiento de corazón. En muchos lugares donde la corriente de la comunicación va para otro lado, ellas y ellos -permítanme la expresión- van y siguen yendo contra la corriente.

          Finalmente, con mucho respeto a las funcionarias y funcionarios del Poder Ejecutivo nacional que probablemente estén pensando en montar un desfile o caravana de festejo hoy en esta Cámara de Diputados… (Aplausos.)les reconozco el derecho a interrumpir su trabajo -les recomiendo que no lo hagan-,  pero que sepan, en todo caso, que este proceso termina en el Senado de la Nación.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Carrizo, por Córdoba.

 

Sra. Carrizo (M.S).- Señor presidente: con gran satisfacción nos encontramos nuevamente de manera presencial revitalizando este Congreso. La verdad es que, luego de meses de excepcionalidad, hemos logrado nuevamente estar aquí presentes.

          Hemos transcurrido un año muy difícil, cargado de adversidades, complejo y con mucha incertidumbre, donde la vida ha tomado un lugar protagónico. La palabra vida ha sido el fundamento del gran esfuerzo de muchos argentinos. Eso también lo ha hecho el Estado. Es la misma palabra que hoy nos convoca en este recinto y que ha sido utilizada por el presidente en más de una oportunidad.

          Ese presidente que hablaba de que, si el dilema era la economía o la vida, él elegía la vida. También decía que de la economía se vuelve, pero de las muertes no y además declaró lo siguiente: “Preferí preservar la vida de la gente antes que ganar un peso más en la economía”. Evidentemente, esa dicotomía era correcta; lamentablemente, no dio resultado, pero eso será materia de discusión para otro momento.

          Decía que la palabra vida nos trajo nuevamente a este recinto, pero de una manera contradictoria. Una manera que no creemos que honre la vida. En menos de un mes, el Congreso nuevamente y de manera urgente, entendió cuál era la agenda de la Argentina, argumentando el Ejecutivo, en forma discrecional y arbitraria, cuestiones falaces como que había un clamor popular, una necesidad de la población  y nos involucró al debate que hoy estamos llevando hacia delante.

          Eso se encuentra contrapuesto a ese debate del 2018 que tuvimos con siete semanas de discusión, con 400 expositores y en el cual la ciudadanía estuvo presente y acompañando. Este tratamiento exprés en el cual se debatió, se emitió dictamen y hoy lo estamos tratando, viene a responder la agenda de un Poder Ejecutivo que no ha dado respuestas en un año.

          No ha dado respuestas a la agenda que sí es del clamor popular y que sí forma parte de la agenda de la ciudadanía. Me refiero a responder a ese 46 por ciento de pobreza, a ese 12 por ciento de desempleo y a ese 60 por ciento de la infancia bajo la línea de la pobreza. Este Poder Ejecutivo, junto con el oficialismo, bloqueó en la mayor parte de las sesiones innumerables proyectos para trabajar y dar soluciones a este año tan nefasto que han vivido los argentinos.

          Señor presidente: entrando en el análisis del proyecto, nos encontramos nuevamente con otros argumentos falaces. En el mensaje de elevación de esta iniciativa se consigna lo siguiente: “Nuestro objetivo es que haya menos embarazos no intencionales, menos abortos y más vida”. En realidad, esta ley no va a traer esta solución y todos lo saben. Ojalá la Argentina tenga alguna vez la posibilidad de analizar todas las políticas que se llevan adelante para ver el fracaso o el éxito de cada una de ellas.

          En el año 2018 estuve convencida del rechazo y hoy nuevamente vengo a ratificar esa postura. Porque, evidentemente, si algo nos trajo ese debate, fueron algunos puntos de coincidencia con quienes están a favor de la interrupción. Por ejemplo, con el argumento de que se combatían las muertes y los embarazos no deseados con una mayor educación y prevención.           Por supuesto, también con la no criminalización de la mujer, con lo que estábamos absolutamente convencidos de que debíamos avanzar.

          Nada de eso logramos en dos años. Las últimas cifras nos dicen que el Ministerio de Salud -no sé si está aquí presente el doctor Ginés González García, sobre quien hemos pedido innumerables interpelaciones para que venga a dar respuestas, y no ha podido hacerlo- habla de que se entregó un 70 por ciento menos de preservativos. Por lo tanto, creo que tampoco hemos cumplido con los puntos de coincidencia con los cuales nos encontramos luego de ese debate.

          El derecho es una construcción en evolución, cambiante y dinámica y este Congreso ha logrado la creación de muchísimos de ellos. Hemos sido parte de eso. Pero en este caso, eliminando los derechos de otros, evidentemente, no estamos logrando ampliaciones, sino todo lo contrario. Creo que estamos yendo hacia atrás.  Hoy mi rechazo ratifica la postura de no encontrar en este proyecto respuestas a la incongruencia jurídica ni tampoco a la razonabilidad que se debe tener entre los medios y los fines. Estamos optando por un medio tremendo, por el último resultado que deseariamos, es decir, por el aborto. ¿Realmente creen que es razonable y lógico defender la vida a partir de la eliminación de otra?

          En este proyecto se está creando la posibilidad de eliminar una vida sacando el estado de necesidad, que es justamente la causal por la cual nuestro ordenamiento jurídico reconoce o resuelve entre estas dos vidas.

          Se incorpora, entonces, el concepto del embarazo no deseado. Allí incluimos numerosas causales, entre ellas error o falta de responsabilidad, bajo un pretexto o un argumento donde dice que hay una victoria de los derechos reproductivos libremente ejercitados por parte de la mujer. Todos entendemos que detrás de cada uno de los derechos hay un ejercicio responsable del cumplimiento de los deberes.

          Claramente la ciencia hoy nos da un dato, es decir, que hay vida desde el momento de la concepción. El valor que le demos a ese dato lo ha establecido el poder constituyente a través de la propia Constitución, de los tratados que se han refrendado y las innumerables constituciones provinciales que defienden la vida desde la concepción. Evidentemente, con este proyecto estamos trabajando sobre una herramienta que tiene como fin el resultado de una múltiple cadena más compleja que es la que lleva a la mujer a tomar la decisión del aborto.

          También debemos apartarnos de esta falacia, es decir, de que quien no defiende este proyecto está a favor de la aceptación de miles de muertes de mujeres. Yo no estoy a favor de ninguna muerte, ni de mujeres ni de niños por nacer.

          Cuando aceptemos la muerte como camino, indudablemente habremos fracasado y habremos perdido la batalla.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor  diputado Wellbach, por Misiones.

 

-   Luego de unos instantes.

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Aguirre, por La Rioja.

          ¿Está presente de manera remota?

 

Sra. Aguirre.- Así es. Muchas gracias y felicitaciones, señor presidente.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Muchas gracias.

 

Sra. Aguirre.- Señor presidente: pido disculpas por hacer autorreferencial este discurso, pero necesito dejar en claro que el tema de la interrupción voluntaria del embarazo me atraviesa como mujer, como cristiana y como trabajadora por los derechos de las mujeres vulneradas.

          Tal vez porque provengo de una familia humilde y porque vivo en uno de los barrios más pobres de mi provincia, desde muy chica escuché hablar de abortos.  Tenía 9 años cuando fui testigo de la conversación de dos vecinas en la verdulería. Hablaban del aborto que se había hecho una niña, apenas más grande que yo, y contaban que el responsable del embarazo adolescente era un tío, hermano de la madre. Al poco tiempo, a esta víctima de abuso sexual agravado, le festejaron sus 15 años; hoy esta mujer tiene 65 años, nunca se casó ni tampoco tuvo hijos.

          Posteriormente, en la escuela secundaria, murió una joven de mi edad y la familia dijo que fue un ataque al corazón. Sin embargo, en el barrio se comentaba que el aborto había salido mal.

          Por aquel entonces, en 1978, al otro lado de la cordillera el cantautor Fernando Ubiergo, con su canción “Cuando agosto era 21”, denunciaba la problemática social del embarazo adolescente y del aborto clandestino. La protagonista de esa canción era una niña embarazada que buscaba ayuda en solitario y, como suele suceder, sucesivamente rechazada y enjuiciada por la Iglesia, la Justicia y la escuela, termina realizándose un procedimiento abortivo clandestino; el resultado final es la muerte. Han pasado 42 años, la historia se sigue repitiendo agravada y las mujeres siguen muriendo por abortos clandestinos.

          Años más tarde, trabajando en una obra social, pregunté al médico auditor por qué había tantas mujeres con hernia de hiato. El profesional, sonriendo, me contestó que eran abortos, pero que las clínicas y sanatorios los pasaban así para que se los reconociera la obra social.  

          En mi provincia hay mucha hipocresía y algunos médicos en el hospital público son antiaborto, pero en el sector privado los realizan sin problema. Por eso, en el sector público dicen que nadie muere por abortos, pero la realidad es que no hay denuncias ni registros porque nadie quiere comprometerse.

          Tristemente debo decir que en un reciente trabajo de investigación realizado con financiación de la ONU por la organización Chicas Poderosas, en lo que va de 2020, durante la pandemia y en La Rioja, aumentaron 80 por ciento las interrupciones voluntarias de embarazos. Además, cada 12 horas da a luz una niña o una adolescente, el 70 por ciento de esos de embarazos son no deseados y lo que es más terrible, cada 44 horas una adolescente llega a un hospital con complicaciones por un aborto clandestino.

          No son solamente cifras o números, se trata de personas, de niñas o adolescentes que terminan siendo víctimas de abortos clandestinos. Ellas tienen un nombre, una vida anterior y a muchas las conozco porque las vi nacer.

          Estoy hablando de la otra La Rioja, de la que nadie quiere hablar, de la que duele, y no puedo hacerme la distraída. Por eso, en un todo de acuerdo con el teólogo Leonardo Boff, sostengo que esta realidad debe ser enfrentada no con la policía, sino con la salud pública responsable y con sentido realista.

          Considero farisaica la actitud de aquellos que de manera intransigente defienden la vida embrionaria y no adoptan la misma actitud ante los miles de niños lanzados a la miseria, sin comida y sin cariño, deambulando por las calles de nuestras ciudades.

          La vida debe ser amada en todas sus formas y edades, no solo en su primer despertar en el seno de la madre, y corresponde al Estado y a toda la sociedad crear las condiciones para que las madres no necesiten abortar.  

          Más aun, conociendo la posición de los otros legisladores de mi provincia y siendo la única mujer, tengo el derecho y el deber de representar al sector de la población riojana que está a favor de este proyecto de ley.

          Entonces, como mujer, no puedo quedarme en los relatos ni en las especulaciones porque mi provincia es conservadora, ni tampoco contabilizando los pedidos que tuve para votar en contra de este proyecto.

          Por esa razón, con total honestidad, en mi condición de católica apostólica romana, que juré mi cargo por la memoria de nuestro Obispo mártir Enrique Angelelli, digo que mi voto será afirmativo. ¡Que Dios, que ve en mi corazón, me lo demandé! (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Ocaña, por Buenos Aires.

 

Sra. Ocaña.- Señor presidente: felicitaciones por su nuevo cargo.

 

Sr. Presidente (De Marchi).-  Gracias.

 

Sra. Ocaña.- Antes de comenzar el discurso sobre el proyecto de ley en tratamiento quiero llamar la atención respecto de lo que sucede en el Senado.

          Hoy, mientras la atención pública está centrada en la Cámara de Diputados, en el Senado se debate una cuestión muy importante que afecta a siete millones de jubilados y pensionados. En realidad, afecta a todos los argentinos porque, en definitiva, en algún momento de nuestra vida las normas del sistema jubilatorio nos van a ser aplicadas.

          Sinceramente, lo que se está debatiendo en la Cámara de Senadores es el saqueo a los jubilados, quienes claramente han visto perder muchos de sus ingresos durante este año como producto de la suspensión de la movilidad jubilatoria establecida en 2017. En tal sentido, creo que fundamentalmente se está poniendo un límite a los ingresos de los jubilados a futuro y por eso quería remarcar este punto antes de comenzar mi discurso sobre el proyecto de ley en tratamiento.

          Señor presidente: nuevamente en el transcurso de pocos años debatimos y ponemos en esta instancia institucional un tema que ha sido una lucha de las calles por más de 20 años.

          La lucha de ese colectivo de mujeres comenzó ‑como dije- hace 20 años bajo el lema: “aborto legal, educación sexual y ley de procreación responsable”. Hoy quiero expresar mi reconocimiento a estas mujeres, a esa marea verde que vimos en 2018 y que siguió participando de muchas marchas a lo largo de estos años, porque ellas son quienes han movilizado este proyecto de ley.

          En el recinto escuché a muchos diputados opinar sobre la necesidad de establecer una ley de educación sexual integral antes del tratamiento de esta iniciativa. En ese sentido, hago mías las palabras pronunciadas ayer por el señor diputado Riccardo en el plenario de comisiones. Creo que tenemos que sacarnos las caretas y decir que este Congreso tiene una deuda en relación con ese tratamiento. Desde 2018 que no podemos conseguir la aprobación de un dictamen que fue aprobado por mayoría en todas las comisiones en las que tuvo tratamiento.  Creo que es una respuesta que no puede servir de excusa para pedir que no se trate esta iniciativa.

          Aquí no se está discutiendo una cuestión de principios ni de valores, sino de salud pública. Los distintos referentes que han venido al Congreso por parte del Poder Ejecutivo han dado cifras que son determinantes y que coinciden con las dadas en su momento por el Ministerio de Salud.

           En la Argentina se realizan 370.000 abortos al año y esto no podemos ignorarlo. Si esta norma se aprueba se permitirá al Estado actuar en esos casos para brindar la atención, la información y la contención necesarias para que la mujer pueda decidir. Si decide interrumpir su embarazo, hay que garantizarle la seguridad de hacerlo en el marco legal correspondiente, sin aislarla ni dejarla en la clandestinidad, pues el aborto es una de las primeras cinco causas de mortalidad materna en la Argentina.  

          Señor presidente: hace muchos años que la Nación y las provincias vienen trabajando en distintos programas para disminuir la mortalidad materna. La verdad es que han sido exitosos porque esto ha sucedido, pero ha quedado un núcleo duro que claramente puede advertirse en los datos que arroja el Ministerio de Salud de la Nación.  

          En 2009, la Organización Panamericana de la Salud advirtió a la Argentina y al Uruguay que para cumplir con los objetivos del milenio debían legalizar el aborto. Uruguay lo hizo, pero la Argentina no, y está a la vista cómo en el país hermano se ha reducido sustancialmente la mortalidad materna. Hoy Uruguay es el tercer país con menos mortalidad materna, luego de Canadá y los Estados Unidos.  

          Algunos diputados se han preguntado aquí cuál es el costo que implica la legalización del aborto y quiero advertir que es menor a todas las complicaciones que se ocasionan a partir de los abortos clandestinos. Solamente en los últimos cinco años hubo 50.000 egresos hospitalarios por abortos mal realizados y por complicaciones en la salud de la mujer, que tienen consecuencias para ellas y para las familias. Puedo asegurar que si se sanciona esta iniciativa el costo será mucho menor.  

          Creo que colocando al aborto en la clandestinidad estamos negando un problema de salud pública que tenemos y que no puede ocultarse. Seguramente las mujeres que puedan, pagarán abortos en lugares seguros, mientras que las mujeres más pobres morirán por abortos en lugares no seguros.

          Asimismo, seguirá existiendo la mafia alrededor del aborto -que no podemos soslayar-, que mueve millones de pesos, que incluyen profesionales de la salud, las fuerzas policiales y la Justicia.  

          Pido a los señores diputados, que seguramente han conocido, acompañado o atravesado la situación de la realización de un aborto con una amiga, con una hija, con un familiar o una pareja que, antes de emitir su voto, piensen lo vivido en esos momentos: la angustia, la humillación, la impresión de clandestinidad, el calvario, el miedo. Si no sancionamos esta norma, se jugará la decisión de que cada día miles de mujeres en nuestro país atraviesen esa experiencia.

          Permitamos que las mujeres podamos decidir; garanticemos el acceso al aborto legal y seguro; no al aborto clandestino. ¡Queremos que sea ley!

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Asseff, por Buenos Aires.

 

Sr. Asseff.- Señor presidente: en las duras y en las maduras, siempre a favor de la vida, de la que se está gestando, de la que está concibiendo, de todas las vidas.

          Una menor no puede conducir un vehículo ni beber alcohol, no puede casarse sin anuencia, hasta los 16 años no puede votar, tiene impedimentos por imperio de su edad y la ley, pero con este proyecto -que inoportunamente ha enviado el Poder Ejecutivo- puede decidir per se interrumpir el embarazo sin otro motivo que su voluntad, apenas mitigado por la referencia al artículo 26 del Código Civil.

          Además, esta decisión será pagada por todos los contribuyentes, porque creo que a estas alturas a nadie se le escapa que la gratuidad no existe, que es una falacia descomunal eso de gratuito y alguien paga.  En ese caso, quienes pagan son los millones de argentinos que, afortunadamente, aún pagan impuestos.

          ¿Es esta una cuestión de salud pública? No existen estadísticas precisas acerca de la letalidad de mujeres en ocasión de abortos voluntarios, pero no es significativa la cantidad. Los partidarios de la interrupción voluntaria inflan las cifras antojadizamente.

          Me apresuro a refutar la objeción de que, aunque sea una vida la que se pierde, ya estamos ante un problema. ¡Claro que sí!, pero eso se resuelve con una intensa y eficaz campaña educativa de prevención de los embarazos no deseados y del embarazo adolescente.  

          La solución no es segar vidas humanas. Es impugnable, repugnante y perverso que se apele al aborto como método anticonceptivo. Existen alternativas efectivas que respetan el derecho a nacer que poseen los seres concebidos, pero el aborto no es ni aceptaremos que sea el modo de evitar la concepción.

          El inciso 22 del artículo 75 de la Constitución Nacional le otorgó a la Convención sobre los Derechos del Niño, tratado aprobado por la ley 23.849, jerarquía superior a las leyes. En su artículo segundo esa convención establece que niño es todo ser humano desde el momento de su concepción hasta los 18 años. No dice desde su nacimiento, expresa inequívocamente desde su concepción.

          El diccionario define “concepción” como sinónimo de “fecundación”.  En biología se trata de la fusión de dos células sexuales para dar lugar a las células cigoto donde se encuentra la unión de cromosomas del hombre y mujer. Es decir, los gametos masculino y femenino -el espermatozoide y el óvulo respectivamente-, que dan lugar al embrión. Así empieza la concepción que declara la Constitución como el inicio de la vida humana. Lo ratifica el Código Civil en el artículo 19. La cuestión legal está zanjada y la biológica también.

          La Academia Nacional de Medicina dictaminó -con arreglo a lo que establece la definición terminológica y biológica- que el niño en gestación es un ser humano, el más indefenso, vulnerable y frágil, salvo que dispone del amparo de la madre y en la mayoría de los casos, afortunadamente, de su progenitor. Es el primer derecho humano que debemos custodiar.

          Abortar voluntariamente es inconstitucional. Existen embarazadas que dicen que quieren vivir la vida y por eso abortan.  ¡Vaya forma de vivir, eliminando vida! Reprobable desde todos los puntos de vista, desde el ético al jurídico. Abortar es descartar, la ominosa cultura del descarte, el peor de los abusos y exclusiones. La más repudiable lesión a la vida es abortarla voluntariamente.

          Esta Cámara debe abocarse a fortalecer la familia y a impulsar cambios en la currícula escolar para concientizar sobre el vínculo sexual responsable y sano sobre la prevención de los embarazos no deseados. También debería facilitar la adopción prenatal. La gran solución moral y social pasa por la adopción, que debe estimularse y allanarse en todas sus modalidades.

          La Argentina es un país semipoblado, no puede legalizar el aborto gratuito, frívola e ideológicamente. Por el contrario, debe alentar la concepción responsable.

          El presidente Perón, el tercer Perón, el de la unidad nacional, incluyó fomentar la fecundidad y la inmigración en el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional de 1974 a 1977.

          En su decreto 659 del 28 de febrero de 1974 dispuso la prohibición del control de la natalidad. Su visión le señalaba que la Argentina debía orientarse hacia aquél -hasta ahora frustrado- objetivo proclamado por Domingo Faustino Sarmiento de los 100 millones de habitantes.

          El argumento de la penalización, que actualmente sufriría la mujer que aborta, es engañoso. Desde 1943 no hay una sola mujer procesada por esa causa.

          La clandestinidad del aborto, ciertamente es un peligro para la salud, pero no se erradica legalizando el aborto, sino previniendo la concepción. Introducir en ese contexto que las mujeres ricas abortan con seguridad para su salud, es fogonear el resentimiento y la división clasista de la sociedad, algo totalmente contrario a los intereses nacionales, uno de los cuales es la integración de nuestra sociedad.

          Está probado que hay muchas más muertes por mala atención…

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia le solicita que vaya redondeando, señor diputado.

 

Sr. Asseff.- Ya finalizo, señor presidente.

          Hay muchas más muertes por mala atención del embarazo y del parto que por abortos inseguros.

          Este proyecto no amplía derechos, sino que limita los derechos a nacer que tiene como primer derecho humano a la vida.

-   Ocupa la presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable Cámara, doctor Omar De Marchi.

 

Sr. Asseff.- Problemas de salud pública hay muchos y graves. En primer lugar, el cáncer de mamas, que es la morbilidad que mata a 3.500 mujeres argentinas por año.

          En el seno materno no se gesta una cosa o un fenómeno, encomillado esto porque salió de la boca del Ministro de Salud.

          Se está concibiendo una sagrada vida, hablando civilmente y sin ingresar en la esfera de nuestros credos religiosos.

          La mujer, nuestra par, es dueña de su cuerpo, pero no es ama de la vida del ser que gesta. Esa vida es de otro. Es otra vida. Esa otredad amerita el máximo respeto, la mayor custodia legal, social, sanitaria y ética.

          Juramos por la Constitución Nacional al asumir estas bancas. Por eso, en nombre de la misma y con prescindencia de mi credo religioso es que votaré un categórico no a este proyecto de ley.

          Acá se trata de la vida. Yo voto por ella. Sí a la vida, a las vidas, a todas las vidas. Ni un argentino menos. Gracias a todo el movimiento celeste. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Del Cerro, por Santa Fe.

 

Del Cerro.- Señor presidente: en primer término quiero mencionar mi lamento por el momento de la convocatoria. De alguna manera, creo que es necesario hacerlo, por respeto a todos los esfuerzos que realizan los miembros de la salud pública argentina en todos sus estamentos y a todos los familiares y pacientes que están padeciendo esta pandemia.

          Creo que esto adquiere toda su connotación cuando vemos el vértigo que ha tenido el proyecto para ser tratado. Ahí aparecen no solamente la pandemia sino los intereses políticos abstrusos e inconducentes a los fines de quienes promovemos la autonomía y la libertad de las mujeres. Que este proyecto tenga el tratamiento que tuvo en esta oportunidad y el vértigo para apoyarlo en una semana ha forzado a todos a hacer un esfuerzo contra natura.

          Agradezco también en este momento a todos los invitados que nos acompañaron y el esfuerzo que han hecho muchos de quienes reiteraron la visita para agregar nuevos detalles e intentar seguir esclareciendo las potencialidades que tenía el parlamentarismo en el hecho de reflexionar conjuntamente con la sociedad y ver si podíamos avanzar para esclarecer los motivos que tienen una y otra posición.

          En general, a pesar de este esfuerzo en los detalles, los hechos socioculturales y los hechos biológicos no cambian con la rapidez que nosotros desearíamos y las reflexiones que ayudaron a establecer no han ido mucho más allá de las que tuvimos en el 2018.

          Desde términos biológicos, los avances de la biología no van a aportar mucho más en el futuro tampoco.

          Los puntos en los que estamos detenidos son problemas no de índole biológico sino de índole cultural y político. Por lo cual, los avances van a darse cuando incorporemos a la reflexión los elementos de las ciencias sociales y no los elementos propios de la biología.

          Desde ese punto de vista, la biología no va a aportar al desarrollo de la conciencia. La conciencia, por sobre todas las cosas, tanto para quienes son llevados a hacer una interrupción voluntaria del embarazo como para las instituciones que tienen que hacer la práctica, no van a mejorar el estado de su conciencia a partir de la biología.

          Por otra parte, las ciencias sociales han sido determinantes también en la caracterización de la conciencia. Tanto la filosofía como la psicología han demostrado que toda conciencia supone un inconsciente. Ese inconsciente también forma parte de las determinaciones de la voluntad y de la razón. Digo esto como para que tengamos un marco mucho más teórico en el cual encuadrar esto, tanto para unos como para otros.

          Desde el punto de vista que más sostiene mi práctica, que es la de ser médico -por eso estoy acostumbrado a estar en contacto con esta problemática, no en muchas oportunidades, pero sí las suficientes-, lo más importante ha sido siempre el tema de la salud pública, por lo menos en lo inmediato y en un aspecto de la toma de decisiones en la política.

          Ya sean pocas o muchas, mayores o menores, por una razón o por otra, todas aquellas que han tenido que someterse a una interrupción voluntaria del embarazo en forma ilegal han sufrido de distintas maneras. Algunas, desde el punto de vista físico, con graves complicaciones y en algunos casos con la muerte. En esto no importan los números. Lo que importa es si esas muertes, ya sean una, dos, quinientas o mil, son el resultado de una inacción nuestra.

          Lo que me cuesta trabajo es pensar que algunos crean que por detrás de esto hay algo que pareciera ser una tanatofilia. Es decir, que algunas mujeres argentinas gustan de practicar la tanatofilia.

          Me cuesta mucho trabajo pensar que hay 350.000 o 370.000 interrupciones voluntarias del embarazo ilegales. Quiere decir que, en Argentina, suponiendo 20 años para atrás, estamos conviviendo con 3.500.000 o 7.000.000 de mujeres argentinas que practican la tanatofilia.

          Me parece horroroso pensar eso de las argentinas. Estoy seguro que no es verdad.

          Lo que sí es verdad es que hay veinte millones de argentinas a quienes hemos lesionado y algunas de esas lesiones todavía persisten por los efectos de la clandestinidad y de la ilegalidad.

          Esta conclusión me parece determinante como para repetir mi voto y reiterar que voy a acompañar el proyecto del Poder Ejecutivo. Sin embargo, adhiero a las palabras de Fernando Iglesias, en el sentido de hacer observaciones al artículo 4°, inciso a) del proyecto del Poder Ejecutivo.

          Por otro lado, el proyecto del Poder Ejecutivo sobre el Plan de los 1000 Días, me parece un avance. 

          La ejecución de un montón de programas que están predeterminados y que son parte del predominio de la ley en este momento se van a poder llevar adelante y se van a poder potenciar gracias a este proyecto. Sin embargo, vamos a enfrentar un problema de salud pública tan grave como el de la pandemia, porque el Ministerio de Salud, que fue desmantelado realmente en el año 1990 con el gobierno del doctor Menem, no está preparado para asistir a todo el país como antes. Aunque no sea en forma total, porque el Estado argentino suele ser ineficiente, sí vamos a contar realmente con un apoyo gracias al Plan de los 1.000 Días.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada por la provincia de Chubut Estela Hernández.

 

Sra. Hernández.- Buenas tardes, señor presidente y diputados y diputadas.

          Quiero agradecer el debate serio e importante que se vino desarrollando en todas las comisiones con absoluto respeto e información idónea.

          Por otro lado, quiero decir que no estamos acá para debatir nuestro posicionamiento religioso ni ético o moral, ni siquiera personal. Estamos acá por políticas públicas, porque somos diputados y diputadas que debemos legislar sobre políticas públicas.

          En este punto me detengo, porque respecto de las políticas públicas este proyecto tiene que ver estricta y directamente con la salud pública. ¿Por qué digo que tiene que ver estricta y directamente con la salud pública? Porque miles de mujeres mueren en la clandestinidad todos los años. Esto lo sabemos todos, no podemos ser tan hipócritas de negarlo. Se trata de una realidad.

          Estamos legislando no para que más mujeres vayan a abortar, porque no van a salir mujeres corriendo a abortar porque mañana o el mes que viene vaya a haber una ley; no. Estamos legislando para que las mujeres tengan la posibilidad de interrumpir su embarazo en un hospital, de forma gratuita y segura para su salud.

          Señor presidente: entre 2010 y 2017, 45.000 personas, mujeres gestantes, egresaron de distintos hospitales por abortos clandestinos. No se trata solamente de la posibilidad de morir en un aborto clandestino, sino también de las secuelas de salud que esto deja en mujeres jóvenes.

          Acá no estamos hablando de matar a nadie. Yo no me considero una asesina por pensar como pienso, como muchos han tratado de reflejar. Yo no quiero matar a nadie, quiero simplemente que la mujer que decida por propia voluntad interrumpir su embarazo por el motivo que crea, porque hay montones de motivos para enumerar, ya que es una decisión y un proyecto de vida, pueda hacerlo. Porque cuando uno lo decide, maternar es algo hermoso y maravilloso, pero cuando no se decide y no se lo desea o se lo quiere, no lo es.

          Las mujeres hemos luchado durante años por nuestros derechos, por nuestros espacios y por nuestros lugares en contra de una sociedad machista y patriarcal, que siempre nos condenó a segundos, a terceros o a cuartos lugares. Hemos luchado con mucha fuerza y hoy también tenemos que luchar por esto, por nuestra propia decisión, por decidir cuándo y cómo maternar. Las mujeres y los cuerpos gestantes nos merecemos eso, es un derecho que tenemos.

-   Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Sergio Tomás Massa.

 

Sra. Hernández.- Entonces, ¿de qué habla este proyecto? Habla de salud pública; habla de que hoy se realizan prácticas de abortos y de que a partir de una ley como esta se pueden realizar de forma segura y gratuita; y habla de un derecho, del derecho que tenemos las mujeres a poder elegir.

          En este último tiempo he escuchado muchas veces hablar de otros países como ejemplos maravillosos. Mucha gente emigra a otros países, como por ejemplo a Uruguay, que tanto se ha nombrado en este último tiempo. Después de la legalización del aborto, Uruguay redujo sus muertes en 30 puntos porcentuales. Este es un tema para tener en cuenta porque se puede reducir la cantidad de muertes.

          ¿Tenemos que hablar de prevención? Por supuesto que tenemos que hablar de prevención. ¿Tenemos que hablar de acompañamiento? Por supuesto, y para eso fomentamos la Ley de Educación Sexual Integral, a la que también se niegan muchas voces que hoy escucho aquí decir que defienden las dos vidas. Se niegan a la Educación Sexual Integral en todos los niveles escolares, pero es necesario explicar a nuestros niños y niñas desde temprana edad. Es necesaria la prevención y es necesario un Estado presente.

          Por eso, porque tenemos un Estado presente, es que el presidente Alberto Fernández no solo mandó este proyecto, sino que además lo acompañó con el Plan de los 1.000 Días. ¿Esto qué quiere decir? Que aquella mujer o cuerpo gestante que quiera continuar con su embarazo, pero deba decidir no hacerlo por un tema de extrema vulnerabilidad, va a tener el acompañamiento del Estado.

          Tenemos un verdadero combo, acá no estamos hablando de muerte, estamos hablando justamente de algo que ocurre en nuestro país y que es necesario e importante legislarlo.

          También escuché decir que no se encarcelaban a muchas mujeres. Tengo en mi poder un libro que acabo de leer y que también presenté en la Cámara. El libro se titula “Dicen que tuve un bebé” y habla de siete historias que dan cuenta de que el Poder Judicial encarceló mujeres, y esto a nadie le importa. Este libro lo escribieron abogadas especialistas en Derecho Penal, magísteres en Derecho Constitucional, maestranzas en Criminología, posgrado...

 

Sr. Presidente (Massa).- Pido que vaya redondeando, diputada.

 

Sra. Hernández.- Sí, señor presidente.

          Este libro habla de cuestiones que se ocultan, que se tapan. Estas cosas sí pasan, son historias verídicas.

          Por eso, por las pibas, por las mujeres, por las mujeres trans, por los grupos más vulnerables y desprotegidos, por la salud, por la equidad, por el derecho a decidir y por la erradicación de las prácticas machistas, espero que esta vez sea ley.

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada por Misiones, Flavia Morales.

 

Sra. Morales.- Buenas tardes. Muchas gracias por otorgarme la palabra, señor presidente.

          En el día de hoy estamos tratando un proyecto que intentará regular el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo. Destaco, como todos lo hicieron, que estamos ante un tema complejo, con posiciones totalmente divididas.

          En particular, más allá de que me toca hablar como legisladora, lo hago como mujer. Creo que de las numerosas exposiciones de especialistas que hemos escuchado -no me refiero exclusivamente a las de esta semana sino a todas las que se presentaron desde el 2018, año en que se comenzó a tratar el proyecto- se desprende claramente la necesidad de que exista una regulación y el Estado debe estar allí presente.

          Asimismo, quiero destacar que la principal prioridad -tal como lo manifesté en 2018- debe ser la educación sexual integral, la cual no debe evitar tratar el uso de los métodos anticonceptivos, que no son mala palabra. Los jóvenes deben saber sobre ellos, necesitan saber, porque muchas veces en las familias no se habla de esto. Esto es importantísimo y negaría mis bases de docente.

          Desde la votación del año 2018 -mi primer año como legisladora- hasta hoy, he reflexionado y he analizado, pero acá no se trata de hablar en primera persona. Ayer, la diputada Daniela Vilar habló en la reunión final que tuvimos por este tema y quiero decir que me siento reflejada en sus palabras. No se trata de nosotras, se trata de los otros. He escuchado, he caminado y debo decir que no se trata de lo que yo piense sino de lo que está sucediendo afuera. Estas prácticas clandestinas siguieron sucediendo en pandemia y la verdad es que eso ha hecho que reflexione y que analice en profundidad ese tema. No mi posición personal, sino lo que uno escucha en el territorio.

          Si bien se trata de un tema complejo, he entendido que debemos optar entre la existencia de una regulación o dejar que las cosas queden en el mismo lugar. Es el Estado el que debe regular en este momento. Somos nosotros los que tenemos esa responsabilidad y ese es nuestro trabajo.

          Asimismo, conforme han explicado los expositores y se desprende de las estadísticas -y como también lo han dicho muchos diputados de diferentes países, como Uruguay o España, aunque no quiero ser redundante-, la legalización ha contribuido a disminuir la cantidad de interrupciones realizadas. Esperemos que esto suceda aquí también con nuestras mujeres.

          No voy a mencionar las estadísticas porque ya lo han hecho otros legisladores, pero lo claro es que la penalización no logra evitar que muchas mujeres realicen esta práctica, más aún en la clandestinidad. En este sentido, la pandemia se prestó a que esto se duplique.

          Reitero que la legalización debe ser acompañada por una fuerte educación sexual integral y por la provisión de métodos anticonceptivos para evitar desde el punto cero embarazos no deseados. No creo que a ninguna mujer le guste tomar la decisión de abortar. Nadie quiere matar ninguna vida ni nadie está en contra de la vida. Yo amo la vida, estoy a favor de la vida -lo digo con mucho orgullo- y no quiero matar a nadie.

          En efecto, lo que estoy tratando de resaltar es que la intervención del Estado en este momento es fundamental. Por este motivo, tampoco puedo dejar de mencionar, y sobre todo celebrar el proyecto sobre atención al cuidado integral de la salud durante el embarazo y la primera infancia, que es clave en la vida de un ser humano.

          El proyecto denominado Plan de los 1.000 Días, cuyo tratamiento también forma parte del temario de esta sesión, otorga protección a la salud y a la vida de las mujeres y personas gestantes, y a los niños y niñas en la primera infancia, con el fin de reducir las tasas de mortalidad, malnutrición y desnutrición; proteger los vínculos tempranos, claves en el desarrollo físico y emocional, y la salud de manera integral, y prevenir la violencia. Esto también es clave, porque muchos abortos son producto de largas historias.

          Por lo expuesto, hoy decido acompañar este proyecto y votar a favor de la regularización, que espero que en sus resultados y en la reglamentación -que quedará en manos del Poder Ejecutivo- pueda evitar estas situaciones y permita que nuestras mujeres mejoren su condición de vida en nuestro país. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Machi).- Tiene la palabra la señora diputada Márquez, por Córdoba.

 

Sra. Márquez.- Señor presidente: esta es mi primera intervención en este recinto, y me ha tocado en un tema tan sensible como este.

          Llegué a este Congreso en diciembre de 2019. Pocos meses después sobrevino la pandemia y empezó en nuestra vida la virtualidad. De alguna forma, y desde los años en que cursaba Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba, había asumido una convicción basada en la ciencia médica y jurídica en relación con esta cuestión. Con el paso del tiempo, por el contrario, esa convicción adquirió mayores fundamentos, porque nuestro propio sistema de derecho lo consagró constitucionalmente, es decir, le dio jerarquía y rango constitucional.

          Por lo tanto, aquellos debates en las jornadas de Derecho Civil en los años 90 consolidaron una tradición jurídica que hace a nuestra identidad nacional, a nuestra idiosincrasia, y que hoy está tratándose en este Congreso de manera soslayada, en tanto se constituye no solamente como cuna de la legislación, sino como juez en hacer valer o en dar prevalencia a un derecho contra otro, que es desplazado y que tiene igual jerarquía y rango.

          Todo este tiempo estuve esperando este momento. Como ya se dijo aquí, lamento lo escueto de la discusión porque pensé que podía aportar a ella. Pensé que ese dinero que el Estado gastó en mi formación hoy cobraría sentido al poder dar una opinión formada e informada de acuerdo con lo que se ha dicho aquí. Pero las circunstancias hicieron que no fuera posible. No obstante, no lo rehúyo porque este es mi trabajo y soy consciente de esto. Entonces, estoy aquí para justificar el sentido de mi voto.

-             Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Sergio Tomás Massa.

 

Sra. Márquez.- También se dijo recientemente -aunque no quiero reiterar criterios que ya se han manifestado, sobre todo desde el punto de vista jurídico y humano- que esto no era una cuestión de tibios.

          Quiero decir que para nada es una cuestión de tibios y, como se dice en la jerga jurídica, la mitad de la biblioteca defiende un derecho y la otra mitad defiende al otro. Pero yo tengo claro qué derecho defiendo acá: defiendo el derecho de los más vulnerables, de esos que no tienen voz ni, por supuesto, voto.

          En ese sentido, los vivos tenemos poder para decidir sobre los que no están en presencia física, pero están en vida intrauterina, como los fundamentos del proyecto que se va a analizar después así lo manifiestan.

          Se dijo acá que es una cuestión religiosa o de credos, que esto no debería inmiscuirse. Pero quiero decirles que eso no tiene nada que ver. También se dijo que es una cuestión religiosa.

          Al respecto, quiero decir a mis pares que para poder acceder a esta banca tuve que presentar una acción de amparo en la Justicia, porque el sistema político -y me uno a la lucha de esas mujeres para quitar esos obstáculos que aún hoy tenemos- estaba por impedir mi acceso a la banca. Así que nadie puede decir que mi posición esté en contra de los derechos de las mujeres. Pero yo me refiero a los derechos y a las acciones positivas a las que el Estado se comprometió con las mujeres. Sin embargo, como dijo mi compañera de banca, la diputada Vigo, ese derecho de las mujeres no incluye literalmente el derecho al aborto.

          Para no aludir a las cosas por su nombre -como también se dijo aquí-, se recurre a un montón de argumentación religiosa que no está tratándose o que no es motivo de controversia, sobre todo porque nuestro sistema jurídico ya se ha expedido. Entonces, tampoco se trata de una cuestión de terminología; se trata de un conflicto jurídico de dos derechos con el mismo rango, y sobre el cual se está tratando un derecho de prevalencia.

          Nuestra postura se basa en una norma que armonice esos derechos en colisión. Ese era un deseo que teníamos al llegar a este lugar, y eso intentamos tratar.

          También se dijo aquí que en la calle están manifestándose. Pero las manifestaciones han sido en uno y otro sentido. Al respecto, quiero decir que los claustros también se han manifestado desde los años 90 en las jornadas de Derecho Civil nacionales. Lo han hecho sucesiva y seguidamente en el sentido de proteger la vida en el seno materno.

          Por último, para no agobiar y para hacer alusión a mi pertenencia política, quiero hacer mías las palabras de Florencia Álvarez en este debate: jamás un gobierno peronista dudó en defender la vida de los más vulnerables. Todos comprendieron el valor intrínseco de cada argentino y su aporte estratégico al crecimiento de la patria, y lo demostraron con palabras y con hechos.

          Les aclaro que yo me formé en un gobierno peronista. Los peronistas también sabemos defender nuestras convicciones y tenemos una certeza: nunca abandonaremos a los más vulnerables; siempre seremos la voz de los que no tienen voz.

 

Sr. Presidente (Massa).- Por favor, señora diputada, vaya redondeando.

 

Sra. Márquez.- Esta es la voz que quiero que se escuche en este Congreso, y por eso mi voto será por la negativa. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Ruarte, por Córdoba.

 

Sra. Ruarte.- Señor presidente: como ya me he pronunciado en numerosas oportunidades, votaré negativamente este proyecto de ley, y son muchas las razones en las que baso mi decisión.

          Sé que es poco el tiempo de que dispongo. Puedo decir que me siento representada por las palabras que ya han expresado otros colegas respecto del fundamento jurídico y biológico. No obstante, quiero hacer una alocución en lo que se refiere a la parte moral. 

          Comprobada científicamente la existencia de una nueva vida, nos queda por definir el instante a partir del cual la vida humana adquiere significado moral y, por lo tanto, es susceptible de respeto moral.

          Boecio define a la persona como un ser sustancial de naturaleza racional. Dicha naturaleza racional es intrínseca a su ser, y por eso se mantiene durante toda la existencia: desde la fecundación hasta su muerte.

          Desde las etapas muy tempranas de la vida el ser humano es el individuo concreto dotado de naturaleza ontológica y de una dignidad intrínseca.

          En resumen, cabe afirmar que todo ser humano es persona en virtud de su naturaleza racional. No se convierte en persona debido al ejercicio de determinadas funciones, como son la capacidad de relacionarse, la sensibilidad y la racionalidad.

          Ya lo dijeron mis compañeros, pero no puedo dejar de mencionar elementos jurídicos que están dentro de nuestra Constitución. Entonces, si nosotros no vamos a representar nuestra Constitución, ya debiera este Congreso estar poniendo fecha para la modificación de nuestra Carta Magna.

          Hay muchas razones en las que se basan los diputados que apoyan el aborto legal. No puedo responderlas a todas, pero sí quiero refutar el argumento de la tasa de mortalidad de mujeres embarazadas por el aborto como causa principal. Dicho argumento no se sustenta en ninguna realidad y, siguiendo el ejemplo de los países que lo han legalizado, los datos tampoco confirman esta hipótesis de que el aborto inducido sea un factor determinante.

          Por el contrario, aquellos que lo redujeron abordaron el tema desde el acceso a cuidados obstétricos profesionales y de calidad, a la educación, a la reducción de pobreza y a las políticas públicas y de concientización.

          Si nos detenemos en las principales causas de muerte de mujeres en edad fértil deberíamos prevenir los accidentes de tránsito, detectar precozmente el cáncer de cuello de útero, de mama y de ovarios, los accidentes cerebrovasculares y las infecciones. Nuestro sistema de salud no está preparado para evitar esas muertes.

          Señor presidente: es una pena que se ha retirado el ministro.

          Continúo. Quiero decir que este sistema es ineficiente e inequitativo. No garantiza calidad y por eso tuvimos que emparcharlo a las apuradas en medio de una pandemia. Más del 80 por ciento de las defunciones maternales no están relacionadas con el aborto sino con fallas del sistema sanitario.

          ¿Por qué no resolvemos primero estos problemas prioritarios? La diferencia entre Argentina y el mundo no radica en la cantidad de abortos sino en la calidad del sistema de salud.

          No puedo dejar de mencionar la falta de oportunidad del gobierno nacional, en cabeza del presidente Alberto Fernández, quien en medio de una pandemia y luego de meses de aislamiento social obligatorio, con el argumento de preservar la vida envía un proyecto que promueve la extinción de la vida humana. Esto se suma a los innumerables problemas que se generaron a raíz de la pandemia y de su mala administración ya que seguimos sin respuestas. Sin duda, esas situaciones debieron prioritarias y ser tratadas con anterioridad a este tema que nos convoca, y en ese sentido podemos hablar de pobreza -y pobreza infantil sobre todo‑, desempleo, deserción escolar, pymes en crisis, entre otras cosas.

          Más allá de todas las razones que he venido exponiendo, considero importante destacar que he sido elegida en 2019 por los ciudadanos de la provincia de Córdoba para ser su representante en esta Cámara, para ser la voz de cada uno de ellos, incluso de aquellos que todavía están en la panza de la mamá y no se pueden hacer oír.

          En cada recorrido, cada visita, cada mateada, cada marcha, los cordobeses me han expresado su preocupación por la legalización del aborto. Por eso tengo la convicción de estar hablando en nombre de cada uno de ellos cuando digo que debemos proteger ampliamente la vida de todos y de cada uno de los seres humanos que sean concebidos en este país.

          Termino diciendo que legalizar el aborto es una pena de muerte sobre una persona que no cometió ningún delito y no puede defenderse. Es necesario continuar estableciendo políticas públicas que contengan, como eje, la defensa y la promoción de la vida humana desde el inicio y en todas las circunstancias, reconociendo los derechos de todos los seres humanos, especialmente el derecho más importante, que es el derecho a la vida.

          No elijamos la cultura de la muerte y del descarte avalando la muerte de una persona por nacer, vulnerando su derecho fundamental a la vida e introduciendo en la convivencia social una dinámica de discriminación hacia los más débiles.

          Bajo el pretexto de ser una política de salud pública integral, estamos yendo en contra de nuestra propia Constitución, ya que ella aboga por la protección integral de la madre y el niño por nacer.

          Si se quiere ayudar, primero hay que luchar contra las principales causas de mortalidad de las mujeres y contra la falta de información sobre educación sexual y sanidad. Debemos luchar contra la dificultad de acceso a métodos anticonceptivos, contra los obstáculos para la adopción y contra la pobreza, y el Estado tiene las herramientas para hacerlo. Si atentamos contra la vida por nacer, sumamos más muertes a este panorama sombrío. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia recuerda a los diputados y diputadas que están presentes en el recinto que el reglamento establece la imposibilidad de leer los discursos. Por favor, les pido que seamos respetuosos en ese sentido. 

          Tiene la palabra el señor diputado Riccardo, por San Luis.

 

Sr. Riccardo.- Señor presidente: creo que llegamos hoy a este debate gracias a la convergencia de dos decisiones políticas muy importantes -la del gobierno anterior, del presidente Macri, y la del actual gobierno‑ tendiente a traer a la política argentina un debate postergado por 100 años.

          Podemos decir que somos el cierre de una saga de generaciones políticas que ha evitado el debate de un tema fundamental -como tantos otros que hay‑ que hace a la responsabilidad del Estado. Por supuesto, hay que reconocer que todo este accionar converge para que este debate sea respetuoso y abonado por la discusión llevada a cabo hace dos años.

          Nos trae un tema trascendente. Es una discusión que nos debíamos. Desde el punto de vista que se lo analice ‑religioso, de salud, de respeto a los derechos de cada uno‑ constituye una cuestión que nos moviliza íntimamente.

          Acá estamos como diputados de la Nación, y no como personas, es decir, para hacer lo que a cada uno nos gustaría. Somos hombres y mujeres de Estado y tenemos que cumplir con esa responsabilidad.

          Un Estado que ignora y mete bajo la alfombra un problema durante cien años no es un Estado responsable. Un Estado que convive con la clandestinidad en relación con un tema de salud pública no es un Estado responsable.

          Creo que esta generación ha decidido abordar este debate con mucha firmeza y con mucha determinación para darle un cierre. Se trata de una discusión necesaria. De lo contrario, convivimos con la hipocresía, y ella se manifiesta de muchas formas.

          Soy católico, como dije ayer en la reunión del plenario de comisiones, pero no he sido elegido para defender mis convicciones religiosas, como muchas de las que atraviesan este debate, aunque no se digan explícitamente.

          No estoy aquí para ser simpático ni siquiera con mis amigos -que están en contra de mi postura, y que son muchos-; estoy aquí para cumplir con el rol de analizar y de representar lo que las nuevas generaciones también piensan sobre el tema. No se trata de sentirnos cómodos, irnos tranquilos a casa y quedar bien con amigos y vecinos.

          Si una mujer toma la dolorosa y traumática decisión de interrumpir un embarazo, quiero que lo haga de manera segura, controlada por un profesional y con el mejor cuidado del Estado argentino.

          Quiero que las mujeres sepan que tienen métodos no invasivos y que no tienen que quedar en manos de la moneda de la suerte. Como ha ocurrido muchas veces en la historia argentina, hay mujeres que, por sus condiciones económicas y sociales, pueden acceder de una forma u otra a salvar sus vidas, pero hay miles de otras que no.

          No quiero que esas mujeres tengan que ocultarse descuidando su salud. Quiero que puedan cuidar su vida. Quiero que tengan la oportunidad de ser madres cuando lo quieren ser y no ser obligadas en su vida reproductiva cuando no lo quieren ser.

          Por eso, anticipo mi voto positivo a este proyecto, como así también al de los 1.000 días, que fue realmente una contribución muy importante este debate, y lo vamos a estar votando a posteriori.

          Pero quiero hacer una observación -lo dije ayer en el plenario de las comisiones‑ porque se han repetido las palabras “educación” y “educación sexual integral” miles de veces en estos tres años, y muchas veces se las usa como una condición para ese debate antes de dar la presente discusión, como bien dijo la diputada Ocaña.

          Soy uno de aquellos diputados que impulsamos ese debate y logramos que se emitiera un dictamen de mayoría. Estuvo guardado durante dos años, excepto por quienes lo propiciamos.

          Nadie dio el debate sobre la reforma de la Ley de Educación Sexual Integral, que presenta uno de los obstáculos más fundamentales para el acceso efectivo a estos derechos. Ello es así porque no se quieren reconocer los derechos consagrados por el Congreso Nacional en materia de identidad de género, por ejemplo. ¿Vamos a educar a nuestros jóvenes impidiéndoles que en la escuela accedan al conocimiento de que hay derechos consagrados por este Parlamento? Cuando se sancione la ley de interrupción voluntaria del embarazo, ¿vamos a negarnos a hacérselo conocer en algunas escuelas, fuera del horario escolar, sin perjuicio de transmitir todas las convicciones dogmáticas y religiosas que tiene cualquier institución? ¿Vamos a impedir a nuestros jóvenes que accedan a la posibilidad de saber que va existir el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, como también el que les dará la denominada “ley de los mil días”? No.

          Entonces, este debate no excluye la discusión que se viene. Lamentablemente no la pudimos incluir, habiendo efectuado un pedido en la comisión respecto de los artículos 1° a 7° del proyecto contenido en el Orden del Día N° 449, donde se remueve todo obstáculo y objeción de conciencia institucional para impedirle el derecho.

          Ya no estamos hablando de la objeción de conciencia para no practicar una interrupción voluntaria del embarazo, lo que se entiende en el marco de este debate y ha sido consensuado. Por el contrario, estamos hablando de la objeción a enseñar lo que es un derecho a los niños, niñas y jóvenes de nuestra patria en el marco de los núcleos de aprendizaje prioritarios de la educación sexual integral.

          Entonces, no hemos ido tan lejos como deberíamos haberlo hecho en relación con este punto, que constituye una de las tres patas fundamentales y que es el derecho a la educación para prevenir. No hemos podido hacerlo, pero lo vamos a plantear inmediatamente.

          Ese proyecto estuvo cajoneado en este Parlamento durante dos años, a pesar de que contaba con dictamen. Estuvo un año sin ser tratado en las comisiones. Pero cuando venimos al debate lo usamos como uno de los argumentos más fundamentales para resolver el tema de la prevención y para que esta discusión no se tenga que dar nunca más.

          Por lo expuesto, voy a votar este proyecto de ley por la afirmativa. Lo haré por todas aquellas mujeres de mi partido, la Unión Cívica Radical, como Florentina Gómez Miranda, por muchas otras anónimas y por las nuevas generaciones que han aportado a este debate la mirada de que las convicciones de una persona no pueden obligar a otro ciudadano argentino a hacer lo que no quiere.

          Por las mujeres que quieren procrear, por las que quieren hacer uso del derecho a una maternidad y procreación responsables y por la lucha que se ha dado durante muchos años y hoy llega nuevamente al Congreso de la Nación porque se refiere a un tema que se debe resolver, adelanto mi voto por la afirmativa al proyecto de ley sobre interrupción voluntaria del embarazo, como así también a la iniciativa que hemos denominado “de los mil días”. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia solicita a los señores diputados y las señoras diputadas que sean respetuosos y respetuosas del tiempo. De lo contrario, se verá obligada a cortar el micrófono a los señores legisladores y las señoras legisladoras, y entonces se plantean cuestiones de privilegio.

          Asimismo recuerda a los señores diputados y las señoras diputadas que se encuentra disponible en el recinto un reloj que indica el tiempo del que disponen para hacer uso de la palabra.

          Tiene la palabra la señora diputada Ascarate, por Tucumán.

 

Sra. Ascarate.- Señor presidente: soy diputada de la Nación por Tucumán, que es una provincia pro-vida. Por lo tanto, voy a defender los valores que sostiene el pueblo tucumano, al que represento en el Congreso de la Nación.

          ¿Qué es la vida? ¿Cuándo comienza? Parecería que son las preguntas que debemos responder. Me parece increíble que en estas circunstancias deba defender aquí, en este recinto, el derecho a la vida.

          Nuestro sistema legal, en todas sus ramas, se estructura sobre la base de presunciones. Así, podemos mencionar el principio de inocencia en el derecho penal y el beneficio en favor del trabajador en el derecho laboral. No se puede quebrar el principio de presunción de la existencia de la vida humana. No se ha podido demostrar que la vida no empieza desde la concepción.

          Se dijo que un embarazo es un fenómeno. Claro que lo es. Concretamente, es el misterio más maravilloso de nuestro orden natural. No existe en la naturaleza una creación más perfecta de sí misma. La preservación de la especie es tan importante como la de los seres vivos de este planeta.

          El planteo ambientalista es absolutamente incompatible con la exterminación de la vida. ¿De qué estamos hablando? ¿Quién sería capaz de convertirse en dueño de la verdad y establecer la vara con la que debería medirse un tiempo para vivir y otro para morir? El dilema nos propone enfrentarnos a la decisión de cuidar a la mujer o a la vida concebida en ella. Debemos cuidar ambas vidas.

          El proyecto de ley en consideración tutela el derecho de la mujer basado en la libertad y autonomía de decidir sobre su cuerpo. Es decir que se ha desplazado el bien jurídico a tutelar: ya no se trata de la vida humana.

          ¿Qué es lo que está en juego? ¿Cómo nos definimos como sociedad si realmente decidimos poner el foco en políticas públicas adecuadas? Nuestra idiosincrasia no es el descarte. Nuestra cultura es la solidaridad.

          ¿Saben por qué mueren las mujeres? Por enfermedades claramente prevenibles, porque no tienen acceso a la posibilidad de hacerse estudios preventivos y llevar a cabo tratamiento médicos a tiempo. Además, ¿cuántas mujeres mueren a causa de suicidios y femicidios? De esto hay que hablar ya que representa la igualdad de oportunidades y de derechos.

          Hemos sido incapaces de proteger a las niñas y las mujeres. Hay un Estado que no llegó, no acompañó y no previno.

          Se habla de la ampliación de derechos. ¿Qué significa realmente la ampliación de derechos? La solución es y será siempre la educación, en particular la educación sexual ‑la ESI‑ en materia de planificación familiar. ¡Esto es dar mayores derechos y empoderar a las mujeres!

          Hablan de la ampliación de derechos pero empezamos por el final, en una sociedad que se hiere a sí misma. En las provincias del interior no hay educación sexual y no hay anticonceptivos. ¿En serio quieren comenzar por el aborto? ¿De qué estamos hablando?

          La cuestión del aborto no es parte de la problemática que genera angustia al pueblo argentino. Nuestro país tiene 40.000 muertos por la pandemia producida por el COVID-19, más de 20 millones de pobres, más de 3 millones de desocupados y un millón y medio de niños en situación de deserción escolar.

          En estos momentos críticos deberíamos tratar temas como la inseguridad, el desempleo y la pobreza crónica.

          Realmente el respeto del derecho a la vida y la defensa del débil son la garantía más elemental que separa al Estado de derecho de las tiranías y a las democracias de las dictaduras. El grado de civilización de un pueblo se mide por el grado de protección que brinda a los más vulnerables.

          Por las razones expuestas, anticipo mi voto en contra del proyecto de ley en consideración y mi acompañamiento al dictamen de minoría. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Sartori, por Misiones.

 

Sr. Sartori.- Señor presidente: hoy es un día muy importante para todos porque estamos tratando un proyecto de ley que puede afectar la vida de muchísimos futuros argentinos y futuras argentinas. Seré breve, como usted lo ha solicitado, pero contundente.

          Hablar del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo parece que hace más sencillo el tratamiento. Pero lo cierto es que el embarazo existe en el seno materno, cuando luego de la concepción comienza la vida de una persona. Entonces, interrumpir el embarazo es interrumpir una vida distinta a la de la madre, sobre la cual, de acuerdo con mi fe y mi creencia, no nos corresponde a nosotros decidir.

          Desde la concepción podemos dar distinto nombre al niño o a la niña por nacer, pero en todos los casos se trata de la vida de un futuro argentino o argentina que se forja segundo a segundo en el vientre de su madre. Este es un hecho científicamente probado y defendido por nuestra Carta Magna, que le da rango constitucional, y por tratados internacionales que protegen la vida desde la concepción.

          Como legisladores debemos velar por el bienestar de todos los habitantes del suelo argentino, de los actuales y de los que vendrán, procurando políticas sociales y económicas más justas e inclusivas.

          Durante este año hemos debatido más que nunca estas cuestiones en medio de la pandemia. No hay precedentes en los últimos cien años. Hemos trabajado priorizando la vida y la salud de todos y cada uno de los argentinos y argentinas por sobre la economía.

          Sin embargo, estamos tratando un proyecto que busca poner fin a la vida antes de nacer. Eso a mi entender no suma ni sumará nunca a esta causa.

          Señor presidente: todas y todos tenemos derecho a vivir, a pensar, a crecer y a trabajar bajo la guía de nuestro Dios, fuente de toda razón y justicia. Defiendo la vida y la defenderé siempre.

          Mi voto será por la negativa al proyecto de ley en tratamiento.

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia comunica a los diputados y a las diputadas que por acuerdo de presidentes de bloque se ha cerrado la lista de oradores para el tratamiento de este tema. Si eventualmente queda alguno sin inscribirse, que se contacte con su presidente de bloque.

          Asimismo, la Presidencia comunica que estaremos votando a las 2 de la mañana.

          En esta instancia, la Presidencia también agradece la presencia en el recinto de la intendenta de Quilmes, exdiputada Mayra Mendoza, y a la presidenta de AYSA. (Aplausos.)

          Tiene la palabra el señor diputado Cisneros, por Tucumán.

 

Sr. Cisneros.- Señor presidente: siendo diputado por Tucumán y trayendo al recinto las palabras de la diputada Gaillard, votaré por la afirmativa, con la seguridad de que voy a volver con mucha tranquilidad a mi provincia, fruto de la coherencia política y sindical a lo largo de toda mi vida.

          En este mismo recinto, en fechas también muy importantes, se debatieron derechos sociales trascendentes, como el voto femenino, el divorcio, el matrimonio igualitario y la identidad de género. Todos estos derechos generan igualdad y autonomía. En esta ocasión, nos convoca el derecho social que significa la interrupción del embarazo.

          Cabe aclarar que estamos a favor de la vida y que la aprobación de este proyecto de ley no significa que habrá cataratas de abortos ni hospitales colmados ni mujeres haciendo cola porque quieren abortar por propia voluntad.

          Entiendo que, como Estado, debemos dar respuesta a las injusticias que sufren las mujeres. Estamos en 2020 y las mujeres siguen siendo criminalizadas porque se aplica un Código Penal que tiene cien años.

          Señor presidente: no sé si alguien leyó este libro que se titula Somos Belén, que cuenta la historia de una tucumana que estuvo presa veintinueve meses por tener un aborto espontáneo. Belén estuvo mal defendida, seguramente por los abogados que integran esas agrupaciones que luchan por la vida, y fue estafada. Menos mal que luego apareció una abogada feminista, Soledad Deza, y pudo sacarla de prisión, pero ya habían pasado veintinueve meses. Seguramente hoy Belén está reclamando junto a las demás mujeres para que la interrupción voluntaria del embarazo sea ley.

          Quiero agregar que cuando se publicó este libro, el hoy presidente Fernández se comprometió a tratar el proyecto de ley en el recinto. Entonces, no nos debe sorprender el tratamiento de este tema, porque el actual presidente Fernández lo anunció, antes de las PASO, en agosto de 2019, en Tucumán. También lo prometió en su campaña electoral para las elecciones generales, lo dijo en este recinto el día de asumir la Presidencia de la Nación y lo ratificó el 1° de marzo en la apertura del período de las sesiones ordinarias.

          Seré breve en la referencia a la penalización. Simplemente les cuento que, en Tucumán, casi fueron presos ‑y querían quitarles la matrícula‑ dos médicos que colaboraron en una interrupción de embarazo. Me refiero a Cecilia Ousset y José Gigena, cuyos hijos fueron perseguidos en los colegios. Esa intolerancia es inaceptable en 2020. Tenemos que cambiar.

          Cabe aclarar que hasta el momento los debates son bastante respetuosos y consideran la postura de todos. De todos modos, reitero que debemos respetarnos.

          Quiero hacer una reflexión personal. Tengo 58 años y creo que hace diez años yo no hubiese votado por la afirmativa este proyecto de ley. Pero uno se va deconstruyendo y viendo lo malo que hubiese sido pensar igual que hace diez años.

          Por lo expuesto, votaré por la afirmativa para que sea ley y haya justicia.

          Finalmente, quiero agregar que en Tucumán se producen abortos clandestinos, mueren mujeres y no hay condena social para quienes practican la medicina en forma clandestina. ¿Saben cuál es el método que usan? El de las dos agujas de tejer en el útero. Consecuentemente, muchas de esas mujeres se ven imposibilitadas de tener hijos en el futuro o mueren por una infección.

          Reitero que votaré por la afirmativa y pido que sea ley. (Aplausos.)  

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Manzi, por Catamarca.

 

Sr. Manzi.- Señor presidente: la ética médica regula la relación médico-paciente y la relación entre médicos. Además, la ética médica ha dado lugar a la bioética como una rama o un espacio donde confluyen muchas disciplinas, que tratan fundamentalmente los problemas, los dilemas y las cuestiones que tienen que ver con la ética en la gestión de la salud, en un mundo y en una época donde las tecnologías y las intervenciones médicas permanentemente nos exigen revisar ideas y principios, así como también escuchar y observar la mirada del otro.

          Cabe aclarar que hoy podemos decir que la bioética en términos generales acepta casi universalmente dos principios fundamentales o bases. Uno es un principio objetivo: el principio de defensa de la vida; y, el otro, es un principio subjetivo: el principio de la autodeterminación. Estos dos principios no anulan valores o principios básicos esenciales, como el mandato de no matar.

          Cuando se une un espermatozoide con un óvulo comienza la vida de cualquier persona, de cualquier ser humano. No empieza antes, empieza en ese momento.

          He notado que en estos días de debate algunos colegas no decían eso claramente y tenían ciertas actitudes de escape, diciendo que la vida ya existe de antes o que es una situación difusa. Tenemos que entender que la unión del óvulo y del espermatozoide es el nacimiento de una cadena de ADN, que es lo que nos hace humanos y se llama el genoma. Es esa identidad que nos acompañará desde la hora cero, desde nuestro big bang hasta la hora de nuestra muerte, ya sea la muerte en la plenitud de nuestra juventud o en una senilidad enferma, donde incluso ya podemos no ser dueños de nuestra propia conciencia.

          Ese genoma está y permanece, ese genoma es nuestra identidad. Es algo así como el ticket o el pasaje o, mejor dicho, el código de barras que nos da el ser.

          Señor presidente: somos lo que somos. Muchas de nuestras células ya han muerto, tenemos nuevas células; muchas de nuestras ideas han cambiado, hemos amado y odiado, hemos tomado decisiones, nos hemos equivocado, nos hemos arrepentido o no lo hemos hecho, pero nuestro genoma permanece intacto, nuestro genoma nos da la continuidad como ser humano. Ese embrión unicelular que es el cigoto ya tiene nuestro genoma y es el primer cuerpo que nosotros tenemos.

          Es muy difícil decidir entre el derecho subjetivo de la autodeterminación y el derecho objetivo de defensa de la vida. Evidentemente, en la decisión alguno de los dos derechos se ve herido o menoscabado, pero creo que el Estado no puede decidir sacrificar el derecho a la vida en pos del derecho subjetivo de la autodeterminación.

          Un pensador ateo, Umberto Eco, en el libro ¿En qué creen los que no creen? analiza la base de toda ética humana y trata de definir una base que esté en todas las culturas humanas, que esté en todas las sociedades y que esté en todos los países. Esa base es el respeto a la corporalidad y es el respeto al otro.

          Lamento decir que este proyecto no tiene sentido de alteridad. No respeta al otro y arrasa con esa corporalidad primaria de todo ser humano, que es el embrión. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Salvador, por Buenos Aires.

 

Sr. Salvador.- Señor presidente: quiero destacar el nivel y la altura con que se debatió en las comisiones en los días previos a esta sesión.

          Hubo una representación equilibrada de las dos posturas, donde escuchamos a gente que proviene de la religión, de la ciencia, a médicos y a constitucionalistas. Hubo un importante debate, a la altura de las circunstancias, que se llevó delante de manera responsable porque esta norma es muy importante y delicada.

          También quiero destacar y resaltar el debate de 2018, que para mí es un punto de inflexión. Si bien hay muchas mujeres que venían peleando por esto hace muchos años, por primera vez un gobierno envió un proyecto de ley sobre este tema al Congreso para discutirlo en comisión.

          Fue un salto de calidad y fue muy importante por varias cuestiones. La primera, porque hoy podemos tratar este proyecto de ley con menos conflictividad y con más respeto. En ese momento, hace dos años, el tema se instaló de lleno en la sociedad y no solo lo hablaban las mujeres que peleaban por una norma de estas características, sino que lo hablaban el hijo con el padre en la mesa familiar o se charlaba en las escuelas o en los clubes. Todo este proceso sirvió para que hoy estemos más cerca de que esta iniciativa se convierta en ley.

          Esta norma es necesaria porque el aborto ocurre y seguirá ocurriendo. La discusión real no es aborto si o aborto no; estamos discutiendo clandestinidad o aborto seguro. Lo que mata, mutila y deja secuelas para toda la vida es la clandestinidad.

          Al igual que usted, señor presidente, soy del conurbano bonaerense. Como vivimos allí y recorremos los barrios conocemos las historias, de alguna muerte y de familias que quedan destrozadas. Por supuesto, esto no es patrimonio de la provincia de Buenos Aires, porque también ocurre en el resto de las provincias. El común denominador son las chicas más vulnerables.

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia solicita silencio en los palcos.

 

Sr. Salvador.- Señor presidente: decía que el común denominador son las mujeres vulnerables porque son las que no tienen acceso a un aborto seguro ni a métodos anticonceptivos ni a educación sexual.

          Si una mujer quiere abortar sin esta norma sancionada, terminará en esa triste lista de 40.000 mujeres que terminan hospitalizadas por abortos clandestinos e inseguros.

          Otro aspecto de esta iniciativa es la autonomía de la mujer, porque hace a su proyecto de vida. Obligar a una chica a ser madre es una tortura y esto lo digo con mucha convicción.

          La medicación ambulatoria resuelve la gran mayoría de los casos. Desde el punto de vista de los recursos, es mucho menos costosa esta propuesta que atender las consecuencias de un aborto clandestino.

          El proyecto de ley de los 1000 días que viene de la mano de esta iniciativa y que votaremos a continuación de esta norma es muy importante. Creo que todos estamos contemplados, porque quien quiera seguir con la maternidad tendrá una norma que la acompañe durante los primeros mil días.

          Por último, quiero mencionar a alguien que representa la lucha de muchas mujeres, los ideales de mi partido, la Unión Cívica Radical, los ideales de las libertades individuales y de la ampliación de derechos: María Luisa Storani, quien fue miembro de esta Cámara de Diputados y que hoy, al igual que muchos de nosotros, lleva bien alto la bandera de la Unión Cívica Radical. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Agradezco la presencia en el recinto de la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, y de la asesora presidencial, Cecilia Nicolini. (Aplausos.)

          Tiene la palabra la señora diputada Cáceres, por Buenos Aires.

 

Sra. Cáceres.- Señor presidente: si bien llegamos adelantados a este debate, no quiero dejar de felicitar a las autoridades de las cuatro comisiones; a nuestras vicepresidentas, a Silvia, a Carmen y a Marcela.

          Lo cierto es que tuvimos unas jornadas de exposiciones y debates como lo hacemos hoy, de una manera sumamente respetuosa, y esto vale destacarlo.

          En las exposiciones en el plenario de comisiones, y también en la jornada de hoy, he escuchado hablar de quienes están a favor de la vida. Y creo que todas y todos en esta Cámara estamos a favor de la vida. De lo que estamos en contra es de la clandestinidad del aborto. Porque el aborto existió, existe y seguirá existiendo. Y mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿Cómo lo resolvemos? ¿Qué respuesta damos a las mujeres?

          No quiero dejar de contextualizar el momento en el cual llegamos hoy a debatir este proyecto. Esto me remonta a dos años atrás, cuando el entonces presidente Mauricio Macri, de manera inédita e histórica, abrió el debate sobre el aborto en este Congreso Nacional. La discusión también se dio en los distintos ámbitos escolares, en los medios de comunicación, entre los jóvenes, en las familias. Porque estamos hablando de un tema que antes de 2018 era ciento por ciento tabú; no se discutía en ningún lugar.

          Hoy estamos debatiendo un proyecto impulsado por el oficialismo, pero ambos gobiernos abrieron esta discusión y dieron voz a millones de mujeres que pelearon y pelean por la ampliación de nuestros derechos. Gracias a ellas estamos hoy acá debatiendo. Gracias a ellas se sacó esta problemática de debajo de la alfombra, se hicieron visibles los abortos clandestinos y se puso el tema en la agenda pública.

          En el último tiempo, tuve que atravesar por problemas personales de salud. Viví experiencias que me hicieron notar la verdadera situación de desigualdad en la que nos encontramos las mujeres frente a los varones. Estas desigualdades se dan en los ámbitos escolares, académicos, en el mundo laboral, en el mundo político, en lo público, pero también en lo privado. A partir de allí tomé conciencia de género.

          Este camino de deconstrucción que estoy transitando no hubiera sido posible sin el acompañamiento de muchas mujeres de distintos ámbitos políticos, de Juntos por el Cambio pero también del Frente de Todos; mujeres que la vienen peleando desde hace años. Porque estamos hablando de la bandera que nos une, que trasciende a los gobiernos, pero también a los partidos políticos.

          Como lo hizo mi compañero Sebastián, quiero permitirme agradecer especialmente a dos mujeres políticas de Juntos por el Cambio, a quienes admiro, respeto y agradezco profundamente. Ellas son María Luisa Storani y Silvia Lospennato. Mi agradecimiento a las dos, por ayudarme a transitar este camino y por permitirme también apreciar nuestra vida desde otra perspectiva.

          No puedo dejar de ver el tema del aborto seguro, legal y gratuito como un avance de los derechos de las mujeres. Reitero, el aborto existe desde hace siglos, y seguirá existiendo. Nuestra labor como diputadas y diputados es trabajar para ampliar y conquistar nuevos derechos. Eso es lo que estamos haciendo hoy, hacia allí nos lleva este debate.

          Cien años atrás, en nuestro Código Penal, los varones introducían el aborto legal por distintas causales. ¡Cien años atrás! ¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar las mujeres para avanzar, sacar esta temática de la clandestinidad y hacer que sea legal? De esa forma, también sacaremos a muchas mujeres de esa situación de marginalidad e ilegalidad.

          Para terminar, señor presidente, quiero contarle que estoy embarazada; que es un embarazo sumamente deseado, buscado por años. Con mi marido tuvimos que transitar por momentos difíciles, incluso abortos naturales. Si hay algo difícil para las mujeres es ver la transformación que tenemos en nuestros cuerpos y pasar por momentos dolorosos, donde una no elige estar en esa situación. Pero hoy debo agradecer que estamos acompañados por el amor y el cariño de la familia, de los amigos, de las compañeras y compañeros colegas.

          Ese debe ser el común denominador de los embarazos: que sea deseado, que sea querido y acompañado. Por eso, la maternidad será deseada o no será. Que sea ley. (Aplausos.) (Varias señoras diputadas y señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Masin, por Chaco.

 

Sra. Masin.- Señor presidente: mucho se ha dicho ya, pero lo cierto es que hoy estamos atravesando una jornada histórica, que marca un antecedente importantísimo no solo para nuestro país sino para varios países de la región.

          Venimos escuchando innumerables argumentos sobre la importancia de estar discutiendo hoy esta iniciativa desde una perspectiva estrictamente legal, teórica y empírica del derecho y de distintos tratados internacionales, pero lo cierto es que se trata de una cuestión de salud pública y de justicia social.

          Quiero referirme a este último aspecto. Utilizaré este tiempo para traer a este recinto y compartir algunos hechos que nos vamos encontrando en nuestros territorios, en nuestras comunidades, en nuestra provincia. Son hechos que nos lastiman, que duelen, que dejan en evidencia la ausencia del Estado, el cual muchas veces desoye y llega tarde.

          Llega tarde para garantizar nuestros derechos, para no sentirnos solas ni desamparadas. Llega tarde, porque hipoteca nuestro presente y nuestro futuro. Llega tarde cuando no existen las garantías suficientes para planificar nuestras vidas y nos empuja y empuja a muchas niñas a ser madres a una edad muy temprana, postergando el disfrute y el goce de sus infancias.

          Quiero traer a este recinto el caso de una niña del Impenetrable chaqueño, de paraje Techat: María Polo. En 2017, María Polo era una niña de 10 años, cuando fue víctima de una violación. Cursaba un embarazo de veintisiete semanas de gestación y transitó el resto de las semanas, hasta la treinta y tres, en la ciudad de Resistencia. Luego de parir, vuelve a su domicilio con un implante, porque si hay algo que se trabaja es, justamente, en garantizar los derechos sexuales y reproductivos, y cuidar la salud de esa niña.

          Posteriormente, una vez que ella pare, se pierde el contacto, no se la puede localizar y se la deja a la buena suerte e incertidumbre de no tener un Estado que la cuide y que la ampare.

          Un año después se la localiza en la provincia de Formosa. Allí, se le vuelve a cercenar un derecho por segunda vez: alguien del servicio de salud pública le retira el implante que tenía como método de prevención. ¿Qué sucedió a partir de allí? María Polo queda nuevamente embarazada. Pero esta vez es un embarazo, si se quiere, a partir de un concubinato, con lo que se puede sostener que es un abuso oficializado.

          Estas son las realidades de una niña, madre de 13 años y con dos hijos. Estos son los casos, como tantos otros, que suceden en mi provincia cuando se obliga a las niñas a maternar en vez de preservar un derecho que es tan sustancial y esencial como la niñez. Y se las induce a llevar adelante una maternidad que no es deseada, que no es planificada ni buscada. Se las somete a la maternidad como algo natural, es decir, como algo que está determinado por el solo hecho de engendrar.

          En la provincia del Chaco en lo que va del año se han practicado y efectuado 124 interrupciones legales del embarazo. Cuatro de ellas se han realizado en el Impenetrable chaqueño en menores de 18 años. Si preguntamos cuáles son las cifras de embarazo adolescente, de niñas menores a quince años, vamos a obtener datos que son sumamente preocupantes. Por ejemplo, en el año 2019 hubo 183 nacimientos de niños y niñas; en el año 2018, 243 nacimientos; en el año 2017, 184 nacimientos. Pero si pensamos desde los datos nacionales y que nos han acercado a través del Centro de Estudios Políticos Argentinos, podemos identificar que el aborto clandestino le significa al Estado un gasto mucho más caro. ¿Por qué? Porque de 45.600 personas gestantes que egresan por año con abortos incompletos, el Estado gasta 81.788 pesos. En casos de complicaciones más severas que requieren de terapia intensiva, se invierten 132.425 pesos, mientras que con el misoprostol -un aborto seguro- el monto es de 6.082 pesos.

          Esto deja al descubierto el error de algo que se ha sostenido acá. Un legislador de la oposición dijo que para el Estado es una estafa o un robo poder aprobar esta ley. Acá tenemos los números y las cifras que demuestran lo contrario.

          Necesitamos un Estado presente, representativo, que construya una mirada política de la perspectiva de género que contemple las ausencias y las deudas de la democracia, que empodere a los colectivos travestis y trans, pero que también sea una causa del feminismo de nuestros tiempos. Queremos un Estado que no estigmatice ni criminalice ni penalice. Debe generar las garantías reales de una sociedad plural, diversa y diferente. Esto lo sostuve en el año 2018 y lo sigo reivindicando permanentemente. Me sumé a las causas feministas y populares como bandera de lucha. Nos hacemos parte de deconstruir el machismo, de empoderar a las mujeres, de que tengan verdadera representatividad política a partir de la paridad de género.

          Tenemos la profunda convicción de decir basta, de organizarnos y movilizarnos, de marchar en contra de los travesticidios, femicidios y de las violencias machistas, porque nos siguen matando, violando y acosando por ser mujeres.

          La maternidad forzada también es violencia. Cuando el Estado no garantiza un aborto seguro nos violenta. La clandestinidad mata. Por eso decimos: será ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Latorre, por Mendoza.

 

Sra. Latorre.- Señor presidente: el debate que hoy, con gran responsabilidad y compromiso, nos convoca a este recinto es de equilibrio. Tenemos la enorme responsabilidad de legislar logrando esos equilibrios, que la construcción sociocultural, los dogmas y la politiquería muchas veces quiebran en nuestra ciudadanía.

          Nuestro trabajo y desafío es traer soluciones a las problemáticas que desequilibran la garantía en el ejercicio de los derechos de los argentinos y argentinas y, por lo tanto, su convivencia armónica.

-   -Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable Cámara, doctor Omar De Marchi.

 

Sra. Latorre.- Pero para que este debate sea sensato y fructífero es necesario primero definir su objeto y punto de partida. En tal sentido, no me voy a detener en un debate y en una discusión que, aunque se sigue dando en este recinto, está saldada.

          La Argentina, y nosotros como legisladores, estamos en deuda con la obligación de reconocer y garantizar un derecho constitucionalizado a través de la incorporación de los tratados internacionales de derechos humanos en la reforma de 1994. No hay margen para una interpretación distinta por mucho que se la pretenda forzar. Más allá de lo jurídico, simplemente un razonamiento lógico nos muestra que el derecho está reconocido en los tratados. Los tratados están incorporados a nuestro derecho positivo con jerarquía constitucional. Los organismos de interpretación y de aplicación creados por esos tratados nos obligan desde el momento que somos signatarios.

          El punto de partida para encontrar acuerdos -y sobre todo soluciones- es la atención de estos intereses y, en este caso, de estos derechos. Por lo tanto, necesitamos poner blanco sobre negro y decir que acá no estamos debatiendo aborto sí o aborto no. Estamos debatiendo aborto seguro y Estado presente o aborto clandestino y Estado connivente. Lo contrario implica pretender dar un debate sobre la base de mentiras, de falacias, negando la realidad e interponiendo creencias religiosas y dogmas en un Estado laico que debe legislar para todos sus ciudadanos y ciudadanas.

          Taparnos los ojos, pretender mantener el statu quo desde hace cien años y hacer oídos sordos a lo que la comunidad internacional en reiteradas oportunidades nos ha obligado, no es la vía para resolver ni este ni muchos de los conflictos y problemas de seguridad jurídica y garantía en el ejercicio de los derechos que tiene la Argentina.

          Desde 1921 la sociedad ha evolucionado y el derecho también. Pero en esta ocasión ha quedado por detrás. Es el momento de que la legislación salde esa deuda que tiene con la sociedad. Pero ojo: quien crea que este proyecto es una conquista de un gobierno, de un gobernante o de un partido se equivoca. Se equivoca profundamente porque no entiende que la evolución social y la garantía de derechos es una construcción colectiva y progresiva y que esas banderas no son de nadie o, mejor dicho, son de todos y todas.

          En relación a esa evolución me permito traer la intervención de una prestigiosa y reconocida jurista que me enorgullece como mendocina. Se trata de la doctora Aída Kemelmajer, quien reflexionó sobre ese sano equilibrio que tenemos que encontrar entre los tres ejes o pilares básicos del constitucionalismo: la libertad, la igualdad y la fraternidad. La evolución de esos conceptos traídos a hoy nos dice que la libertad se ejerce como autonomía, la igualdad se ejerce como pluralismo, es decir, ese respeto y tolerancia que debemos a las diferencias, y la fraternidad se ejerce como solidaridad.

          Nadie niega la existencia de derechos en tensión; si no, no estaríamos acá debatiendo, pero es nuestro trabajo compatibilizarlos, crear un régimen donde esos derechos ‑que no son absolutos‑ sean compatibles y se respete la relatividad y la progresividad de los mismos.

          Me voy a detener principalmente en esa autonomía y libertad, y cito a la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el fallo Artavia Murillo cuando señala: “La maternidad forma parte esencial del libre desarrollo de la personalidad de las mujeres”. Y la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer sostiene que “este derecho es vulnerado cuando se obstaculizan los medios a través de los cuales una mujer puede ejercer el derecho a controlar su fecundidad”.

          Ante estas expresas mandas no hay margen a otra interpretación que la obligación que tenemos de despenalizar y legalizar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Lo contrario es afirmar que el Estado no garantiza la libertad ni la autonomía, inmiscuyéndose en las decisiones y juzgando cuáles son merecedoras de asistencia y cuáles no. El ejemplo lo representa el régimen vigente. Hoy, una mujer que decide ser madre es asistida por el Estado y la salud pública. En cambio, la que decide no serlo, es criminalizada y obligada a la clandestinidad, con el peligro que conlleva.

          Con este régimen ninguna mujer va a ser forzada a ser madre, pero tampoco ninguna mujer va a ser forzada a abortar. Tanto en el caso de que decida hacerlo como en el que decida no hacerlo, el Estado, sin juzgarla, deberá estar presente a través del servicio de atención y acceso a la salud pública.

          La Corte dijo al respecto que “los estados son responsables de regular y fiscalizar la prestación del servicio de salud para lograr una efectiva protección de los derechos a la vida y a la integridad personal”.

          Señor presidente: para concluir, quiero decir que reconocer derechos no implica de ninguna forma obligar a su ejercicio, pero sí terminar con la injusticia de negarlos. La autonomía, el pluralismo y la solidaridad significan mujeres libres en el ejercicio de sus derechos, informadas y educadas para poder decidir, y asistidas sin prejuicios ni criminalización por un Estado presente que asegure el acceso a la salud pública.

          Como lo recordó Aida Kemelmajer en el plenario de comisiones, cada ser humano es un fin en sí mismo y no un instrumento del otro. La autonomía de las mujeres debe ser ajena al paternalismo médico y, me permito agregar, al paternalismo del Estado y de la religión. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Leito, por Tucumán.

 

Sr. Leito.- Señor presidente: hoy estamos tratando un proyecto que tiene que ver con la vida y con la historia de las mujeres. Personalmente, siempre estuve a favor de la vida y voy a seguir estándolo, por convicciones personales y porque formo parte del movimiento nacional y popular, en el que hemos perdido a miles de militantes y compañeros por pensar de una manera distinta.

          Sin embargo, hoy tengo la obligación de tener una mirada totalmente diferente y, como legislador, aprovechar la oportunidad para resolver esos enormes problemas que existen en un sector de la sociedad desde hace muchísimo tiempo, mientras el Estado mira para otro lado.

          Aquí podríamos preguntarnos por qué llegamos a esta instancia. En ese sentido, es necesario que hoy marquemos con muchísima claridad que existe un sector organizado de mujeres que, desde hace muchísimo tiempo, viene pidiendo respuestas y soluciones para sus problemas.

          En definitiva, ese sector busca la conquista de derechos, que no son otra cosa que una norma que les brinde, de manera igualitaria, la posibilidad de acceder a la salud y también de tener autonomía para resolver sobre sus cuestiones.

          Además, estamos aquí porque hubo una decisión política de nuestro presidente, quien en la campaña electoral dijo que traería este tema al debate en este recinto y, cumpliendo con ese compromiso del contrato electoral, hoy estamos aquí reunidos para discutirlo.

          Señor presidente: provengo de una familia profundamente cristiana y me he formado en un colegio religioso. Sin embargo, hoy tengo la obligación de tener una mirada más allá, porque formo parte del movimiento nacional y popular que siempre ha enarbolado la bandera de la justicia social.

          Por lo tanto, estoy convencido de que la Biblia no puede ser la única respuesta que demos a las mujeres que han tomado la decisión de interrumpir su embarazo. Aquí no está en discusión la vida, sino si el aborto es legal o es clandestino.

          El aborto existe, existió y seguirá existiendo. Esa práctica ha llevado a muchas de nuestras mujeres a tener problemas de salud y en muchos casos, a perder su vida. En reiteradas oportunidades hemos dicho que se trata de un tema de salud pública y por lo tanto, el Estado debe dar respuestas a ese problema y debe buscar las herramientas para atacarlo y repararlo.

          Cada año en la Argentina se realizan cientos de miles de abortos, producto de los cuales aproximadamente 38 mil mujeres quedan hospitalizadas, muchas de ellas con problemas de salud e incluso en muchos casos pierden la vida.

          El aborto inseguro significó el 17,6 por ciento de muertes maternas en la Argentina y este es un dato que debe interpelarnos. Sabemos que el aborto es un problema pero también sabemos que es mucho más fácil resolverlo que mirar para otro lado o hacerse los distraídos.

          La legalización del aborto no aumenta la cantidad de abortos, sino que está comprobado que resuelve un problema de salud pública, salva vidas y preserva la capacidad reproductiva de las mujeres.

          Muy a menudo miramos al Uruguay y decimos que los argentinos se están yendo porque allí viven mejor. Copiemos también algo de los uruguayos, quienes en otro momento tenían 40 por ciento de muertes por abortos peligrosos, valor que disminuyó al 8 por ciento luego de la sanción de una ley que despenaliza esa práctica. Entonces, allí tenemos una respuesta concreta a nuestros planteos.

          En lo que respecta a la despenalización, seguramente estaremos de acuerdo en que la penalización del aborto fue un fracaso en la Argentina porque, en definitiva, nunca disminuyó la cantidad de abortos.

          Asimismo, podríamos decir que existe una enorme desigualdad entre las mujeres de sectores que cuentan con recursos para practicarse abortos en lugares seguros y aquellas otras que no los tienen y, como consecuencia, padecen y sufren.

          Para finalizar, señor presidente, quiero decir que voy a acompañar este proyecto porque amplía derechos, garantiza la autonomía de las mujeres, resuelve un grave problema de salud pública, pero también porque, de alguna manera, en este momento comienza a terminar con esa enorme desigualdad que existe en la Argentina. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Cornejo, por Salta.

 

Sra. Cornejo.- Señor presidente: en primer lugar, quiero felicitarlo por el cargo que ha obtenido en la Cámara como representante del interior. En lo personal, como diputada del interior, lo considero muy necesario.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Muchas gracias, diputada.

 

Sra. Cornejo.- Señor presidente: en este momento estoy sentada en esta banca representando a muchos argentinos, fundamentalmente a muchos salteños que dicen sí a las dos vidas y que el derecho a la vida no se debate.

          Quisiera solicitar autorización para leer una resolución emitida por la Cámara de Diputados de la provincia de Salta con el número de expediente 43.583, que fue firmado por la gran mayoría de nuestros diputados provinciales y dice así: “Que vería con agrado que los legisladores nacionales por Salta se pronuncien a favor y en la defensa de la vida, en el proyecto de ley ingresado al Congreso Nacional el día 17 de noviembre del corriente, relativo a la interrupción voluntaria del embarazo.”

          Uno de los párrafos de sus fundamentos dice: “En nuestro país todas las leyes vigentes afirman que la vida existe desde la concepción”. Esto no es algo menor y tampoco lo es respetar el sentir de un pueblo como el de Salta.

          Personalmente, así como lo expresa el fundamento de este proyecto provincial, considero que la vida está garantizada desde su concepción, tanto en la Constitución Nacional como en tantos tratados internacionales a los que ha adherido nuestro país y que establecen que la vida comienza a partir de la concepción.

          Aquí fue explicado con mucha claridad: la vida nace a partir de que se convierte en un embrión, y es una persona que tiene derechos. Así lo dice la Constitución Nacional, la Convención Americana de los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño. Además, la Constitución de trece provincias, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la de la provincia de Salta en su artículo 10, así lo establecen.

          Por otra parte, este proyecto me llama la atención desde su primer artículo, que en uno de sus párrafos se refiere a los compromisos del Estado argentino en materia de salud pública.

          Me pregunto si quienes redactan estos proyectos saben qué pasa en el interior profundo de nuestro país. ¿Saben qué pasa en nuestros pueblos originarios, que nos piden por favor que gestionemos una salita dentro de sus comunidades? No hablan de un hospital sino de una salita.

          Cuando nos referimos al primer artículo de este proyecto de ley, me pregunto si está certificado que estamos cumpliendo con el cuidado de la salud, de la integridad y de los derechos garantizados por nuestra Constitución. Les digo que, sinceramente, no es así.

          Hoy, nuestras futuras madres, muchas de ellas vulnerables, no pueden ser atendidas en sus lugares de origen, porque hay que transportarlas en las peores condiciones; ni siquiera puedo decir que hay que llevarlas. Para ellas se generan graves probabilidades de perder en pésimas condiciones su vida y la de ese niño por nacer.

           Recién escuché con mucha atención a una diputada preopinante que se refirió a la niña Polo. ¡Cuánta razón, pobre María Polo! Esto me lleva nuevamente a este proyecto que hoy estamos tratando y al artículo donde se menciona a las niñas menores de 13 años. Se establece que ellas pueden hacerse un aborto, sin dudas, de un embarazo no deseado, que puede haber sido por explotación sexual, por trata de personas o por violación intrafamiliar, pero ese articulado no establece cómo debemos cuidarla a partir de ese embarazo no deseado. No se propone un seguimiento o la elaboración de un estudio ambiental. ¡Por favor, cuándo nos vamos a hacer cargo de verdad de las problemáticas que tenemos con estos temas tan duros y difíciles que debemos asumir!

          Otro de los artículos hace mención a la educación sexual integral, que no se da. Cada vez que preguntamos en Salta por qué no se implementa como debe ser, nos contestan que es transversal. Eso significa que la brindan si tienen tiempo, y si no lo tienen, no lo hacen. ¡Esto es prevención y atención! ¡No es revictimización! ¡No tenemos protocolos únicos para atender a las víctimas de violencia sexual! ¡Hagamos las cosas como deben ser! ¡No tomemos el toro por la cola, sino por las astas! ¡Preocupémonos de verdad de las cosas que pasan!

          Me horroriza escuchar que un ministro de Salud diga que la gestación de un niño por nacer es un fenómeno. También me preocupa ver a la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad claramente vestida de verde, como si estuviera de moda. ¿O será porque van a trabajar a favor de quienes están por el aborto?

          Para cerrar mi exposición, quiero homenajear al año 2018, cuando nuestro expresidente Macri dijo: “Siéntense a debatir, visibilicen estos tabúes, pongamos un Norte a seguir, no al aborto, libertad de conciencia para cada uno de los diputados”. ¿Qué pasó? Se dijo que no a esta iniciativa.

          El presidente uruguayo Tabaré Vázquez, que tuvo...

 

Sr. Presidente (Massa).- Señora diputada: vaya cerrando su exposición porque excedida está dos minutos de su tiempo.

 

Sra. Cornejo.- Quiero homenajear a las mujeres guerreras de mi pueblo, que realmente quieren que se respeten las dos vidas. (Aplausos.)   

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Cano, por Tucumán.

 

Sr. Cano.- Señor presidente: no voy a expresar que estamos hoy discutiendo esta iniciativa que viene del Poder Ejecutivo nacional porque -como bien se dijo- fue una propuesta de campaña del presidente y un anuncio que hizo en este mismo Congreso. Además, tendría algún grado de hipocresía, porque nuestro propio gobierno también habilitó el debate de este tema.

          He copiado de manera textual algunas frases de los miembros informantes que propician este proyecto: “la solución es la prevención”, “la educación integral”; “nadie está a favor del aborto”.

          En los años que estuve como diputado o senador nacional me ha tocado formar parte de debates calificados como históricos, y muchas veces las leyes que terminamos sancionando se convierten en anuncios de cuestiones que nunca van a concretarse y de realidades que nunca van a modificarse.

           En 1974, la Organización Mundial de la Salud ‑interpelando al mundo, a la política, al Estado‑ planteó Salud para todos en el año 2000. Pasaron ya muchos años y todavía la salud pública sigue siendo una materia pendiente para miles de argentinos que continúan con la cultura hospitalocéntrica, que viven en el interior profundo, sin acceder a los sistemas de salud. Esto no es una interpelación al oficialismo, sino que es una interpelación a la política.

          Cuando aquí se plantea que la solución es la prevención, la educación sexual integral o que tenemos que trabajar para evitar que las mujeres lleguen a esta situación tan difícil como lo es tomar la decisión de un aborto, lo que estamos reconociendo claramente es que fracasa la política y que buscamos atajos.

          Por eso, después de este proyecto vamos a comenzar el tratamiento del proyecto de los 1.000 días, que es un enunciado de buena voluntad que se superpone con leyes que ya existen en la Argentina y que, lamentablemente, no se cumplen.

          ¡Cuántas mujeres embarazadas hay, a lo largo y a lo ancho del país, a las que no visita un agente sanitario, que no tienen acceso a los cinco controles mínimos durante su embarazo y que muchas veces llegan a los centros de salud con abortos espontáneos por un embarazo que no ha sido controlado!

          Considero que de ninguna manera es cierto que este proyecto garantizará el aborto en caso de violación o riesgo para la salud de la madre. Esto ya está garantizado en el artículo 86 del Código Penal y en el fallo F.A.L. Yo puedo estar a favor o en contra, pero no tiene que ver con lo que yo crea o nosotros creamos -independientemente del lugar que ocupemos-, sino con la manda constitucional y el cumplimiento de la ley, que lamentablemente no se cumple en provincias como la de Tucumán.

           El caso Lucía es el de una niña de 11 años que quedó embarazada dentro de su propio entorno familiar. En Tucumán, el fallo F.A.L es letra muerta, al igual que la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable y la Ley de Educación Sexual Integral, porque Tucumán no adhirió, pues hay un signo político que gobierna desde hace dieciocho años.

-   Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Sergio Tomás Massa.

 

Sr. Cano.- Entonces, tenemos un discurso de ampliación de los derechos, pero no garantizamos los que hoy ya tienen las mujeres en la Argentina. Me refiero a los derechos de mujeres como Paola Tacacho, quien después de haber realizado nueve denuncias en la Justicia tucumana fue brutalmente asesinada por su victimario. La Justicia no le garantizó sus derechos.

          El caso de Lucía es emblemático y, repito, no tiene que ver con lo que yo crea o piense, sino con las leyes que están vigentes. No he visto a muchos colectivos de mujeres que se preocupen por el hecho de que las normas que sancionamos aquí terminan siendo letra muerta tanto en mi provincia como en otras de la Argentina. Lo digo desde la convicción, porque en numerosas oportunidades me presenté al Poder Legislativo de Tucumán para que se adhiera a la ley.

          Entonces, uno ve en las redes sociales que hay algunos dirigentes del oficialismo que nos interpelan, pero resulta que gobiernan la provincia. Estos derechos que hoy tienen las mujeres, en Tucumán son letra muerta.

          El aborto no puede solucionar la ausencia del Estado. Estamos buscando atajos. Me parece que la legislación que hoy está vigente en la Argentina, que garantiza el aborto a las mujeres que han sido violadas y, en la interpretación de este artículo, cuando no obliga a la mujer a hacer la denuncia, lo hace porque todos los que vivimos en el interior sabemos que muchas veces las mujeres son sometidas dentro de su propio entorno familiar y que no quieren hacer la denuncia.

          En este sentido, podríamos analizar la legislación de Chile. La Corte Interamericana de Derechos Humanos felicitó que el Tribunal Constitucional de Chile no haya declarado la inconstitucionalidad de la norma que básicamente prevé lo que en la Argentina está vigente y ‑más allá de mis creencias o de mis convicciones-, lamentablemente, en muchas provincias no se cumple.

          En el año 2013, junto a los senadores Filmus, Liliana Fellner, Gerardo Morales y Ernesto Sanz, me tocó militar sobre un proyecto de ley que finalmente se transformó en la ley 26.862, de Reproducción Médicamente Asistida.

          Esa fue una norma que conculcaba derechos porque discriminaba claramente a miles de mujeres en la Argentina por su condición económica. A partir de la sanción de esa ley pasó de haber 10.000 tratamientos a hacerse más de 21.000. Hoy deberíamos estar en 40.000 tratamientos para que las mujeres puedan ejercer el derecho a la maternidad.

          Ese proyecto lo trabajamos con asociaciones como Sumate a Dar Vida o con la ONG Concebir, y recabamos más de 300.000 firmas.

          Esos derechos hoy se cumplen en la Argentina.

          Finalmente, estoy convencido de que este debate ha sido mucho más respetuoso y ha tenido más madurez que el de 2018, tal vez porque en muchos de los discursos de quienes votan a favor del proyecto nos hemos sentido interpelados. De la misma forma, muchos discursos de los que votamos en contra, como el de la diputada Graciela Camaño, también nos invitan a repensar.

          La madurez del debate político que hoy se está viviendo en este Congreso es muy distinto al de 2018.

          Sin embargo, también creo que este tema no está en la agenda actual de la Argentina, lo cual no significa que no se habilite a que lo discutamos, ya que de hecho lo estamos haciendo.

          Creo que hoy la agenda del país pasa por otros problemas. La distancia, el descreimiento de la gente hacia la política, de lo que solemos hablar, se debe a que muchas veces transformamos sesiones épicas en hechos que después no se concretan en la realidad. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada López, por Buenos Aires.

 

Sra. López.- Señor presidente: antes de empezar mi discurso quiero hacer un llamado al respeto, al igual que lo hizo usted.

          A quienes pertenecen al sector que se opone al proyecto, pido sinceramente que dejen de atropellar en las redes a quienes pensamos diferente.  A los comunicadores y comunicadoras de los medios hegemónicos, les pido que por favor dejen de generar atropellos, de avergonzarnos y, particularmente, sepan que estamos en democracia y que somos libres de cambiar un posicionamiento y tener otra opinión.

          Traten de no amenazar a nuestras familias, como le está sucediendo al diputado Ferreyra en este momento. Creemos que no es justo que nos pase eso, simplemente por ejercer nuestra calidad de funcionarios y funcionarias públicas. (Aplausos.) Estamos acá para votar en el recinto.

          Por favor, a los varones de la política, no llamen más a las compañeras diciéndoles que es probable que pierdan su carrera política. Las cosas no funcionan así. Estamos profundamente convencidas de lo que vamos a votar hoy. (Aplausos.) Profundamente convencidas.

          También aclaro que me siento violentada cuando alguien dice que para votar algún proyecto hay dinero de por medio, pero no dan ninguna muestra de eso.

          Hace más de veinte años que milito por el aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina. Hace más de veinte años que soy trabajadora social. Trabajo en salud y no necesito que nadie me venga a decir nada.

          Por otro lado, es muy violento, porque en realidad no creo que alguien que defiende las dos vidas vaya a dejarse mover por una bolsa de dinero.

          Entonces, les pido por favor que respetemos las reglas de un debate en democracia.          Desde ese lugar voy a hablar.

          En primer lugar, quiero agradecer a mis compañeros y compañeres que están afuera en la marea verde, en ese charquito que salva vidas. Las vidas que el Estado no puede salvar, las salvan las compañeras del charquito verde. Así que agradezco enormemente que estén ahí desde ayer a la tarde las médicas, les médicos, psicólogas, trabajadoras sociales, obstétricas, enfermeras, las compañeras promotoras, que son quienes ponen el cuerpo desde hace más de diez años, porque la ausencia es muy grande.

          Hace más de quince años que a campaña milita este proyecto. Entonces, me parece que ningunear el trabajo y la militancia de las feministas es no saber lo que ocurre en los territorios, en esa Argentina profunda de la que he escuchado hablar mucho.

          En esa Argentina profunda, cuando el Estado no mira qué pasa con los más y las más vulnerables, generalmente aparece la militancia a resolver un problema que debería ser de política pública.

          Entonces, podemos no estar de acuerdo, pero no se debe ningunear el trabajo militante de ningún compañero y de ninguna compañera.

          Por otro lado, voy a aclarar por qué estamos a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. No estoy en contra de las dos vidas, para nada. Pero el aborto existe desde hace mucho, desde hace tanto que creo que ni siquiera había nacido yo ni muchas de mis compañeras y compañeros. Por eso, lo que hay que hacer es sacarlo de debajo de la alfombra, como sucede con todos los secretos de familia.

          Recién hablaban de cuestiones relacionadas con los abusos sexuales infantiles y de las nenas obligadas a parir.

          Las nenas son obligadas a parir, pero hay un protocolo para actuar en los casos de abuso sexual infantil. ¿Saben por qué no se actúa? Porque los abusos sexuales intrafamiliares llegan muy tarde al sistema de salud y no se puede aplicar la anticoncepción de emergencia.

          Desconocer eso es desconocer cómo opera el abuso sexual intrafamiliar. Obligar a parir a una criatura, a una nena, es cruel. El dolor no es fisiológico. El abuso sexual es una bala psíquica en la cabeza de las víctimas. Dejen de obligar a parir a alguien cuando ya ha sido víctima.

          Hay muchísimos casos de menores de edad abusadas intrafamiliarmente que fueron obligadas a parir por la negligencia de un Estado que no respondió en tiempo y forma para validar el derecho a la víctima.

          Es mentira que el simple fallo F.A.L resuelve todo. Hay que estar en territorio. Hay que saber lo que sucede. No digan que el abuso es algo que puede pasar y que eso en realidad la convierte en madre. Nadie puede ahijar algo producto de una violación. Somos una experiencia humanizante. Somos sujetos cuando hay otro u otra que nos mira. Es imposible ahijar a alguien, simplemente por el hecho de tenerlo adentro del cuerpo. Eso no es así. No somos cachorros. Aunque nos quieran comprar permanentemente con perros, no lo somos. La vida y la muerte son una experiencia social, subjetiva, cultural y política. (Aplausos.)

          Voy a ir al punto de lo que me han ayudado mis compañeras feministas en red, las Socorristas en Red‑feministas que abortamos y las compañeras de Socorro Rosa que están en todo el país, en todas las provincias, en todos los municipios, en las 600 ciudades que militaron el pañuelo verde en las 24 provincia. Realmente, ellas fueron quienes me acercaron los números exactos de la población vulnerable.

          El aborto nos atraviesa a todas, pero la resolución, particularmente, va a depender de la condición social de esas mujeres y diversidades que deciden abortar. El 75 por ciento de los abortos en clandestinidad, para aquellas mujeres del último quintil de la población, es decir las mujeres y disidencias más pobres, se complica.

          El aborto tiene un costo para todas. En cualquier video de Youtube vemos cómo usar el misoprostol. Ahora, el acceso no es posible para todas porque tiene un valor de 8.000 pesos, y más del 70 por ciento de las mujeres en nuestro país reciben asignaciones de 3.500 pesos.

          Entonces, no creamos que la simple resolución se da solamente con la medicación. Hay causas sociales complejas que se esconden. Muchas de nuestras compañeras y compañeres son obligadas a parir en contextos de violencia, embarazadas por sus compañeros que también las violentan.     

          Me parece que circunscriben el problema a un lugar donde realmente falta mucho territorio. No es aborto sí o aborto no. Es legalización o clandestinidad. Es Estado presente o seguir haciendo como que nada pasa.

          Me parece que nadie elige como primera opción un aborto. Por eso planteamos: educación para decidir, anticoncepción para no abortar y aborto legal para no morir.

          Esto se lo dedico a todas mis compañeras del Frente Renovador, que desde hace años militamos una agenda de género, a mis compañeras socorristas de Necochea, que cuando fui gestión y el aborto no era legal, estuvieron al pie del cañón con todas las mujeres que decidían interrumpir sus embarazos, sobre todo con los abusos sexuales que padecemos.

          Nos violentan desde hace mucho tiempo. Está en nosotras definir y ponerle fin al patriarcado. (Aplausos.)   

 

Sr. Presidente (Massa).- En esta oportunidad no me referiré a los diputados y diputadas que están en el recinto ni a quienes están en los palcos, sino a quienes están en Pasos Perdidos siguiendo esta sesión a través de una pantalla.

          Más allá de que el acceso a este edificio tiene como condición la presentación de la prueba de PCR, otra de las condiciones que se ha planteado es el cumplimiento del distanciamiento social. Pedimos a quienes están en el Salón de los Pasos Perdidos que cumplan el criterio de distanciamiento social, por favor. Muchas gracias.

          Tiene la palabra la señora diputada Villa, por Buenos Aires.

 

Sra. Villa.- Señor presidente: hoy traen al recinto, otra vez, la discusión del aborto. Se trata de un debate sumamente necesario, pero hoy claramente inoportuno y oportunista. Digo oportunista porque responde a las discusiones internas de la coalición gobernante y no a las demandas de la sociedad; oportunista porque pretende instalar en la agenda política un tema que, sin lugar a dudas, es utilizado como una cortina de humo para tapar la realidad de un país que se está cayendo a pedazos.

          Una vez más, nos encontramos frente a un gobierno muy poco interesado en los verdaderos problemas de los argentinos; un gobierno muy preocupado por el aborto pero muy poco ocupado en la economía, en la inseguridad, en la desocupación, en la pobreza, y ni qué hablar en la educación. No crean que con este proyecto van a tapar la realidad que vivimos como consecuencia de la pésima gestión del coronavirus.

          Por otro lado, es inoportuno porque estamos atravesados por una pandemia que nos obligó a focalizar todos nuestros esfuerzos en el sistema sanitario, dejando de lado otras cuestiones porque entendíamos que perseguíamos el mismo objetivo: cuidar la vida.

          Desde marzo, todos los discursos -tanto del oficialismo como de la oposición- se centraron en llevar adelante medidas preventivas. Nuestros hijos dejaron de ir a la escuela, los comercios bajaron las persianas y comenzamos a trabajar de manera remota, incluso en este Congreso. Todos nos teníamos que quedar en casa.

          Comenzamos a hablar de distanciamiento social, de permiso de circulación y de trabajadores esenciales porque entendíamos que perseguimos el mismo y único objetivo: proteger la vida. Repito: proteger la vida.

          Incluso, cuando el presidente Alberto Fernández tuvo que dar algún anuncio que no era tan simpático para la economía, dijo: “Una economía que se cae, se levanta, pero una vida que se pierde no la levantamos más”. Después de todo esto, lo que nos tenemos que preguntar es si priorizar la vida es una cuestión selectiva. ¿O acaso hay vidas que importan y vidas que no importan, dependiendo del contexto? Tenemos que ser coherentes; si defendemos la vida, defendemos todas las vidas, siempre.

          En 2018 tuve la posibilidad de participar en este debate, y al igual que en aquel momento, hoy también me parece importante destacar algunos puntos. Algunos de ellos los comparto y otros sinceramente no.

          En primer lugar, considero verdadero que todos estamos a favor de la vida, tanto los que apoyan este proyecto como los que lo rechazamos. Personalmente, estoy a favor de la vida de manera absoluta. Estoy a favor de la vida de la madre y a favor de la vida del niño por nacer.

          También sostengo que el aborto nos pone cara a cara frente al fracaso del Estado. Digo fracaso del Estado porque no podemos prevenir un embarazo no deseado, fracaso porque no podemos acercar un Estado presente, que con políticas públicas, sociales, educativas y sanitarias contenga y prevenga. Porque un embarazo no deseado es evitable, y si lo es, el aborto también es evitable.

          He escuchado en varias oportunidades que el aborto nos hace libres a las mujeres; no es así. Lo que nos hace libres es la educación sexual en la adolescencia, el acceso a métodos anticonceptivos, la posibilidad de caminar por las calles libres y sin miedo. Lo que nos hace libres a las mujeres es la posibilidad de elegir la maternidad, no la posibilidad de eliminar una vida. El aborto no nos hace libres, nos hace víctimas y cómplices de un Estado verdugo. El aborto no nos hace libres, nos hace esclavas de una decisión cargada de angustia y llena de dolor. (Aplausos.)

          Ojalá entendamos que la política siempre nos da la posibilidad de hacer las cosas bien. No le carguemos un fracaso más al Estado, por favor. Trabajemos todos juntos para generar políticas que tiendan a dar solución al problema de raíz, pero siempre hagámoslo priorizando un derecho innegociable, el derecho a vivir, porque el derecho humano es el derecho a la vida y no el derecho a eliminarla o destruirla.

          Me da mucha bronca tanta injusticia social. Me da mucha bronca ver cómo se llenan la boca hablando de derechos humanos y después se arrodillan frente al mercado, entregando los derechos de los más vulnerables. Me da vergüenza como peronista escucharlos hablar de justicia social y después se sientan en estas bancas y no son capaces de ser la voz de lo más indefensos. (Aplausos.)

          Para finalizar, sea cual fuese el resultado de esta votación, me siento orgullosa por la huella que dejo en esta banca. Me siento orgullosa porque defiendo con el cuerpo, con el alma y con el corazón la política más progresista de todas. Porque no hay política más progresista que ser generoso con la vida; porque no hay política más progresista que defender la vida. Que no sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Ávila, por Tucumán.

 

Sra. Ávila.- Señor presidente: al igual que en 2018, ratifico mi postura a favor del derecho a la vida, y voy a votar por la defensa de las dos vidas.

          Lo que hoy estamos debatiendo no es una cuestión partidaria, política ni ideológica. Por eso, nos diferenciamos por colores; por eso están los pañuelos celestes y los verdes en lugar de banderas políticas. Este tema es absolutamente transversal.

           Lo que estamos discutiendo nuevamente hoy es una cuestión de conciencia, de moral, de valores. De esa manera vamos a votar los 257 diputados de esta Cámara. Esta es la absoluta verdad.

          Lamentablemente, el aborto se está convirtiendo en un moderno genocidio. Uso esta palabra porque fue la que usó el ministro Ginés. En función de ello, quiero decir que hablar así genera mucha más violencia sin precedentes.

          No nos engañemos: por más que hoy, o cuando se trate en el Senado, el aborto se convierta en ley, ello no significará que habremos encontrado una solución mágica a la problemática de la mujer. Si este proyecto se aprueba, ello no significa que vamos a ser un país del primer mundo o que vamos a combatir la pobreza. De ninguna manera. Digo esto a pesar de saber que hay diputados que tienen muy buenas intenciones y aprueban esta norma.

          Me voy a detener en otra expresión del ministro Ginés, cuando manifestó que el ser “es un fenómeno”. Obviamente, me dirigí al diccionario para ver qué significaba esa palabra. Fenómeno es una “manifestación de actividad que se produce en la naturaleza y se percibe a través de los sentidos”.

          El ser indefenso que está dentro del vientre de una madre no es “fenómeno”, es una personita absolutamente indefensa. Es distinto de la madre y de sus progenitores porque tiene su propio ADN. El hijo no es propiedad de la madre ni del padre. Es una vida totalmente diferente, absolutamente independiente, y de ninguna manera puedo aceptar que se lo trate como fenómeno.

          Siempre he defendido a la vida desde el momento de la concepción y estoy convencida de que es una bandera irrenunciable de la democracia argentina. Nos llenamos la boca hablando de democracia, de libertad, de solidaridad y de igualdad, pero existe una actitud injusta y absolutamente discriminatoria que hoy se pondrá como antecedente al tener que registrar a las personas como nacidas o no nacidas. ¿Quiénes somos nosotros para definir quién vive y quién no? Reitero: ¿quiénes somos nosotros para definir quién va a vivir y quién va a morir? De ninguna manera esto puede ser así. Me duele que estemos perdiendo el valor de la vida.

          Todos coincidimos, y lo he escuchado acá, en que el aborto es un acto de violencia, no solamente por el niño por nacer sino también contra la mujer. Una mujer que se practica un aborto pasa por un dolor irreparable e irrepetible. La experiencia de un aborto es algo que queda para toda la vida: en eso coincidimos.

          Soy feminista. Trabajo y milito desde hace muchos años en mi provincia, Tucumán, para evitar cualquier tipo de violencia contra la mujer y contra las niñas, ya sea psicológica, económica, sexual, laboral, y hasta el femicidio, que es la mayor forma de violencia. He recibido a muchas mujeres que han padecido violencia y he hablado con familiares que han perdido a sus hijas.

          En la provincia de Tucumán llevo adelante un programa que se llama “Banco Rojo”, que tiene como objeto recordar a las víctimas de femicidios. Ellas son Paulina, Luciana, Alba, Iris, Jésica, Mayra, Natalia, Juana, Antonia, Rosa, Gabriela, Vanesa, Alejandra, Abigail Luna ‑de 2 años-, Abigail Riquel -de 9 años-, Sandra Benítez, que era trans, y Paola Tacacho, quizá la más conocida, que murió en la vereda.

          ¿Cuándo vamos a hablar de los femicidios? ¿Cuándo vamos volver a tratar estos temas en esta Cámara? El aborto, lamentablemente, no erradica la violencia contra la mujer ni contra las niñas.

          Dicen por ahí que no tenemos propuesta. Pero por supuesto que la tenemos: nuestra propuesta es la vida, ni más ni menos; la vida como un acto creador. Estamos defendiendo todas las vidas: no solamente las de unos, pero no las de otros. En general me inclino siempre por los más vulnerables.

          No entiendo por qué en estos momentos que vive la Argentina, en que nuestros ciudadanos están padeciendo graves problemas, tienen angustia, desesperanza, miedo a perder sus trabajos o a que cierren sus pymes, estamos tratando el tema del aborto. Me parece absolutamente inoportuno.

          Represento a una provincia, Tucumán, que se declaró provida. Esto ha sido decidido por el gobernador Manzur, el vicegobernador Jaldo, los intendentes y todos los legisladores provinciales y representantes políticos de mi provincia.

          Por eso, y para terminar, quiero manifestar que estoy en contra de la legalización del aborto y a favor de la defensa de la vida, de las dos vidas, siempre. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Terada, por Chaco.

 

Sra. Terada.- Señor presidente: antes de entrar en el tema que nos compete, me gustaría resaltar que ahora mismo, en el Senado de la Nación, una puerta más allá, se está tratando el proyecto de modificación de la movilidad jubilatoria, lo que va en contra de los intereses de nuestros jubilados nacionales.

          ¡Qué coincidencia, señor presidente, que hoy estemos tratando acá un tema tan importante, como la legalización del aborto, y que del otro lado -no sé si para que pase desapercibido, o para que la gente o los medios pierdan interés en esa cuestión-, en forma conjunta y simultánea el Senado esté tratando la movilidad jubilatoria, cuya sanción por supuesto producirá un grave perjuicio patrimonial a nuestros jubilados!

          Ahora bien, entrando al tema en cuestión, durante 2018 hemos escuchado a más de setecientos expositores. En esta oportunidad, durante tres días, hemos escuchado a más de setenta expositores, quienes se expresaron tanto a favor como en contra de una y otra posición.

          Después de haberlos escuchado, hoy más que nunca se reafirma mi convicción de que la vida comienza desde la concepción, y este concepto fundamental está instituido tanto en el inciso 23 del artículo 75 de nuestra Constitución, como también en el artículo 19 de nuestro Código Civil y Comercial. Por supuesto, también lo está en los numerosos tratados internacionales a los que ha adherido nuestro país. Recordemos, por ejemplo, el Pacto de San José de Costa Rica, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en especial la Convención sobre los Derechos del Niño, en cuya adhesión nuestro país hizo una reserva de que se es niño desde la concepción y hasta los 18 años.

          Recordemos que el mismo inciso 22 del artículo 75 de la Constitución Nacional dice que para dejar sin efecto o denunciar un tratado se necesita la aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara del Congreso Nacional, pero esto no se hizo. Por lo tanto, dejar sin efecto la letra de nuestros tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional, con la legalización del derecho de abortar como un derecho humano de la mujer, que no está dentro de ninguno de estos textos ‑ni de la legislación nacional ni tampoco en los tratados internacionales-, creo que es algo que no corresponde hacer.

          Por otro lado, debo decir que no existe ningún derecho absoluto que sea mayor o mejor; ni el derecho de abortar de la mujer, ni el derecho de nacer del niño. Entonces, en esta colisión entre ambos derechos, ¿cuál debería prevalecer? ¿Debería prevalecer el derecho de abortar de la mujer por su libertad, o bien el derecho a nacer, el derecho a la vida, que es un derecho fundamental? En este sentido, entendemos que la parte más débil de esta relación es justamente la del niño por nacer.

          Esta problemática, por supuesto, involucra a la mujer, al hombre, al niño por nacer, a los profesionales de la salud y también a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, ¡qué casualidad! En este proyecto no se mencionan ni se consideran los derechos del hombre, al que no obstante sí se le pueden reclamar ciertas obligaciones, como la de pasar alimentos o la de reconocer un hijo a través de una filiación. Sin embargo, en este caso no se le da ningún tipo de intervención en la toma de decisión de ese niño por nacer, que en cierto modo también le pertenece por haber contribuido a su origen.

          En este proyecto se encuentra la denominación “interrupción voluntaria del embarazo”. Es un hermoso juego de palabras, pero que falta a la verdad. Porque cuando hablamos de interrumpir, decimos que algo se interrumpe para poder luego continuarlo. Pero en este caso no se interrumpe para continuar algo, sino que se interrumpe, se elimina lo que, en palabras del ministro Ginés González García, es un fenómeno, porque él considera que en esa etapa no se trata de un ser humano. Sin embargo, nuestra legislación dice que desde la concepción ya es un ser humano, ya tiene esa esencia de ser humano, que por supuesto tiene un grado de evolución.

          Otra cosa que también constituye una falacia es hablar de la despenalización del aborto, porque si leemos el artículo 18 vemos que esa figura se mantiene. Es decir, se establece una pena para la gestante en caso de que causare su propio aborto o que consienta que otro se lo practique pasadas las 14 semanas de gestación. Entonces, ¿cómo es el tema? ¿Hasta las 14 semanas es un fenómeno, no existe, no es nada o es la nada misma, y a partir de la semana 15 sí es un ser humano? Y si la mujer consiente o se provoca el aborto, ¿entra en una figura?

          Hoy se habló también respecto de la oportunidad y de la necesidad. Sinceramente, como diputados de la Nación también debemos hacer caso a lo que la sociedad nos está diciendo, cuando un 60 por ciento de ella está rechazando enfáticamente el tratamiento y la aprobación de este proyecto.

          Por supuesto que también debemos resaltar la falta de presupuesto y las deficiencias del sistema sanitario, que se va a tener que hacer cargo de toda esta situación.

          Por último, quiero decir que nosotros consideramos que el aborto no es legal, porque es inconstitucional, porque no solamente viola la Constitución a nivel nacional, sino también a nivel provincial en todo el país. Por ejemplo, la Constitución de la Provincia de Chaco establece en su artículo 15 que la concepción es el origen de la vida.

          El aborto no es seguro, porque siempre se elimina una vida; o quizás, en el peor de los casos, pueden llegar a ser dos. El aborto tampoco es gratuito, porque el costo lo paga el Estado, las provincias o las obras sociales. Lo terminamos cubriendo todos los que pagamos tributos, ya sea a través de los aportes a las obras sociales o por medio de los impuestos nacionales.

          Señor presidente: por más que se sancione, esta ley no será justa. Mi voto es en contra del aborto. Ojalá que no sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Sánchez, por Neuquén.

 

Sr. Sánchez.- Señor presidente: es interesante la mirada de la señora diputada preopinante. Justamente iba a hacer mención de una serie de incoherencias que se plantean a partir de este proyecto.

          Está claro que esta iniciativa choca contra cualquier control de razonabilidad, y eso lo expresaron muy bien algunos de los juristas que estuvieron presentes en los plenarios de comisiones. Recuerdo a la doctora Gelli y al doctor Toller, que lo manifestaron con muchísima claridad ahora, así como también fue expresado en 2018.

 

          Este es un proyecto que choca de plano contra el derecho positivo en la Argentina, que es bien claro respecto de cuándo empieza la vida y desde qué momento se considera vida humana, y además establece específicamente que hay una persona humana.

          Ese derecho positivo que deviene de un derecho natural -y que se sustenta en el orden natural- es algo fundamental para nosotros, porque nuestra cultura, nuestra tradición, tiene base cristiana. Esto no lo podemos negar de ninguna manera. Nosotros somos un pueblo de mayoría cristiana, y muy orgullosamente cristianos.

          Cuando aquí nos dicen que no se debe discutir desde una perspectiva religiosa, yo les respondo que la mayoría argentina es religiosa y cristiana. Según nuestra tradición y nuestras creencias, esa criatura emanada de Dios tiene que ser protegida. Por eso tenemos este ordenamiento jurídico.

          Digo que no hay coherencia por un sinfín de razones, algunas de las cuales voy a enumerar; pero sería tan largo hacer una descripción absoluta de todas las incoherencias que aquí se han planteado, que resultaría prácticamente interminable.

          Primero, voy a mencionar una: aquí veo muchos “progres” -autodefinidos como “progres”‑ no solamente en un espacio político sino en muchos partidos. Esto me llama la atención, porque estos “progres” están haciendo el juego a los poderosos del mundo, como lo mencionó al pasar algún diputado.

          Acá hay intereses internacionales bien claros y definidos, que no son nuevos. Me refiero al Informe Rockefeller, al Informe Kissinger y a cuestiones previas. Estas situaciones se suceden y llegan hasta un conocido, como Soros. Mucho sabemos quién financia algunas organizaciones que aquí, en la Argentina, están promoviendo el aborto y pagan mucho a algunos medios de comunicación, pagan mucho a algunos dirigentes políticos, pagan mucho a algunos referentes sociales y pagan ‑según los registros‑ a algunos legisladores. Evidentemente, hay un interés de tipo globalista no solamente en nuestro país sino también en otras naciones del mundo, específicamente de Iberoamérica.

          Entonces, existe una incoherencia importante e interesante de señalar, pero obviamente, por distintas cuestiones -algunos por ideología, otros por convencimiento de tipo financiero y otros por moda‑ no va a hacer reflexionar a quienes ya tienen decidido su voto.

          La realidad es que el aborto no es un tema solicitado ni buscado por la enorme mayoría de los argentinos. Todo lo contrario; no hablen en nombre de las mujeres o de los pobres. No hablen en nombre de ninguno de los dos sectores, ya que no representan ni a todas las mujeres ni a los pobres. Para nada; se los puedo asegurar.

          Este no es un tema de la agenda de la Argentina verdadera; este es un tema de ciertos sectores ideologizados que han consumido una moda divulgada a nivel global y que la han comprado por mucho gusto.

          Hemos tenido tantas incoherencias como el hecho de contar con un ministro de Salud que desconoce los datos de su propio ministerio, lo que constituye algo gravísimo. Yo le pedido la renuncia al doctor Ginés González García no solamente porque ha fracasado en su política contra el COVID, sino porque además nos ha faltado el respeto a los diputados cuando habló de “fenómeno” al referirse al niño por nacer. Es innegable que hay una vida humana. A los que se molestan y nos piden que no les digamos “asesinos”, les respondo que cuando hay una vida y se busca la promoción de la eliminación de esa vida, la única forma de denominarlo es “asesinato”. Entonces, quienes promueven el aborto están promoviendo el asesinato. No hay otra forma de verlo. Es así de claro.

          Quiero hacer un llamado a los hombres argentinos. Este no es un tema de mujeres solamente; es una cuestión de hombres y de mujeres. Cuando hay un acto sexual, por amor o por pasión, hay un hombre y una mujer. Biología básica. El hombre se tiene que hacer cargo en todo momento de su responsabilidad; no puede huir. Pero acá veo gente que quiere votar este proyecto muy livianamente, ignorando la responsabilidad que tenemos todos los hombres en la concepción, en la creación de una nueva vida.

          Por último, quiero decir que si este proyecto se aprueba, apenas se sancione, nos vamos a poner a trabajar para que sea derogado, porque no vamos a permitir que una ley injusta sea promovida y aplicada en nuestro país. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Pérez Araujo, por La Pampa.

 

Sr. Pérez Araujo.- Señor presidente: no conseguí una corbata verde en todo Buenos Aires. La moda se está imponiendo de una manera inimaginable.

          Verdaderamente, lo que acabamos de escuchar constituye una banalización de la discusión que nos estamos dando en este ámbito de la democracia. Venimos debatiendo en un ámbito de respeto, venimos tolerándonos, venimos pidiendo bajar las pasiones porque desde los dos lados estamos hablando de vida. Entonces, al hablar de moda y de cuestiones financieras, parece que los que están financiando se han olvidado de mí, porque no me llamaron.

          Hablar de una pose “progre” de ciertos sectores de este Parlamento verdaderamente es banalizar el discurso, señor presidente. Tenemos que decirlo. El respeto no solo se predica sino que también se practica. Aun con tonos monocordes, el respeto se debe practicar.

          Entonces, hago mías las palabras de la diputada Jimena López: si nos vamos a respetar, respetemos de los dos lados. Parece que cuando el Poder Ejecutivo anterior instó el tratamiento de un proyecto muy similar, era por diálogo y porque entendió que debía darse el debate, pero ahora es oportunismo.

          Parece que ahora estamos intentando esconder lo que está pasando del otro lado, en el Senado. No menospreciemos a la sociedad. Ella sabe qué está pasando en el Senado y también está muy atenta a lo que sucede acá.

          Estamos tratando de enmendar una deuda de la democracia, una deuda que este Parlamento tiene con las argentinas. Entonces, en este sentido sí voy a coincidir con alguna opinión anterior: muchos hombres -dijo él‑ se expresan livianamente acá. Hoy tuve muchas dudas al momento de hacer uso de la palabra, porque en algún momento pensé: ¿qué decir sobre una norma que está legislando sobre una cuestión a la que yo no le voy a poner el cuerpo jamás? Porque no tengo la capacidad de ponerle el cuerpo. (Aplausos.)

          Entonces, como hombres, señores diputados, debemos hacernos cargo de esta situación: no votar livianamente, aunque sí entender que estamos defendiendo un derecho que no es nuestro pero que tiene que ver con un hecho del que claramente somos responsables.

          La paternidad en la Argentina es “cuando se me da la gana”. La maternidad ‑para algunos sectores‑ debe ser obligatoria, y lo digo incluso hasta con cierto pudor, porque esto puede llegar a ser banalizado. Pero entonces a las mujeres las hacemos depositarias no solo de nuestras pasiones -como se dijo recién‑ sino también de nuestros deseos paternalistas.

          La maternidad es deseada o no será. Eso lo tenemos que tener claro. Hace cien años que tenemos la actual legislación penal y, como herramienta represiva del Estado, es la más violenta a la que echamos mano. Entonces, no podemos seguir aplicándola en casos en que las mujeres y las personas con capacidad de gestar se ven en una situación desesperante en general. ¡Nadie usa el aborto como método anticonceptivo! ¡Por favor, pensemos! ¡Evolucionemos!

          Respeto las opiniones expresadas en el debate desde el cristianismo y otras religiones.

          También respeto las opiniones médicas y de distintos juristas que nos dieron argumentos de los dos lados. Así, nos han dicho desde que esto es una aberración jurídica y la mayor inconstitucionalidad que se va a producir en este país, hasta que es un mandato internacional.

          Entonces, no nos casemos con ninguno de esos juristas que nos vienen a hablar con concepciones ancestrales y que después terminan en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. No nos equivoquemos. Aquí nadie tiene la verdad revelada.

          Lo que resulta claro es que este es un derecho que compete a las mujeres. Es de ellas y de las personas con capacidad de gestar. Nosotros -todos los diputados- debemos acompañar a la mujer en su decisión de llevar a término un embarazo cuando es deseado, o cuando con las herramientas del Estado a través de este mismo proyecto que estamos tratando y de la iniciativa denominada “de los mil días” podamos, si se quiere, persuadirla o invitarla a que lleve a término su embarazo. Pero bajo ningún punto de vista podemos obligarla.

          Entonces, esa es nuestra tarea, es decir, acompañar a la mujer que decide llevar a término su embarazo y a aquella que, por el motivo que fuera, toma la decisión de no hacerlo.

          Además, debemos tener en cuenta que precisamente necesitamos educación sexual integral. También requerimos anticonceptivos y aborto legal. Pero además necesitamos que esa educación sexual integral en cuanto a la responsabilidad de la procreación no solo sea destinada a las mujeres. Acá toda la educación –en la casa, en la familia, etcétera- está destinada a las mujeres. A ningún pibe se le dice qué tiene que hacer para no dejar embarazadas a las compañeras.

          Por otra parte, debemos tener en cuenta que hay muchos varones que en un uso desmedido de esa fortaleza que supuestamente tenemos impiden a sus compañeras utilizar métodos anticonceptivos. Esto resulta claro. El que lo desconozca no está viendo la realidad.

          De manera tal que se trata de derechos, de la vida y no de aborto sí o aborto no, sino de aborto legal o aborto clandestino. Y la clandestinidad mata.

          Por lo expuesto, espero que este proyecto sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Enríquez, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. Enríquez.- Señor presidente: evidentemente, queda claro que el momento en que se aborda este tema es absolutamente inoportuno. Lo han dicho muchos señores diputados. La situación del país es caótica. En materia sanitaria el estado de cosas es desastroso. En cuanto a la situación económica, ahí están los índices de la Universidad Católica Argentina, que indican, entre otras cosas, que hay un 44,2 por ciento de pobreza –de ese porcentaje, un 64,1 por ciento corresponde a jóvenes de menos de 18 años‑, y un aparato productivo destruido.

          Pero en este momento se plantea el tema de la legalización del aborto en el recinto de esta Honorable Cámara. Además se lo hace en un mes que, como dijo el señor diputado Sánchez, es muy caro a la tradición judeo-cristiana. En un mes muy caro a estos sentimientos se propone el tratamiento de este tema. Pero no voy a hablar desde el punto de vista religioso, sino desde el punto de vista ético, científico y jurídico.

          Tampoco puedo decir que esto sea un debate. Este último es un intercambio de opiniones y no venir a escuchar a la gente a través de una pantalla. Hoy quedó en claro que se podrían haber celebrado sesiones en forma presencial ab initio porque estamos todos los legisladores, ya que nos hicimos los hisopados y tests correspondientes. Entonces, ¿cómo voy a estar debatiendo con alguien a través de una pantalla? Es imposible. Lo único que hacemos es escuchar informes; nada más.

          Reitero que no hubo debate, sino que escuchamos algunos informes desopilantes, como cuando el ministro Ginés González García mencionó la palabra “fenómeno” para referirse al niño por nacer. Me parece que cuando este hombre estuvo en la facultad pasó por delante materias tales como Embriología y Genética.

          El ministro dijo que el niño por nacer era un fenómeno. ¿Saben qué es un fenómeno? Una persona, animal o cosa deforme. ¿Estamos pensando en suprimir fenómenos? Me parece que estamos volviendo a leyes de pureza racial que tanto daño hicieron a la humanidad.

          Lo que acá se buscó es simplemente un atajo, como siempre hacemos los argentinos. En otras palabras, ante cada problema se busca un atajo. De esa forma, frente al problema de un embarazo no deseado, se busca un atajo. Y lo mismo se hace en relación con el problema sanitario.   

           Este gobierno, que en el plano sanitario demostró que no es de científicos, sino de inútiles, aplica con llamativa continuidad estos atajos.

          Hace muchos años estudié en un colegio estatal dependiente de la Universidad de Buenos Aires: el Colegio Nacional de Buenos Aires. Allí me enseñaron que lo que valía era la evidencia y que había que confrontarla con la realidad. Eso se llama empirismo puro. Acá no hay metafísica ni magia ni religión.

          Si bien soy católico prácticante, no voy a entrar en el tema religioso, sino simplemente en el sistema. ¿Hay vida o no hay vida? Desde Mendel hasta Jérôme Lejeune, el célebre profesor de Biología y de Genética de La Sorbona, se acepta el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano, y eso no es materia opinable. No es una observación metafísica, sino que tiene el ADN, el mapa genético con el cual se hacen las investigaciones para poder determinar cuál es el origen de las personas por el equipo de antropología forense, determinándose así también las paternidades.  

          Esto no se discute. Esta secuencia de embrión, mórula, blastocisto, feto, bebé, niño, adolescente, adulto y anciano no cambia la naturaleza del ser humano, que desde la concepción hasta su fin natural va a ser el mismo.

          Esto lo reconoce el derecho. Entonces, la eliminación de una persona es un crimen, cualquiera sea su tamaño. Acá no podemos distinguir en este sentido. A muchos les puede molestar, pero es la realidad. Esto es lo que me enseñaron en mi colegio: pensamiento crítico y evidencia científica. Además me mostraron, cuando estudiaba Biología, el famoso libro de Claude Villee, editado por Eudeba. Concretamente, me enseñaron lo que era un feto y un aborto. Pero acá se ocultó esto porque queremos vivir en el oscurantismo de esconder la evidencia científica.

          También se dice que el derecho reconoce esto. Por supuesto que lo hace. También lo reconocen las convenciones Interamericana de Derechos Humanos y de los Derechos del Niño. Todas y cada una de ellas dicen que la vida comienza desde la concepción. También lo hacía el artículo 63 de la versión de Vélez Sarsfield del Código Civil. Los que estudiamos con dicho código nos tuvimos que aggiornar hace cinco años al nuevo Código Civil y Comercial, cuyo artículo 19 habla de la concepción desde el seno materno.

          Entonces, ¿de qué estamos hablando? No es una persona futura, sino una persona por nacer. Pero esa persona existe. Por supuesto que cuando nazca se transformará en el sujeto susceptible de adquirir derechos y de contraer obligaciones.

          Nadie puede discutir el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo; hacerlo sería una locura. Como también lo sería el disparate que escuché recién, en el sentido de que en esto los hombres no tenemos nada que ver. Los hombres somos iguales a las que mujeres desde siempre y tenemos mucho que ver en esto que es la paternidad y la maternidad. Lo que pasa es que la mujer no puede decidir sobre el derecho de otra persona, que como dije tiene un ADN y un mapa genético propio.

          Hablan de la gente pobre. Al respecto, les pido que vayan a las villas, no cacareen tanto y vean cuál es la riqueza para una mujer que tiene un hijo. Esa es su verdadera riqueza, ya que no tiene agua ni cloacas ni la posibilidad de acceder a una vida digna.  

-             Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable Cámara, doctor Omar Bruno De Marchi.

Sr. Enríquez.- Por último quiero señalar que en el debate de 2018 reafirmé mi oposición a la legalización del aborto. Hoy mi posición vuelve a ser la misma, en el sentido de valorar incondicionalmente la dignidad humana y defender el primero y más elemental de los derechos humanos, que es el derecho a la vida y, sobre todo, el derecho a la vida del niño por nacer.

          Mejoremos la legislación, promovamos una educación sexual integral y capacitemos para la elección responsable de tener un hijo. Pero no caigamos en la mayor afrenta a los derechos humanos, que es suprimir la vida de un ser humano por la simple decisión de otra persona.

          Por eso hablamos de salvar las dos vidas, de la educación sexual responsable y de los métodos anticonceptivos. Pero este gobierno, que fracasó en el terreno de la pandemia generada por el COVID-19, es el mismo que entregó un 70 por ciento menos de preservativos. ¿Ese es el método anticonceptivo que quieren poner, o el método anticonceptivo es el aborto?

          Ese gobierno es el que…

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Le solicito una vez más que vaya redondeando, señor diputado.

 

Sr. Enríquez.- Con esto termino de referirme a la parte jurídica, señor presidente.

          Ningún tratado internacional reconoce un derecho al aborto. Las opiniones de algunos de los órganos de esos tratados son meras opiniones, que deben ser consideradas como tal pero que no nos obligan. Está establecido en el artículo 75, inciso 22. Muchachos: ¡lean la Constitución!

          Las declaraciones interpretativas efectuadas por este Congreso y ratificadas por la Convención Constituyente de 1994, que declaran la existencia del niño desde la concepción –y que obligan a nuestro país porque tienen jerarquía constitucional‑, solo pueden ser derogadas por una reforma. Este Congreso no se encuentra habilitado en este momento. Hoy, 10 de diciembre, me pongo a pensar que el 10 de diciembre de 1983 retomamos la democracia. Y justamente Raúl Alfonsín decía en su campaña que esto no era una salida electoral sino una entrada a la vida. Sin embargo, hoy acá le estamos dando una entrada a la muerte. (Aplausos.)  

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Fernández Langan, por Buenos Aires.

 

Sr. Fernández Langan.- Señor presidente: nuevamente nos encontramos en este recinto debatiendo la legalización del aborto, tal como lo hicimos hace ya dos años, en 2018. Pero nuestro país no es el mismo que en aquel entonces, ni el proyecto, ni los miembros de este recinto. Y el tratamiento en comisión que le dimos tampoco es el mismo.

          En aquella oportunidad el país estaba funcionando. Hoy, después de más de ocho meses de cuarentena, los argentinos paulatinamente estamos volviendo a vivir de forma similar a los tiempos anteriores a la pandemia; pero no todos ni en todo el país. Hay provincias que siguen sin permitir el libre tránsito en sus fronteras y argentinos que deben pagar un test de COVID-19 para volver a ver a sus familias, a sus seres queridos.

          Señor presidente: este año miles de chicos y chicas del país no tuvieron ningún vínculo con la escuela, y algunos solo pudieron asistir de manera presencial un par de horas en todo el año. Se termina un ciclo lectivo distinto, desigual y marcado por la deserción escolar. Pero el gobierno sigue sin tener un programa o un plan que brinde a las familias y a los alumnos alguna pauta de cuándo y cómo comenzará el ciclo lectivo 2021.

          Se termina un año en el que la sociedad lamenta la muerte de más de 40.000 argentinos. Fueron miles las personas que no pudieron despedir a sus familiares ni acompañarlos en sus últimos momentos. El sistema de salud resistió la primera ola de COVID-19 gracias a la vocación de su personal, que hoy está agotado después de haber trabajado durante un año de manera incansable.

          Señor presidente: el 2020 es un año en el que miles de familias estuvieron separadas, en el que no hubo libre circulación en las rutas y en el que cerraron fábricas, pymes y negocios. Hubo emprendedores que se fundieron y empresas que entraron en cesación de pagos. Fue un año en el que la actividad económica estuvo totalmente parada durante mucho tiempo.

          Este año fue muy duro para todos los argentinos. La pobreza escaló a niveles inigualables; la pobreza infantil afecta a casi el 63 por ciento de los niños, es decir que seis de cada diez chicos en el país son pobres. Además, la tasa de desempleo es la más alta de los últimos quince años.

          Por eso, me pregunto y les pregunto a mis colegas aquí reunidos si de verdad creen que este es el mejor momento para tratar un tema tan sensible como este, que distancia tanto a los argentinos, en un año en el que ya hemos estado suficientemente distanciados.

          En 2018 las comisiones discutieron este tema durante más de tres meses, como un signo de madurez social. Se escucharon posturas científicas, religiosas, éticas, morales, sociales y vivencias personales, a favor y en contra. Todas las opiniones tuvieron su espacio para expresarse. Paradójicamente, pareciera ser que en esta ocasión el proyecto no tuvo la misma suerte, sino todo lo contrario. En esta oportunidad se entendió que con solo cuatro días de tratamiento todas las voces y todas las posturas estaban representadas. Se asumió ‑para mí, erróneamente‑ que la discusión de 2018 suplía la discusión de este proyecto de ley.

          Pero me parece que nada es casual. Justamente estamos aquí reunidos el 10 de diciembre, a un año del inicio de la gestión del presidente Alberto Fernández, tratando una de sus promesas de campaña, la única que estimo que podrá cumplir. Digo esto porque los jubilados siguen esperando el 20 por ciento de aumento que él también prometió en su campaña, las heladeras están cada vez más vacías y la economía sigue colapsada. Y mejor no hablemos de unir a los argentinos, porque si hay un tema que realmente nos divide es este proyecto que estamos tratando hoy.

          Creo que hoy los argentinos necesitamos que nuestros hijos vuelvan a clases, que el gobierno tome medidas para reactivar la economía, que se garantice la libre circulación interprovincial, que baje la pobreza, que el sistema de salud tenga un respiro, que haya una fórmula para que los jubilados sepan cómo se determinará el aumento de sus haberes y que baje la inflación. En fin, son tantas las prioridades que tenemos como país que considero que estar discutiendo este proyecto en este momento y en este contexto de pandemia es poco oportuno.

          Por otro lado, considero que la legislación debe ser adecuada y que deben eliminarse las penas que pesan sobre las mujeres que deciden abortar. Entiendo que una mujer que interrumpe un embarazo, enfrentando dificultades emocionales y físicas por la decisión tomada, no debe ser ‑además‑ perseguida ni castigada por la ley penal.

          Señor presidente: mientras estamos debatiendo en este recinto este proyecto de ley que nos convoca, la ciudadanía está en la plaza con sus vocaciones a flor de piel. Me hubiese gustado muchísimo que este debate incluyera a todos los argentinos, aplicando el artículo 40 de la Constitución Nacional, que establece: “El Congreso, a iniciativa de la Cámara de Diputados, podrá someter a consulta popular un proyecto de ley”. Esto lo propusieron en su momento diputados de distintas bancadas, y me parece que hubiese sido la manera de incluir a todos los argentinos en un debate que es sumamente importante.

          Por último, me parece inoportuno que en este momento de pandemia estemos tratando este proyecto de ley ‑que además podría haber tenido otro tratamiento, involucrando al conjunto de la ciudadanía‑, que no se ajusta a derecho.

          Por lo expuesto, señor presidente, adelanto que mi voto será negativo.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Giordano, por Buenos Aires.

 

Sr. Giordano.- Señor presidente: es un honor, en nombre de la Izquierda Socialista, ocupar esta banca que ha dejado nuestra querida compañera Romina Del Plá, acompañando al compañero Nicolás Del Caño. Esto, como parte de las rotaciones del Frente de Izquierda-Unidad, donde intervenimos desde siempre, ya sea desde nuestras bancas, desde nuestra militancia o desde nuestras organizaciones de mujeres, como Isadora, Plenario de Trabajadoras o Pan y Rosas.

          Sin fisuras, el Frente de Izquierda-Unidad está ciento por ciento por el aborto legal, seguro y gratuito. Decimos: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir”.

          A la vez, saludamos a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que hace quince años impuso este pañuelo verde que es un estandarte de la lucha de las mujeres en la Argentina y en el mundo.

          Estamos muy orgullosos de ser parte de este paso que estamos dando para imponer este triunfo popular con la marea verde y con la cuarta ola. Como dice la frase: “Estamos haciendo historia”. ¿Quiénes? Las pibas que hoy están en la calle, con muchísimo calor, y que hace dos años también se quedaron en la calle bajo la lluvia y con mucho frío. A ellas les debemos todo esto. Como ellas dicen: “En el Congreso se votan las leyes, pero los derechos se conquistan en las calles”.

          Por eso, el aborto legal no será ninguna concesión de ningún presidente ni de ningún Congreso sino fruto de los millones de adolescentes y mujeres que se movilizan contra los gobiernos, contra los políticos tradicionales y contra las iglesias reaccionarias que sostienen el aborto clandestino.

          ¿Cuál es la duda de la necesidad impostergable del aborto legal? Nadie dice ‑excepto el movimiento de mujeres‑ que, por no existir el aborto legal, 3.200 mujeres perdieron la vida desde 1983 hasta la fecha.

          Por eso combatimos la hipocresía de la cúpula reaccionaria de la Iglesia Católica, del Papa, del Vaticano, de sus voceros y de los políticos tradicionales que predican el aborto clandestino. Ellos odian que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo. Son los que obligan a las niñas a parir. ¡Qué autoridad tiene la Iglesia para hablar de las dos vidas cuando bendecía la apropiación y el robo de bebés durante la dictadura! Hablo de esos obispos, cardenales y monseñores oscurantistas ‑muchos de ellos, abusadores y pedófilos‑ que tienen el privilegio de cobrar sueldos millonarios del Estado para militar por la hipocresía.

          ¿Cuál es la hipocresía? Negar que por año se certifican entre 350.000 y 520.000 mil abortos de mujeres, de todas las clases sociales; pero mueren las trabajadoras, las jóvenes humildes que no pueden pagar un aborto en las clínicas privadas, como pueden hacerlo las ricas y pudientes. ¡Eso es lo que tienen que decir!

          Nosotros lo repetimos mil veces: el aborto legal salva vidas. La realidad es la pura verdad. Así lo demuestran los países donde existe el aborto legal. El aborto inseguro es la principal causa de mortalidad materna.

          Entonces, lo que hay que decir es que la maternidad será deseada o no será. Ahí vamos a la explicación de por qué el 60 por ciento de las mujeres del mundo viven en países donde hay aborto legal. Acá en la Argentina todavía no existe. Desde 2018 ‑cuando el Senado le dio la espalda a la marea verde‑ hasta la fecha, se legalizó el aborto en países como Irlanda y Australia, y también se legalizó en Guajaca, México.

          ¿Por qué todavía no existe el aborto legal en la Argentina? Por responsabilidad de todos los gobiernos.

          La Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito presentó el primer proyecto en 2006, pero en doce años de gobierno peronista-kirchnerista, y pese a tener una presidenta mujer, no hubo aborto legal. Tampoco lo hubo en los cuatro años de gobierno macrista, que posaba de feminista pero por abajo trabajaba por el aborto clandestino.

          Hoy Alberto Fernández está obligado por la marea verde a presentar su propio proyecto. Pero no es el de la Campaña Nacional, porque agregaron el tema de la objeción de conciencia. ¿Qué dice la Campaña Nacional sobre la objeción de conciencia? Sostiene que es utilizada como herramienta para obstaculizar derechos sexuales y reproductivos y que es la puerta de entrada del incumplimiento de la ley y la obstrucción del acceso; también sostiene que genera más demora, malos tratos y mortalidad materna.

          Es por eso que desde la Izquierda nos oponemos a la objeción de conciencia, a la penalización del aborto practicado después de la semana catorce y a la duplicación del plazo ‑de cinco a diez días‑ para practicar un aborto cuando una mujer o una adolescente lo piden.

          Por eso, llamamos a seguir en las calles para lograr esta ley, que no solo servirá para terminar con las muertes por abortos clandestinos y será un ejemplo a nivel mundial, sino que servirá para lograr otros pasos que también necesita dar el movimiento de mujeres. Por ejemplo, la separación de la Iglesia del Estado y la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral en todo el país.

          ¡Basta de femicidios! ¡Ni una menos! ¡Que la plata vaya para combatir la violencia de género y a los refugios, y no a pagar una deuda externa usuraria y fraudulenta y al Fondo Monetario Internacional! ¡Basta de ajuste contra la clase obrera y contra las mujeres en particular, ya que son las primeras despedidas y precarizadas! A igual trabajo, igual salario para las mujeres trabajadoras.

          Hay mucho por recorrer, pero si logramos dar este paso será extraordinario el envión que daremos al movimiento de mujeres.

          En definitiva, señor presidente, todo es culpa del capitalismo patriarcal, que es sinónimo de hambre, de desigualdad social y de destrucción ambiental. Por eso los feministas y socialistas luchamos por una sociedad socialista, por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

          Reitero: a seguir en las calles para que el aborto legal sea ley. ¡Fuerza a las pibas que están en las plazas y en las calles de todo el país! ¡Lo vamos a lograr! Muchísimas gracias, señor presidente. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Muchas gracias, diputado Giordano. Está honrando la banca que ocupaba la diputada Romina Del Plá.

          Tiene la palabra la señora diputada Lampreabe, por Buenos Aires.

 

Sra. Lampreabe.- Señor presidente: hoy estamos ante una nueva oportunidad histórica, después de trece años de la primera presentación de un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo por parte de la Campaña y luego de un largo devenir de la lucha de los feminismos y de la irrupción de esa marea verde que incluso hoy, en medio de esta pandemia, nos acompaña desde afuera de este Congreso. Si bien es una marea intergeneracional y diversa, tiene una clara presencia de pibas que reclaman igualdad de oportunidades y de condiciones para decidir.

          Estamos por votar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, que más que una deuda de la democracia podríamos decir que es un pendiente histórico.

          No me voy a detener en la forma de pensar de cada uno ni en los datos. El aborto es una realidad. El aborto sucede y cuesta la vida o la salud de las mujeres, sobre todo de las que no cuentan con los recursos para acceder a un aborto seguro. Esta es una realidad más allá del color del pañuelo que se porte. Nadie la ha podido negar.

          También voy a dar por despejado el marco en el que se da esta realidad, que es una sociedad surcada por profundas desigualdades sociales y de género.

          El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, como se planteó durante este debate, además de ser una cuestión de salud pública y de justicia social, es también una cuestión de género. Se trata de la autonomía para decidir de las mujeres y de las personas gestantes sobre sus cuerpos y sobre sus proyectos de vida.

          Sin duda, el aborto no es una decisión deseable; pero no necesariamente porque sea una experiencia traumatizante, sino porque lo que verdaderamente traumatiza es la clandestinidad. Sin duda, parte de una situación difícil, no es una decisión que se toma livianamente, no es una decisión feliz y nadie desea abortar.

          El tema es el derecho a decidir sobre lo que no se desea: cuando una persona no desea cursar un embarazo o una mujer no desea ser madre. Se trata de reconocer el derecho a la autonomía sobre una decisión que, si es forzada, es absolutamente violenta y puede ser muy traumatizante.

          Maternar puede ser el mayor acto de amor en la vida de una persona, pero debe partir de una decisión informada, es decir, deber ser una maternidad elegida, una maternidad movida por el deseo. Sin deseo y sin autonomía para decidir gestar, parir y maternar no hay libertad; por el contrario, hay violencia, imposición e injusticia, más aún cuando esto se da en el marco de una sociedad desigual, patriarcal y machista.

          Tampoco hablamos de autonomía como un derecho individual, porque ‑como dijimos‑ se trata de un derecho para todas las mujeres y personas gestantes por su condición de tales. Al día de hoy, todavía seguimos peleando por esta autonomía que históricamente nos ha sido negada y que hemos ido arrancando y conquistando a fuerza de lucha: autonomía para votar, autonomía para poder divorciarnos, autonomía para decidir y ejercer nuestros derechos sexuales y reproductivos, autonomía para poder construir nuestros proyectos  educativos y laborales, autonomía para decidir ser madres o para decidir interrumpir un embarazo no deseado.

          Parece que lo que le cuesta a esta sociedad son los derechos de la libertad o la autonomía para decidir cuando se trata de las mujeres. Parece que lo que cuesta es que las mujeres tengamos el poder de decidir. Si no, preguntémosle a Cristina, nuestra presidenta dos veces electa, la mujer que más trascendentes decisiones tuvo que tomar en la historia de nuestro país y que ‑hay que decirlo también‑ es condición de posibilidad de que hoy estemos dando este debate histórico.

          De eso se trata también esta norma: de avanzar un paso más en nuestro derecho a decidir. Esta ley que los feminismos hoy estamos por conquistar es para todas: para las que contemplan la interrupción legal del embarazo como una posibilidad y para las que piensan que esto no es posible en ninguno de los casos ni en las peores condiciones; para las que sufrieron la clandestinidad y padecieron el estigma de la ilegalidad, y también para las que eligieron ser madres a pesar de todo; para las hijas, para las nietas, para todas las pibas que nos rodean y para las que están por venir. Es para todas las mujeres y personas gestantes.

          Con la sanción de este proyecto de ley, nadie que no quiera va a tener que abortar, pero todas tendremos mejores y más igualdad de condiciones para decidir con autonomía nuestro proyecto de vida, sin el estigma de la ilegalidad, sin miedo y sin vergüenza; sin el riesgo de morir, sin perder la posibilidad de volver a gestar y sin condicionar nuestro futuro. Con la sanción de esta norma habremos avanzado en una sociedad más justa, con igualdad de condiciones para decidir. Que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Aicega, por Buenos Aires.

 

Sr. Aicega.- Señor presidente: después de dos años de debatir este tema en esta misma Cámara de Diputados, me llama la atención que a un año de haber tenido que votar nueve emergencias solicitadas por el Poder Ejecutivo nacional y después de haber transcurrido casi un año sesionando sobre temas estrictamente derivados de la pandemia del COVID y sobre cuestiones de emergencia, en la primera reunión verdaderamente presencial que tenemos, estemos tratando un tema que estoy seguro de que no es prioritario de la agenda de los argentinos.

          A nadie escapa que la Argentina no está bien. Tenemos una situación sanitaria complicada pero también tenemos una situación económica y social muy complicada. Algunas de esas situaciones ya estaban previstas en las nueve emergencias que tuvimos que dictar y otras fueron sobrevinientes de lo que le pasó a la Argentina y al resto del mundo por la pandemia.

          Diría que no fuimos los campeones de la eficiencia en el tratamiento de la pandemia o en los métodos utilizados. Prueba de ello son los 40.000 muertos que hemos tenido en la Argentina –producto, probablemente, de políticas erróneas‑ y los más de 1.400.000 infectados.

          Además de eso, asistimos a una hecatombe económica, que puedo ver en mi provincia de Buenos Aires, tanto en el conurbano, donde realmente la situación es dolorosa y muy dura, como en el interior del distrito. Esto es así pese a que se trata de una provincia productiva desde el punto de vista agropecuario, pesquero y de otras industrias que tienen que ver con cada uno de esos lugares. Ahí se está atravesando una situación muy compleja. La gente está triste, está preocupada, está pensando que no sabe cómo va a seguir la vida hacia adelante.

          Pero parece que nosotros en este Congreso vivimos en otro mundo, porque en vez de sentarnos a discutir los miles de proyectos que se presentaron en estos ocho o nueve meses desde las distintas bancadas ‑muchos de los cuales tienen que ver con cómo sacar adelante la economía y cómo mejorar la salud, la educación y la vida de los argentinos‑, nos estamos abocando, vestidos de verde o de celeste como en una tribuna de fútbol, a tratar un tema que no es prioritario para los argentinos.

          Yendo al proyecto en particular, porque lo estamos tratando y muy probablemente se va a aprobar, debo recordar que la Argentina es un país que tiene una Constitución Nacional que prioriza la libertad como uno de los principales elementos. La Argentina se forjó en la libertad, y el principal derecho que protege la libertad es el derecho a la vida, porque la vida en la Argentina nunca fue fácil; todas las conquistas en la Argentina fueron dolorosas y costaron muchas vidas.

          Por eso, nuestro Código Penal, que es la transformación en ley positiva de lo que es la protección de un derecho, prevé las mayores penas para aquellos delitos que atentan contra la vida, que es el bien principal a defender y a proteger.

          No cabe en mi cabeza un argumento que pueda dar lugar a que se le quite la vida a un ser. Seguramente hay otras soluciones mucho menos costosas desde el punto de vista ético, desde el punto de vista humano y desde el punto de vista del costo para la sociedad. Y la madre es la principal perjudicada en esta cuestión. Luego de leer y escuchar los argumentos esgrimidos por las 700 personas que hablaron en 2018 y las que expusieron ahora, no encuentro un solo argumento que me convenza de que esta es una solución viable.

          Me parece que esto es una alternativa que tiene que ver con algo que se viene gestando hace mucho tiempo en un movimiento, que lo ha puesto muy de moda, como una solución facilista. Es mucho más difícil proteger a la madre durante la gestación y en el momento del nacimiento de su hijo que tomar una decisión de este tipo.

          Nuestro Código Civil y Comercial también recepta lo que la Constitución Nacional protege como un derecho constitucional en los incisos 22 y 23 de su artículo 75, que hacen referencia a los tratados internacionales que hemos suscrito –y que todos conocemos‑, que no tienen nada que ver con la cuestión del aborto sino con la protección del niño desde la concepción, es decir, desde el momento en que se transforma en un embrión. Y nosotros tenemos la obligación de defenderlo, porque para eso somos legisladores nacionales: para hacer cumplir la Constitución y las leyes, para encontrar soluciones más difíciles, para ponernos por encima del problema.

          Podría hablar mucho más, señor presidente, pero veo que el tiempo se me ha terminado y quiero ser respetuoso.

          Para terminar, creo que debemos votar en contra de este proyecto y tratar de encontrar soluciones más favorables que realmente nos pongan a la altura de lo que debe ser un legislador nacional. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Menna, por Chubut.

 

Sr. Menna.- Señor presidente: sin perjuicio de los fundamentos que han expuesto los diputados y las diputadas informantes del dictamen de mayoría, entiendo que es deber de cada uno de nosotros dar las razones de nuestro voto ‑en mi caso, de acompañamiento‑ respecto de este proyecto de ley que estamos tratando, reeditando de alguna manera el debate que se dio en esta misma Casa hace dos años, allá por junio de 2018.

          Lo primero que quiero decir es que esta no es una ley a favor del aborto; de ninguna manera lo auspicia o lo propicia. Por el contrario, parte de la constatación o de una evidencia fáctica –hace unos minutos se habló de empirismo‑ de que los abortos ocurren. De hecho, la mayor parte de ellos vienen precedidos de situaciones de violencia, en el sentido más amplio de la expresión, en perjuicio de la mujer.

          Lo cierto es que estamos abordando una herramienta legal para prevenir y solucionar esta problemática. Pero hay que decir que la herramienta legal pergeñada hace ya casi cien años –el Código Penal, como acá se ha hecho mención‑ ha fracasado absolutamente en prevenir y disuadir esta práctica.

          Por eso nuestro deber como legisladores, a partir del entendimiento de que las normas jurídicas son herramientas o instrumentos, es mejorar esas herramientas, repensarlas.

          Estamos ante una situación de salud pública y también de afectación de derechos; especialmente, de derechos de la mujer. Recordemos que en 1921, cuando se aprobó el Código Penal, la mujer ni siquiera era considerada sujeto de derecho. Prácticamente no tenía derechos civiles, y definitivamente no tenía derechos políticos.

          Y a cien años de la sanción de esa ley, esta política o esta estrategia legal ha sido un fracaso estrepitoso; en realidad, un doble fracaso. En primer lugar, porque –como decía‑ no ha servido para prevenir ni para disuadir la práctica. En segundo lugar, porque los operadores del sistema judicial-penal ‑léase jueces, fiscales‑ tampoco utilizan la herramienta. Es decir, la herramienta está allí solo como un modo de bloqueo, para sumergir la cuestión en la clandestinidad.

          Hay un informe de la Comisión de Temáticas de Género de la Defensoría General de la Nación que entre 2011 y 2016 –es decir, en cinco años‑ hizo un relevamiento del número de causas o procesos abiertos en esta materia en la totalidad de los ministerios públicos y poderes judiciales de las provincias, y encontró 167 causas abiertas y solo dos condenas. Es decir, estamos haciendo una consideración sobre una herramienta que ha caído en un virtual desuetudo a los fines del Derecho Penal, pero no a los fines del bloqueo de una situación que necesita un abordaje desde el sistema de salud pública.

          A raíz de ese informe, la Defensoría General, que es la cabeza constitucional del Ministerio Público Pupilar de la Nación, dice: “No se advierte ninguna ventaja del derecho penal. No se advierte que tenga una capacidad persuasiva y tampoco se advierte ningún interés de resocialización. Pero mantener la norma penal sí marca un fuerte estigma a estas mujeres y la amenaza de criminalización pone en riesgo su vida.”

          Se ha dicho acá, en muchas intervenciones, que este proyecto confronta con normas de rango superior, como la Constitución Nacional o los tratados internacionales sobre derechos humanos que tienen jerarquía constitucional. Estoy convencido de lo contrario. Sobre este particular quiero traer a colación –justamente hoy, 10 de diciembre, cuando se cumplen 37 años de la recuperación democrática e inevitablemente recordamos la figura del expresidente Raúl Alfonsín‑ que en la Convención reformadora de 1994, cuando se trató lo que hoy es el artículo 75 inciso 23, el convencional constituyente Raúl Alfonsín dijo lo siguiente: “La cláusula que estamos considerando ha sido el resultado de extensas conversaciones e intercambios de ideas, que en algún momento se mezclaron con proyectos que establecían criterios vinculados con el tema de la vida y otros referidos al aborto en los que se fijaba su penalización, tema que nuestro bloque consideró que no se encontraba habilitado para la consideración de esta Convención. Entendemos que esta era y es una cuestión de tipo legal. Por lo tanto, vamos a votar afirmativamente el dictamen en consideración porque está vinculado con el régimen de seguridad social. Es por eso que estamos de acuerdo en votar afirmativamente este proyecto, que no le dice a la Legislatura…” –es decir, al Congreso‑ “…que penalice el aborto o que libere cualquier posibilidad de aborto, sino que se trata de una iniciativa que podría estar perfectamente vinculada con la legislación de un país que acepta el aborto, como Suecia, y también podría estarlo con la de un país que lo prohíbe, como Irlanda.” Esto decía el expresidente Alfonsín en aquel momento.

          Y cerraba su intervención diciendo: “Estamos defendiendo la vida y estamos trabajando de la manera más importante, que es la única que concebimos como posible para que se evite la tragedia del aborto, pero no a través de la penalización sino del auxilio y la asistencia del Estado argentino”.

          También quiero decir, señor presidente, que las invocaciones a las interpretaciones del tratado de la Convención Americana de Derechos Humanos que se han hecho aquí como un impedimento para avanzar en la sanción de esta iniciativa están desmentidas por la doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en un caso que es muy caro a la provincia del Chubut. Me refiero al caso “F.A.L.”, referido a un embarazo producto de un abuso en Comodoro Rivadavia. Esto lo trató la Justicia ordinaria de Chubut, el Superior Tribunal de la Justicia de esa provincia. Y la Corte, en esa sentencia del año 2012, interpretó los alcances de la Convención. Especialmente, hay que leer los considerandos 10, 11, 12 y 13, y las citas del caso Baby Boy y del caso Artavia Murillo que efectúa la Corte Federal.

          Nosotros tenemos que considerar normas con un sentido de interés general, no atados a condicionalidades. Este país las tuvo a lo largo de su historia: la iniciativa del presidente Roca para que sea el Estado el que registre los nacimientos, los matrimonios y las muertes; la ley 1420, de educación pública, laica, libre y gratuita, que permitió que en dos décadas la Argentina alfabetizara a prácticamente la totalidad de su población, y que le valió romper relaciones con el Vaticano; la ley de divorcio sancionada en 1987, respecto de la cual se decía que iba a significar el fin de la familia. Todos recordamos aquel momento en que el entonces presidente de este Cuerpo, el exdiputado Juan Carlos Pugliese, dejó su lugar en la Presidencia y se sentó en su banca para dar su discurso en torno a esa ley que cambió la historia y consagró derechos.

          Desde esa perspectiva, con esa convicción y ese convencimiento, adelanto mi voto positivo a este proyecto de ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Mounier, por Santa Fe.

 

Sra. Mounier.- Señor presidente: desde mi provincia de Santa Fe quiero mandar un saludo a todas y a todos los presentes.

          Tanto en los debates de comisión de la semana pasada como en esta sesión escuchamos hablar muy profusamente de la necesidad de la ESI, o sea, de la Educación Sexual Integral, que en nuestro país se reconoció como un derecho en 2006 y que tiene por objeto que niños, niñas y adolescentes desarrollen una vida plena y, fundamentalmente, puedan dar respuestas en aquellas situaciones donde se vulneran sus derechos, como son los casos de violencia de género, de maltrato o de abuso.

          En el proyecto que debatimos hoy se habla claramente de la obligación del Estado nacional, de las provincias, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de los municipios a cumplir con la implementación de la ley 26.150, de Educación Sexual Integral. Pero creo que muchas veces este tema de la ESI es usado como excusa por quienes argumentan en contra de este proyecto, porque en realidad esta ley inauguró un nuevo camino en la política educativa. Todos los alumnos y alumnas tienen derecho a recibir educación sexual integral en todas las escuelas del país, sean estatales o privadas. Incluso el Consejo Federal de Educación la incluyó como contenido transversal. O sea que nadie debería estar privado de recibir ese derecho.

          Pero a partir de la ley, muy pocos docentes pudieron capacitarse, y muchos menos pudieron hacerlo en servicio. Hay encuestas que dicen que más del 60 por ciento de los docentes encuentran obstáculos en la implementación de la ESI. Por eso digo que tengamos cuidado con este discurso. No seamos hipócritas. Todos defendemos la necesidad de la ESI. Entonces, implementémosla.

          Hay temas que se han metido en las escuelas sin pedir permiso. Me parece que las escuelas deben ser el primer espacio público de ciudadanía donde los chicos y las chicas puedan hablar, construir espacios y lazos saludables, tener condiciones para un crecimiento pleno y, fundamentalmente, para que las familias también puedan participar, porque el 80 por ciento de los abusos que sufren niños y niñas se dan en el seno intrafamiliar.

          Entonces, cuando hablamos de la ESI debemos hacerlo con responsabilidad. Exijamos claramente su cumplimiento a todos y todas, para todos y para todas.

          Yo vengo de la provincia de Santa Fe, es decir, de la provincia de Ana María Acevedo, que fue nombrada en esta sesión. Ana María fue maltratada en un servicio de salud pública; no recibió la información que necesitaba y le negaron la interrupción voluntaria de su embarazo para que pueda continuar con un tratamiento oncológico.

          A partir de ahí, miles de mujeres de mi provincia y toda la familia de Ana María Acevedo iniciamos una lucha para que nunca más vuelva a ocurrir un caso como ese en nuestro país. Creemos firmemente en la consigna de la Campaña: “Educación Sexual Integral para decidir, anticonceptivos para no abortar, y aborto seguro, legal y gratuito para no morir”.

          Por Ana María Acevedo, por tantas mujeres que ven vulnerados sus derechos y por las miles de pibas que están acompañando este debate en las plazas y en las calles, será ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Rey, por Buenos Aires.

 

Sra. Rey.- Señor presidente: hoy la sociedad nos convoca a tratar un tema que seguramente es de aquellos cuyo análisis y cambio legislativo marcarán un antes y un después.

          Hace dos años en este mismo recinto, y también en las calles y en las plazas de todo el país, se escuchaba con fuerza un pedido que desde hace años viene levantando la voz para ser oído: la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. No es casualidad, señor presidente, que eso haya pasado hace dos años, ni tampoco que hoy estemos otra vez analizando la posible sanción de una ley que acoja ese reclamo.

          Este proyecto surge de la militancia de un importante sector de mujeres y es el resultado de una serie de reivindicaciones, que no son más que la lucha por los derechos de la mujer.

          No voy a detenerme en cuestiones técnicas ni médicas, y mucho menos en cuestiones religiosas. Creo que hay que poner el acento en la lucha que nos permite consagrar nuevos derechos, esos por los que muchas mujeres han dado su vida. Y esta frase no es metafórica ni poética, sino que literalmente describe una realidad profunda y triste.

          La lucha del colectivo feminista es de larga data. Ha logrado reivindicaciones en lo laboral, en lo social, en lo político y, desde hace años, logró su mayor visibilidad contra toda violencia de género; es en ese marco que debemos colocar la interrupción voluntaria del embarazo.

          Señor presidente: hace dos años ‑como una ciudadana más‑ fui espectadora de un debate que por momentos parecía dejar de lado el fondo de la cuestión para derivar en discursos autorreferenciales, en agravios personales, en acusaciones cruzadas que generaron más divisiones de las que ya, de por sí, tenemos como sociedad.

          Hoy, como diputada nacional, debo reconocer, agradecer y valorar, sobre todo a las autoridades de las comisiones pero también a cada uno de mis colegas, por llegar a atravesar este debate con el respeto que exigen las circunstancias.

          Es importante para mí remarcar con énfasis que la sanción de este proyecto de ley viene a brindar un marco legal a una realidad que no podemos ignorar y que se cobra vidas a diario; no viene a imponer sobre la voluntad de nadie el actuar en contra de sus creencias o de sus valores.

          Por otra parte, escuchamos algunas voces que remarcan el concepto de interrupción, pero quienes creemos que esta ley viene a ampliar derechos ponemos el acento en la palabra “voluntario”, porque es ahí donde se manifiesta el espíritu de esta norma: en otorgar la libertad de elegir en función del deseo. Reitero, esta norma no viene a imponer, sino a darnos la posibilidad de elegir libremente sin el condicionamiento de la ilegalidad.

          Señor presidente: no ocupo esta banca ni tampoco me han elegido para señalar con el dedo ni para decir qué está bien y qué está mal. Estoy convencida de que la realidad nos reclama la capacidad de legislar en pos de la ampliación de derechos, para dar a las mujeres el derecho a decidir cuándo y cómo ser madres.

          Desde este lugar tengo el compromiso de aportar a la construcción del país en el que quiero que crezcan mis nietas, porque quiero que ellas tengan la libertad de elegir cuándo y cómo ser madres; quiero que vivan en un país donde el Estado les garantice la educación necesaria para nunca tener un embarazo no deseado.

          La legislación penal que hoy nos rige impone y necesita cambios de manera urgente. El Código Penal vigente ha sido escrito por hombres en tiempos en los que la voz de la mujer no se escuchaba, pero esos tiempos cambiaron. Hoy las mujeres están en las calles dando pelea, poniendo el cuerpo, y desde esta casa no podemos dejar de escucharlas.

          Señor presidente: una sociedad puede estar madura con las responsabilidades compartidas entre el Estado y los ciudadanos pero nunca crecerá forzando a la ilegalidad, a una realidad que golpea y expone a las mujeres a una nueva violencia. Es por ello que adelanto mi voto positivo para acompañar este proyecto porque, reitero, entiendo que el ampliar derechos nos mejora como sociedad.

          Quisiera señalar algunas cuestiones porque entiendo que es oportuno. Hoy la sociedad vuelve a dividirse y a tomar partido señalando al otro que piensa distinto como el enemigo a vencer. ¡Flaco favor nos hacemos como país si vuelve a pasar esto con esta ley!

          Hoy, aquí y ahora, no puede haber vencidos ni vencedores. Nunca es una buena época para dividirnos, y mucho menos cuando debemos afrontar una crisis como la que estamos atravesando. Actualmente, nuestro país afronta una crisis sanitaria, que no escapa a la del empleo, a la de la pobreza, a la de la salud y a la de la educación.

          Permítame, señor presidente, que haga un paréntesis para comentar que me asombró ver en este recinto al ministro de Salud, Ginés González García, a quien hemos esperado durante muchos meses para que viniera a dar respuestas sobre muchos interrogantes que tenemos en cuanto a su gestión frente a la pandemia. Si bien entiendo que el ministro está a favor de este proyecto, la militancia puede desarrollarla desde su despacho y hacerse presente aquí para dar las respuestas a los interrogantes que todos tenemos. (Aplausos.)

          Sé que esta ley no va a cambiar todos los problemas que tiene nuestro país, pero la historia nos dice que con cada ampliación de derechos el tiempo fue el que marcó si fue justo o no lo fue. Pasó con el divorcio vincular…

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Señora diputada: le pido que por favor redondee su exposición.

 

Sra. Rey.- Ya termino, señor presidente.

          Pasó con el divorcio vincular en 1985 y con la ley de identidad de género en 2012. Seamos abiertos, entendamos al otro. No hay enemigos entre los que piensan distinto. Garanticemos el derecho de quienes hoy quedan obligadas a la clandestinidad; respetemos la objeción de conciencia, las creencias y los valores, y eduquemos en libertad. Que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Del Caño, por Buenos Aires.

 

Sr. Del Caño.- Señor presidente: en esta sociedad capitalista patriarcal a las mujeres todo les cuesta más. Por eso, todavía hoy en pleno siglo XXI estamos discutiendo si este Congreso va a reconocer a las mujeres y a las personas con capacidad de gestar como sujetos de pleno derecho para decidir sobre sus embarazos y sus proyectos de vida, para decidir si quieren maternar o no, para decidir cómo y cuándo quieren hacerlo.

          Además, en esta sociedad el esfuerzo de las mujeres es invisibilizado, como sucede cotidianamente con el trabajo doméstico y las tareas de cuidado no remuneradas que recaen sobre sus espaldas. ¿Cuántas veces sus méritos y sus logros son silenciados? Y, peor aún, muchas veces son expropiados por otros cuyos nombres figuran en la historia, dejándolas sepultadas en el anonimato.

          Por esa razón, señor presidente, esperamos que este Congreso reconozca que estamos aquí por la fuerza, la lucha y la persistencia de un movimiento de mujeres que lleva décadas y que ha encontrado un renovado impulso en las nuevas generaciones, que lo transformaron en una marea verde.

          Si llegamos a esta instancia, y nuevamente a este debate, es por aquellas mujeres que supieron construir un proyecto de autoría colectiva, que no dejaron de presentarlo durante más de una década, a pesar de que este Congreso decidió dejarlo dormir en un cajón.

          Por las mujeres que murieron por abortos clandestinos; por las que quedaron con secuelas en sus cuerpos y en su salud; por las pioneras que no llegaron a vivir este momento pero que, sin dudas, les pertenece; y por las mujeres que luchan por sus derechos todos los días, quiero decir que nuevamente encontrarán en la bancada del Frente de Izquierda una trinchera para pelear para que esta vez se sancione la ley.

          Hoy escuchamos a los mismos que hace más de un siglo dijeron que el matrimonio civil era el fin de la familia, que lo repitieron en los 80 cuando se legalizó el divorcio y, más recientemente, cuando se aprobó el matrimonio igualitario. Son los mismos que dijeron que el voto femenino o la patria potestad compartida destruían la jerarquía natural que debía haber entre el hombre y la mujer, y son los que repiten que el aborto debe seguir penalizado.

          Nos preguntamos si acaso esta penalización ha impedido su práctica. Claro que no. Se estima que la Argentina, donde la mayoría de su población se reconoce católica, es uno de los países con las cifras más altas de abortos inseguros y clandestinos. Lo único que ha provocado la penalización es la muerte de mujeres jóvenes, sobre todo, pobres, incluso dejando a sus hijas e hijos en la orfandad, por no permitirles evitar un embarazo que les afectaba su salud. Ese es el caso de Ana María Acevedo, que fue mencionado por una diputada que me antecedió en el uso de la palabra, cuya madre está acompañando este reclamo en su memoria.

          Esta iniciativa amplía derechos y no le prohíbe a nadie seguir con sus creencias y valores. Por eso, es inexplicable que en pleno siglo XXI los fundamentalistas sigan interviniendo en este debate, queriendo imponer sus creencias a toda la población, como si esas mujeres y esas personas con capacidad de gestar no tuvieran diferentes creencias religiosas, distintos valores y principios.

          Entonces, quienes se oponen al derecho al aborto no defienden la vida sino el aborto clandestino y pretenden seguir imponiendo esos mandatos patriarcales por los cuales la sexualidad de la mujer solo debe estar al servicio de la reproducción, así como el disfrute del cuerpo y el deseo solo debe estar reservado a los varones. Por eso, no solamente se oponen al aborto sino también al uso del misoprostol, de los anticonceptivos, y a la educación sexual integral.

          Señor presidente: luchamos para que este proyecto se convierta en ley porque defendemos la vida de las mujeres, porque es un problema de salud pública y porque defendemos la autonomía de las personas para elegir libremente sus proyectos de vida y disfrutar plenamente de su sexualidad.

          En este sentido, el Frente de Izquierda reafirma una vez más la necesidad de avanzar de manera efectiva con la separación de la Iglesia del Estado, como también se reclama en las calles. No podemos perder de vista que esto no termina hoy. Después de la sanción que vamos a lograr en esta Cámara -esa es nuestra expectativa, al igual que la de las mujeres que están movilizadas aquí afuera y en todo el país‑, sabemos que este proyecto tiene que tratarse en el Senado, el mismo que le dio la espalda a cientos de miles de mujeres que se quedaron masticando bronca en aquella noche lluviosa, con un temporal de viento.

          Se tiene que tratar en ese mismo Senado, que está a unos pocos pasos de aquí y que ahora está aprobando una modificación en la movilidad jubilatoria para seguir ajustando a millones de jubiladas que trabajaron toda su vida y a las mujeres que reciben la Asignación Universal por Hijo, las mujeres de los hogares más humildes, que son las que necesitan esos ingresos para que sus hijos no se mueran de hambre.

          Los bloques mayoritarios tienen tantos defensores de este proyecto como también defensores acérrimos del aborto clandestino. Durante mucho tiempo, diputadas y diputados de estos bloques –“diputadas verdes” y “diputados verdes”- firmaban el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto pero se subordinaban a la disciplina de bloque. También ocurrió que, por orden del Poder Ejecutivo, durante mucho tiempo no se pudo avanzar con el proyecto de aborto legal.

          También quiero decir que, sin embargo, diputadas y diputados que se oponen a este proyecto, de esos mismos bloques, hoy no van a dar su aprobación, más allá de a quién corresponda la autoría del proyecto. Asimismo, quiero decir que algunos de los que no están de acuerdo, ahora dicen que lo van a votar por las modificaciones que se incluyeron en el dictamen en relación con la objeción de conciencia.

          Tal como ya lo señaló mi compañera Romina Del Plá en una disidencia parcial que presentó en el plenario de comisiones, nosotros no estamos de acuerdo con eso y vemos con mucha preocupación que en los hechos haya una objeción de conciencia institucional, porque si en un centro médico todos los profesionales son objetores, entonces no va a  garantizar ese derecho. En ese caso, ¿quién va garantizar el traslado a otro lugar para que se cumpla la ley y se realice el aborto correspondiente? En muchas provincias donde obligan a las niñas a ser madres, ¿quién va a garantizar el derecho al aborto? Por eso, señalamos nuestra oposición a esa modificación.

          También quiero decir que desde el Frente de Izquierda siempre hemos acompañado este reclamo, ya sea en las calles, en nuestros ámbitos de militancia, en las campañas electorales y aquí, en el Congreso, de manera coherente, consecuente y unánime.

          Nuestra tradición es la socialista, de la Revolución Obrera, que hace un siglo convirtió a Rusia en el primer país del mundo en otorgar el aborto legal y permitir que las mujeres del pueblo trabajador pudiesen realizarlo en los hospitales públicos.

          Para terminar, quiero reiterar una apreciación que mencionó mi compañera Myriam Bregman en el plenario de comisiones, trayendo la frase que repite el movimiento de lucha de las mujeres. Sabemos que somos las diputadas y los diputados los que vamos a legislar, pero tenemos bien en claro que este derecho se conquista por la lucha de décadas de ese gran movimiento de las mujeres, que hoy también está aquí afuera y en todo el país, y que multiplicará su fuerza para cuando se trate en Senado, para que finalmente se convierta en ley.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Martín, por Santa Fe.

 

Sr. Martín.- Señor presidente: no voy a ahondar en razones, motivos o argumentos que esgrimieron y esgrimirán diputados y diputadas de nuestro bloque. Particularmente quiero mencionar a las diputadas de la Unión Cívica Radical, que con mucho valor, determinación, coraje y una profunda formación nos representan a todos, y con ellas tengo el orgullo de compartir la bancada.

          Quiero hacer un aporte a este debate desde otra perspectiva, que entiendo que lo trasciende y lo atraviesa profundamente. En el libro Cómo mueren las democracias, de Levitsky y Ziblatt, se hace referencia a cuáles son los principios y valores que se socavan cuando las democracias comienzan a perder vigor. Allí se hace hincapié en la tolerancia democrática y en la necesidad de sostenerla como principio a partir del cual respetamos las diferencias y reconocemos a los demás, mucho más allá de nuestras posiciones políticas. Todo ello en miras de cuidar nuestro régimen político, nuestra democracia.

          En definitiva, el desafío que tenemos es aceptar al otro en ese reconocimiento, respetar sus diferencias y llevar la democracia hacia su plenitud. En este momento estamos en una encrucijada particular, señor presidente. Creo que tenemos que ser más tolerantes que nunca y llevar el valor de la tolerancia a su máxima expresión. Me refiero a entender al otro y respetarlo.

          Por eso, celebro la forma en la que se dio este debate en esta Casa, allá por 2018, y la forma en la que, durante la semana pasada, en las comisiones informativas debatimos y escuchamos a decenas de especialistas que vinieron a contarnos los motivos y fundamentos de su posición.

          Celebro también la forma en la que estamos dando este debate en la Cámara de Diputados de la Nación, porque somos representantes del pueblo y creo que tenemos que dar el ejemplo

          Pero, además, creo que el desafío importante es el de mantener esa tolerancia. Es decir, ser tolerantes con nosotros, independientemente de cómo termine esta discusión y cuál sea el resultado del debate.  

          Además, tenemos que ser muy tolerantes con los ciudadanos y ciudadanas, que más allá de que no respeten nuestra posición, se van a expresar también en la calle, en las redes y en cada una de las instancias con las que se puedan comunicar con nosotros. Más aún en momentos en que la tolerancia se encuentra en riesgo en el mundo, pero en particular en nuestro país, donde la comunicación oficial, el debate público y muchas veces en esta misma casa, en el Congreso de la Nación, esa tolerancia se pone en riego.

          Por otro lado, señor presidente, hoy es 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, y se cumplen treinta y siete años de la restauración democrática, un legado de una generación que llevó adelante una lucha épica para que tengamos democracia para siempre.  Nosotros tenemos la responsabilidad de llenarla de contenido y de hacerla más plena que nunca. Hoy creo que tenemos una oportunidad.

          Pero, además, creo que debemos reflexionar sobre qué rol nos cabe a los hombres, a los varones, en esta Cámara de Diputados porque es momento de que llenemos de entendimiento y de profunda empatía nuestro discurso, nuestra reflexión y, en definitiva, la decisión de política pública que decante fruto de este debate y que tomemos como determinación, junto con nuestras colegas diputadas.

          Como bien se dijo acá, no se trata de una cuestión de conciencia. Aquí nadie está pensando que tiene que forzar ni que tiene que obligar a nadie a hacer lo que no cree, lo que no siente y lo que no piensa por sus convicciones éticas, morales o religiosas en su propia elección y en su plan de vida.

          Por el contrario, lo que estamos debatiendo hoy es un objetivo que compartimos en nuestra gran mayoría y que tiene que ver con cómo evitamos los abortos en el país, que son una realidad, una situación de hecho y que, además, en muchos casos, acarrean lesiones y muertes.  

          Frente a eso, tenemos dos alternativas.  Por un lado, podemos apostar al camino de la amenaza y de la pena, que durante los noventa años que lo hemos experimentado ha demostrado que lleva al camino del fracaso y no ha sido eficiente. Al contrario, lo que termina generando es clandestinidad, con lo cual se profundizan los riesgos y las desigualdades.

          Por el otro lado, tenemos el camino de tratar el tema como una cuestión de salud pública, donde el Estado debe tener un rol importante, que cuide, que acompañe con proximidad, con sensibilidad, con sensatez, pensando, además, que se debe promover antes que nada la educación sexual integral y el uso de anticonceptivos,  y que se debe asistir, en el caso de que todos ello no resulte suficiente y no sea una respuesta que logre dar solución al problema.

          Frente a esta situación, me parece que más que nunca tenemos que ser tolerantes en nuestro discurso y accionar.  Ser tolerantes implica, nada más y nada menos, que ponernos en el lugar del otro.  Entender y comprender la determinación diferente que puede tener otra persona en un lugar en el que nos podríamos encontrar y que, desde nuestro lugar, haríamos una opción diferente.

          El entender, además, que el Estado tiene la obligación de tratarnos a todos por igual. En definitiva, entender nuestra posición y defenderla mucho más allá de esa convicción íntima que cada uno tenga. Es decir, entender que el Estado debe tener una posición laica para todos y entender mucho más allá de nuestras convicciones.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- La Presidencia le pide que vaya redondeando, señor diputado.

 

Sr. Martín.- Señor presidente:  ya finalizo.

          No se trata de una cuestión de conciencia. Efectivamente, no es así y lo han dicho varios de los diputados preopinantes. Pero sí déjeme decir una cosa, señor presidente: si el día de mañana tengo la dicha y la alegría de ser padre, fruto de una maternidad deseada, quiero tener la posibilidad de mirar a los ojos a mi hija y decirle que su padre fue parte de una generación que con una vocación de tolerancia democrática, con una profunda empatía y con las ganas de crear un entorno de libertad y autonomía para ella, para sus hermanas, para su madre, para sus hijas, para sus amigas y para todas las mujeres del mundo que quieran habitar el suelo argentino, puedan efectivamente decidir.  ¡Que sea ley, señor presidente!  (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Casas, por La Rioja.

 

Sr. Casas.- Señor presidente:  me presento en este debate en mi carácter de diputado, como representante del pueblo de la Nación y, en particular, de esa porción de pueblo argentino que reside en mi provincia, La Rioja.

          Por lo tanto, vengo a actuar como representante de ese pueblo, procurando interpretar el sentir mayoritario en torno a este tema que toca las fibras íntimas del ser humano y de nuestra conciencia. Me refiero del tema de la vida de la persona por nacer.

          Mi intervención no la hago a título individual, como ciudadano, sino como representante de ese pueblo cuya voluntad procuro interpretar.  Además, por supuesto, lo hago como funcionario público, como diputado y con la responsabilidad que me toca actuar en este órgano legislativo.

          Tengo que decir también que he sentido una falta de respeto por la forma en que fue convocada esta sesión, cambiando las reglas que veníamos teniendo para sesionar, sin tener en cuenta que en nuestra provincia no están habilitados los vuelos en forma diaria y sin tener en cuenta también que estamos en un momento cercano a la Navidad, a un momento muy especial, no solamente para los católicos, sino para la humanidad toda.

          Sin embargo, estamos ante este proyecto de ley que se denomina Interrupción Voluntaria del Embarazo. De entrada, para no quedar atrapados en esta trampa del lenguaje, es preciso decir que llamarla Interrupción Voluntaria del Embarazo no es otra cosa que la práctica del aborto.  

          De interrumpir se habla cuando se da la posibilidad de poder continuar en el tiempo.  Acá no. Estamos hablando de la eliminación de la vida de una persona por nacer en el vientre de su madre.

          Desgraciadamente, ponen de un lado a los provida, que nos oponemos a que se sancione una ley que autorice el aborto y, por el otro lado, los que definen la posición del derecho a la mujer, con una postura que es proaborto.

          Desde ya, adelanto mi posición provida y paso a exponer mis argumentos para sostener esta posición.

          Aclaro que mis razones no son de tipo religiosas, más allá de profesar mis convicciones religiosas en lo personal, sino de ética racional y de orden jurídico constitucional.

          Estamos ante un problema esencialmente humano, quizás uno de los más cruciales y complejos que debamos asumir, la protección del comienzo de la vida humana ya legislada en el artículo 19 del Código Civil y Comercial.

          Si vamos más allá, para nuestra Constitución Nacional, toda persona tiene derecho a que se respete su vida desde el momento de la concepción.  A los efectos de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad, y todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida.

          Entonces, el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, por el cual se habilita a suprimir la vida que se gesta en el vientre materno, sin duda, suprime el derecho a la vida que la persona tiene reconocida por la Constitución Nacional desde el momento de la concepción. Por lo tanto, se contradice abiertamente a la norma fundamental que hemos jurado acatar y defender.

          Esa misma norma nos prohíbe que, como cuerpo legislativo, sancionemos leyes que la contradigan.  Si lo hiciéramos, si sancionáramos una ley a sabiendas de su inconstitucionalidad, estaríamos engañando a nuestro pueblo, porque jamás podría ser válido legalmente usar esta herramienta legislativa por el vicio por el cual adolece.

          El Estado debe ser garante de la vida y promotor de la libertad y la dignidad de los ciudadanos. La autodeterminación de los cuerpos y el derecho de las personas gestantes a interrumpir o eliminar es un proceso vital. Con profunda racionalidad tenemos que actuar con responsabilidad social y comunitaria.

          Por lo dicho, no estamos ante la disyuntiva de “aborto sí” o “aborto no” ya que, como se ha dicho en reiteradas oportunidades -incluso por las mimas personas que promueven su legalización-, esto se encuentra legalmente justificado como no punible por las razones expuestas en el artículo 86 del Código Penal.

          Esta acción encausada se daría por el deseo o el arbitrio como pauta ética y legal que justificaría practicar el aborto por un embarazo no deseado. Es ahí donde vuelvo a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, cuyo artículo 4.1 afirma que nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.

          La práctica del aborto, aun si fuera autorizada por ley, no es una acción privada de las madres gestantes…

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Señor diputado: por favor, redondee su exposición.

 

Sr. Casas.- Señor presidente: le pido un minuto, nada más.

          En este caso, se perjudica a un tercero, que es la persona por nacer. Estamos ante uno de los desafíos más trascendentes que debemos asumir como representantes de nuestro pueblo. Por eso, debemos ser responsables a la hora de legislar.

          Ahora bien, como justicialista que soy, puedo decir que está enmarcada en la vida doctrinaria del peronismo la defensa de la vida y, como tal, me voy a permitir recordar las palabras de Evita, quien sostuvo ante un grupo de enfermeras: “Compañeras, cada aborto que ustedes permiten es un servicio a los poderes coloniales que quieren debilitar la revolución, cada hijo del pueblo que no nace es un hombre menos en las filas de la defensa de la patria y de Perón.”

          Para finalizar, quiero citar una frase del hoy beato Monseñor Angelelli, que me parece indicada para el proyecto que estamos debatiendo. Él decía sobre el aborto: “Es un verdadero crimen con consecuencias personales y sociales funestas. La que paga las consecuencias es la familia.”

          Señores diputados: esta es la hora en que debemos estar más unidos que nunca. Estamos aquí porque alguien defendió la vida, y ese es un precepto que tenemos que defender siempre. Por eso me opongo y votaré en contra de este proyecto. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Angelini, por Santa Fe.

 

Sr. Angelini.- Señor presidente: acá estamos, en diciembre, discutiendo el proyecto de ley sobre aborto que envió el presidente de la Nación. Nos cansamos de escuchar a Alberto Fernández en todos estos meses decir que lo más importante y lo que siempre se iba a priorizar era cuidar la vida.

          Lamentablemente, llevamos más de 40.000 muertos por COVID-19, porque claramente fue un desastre la política sanitaria que en estos diez meses puso en marcha la persona a la que aplaudieron hace un par de horas. ¡Pucha! ¿Y ahora?  En vez de cuidar la vida desde la concepción, el gobierno, por una conveniencia política, para tapar la realidad de un gobierno sin rumbo y para tapar la dura realidad que están viviendo los argentinos, pone en debate el proyecto sobre legalización del aborto.

          La dura realidad que se quiere tapar es que mientras estamos discutiendo este proyecto, a metros de acá, en el recinto del Senado de la Nación, se está tratando un proyecto de reforma previsional que afecta aún más a los jubilados, luego de los 70.000 millones de pesos que ya les sacaron durante este año 2020. (Aplausos.) Ese proyecto les va a sacar aún más recursos a nuestros abuelos.

          La dura realidad es la que padecen los más de 4 millones de argentinos que perdieron su trabajo por la pésima estrategia en términos económicos que llevó adelante este gobierno en la administración de la pandemia, o en las decenas de pymes que cerraron sus persianas por esa misma estrategia. 

          La dura realidad que se quiere tapar con este proyecto es que hay más de un 44 por ciento de argentinos bajo la línea de la pobreza.

          La dura realidad es que la inseguridad en este año se ha incrementado en forma exponencial por la pésima política en la materia llevada adelante por este gobierno. 

          Ni hablar de la emergencia educativa que estamos teniendo, producto de la cual, lamentablemente, nuestros hijos han perdido un año de clases, porque nunca se tuvo idea de qué hacer con respecto a la educación ni se buscó la manera para que los chicos pudieran volver a las aulas en forma presencial. Espero, porque esto realmente es muy incierto, que pronto tengamos un rumbo definido sobre cómo van a comenzar las clases en 2021.

          Pero acá estamos. En vez de ocuparnos de todos estos temas, que son prioritarios para los argentinos, estamos debatiendo un tema que es prioritario para unos pocos.

          Ya metiéndome en el tema que estamos debatiendo, quiero decir que como papá fui testigo de cómo latía el corazón de mis hijos cuando apenas tenían unas pocas semanas de gestación. Sin dudas, esa una de las emociones más grandes que tuve en mi vida. 

          Hoy, como diputados, tenemos la oportunidad de emitir probablemente el voto más importante de este período. Hoy tenemos la posibilidad de defender la vida del niño por nacer y la de su mamá, que se merece todas las herramientas y el acompañamiento del Estado para que, si no quiere o no puede criar a ese niño, no piense que su única salida es un aborto. 

          Se ha hablado de que esta es una cuestión de salud pública, pero es mentira: el aborto representa el 0,2 por ciento de las defunciones femeninas, encontrándose entre las últimas causas de muertes de las mujeres en edad fértil.

          Hace tiempo que los abortos clandestinos no son la primera causa de muerte materna. Esas mismas cifras oficiales certifican que en nuestro país hay más muertes maternas por mala atención durante el embarazo y el parto, que por abortos provocados. 

          Paralelamente, distintos estudios internacionales certifican que la legalización del aborto desde ningún punto de vista genera una disminución de la mortalidad materna, y que la mortalidad materna sí disminuye trabajando en educación, en acceso a la salud, en mejorar las condiciones de vida y sanitarias, y en la información para que la prevención sea una realidad. Lamentablemente, de esto en la Argentina hacemos poco y nada.

          Señor presidente: yo no quiero atacar ni juzgar mal a nadie porque no piense como yo. Solo quiero defender a quien en toda esta situación no tiene voz ni la posibilidad de defenderse, que es el niño por nacer. 

          Desde ya, adelanto mi voto en contra del aborto y siempre a favor de las dos vidas. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Petri, por Mendoza.

 

Sr. Petri.- Señor presidente: para iniciar este debate uno no puede dejar de reconocer la inconveniencia del tratamiento de este tema en este momento que vive la República Argentina. 

          Hemos atravesado y estamos atravesando la peor pandemia que se conozca en nuestra historia, en una de las cuarentenas más largas del mundo, con consecuencias irreparables en la salud pública. Hubo 40.000 argentinos muertos producto de esta pandemia, y más de un millón y medio de personas contagiadas. Esto, claro está, con consecuencias económicas que se han mencionado esta noche en las distintas alocuciones, como el crecimiento del desempleo, con 3,5 millones de puestos de trabajo menos; el incremento de la pobreza, con más de 20 millones de argentinos bajo la línea de pobreza y 4 millones en la indigencia, lo que impacta en la discusión de esta noche, y con 6 de cada 10 niños sumergidos en la pobreza. Uno se pregunta si, en definitiva, estamos honrando el mandato popular, si estamos representando a la ciudadanía argentina y si lo que estamos tratando es lo que se nos está reclamando esta tarde. No obstante, tal cual lo hicimos en 2018, vinimos a dar este debate.

          Claro está: creemos en el oportunismo, no de los que han defendido la causa durante años, sino del gobierno, que la plantea utilizándola en este momento para esconder los verdaderos, reales y profundos problemas que tiene la República Argentina.

          Pero no puedo dejar de mencionar, señor presidente, que este proyecto, en definitiva, es inconstitucional, no porque lo diga yo ni porque en definitiva sea la opinión caprichosa de un legislador que se empecina en interpretar las normas jurídicas a su antojo y conforme a su posición política, sino porque cuando uno revisa y repasa no solamente los antecedentes normativos que existen en la República Argentina -a los que me voy a referir someramente‑, sino también las decisiones de la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, da cuenta de la inconstitucionalidad.

          En definitiva, estamos contrariando las obligaciones que firmó la República Argentina al adherir a los pactos internacionales y los propios fallos de la Corte Suprema y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.  

          ¿Por qué digo que es inconstitucional? Brevemente, voy a mencionar los artículos que conspiran contra la constitucionalidad de este proyecto. Está claro que el artículo 75, incisos 22 y 23, contrarían los postulados de este gobierno.

          Cuando se ratificó la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño, se las equiparó a la Constitución Nacional, es decir, se les dio rango constitucional.

          El artículo 4°, apartado 1, del Pacto de San José de Costa Rica se pudo haber repetido muchísimas veces, pero es necesario interpretarlo. Establece: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Ese derecho está protegido por ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

          La pregunta que tenemos que hacernos es si no existe privación arbitraria de la vida cuando por el solo deseo, por la sola voluntad de la mujer, se permite la interrupción del embarazo. Lo cierto es que hay arbitrariedad en la decisión.

          El fallo Artavia Murillo es importante destacarlo y rescatarlo porque claramente la Corte Interamericana de Derechos Humanos fijó desde qué momento hay persona y ser humano. Estableció que eran términos que indisolublemente estaban atados a la concepción, y señaló también que había persona y ser humano cuando el óvulo fecundado se anidaba en el seno materno. A partir de ese momento era imprescindible que los Estados garantizaran la protección. La Corte señala que no es un derecho absoluto; es un derecho gradual o incremental, pero establece una regla que -claro está- permite excepciones.

          ¿Cuáles son esas excepciones? Tiene una primera condición: que no pueden ser excepciones arbitrarias. Esas excepciones son las que en su momento los legisladores de otros países han fijado como causales de justificación del aborto, esto es, en los supuestos en donde exista gravedad porque está afectada la salud, la vida o la persona por una violación. En estos casos no debe haber obstáculos.

          Ya lo dijo el fallo F.A.L. con total precisión ‑que fue anterior a Artavia Murillo‑: debe garantizarse que una menor o una persona violada puede acceder a un aborto seguro en la República Argentina, y creo que mucha de la discusión de esta noche se habría evitado si se hubiese cumplimentado ese fallo -que fijó y que precisó los alcances‑ por parte del gobierno nacional, de los gobiernos provinciales y los efectores de salud.

          Pero yo me quiero referir al fallo Portal de Belén, que quizá no se ha mencionado, pero me parece muy importante traer a la discusión en este momento.

          ¿Por qué es importante este fallo? Porque en 1992 la Corte dijo algo que se ha mantenido: definió a la vida como el bien jurídico primordial, que no es susceptible de reparación ulterior. Esto no lo podemos perder de vista en esta discusión, señor presidente.

          Pero también dijo algo muy importante, y tiene que estar presente, porque el derecho a la vida no es un derecho de construcción positiva, y esto lo dijo la propia Corte.

          El derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda la legislación positiva, que necesariamente tiene que ser garantizado por la Constitución Nacional.

          Está claro que el derecho a la vida no es absoluto, pero es el más importante de los derechos humanos que presupone el ejercicio de cualquier otro. No hay posibilidad de ejercitar otro derecho si se niega el derecho a la vida. 

          Ese derecho tiene que ser reglamentado y admite excepciones, y el Estado argentino las tiene que garantizar para que no haya excusas. Es decir, si una niñita es violada, ella debe poder acceder a un aborto seguro y legal en tiempo y forma.

          Pero la norma que estamos debatiendo aquí, por la que de manera arbitraria -violando el artículo 4, apartado 1°‑ la mujer dispone de la vida de una persona por nacer, es lisa y llanamente inconstitucional y nos coloca en el peor de los lugares. (Aplausos.)

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Scaglia, por Santa Fe.

 

Sra. Scaglia.- Señor presidente: hoy estoy en este recinto una vez más para reafirmar mi compromiso con la vida humana.

          Que quede bien claro: con el aborto las mujeres no ganamos un derecho; lo pierden los niños y niñas por nacer que tienen un derecho constitucional, y les estamos quitando esa posibilidad.

          No puedo creer que estemos tratando este tema de apuro en diciembre de 2020, un año donde una pandemia mundial arrasó con nuestras vidas y golpeó a toda la sociedad argentina. Tuvimos un millón de enfermos por coronavirus y más de 40.000 muertos. ¿Eso no nos pudo hacer reflexionar acerca de que este no era el momento para poner en discusión un proyecto que ya fue rechazado en 2018 en este Congreso?

          Me duele el aumento de la pobreza, me duele el desempleo, me duelen los muertos y más aún me duele que se haya gestionado tan mal esta crisis de salud y económica en el marco de la pandemia. También me duelen los millones de chicos que se quedaron sin clases presenciales.

          Con el ASPO, señores diputados, retrocedimos en el acceso a la salud y en la protección integral de las mujeres. Miles de mujeres no pudieron acceder a los métodos anticonceptivos y no pudieron hacerse sus controles ginecológicos rutinarios.

          ¿Qué hace el gobierno en el mes más convulsionado de este año tan particular y difícil? Envía a este Congreso un controvertido proyecto de ley de legalización del aborto con el que busca tapar todos los desaciertos y errores irónicamente en nombre de la salud pública. Buscan algo que festejar en una Argentina de desempleo, de inflación, de crisis económica y de ajuste a los jubilados, como el que están llevando ahora adelante en el Senado. Entonces, ¿el único festejo que se les ocurre es el aborto? (Aplausos.)  

          Esto es inoportuno, pero también es oportunista: quieren tapar la crisis con la grieta de verdes y celestes.

          Señores diputados: aquí hay oportunismo político, y lo que es más triste es que hay nuevamente fracaso del Estado. Hay fracaso y ausencia del Estado en sus políticas de salud pública, no sólo en la batalla contra la pandemia, sino también en la posibilidad de acompañar a todas las mujeres en políticas serias relativas a la salud sexual y reproductiva.

          Este año tuvimos que aceptar las medidas más extremas en nombre de la pandemia, ¿pero se quiere realmente cuidar la vida? Porque parece ser que hoy algunas vidas valen, pero otras ya no valen tanto.

          El presidente nos dijo que había que cuidar la vida y que la vida estaba primero. Por eso nos tuvo en una cuarentena eterna.

          Sin embargo, hoy la salida a esa cuarentena eterna es el aborto. La vida ya no vale. El aborto polariza la discusión como pocos temas y nos hace reflexionar sobre la vida y la muerte. Nos obliga a hacernos preguntas fundamentales.

          La vida humana es uno de los bienes básicos que como sociedad debemos proteger. La vida no se debate, sino que se defiende siempre. Cuestionar el derecho a la vida y contraponerlo a un derecho puramente personal no es volvernos más humanos. Por el contrario, es creer que somos descartables y que podemos decidir sobre la vida del otro sin consecuencias.

          Basta de doble discurso. Hoy vamos a votar en este recinto dos proyectos de ley contradictorios entre sí. En uno entienden la vida a partir de la semana doce, mientras que por el otro le permiten a una mujer interrumpir su embarazo hasta la semana catorce. No pudieron ponerse de acuerdo ni siquiera en establecer cuál era el principio de la vida humana.

          Para finalizar, quiero decir que con este proyecto de ley estamos intentando transformar un delito en un derecho. Nadie puede decidir sobre la vida de otro. Hasta hoy nadie ha podido demostrar que la vida no empieza en la concepción.

          No podemos desechar lo que nos incomoda. Interrumpir un embarazo es finalizar con la vida de otro ser humano que no va a poder ser. Me enoja y entristece que este proyecto de ley haya sido promovido en nombre de los derechos humanos. No es un derecho humano el acto de decidir sobre la vida de otra persona. Esta es, sin lugar a duda, una de las traiciones más grandes que el Congreso de la Nación está aprobando en nombre de los derechos humanos que dice defender.

          Por lo expuesto, hoy, como en 2018, mi compromiso siempre será en favor de la vida y de las dos vidas. Que no sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Vivero, por Neuquén.

 

Sr. Vivero.- Señor presidente: quiero efectuar dos breves acotaciones. En primer término, desearle éxito en su gestión. La verdad es que dos mendocinos en la conducción de esta Honorable Cámara, cuando hace un par meses uno de ellos había planteado cuestiones secesionistas, es algo por lo menos sorprendente en este contexto.

          En segundo lugar, quiero decir que, si bien entiendo los acuerdos legislativos, creo que hubiera sido interesante reconocer la historia y trayectoria de Alejandro Sabella, un gran deportista, figura popular, ser humano y militante, por lo menos para quienes tuvimos oportunidad de conocerlo cuando se produjeron las inundaciones en La Plata, fundamentalmente. Ojalá podamos honrarlo y homenajearlo en la próxima sesión.

          Nos encontramos en este recinto llevando adelante el tratamiento de dos proyectos de ley. Lógicamente, este tipo de iniciativas impulsan o promueven el ordenamiento social. Todas las acciones, actividades e iniciativas que discutimos acá tienen que ver con el ordenamiento de nuestra vida social. En definitiva, ese es el rol del Congreso Nacional.

          Previamente algunos legisladores plantearon la oportunidad o no de debatir el proyecto de ley en consideración. Es una cuestión que circunstancialmente el presidente y la vicepresidenta de la Nación plantearon durante la campaña electoral como parte de su plataforma. Por ende, no debería sorprender que lo estemos discutiendo.

          Además, muchos de los legisladores que plantean esta objeción en cuanto a la oportunidad de este debate no dijeron nada cuando los principales atropellos a la institucionalidad de este Parlamento, como el tema del endeudamiento, ni siquiera pasaron por la vereda de esta Cámara de Diputados. El Congreso de la Nación está para debatir y profundizar los temas en este sentido.

          Estos dos proyectos de ley tienen, por sobre todas las cosas, una fuerte impronta en términos de ampliación de derechos y de ejercicio ciudadano. En relación con este último aspecto, creo que es necesario profundizarlo, construirlo y consolidarlo mediante la incorporación de estos hitos que se vinculan con la institucionalidad que cada uno de nosotros asume en el marco de las leyes, de la Constitución Nacional y, fundamentalmente en el día de hoy, de la correspondiente sanción que esperamos dar a esta iniciativa.

          Obviamente, en ese marco de ampliación de derechos el impulso a los proyectos de ley en cuestión tiene que ver con visualizar una situación que es muy profunda en la Argentina. Los datos de los que disponemos son vagos, pues el aborto, al ser clandestino, hace que no podamos contar con información estadística certera. No obstante, se dice que durante este año más de 400.000 mujeres han abortado de manera clandestina en la Argentina.

          Esto genera un fuerte impacto sobre nuestro sistema sanitario, nuestra construcción ciudadana y, en particular, nuestras mujeres.

          De acuerdo con la información que ha transmitido la ministra de Salud de la provincia de Neuquén, a la que represento, al 31 de octubre del corriente año se registraron en ese distrito 883 abortos legales, lo que nos permite prever que si proyectamos esa cifra en cuanto a la cantidad de abortos clandestinos nos encontraremos con que tenemos más de 4.000 o 5.000 abortos de esas características, con el fuerte impacto que eso genera en nuestra sociedad y sistema sanitario.

          Obviamente, me sorprendieron las declaraciones de una señora diputada por Neuquén cuando hizo referencia a la fuerte inversión en materia de educación sexual integral en nuestra provincia. Eso no es verdad porque no hay un presupuesto para este año, mientras que el aprobado para 2021 no establece lo que requiere una política seria y concreta en ese sentido. De hecho, salvando las distancias, hasta hace un par de días los docentes neuquinos estaban haciendo un ayuno y acampe frente a la Casa de Gobierno porque no se dignaban a convocarlos a una mesa de diálogo, a fin de poner en agenda la necesaria discusión salarial y de una política educativa integral en nuestra provincia. Pero eso forma parte de otro debate.

          El tema que estamos considerando, al tratarse de una ampliación de derechos y de la incorporación de algo tan sensible en términos de construcción de ciudadanía, exige que se pongan en claro dos cosas. Por un lado, que este proyecto de ley no obliga a nadie a llevar adelante el aborto.

          Por el otro, que afortunadamente se incorpora el derecho a optar y decidir en libertad, que me parece que es un aspecto central en esta discusión que estamos llevando adelante porque no afecta ningún tipo de convicción o creencia; no es un debate metafísico, sino político. Por eso, cuando lo planteamos desde el punto de vista político decimos que la educación sexual es necesaria para decidir, que debe haber anticonceptivos para no abortar y que el aborto tiene que ser legal para no morir. Pero de ninguna manera se interviene en las convicciones, las creencias y el derecho a decidir de nuestras mujeres. 

          Cuando hablo de nuestras mujeres observo a mis compañeras que representan un colectivo, como así también a muchas del bloque de Juntos por el Cambio con las que me solidarizo, ya que reciben agresiones que son disfrazadas como provenientes de parte del oficialismo.

          En este sentido, quiero decir que cuando me planteaba por qué tenía que acompañar esta iniciativa, hace dos años tal vez lo hubiese pensado, pues no hubiera estado convencido. Pero hoy creo que hay una convicción por dos razones. En primer término, porque hay una comprensión histórica de que el movimiento feminista en la Argentina ha sido protagonista y ha llevado adelante una gran cantidad de luchas y reivindicaciones. Eso es lo que hoy acompaño.

          En segundo lugar, porque hay un mandato popular que nos ha sido otorgado para ampliar derechos y construir una Argentina más justa.

          Por lo expuesto, que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra la señora diputada Najul, por Mendoza.

 

Sra. Najul.- Señor presidente: en primer término, lo felicito por su función y le deseo éxito.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Muchas gracias, señora diputada.

 

Sra. Najul.- En segundo lugar, la verdad es que hemos escuchado hablar mucho –sobre todo en esta semana- acerca de la oportunidad y conveniencia de tratar este tema en este momento, como así también de la existencia de otras prioridades. Lo cierto es que en la Argentina estamos acostumbrados a vivir en un estado de inestabilidad. Sin duda este 2020 ha sido el peor, el que se ha llevado todo. Creo que “incertidumbre” es la palabra que va a identificar a este año.

          Entonces, terminar el año tratando este proyecto de ley y configurando un marco legal que reconoce y amplía la importancia de la salud pública para garantizar la calidad de vida, no solamente es conveniente, sino también necesario.

          Cuando tratamos temas tan álgidos que despiertan pasiones muy fuertes y suponen modificaciones tan estructurales, nuestra responsabilidad como legisladores es mucho mayor. Así lo siento y así quiero justificar mi voto, con mucha sensatez, con mucha racionalidad y, sobre todo, con muchísima humildad y respeto.

          No estamos tratando un proyecto de ley que promueve los abortos, no estamos obligando a nadie a cambiar sus creencias; estamos tratando una iniciativa reparadora, como fue la de divorcio y la de matrimonio igualitario, que no solamente ampliaron derechos, sino que también, y sobre todo, reconocieron la igualdad y la libertad como pilares fundamentales de nuestra convivencia democrática.

          Como legisladores tenemos la responsabilidad irrenunciable de legislar basándonos en la evidencia y en lo que sucede; no es lo que nos gustaría o quisiéramos que sucediera. La realidad marca que en la Argentina hay más de 350.000 abortos clandestinos por año, de los cuales más de 60.000 implican internaciones, muchas de ellas con dificultades y trastornos de salud para siempre. Es más, en algunos casos los abortos terminan con la vida de esas mujeres.

          Entiendo que tenemos la obligación de sustentar nuestras decisiones en la ciencia, en el trabajo de las instituciones y organizaciones científicas, y en lo que nos aconsejan nuestras autoridades sanitarias. En 2018 nos advirtieron que, de sancionarse el proyecto de ley de interrupción legal del embarazo, bajaríamos más del 85 por ciento los costos de las internaciones derivadas de las complicaciones de los abortos clandestinos, y más del 95 por ciento las internaciones por complicaciones. Lo más importante, como ocurrió en Uruguay, es que podríamos llevar a cero la mortalidad materna por abortos clandestinos.

          En esta ocasión, también quiero mencionar que   tenemos el deber de valorar las certezas del estudio de derecho penal comparado en el mundo. Después de todo lo escuchado en 2018 y de lo señalado por los expositores en estas últimas semanas, no hay duda de que las leyes restrictivas han sido un fracaso absoluto en todo el mundo. Con el derecho penal no se pueden resolver los problemas de la salud. De ese modo, no ha desincentivado ni evitado ningún aborto en la Argentina ni en el mundo.

          Me opongo a que, en democracia, la vida de una persona esté determinada por el hecho de contar o no con recursos. Creo en un Estado que pone todo de sí para identificar cualquier desigualdad y otorga herramientas concretas para prevenirlas y erradicarlas. No olvidemos que la democracia no es ni será jamás un producto cerrado; es una forma de gobierno, es un modo organización social, es un estilo de vida que está reconfigurándose permanentemente y que condensa todos nuestros desacuerdos. Ese es su valor. Por eso tenemos la ocasión perfecta para contar con una norma de esta trascendencia y ejercer un diálogo republicano, un diálogo de iguales, un diálogo respetuoso y un diálogo maduro.

          Hace dos años en esta misma Cámara manifesté que la criminalización del aborto sólo alimentaba un triángulo infame de desigualdad, clandestinidad y muerte. Permítame agregar un punto más, señor presidente: la negación, que lleva tantos años. Durante demasiado tiempo el Estado ha mirado para otro lado, mientras niñas, adolescentes y mujeres fueron víctimas de la falta de acceso a la educación, de la ausencia total de la empatía y del cierre constante de puertas. Basta de negación institucional y basta de ocultar una realidad vergonzante.

          Como sabemos, mujeres de diversas edades, de distinta procedencia y de todas las clases sociales son sometidas a abortos, pero solamente enferman y mueren las más pobres. Esto nadie me lo contó, sino que lo vi una y otra vez trabajando en un hospital público en la provincia de Mendoza.

          Quiero agregar que hace una semana murió en Francia el presidente francés Giscard d’Estaing, quien en los años 70 legalizó el divorcio y el aborto. En esos años asumía el papa Juan Pablo II, quien le recriminó al presidente la legalización del aborto en su condición de católico. El presidente le respondió que él era católico, pero que sus convicciones personales no podía llevarlas a todos los ciudadanos y que como él era el presidente de una república laica, su deber era velar porque las leyes se correspondieran con la realidad de la sociedad y, de esa manera, pudieran ser respetadas y aplicadas.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- La Presidencia solicita a la señora diputada Najul que vaya redondeando.

 

Sra. Najul.- Señor presidente: legalizar la interrupción voluntaria del embarazo no fomenta los abortos, no impone conductas ni censura convicciones.

          El proyecto de ley en tratamiento impide las muertes evitables, y termina con el negocio de quienes lucran con la necesidad y el dolor de las más vulnerables. Hablamos de prevención, de educación, de acceso a la información confiable y oportuna, y no de juzgar a quien piensa distinto. Hablamos de un acompañamiento integral a todas las mujeres, las que deciden ser madres y las que no.

          Quiero agradecer a todo el movimiento de mujeres, al movimiento feminista, a las mujeres de la campaña, y a mujeres de mi partido como María Luisa Storani, Mabel Bianco y Lilia Puig, que durante tantos años llevaron esta problemática a cada comité de la Argentina para su tratamiento y para que se visualice la realidad y se logre su transformación. Considero que estamos un poco más cerca de dar la respuesta que la democracia se merece.

          Señor presidente: es ahora, no puedo esperar, es urgente, que sea ley. (Aplausos.)  

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Allende, por San Juan.

 

Sr. Allende.- Señor presidente: muchos éxitos en esta gestión. En esta ocasión, quedaron las dos vicepresidencias para la zona de Cuyo.

          Nuevamente, en un corto período de tiempo debemos considerar un proyecto de ley de aborto, muy parecido al tratado y rechazado hace apenas dos años, aunque debo reconocer que el actual abre las puertas al aborto libre.

          Señor presidente: a pesar de la rapidez y de la falta de sentido de oportunidad de este proyecto, al igual que en 2018, he seguido las exposiciones de los invitados y he escuchado a muchos especialistas dar su parecer argumentando el rechazo o apoyo a esta iniciativa.

          También he advertido que los argumentos de apoyo tienen un fuerte sesgo a ignorar la ciencia y el derecho. Además, la mayoría de la población también advirtió que detrás de la insistencia de esta nueva presentación hay argumentos poco consistentes.

           Personalmente entiendo que el proyecto no refleja la madurez necesaria, sino que, por el contrario, no toma en cuenta los argumentos de rechazo. Pareciera que nuestra democracia se empeña en estar cada vez más debilitada. La gran mayoría del pueblo argentino no encuentra en un proyecto de ley abortista las soluciones que espera para la salud pública.

          Este proyecto de ley no soluciona el problema de las muertes maternas. Al respecto, quiero agregar que más del 95 por ciento de las muertes maternas no se debe a los abortos, sino a la nutrición de la mujer, a las enfermedades no tratadas, a los suicidios, a las agresiones recibidas, a los problemas relacionados con la pobreza, a la falta de higiene en el hogar, etcétera. Entonces, pregunto: ¿no habría que empezar por ahí?

-   Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Sergio Tomás Massa.

 

Sr. Allende.- Afuera la gente está lidiando con otros problemas porque sus prioridades son distintas.

          Por lo expuesto, rechazo este proyecto, al igual que lo hice con el anterior. Lo hago porque desconoce la ciencia y el derecho.

          En virtud de que he sido educado en el seno de una familia justicialista y peronista, y justo hoy que celebramos el Día de los Derechos Humanos, quiero confirmar mi convicción apegada a la ciencia: un ser concebido, desde el instante mismo de su existencia, debe ser protegido y tutelado. Así ha sido incorporado en nuestra Constitución Nacional.

          Trabajo permanentemente por construir una sociedad inclusiva. No estoy de acuerdo con el descarte de seres humanos. Las sociedades que abren esta puerta corren los riesgos que ya hemos visto en otras sociedades. Claramente la ciencia establece que un embrión es un ser humano y éste, por celo, debe ser protegido. El proyecto en tratamiento atrasa.

          La ciencia avanzó y hace rato se estableció que el ADN de un embrión es único y distinto de quienes lo engendraron algo que, por solo dar un ejemplo, la ciencia criminalística lo aplica a diario en infinidad de procesos. No es un fenómeno como dijo el ministro de Salud de la Nación.  La gran mayoría de los argentinos rechaza esta iniciativa por razonamientos como el que acabo de señalar.

          Me niego a aprobar una iniciativa que destila en su articulado el patrón del pensamiento único como si el nuestro fuera un Estado totalitario por convicciones políticas y humanas. Es inaceptable arrinconar la objeción de conciencia. Son tantas las trabas impuestas para el pleno ejercicio de la libertad de conciencia que la libertad misma se nos plantea como algo difícil de ejercitar en la vida cotidiana en tiempos muy cercanos. Lo mismo ocurre con el desarrollo profesional e institucional de muchos en la Argentina.

          Quiero ser consecuente con quienes viven en San Juan. Todas las consultoras de opinión han coincidido con un dato objetivo: más del 80 por ciento de la población rechaza el aborto como una solución a un problema.

          Quiero hacer un aparte por lo que manifestó el ministro de Salud Pública de la Nación hace poco y que me parece totalmente fuera de lugar. Cuando vino a las comisiones indicó que era un “fenómeno”; luego también tuvo otras expresiones con aquellos que venimos del peronismo. Dijo que hay “tipos que dicen ser peronistas, pero no hacen lo que tienen que hacer”; luego, un poco indicándole a los legisladores lo que hay que hacer manifestó: “Miren a sus provincias para ver lo que hay que votar.”

          Justamente voto mirando a mi provincia. Hoy el peronismo en San Juan cumple 17 años de gobierno; primero con José Luis Gioja y actualmente con Sergio Uñac que justamente hoy cumple un año de ser reelecto con el 54 por ciento de los votos. Creo que el peronismo en San Juan algo debe haber hecho para recibir en estos 17 años el apoyo mayoritario de los sanjuaninos.

          También quiero recordar al ministro de Salud que hoy se tratará el proyecto de ley de los 1000 días.

 

Sr. Presidente (Massa).-  Por favor, señor diputado, vaya redondeando.

 

Sr. Allende.- Señor presidente: ya finalizo mi discurso.

          Este proyecto se está llevando a cabo en mi provincia. A partir del próximo año se lanza el otro proyecto de los otros 1000 días, que es la cobertura de los niños hasta los 4 años. No necesitamos que el ministro nos venga a dar clases de peronismo.

          Si en mi lugar estuvieran legisladores sanjuaninos que honraron en su vida pública y política el pensamiento auténticamente peronista, votarían tal como lo haré hoy.

          En el día de hoy quiero homenajear a la profesora Margarita Ferrá de Bartol que falleció en el desgraciado accidente del helicóptero cumpliendo con su función de legisladora nacional. También quiero homenajear al doctor Daniel Tomas. Ambos son referentes de la cultura sanjuanina.

 

Sr. Presidente (Massa).-  Señor diputado: por favor finalice su discurso.

 

Sr. Allende.- Particularmente he trabajado para que la fórmula Fernández-Fernández gobernara la Argentina. Mi compromiso es continuar apoyando este proyecto. Seguramente votaremos otras iniciativas, pero en esta oportunidad no acompañaré con mi voto este proyecto de ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).-  Tiene la palabra el señor diputado Monaldi, por Jujuy.

 

Sr. Monaldi.- Señor presidente: estamos debatiendo un proyecto de ley que pone los derechos de unos por encima de los de otros.

          ¿En qué clase de Nación nos convertiremos si tenemos una legislación con una mirada de corto alcance que soslaya todos los puntos de vista, silenciando los derechos de algunos y favoreciendo los de otros?

          No quiero detenerme a debatir en la evidencia innegable del origen de la vida porque biológicamente está probado que la presencia de un ADN distinto sirve para determinarla.

          Si un país, como dice Toller, en el cual el cariño externo da derecho a vivir o condena a morir, es un país que condena de antemano al ser humano a una existencia supeditada al arbitrio y querer de la progenitora. O sea, le otorga categoría humana al simple querer del otro y convierte de alguna forma a unos ciudadanos en cuasidioses que pueden decidir si una existencia es vida o no según su voluntad lo requiera.

          Esto nos convierte en una Nación donde peligra toda existencia y derecho, porque no está basada en la Justicia, sino en los sentimientos humanos. Si consideramos que el derecho humano de una mujer es decidir sobre su propio cuerpo, negando la vida que lleva adentro, estamos categorizando a las personas en aquellas que tienen derecho a vivir y las que no tienen derecho a vivir.

          No quiero volver a un tema muy tratado, pero hay quienes no pueden o no quieren admitir la realidad como la verdad y usan la manipulación del lenguaje y de la ciencia para justificar su ideología.

          Por eso quiero centrarme en lo injusto que se convierte nuestro Estado si avalamos leyes que otorgan derechos a algunos grupos humanos sobre otros, o si hacemos uso de ellas según nuestro propio interés.

          También espero que se modifique el caso de aquellos profesionales o instituciones que tienen un ideario distinto del pensamiento de los que defienden el aborto y, en consecuencia, ven vulnerados sus derechos por leyes injustas que no consideran sus posturas.

          Hablamos de libertad; pero me pregunto por qué una libertad está por encima de otra, ¿eso es Justicia? Una Nación que define una Justicia ciega, que les otorga derechos a unos y se los niega a otros, ¿es una sociedad viable que puede mantenerse coherente?

          No desconocemos que el aborto es un mal social que debe ser evitado, pero el remedio no debería ser su legalización, ya que, como ha sido demostrado, no es una solución sino, por el contrario, con él se naturaliza la idea en los ciudadanos y aumenta su ocurrencia.

          Algunos podrán decir que el incremento en la cantidad de casos se debe al blanqueo de los abortos clandestinos. Lo cierto es que cuando una acción se legaliza, los ciudadanos la toman como algo permitido y, por ende, está bien y su uso se hace normal.

          Entonces, la solución a una situación compleja es tirar lo que nos molesta, de hacer que la vida humana sea descartable. Pero no olvidemos que lo que hoy les enseñamos a las jóvenes generaciones seguro se volverá en nuestra contra con el tiempo. Si les enseñamos que la solución a los problemas es descartar lo que molesta, permítame decir que los próximos pasos será convertirnos nosotros mismos en descarte.

          Por todo lo expuesto, no acompaño este proyecto de ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).-  La Presidencia recuerda a los señores diputados y diputadas que el informe de Dirección Médica que habilitó el protocolo, por el cual estamos funcionando con un sistema denominado de burbuja, establece, entre otras cosas, la recomendación de que los testeados eviten circular fuera del ámbito del Parlamento. Si hay diputados que plantean la importancia de sesionar presencialmente y de que testeemos a todos, pero después son los primeros que vulneran la regla para ir a la televisión, estamos ante un Parlamento que no cumple con sus propias reglas. (Aplausos.)

          Pido a los presidentes de bloque que, por favor, comuniquen esto a los señores diputados y señoras diputadas.

-         

Sra. (Frade).- ¿Todos los legisladores fueron testeados?

 

Sr. Presidente (Massa).- Tienen a su disposición los testeos de todos los funcionarios concurrentes y de los que van a concurrir.

          Tiene la palabra la señora diputada Uceda, por Mendoza.

 

Sra. Uceda.- Señor presidente: me gustaría empezar esta intervención haciendo un pequeñísimo análisis jurídico acerca de la adecuación de este proyecto que estamos tratando con la legislación nacional vigente y las normas internacionales, porque he escuchado reiteradamente a muchos, algunos con tono de erudito, decir que es inconstitucional.

          No los quiero amargar, pero el aborto es legal en la Argentina desde hace más de cien años. Lo que pasa es que el legislador ‑varón, porque nosotras no votábamos, no éramos elegidas representantes, éramos incapaces‑ lo que creó fue un sistema de causales, con un aborto permitido ‑el no punible‑, y el aborto prohibido. Pero el embrión nunca tuvo derechos absolutos en nuestra legislación. Hace cien años que deberían haber declarado la inconstitucionalidad.

          Esto es así porque nuestro sistema legal y el sistema internacional ‑porque es muy fácil interpretar la ley solo con los títulos de los artículos‑ no admite derechos absolutos de nadie. Y lo dijo mi compañera, la diputada Laura Russo: intentar dar entidad e identidad jurídica a un embrión igual que a una persona humana es un error jurídico, que además choca de lleno con nuestra legislación. Entonces, si vamos a hablar de derecho, leamos derecho.

          ¿Qué estamos haciendo hoy? Estamos debatiendo si mantenemos este sistema de causales restrictivas y alejado de la voluntad de las mujeres o la ampliamos. Porque el aborto punible lo único que hizo fue empujarnos a la clandestinidad; humillarnos, avergonzarnos, dañarnos en nuestra salud y, la mayoría de las veces, matarnos.

          Hace dos semanas se murió una mujer de 40 años en Córdoba; dejó tres hijos, tres huérfanos. Mientras acá estamos debatiendo, probablemente otra mujer está abortando en condiciones desfavorables, y su vida está en peligro. Por eso la oportunidad es ahora, es hoy. Este debate no merece diferirlo más.

          La lucha es de muchísimas compañeras, porque nosotras estamos acá debatiendo porque otras caminaron antes que nosotras. Y hoy nos paramos en sus hombros para sostener a esos pibes y a esas pibas que durante todo el debate de 2018 hasta hoy han mantenido en sus mochilas sus pañuelos verdes porque están convencidos de que hablar hoy de aborto legal es hablar de derechos. (Aplausos.)

          Este debate no merece postergarse, y hay una única resolución posible para que sea justo: terminar con una ley en el Senado que legisle el aborto legal, seguro y gratuito.

          Ya lo dije en la comisión: lo único que nos separa a nosotros de aquellos que no aprueban este proyecto no son las creencias religiosas. Yo también creo en Dios. No es el deseo o no de ser madre. Yo también soy madre y de dos niñas. Lo que nos separa es ver o no la realidad. El aborto será legal o será clandestino, pero será.

          Señores, señoras: las mujeres abortamos, y no lo prohibió el Código Penal con su criminalización espantosa, ni la crueldad con que los jueces caratularon esos casos que no fueron capaces de poner: aborto punible. Lo caratularon como homicidio culposo agravado por el vínculo. ¿Por qué? Porque el escarmiento debe ser fuerte. Porque sobre los cuerpos de las mujeres, se legisla, y se lo hace con dureza y con crueldad.

          No tengan dudas de que estamos avanzando, así como lo venimos haciendo desde 2010, con leyes maravillosas como el matrimonio igualitario y la identidad de género. Ese camino –debo decirlo‑ lo inició nuestra expresidenta y, probablemente, estamos acá también por esa lucha.

          Estamos legislando en materia de salud pública, y no reconocernos este derecho es no reconocernos a las mujeres como sujetos políticos autónomos; es no reconocer nuestro deseo. La maternidad no tiene que ser nuestro único destino. La maternidad debe ser deseada, porque no hay otra. (Aplausos.)

          Y no me vengan a decir que los embarazos se previenen, porque eso habla, primero, de la hipocresía de muchos de ustedes, que cuando se da el debate de la ESI, están en contra; que cuando queremos repartir anticonceptivos gratis, están en contra. Pero, además, habla de que no conocen ni la vulnerabilidad ni la violencia que, créanme, no permite mucha planificación.

          Quiero que me permita leer solo una pequeña frase, y con esto termino: “Cerrar los ojos no va a cambiar nada. Nada va a desaparecer simplemente por no ver lo que está pasando. De hecho, las cosas serán aún peor la próxima vez que los abras. Solo un cobarde cierra los ojos. Cerrar los ojos y taparse los oídos no va a hacer que el tiempo se detenga”.

          Quiero decir a las compañeras que están acá, a las mujeres que están afuera, a los pibes y las pibas que han seguido luchando, a mis hijas, a quienes deseo profundamente dejarles un país justo: no vamos a cerrar más los ojos. Por cada una de las mujeres que murieron; por mis amigas, que se sintieron humilladas, avergonzadas solo por desear una maternidad y decidir abortar. Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, no cerramos más los ojos. Que sea ley. (Aplausos prolongados.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Ferraro, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. Ferraro.- Señor presidente: por más que parezca una redundancia, debo decir que voy a intervenir en este debate cuando es esta mi última sesión como presidente de un bloque, pero también como presidente de un partido nacional. Esto lo quiero remarcar porque agradezco la libertad, el cuidado y el respeto por una posición que no es de ahora sino de siempre en mi historia militante.

          Lo que voy a plantear acá tiene que ver con una posición que es personal y también política. La dimensión de mi voto positivo, por supuesto que va más allá de mi espiritualidad, de mis creencias, de lo que soy como individuo, o de la pertenencia que podamos tener muchos a distintos partidos políticos.

          Decía que lo personal es político, y mire, señor presidente: por mi orientación sexual, me siento parte de un grupo de personas que durante mucho tiempo fuimos ciudadanos de segunda y parte de una sociedad que nos educó para la vergüenza. No solo no se reconocían nuestros derechos, sino que también fuimos criminalizados, invisibilizados ‑como hoy se continúa‑, y hasta también tuvimos miedo por el solo hecho de ir a divertirnos a un lugar.  En ese sentido, mi posición parte, entonces, de un interrogante: ¿por qué negarle a las mujeres y personas gestantes un derecho?

          Soy muy respetuoso de las creencias, y entiendo los dilemas que mucho de los diputados y diputadas ocasionan, pero por más que los tengamos y enfrentemos tensiones que no podamos resolver, en esta decisión no puedo tener una posición que restrinja o no reconozca un derecho, sobre todo, cuando la toma de una decisión personal implica la vergüenza de la clandestinidad, la ilegalidad y el castigo social.

          Por eso creo que es importante profundizar en la cuestión moral-filosófica de este debate. El debate moral-filosófico no puede solo pertenecer a las religiones. Es necesario que demos esta discusión desde un enfoque secular de nuevo laicismo y de republicanismo.

          El aborto es la resolución de un conflicto moral entre la maternidad forzada y la interrupción del embarazo; un conflicto ético que sienten todas las mujeres y los cuerpos gestantes, y que implica, por supuesto, una complejidad que atraviesa su mente, su cuerpo, en cuya resolución intervienen razones objetivas, sociales, culturales, historias de vida, por supuesto, de sufrimiento y de dolor.

          Soy de los que creen que los diputados en este tipo de debates debemos resolver este planteo y esta tensión desde el lugar que nos da la sociedad. El privilegio de haber sido electo por el voto popular nos obliga con aquellos y aquellas que tienen y a quienes le debemos su derecho. Hoy por eso vamos a votar de manera transversal y no podemos ser indiferentes con los problemas sociales y de salud pública. Es nuestra responsabilidad como diputadas y diputados dar respuestas y lugar a los cambios que la sociedad nos exige.

          Fayt decía en su obra “Sufragio, representación y telepolítica” que el Congreso es la asamblea deliberante de la nación cuya voluntad se expresa en forma de ley como síntesis de una unidad política. Acá votamos leyes, no escribimos concilios ni declaramos encíclicas por más importantes y respetuosas que sean. Por otro lado, un jurista como Santiago Nino en “Etica y Derechos Humanos” decía que el debate sobre el valor intrínseco de la autonomía personal es fundamental por una razón, es decir, es lo que le da sentido a la vida humana. Si no respetamos la autonomía no podemos encontrar valor alguno para respetar la vida. Para ser titulares de esos derechos se requiere la capacidad de determinar conductas conforme a valores. También se requiere ser conscientes y se requiere capacidad para adoptar esas decisiones que cada uno de nosotros tomamos y que tengan consecuencias, sean placenteras, dolorosas o hasta incluso normativas.

          Un Estado no puede prescribir lo que la gente debe pensar acerca de la finalidad última y el valor de la vida humana. El Estado debe garantizar derechos e igualdad de oportunidades. Las personas tenemos el derecho y la responsabilidad de enfrentarnos a las cuestiones fundamentales acerca de lo que estamos discutiendo aquí y que tiene que ver con el significado y el valor de la vida.

          Y eso se hace respondiendo a nuestra conciencia y a nuestras convicciones, señor presidente. Pero es el Estado principalmente el que debe proteger el derecho de las mujeres y los cuerpos gestantes de elegir cuándo desear una maternidad, cuándo tener hijos, cuándo planificar nuestras familias. En definitiva, tomar decisiones responsables. Acá está la raíz de este debate. Al desear no continuar con un embarazo no deseado, ¿cómo abortan? ¿En qué condiciones? ¿Cuánta seguridad sanitaria tienen en sus abortos?

          Señoras y señores diputados: esas mujeres y cuerpos con capacidad de gestar están reclamando un derecho. Un derecho que no tienen y que por lo tanto los ubica en el olvido y la clandestinidad de la democracia.

          ¿Acaso alguien puede creer que quienes votamos afirmativamente no nos interesa la vida, las realidades sociales o las creencias que tienen las personas? Esa apropiación de una moral y de una filosofía de la bondad y el bienestar de la vida no nos pertenece y tampoco es exclusiva de las religiones. Creo en la posibilidad de construir una sociedad mejor. En una república con democracia y derechos para toda la ciudadanía, en que no seamos indiferentes a los problemas sociales, en enmendar de la mejor manera posible el desamparo de los sectores que están excluidos, en las mujeres a quienes le debemos esta ley en el día de la fecha.

          En nuestra historia estos debates siempre generaron dilemas, controversias, opiniones encontradas y posiciones centradas en un sistema de creencias, cosmovisiones y fundamentos morales. Lo importante acá es que podamos dialogar en el espacio público. Hablo del espacio público como el espacio más democrático, plural y de tensiones por excelencia. Tal como lo sostuvo Roberto Gargarella, es muy importante que a 37 años de la democracia recuperada podamos ejercer y tener un diálogo entre iguales y resaltar, por más de las posiciones a favor y en contra que tenemos, el carácter polifónico de la democracia.

          Este proyecto de ley llega luego de una genealogía de la lucha por el aborto de compañeras que lucharon por la igualdad entre el hombre y la mujer, con valientes luchadoras que hoy se mezclan entre canas, bastones, arrugas, glitter, potencia, diversidad, comunión, pelos de colores e historia, mucha historia. Nada se extinguió con la ley del divorcio ni con la ley de matrimonio igualitario. Se auguraron catástrofes donde hubo felicidad. Vieron destrucción donde hoy hay libertad. Hablaron de Apocalípsis y hoy, a pesar de las incertezas y dificultades, hay futuro. El divorcio vincular nos permitió que familias infelices se reconviertan en familias queridas y deseadas. El matrimonio igualitario posibilitó que casi más de 10.000 nuevos matrimonios del colectivo LGTBI que existían desde siempre pudieran tener sus derechos.

          El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo es parte de un recorrido histórico del movimiento de mujeres. Un movimiento que comenzó a salir de la clandestinidad en el debate del 2018 y hoy lo estamos retomando producto de una nueva decisión política. Creo en la ampliación y reconocimiento de derechos. Por eso mi voto va a ser positivo, a favor de saldar una deuda de la democracia con las mujeres y personas con capacidad de gestar. Nosotros y nosotras apostamos por ese futuro donde nadie le niegue el derecho al otro. Por ellas, por nuestras amigas, por nuestras compañeras, por nuestras hermanas, y como ya lo manifestaron muchos diputados y diputadas preopinantes, en nombre de la igualdad, la libertad, fraternidad y sororidad, ojalá sea ley y seamos un poco mejores como sociedad y contar a partir de hoy con una vergüenza menos y una libertad más. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Suárez Lastra, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. Suárez Lastra.- No quiero sorprender a nadie pero celebro esta doble iniciativa que estamos tratando hoy. La considero oportuna. No descarto que haya inspirado algún oportunismo porque hoy el Senado está tratando dos leyes que a mi juicio son muy perjudiciales. Me refiero al ajuste previsional y, sobre todo, el arrebato a los fondos de la Ciudad de Buenos Aires.

No se tapa el sol con las manos. Hoy seria pensar que esto es la razón. Yo le creo al presidente y diría que es oportuno, pero está demorado. Yo creo que es oportuno porque es urgente porque cada día que pasa hay una joven o una señora o una mujer en la República Argentina que tiene que tomar una decisión. No es un tema de queen pandemia sí o en pandemia no. No entiendo por qué demoraron 9 meses el anuncio del presidente cuando asumió el mandato. Era urgente y es urgente hoy.

Me parece oportuno y tenemos que tratarlo. Me parece bueno que sean dos leyes juntas. Queda claro que tratando esto y la ley de los 1.000 días hay una apuesta en serio por las dos vidas y por un Estado activo que acompaña a mujeres que están en una situación de embarazo.

El señor diputado Rodríguez reclamando que no lo escuchaban trajo a colación una cita del Papa Francisco. Prefiero reflexionar acerca de lo que dijo con el diputado y no con el Papa, para no ser irrespetuoso.

          En este momento, el Papa dice que esto no es un tema religioso y que está en el orden de la ética de lo humano. Personalmente, ‑lo dije en mi intervención hace dos años‑ creo que no es un tema metafísico ni filosófico, sino político, porque tiene que ver con qué tipo de Estado y qué tipo de organización institucional queremos.

          El señor diputado Ferraro citó a Carlos Nino y quiero seguir citándolo porque precisamente dice en relación con esto que: “Los ideales de excelencia humana que integran el sistema moral que profesamos no deben ser homologados e impuestos por el Estado, sino quedar librados a elección de los individuos y, en todo caso, ser materia de discusión y de persuasión en el contexto social”.

          Entonces, quienes quieren evitar a toda costa que se produzcan los abortos, tienen un extenso campo de militancia social, de consenso, de generar condiciones de educación y educar en valores, pero no pueden imponer a un sector de la sociedad un régimen jurídico de acuerdo con sus convicciones y a sus creencias. En tal sentido, faltaría empatía en la política y en las instituciones si no reconocemos la situación de miles de personas gestantes que desde hace años reclaman por todo esto.

          Desde la lógica feminista acompaño los argumentos y me siento inspirado. Aquí se mencionó a muchas mujeres, algunas de mi partido y también de otros; veo a Dora Barrancos, con quien compartimos muchos momentos en defensa por la ampliación de derechos y lo mismo podría decir, aunque no la vea, de Diana Maffía y otra gente de mi partido. En lo personal, así como la diputada Camila Crescimbeni tuvo una camiseta con la figura de Florentina Gómez Miranda, me gustaría tener una camiseta con la figura de mi amiga Gabriela González Gass, quien educó con los valores del feminismo a la generación que integro.

          Entonces, esa es la lógica que estamos discutiendo hoy pero también muchas otras, como por ejemplo el tipo de Estado que tenemos, que nos incluya a todos, que sea abierto y democrático.

          El espíritu de la época, esta impronta generacional llama a la política para que miremos estos cambios de las fuerzas de transformación que existen hoy en las sociedades modernas y tal vez el feminismo sea una de las fuerzas motorizadoras más importantes. El hecho de que el Congreso tenga una mirada abierta al respecto, legitima y da poder a la representación política para hacer las transformaciones que este país requiere.

          Quiero terminar mi exposición ‑porque se está acabando mi tiempo‑ con una invocación a esta fecha, el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, a 37 años de la asunción de Raúl Alfonsín, fecha en la que se abrió una esperanza y una expectativa de cambio profundo en la sociedad.

          Aquí hay momentos y hay cosas que alientan esas expectativas. Se citó a Nino y vuelvo a citarlo porque escribió un libro muy famoso titulado Un país al margen de la ley en el que daba cuenta de que una de las razones del subdesarrollo de la Argentina es la falta de apego a las normas por parte de los ciudadanos y de los poderes públicos. A eso Nino lo llamó anomia e inclusive lo llamó la anomia boba, porque sugería que quienes incumplían las leyes no se daban cuenta que estaban degradando las posibilidades de progresar de la Argentina.

          En este caso no podemos hablar de anomia boba porque quienes son víctimas del incumplimiento de la ley son mujeres que no son bobas, mujeres que quedaron al margen de la ley por una norma injusta, a quienes estamos obligando a una práctica ilegal al proceder a un aborto que decidieron y las estamos dejando al margen de la ley.

          Por eso, este 10 de diciembre, al igual que hace 37 años, estoy seguro que si sancionamos este proyecto abriremos una nueva esperanza que muestre que la Argentina marcha hacia adelante, que está de acuerdo con los tiempos y que es capaz de superarse a sí misma. Ojalá que esta noche podamos lograrlo.

Sr. Rodríguez.- Pido la palabra por haber sido aludido amablemente por el diputado Suárez Lastra; solo tomaré 15 segundos.

 

Sr Presidente (Massa).- No hubo mención personal, señor diputado Rodríguez.

 

Sr. Rodríguez.- El señor diputado Suárez Lastra dijo amablemente que el diputado Rodríguez citó al Papa Francisco. No lo cité…

 

Sr. Suárez Lastra.- Citó la frase que dijo el Papa.

 

Sr Presidente (Massa).- Señores diputados, no dialoguen entre ustedes, el diálogo es a través de la Presidencia.

 

Sr. Rodríguez.-  No he citado al Papa Francisco. Reitero aquí mi convicción respecto a que lo que estamos tratando no es un tema religioso, sino un tema estrictamente humano. Sí cité textualmente a la Academia Nacional de Medicina que ha sido muy clara al decir que los niños por nacer son biológica y científicamente un ser humano, desde el momento mismo de la concepción.  

Sr. Suárez Lastra.- ¿Me permite decir dos palabras, señor presidente?

Sr. Presidente (Massa).- Diputado Suárez lastra, sea bueno, se pasó dos minutos de su  tiempo.

 

Sr. Suárez Lastra.-  Tiene razón, no lo citó, pero dijo una frase textual.

 

 

Sr. Presidente (Massa).- Queda aclarado.

          Tiene la palabra el señor diputado Medina, por Buenos Aires.

 

Sr. Medina.- Señor presidente: hace dos años esta Cámara discutió la legalización o no del aborto. Pido perdón por la autorreferencia, pero a partir de ese día decidí dejar de lado muchas de mis creencias, que esa noche me llevaron a votar en contra. Traté de ampliar la mirada y escuchar, no a los fanáticos que gritan y agreden de un lado y del otro, sino a aquellos que en el día a día están convencidos de que el aborto debe ser legalizado. Escuché a mujeres que han enfrentado esta situación, a otras que no lo han hecho pero que están a favor y a muchas que están en contra; siempre lo hice tratando de entender que una posición personal no podía obstaculizar la visibilización de esta problemática.

          La realidad es que me encontré ante un problema que no es posible ocultar. Tal como muchos dijeron, los abortos existen, existieron y van a seguir existiendo, porque desde mi punto de vista es un problema cultural, mezclado con lo legal y lo natural.

          Además, cuando se ponen a crujir las creencias personales, dicen que a veces la vida te pega un cachetazo y te pone ante la realidad de perder a un hijo de doce semanas. En ese momento si alguien hubiera venido a discutirme si era persona o no, para mí lo era.

          De todas formas, no dejo de pensar en muchas mujeres que están en la calle, en este recinto, en sus casas, en amigas y familiares que están convencidas de que el aborto debe legalizarse en la Argentina.

          No me voy a escapar de esa situación, pero tampoco voy a decir aborto sí o aborto no, sino que me voy a referir a la conveniencia y a cómo debatimos en Argentina los problemas, qué prioridad les damos y la utilización política de algunos sectores sobre problemáticas reales.

          Mientras nosotros discutimos esto, a unos pocos pasos de aquí se está perpetrando el robo a los jubilados y se están sacando fondos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; sin embargo, más me preocupa en qué momento discutimos las cosas y qué prioridad les damos.

          Cuando el 1° de marzo el presidente anunció que iba a enviar el proyecto de ley de legalización del aborto yo esperaba que lo enviara la siguiente semana o el siguiente mes, pero pasaron más de nueve meses, una pandemia, más de la mitad de los argentinos en la pobreza, más de la mitad de los niños son pobres y perdieron la continuidad educativa, millones de argentinos perdieron el trabajo y ni hablar de los miles de argentinos que perdieron la vida en esta pandemia.  

          Voy a insistir con las prioridades. No me quedan dudas de que para un sector de la sociedad argentina la discusión sobre el aborto es una prioridad, pero en la escala de prioridades creo que está la erradicación de la pobreza, la construcción de una sociedad con trabajo digno y de un sistema sanitario fuerte que tenga los insumos básicos en los lugares más alejados de nuestro país; después seguramente podemos discutir, tratar y seguramente aprobar el aborto legal.  

          Por estas razones, relacionadas con la improcedencia del momento, tendré que volver a rechazar la iniciativa. Seguramente lograrán la sanción en esta Cámara, y posiblemente puedan llegar a convertir la iniciativa en ley, ocultando lo que pasa con los jubilados.

            Voy a pedir a todos mis compañeros que, de una vez por todas, este Congreso organice una agenda donde discutamos los problemas reales de la Argentina. Me refiero a cómo erradicamos la pobreza, cómo generamos trabajo y cómo generamos un sistema sanitario en todos los puntos del país.

          Ojalá que, si este proyecto se convierte en ley, en cada punto de la Argentina las mujeres realmente puedan acceder al aborto en igualdad de condiciones y no solo aquellas que tienen una buena obra social o prepaga en un buen sanatorio, que no van a ser rechazadas. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Siley, por Buenos Aires.

Sra. Siley.- Señor presidente: escuchando el debate, a los distintos expositores y expositoras, pensaba cómo a veces parece que la historia comenzara hoy. A veces eso intentan hacer ciertos sectores, la derecha en la Argentina, es decir, como que todo comienza hoy, que no hay historia, que los pueblos no tienen historia. Entonces, las luchas, las banderas, las reivindicaciones no son fruto de otros y otras, que pelearon y estuvieron antes que nosotras, acá sentados también.  

          Hay una corta historia. En 2018 este tema se discutió acá. Todos y todas podemos revisar el Diario de Sesiones de aquella fecha, creo que fue en junio de 2018. Revisé los fundamentos que expresamos muchos diputados y diputadas sobre las cuestiones jurídicas, el bloque de constitucionalidad, la legalidad, el fallo “F.A.L”, lo que significaba la despenalización existente desde 1921 con las causales, la salud pública y que hay una responsabilidad dirigencial en esta materia, más allá de nuestros pensamientos, de nuestras creencias, de nuestra fe. En ese sentido, tal como bien dijo la diputada Uceda, muchos y muchas las tenemos y esta discusión no las va a cambiar porque entendemos que hay una responsabilidad política en materia de salud pública y sobre las decisiones para maternar, y que esa maternidad sea deseada, sea planificada y buscada.  

          Creo recordar que un diputado del PRO, de la provincia del Neuquén, refirió que él estaba indignado porque veía que en su propio bloque y en otros bloques había una discusión y posturas progresistas. Dijo que parecía que muchos diputados y diputadas se habían convertido al progresismo. Eso se relaciona mucho con no historiar las cosas.

          Hay una cuestión que yo quiero reivindicar y ligar con esta discusión como, por ejemplo, cuando se discutió el voto femenino en la Argentina. En 1947 esa iniciativa se discutió y se convirtió en ley, pero ya había sido discutida antes en el Parlamento argentino. Se habían presentado entre once y catorce proyectos de ley sobre ese tema, pero se incorporó al derecho positivo durante el gobierno popular de Juan Domingo Perón.

          Con todo esto no quiero decir que no haya un empuje colectivo, movimientista o de campaña, porque sí existe. No quiero decir que no existan miles y miles de mujeres que se hayan sacrificado para que hoy lleguemos a discutir esto y también lo hayamos discutido en 2018.

          Sin embargo, quiero remarcar que esta vez hay una diferencia, que para mí es la primera cuestión democrática que debe garantizarse para que una sociedad, efectivamente, tenga Estado de derecho, que es el cumplimiento del contrato electoral. La diferencia es sustancial. Este proyecto lo presenta el Poder Ejecutivo en cumplimiento del contrato electoral, pero no terminará con la presentación del proyecto, sino que garantizaremos como espacio político que la interrupción voluntaria del embarazo sea efectivamente ley.  

          Reitero que hay una diferencia sustancial con 2018 y es que nosotros vamos a garantizar que esto sea efectivamente ley. Tenemos que comprometernos porque así nuestra fuerza política, el Frente de Todos y de Todas, lo dijo en la campaña electoral.  

          Hay otra discusión que se dio acá también, que es la referida con el momento: que no es el momento, que ahora no, que esta no es la oportunidad, que estamos en el medio de una pandemia. Recordando esas discusiones respecto de otros derechos de las mujeres que se discutieron en el Parlamento, pasó que nunca vino el momento. ¡Nunca es el momento para discutir avances o consolidación de derechos de las mujeres y, en este caso, de las personas gestantes!

          Me gustaría proponer que cambiemos ese latiguillo porque nos quedan muchas cuestiones para discutir a futuro. Tenemos muchas banderas y reivindicaciones que las mujeres queremos que se conviertan en derecho y en leyes, pero si siempre vamos a tener que esperar a que sea el momento y resulta que no es nunca, nos va a resultar muy difícil.  

          Entonces, me gustaría que cambiemos esa expresión de que “no es el momento”, por “es ahora o nunca”. ¡Y cada vez que haya que discutir un derecho de una mujer en la Argentina digamos que es ahora o nunca! ¡Creo que la interrupción voluntaria del embarazo es ahora o nunca, estimados colegas de la Cámara de Diputados! (Aplausos.)

          Esta necesidad de convertir un derecho en una realidad efectiva se relaciona mucho con un sistema de salud fuerte y con la existencia de un Ministerio de Salud de la Nación. No todo da lo mismo. En el gobierno anterior se ha desfinanciado el sistema de salud argentino con un 26 por ciento menos de presupuesto y tengo la necesidad política también de decirlo.

 

Sr. Presidente (Massa).- Vaya redondeando, señora diputada.

 

Sra. Siley.-  Sí, señor presidente. Nuestro lema que es “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal seguro y gratuito para no morir” requiere de una inversión pública en materia sanitaria, preventiva, tener un Ministerio de Salud activo, fuerte y robustecido. ¡Por favor, quienes estamos a favor de la interrupción voluntaria del embarazo no permitamos nunca más que desfinancien el sistema de salud argentino y que el Estado se achique como se achicó en el gobierno anterior! (Aplausos.)

          Finalmente, quiero señalar que un párrafo apretado de los fundamentos de este proyecto de ley, que fue el cumplimiento de campaña de nuestro presidente, se refiere a las leyes en las cuales se ancla este proyecto.

          Se refiere a las leyes como la protección integral de la niñez, el régimen para las intervenciones de contracepción quirúrgica, la educación sexual integral, la protección integral para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, los derechos de los pacientes en su relación con los profesionales, la identidad de género, etcétera. Todas leyes votadas y convertidas en derechos que ingresan luego al patrimonio de los seres humanos que integramos la República Argentina durante un gobierno de índole popular, donde se avanzó en derechos.

          No todo es lo mismo.

 

Sr. Presidente (Massa).- Diputada Siley: vaya redondeando.

 

Sra. Siley.- Finalmente y para cerrar, señor presidente, no quiero dejar de decir que tuvimos grandes mujeres en nuestra historia.  Es difícil nombrarlas a todas porque son muchísimas, pero han estado ocultas y han estado tapadas.

          Casi siempre, estas grandes mujeres, como Eva Duarte de Perón, como las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, como nuestra actual vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, fueron lo que son, fueron perseguidas, fueron vapuleadas y son, aún hoy, objeto de enorme discriminación en materia política…

 

Sr. Presidente (Massa).- Diputada Siley, por favor.

 

Sra. Siley.- Termino con esto.

          Ellas han sido valientes, se la han jugado, han sido las mujeres que hicieron un surco en la historia para que otras vengamos luego a caminar.

          ¡Que sea ley, señor presidente!  

 

Sr. Presidente (Massa).- Lamento tener que ser antipático, pero quiero decirles que desde el momento en que cerramos la lista de oradores hasta ahora hemos modificado el horario de votación de las 2 y 15 a las 3 y 30, básicamente porque no vamos cumpliendo los tiempos.

          Más allá de lo que pase en este recinto, también está la calle, y hay gente que está siguiendo esto, que tiene una posición o la otra y que con 35 grados de temperatura está en la calle. Cada minuto que demoramos es un minuto más que esa gente espera con 35 o 36 grados.

          Por lo tanto, les pido por favor que seamos respetuosos de los tiempos. El acuerdo de la Comisión de Labor Parlamentaria de ayer era que se iba a acortar el debate. No quiero aplicar el corte de micrófono. Así que les pido por favor a todos los diputados y diputadas que seamos respetuosos del tiempo. 

          Tiene la palabra la señora diputada Regidor Belledone, por Corrientes.

 

Sra. Regidor Belledone.- Señor presidente: siguiendo sus pedidos y teniendo respeto por los colegas y por la gente que está afuera, seré breve.

          Nos encontramos en este recinto por segunda vez para tratar un tema que ya es recurrente: la legalización del aborto. Un tema al que el Senado de la Nación y el pueblo argentino les ha dicho que no.

          Como representante de mi provincia, Corrientes, que es una provincia que fue declarada provida, tengo fuertísimos reparos con este proyecto que estamos aquí tratando.

          Tengo reparos desde lo jurídico porque considero que el proyecto es violatorio de todo el orden jurídico constitucional argentino donde se respeta la vida desde la concepción.

          La Constitución Nacional, los tratados internacionales que tienen raigambre constitucional como el Pacto de San José de Costa Rica y de allí para abajo diversas leyes, Constituciones provinciales, el Código Civil y Comercial y el Código Penal, defienden la vida desde la concepción y los derechos del niño.

 

          Ahora, desde la ciencia ¿quién puede dudar de que se trata de una vida lo que está en el vientre de una mujer, de una persona? Es una vida, no es otra cosa que una vida humana. Una vida humana con su propio ADN, que viene de dos patrones genéticos que son sus progenitores.

          Lamento muchísimo disentir con el señor ministro de Salud de la Nación, doctor Ginés González García, quien ha dicho en esta casa y ha reconocido que existen dos vidas, la de la mujer y lo otro, a lo que definió como un fenómeno.

          Ahora, ¿díganme ustedes qué clase de fenómeno es ese que la ciencia ha dicho que tiene vida humana? Un fenómeno al cual el Estado argentino le paga una asignación prenatal que es política de Estado desde la concepción y que se solicita a través de la ANSES a partir del tercer mes de embarazo.

          Me niego a aceptar que esto sea un fenómeno. Es una vida. 

          Desde la ética y la medicina es preciso recordar que todos los médicos, al recibirse, realizan un juramento hipocrático de defender la vida. Entonces, nada más contradictorio que lo que aquí estamos tratando de legalizar, que es la muerte de los seres más indefensos en su etapa inicial.

          Si me permiten, leeré brevemente una declaración que hiciera en julio de este año la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, donde se reafirma que el niño por nacer es científica y biológicamente un ser humano, cuya existencia comenzó en el momento de la concepción.

          En otra parte, haciendo alusión a este proyecto, dice que esta norma desconoce en forma manifiesta la ética, las leyes, la religión, la patria potestad, los derechos humanos y el valor de la vida.

          Habla de Hipócrates, que hace veinticinco siglos prohibió a los médicos realizar abortos. Esta norma se encuentra en el juramento hipocrático que los médicos de nuestros días prometen respetar al ingresar a la profesión.

          Por último, acá se dice que no es inoportuno algo que yo considero extremadamente inoportuno. Este es un momento en que el mundo entero se ha visto atravesado por una terrible pandemia, algo doloroso de lo que la Argentina no escapa. Seguro que nos vamos a acordar toda la vida de este año 2020.

          Pero la Argentina, además de pasar a la historia por tener números tristísimos, como estar en el segundo lugar con peor manejo de pandemia del mundo, en el décimo lugar en el ránking de fallecidos por millón de personas y segundo en América del Sur, en el noveno lugar en el ránking de países con mayor contagio, de tener en nueve meses más de 40.000 muertos por COVID, más del 60 por ciento de niños pobres, más de 4 millones de puestos de trabajo perdidos, la caída del producto bruto más importante de la historia y ser el segundo país con más inflación del mundo después de Venezuela -la corto acá porque la lista es larga-,la Argentina está tratando hoy, ahora, este tema, en el mes más caro a los afectos y sentimientos de todos los argentinos.

          Si este proyecto llegara a ser ley, pasaremos a la historia por haber legalizado la muerte del ser en su estado más indefenso, que es su etapa inicial, ese ser que no es otra cosa que un ser humano.

          Por todo eso, no voy a acompañar este proyecto de ley. Disculpen.

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Ponce, por San Luis.

 

Sr. Ponce.- Señor presidente: en primer lugar, felicitaciones.

 

Sr. Presidente (Massa).- Muchas gracias, señor diputado.

 

Sr. Ponce.- Lamento que algunos diputados y diputadas de la oposición, para justificar la clandestinidad del aborto, se escondan hablando de los jubilados con una caradurez increíble y se olviden que en el 2001 le metieron la mano en el bolsillos a los jubilados y le sacaron el 13 por ciento de un plumazo.

          En el gobierno de Macri aumentaron más del 3.500 por ciento los servicios de agua, luz, etcétera. Nuestros viejos lloraban porque no sabían si pagar los servicios, alimentarse o comprar sus medicamentos, que también se los habían afanado.

T54

Romero

 

          Ni hablar cuando salieron corriendo a pagarle a los fondos buitre para saldar una deuda ilegítima y luego poder endeudarse para beneficiar a sus amigos con la bicicleta financiera y la fuga de capitales, solo por mencionar algunas estafas.

          En primer lugar, valoro la decisión y el coraje del gobierno actual de poner nuevamente en agenda esta ley, acompañada por la ley de los 1.000 días. ¿Por qué digo esto? Porque este proyecto ya fue tratado en el 2018. Desde mi punto de vista, si bien en aquel momento se presentó un proyecto, el Estado se desentendió del tema; peor aún, lo hizo dejando una enorme grieta abierta en la sociedad sin resolver.

          Además, disolvió el Ministerio de Salud y lo redujo a una Secretaría. Ni siquiera otorgó las herramientas de la resolución ministerial para la aplicación del protocolo de la Interrupción Legal del Embarazo, que fue vetado unos meses antes de que Mauricio Macri terminara su mandato. Luego, aquella resolución se puso en vigencia cuando el gobierno actual asumió, a través del ministro Ginés González.

          Tampoco impulsó el gobierno anterior otras medidas para garantizar una maternidad responsable o evitar o minimizar, sobre todo, los casos de mujeres que mueren tras un aborto clandestino.

          En síntesis, el gobierno abrió la agenda y no supo cerrarla. Se perdieron dos años y hoy estamos nuevamente en el mismo lugar.

          Luego de haber escuchado todas las exposiciones, de un lado y del otro, veo con preocupación y creo humildemente que estamos ante la presencia de una gran confusión conceptual. Pareciera ser que los que están a favor de este proyecto de ley avalan la muerte, y los que se oponen están a favor de la vida.

          No es así, nadie está en contra de la vida. Yo no lo estoy y no creo que nadie aquí lo esté. El doctor Favaloro decía que legalizar no quiere decir que estamos autorizados a que todo el mundo vaya a hacerse un aborto. Quienes dicen eso repiten una falacia.

          Lo cierto es que los abortos existen y seguirán existiendo; lo cierto es que la penalización ha fracasado. Aquellas mujeres que no desean abortar, seguirán fieles a sus principios, y las otras que se ven obligadas, tendrán garantías para su salud y nadie les creará una causa penal por su triste decisión.

          Como primer paso, considero la necesidad de dejar de lado la hipocresía. Dejemos de mirar hacia el costado y asumamos está dramática realidad. No quiero que en mi país haya una sola víctima más de esta práctica clandestina. Todo esto es más constructivo y edificante que continuar apostando al facilismo de atacar los efectos, criminalizando el aborto en lugar de ocuparnos de contrarrestar la causa.

          Para finalizar, quiero decir a todas y todos los que están en contra de este proyecto que los entiendo y los respeto, pero los convoco a sumarse a un nuevo camino para ayudar a nuestras hermanas mujeres y a personas gestantes para que, con el apoyo de la sociedad, de entidades religiosas y organizaciones sociales, se sientan respaldadas y no crean que la única opción que tienen es la que podamos brindar con esta ley.

          Por supuesto que hacen faltan otras herramientas. Ayudemos a fortalecer la educación sexual integral en las escuelas y a mejorar la seguridad para minimizar los casos de violencia. Trabajemos en políticas activas del Estado para impulsar campañas de concientización y de información.  Hagámoslo para que en dos años no estemos en el mismo lugar. Hagámoslo para garantizar el acceso a la salud pública integral para todas y todos, sin discriminación alguna.

          Adelantó mi voto positivo a la interrupción voluntaria del embarazo. Que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado José Luis Patiño, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. Patiño.- Señor presidente: en primer lugar, quiero pedirle autorización para insertar las consideraciones técnicas. Tenía muchas para hacer. Incluso quise hacer una observación, pero no me dio el tiempo. El reglamento dice que tenemos 7 días para hacer una observación, pero bueno, esto fue todo demasiado exprés para mi gusto. Me hubiera gustado participar un poco más, porque no estuve en las comisiones, así que solamente la observación era la única posibilidad que tenía. Por ello, lo único que voy a hacer ahora es alguna consideración política, y para eso quiero dar un marco para que se entienda desde donde hablo, cuál es mi manera de pensar.

          Considero que hay dos maneras de entender la política y de hacer política. Hay una que es mayoritaria, que se entiende como una lucha por el poder estatal para desde ahí imponer de alguna manera a los individuos determinados valores o determinadas maneras de manejarse en la vida. Hay otra, por el contrario, que es minoritaria, que es donde me involucro, que es una lucha contra el poder estatal para reducir esa intromisión y permitir que a las personas interactúen con la mayor libertad posible. En ese sentido, un derecho es un espacio de libertad que nadie puede quitarle a otro, y el Estado existe para garantizar que nadie vulnere los derechos. Nosotros, como integrantes de esta Cámara de Diputados debemos garantizar que no sea el propio Estado el que vulnere esos derechos.

          El tema se complica -cómo se dijo acá muchas veces- cuando entran en conflicto dos derechos. Cuando sucede eso, que entran en conflicto derechos, lo que suele pasar es que se impone uno sobre el otro, o la política trata de entender en ese conflicto, y lo hace de la manera que lo hace la política, que es consensuando, que es una manera por la que se intenta llegar a una solución que nunca deja conforme a nadie porque es una solución imperfecta. Y eso es lo que estamos, en definitiva, tratando acá.

          No estamos hablando desde la moral ni de la ciencia porque somos políticos y porque tratamos tratando de dar una solución política a esta colisión de derechos, donde está el derecho a la elección de la de la mujer de continuar con el embarazo y el derecho de la persona por nacer. Sobre que hay una persona por nacer yo creo que en eso no hay discusión.

          En la mayoría de los países la política dirimió en este conflicto abriendo una ventana de tolerancia, donde por un tiempo prevalece el derecho de la mujer, y pasado ese periodo de tiempo prevalece el de la persona por nacer. Como decía recién, es un intento de solución política, no es moral ni científica.

          En general, esa es mi posición política ante un problema que no tiene solución política. Siempre estuve y estoy a favor de la despenalización, entendiendo como despenalización sacar el Estado de encima de la mujer y también de los médicos que acompañan a la mujer.

          Pero este proyecto no tiene nada que ver. Este proyecto no es una retirada del Estado para dar más libertad, sino que es un avance del Estado en las decisiones personales y un avance brutal en el ejercicio de la profesión médica, que ya viene castigada y bastante infravalorada.

          Considero que lo que vamos a votar esta noche es una mala ley y sinceramente creo que en muchos casos va a ser inaplicable. Va a pasar lo mismo que pasó con muchas otras leyes que votó este Congreso. Queda como paradigma la Ley de Alquileres, pero sinceramente creo que va a pasar.

          Este proyecto de ley fue pobremente debatido, y a los argumentos religiosos que surgieron y que siempre surgen en este tipo de debates, se contraponen otros argumentos que no son menos religiosos, porque provienen de los que adoran a un Dios llamado Estado.

          Realmente no les creo cuando hablan de libertad individual mientras no vieron la falta de libertad en el caso de Abigail, que tuvo que entrar a una provincia en brazos de sus padres. No vieron la libertad individual que se estaba vulnerando cuando no dejaron a miles de emprendedores y emprendedoras abrir sus comercios para poder trabajar, para poder bancar la olla, porque en definitiva estamos hablando de comercios. No lo vieron tampoco cuando los chicos y las chicas no pudieron ir a la escuela, o mejor dicho, no pueden ir a la escuela. Tampoco la vieron cuando muchos familiares no pudieron despedir a sus seres queridos.

          Sinceramente, me parece que están haciendo un uso instrumental y electoral de una bandera que no les calza. No creo que estén luchando por la libertad individual, y eso se va a ver con el tiempo, porque eso es otra cosa que pasa: las leyes se votan, quedan y después no se hace un análisis del resultado de lo que se votó.

          Para finalizar, creo que si una acción política se emprende con el objetivo de acumular poder para construir una sociedad a medida -como creo que está sucediendo-, siempre me encontrarán del lado de la resistencia. Así que entre estas dos visiones estatistas y ante la falta de un verdadero debate, solo puedo expresar esa resistencia a través de la abstención. Eso es lo que haré. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Quiero hacer una pequeña observación respecto del tema de los siete días: eso es para las sesiones de tablas, y estamos en una sesión especial. Por eso, no está habilitado el mecanismo de los siete días; es decir, no se debe a un tratamiento exprés.

          Tiene la palabra, y le agradezco muchísimo porque lo hará desde el hospital, la señora diputada Osuna, por Entre Ríos, a quien le deseo una pronta mejoría. (Aplausos prolongados.)

 

Sra. Osuna.- Señor presidente: quiero ser muy breve, por razones obvias. Pero sí quiero compartir este momento, porque realmente es importante.

          En primer lugar, creo que estamos hablando de una cuestión de salud pública, pero también de una apuesta muy fuerte para la igualdad y la no discriminación. Sobre todas las cosas, es una esperada reivindicación a una batalla que tiene muchos años, que no empezó en este tiempo.

          En estas horas en que hemos estado debatiendo han pasado distintos argumentos y razones, ya sean sociales, económicas o de salud. Pero ¿qué es lo que ha pasado acá? Que el Estado asume saldar una deuda; que nuestro presidente, Alberto Fernández, asume plenamente con esta iniciativa saldar una deuda que no justifica más demora.

          Es muy interesante, además, ver qué es lo que ha pasado con los hitos que marcan las conquistas de los derechos que se han logrado en la Argentina, que tienen ritmos históricos diferentes, disímiles, pero guardan una coincidencia a la que se refirió claramente una legisladora preopinante. Me refiero a la coincidencia que existe entre las reivindicaciones logradas y un gobierno popular.

          Ese vínculo, ese ida y vuelta, esa dinámica que se autoapoya y que además se acrecienta, es lo que ha permitido que en la Argentina se logren leyes sobre las que acá ya se ha hablado, como por ejemplo la ley de divorcio vincular, la del voto femenino o, mucho más recientemente, la ley de matrimonio igualitario y el proyecto de ley que ahora estamos considerando.

          Cuando uno revisa los argumentos a favor y en contra de esas iniciativas, la verdad es que hay muchas similitudes entre ellas. Las razones tienen que ver con los tiempos, con una negación a ver la desigualdad, con una decisión evidente de solapar cuestiones que hacen a la igualdad y a las posibilidades de elegir. En este caso, eso está más claro que nunca.

          Tengo el orgullo, además, de sentirme parte de un gobierno popular y de saber que en esos procesos realmente vamos dejando marca en esta historia, que de ningún modo va en contra de la vida. Por el contrario, se trata de una apuesta al amor y a la justicia, que va en contra de la miserabilidad de estar expuestos sin tener herramientas para defendernos.

          Esto también representa la potencia que da esa conjunción de los feminismos y de nuestras comunidades organizadas que reclaman, y un gobierno con el que se escuchan, que se atienden y que se comprenden, conjugando en esta norma una respuesta hacia adelante.

          Por eso, por mi parte siento orgullo de poder participar en este debate. Vayan mis felicitaciones a quienes han venido trabajando y militando, a quienes en estos momentos acá, en la ciudad de Paraná y en muchísimos pueblos y lugares, están movilizados por esto, que implica un avance, que implica una Argentina mejor, que implica para nuestro gobierno y los que vengan una altísima responsabilidad, porque esta ley sola no alcanza, y todos sabemos que es así.

          Así que le agradezco, señor presidente. Votaremos para que sea ley, por las jóvenes, por las pibas, por mis nietos, por mi nieta, por mis hijas, por las miles de chicas que ya no están, por las que van a venir y por las que nos recordarán por haber cumplido con nuestra palabra. Nada más, pero nada menos. (Puestos de pie, los señores diputados y las señoras diputadas aplauden a la oradora.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Agradecemos a la señora diputada Osuna, y valoramos mucho su esfuerzo.

          Tiene la palabra el señor diputado de Lamadrid, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sr. de Lamadrid.- Señor presidente: quiero comenzar felicitándonos. Finalmente, estamos aquí trabajando presencialmente, como debimos haberlo hecho desde hace unos meses. Hasta vino el ministro Ginés González García, quien no había venido a este Parlamento cuando lo invitamos para que nos cuente sobre la tragedia sanitaria que vive el país, y nunca apareció. Tal vez hoy ya no era necesario que viniera.

          A un año de haber asumido, el gobierno no tiene nada para mostrar. Quiere usar este tema tan importante para convertirlo en el dedo con el que pretende tapar el sol, un sol de fracasos. Me refiero a la tragedia sanitaria: más de 40.000 muertos; somos el 11º país, de 194, en muertes por millón de habitantes, y ocupamos el puesto número 9 en mayor cantidad de infectados en el mundo.

          También se pretende con esto tapar la destrucción de la economía: 44,2 por ciento de argentinos pobres; 6 de cada 10 niños pobres; 10,5 por ciento de indigencia; 4 millones de nuevos desempleados, y un 2021 -y pospandemia- que realmente sacará a la luz una realidad que el gobierno oculta y que es dramática y lacerante.

          Por último, se intenta ocultar la demolición institucional que intenta el gobierno liderado por la vicepresidente contra la Justicia, porque ellos saben muy bien que en este país no hay espacio para los dos: hay Cristina o hay Justicia.

          Señor presidente: creo que todos estamos en contra del aborto. El problema son los embarazos no deseados y el derecho de las mujeres.

          Para opinar de este candente tema hay que entender de qué se trata y, a mi modo de ver, dejar claro de qué no se trata. No se trata de lo que haría uno, ya que yo no lo aconsejaría, no lo sugeriría, no lo propondría ni lo alentaría, pero mucho menos lo juzgaría. Pero de todo eso no se trata.

          No se trata tampoco de determinar cuándo empieza la vida: si es desde la concepción o desde el nacimiento, y no se trata de argumentar qué dicen la Constitución, los tratados y los códigos al respecto. Menos se trata de mirar este tema desde el prisma de las religiones, ya que cuando las religiones opinan en temas que son de exclusiva competencia de la sociedad civil la discusión pierde objetividad. Digo esto sin olvidar que todas las religiones han sido y son parte del problema.

          El tema en realidad es el rol de las mujeres en la sociedad y sus reivindicaciones luego de una larga historia de sometimiento impuesto por los hombres. En efecto, a lo largo de la historia la actitud de los hombres ha sido la de cosificar a las mujeres convirtiéndolas en el objeto de sus apetitos sexuales, por las buenas o por las malas, y las más de las veces mediante violencia de todo tipo y violaciones. Así, en su perverso esfuerzo por controlarlas y dominarlas han llegado hasta quemarlas por brujas.

          Quienes hoy se desgarran las vestiduras contra la interrupción voluntaria del embarazo son, a mi modo de ver, aquellos que antes consideraban una deshonra ‑para sí mismos obviamente- que la mujer soltera quedara embarazada, por lo que las ocultaban recluyéndolas en conventos de por vida para pagar sus pecados, entregando -en el mejor de los casos- al hijo a una familia sustituta o ‑la mayoría de las veces‑ exponiéndolo en la puerta de una institución religiosa perpetuando su deshonra y adjudicándole el apellido Expósito para que el niño y su descendencia carguen por generaciones con ese deshonor.

          Quienes se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo son aquellos que con el fin de perpetuar su deshonra legislaron sobre su origen discriminándolos como ilegítimos, incestuosos y adulterinos. Es decir que desde tiempos inmemoriales los hombres utilizaron todos los medios a su alcance como control social contra las mujeres, reservándolas para su uso y goce exclusivo y recurriendo sistemáticamente a la negación de los derechos sobre sus cuerpos.

          Recién en los últimos cincuenta años las mujeres comenzaron un proceso de emancipación, que comenzó con la píldora anticonceptiva y que ha avanzado hasta su empoderamiento actual para ejercer todos sus derechos como seres humanos y, en especial, ejercer en plenitud su sexualidad y decidir por sí mismas sobre las consecuencias deseadas o no deseadas de tal actividad, es decir, elegir si quieren ser madres y, en tal caso, cuándo y con quién.

          Quienes quieren sobresimplificar la situación sosteniendo que la aprobación de esta ley incrementará el número de abortos no han hecho el esfuerzo de ponerse un minuto en el lugar de una mujer que debe pasar por lo traumático de un aborto, sea clandestino o legal.

          La realidad es que anualmente se realizan centenas de miles de abortos en nuestro país, pero esta ley no disminuirá ni aumentará ese número. Simplemente los hará más seguros. Lo que sí disminuirá será el número de mujeres muertas en procesos de abortos clandestinos. Esta era la posición de René Favaloro.

          Por último, quiero decir dos oraciones. Confío en la mujer. Confío en las mujeres. Confío en que el ejercicio de la libertad de elección de las mujeres será completado por ellas con un adecuado ejercicio de la responsabilidad. Las mujeres suelen ser más responsables, prácticas, realistas e inteligentes que los hombres. Tienen otra sensibilidad y conciencia. Son más fuertes y saben afrontar y superar de mejor modo las tentaciones peligrosas y perjudiciales de la vida.

          Por todo esto, señor presidente, voy acompañar este proyecto de ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia recuerda a los diputados y diputadas que cada minuto que se extienden en sus exposiciones implica un minuto más de espera para quienes están afuera.

          Tiene la palabra la señora diputada Marziotta, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sra. Marziotta.- Señor presidente: voy a tratar de ser breve porque la mayoría de las cuestiones que quería mencionar ya han sido planteadas por quienes acompañamos este proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

          Sin embargo, y a pesar de que tenía preparado un discurso para este momento -pero que ya ha sido desarrollado por muchos de mis compañeros y compañeras‑ siento la obligación de aclarar algunas cuestiones que se han venido planteando durante la sesión.

          Por un lado, celebro que estemos reunidos en este recinto porque me parece muy importante que un 10 de diciembre -Día Internacional de los Derechos Humanos y de la democracia para la Argentina‑ el Congreso esté llevando adelante el debate sobre un tema que debe ser una política de Estado.

          Sin embargo, escuché algunas falacias de parte de algunos diputados y diputadas que han faltado a la verdad, y me parece importante aclararlas para que no haya confusión en los términos que venimos planteando en relación con este proyecto que viene a legalizar la decisión de una mujer en cuanto a interrumpir un embarazo que no quiere llevar adelante.

          Se dijo que estamos tratando proyectos contradictorios en esta jornada. Uno tiene que ver con esta iniciativa que estamos debatiendo ahora y el otro -que será tratado dentro de un rato‑, se relaciona con el programa de los 1.000 días.

          Aclaro que no son contradictorios. Son proyectos complementarios que vienen a mejorar lo que se debatió en 2018. Me parece que el 1° de marzo el presidente de la Nación fue muy contundente cuando se comprometió ante la Asamblea Legislativa a enviar este proyecto al Congreso de la Nación acompañado de este programa de los 1.000 días.

          El Estado tiene que acompañar tanto a la mujer que decide interrumpir voluntariamente un embarazo como a aquella que decide continuarlo pero no está en condiciones de afrontarlo durante su desarrollo y en esos 1.000 días de siguientes de crecimiento del niño. Entonces, no confundamos: no son contradictorios sino que son complementarios.

          Se preguntaban también por qué se trata este proyecto en este momento y se habló de oportunismo político. En realidad, se debate ahora porque el presidente Fernández está cumpliendo con lo que prometió en la campaña y lo que señaló en la Asamblea Legislativa. Además, se trata de una urgencia: siempre que hay vidas en juego es urgente que se debatan estos temas y siempre es el momento de ampliar derechos en la República Argentina.

          Por lo tanto, ampliar derechos no constituye oportunismo político sino que se trata de una convicción con la que el peronismo históricamente gobierna, y esto es lo que hoy está haciendo el presidente Alberto Fernández cumpliendo con su palabra.

          Por otro lado, quiero aclarar que esta es una ley que no impone ni obliga absolutamente a nadie. Ya hemos explicado este punto central en reiteradas oportunidades. No impone ni obliga a nadie: solamente garantiza el derecho a la salud pública para aquellas mujeres que quieren interrumpir voluntariamente su embarazo por el motivo que sea y que no nos importa.

          Me parece central que el motivo no nos importe porque, de lo contrario, en estos casos siempre se cuestiona a la víctima y se la criminaliza por tomar esa decisión. Por eso me parece central que no nos importe el motivo y que se garantice el acceso a la salud pública.

          Sin embargo, hay quienes dicen que esta ley viene a imponer y a obligar a las mujeres, pero es al revés: el hecho de no acompañar este proyecto e impedir que se convierta en ley es lo que obliga e impone a las mujeres. Por ejemplo, les impone una maternidad no deseada, las obliga a un aborto clandestino y, como si fuera poco, las condena a muerte. Siempre son mujeres pobres las que mueren a raíz de su decisión de interrumpir el embarazo.

                        Entonces, pido a aquellos diputados y diputadas que a lo mejor todavía están en duda acerca de su voto o que están pensando en votar en contra de este proyecto que viene a ampliar derechos y a garantizar el acceso a la salud pública -que es parte de los derechos humanos que hoy estamos celebrando y que no podemos celebrar si no garantizamos la dignidad humana, y no la hay si no hay acceso a la salud pública-, que revisen su voto –todavía estamos a tiempo de que lo hagan- y acompañen este proyecto para que sea ley.

          También les solicito que no se escuden detrás de un eslogan que me parece que en 2018 les sirvió para votar en contra y que ahora siguen utilizado para hacer lo mismo. Por eso, les pido que revisen ese eslogan, que es el de salvar dos vidas. Porque en definitiva lo que están haciendo al escudarse detrás de ese eslogan es no salvar ninguna de la dos vidas.

          Les pido que lo revisen y nos acompañen para que esto sea ley. No es obligatorio abortar ni interrumpir un embarazo porque esto sea ley, sino que se va a garantizar las vida de las mujeres, sobre todo de aquellas que son pobres y no tienen dinero para acceder a un aborto que les garantice no solamente su vida, sino también y a lo mejor, en un momento de ella, la posibilidad de tener un embarazo deseado.

          Por lo tanto, les pido que revisen su postura y que hoy celebremos estos setenta años de los derechos humanos que se conmemoran a nivel internacional y la democracia que tenemos y que hoy se está ejerciendo en este recinto. Les pido que nos acompañen y dejemos de lado las creencias religiosas porque en esta Honorable Cámara todos los diputados y todas las diputadas tenemos que gobernar para todos los argentinos y todas las argentinas. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Schlereth, por Neuquén.

 

Sr. Schlereth.- Señor presidente: quiero utilizar los primeros segundos de mi intervención para expresar mi repudio a los dichos de la titular del INADI, señora Victoria Donda, quien discriminó de manera burda a la diputada nacional mandato cumplido, excandidata a vicepresidenta de la Nación, embajadora de la Nación, diplomática y ciudadana argentina, la licenciada Cynthia Hotton.

          La ha agraviado a ella pero también a millones de argentinos que compartimos como la licenciada Hotton una vida de fe comprometidos con una iglesia en particular. La señora Donda debe renunciar. Si no lo hace, el presidente de la Nación debe relevarla de su cargo porque no está a la altura de la responsabilidad que tiene, no para discriminar, sino para evitar todo tipo de discriminación como aquella en la que ha caído esta funcionaria.

          La señora Donda ha exhibido su falta de idoneidad, su actitud discriminatoria y su incompetencia contra una ciudadana argentina, y detrás de ella, contra millones de argentinos.

          Dicho esto, me resulta violento, extemporáneo e irracional que el gobierno haya impulsado en estas circunstancias el debate de este proyecto de ley, como así también que este Parlamento lo esté tratando en este momento, provocando una nueva grieta, discusión y tensión conflictiva en la sociedad.

          Pero estamos acá, y como sucedió en el debate de 2018, del que participamos muchos de los que estamos aquí, hay aspectos relevantes de la discusión que a pesar de lo acotado, lo sintético y del apuro volvieron a quedar en evidencia. Uno de ellos –a mi juicio, el más importante- es el de comprender la importancia y relevancia de este debate, que nos obliga a reconocer que estamos frente a dos vidas: la de la madre y la de ese ser humano gestado y en pleno proceso de desarrollo.

          Hay argumentos científicos, jurídicos, sanitarios y sociales que respaldan esta postura. Mencionaré algunos rápidamente.

          La Genética, con mucha claridad y contundencia, ratifica que hay vida humana desde la concepción. Desde ese mismo momento existe un ser humano en proceso de crecimiento. Hay una individualidad humana que crecerá y generará cambios progresivos en el tiempo en el seno materno. Pero nunca se alterará su naturaleza ni dejará de ser un ser humano desde el mismo momento de la concepción.

          En cuanto a los argumentos jurídicos, se han dado en forma abundante en el transcurso del debate en el plenario de las comisiones y en este recinto. En ese sentido, respecto del andamiaje que nos brindan la Constitución Nacional y los tratados internacionales, en particular el Pacto de San José de Costa Rica, no hay posibilidad de interpretación vaga y confusa de entender que hay una protección constitucional del derecho a la vida desde la concepción. Avanzar con este proyecto es atentar contra el derecho humano a la vida, consagrado y explicitado en el cuerpo constitucional. ¡Qué paradoja que hoy, 10 de diciembre, fecha en que se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos, estemos hablando del derecho humano a la vida y del derecho humano a nacer, que seguramente es el principal de todos!

          Me causa cierta congoja y tristeza escuchar en algunos discursos la forma en que se utiliza esta celebración internacional desconociendo el derecho de los niños por nacer.

          En lo concerniente a los aspectos sanitarios, sería necio para cualquiera de los que intervenimos en este debate desconocer la práctica del aborto en la Argentina, que evidentemente está presente entre nosotros. Eso es algo que nadie niega.

          No puedo dejar de mencionar la necesidad de que el Estado y cientos de organizaciones a lo largo y ancho del país se aboquen de manera mancomunada a alcanzar soluciones concretas.

          Pero la verdad es que las cifras oficiales dan cuenta de que solo el 0,2 por ciento de las defunciones de mujeres en edad fértil son provocadas por abortos clandestinos. Es decir que estamos hablando de dos mujeres por cada mil mujeres. Esta es una cifra similar a la de la provincia de Neuquén, a la que represento, donde el 0,21 por ciento de las defunciones maternas son provocadas. Por supuesto que vale la pena hacer el esfuerzo para encontrar soluciones, aunque se trate de una sola defunción materna.

          En lo relativo a los argumentos sociales, quiero decir que avanzar en la legalización del aborto es ir en contra de la opinión y de la convicción de la mayoría de los argentinos. Cientos de manifestaciones multitudinarias en todo el país, encuestas de las más serias y expresiones sociales múltiples dan cuenta de que la mayoría del pueblo argentino valora la vida desde la concepción y está en contra de la legalización del aborto.

          Para finalizar, quiero decir que habremos fracasado como sociedad si frente a la realidad de mujeres que cursan embarazos no planificados se plantea desde el Estado el aborto como una solución. Señalo esto estando todavía pendiente llevar adelante un sinnúmero de acciones que nos permitirían evitar esta problemática, desde la educación, la acción responsable individual y colectiva, el acompañamiento y fundamentalmente la responsabilidad de los padres y las familias, lo que no se ha dicho aquí. No hay acción más violenta contra un ser humano que aquella que se ejerce contra los más vulnerables e indefensos.

          Este proyecto nos hiere a todos. Me refiero al presente y al futuro de la Nación. La legalización del aborto lesiona y vulnera el respeto a la vida y al prójimo.

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia recuerda al señor diputado que hace dos minutos ha finalizado el tiempo del que disponía para hacer uso de la palabra.

 

Sr. Schlereth.- Ya termino, señor presidente.

          Esto corre el límite del aprecio y el respeto por la dignidad humana. El aborto no es la solución.

          Por lo expuesto, no voy a acompañar este proyecto. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- La Presidencia expresa a los señores diputados que a lo mejor les puede servir de guía ver el reloj que aparece en la pantalla y va marcando el tiempo, a fin de que cuando se vaya acercando a su finalización puedan redondear sus exposiciones.

          Tiene la palabra la señora diputada García, por Santa Fe.

 

Sra. García.- Señor presidente: nuevamente nos encontramos ante la enorme responsabilidad de discutir derechos. Hoy es un día simbólico porque se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos y los 37 años de la recuperación de la democracia en la Argentina. Por supuesto que en estas circunstancia no podemos dejar de recordar a su padre, el doctor Raúl Alfonsín.

          En nuestro país y en el mundo el aborto existió y existe. Aquí no estamos debatiendo sobre su existencia, sino sobre seguir consintiendo su clandestinidad o que sea legal y, por lo tanto, seguro.

          Como sabemos, la clandestinidad implica riesgos, exclusión y muerte. No es casual que quienes se ven empujadas a la clandestinidad son las mujeres pobres, las de bajos recursos, las que no tienen garantizadas condiciones dignas de cuidado.

          Ahora bien, debe quedar claro que no promovemos los abortos. Todos y todas estamos a favor de la vida, aunque diferimos en el cómo. Nosotros partimos de reconocer su existencia. Este no es un proyecto de ley que induzca conductas, sino que habilita libertades. Las mujeres que piensan en un aborto, lo harán de cualquier manera, pero si lo hacen amparadas en la ley, será seguro y no pondrán en riesgo su vida ni su salud. Es decir que el aborto no lo harán en la clandestinidad y no podrán ser perseguidas criminalmente.

          Cabe aclarar que la mujer que esté transitando una maternidad deseada, buscada y elegida, podrá hacerlo con absoluta libertad. Es más, las mujeres que se encuentren en una situación de extrema vulnerabilidad, contarán con el acompañamiento del Estado, contemplado en el “Plan de los mil días” que más tarde trataremos. Sin duda, el aborto no será obligatorio y será legal. Cada persona podrá decidir y vivir conforme a sus convicciones e ideas.

          Según algunas estimaciones, en nuestro país se realizan más de 350.000 abortos clandestinos por año que ocasionan daños irreparables a la salud. Con la sanción de este proyecto de ley podría evitarse la muerte de miles de niñas, mujeres y personas gestantes. Por eso, decimos que actualmente se viola el derecho a la salud. Específicamente, cuando el Estado empuja a la clandestinidad, está violando el derecho a la salud pública. Consecuentemente, ratificamos que el aborto es un problema de salud pública.

          No estoy diciendo que el aborto sea la primera y única alternativa, ni la solución a todos nuestros problemas; todo lo contrario. Es el Estado el que debe trabajar en la prevención de embarazos no deseados y en la implementación de políticas que impulsen activamente la educación sexual en todas las instituciones educativas, que permeen en la sociedad y en sus instituciones.

          En el debate de 2018, impulsado por Juntos por el Cambio, primaron algunas ideas en las que todos coincidimos: primero, que la educación sexual es fundamental para prevenir embarazos no deseados; segundo, que fracasó el Estado, que fracasamos todos porque la Ley de Educación Sexual Integral fue sancionada hace más de catorce años y solamente el 50 por ciento de niños, niñas y jóvenes conocen de qué se trata; y, tercero, que es urgente resarcirnos como Estado y sociedad y, para lograrlo, tenemos que impulsar la ESI en todas las escuelas de todas las provincias de la Argentina.

          Pero, sorprendentemente, ocurrió todo lo contrario y algunos de los grupos que se opusieron a la legalización del aborto en 2018, también se opusieron a la implementación de la ESI en las escuelas. Entiendo que la ESI otorga la posibilidad de empoderarse a miles de niños, niñas y jóvenes ya que les permite decidir su proyecto de vida. Hoy más que nunca repetimos: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

          Tenemos certezas de que la Argentina es un Estado constitucional y convencional de derecho. Ninguna de sus normas se opone al reconocimiento de la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras semanas, sino que, por el contrario, obligan al cumplimiento de los tratados internacionales de derechos humanos y a sus interpretaciones que forman parte de nuestro bloque de constitucionalidad y que, por ende, tienen jerarquía constitucional, tal como está establecido en el artículo 75 inciso 22 de nuestra Carta Magna, y son obligatorios para nuestro ordenamiento jurídico. Sus órganos han señalado la necesidad de que la Argentina garantice el acceso al aborto seguro.

          Podemos concluir que no hay derechos absolutos. No estamos discutiendo el comienzo biológico de la vida, sino señalando que la protección jurídica sobre el embrión es gradual, conforme a su progresivo desarrollo, primando la protección de la salud de las personas gestantes, su autonomía y su dignidad en las primeras semanas de embarazo. Lo mismo señala nuestro Código Penal, que tiene más de cien años, al establecer las causales de excepción y despenalización del aborto, así como también el artículo 21 del Código Civil y Comercial que determina que la calidad de persona se encuentra condicionada al necesario nacimiento con vida.

          Vinculado con este tema, el doctor René Favaloro afirmaba: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos mujeres muertas. El resto es educar, no legislar”.

          Por último, en este debate no habrá vencedores ni vencidos. Estoy convencida de que sea cual fuere el resultado, habremos avanzado en el camino del reconocimiento mutuo y la empatía, además de haber sincerado un tema tabú. Ojalá el acceso a la salud pública sea irrestricto y equitativo en todo el territorio nacional, cuente con el reconocimiento efectivo de derechos y no haya colores verdes y celestes que nos separen, sino el celeste y blanco que une a todos los argentinos y las argentinas.

          Por último, como anunciaba un rezo laico: “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan.” Que sea ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Contigiani, por Santa Fe.

 

Sr. Contigiani.- Señor presidente: en el Día Internacional de los Derechos Humanos estamos debatiendo en torno al principal derecho humano, que es el derecho a la vida.

          De un lado y del otro, tengamos la posición que sea, siento que todos defendemos la vida. Entonces, si todos defendemos la vida, que estoy convencido de que ese es el punto de partida, ¿dónde está el desacuerdo y el punto que no nos permite lograr el equilibrio y trazar un puente entre ambas posiciones? Bueno, no es justamente la buena fe y la búsqueda de la defensa de la vida.

          Quiero aclarar que tengo amigos y amigas con una posición diferente a la mía y jamás podría decirles que no luchan por la vida, porque los conozco. Pero el punto que nos diferencia de manera dramática es el concepto y la idea de persona humana que subyace a este proyecto de ley y a todos estos debates.

          Tenemos frente a nosotros un drama humano protagonizado por dos partes fundamentales. Por un lado, la humanidad herida de las mujeres que recurren al aborto clandestino y, por el otro, el ser humano que para nuestro concepto de persona humana es vida, es un todo orgánico, es una existencia que está desarrollando toda su potencialidad en el devenir permanente que es la realidad humana. Se trata del mismo sujeto en distintas etapas de desarrollo de su vida, ya sea embrión, feto, niño nacido o adulto. Ese sujeto tiene un código y una individualidad, y es vida en todo sentido.

          Sin embargo, para quienes defienden este proyecto de ley hay un solo protagonista, que es la mujer. Reitero que sé que lo hacen de buena fe, pero tienen que invisibilizar que hay vida en el feto o en el embrión. Quienes defienden el proyecto están convencidos, en su idea sobre la persona humana, de que ahí no hay vida y de que puede tratarse de vida biológica, de un conjunto de células, de un tumor o de lo que sea.

          Ese el drama que nos separa: el concepto de persona humana. ¿Saben por qué llegan a esa conclusión? Porque para ustedes persona humana es una persona que tiene dotes, cualidades, vitalidad y atributos como pensamiento, autorreflexión y voluntad.

autoreflexion y voluntad.

          Para nosotros, la dignidad humana no tiene que ver con ningún atributo, porque la persona humana es a partir de su existencia montada en una estructura biológica. No tiene que ver con dotes ni con ninguna cualidad. Por el contrario, sería peligroso establecer un criterio de persona humana actualista que defina al hombre y su dignidad a partir de sus atributos. ¿Qué pasaría entonces con los chicos y chicas con síndrome de Down, que por otra parte están desapareciendo en gran parte de Europa con este tipo de leyes? ¿Qué pasaría con las personas con discapacidad si planteamos esta teoría actualista de la persona humana a partir de las cualidades y de los atributos? ¿Qué pasaría con los niños nacidos? ¿Tampoco tendrían esa completitud y esa profundidad actualista? ¿Qué pasaría con determinadas personas enfermas?

          Ese es el divorcio dramático que nos impide hacer un punto de encuentro y equilibrio, porque para nosotros la dignidad humana no se define a partir de las cualidades sino a partir de una existencia, de un ser que se va desarrollando y haciendo en el seno materno. Y es uno de los protagonistas de este drama.

          A partir de esto, no podemos ser neutros. Esto es lo que me pasa y lo digo humanamente y con franqueza a compañeros y compañeras, a amigos y amigas que pensamos distinto. Frente a esto no puedo ser neutro: si hay vida, no puedo plantear la bandera de la autonomía de la mujer, que yo defiendo, porque la autonomía y la libertad no se fundan sobre la eliminación de una vida.

          Si hay vida bajo el concepto de persona humana que estoy defendiendo desde la dignidad humana, desde la utopía más grande de la dignidad humana, no puedo hablar o defender la idea de que se está instrumentalizando a la mujer. Claramente que no quiero que se instrumentalice a la mujer; todos acá queremos que no se haga esto. Tengamos en cuenta que tampoco queremos que se instrumentalice, bajo la idea o concepto de la dignidad humana que defiendo, al ser humano que se está haciendo en el seno materno. Porque también a él lo instrumentalizamos, lo pasamos al fondo de la historia sin voz ni nada; lo pasamos a la noche oscura y no cuenta.

          Por eso, no puedo ser neutro en el punto de partida y tengo que tomar otros caminos, tengo que tomar otra agenda de trabajo, tengo que tomar otro tipo de política pública para solucionar, a las dos partes protagonistas, este drama humano que mencionaba antes. Debo encontrarme con ustedes en los puntos que podemos coincidir y no en esto.

          Podemos tener diferencias con los diputados y diputadas que piensan distinto sobre este asunto, pero seguramente a pesar de ello coincidiremos en que tenemos que tener un sistema de salud pública en el país ‑lo hemos aprendido en la pandemia‑ lo más robusto e inclusivo posible, como el de mi provincia de Santa Fe. Tenemos que tener una política de desarrollo humano para sacar a la Argentina del estancamiento y la inmoralidad de la pobreza y la indigencia. Tenemos que tener un país estructural e individualmente honesto. También coincidiremos en esas políticas públicas, en reducir el embarazo no deseado y en pelear por la vida.

          Y les digo de corazón a los diputados y diputadas: haya o no ley, los convoco a trabajar por la vida, por la vida que no nació, por la vida nacida, por superar la inmoralidad de la pobreza y la indigencia, por la lucha por la inclusión social y el desarrollo de la Argentina. Los convoco a pelear por la vida de los descartados de nuestro sistema. Los convoco a pelear por nuestra patria grande latinoamericana, que defiende la vida y nos da un ejemplo desde su mixtura cultural y política. Los convoco a trabajar y a encontrar acuerdos.

          A pesar de esta diferencia sé que vamos a coincidir en tratar de reconvertir a la Argentina en un país con esperanza y futuro.

          Termino rememorando y citando a ese pensador francés, Mounier, que dice: amo, luego existo y la vida vale la pena ser vivida. Se los digo a los dos protagonistas de este drama humano que, con una u otra posición, estamos intentando resolver honestamente y de buena fe. No voy a arriar las banderas de la utopía y la dignidad humana que defiendo.

          Me sorprende que algunos sostengan una idea tan reduccionista y tan mezquina de la persona humana. Me voy a mantener en esta ilusión e idea de la dignidad humana que nos permitirá cambiar el curso de la historia y de nuestro país, la Argentina. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Aparicio, por Buenos Aires.

 

Sra. Aparicio.- Agradezco al señor presidente de la Nación, Alberto Fernández, por haber enviado este proyecto de ley y el del cuidado de los 1000 días para su tratamiento en el Parlamento. Precisamente, como la vida importa, siempre es oportuno tratar iniciativas que otorgan derechos.

          Sabemos que el aborto es tan antiguo como la propia humanidad. Miles de mujeres, año a año, pierden la vida o su cuerpo queda mutilado producto de abortos clandestinos.

          En estas circunstancias, desde luego, las y los legisladores debemos hacer nuestro propio análisis, aunque de manera más definitiva debemos hacer un estudio más colectivo.

          No podemos escudarnos en nuestras íntimas convicciones y en el derecho de actuar solo y exclusivamente en base a criterios propios o de credo.

          El rol con el que nos invistieron nuestros votantes para su representación tiene el carácter de mandato. Ese mandato en una democracia representativa ‑más del partido del que orgullosamente he formado parte durante toda mi militancia‑ nos interpela hacia la ampliación de derechos.

          En este caso, permítanme no hablar de derechos sino de obligaciones. El Estado, y nosotros como integrantes de uno de sus poderes, estamos obligados frente a las exigencias de nuestros mandantes. El Estado no puede desentenderse y poner en cabeza de particulares la violencia a las que se somete a las mujeres ante esta decisión. Entonces, debemos acompañar la situación con medidas y políticas de salud pública.

          Si no es así, el reclamo de “Ni una menos” seguirá siendo una quimera para miles de mujeres que seguirán muriendo. El Estado que confina al aborto a la clandestinidad ejerce la violencia encarnizada contra las mujeres en la batalla por el control de la vida y su cuerpo.

          El proyecto de ley que hoy votaremos no se trata de mí, de ustedes, de nuestras creencias, sino de quitar el velo y entender que no se trata de aborto sí o aborto no, porque éste sigue sucediendo y llevándose vidas año a año. La discusión es: aborto clandestino o aborto seguro, legal, voluntario y gratuito.

          Hablamos de inequidad y de acceso a la salud pública. El aborto es una de las principales causas de muerte materna que puede evitarse. Estamos frente a un sistema patriarcal que condiciona y criminaliza a la mujer por el solo hecho de decidir sobre su cuerpo, sus deseos y su futuro.

          Las condiciones que llevan a una mujer a abortar son múltiples y no enumeraré cada una, pero no podemos desconocer que existen violaciones, sobre todo intrafamiliares, incluso de maridos a sus mujeres para limitarlas a ser solo madres. Hay métodos anticonceptivos que no funcionan o fallan. Hay miedo al rechazo, a no estar preparadas para asumir esa responsabilidad, miedo al presente y al futuro.

          Cada decisión es tan íntima, tan intensa y tan fuerte que nos atraviesa el alma sin importar la edad en que suceda el aborto; siempre será una tragedia.

          Sepamos entonces respetar y acompañar la decisión de cada mujer en un momento tan doloroso. No estoy dispuesta a seguir acuñando una legislación que promueve que unas puedan decidir sobre su cuerpo mientras otras carguen con toda la responsabilidad y el peso de la ley.

          Fue otra la época donde las mujeres no teníamos derechos y solo teníamos obligaciones, porque no votábamos, no podíamos trabajar, ni estudiar, ni elegir con quién queríamos compartir la vida. Hubo muchos años de lucha para romper con esos moldes que ubican a la mujer en un solo lugar: en la casa, ejerciendo cuidados domésticos y la responsabilidad de cuidar hijos, padres o suegros. Fueron años de luchas para romper paradigmas, generar condiciones de equidad, modificar nuestra cultura patriarcal, dejar atrás límites vetustos que se imponen y condicionan a cumplir ciertos patrones.

          Dejemos nuestra zona de confort, repensemos la cultura con la que fuimos criados y pensemos que tenemos la posibilidad de legislar para las próximas generaciones: la de los pibes y las pibas que no aceptan esta desigualdad ‑y bien que lo hacen‑, y buscan un país con mayores oportunidades, donde se respiren más y mejores derechos. No podemos seguir reproduciendo este sistema patriarcal. La maternidad será deseada o no será, y el Estado no puede más que acompañar a mujeres y cuerpos gestantes en su decisión.

          Quiero adelantar mi voto a favor de este proyecto de ley y en él, reivindicar la vida de mi abuelita Eugenia Rosso, que falleció con apenas 22 años, producto de un aborto clandestino, dejando solos a dos pequeños niños, uno de 2 y otro de 5; uno de ellos, mi padre. Ellos no pudieron disfrutar de su mamá, con todo lo que ello significa para dos niños pequeños.

          Te lo debía, abuela. Por vos, por todas las que perdieron su vida, por todas las mamás, abuelas, bisabuelas, tatarabuelas y, así, hasta el fin de los tiempos, pido: educación para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal seguro y gratuito para no morir. Que sea ley. (Aplausos prolongados.)

 

-             Se hacen presentes en las galerías personal de fuerzas policiales y de los servicios de emergencia y de seguridad del Congreso.

 Sr. Presidente (Massa).- Si me permiten, voy a hacer una breve interrupción. Algunos se habrán preguntado por qué se encuentra en las galerías personal de la Policía Federal, de la Policía de la Ciudad, personal de los servicios de emergencia y personal de seguridad del Congreso. Queríamos aprovechar para agradecerles no por el trabajo que realizan con nosotros sino por el que están desarrollando afuera, con 35 grados de temperatura, cuidando a quienes, de un lado o del otro, vinieron a escuchar este debate en la calle.

          Vaya nuestro agradecimiento y nuestro aplauso, en nombre de la Cámara de Diputados. Sabemos que van a seguir prestando servicio, pero queríamos agradecerles, en medio de la pandemia, por cumplir una tarea tan esencial.

 

-             Puestos de pie, los señores diputados y las señoras diputadas aplauden al personal policial, de seguridad y de los servicios de emergencia.

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra el señor diputado Núñez, por Santa Fe.

 

Sr. Núñez.- Señor presidente: como introducción, me cuesta creer que el kirchnerismo gobernó la Argentina doce años y nunca se le ocurrió enviar este proyecto para que fuera tratado. Incluso, hasta tuvieron el mismo ministro de Salud por varios años. Sin dudas, esto nos convoca hoy para desviar la atención de los verdaderos problemas que tiene la Argentina.

          Este gobierno, desubicado en tiempo y en espacio, no está buscando las soluciones que nos requiere la pandemia. Tenemos más de 40.000 fallecidos por coronavirus, más de 4 millones de argentinos que han perdido el empleo, alrededor de 300.000 comercios y pymes que han cerrado sus puertas, y varias empresas multinacionales que deciden irse del país porque no confían en este gobierno. Y en lugar de preocuparnos por la situación crítica en la que se encuentra el país, este gobierno se enfoca en un tema que genera más polémica y más división entre nosotros, los argentinos. En un año que fue muy duro para el país, deberíamos estar todos unidos, viendo cómo entre oficialismo y oposición resolvemos los verdaderos problemas de los argentinos, en lugar de tratar este tema que nos sensibiliza porque se trata del derecho a la vida.

          Perdón, pero no es tiempo para tratar este proyecto de ley. En este momento, deberíamos estar debatiendo y llegando a consensos sobre el rumbo sanitario y económico que debe tomar el país. Deberíamos estar trabajando en leyes que reactiven la economía, leyes que otorguen beneficios a las pymes para que puedan generar empleo. Deberíamos estar promoviendo leyes que beneficien a nuestro personal médico, que tan mal la ha pasado en este tiempo. Pero no: el presidente prefirió tratar la despenalización del aborto, y aquí hago un paréntesis.

          Escuché a muchos colegas diputados agradecer al presidente por haber cumplido su promesa de campaña al haber traído al recinto este proyecto para ser tratado. Ahora, yo les pido que le pidan al presidente que cumpla con todas las promesas de campaña.

          El presidente había prometido a todos los jubilados que les iba dar el 20 por ciento de aumento al día siguiente de asumir, y no solo no se los dio sino que, además, les sacó. Y acá al lado, en la Cámara alta, están tratando el mayor saqueo a los jubilados de la historia.

          Les propongo algo para cuando venga ese proyecto a esta Cámara. Si de verdad queremos beneficiar a los jubilados ‑creo en la buena voluntad de muchos de los colegas‑, ¿por qué no dejamos vigentes las dos fórmulas, y la que más aumento dé a los jubilados sea la que se aplique? Ahí sabré si de verdad tienen la buena voluntad que dicen tener.

          Por favor, no utilicen la agenda de género como una ficha salvadora para tapar el desastre que ha sido este año en materia sanitaria, porque de venir el mundo a tomar clases a la Argentina pasamos a ser uno de los cinco países donde peor se manejó la crisis, así que los números son datos, no relato.

          Y me preocupa que sigan sobrecargando al sistema sanitario, cuando necesitamos las camas y a todos los profesionales abocados a atender la pandemia, porque esto no terminó, y en todos los países hemos visto que ha habido rebrotes.

          Entonces, si vamos a seguir cargando al sistema sanitario, me gustaría entender de dónde vamos a sacar los recursos para esto. Porque hace unos días, el presidente, por decreto, le recortó fondos al Ministerio de Salud para atender otros déficits en las empresas públicas.

          No se trata de financiar el acceso a un derecho, como nos quieren vender, sino del cumplimento de un deseo de sectores que militan la muerte de aquellas personas que no tienen voz y que no se pueden defender.

          No voy a ocultar mi posición: estoy a favor de las dos vidas, es claro. Pero, más allá mi postura, me parece una vergüenza cómo el gobierno tomó este tema tan a la ligera. El presidente, durante la cuarentena, sostuvo en varias oportunidades que si tenía que elegir entre la vida y la economía, él elegía la vida, y cuando la popularidad le daba por allá arriba, daba clases todos los fines semana.

          ¿Por qué motivo ahora cambió de opinión? Me pregunto: ¿por qué no defiende la vida desde la concepción, y por qué apoya terminarla desde su concepción? Es, por lo menos, contradictorio. Porque así lo expresa el Código Civil: la vida comienza desde la concepción en el seno materno. Por lo tanto, esa criatura que se está gestando tiene derechos, como los tengo yo, como los tiene usted, señor presidente, y como los tenemos todos los acá presentes. No nos equivoquemos.

          Otro hecho vergonzoso y que demuestra la ligereza con la que el gobierno se toma ese tema fue escuchar al propio ministro de Salud decir que un bebé por nacer es un fenómeno. La verdad, no entendemos cómo un médico dice que una criatura en gestación es un fenómeno.

          Entendemos que el ministro esté con el movimiento verde, pero exigimos que un funcionario que representa al Estado nacional tenga argumentos más sólidos y no insultos, porque es un insulto decir que un bebé es un fenómeno.

 

Sr. Presidente (Massa).- Vaya redondeando, diputado. Ya se excedió un minuto.

 

Sr Núñez.- Si ese niño o niña fuese un fenómeno, ¿de qué sirven todos los afectos y los cuidados que le brindamos en el vientre de la madre mientras lleva adelante el embarazo?

          Soy padre, sé lo que se siente en el momento de escuchar el latido de nuestros hijos, y la verdad es que para mí no era un fenómeno; para mí era un milagro escuchar eso.

          Entonces, ¿por qué no nos comprometemos a trabajar en otras alternativas…

 

Sr. Presidente (Massa).- Diputado Núñez…

 

Sr. Núñez.- Hay gente que habló once minutos, porque me tomé el trabajo de controlarlo, ¿y me va a interrumpir a cada rato?

 

Sr. Presidente (Massa).- Señor diputado: ya se pasó un minuto y treinta segundos del tiempo del que disponía para hacer uso de la palabra, y tengo la obligación de avisárselo. No me obligue a cortarle el micrófono.

 

Sr. Núñez.- Si usted se siente obligado, córtelo. Si no, no me interrumpa.

 

Sr. Presidente (Massa).- Vaya redondeando, diputado.

 

Sr. Núñez.- Debemos trabajar en las leyes de educación sexual que han quedado obsoletas, y lo entendemos. En ese sentido, podemos poner todo nuestro empeño en una ley que agilice los procesos de adopción, que son necesarios, y podemos informar mejor a nuestros jóvenes y adolescentes ‑que necesitan más contención‑ sobre cómo tener los cuidados correspondientes. Pero no vayamos por la vía más fácil, que sería deshacerse del problema  porque para algunos pareciera que un bebé ese eso, un problema‑, sin pensar en las consecuencias para los jóvenes y adolescentes.  

          Según los testimonios, abortar deja daños irreparables. Por eso,  si tanto les importan las mujeres, piensen en un acompañamiento integral en el caso de un embarazo no deseado; no fomentemos el mayor trauma de sus existencias. Existen soluciones, pero es el Estado quien debe garantizarlas.

          Para cerrar mi intervención, me causan gracia…

-    Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Presidente  (Massa).- Diputados, no dialoguen entre ustedes, diríjanse a la Presidencia.

 

Sr. Núñez.- Este año deberíamos reflexionar sobre el valor de la vida. Algunos de los aquí presentes, y también de quienes nos miran, han perdido familiares y seres queridos por culpa de una enfermedad inesperada. Si esto no nos hace sentir un profundo respeto por el ser humano, entonces no aprendimos nada. Digamos sí a la vida. Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente  (Massa).- Quiero recordar que el tiempo asignado para cada diputado fue definido durante un acuerdo en la Comisión de Labor Parlamentaria. No me estoy refiriendo a ningún diputado en particular.

          Además, quiero recordar que ayer en la reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria uno de los bloques de este cuerpo solicitó que pasados 30 segundos cortemos automáticamente el micrófono. Decidimos que no fuera así para que no hubiera nuevamente cuestiones de privilegio. Por lo tanto, cuando un diputado supera el tiempo reglamentario, está faltando el respeto al resto del cuerpo que sí lo cumple.

          Por última vez, solicito a todos los señores diputados que respeten los cinco minutos acordados.

          Tiene la palabra la señora diputada Yutrovic, por Tierra del Fuego.

 

Sra. Yutrovic.- Señor presidente: en primer lugar, quiero reconocer a mis compañeras diputadas Cecilia Moreau,  Mónica Macha, Carolina Gaillard y al diputado Pablo Yedlin, por el excelente trabajo que hicieron en el plenario de comisiones, en el que generaron un espacio plural de voces y de respeto que permitió que hoy tengamos este proyecto en el recinto.

          Además, quiero reconocer a Las Sororas, aquellas compañeras que tanto militaron por la media sanción en 2018, a las compañeras incansables de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y, obviamente, a nuestro gobierno del Frente de Todos, que envió este proyecto ‑tal como se había comprometido durante la campaña‑ para que nuevamente tuviéramos la posibilidad de tratarlo.

          En segundo término, quiero decir que no milito por la muerte, sino que milito por la vida de esas mujeres que se vienen sacrificando en los abortos clandestinos.

          Puedo asegurar a algunos diputados y diputadas preopinantes que nuestro gobierno, el del Frente de Todos, sí se está haciendo cargo de generar políticas y medidas para sacar a la Argentina de la debacle en la que nos dejó el gobierno anterior, y que vamos a seguir haciéndolo a pesar de la pandemia.

          Quiero retomar el sentido de mi exposición y decir que un día como hoy, hace treinta y siete años, nuestro país recuperaba la democracia y este Congreso reabría sus puertas después de haber sido cerradas por una dictadura el 24 de marzo de 1976.

          Transcurridos esos treinta y siete años, esta es la segunda vez que el proyecto de interrupción legal del embarazo logra llegar al recinto de esta Cámara de Diputados. Si bien en 2018 tuvimos una primera oportunidad, no prosperó en el Senado y postergamos la posibilidad de dar a las mujeres y a las personas gestantes el derecho a decidir.

          Hoy estamos nuevamente aquí, en mi caso expresando con toda claridad que voy a votar afirmativamente por ese derecho a decidir, ya que durante demasiado tiempo la condición de ciudadanía de las mujeres fue restringida por leyes que cercenaron nuestros derechos.

          Fueron tiempos en los que por ejemplo, para trabajar debíamos pedir permiso al marido; si queríamos estudiar, nuestras condiciones intelectuales no se consideraban en igual categoría que las de los varones; no podíamos ser propietarias, a menos que heredáramos y aun así, teníamos dificultades para disponer de esos bienes; no podíamos votar, y ni hablemos de la representación pública, porque eso era al mundo a las mujeres.

          Podría seguir enumerando esas condiciones que en algún momento se consideraban naturales y que luego fueron transformadas por la lucha de los movimientos de mujeres y de los movimientos feministas. En esta oportunidad, en relación con este proyecto de ley, seguramente no va a ser diferente.

-    Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Comisión de Previsión y Seguridad Social, contador Marcelo Pablo Casaretto.

Sra. Yutrovic.- Aquí no estamos debatiendo solamente el aborto, sino la posibilidad de decidir sobre nuestras propias vidas; estamos discutiendo si una decisión seguirá tomándose en la clandestinidad, con el riesgo de morir o de ser criminalizadas.

          Somos nosotras, las mujeres, las personas gestantes, las que sabemos lo que podemos, lo que queremos y lo que no. Somos las que hoy por hoy exigimos condiciones de paridad en el trabajo, en la representación pública, en nuestra casa y en nuestras camas. Y si esas condiciones no existen, estamos bien dispuestas a luchar por ellas, porque no queremos que subroguen nuestra voluntad y tampoco que no se respeten nuestras decisiones.

          Como ya se ha dicho aquí, los abortos clandestinos ‑los abortos‑ ocurren desde siempre y se cobran las vidas de las mujeres. Se trata de un problema de salud pública que afecta a las mujeres y frente al que nosotros, como legisladores, tenemos la obligación de generar una herramienta para dar una solución. Eso no se construye con creencias morales ni religiosas, sino con leyes.

          Durante demasiado tiempo nuestra palabra no ha sido tenida en cuenta en la discusión de estos temas, incluso cuando son nuestros cuerpos los que están en disputa; durante demasiado tiempo las mujeres hemos sido consideradas un poco niñas, un poco mendigas, un poco inválidas, y ya sabemos que no somos nada de eso, porque somos conscientes de nuestras potencialidades.

          Desde 2018 la discusión sobre el aborto ganó las calles, se corearon todos los derechos, hubo abrazos en la alegría y también en el llanto de la frustración, y seguirá extendiéndose el debate hasta que este proyecto sea ley.

          Hace poco más de dos años esta misma discusión me encontró en la calle, en los alrededores del Congreso, junto a compañeras -en mi caso de La Ría Feminista- como parte de esta marea verde formada por mujeres de todas las edades, por hombres, por militancias individuales y colectivas…

 

Sr. Presidente (Casaretto).- Le pido que redondee su exposición, señora diputada.

 

Sra. Yutrovic.- Sí, señor presidente.

          Hoy, ellas nos acompañan también en las calles a lo largo y ancho del país porque este tema no es solamente de las grandes urbes, como nos quieren decir.

          Quiero reconocer en Tierra del Fuego la tarea de las compañeras de La Colectiva Feminista de Río Grande, de Ushuaia, de las profesionales de la salud, de las abogadas  y de las socorristas que acompañan a las mujeres que recurren al aborto. Por esa razón, para mí es un privilegio estar ocupando esta banca, porque puedo representar la voluntad de muchas fueguinas y fueguinos. Asimismo, puedo representar la lucha de toda esa militancia que espera la aprobación de esta iniciativa, porque esta es una de las tantas urgencias que tiene nuestra Argentina.

          Quienes estamos a favor de este proyecto también defendemos la vida; pero el aborto legal, seguro y gratuito es impostergable. Se trata de un derecho y no de una obligación. Es la posibilidad de elegir sin morir en el intento.

          Espero contribuir con mi voto para que en 2020, finalmente, el proyecto sobre el aborto legal y gratuito se convierta en ley.

 

Sr. Presidente (Casaretto).- Tiene la palabra el señor diputado Mestre, por Córdoba.

 

Sr. Mestre.- Señor presidente: no se podría haber elegido un peor momento para el tratamiento de este proyecto, por la pandemia del COVID-19, que azota al mundo, de la que la Argentina no ha sido la excepción. En estos nueve meses se han muerto cuarenta mil argentinos y la gestión de la pandemia ha sido verdaderamente desastrosa.

          En muchas provincias, en muchas localidades de nuestro país, hemos estado encerrados viendo vulnerados nuestros derechos constitucionales, y así y todo, tenemos el mayor número de contagios del mundo. Asimismo, estamos dentro de los primeros diez países del mundo en cantidad de muertos por millón de habitantes.

          Además de las graves consecuencias que ha tenido el COVID-19 en relación con la salud, que no fueron menores, quiero hablar de sus consecuencias económicas. En este sentido, hay que reconocer los números oficiales.

          La pobreza está en casi el 45 por ciento del país, pues hay 20 millones de argentinos que viven debajo de la línea demarcatoria. La desocupación es del 15 por ciento, y miles y miles de jóvenes emprendedores y pymes se quieren ir del país a buscar otros destinos donde los traten bien y se puedan desarrollar.

          Además, según cifras del INDEC, los niños, niñas y adolescentes pobres han pasado del 57 al 64 por ciento, y la cantidad de adultos mayores pobres se ha incrementado al 70 por ciento. Reitero: siete de cada diez adultos mayores en la Argentina son pobres.

          Las prioridades de este gobierno deberían ser la salud, producto de la pandemia, y la economía -como lo dice cualquier argentino con quien uno conversa-, pero quieren avanzar con la sanción de este proyecto.

          Por su parte, en el Senado, aprovechando este día, quieren avanzar con otra iniciativa. De esa manera, afectan las dos puntas de la vida. Por un lado, a las personas por nacer, eliminando sus vidas y, por el otro, a los adultos mayores, porque quieren sancionar la reforma jubilatoria, que ya sabemos que es perjudicial porque no van a cubrir la inflación.

          Nosotros, como oposición, no hemos traído a gente para que tire treinta toneladas de piedra. Quiero decir que, así como hoy están avanzando paralelamente en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores, el día 29 diciembre quieren hacer al revés: que se trate aquí la reforma jubilatoria, que votaremos en contra, y en el Senado, el proyecto sobre el aborto.

          Pero, además, este debate ya lo dimos de manera profunda durante cuatro meses, en las cuatro comisiones donde asistieron casi ochocientos expositores, y este Congreso ya decidió.

          Por mi formación de abogado ‑más allá de las cuestiones filosóficas, éticas, morales o religiosas que pueda tener cada uno‑, después de leer este proyecto de ley no puedo llegar a otra conclusión que no sea que este proyecto es absolutamente inconstitucional, por varias razones.

          La Argentina ha firmado tratados de derechos humanos que tienen rango constitucional. En el gobierno del presidente Alfonsín se incorporó el Pacto de San José de Costa Rica, cuyo artículo 4° es muy claro cuando establece que “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”. Repito: ¡Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente! ¿Acaso aquí no vamos a privar de la vida arbitrariamente a una persona que tiene derechos, que es la persona por nacer?

          Por su parte, la Convención de los Derechos del Niño, del año 1990, establece claramente los derechos que tiene y la protección que le debe brindar el Estado, antes y después de su nacimiento.

          El artículo 19 de la Constitución Nacional establece el principio de reserva, que los abogados aprendemos desde tiempos de la facultad. Dice así: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”. Esto lo dispone la Constitución Nacional y es uno de los principios fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico.

          Por su parte, el artículo 33 de la Constitución Nacional establece claramente el derecho a la vida a partir de la concepción.

          El inciso 23 del artículo 75 de la Constitución Nacional es clarísimo, porque establece que le corresponde al Congreso dictar un Código de la Seguridad Social en protección del niño en situación desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental. La Constitución nos está señalando que en el Congreso Nacional tenemos que dictar leyes que se adecúen a estos parámetros, a estos principios, declaraciones, derechos y garantías que establece la Constitución.

          No solamente la Constitución Nacional se refiere a estas cuestiones, sino también los códigos de fondo. Al respecto, el artículo 19 del Código Civil y Comercial, reformado hace cinco años, establece muy claramente que hay vida a partir de la concepción. El Código Civil y Comercial no podría decir otra cosa, porque es la ciencia la que ha dado esta evidencia: la unión del espermatozoide con el óvulo forma el embrión y, a partir de allí, hay vida. Nuestro ordenamiento jurídico establece que debemos proteger esa vida.

          Por eso, tal como dije en el debate anterior, si quisiéramos evitar o prevenir los embarazos no deseados, deberíamos trabajar en políticas públicas, tanto del Estado nacional como de los Estados provinciales y municipales, para avanzar en programas que tengan ese fin. En ese sentido, podríamos haber tratado numerosos proyectos que muchos diputados han presentado aquí.

-   Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente primero de la Honorable Cámara, doctor Omar De Marchi.

 

Sr. Mestre.- En mi caso, el 1º de marzo presenté un proyecto para avanzar en la adopción en gestación, que ofrece una solución a todas las partes: a la persona gestante, que si no quiere tener a su niño y criarlo, puede darlo el día que nazca; a la persona por nacer, porque le damos la posibilidad del derecho a la vida, y a los padres adoptivos que están esperando –que son muchísimos en la República Argentina‑, porque tendrán la posibilidad de ejercer su derecho.

          Por ello, es claro que esta iniciativa es absolutamente inconstitucional.

          Quiero leer un fragmento ‑que me ha hecho pensar mucho‑, de un expresidente uruguayo, Tabaré Vázquez, ateo y de izquierda, que falleció hace pocos días.

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Por favor redondee, señor diputado.

 

Sr. Mestre.- Cuando vetó la ley del aborto dijo: “El verdadero grado de civilización de una Nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia”.

          Estoy a favor de la vida, siempre; a favor de las dos vidas: de la madre, la gestante, y de la persona por nacer. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene el uso de la palabra la diputada Rosso, por San Luis.

 

Sra. Rosso.- Señor presidente: se nos ha convocado nuevamente para tratar dos proyectos presentados por el Poder Ejecutivo, que están íntimamente relacionados y son trascendentales para la sociedad.

          Esta es la segunda vez que el proyecto de IVE nos encuentra a varios de nosotros en el recinto. En mi caso, celebro que en el transcurso de estos años hayamos crecido con respecto a lo que es el respeto en el tratamiento de cuestiones que nos movilizan.

          En este sentido, acabamos de brindar nuestros respetos a todo el personal de servicio esencial, que en el día de hoy está acompañando afuera con este calor. Espero que más allá de este proyecto, o de cualquier otro que tratemos, llegue el momento en el que las ideas no nos separen a través de vallas.

          ¿Cómo no a acompañar el dolor de quienes sienten que el Estado y, principalmente, la sociedad en su conjunto, decidieron durante casi un siglo mirar para otro lado respecto de una práctica en casos en los que ya estaba despenalizado?

          Celebro la movilización de toda la ciudadanía en las calles, en las redes sociales, en los mensajes de texto que a cada uno de nosotros nos llegan y en cada charla que surgió después de 2018.

          Creo que todo ello desnudó las diversas realidades que tenemos en este país y obligó o instó a que varias provincias adhirieran al protocolo ILE y a que los funcionarios se hagan cargo o, al menos, dejen de mirar a un costado.

          Esa movilización también llevó a que otros funcionarios se sintieran observados ante la aberración que implica, por ejemplo, la vulneración de los derechos de una niña violada.

          Además, y principalmente, nos mostró el profundo sentimiento humanista que tenemos los argentinos de proteger la vida.

          En aquel debate de 2018, un diputado afirmaba que el valor de la vida es una construcción social. Creo que ese es justamente el punto central que hoy estamos debatiendo: si frente al valor que le damos a la autonomía de una persona gestante, de una mujer, prevalece o no el valor de la vida.

          No pretendo poner en discusión si estamos hablando o no de una persona. Lo que sí creo que es indiscutible es que estamos hablando de una vida, de un individuo de la raza humana, que es diferente a quien lo gesta.

          En ese debate sobre la expansión o el límite que tiene el valor de la vida, creo que la voz de los argentinos se ha expresado a través de los legisladores que nos precedieron y de quienes están ahora en las calles en todo el país, que en su mayoría sostienen que el valor de la vida no puede estar condicionado a un plazo de catorce semanas.

          Hay consideraciones del proyecto que acompaño y otras que no. Estoy segura de que las mujeres, las parejas, todos los habitantes de nuestra Nación, tenemos derecho a planificar si queremos o no tener hijos y cuándo tenerlos. Pero no creo que eso nos dé derecho a elegir qué vida continúa según su desarrollo y cuál no, según el momento, y, por lo tanto, si se criminaliza o no a una mujer después de esa semana.

          Esa semana catorce es un plazo sobre el que a lo largo de todo el debate no he podido escuchar ningún fundamento por el cual pueda cambiar la opinión respecto a cómo voy a votar en el día de hoy.

          Tengo que advertir que no lo acompaño, además, porque el Estado va a seguir ausente en lo que respecta a las mujeres más vulnerables, como son los casos de violación y los abortos por cuestiones de salud.

          ¿Dónde se encuentra el acompañamiento emocional en estos proyectos, ya sea holístico o psicosocial? ¿Dónde está nuestra concordancia con la ley que establece que se actuará de oficio en los casos de violaciones de menores de 18 años? ¿Dónde estamos presentes como Estado?

          Luego del debate de 2018 surgieron proyectos con el fin de acompañar a las jóvenes embarazadas. Así fue que se propusieron modificaciones al Código Penal y a la ley de adopción, y también procesos para mejorar y garantizar realmente la educación sexual integral.

          Ahora teníamos la posibilidad histórica de mostrarle al mundo que podíamos presentar un batallón de políticas públicas destinadas no solamente a reducir la mortalidad materna, sino más bien a atacar las causas del aborto, que creo es lo que a todos nos convoca en el día de hoy.

          Por eso, interpelo a los funcionarios para que cuando se regule el proyecto de los 1.000 días, que también vamos a tratar hoy y que acompaño, se generen políticas públicas no solamente desde el Poder Ejecutivo sino también desde este Congreso, y que legislemos en relación a lo que establece, por ejemplo, el informe de la Red de Acceso al Aborto Seguro. Dicho informe señala que una de las primeras causas del aborto es la percepción de no contar con los medios necesarios para afrontar la crianza de un hijo o de una hija.

          Parea finalizar, creo que hoy, nuevamente, no estamos aprovechando esa oportunidad histórica que se nos está dando.

          Este no puede ser simplemente un proyecto fruto de lo posible, porque como peronista creo que podríamos hacerlo mucho mejor.

          No podemos avalar una ausencia más del Estado. No creo que la planificación familiar implique ser selectivos   en cada embarazo. Creo en una sociedad más justa e inclusiva que no lleve a una mujer a querer abortar por un techo aparentemente inquebrantable de progreso social.

          Señor presidente: por todo lo expuesto es que voy a votar en contra de este proyecto. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (De Marchi).- Tiene la palabra el señor diputado Estévez, por Santa Fe.

 

Sr. Estévez.- Señor presidente: desde el bloque socialista siempre tuvimos un compromiso con el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

          Fueron dos grandes diputados socialistas, Alfredo Bravo y Héctor Polino, quienes junto con otro gran diputado, Ricardo Molinas, presentaron en 1994 un proyecto para despenalizar y legalizar el aborto.

          Fue también una diputada socialista, Silvia Augsburguer, quien en el año 2008 encabezó con su firma y junto con otras diputadas dio estado parlamentario al proyecto impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

          Este debate es parte de una discusión mucho más amplia y profunda que tiene que ver con el reconocimiento a los derechos de las mujeres y otras personas gestantes. Precisamente, tiene que ver con el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, derecho que hoy no está reconocido en nuestro país.

          Desde nuestro punto de vista, la vida y la sexualidad humana son una construcción cultural. Esto es así, porque desde el mismo momento en que una mujer toma la decisión de interrumpir su embarazo o de continuar con él,  su autonomía para decidir se choca con una realidad que es innegable. Esa realidad es que su libertad está absolutamente condicionada por el Estado y por la cultura, que es una cultura machista.

          Algunos se preguntan cuáles son las implicancias de abortar. Creo que la pregunta que debiéramos hacernos es cuáles son las implicancias de una maternidad no deseada.

          No vengo a este recinto a hacer una apología del aborto. Simplemente trato de ponerme en otros zapatos, porque no sé en carne propia y nunca lo voy a saber, qué es gestar o tener que enfrentar un aborto. Lo que sí sé es que quiero vivir en una sociedad más humanitaria y empática, donde la mujer pueda decidir y no sea juzgada por eso.

          También sé que la violencia que las mujeres reciben simbólica y concretamente por el tabú del aborto es el “Algo habrán hecho” del siglo XXI.     

          Apoyamos este proyecto porque amplía derechos y porque legisla desde el respeto a los deseos y a la libertad para decidir.

          Desde esta banca, asumimos el deber histórico de sancionar estas dos iniciativas que estamos tratando hoy en esta Cámara de Diputados y que buscan un mismo objetivo: respetar todos los proyectos de vida de las mujeres, sean los que sean.

          Debemos reconocer también la profunda desigualdad que encadena a nuestra sociedad, porque quienes pueden pagar un aborto, lo hacen de manera segura. Pero quienes no lo pueden pagar, obviamente ven afectada su salud y arriesgan su vida.

          Cambiar esta realidad es un acto de justicia social.

          También tenemos que hacernos cargo, porque el aborto no es un hecho individual: es un hecho social y colectivo.

          Todos y todas en este recinto, seguramente conocemos a alguien que ha abortado. Pero tenemos un pacto colectivo de silencio, un pacto de conveniencia y de profunda hipocresía.

         

T64

Romero

 

Este es el momento de cortar con esa hipocresía.

          También estamos hablando de un derecho humano como es el acceso a la salud integral, que no se cumple si no se garantiza el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

          ¿Por qué decimos esto? Si bien se planteó en este recinto y también lo manifestamos en la comisión, lo queremos volver a repetir, porque para nosotros es gráfico. Según el informe de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de 2019, se estima que por año en nuestro país se realizan entre 350.000 y 500.000 abortos. Las Socorristas en Red manifestaron que entre los meses de marzo y mayo de este año acompañaron 4.000 abortos. Escuchen esto: UNICEF Argentina informa que cada tres horas, una niña menor de 15 años da a luz en la Argentina. Son niñas, no madres.

          Tampoco podemos desconocer que vivimos en un país donde muchas provincias ni siquiera garantizan el acceso a la interrupción legal del embarazo, a pesar de que está incorporado en el Código Penal desde hace un siglo.

          A diario somos testigos de las aberraciones a las que son sometidas las mujeres adolescentes y niñas víctimas de una violación, a quienes se niega el derecho a interrumpir legalmente su embarazo.

          Se puede construir una realidad distinta, pero para eso necesitamos un Estado presente, que amplíe derechos y que salve vidas. Es posible y es urgente construir un modelo de abordaje integral de la salud sexual y reproductiva.

          Como siempre decimos, y con esto finalizo, esta realidad no se construye de un día para el otro. Por eso, quiero mencionar el ejemplo de mi ciudad, Rosario, donde hace veinticinco años que hay acceso al Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable. Además, desde el año 2007 hay una ordenanza que permite aplicar un protocolo de interrupción legal del embarazo y desde 2012 se garantiza misoprostol en todos los centros de salud.

          Estas políticas tienen resultados concretos: disminución de casos de embarazos adolescentes; disminución de las internaciones por abortos con complicaciones y reducción de muertes maternas, registrándose solo dos muertes en los últimos diez años.

 

-   Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Sergio Tomás Massa.

 

Sr. Estévez.- Nuestra sociedad actual es fruto de años de lucha que dieron los movimientos feministas en nuestro país. En 2015, la movilización de Ni Una Menos nos enrostró la violencia y la crueldad de una sociedad machista. En 2018, si bien el debate se daba dentro de esta Cámara, en este Congreso, en verdad ese debate se ganaba en las calles. ¿Por qué digo que lo ganaron en las calles? Porque después de ese debate, estoy convencido -y así lo siento- de que los argentinos y las argentinas somos distintos: somos mejores.

          Por todo esto quiero reconocer la lucha que vienen dando durante mucho tiempo en soledad...

 

Sr. Presidente (Massa).- Diputado, su tiempo...

 

Sr. Estévez.- Ya termino, señor presidente. Quiero reconocer la lucha que vienen dando la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y los movimientos feministas.

          Para mí, lo más importante es también reconocer a mis compañeras del Partido Socialista, las de hoy y las que no están, como Alicia Moreau, que sin dudas es un pilar de la lucha feminista en este país.

          La política no puede mirar para otro lado. La marea verde no es una moda; es la lucha por más libertad, por igualdad y por dignidad. Estas luchas nunca retroceden, siempre avanzan. Por eso es que hoy tenemos la oportunidad de seguir ampliando derechos, y en ese camino siempre va a estar el socialismo. Que sea ley.

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Fregonese, por Entre Ríos.

 

Sra. Fregonese.- Señor presidente: estamos frente a un tema muy complejo y terriblemente sensible para todos los argentinos. Esta cuestión ya nos dividió en 2018 y hoy es traída nuevamente por el oficialismo al recinto, haciendo uso político de ella, en un momento en el que el gobierno tiene pocas noticias buenas para dar.

          Mientras debatimos este dictamen, en el Senado se está intentando aprobar la modificación de la fórmula de movilidad jubilatoria; muchos compañeros lo advirtieron. Esa medida va a empobrecer a siete millones de jubilados. También se está tratando la enorme quita de coparticipación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Seguramente estos dos atropellos pasen desapercibidos en la escena pública.

          La pandemia dejó casi al 50 por ciento de los argentinos bajo la línea de pobreza. Estamos transitando una de las peores crisis de nuestra historia. En este contexto, el Poder Ejecutivo presenta una discusión que no es oportuna ni prioritaria y que vuelve a dividir a los argentinos.

          Le pregunto, señor presidente, ¿es necesario? ¿Es necesario, realmente? Lo único que hace este proyecto es desnudar el fracaso de las políticas públicas en materia sanitaria, educativa, social y económica.

          Estamos en contra de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo porque defendemos el derecho a la vida, uno de los derechos humanos de raigambre constitucional. Tanto el Pacto de San José de Costa Rica como la Convención de los Derechos del Niño -ambos de jerarquía constitucional- protegen a la vida desde la concepción. En idéntico sentido, el Código Civil y Comercial expresamente señala que la vida humana comienza en la concepción.

          Entonces, mi pregunta a los defensores de este proyecto de ley es cómo piensan lograr la armonía necesaria entre la actual normativa jurídica argentina y esta ley que hoy quieren sancionar. Legislar tiene que ver con dar derechos, pero también con preservar la consistencia del ordenamiento jurídico integral.

          Por otro lado, comparto que sancionemos un texto que violente constituciones provinciales, como la de mi provincia. Entre Ríos defiende la vida a partir de la concepción en el artículo 16 de su Constitución. Los entrerrianos también la defienden, y así lo manifiestan en las encuestas.

          Tenemos claro que el derecho a la vida no es ilimitado y por eso sí estamos de acuerdo en la aplicación de esta medida en los casos expresamente permitidos por el Código Penal. Me refiero a los casos específicos en los cuales el embarazo pone en riesgo la vida de la madre o es consecuencia de una violación. Pero creemos que el Estado debe llegar antes que el embarazo no deseado, implementando políticas públicas que fortalezcan la educación sexual integral, como bien dijimos, y brindando acceso a métodos anticonceptivos, que este año bajaron en un 70 por ciento. Desde ya, el Estado debe hacer un acompañamiento a las mujeres embarazadas y proteger la maternidad.

          En 2018 no nos quedamos en una simple oposición a la interrupción voluntaria del embarazo sino que, junto a la diputada Marcela Campagnoli, elaboramos un proyecto de ley para garantizar la protección integral de las personas gestantes; el acceso a la información respecto de sus derechos y a su efectivo ejercicio; la conformación de equipos interdisciplinarios en los centros de salud; la implementación de una línea telefónica para informar y asesorar a las personas gestantes que lo necesiten; la difusión de los derechos en medios de comunicación; e incluso la obligación de agregar en los test de embarazo y métodos anticonceptivos los datos de la línea, a modo de leyenda.

          Este proyecto, pensado para abordar esta gran complejidad del tema en su totalidad, está hoy en sintonía y complementa el proyecto de los 1.000 días.

          En resumen, porque creo en la defensa de los más vulnerables, de los más desprotegidos, de los que no tienen voz para defenderse hoy en este recinto, es decir, de los niños y niñas por nacer, tal como manifesté en 2018, reafirmo que el aborto no es la salida. La solución es el Estado presente, la prevención, la Educación Sexual Integral. La salida es la lucha contra la pobreza.

          Por todo lo expuesto, adelanto mi voto negativo al proyecto en tratamiento.

 

Sr. Presidente (Massa).- Tiene la palabra la señora diputada Caliva, por Salta.  

 

Sra. Caliva.- Señor presidente: en primer lugar, quiero felicitarlo. Sepa que cuenta con toda nuestra confianza, ya que este ha sido un año muy arduo.

          Ayer usted nos recomendaba a las diputadas y diputados que votáramos desde nuestras más profundas convicciones, y que no fuéramos en contra de lo que pensamos y sentimos en medio de todos estos debates tan álgidos, con el clima social propio de nuestra época.

          Una de mis más profundas convicciones siempre fue que esta problemática, el aborto, es efectivamente un tema que se debe resolver desde la salud pública. En 2005, con unas compañeras, empezamos a trabajar desde una organización comunitaria que se llama Entre Mujeres, brindando talleres sobre salud sexual y procreación responsable en los barrios y en las comunidades originarias, y pudimos apoyarnos en una herramienta fundamental, de la cual es un gran hacedor nuestro ministro de Salud: el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.

          Desde 2002 tenemos esa herramienta, la que será el sostén cuando ampliemos derechos, cuando sea ley la interrupción voluntaria del embarazo. De manera que a las mujeres pobres, esas que habitan en las villas, en los barrios y en las comunidades originarias, no se les vaya la vida al no poder acceder a una interrupción segura.

          Desde la recuperación de la democracia, en el movimiento de mujeres venimos pasándonos el mando como si se tratara de postas, y venimos luchando por estos derechos: el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, el derecho a la autonomía y también el derecho al acceso a servicios de salud sexual y procreación responsable de la más alta calidad.

          Queremos que la Argentina pueda tener servicios acordes para que en cada provincia y en esta ciudad autónoma todas las mujeres y niñas podamos acceder a un derecho fundamental: la salud sexual y procreación responsable. Queremos poder decidir cuándo tener hijos, cómo y con quién, y si no queremos tenerlos, contar con todas las herramientas y el acceso a los avances de la tecnología y la medicina. Ello, para poder ejercer nuestros derechos y nuestra autonomía.

          En Salta abrazamos la triple consigna de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir”.

          En este sentido, hay muchas mujeres a las que quisiera nombrar. Yo tengo maestras, compañeras, amigas y colegas cuya labor ha sido fundamental para que podamos trabajar y desarrollar un gran movimiento de mujeres y diversos feminismos hoy en Salta. Están todas las chicas, las compañeras y compañeres allí, en la plaza. A todas ellas las abrazo y las saludo.

          Quiero nombrar, por supuesto, a María Julia Palacios, a Violeta Carrique y a Mónica Menini, que anda “cabildeando” y cuya participación ha sido esencial para la campaña; no sé dónde está ahora, estaba en un palco hace unos instantes. También quiero mencionar a Marta César, una colega y gran compañera; a Irene Cari y a Alicia Ramos, compañeras fundamentales.

          A nivel político e ideológico, juré por ella, por Clelia Íscaro, con quien me formé. Asimismo, quiero mencionar a María Conti, quien ya no está entre nosotras, y a Graciela Tejero Coni.

          También son referentes María José Lubertino, Nina Brugo y Dora Barrancos. Por supuesto que son muchas. Además, siento una profunda admiración y respeto por muchas de mis colegas diputadas, con quienes nos conocimos durante el trabajo en este año arduo y que también son fundamentales en el avance de los derechos de mujeres, adolescentes y niñas.

          Celebramos poder abordar no solo este proyecto sobre regulación del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, sino también el Plan de los 1.000 Días, porque ambas iniciativas vienen a hacer justicia entre las más vulneradas por la pobreza y la inequidad, para nuestras hijas y nuestros hijos.

          No sé cuánto tiempo me queda, pero quiero decir que las mujeres tenemos muchas barreras, y las fuimos sorteando a través de la historia. Pero una barrera fundamental es no poder acceder al trabajo, no poder tener autonomía económica y financiera, no poder decidir sobre nuestras propias vidas. A veces, cuando vamos a los servicios de salud, no tenemos un médico, un ginecólogo, ni anticonceptivos. En ocasiones, eso depende de cómo sea la política del gobierno de turno. En mi provincia, en algunas épocas llegó a pasar que escondían los preservativos y no los distribuían, o no se entregaban los inyectables, y la verdad es que esto se tiene que terminar. Ojalá que estas dos leyes fortalezcan también nuestros servicios de salud y, por supuesto, también la educación sexual integral.

          Me ha pasado una situación muy crítica, y no quiero dejar de hacer referencia a ella. El padre de mis hijas mayores -que es presidente de mi partido en Salta y coordinador de la Corriente Clasista y Combativa-, tuvo un accidente gravísimo y está peleando por su vida en Jujuy. Ahí están dos jóvenes mujeres, que son el orgullo de mi vida: Juliana y Camila, que están cuidando a su padre. Desde aquí les mando fuerza, les digo que será ley, y que ellas, al igual que su hermanita y todas las hijas de todas y de todos nosotros, van a estar amparadas por esta ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Massa).- Agradezco nuevamente la presencia en el recinto de la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, “Eli” Gómez Alcorta; del ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, y de la presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, Victoria Donda. (Aplausos). Muchísimas gracias por estar presentes en este debate.

          Tiene la palabra la señora diputada Martínez, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Sra. Martínez (D.).- Señor presidente: ¡qué diferencia que hace este Congreso cuando lleva adelante sus procesos legislativos a través de debates inclusivos, participativos y abiertos!

          Tanto en 2018 como ahora, pudimos contar con diferentes voces de la política, de académicos, de juristas, de profesionales de la salud, de expertos de la sociedad civil, e incluso hemos escuchado voces de representantes de diversas religiones. La verdad es que cuando todas las voces participan, el proceso es virtuoso en sus resultados. Pero, sobre todo, me parece que le da un enorme grado de legitimidad a la legislación que nosotros sancionamos. Este es un verdadero Congreso abierto. Ojalá que podamos tratar todas las leyes de esta manera.

          Antes de entrar en los dos temas que deseo destacar, quiero reflexionar sobre algo que vine escuchando durante todo el día y que tiene que ver con el hecho de si este debate es oportuno o no. Creo que si hay algo que